"¡Muy buenas!"

Brittany entró en la recepción del motel con una peluca y la ropa más apretada y pequeña que habían podido encontrar en el coche. Su escote subido con los botones abiertos y con su camiseta apenas cubriéndole las caderas.

Rachel y Quinn habían hecho dos trenzas a la peluca mientras que Santana había rechazado salir del coche. Porque sí, Brittany estaba buenísima, pero si quien fuera que estuviese en la recepción la tocaba, ella iría en plan Lima Heights y le metería la pistola en el culo.

Para retocar a Brittany, Quinn le había pintado pecas a la nariz y las mejillas.

"Eh… ¡Hola!" dijo el hombre, bueno, el chico en realidad, detrás del mostrador animándose porque esto era exactamente lo que había estado esperando. Le pagaban bien sí, pero en los dos meses que había estado ahí, no había aparecido ni una sola chica guapa que no viniese con un estúpido novio que le mandase miradas asesinas cuando le miraba su trasero.

Brittany anduvo lentamente hacia el mostrador, pasando una mano por su pecho y bajando por su estómago.

"Necesito una habitación, y la necesito ahora" Pestañeó varias veces, deleitando al chico que tragó saliva notablemente.

Qué fáciles son los tíos.

"Puedo conseguírtela ahora. ¡Joder, puedo conseguirte todo lo que quieras!" Intentó guiñarle un ojo a la rubia, pero pareció más como si pestañeara para quitarse algo que le había entrado en él.

Aún así, no estaba mal el chico, y parecía no reconocerlas. Se apoyó con los codos en el mostrador, sabiendo que eso haría que su escote se apretara más.

Obviamente, los ojos del chico bajaron hasta esa zona, incapaz de resistirse. Se ruborizó, notando cosas debajo de su cintura que parecían estar igual de entusiasmadas que todo su cuerpo.

"Me gustas" Dijo Brittany mordiéndose el labio. Él comenzó a inclinarse hacia ella, y la rubia escogió ese momento para retirase rápidamente. "¡Ah, sí! ¿Puedes darme dos habitaciones? Nos gustaría más esto. Y si hay una puerta que las una… eso ya sería impresionante"

El chico se retiró, sintiendo como su estómago daba un mini-vuelco cuando Brittany mencionó que no solo era ella. Genial. Esperaba que no tuviese ningún novio lleno de tatoos esperándola afuera, porque joder, estaba a nada de ofrecerse como entretenimiento para ella.

"Sí, supongo que también puedo hacer eso. Em… ¿Cúantas personas necesitan…? Tengo que escribir aquí cuantos huéspedes dormirán aquí así que…"

Brittany rió. Esto era tan divertido. Le encantaba disfrazarse.

"Sólo somos yo y tres amigas mías"

Daba la sensación que al chico se le acaban de aparecer todas las navidades que celebraría de golpe.

"¡Oh, bueno! En ese caso si necesitáis un poco de… eh, ayuda esta noche, hacédmelo saber." Hizo ese guiño tan raro otra vez y Brittany, para ver cómo reaccionaría, se lamió los labios.

Se volvió tan, tan rojo que la rubia casi se siente mal por él. Decidió cortarle las alas suavemente.

"Oh, eso es muy generoso por tu parte, pero necesitamos habitaciones separadas porque probablemente vamos a tener sexo durante toda la noche, y obviamente necesitaremos privacidad"

El chico había empezado a temblar, pestañeando rápidamente.

"¡Oh! ¡Aquí tienes!" Sacó un billete de 50 de su escote. Encontraron unos cuantos de estos en el coche, lo que significaba que de momento no tenían que atracar a nadie.

Estaba feliz por eso. Agitar una pistola era divertido y dañar a alguien por conseguir comida… también. Era como uno de esos programas de televisión donde concursaban y a los que siempre había querido ir, donde la gente tenía un minuto para llenar sus carritos con todo lo que querían hasta que la bocina sonaba. Aunque eso hacía que Santana se estresara mucho, y por ello estaba agradecida de esta pausa.

El chico tragó varias veces, cogiendo el dinero con una mano y haciendo un gran esfuerzo para no oler el billete inmediatamente. Se giró hacia el ordenador detrás del mostrador, intentando recordar cómo se utilizaba el aparato.

Cierto, llaves. Rápidamente cogió dos, memorizando los números para que al menos pudiese escuchar detrás de la puerta cuando terminase el turno.

"¿Qué nombre pongo?"

Brittany colocó ambas llaves en su sujetador antes de arrugar la nariz un poco.

"Tina" Dijo después de un momento. "Tina Mike"

"Tina" susurró en veneración. Que nombre tan bonito.

"Hey, ¿Podremos lavar la ropa? Necesitamos lavar las bragas y eso"

Estuvo a punto de preguntar si estaban sucias.

"Hay… Hay… Eh… En el pueblo hay la Lavandería de O'Malley. Justo en la próxima salida de la autopista… Ahí podréis lavar vuestras…" Se aclaró la voz. "Vuestras bragas…"

Brittany se despidió con la mano felizmente y salió de ahí antes de que el chico pudiese terminar.

Él exhaló fuertemente con una sonrisa dibujándose en su cara. Quería chillar. Esto parecía recién sacado de una peli porno.

El mejor trabajo de su puta vida.


Ducharse era lo mejor del mundo, pensó Santana, dejando caer el agua caliente por todo su cuerpo.

Brittany abrió la puerta, completamente desnuda, regalándole una sonrisa y uniéndose a ella.

Santana admitió que estaba equivocada. Ducharse con Brittany era lo mejor del mundo.


Rachel estaba estirada en la cama en una bata ya que le pareció una redundancia ducharse para volverse a poner ropa sucia. No estaba segura como lavarían todo ya que todo lo que tenía necesitaba ser lavado.

Tendría que sacrificar lavar una muda para así poder llevara para ir al pueblo, el cual Brittany había dicho que tenía una lavandería pública que podían usar.

Aún así, le encantaba sentirse limpia. Le encantaba tener una alfombra debajo de sus pies en lugar de hierba y suciedad, e incluso la televisión era bienvenida.

Adoraba a la naturaleza, y creía que encontrar la balanza entre ésta y la urbanización era crucial para alcanzar la felicidad. Pero no podía negar que la comodidad de tener un colchón debajo de su cuerpo, así como de suministración constante de agua caliente y electricidad, eran unos lujos que echaba de menos.

"Casi había olvidado lo bien que sienta una ducha" Dijo Quinn, emergiendo de una nube de vapor cuando abrió la puerta.

Rachel notó como se ruborizaba, lo que era tonto porque tan solo era Quinn, y tan solo estaba en un albornoz, y su mejillas aún estaban un poco rojizas a causa del calor del agua, y su pelo aún estaba un poco húmedo de… y su piel aún estaba un poco húmeda de…"

Giró su cabeza hacia la televisión.

Deseó haberla encendido en primer lugar.

Quinn observó a la chica ruborizada, sonriendo maliciosamente cuando reconoció la expresión en su cara. La había visto suficientes veces antes, como si quitar la mirada escondiese lo que la otra persona estaba pensando.

Se secó el pelo con la toalla cuidadosamente, manteniendo sus ojos en la otra chica que cogía el mando de la televisión y discretamente lo intentaba encender.

Quinn no pudo hacer nada y se rió.

"¿De qué te ríes?" Rachel se negó a girar la cabeza, pretendiendo estar embelesada con el programa que salía en la pantalla. Alguien le estaba gritando a alguien y una música dramática sonaba de fondo. Alzó sus cejas un poquito. ¿Quizá sí que era un programa que le gustaría?

"Oh, ya sabes" Replicó Quinn encogiéndose de hombros, riendo para sí misma y preguntándose hasta dónde podían llegar las cosas cuando la chica perdiese el control. "Hey, ¿Puedes ayudarme a secarme el pelo?"

Rachel pestañeó, frunciendo el ceño durante un instante porque había un secador en el baño. Ella misma lo había usado. Y el pelo de Quinn, mientras que estaba despeinado y húmedo, no estaba lo suficientemente mojado como para que necesitara otra persona para secarlo.

"Hay un…" Empezó, pero su voz fue cortada cuando Quinn se dio la vuelta de manera que estaba de espaldas a la cama. Dejó caer su albornoz, revelando sus hombros y la espalda, y giró la cabeza para mirar a Rachel a través de los mechones de pelo que habían caído en su cara.

"¿Por favor?" Dijo provocando en su voz un tono áspero, luchando para esconder la sonrisa cuando Rachel abrió la boca.

Rachel tragó saliva notablemente, antes de sentarse en la cama con los pies en el suelo. Sus manos temblaron ligeramente mientras cogió la toalla de las manos de Quinn y la elevó hasta la cabeza de la rubia, empezando suavemente a frotar el pelo.

Quinn se lo estaba pasando bomba, hasta que Rachel le empezó a secar el pelo. El albornoz de la morena se había abierto un poquito revelando parte de su pecho. Además, la chica olía genial después de la ducha, no es que antes oliera mal, sino que le encontraba algo muy atrayente a la piel recién lavada.

Puso las manos en la mesita que se encontraba delante de ella, dejando caer la cabeza un poco.

"Utiliza tus… tus dedos"

Rachel pestañeó, dejando caer la toalla rápidamente. Esto para nada secaría el pelo de Quinn, pero se había olvidado de incluso el motivo de la demanda.

Recorrió sus dedos suavemente por los mechones mojados y rubios para luego llegar al cuero cabelludo y apretar más fuerte. Retiró las manos, acariciando la piel de la rubia con sus uñas y disimulando una sonrisilla cuando escuchó suspirar a Quinn.

Rachel tragó saliva. Era esto. Aquí estaba el momento que la llevaría a convertirse en una adulta. Bueno, probablemente para el resto del mundo era el asesinato, pero para ella…

Después de esta noche todo cambiaría. Estaba más que dispuesta a entregar su virginidad.

La respiración de Quinn se hacía cada vez más corta mientras que las uñas de Rachel le hacían cosas que ni siquiera sabía que le gustaban.

El albornoz estaba cayendo más por sus brazos, y podía notar la proximidad de la otra chica a su espalda desnuda.

Estaba a dos segundos de girarse y empujar a Rachel a la cama, y de alguna manera, tomarla ahí en ese mismo instante. Averiguaría cómo. Si Santana y Brittany podían, ella también. Tan solo aprendería sobre la marcha.

Ahora mismo.

"Vamos zorrillas, quiero lavar mi…" Santana se detuvo, la mano aún en el pomo de la puerta.

Rachel se separó de Quinn. Estuvo a punto de besarle su nuca.

Quinn dejó ir un pequeño chillido de frustración y se volvió a colocar el albornoz.

"Hey San, ¿Podemos…?" Brittany apareció detrás de Santana, con la boca abierta.

"Lo siento, ¿Interrumpimos algo?" Santana había recuperado la compostura, y se movió hacia el borde de la cama, cruzando sus piernas y sonriendo maliciosamente.

"¿Aún no lo habéis hecho? Nosotras ya llevamos como tres veces o por ahí" Brittany cruzó sus brazos, no pareciendo muy convencida.

Quinn quiso morir. Quiso recuperar su arma del coche y reventarse su cabeza. O quizá la de Santana.

Rachel pasó sus dedos por su propio pelo, levantando la cabeza desafiantemente.

"Lo que hacemos y dejamos de hacer no es de tu incumbencia. ¿Lavamos la ropa?"

Santana soltó una risilla, encontrándose con la mirada de Quinn y regalándole un guiño.

"Propongo que vayamos al pueblo este, lavamos la ropa, conseguimos comida, y volvamos aquí"

"¿Y cómo propones hacer eso sin que nos reconozcan?"

Santana se encogió de hombros a Rachel, levantando sus manos.

"¿Usando esas estúpidas pelucas y no apuntando a todo el mundo?"

Brittany asintió con la cabeza y luego ojeó rápidamente a Rachel.

"¿Qué tal si S y yo hacemos eso y además conseguimos comida, y vosotras dos os quedáis aquí? Será menos obvio si dos de nosotras…"

"¡Pero quiero ir!" Dijo Brittany y Rachel frunció el ceño.

"Propongo la misma combinación con los roles intercambiados. Vosotras os quedáis aquí y nosotras lavaremos la ropa y conseguiremos la cena"

Santana puso los ojos en blanco, aunque se encogió de hombros porque no le daba igual una cosa que la otra.

Quinn asintió lentamente, y Brittany aplaudió.


"¿Hey S?"

Quinn y Santana estaban sentadas en los lados opuestos de la cama doble en la habitación de Quinn y Rachel. La televisión emitía alguna película que hubiese sido interesante si aún tuviesen la vida de hace un mes atrás.

"¿Q?" Replicó Santana, ojeando al reloj que se encontraba en la mesita que tenía a su lado y preguntándose dónde estaban las otras chicas.

Ambas llevaron las pelucas rojas y mientras estaba segura de que eran irreconocibles, especialmente después de que Rachel empezara a hablar como si fuera de Minnesota, no sería capaz de relajarse hasta que volvieran.

"Cuando tu y… ¿Recuerdas el campus de animadoras, el primer año?"

Santana frunció el ceño ligeramente. Estaba bastante segura de saber a dónde llevaba esto, pero si Quinn quería jugar, jugaría.

"¿Me estás preguntando si recuerdo la primera vez que estuve rodeada por centenares de chicas semidesnudas? Si, Q, lo recuerdo"

Quinn pasó su lengua por el labio superior, preguntándose cómo podría llegar a la pregunta que quería hacer sin que Santana ser riese de ella el resto de su vida.

O bueno, el resto de ésta vida.

"Ahí fue… Os vi a ti y a Brittany. Quiero decir, ahí fue cuando lo descubrí"

Las cejas de Santana se levantaron. Eso no lo sabía.

"Em… ¿Y cómo lo descubriste exactamente? Espera. Oh Dios mío. ¿Esa eras tú?"

Quinn se cubrió la cara con las manos. Esto era demasiado embarazoso.

"¡No era mi intención! Necesitaba ir al baño ¿Vale? ¿Cómo sabría yo que tú y B estabais teniendo un lo que fuera que era eso a mitad de la noche en el baño?"

Santana se levantó, mirando a Quinn incrédulamente.

"¡No me puedo creer que esa…! ¡Me cagué de miedo! Ahí estábamos nosotras, pasándolo genial, y de pronto escuchamos una puerta cerrándose y un chillido y… ¡Me cago en todo! Eras tú." Santana respiró profundamente, luego frunció el ceño y golpeó a Quinn en el hombro. "¡Hice llorar a Britts por eso!"

"¡Au!" Quinn se frotó el brazo, frunciendo el ceño antes de devolverle el golpe a Santana. "¡Y tú me diste fobia a usar el baño por la noche!"

Santana volvió a pegar a Quinn.

"¡Existe el concepto de llamar a la puerta! Pensé que era una monitoria, o yo qué sé, algún gilipollas que destrozaría nuestras vidas y… ¡Eras tú!"

Quinn apretó los dientes, intentando controlarse para no volver a pegar a la chica delante de ella.

"¿Qué se suponía que tenía que hacer? Decir: 'Hey S, ¿Te importa sacar la mano de la entrepierna de B para que pueda mear?'"

"¡Pues sí! ¡Eso hubiese sido mejor que despertar a todo el mundo!"

Se miraron durante unos instantes antes de que Santana empezara a reírse. Quinn empezó a reírse también, haciendo un pequeño puchero mientras se frotaba el brazo.

"¡La madre que me parió! Pegas fuerte, zorra"

"Vigila tu lenguaje, Q. Empiezo a pensar que te pareces a mí. No es que tengas la culpa. Como modelo a seguir, soy impresionante"

Santana se volvió a sentar, levantando sus piernas en la cama. Quinn imitó la posición de ésta, antes de que su expresión se suavizara.

"¿Cuándo lo hicisteis por primera vez? Creía que esa era… ya sabes, la primera vez pero no, ¿Verdad?"

La expresión de Santana se suavizó también, mientras respiraba profundamente.

"No, no lo era. Fue a los catorce años."

Las cejas de Quinn se dispararon hacia el techo.

"¿Qué?"

"Mira, no fue como crees. Sus… sus padres se habían ido y me quedé a dormir en su casa, como cada fin de semana. En fin, no sé ni por qué lo hicimos, pero el mini-bar estaba ahí y… no sé, tomamos tres tragos de vodka y ya estábamos ciegas"

Quinn le dedicó toda la atención.

"¿Y empezasteis a enrollaros?"

"Sí. Habíamos estado viendo Crueles Intenciones, ¿Sabes? Y apareció ese trozo en que las dos chicas empezaban a liarse y… No sé, Britts lo sugerió y yo ya había pensado en ello y… Empezamos a besarnos. Con lengua. Y no sé, habíamos besado chicos antes, pero esto era diferente. Era con Britts, mi mejor amiga."

Quinn sonrió suavemente, imaginándoselo y descubriendo que no le daba asco ni le hacía sentirse rara. En realidad era algo bonito.

"¿Y lo hicisteis todo?"

Santana hizo una mueca.

"Lo intentamos. Bueno, lo hicimos, pero éramos muy jóvenes y estábamos un poco borrachas… La intención estaba ahí. Pero no nos corrimos ni nada de eso" Santana empezó a reír cuando vio la cara de Quinn. "Lo siento Q, ¿Pero no es ese el objetivo? El caso es que nos despertamos el siguiente día y le quitamos importancia al asunto. Pero personalmente, estaba asustadísima porque era la primera vez que me di cuenta que quería ese tipo de cosa. Y Britts tan solo me besó, con el aliento matutino y todo y me dijo que estaba muy agradecida de que yo hubiese sido su primera"

Quinn miró como Santana no quitaba la miraba de la pared.

"¿Qué le dijiste?"

La atención de Santana volvió a Quinn.

"Que no lo dijese a nadie. Salí volando de ahí, llamé a Puck cuando llegué a casa y lo hice con él"

"¿Y cuándo lo hicisteis… otra vez?"

"El siguiente fin de semana. Y el siguiente después de ese. Vamos, cada vez que podíamos. Y sí, finalmente, mejoramos muchísimo" Santana suspiró, antes de apretar los labios a Quinn. "¿Y ahora, por qué no me preguntas lo que realmente quieres saber?"

Quinn tragó saliva, su expresión cambiado de simpatía a nerviosismo.

"Mira, me acosté con Puck, pero fue él quien… Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo, pero él sí. Y con Berry… Con Rachel, quiero decir, creo que va a ser… Mira, probablemente vayamos a la cárcel así que…" Quinn cerró los ojos, intentando encontrar el coraje para hacer la pregunta sin tapujos. "Yo soy la que tiene experiencia esta vez, o la que se supone que tiene experiencia, pero la realidad es que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo"

Esto era un momento que Santana nunca había esperado que pasara entre ellas dos. Lo de asesinar juntas no lo había previsto, pero cabía dentro de las posibilidades. ¿Pero que, en una habitación de un motel en algún lugar de Colorado, Quinn hubiese empezado una conversación sobre perder la virginidad y acostarse con chicas?

Ni en un millón de años.

"Mira, no voy a contarte las técnicas ni esas cosas porque… porque no es de lo que esto trata, Q. Además, si tengo que dormir hoy sabiendo que tu y Berry estáis consultando algún tipo de libro sobre lesbianas para que podáis averiguar lo qué hacer…" Se estremeció. La cosa ya era bastante incómoda. "Así que tan solo voy a darte un consejo, ¿De acuerdo? Un consejo que podría haberme salvado un montón de confusión con Britts, así que ya me lo estás agradeciendo"

Quinn la miró con un halo de esperanza.

"¿Cuál es?"

"Haz lo que quieras, y escúchala, ¿Si? Acostarse con chicos es… con Puck, lo que habías de hacer era estírate ahí y él ya estaba contento. Vale, sí, hay muchas cosas que puedes hacer para mejorarlo, pero todo termina cuando él acaba, ¿No? Pero con las chicas… No hay una meta establecida. Quiero decir, creo que es genial porque puedes pasártelo bien toda la noche si quieres, pero no te pases todo el rato intentando que termine, porque no todo termina en eso. Presta atención en cómo te responde, hazle saber lo que tú quieres, prueba lo que a ti te gusta en ella, lo que quieras, pero ¿sobretodo, Q? Siéntelo. No te estreses pensando en el qué has de hacer y cómo, tan solo siente."

Quinn pestañeó mientras Santana cogía su mano, apretándola suavemente.

La puerta se abrió con Brittany llevando una bolsa llena de ropa que dejó sobre el suelo. Sonrió, yendo directamente hacia Santana para besarla rápidamente antes de volver a irse.

Rachel entró en la habitación con también una bolsa, regalando a Quinn una tímida sonrisa para luego irse con Brittany.

"Gracias" Susurró Quinn, mientras las dos se levantaban.

"De nada, Q. Agradécemelo no volviendo a hablar de ello nunca más"


Rachel entró en la habitación cinco minutos después de que Santana la dejara. Quinn se encontraba en el baño lavándose la cara e intentando apaciguar los nervios. Sabía que era ahora, que éste era el momento que recordaría toda su vida, el que nunca olvidaría y supo que tenía el listón muy alto.

Aunque Rachel nunca había hecho el amor con nadie, conocía a la chica y sabía qué expectativas tenía. Los nervios la volvieron a invadir, pero entonces apareció la voz de Santana en su cabeza.

Quería sentir. Por encima de todo, quería sentir. Así que se miró al espejo, sonrió y salió del baño. Ahí estaba Rachel, mirando por la ventana a la oscuridad que las rodeaba. Quinn se situó detrás de ella y observó a la morena a través del mismo reflejo de la ventana. Fue en ese momento que todos los tapujos y murallas habían desaparecido. La mano de Quinn llegó hasta la de Rachel entrelazándose y provocando en ella una sonrisa y un suspiro añorado.

"¿Estás bien?" Preguntó la rubia preocupada al haber visto a Rachel pensativa.

Pero Rachel no contestó, tan sólo la miró como si no pudiera escuchar su voz, como si por primera vez aquella voz aterciopelada no existiera. Entonces, con la voz algo alterada por lo que le iba a pedir, apretando sus dedos entrelazados, Rachel le susurró con una musicalidad tan exquisita que Quinn sintió como toda ella se abría para dejar entrar a la felicidad que estaba por venir.

"Te necesito" Se acercó más a Quinn. "Solo quiero que te quedes conmigo, que me hagas el amor…" Rachel se situó a un centímetro de su boca. "Quinn…"

"Ven" musitó Quinn con ternura, dulzura y pasión a la vez que ajuntaba sus labios suavemente. Un roce mínimo pero tan intenso que ambas sintieron una llama prenderse en su interior.

El primer beso fue con tanta sutileza que apenas notaron su existencia, se miraron a los ojos sin dudas, sin miedos, con pasión, con ternura. Fue Rachel quien volvió a buscar aquella boca y en aquella ocasión el beso se hizo más intenso, sus lenguas se buscaron provocando un gemido en ambas, estaban sedientas la una de la otra y sus cabezas ladeaban para buscar una mejor ubicación. Sus labios atrapaban la otra boca, mientras Quinn recorrió cuidadosamente con sus manos los brazos de Rachel para dejarlos suavemente en su cadera, retirándole segundos después su camiseta, quedando como testigo en el suelo de que nadie podría detener aquel instante donde ambas se necesitaban, se deseaban y se adoraban. Separaron sus bocas, se miraron con los ojos repletos de ardor, con las respiraciones agitadas y fue nuevamente Rachel quien tomó la mano de Quinn y la llevó a la cama, quedando ella debajo, con la rubia encima de ella.

"Quinn" Susurró Rachel acercándose a su oreja mientras besaba su cuello provocando en la rubia un aturdimiento, una sensación de abandono del cuerpo.

Quinn reaccionó para pasar sus manos por la cintura de la otra y estrecharla nuevamente, caricias lentas, besos lentos pero repletos de pasión, miradas que hablaban tanto, ropa que despacio iba desapareciendo de sus cuerpos, susurros de palabras repletos de amor, hasta quedar desnudas por igual, hasta sentir como sus centros gritaban para pasar a la acción.

El torbellino de pasión que al principio intentaron frenar se liberó en toda su magnitud, las pieles erizadas, los deseos disparados al máximo.

Fue Quinn quien bajo las caricias de Rachel comenzó a recorrer su cuerpo. Lentamente en su cuello, fue provocando en su compañera gemidos cortos pero intensos, más agudizados cuando su boca atrapó el pezón derecho que insistentemente se hacía ver. Mientras, las manos de Rachel paseaban por la espalda de su otra mitad, aquella piel con la que con los ojos cerrados había recreado mentalmente, y que ahora era suya.

La morena no quería controlar su respiración alterada. Tenía los ojos cerrados y apretaba de vez en cuando la nuca de Quinn en su pecho.

"Rachel…" musitó con la voz repleta de éxtasi.

Recorrió con lentitud sus manos por todo el torso de Rachel, que a medida que bajaban, iban dejando un rastro de caricias que la eclipsaban, llegando hasta sus caderas. Su boca rodó por su ingle y la cantante, en un movimiento instintivo, elevó sus caderas. Guiada por su más pura naturaleza, Quinn siguió bajando hasta llegar al lugar que ambas más deseaban. Rachel gimió mientras la rubia recorrió con delicadeza su sexo con la yema de sus dedos, descubriendo la pasión que sentía en su propio sexo, humedecido y expectante.

Miró a Rachel y lo que vio fue a una diosa esperando ser llevada al lugar reservado para ellas, a un lugar donde solo podían llegar cogidas de la mano. Sus ojos estaban cerrados, la boca algo entreabierta, una de sus manos aferrada a la sábana que le servía para amortiguar aquellos golpes de excitación, de pasión en su corazón, y la otra mano apretando sus cabellos rubios. Sus caderas se alzaban abiertas de par en par y con sus pies apoyados en el colchón. Se estaba entregando a Quinn y ésta no dudó, regalando con muchísima delicadeza su lengua al sexo de la morena, recorriéndolo, llenándose de su aroma, de su sabor. Rachel gemía, una lágrima recorriendo su rostro, mientras Quinn incrementaba su ritmo poco a poco y sus manos se volvían a entrelazar.

El vientre y los pechos de Rachel se movían en perfecta sintonía entregándole un baile de placer, con la respiración disparada y murmurando cosas que no sabía ni qué eran. Su garganta seca, sus ojos cerrados y tocando placeres que desconocía. La quería. La estaba volviendo loca y se estaba dando cuenta de que no quería que parara y así se lo hacía saber, mientras Quinn degustaba su sexo sonreía y notaba que sí, que ambas estaban sintiendo.

Con delicadeza extrema, Quinn introdujo un dedo en Rachel, esperando atentamente a la reacción de la otra, que poco a poco se iba ajustando a la intrusión.

"¿Te hago daño?" Preguntó Quinn agitada. Rachel negó con la cabeza.

"Más" Jadeó Rachel y Quinn cumplió, introduciendo otro dedo y notando como las paredes de la morena abrazaban sus dedos. "¡Joder!" Lentamente, las caderas de Rachel volvieron a su ritmo constante y pronto la morena estaba otra vez gimiendo placenteramente.

Estaba llegando con ella a la pasión que ambas temían allí en esa cama, con los espasmos de Rachel y un grito profundo que demostró que había llegado al cielo y que se había quedado en ese límite maravilloso que solo daba el placer. Quinn la había llevado de una manera maravillosa, y aún con la respiración jadeante, notó como hacía el camino contrario, como volvía hasta su boca y se fundían en un beso apasionado, en un abrazo entregado por los brazos de Rachel que la envolvió con la fuerza que le restaba.

"Quinn…"

"No digas nada…" Frotó su nariz con la otra con su voz entrecortada.

"¿Estás bien tú?" Sonrió Rachel, recuperando de golpe la energía y obligando a Quinn a tumbarse en la cama, con una sonrisa mientras se apartaba el pelo. Se acomodó, rozando con su dedo los labios de Rachel, quien lo atrapó en su boca y lo lamía suavemente. Quinn abrió la boca con la respiración algo entrecortada. Rachel se colocó sobre Quinn, haciéndole llegar su humedad.

"Rach…" Quinn cerró los ojos. La morena se recreaba en su piel de una manera que le estaba haciendo perder todos los sentidos y sus caderas empezaron a reaccionar inconscientemente. Sin poder contenerse, Rachel pasaba los labios por aquel cuello que la recibía gustoso. Ambas sentían la humedad y el calor de su lengua descender con una calma pasmosa, cosa que estaba torturando a la rubia. Sintió a la morena descender por su cuerpo, pasando por sus pechos y dedicándoles especial atención, moviendo su cuerpo inquieto ante esos besos que cada vez estaban más cerca de su sexo. Notó como la pequeña diva la abría sus piernas y exhaló aire sin poder contener un volumen que fue gloria para los oídos de Rachel, que miraba aquel lugar sin poder contenerse más tiempo.

Estaba perdiendo la poca razón que le quedaba, intentando que aquello fuera lo más dulce posible, pero tenerla en sus brazos, disfrutando de su cuerpo y escuchando esa voz que solo hacía que soltar jadeos y pequeños gemidos le hacía querer eso, darle más, darle hasta volverla loca.

Sin dudar en hacerlo o no, comenzó a introducir la punta de su lengua tímidamente en su sexo, el cuerpo de la rubia se retorcía bajo ella y aún sin ser acariciada, disfrutaba con solo el placer que estaba consiguiendo hacerle sentir. Introdujo sus dedos mientras con su lengua dejaba sus caricias favoritas estimulándola hasta un punto en que Quinn se tuvo que agarrar a la cama.

"Voy a…, Voy a…, ¡Joder Rachel!"

Sin darle tregua alguna, Rachel aumentó su ritmo a la vez que emitía un gemido al ver el placer que le estaba proporcionando a la otra. Quinn empezó a convulsionar mientras que un escalofrío recorrió la espalda de Rachel, quien al escuchar el grito que su compañera emitió, subió rápidamente para abrazar a la rubia con desesperación.


Ya era de día. Quedaba poco para dejar el motel y sin embargo, no había dormido nada. Se levantó para ir al baño y sonrió al mirarse en el espejo.

Había sentido. Había sentido como nunca, y no podía estar más orgullosa de ello. Su pelo rubio aún estaba revuelto de toda la actividad practicada en las horas anteriores, y al contrario que durante mucho tiempo, pensó que nunca le había quedado tan bien como ahora. Esta aura que irradiaba le daba la sensación de que se podía comer el mundo, aunque sinceramente, tan solo se conformaba con la pequeñaja que se encontraba en la cama de la habitación.

Con sigilo entró en la habitación, Rachel llevaba su camiseta y unos pantalones cortos. Al verla así sintió lo mucho que la excitaba esa imagen frente ella. Ladeó un poco la cabeza para poder seguir mejor las curvas de la morena, mientras que su rostro reflejaba una sonrisa repleta de ternura y unos ojos repletos de brillo. Se fue acercando poco a poco, dejando que sus ojos recorrieran todo aquel cuerpo, sin prisas ni titubeos. Fue entonces cuando recordó algo que siempre había querido saber. Se acercó y con cuidado se tumbó sobre la cama, muy cerca de la otra para oírla respirar y así poder llenarse de su aroma.

Sin esfuerzo, notó como su cuerpo era un imán y sus manos dos trozos de hierro que se juntaban irresistiblemente.

Con toda la decisión que le había faltado en su vida, comenzó a acariciar desde las rodillas el cuerpo de Rachel, que al principio no entendía qué era aquello que le hacía cosquillas, pero pronto lo entendió cuando notó como dos labios húmedos y calientes rodaban por su cuello separando el pelo, pasando la punta de su lengua con tan sutil roce que provocó que aquel mar calmado, de repente, se atizara.

"Quinn…" Murmuró Rachel extasiada.

"¿Qué?" Le susurró tan cerca de su oído que pudo notar como la piel de Rachel sufría un estremecimiento que le hizo sonreír. "¿Qué te pasa?"

"¡Ay!" Volvió a suspirar.

"¿Te duele algo?" Sonreía mientras pasaba su pierna entre las de Rachel y acariciaba su vientre con lentitud. "¿Te duele por aquí?"

"Mmmm… ¡Dios!" Masculló a modo de quejido totalmente dependiente de ella.

"¿Es más abajo?" Fue bajando lentamente mientras Rachel instintivamente abría sus piernas.

"Si" Extasiada como estaba sin moverse, dejando que hiciera lo que quisiera con su cuerpo. "Más…"

"¿Te gusta, eh?" Le susurró Quinn mientras al mismo tiempo mordía su oreja y metía la mano por el pantalón.

"Quinn… No sé quién te lo ha enseñado, pero me estás volviendo loca" Susurró con la voz ardiente.

"Haces que quiera aprender" Le lamió el lóbulo de la oreja provocando que Rachel se mordiera los labios para ahogar un grito. "Y ya sabes que soy muy buena… Aprendo rápido y le pongo mi toque"

"Que sepas que me encanta tu toque…" La mano de Quinn rozó tan suavemente que Rachel pensó que moriría.

"¡Chicas! ¡Buenos días! ¡Santana dice que nos vamos ya!" Brittany picó en la puerta de las chicas, alegre y con una voz feliz.

"¡No por favor!" Protestó Rachel mientras Quinn retiraba la mano.

"No queremos que Santana se enfade…" Quinn le regalo una sonrisa que podía hasta curar el cáncer. "Vamos, peque"


Santana se levantó estirando todo su cuerpo. Dios, cómo echaba de menos las camas… Quizá eso de ser arrestadas no era tan malo. Tendría una cama cada noche, y comida y…

Sintió a Brittany estirarse a su lado, abriendo un ojo y ofreciéndole una sonrisilla.

"Buenos días" Murmuró con voz dormida.

Recogieron la habitación lo mejor que pudieron, guardándose los mini-champús y los jabones.

Mientras que Brittany picaba en la puerta de las otras chicas, Santana metía sus pertenencias en el coche, y se colocó en el asiento del conductor. Después de la conversación con Quinn esa noche, sintió que había contribuido lo suficiente como para ver su cara de recién folladas cuando emergieran de su nidito de amor.

Brittany caminó hacia el coche, metiéndose en el asiento del copiloto con una sonrisa en su cara.

"Lo han hecho" Dijo mirando a Santana y riendo. "Apuesto diez dólares… no espera, que me había olvidado, apuesto a que Quinn y Rachel dormirán todo el día porque no durmieron durante la noche"

"¿Y qué apuestas?"

"Quien pierda es quién se queda en el coche la próxima vez que atraquemos a alguien"

Santana dejó ir un soplido, porque sabía que si aceptaba perdería. Pero Brittany estaba tan feliz… Daba igual.

"Acepto"

Se dieron la mano y luego se besaron, lo que por supuesto no se resumió a un simple beso.

Quinn corrió hacia el coche con una bolsa, usando la excusa de hacer la bolsa la noche anterior para así olvidarse de lo que posteriormente pasaría con Rachel. También le permitió relajarse durante unos instantes mientras pensaba en lo que Santana había dicho.

Rachel apareció en el umbral de la puerta, mirando a todos sitios como si estuviera a punto de abrir sus brazos y empezar a cantar una canción de Julie Andrews mientras subía a una colina.


Santana tosió, acababa de perder su apuesta. Definitivamente.

De nuevo, condujeron de día. Brittany contaba los coches que pasaban y bailaba en su asiento al ritmo de la música. Santana se permitía sonreír, incluso cuando un coche de policía las adelantó después de pasar la frontera de Kansas.

Quinn y Rachel se perdieron la mayoría del viaje, abrazadas la una con la otra y dormidas desde que dejaron el motel.

Después de unas horas, Brittany las observó para verlas dormir. Deseó tener un rotulador o algo para pintarles las caras. Aunque estaban tan monas. Quinn tenía su cabeza descansando en el hombro de Rachel, y Brittany se dio cuenta de que su amiga nunca había parecido tan relajada.

Esa noche sugeriría que se emborracharan. Tan solo para divertirse y para ver si Quinn era una borracha sobona después de haber tenido un montón de orgasmos con Rachel. Fijo que ahora estaba más feliz. Sabía de primera mano cómo la frustración sexual hacía que estuvieras muy gruñona.

Santana parecía sorprendida de que las chicas se estaban enrollando, pero Brittany no. Pensó que, dadas las circunstancias, todo el mundo se podía enrollar con cualquiera. La gente solamente era gente, y mientras que algunas estaban mejor que otras, importaba lo que había dentro de ellas. Quinn y Rachel estaban buenísimas, cierto, pero no fue hasta que se conocieron que se empezaron a enrollar.

Y todo lo que hizo falta fue que once personas muriesen, robar a bastantes sitios y tener un futuro asegurado en alguna prisión.

Brittany sonrió. Valió la pena.


"Sin armas esta vez" Dijo Santana, respirando profundamente mientras mantenía los ojos fijos en la señal de neón que indicaba el nombre del restaurante.

"¿No nos reconocerán sin las pelucas?" Preguntó Rachel con voz dormida, estirándose mientras se acababa de despertar.

Se había despertado cuando el coche se detuvo. Brittany y Santana estaban hablando sobre qué hamburguesas deberían coger. Había muchos coches en el aparcamiento, y a pesar de las anteriores veinticuatro horas, Rachel sintió algo parecido al miedo cuando llegaron ahí.

"¿Dejamos a ver qué pasa?" Sugirió Quinn, ojeando el lugar y sintiendo como las tripas le sonaban.

Se arreglaron lo mejor que pudieron las caras con maquillaje. Al terminar, no parecía que habían pasado todo el día conduciendo.

"Estás preciosa, Quinn" Murmuró Rachel, mirándola tímidamente. No podía evitarlo. Habían experimentado el momento más increíble e íntimo de sus vidas la noche anterior. El estómago de Rachel dio un vuelco al recordar la cara de Quin cuando…

"Tú también" Replicó Quinn, sonriendo suavemente y cogiendo su mano.

"Vamos, parejita" Santana puso sus ojos en blanco, caminando con Brittany hacia el restaurante.

Iba a entrar ahí con una sonrisa plantada en su cara, preguntar por una mesa y pedir comida. Si ahí dentro les miraban mal, o alguien se portaba con un imbécil, simplemente se irían.

Era hora de que se volviesen completamente invisibles, ¿Y qué mejor que hacerlo en la multitud?

Una agradable camarera llamada Katie las condujo hasta una mesa y les entregó un menú a cada una.

Inmediatamente, Brittany pidió un batido de extracto de plátano y cuando Katie miró a las otras expectante, las otras chicas se apresuraron a pedir una bebida.

"Batido de chocolate, Katie" Dijo Santana flirteando con una sonrisa. Si se portaban bien no llamarían la gente, ¿No?

"Fresa" Quinn dudó unos instantes entre dos batidos, pero hacía mucho que no tomaba un producto lácteo. Además, había querido pedir hamburguesas y batidos desde que dejó de ser Lucy. Hace tiempo, ésta era su comida favorita.

"Yo tomaré un jugo de naranja, a menos que vuestro establecimiento ofrezca un batido de leche de soja para clientes vegetarianos." Dijo Rachel esperanzadoramente, mientras Katie le fruncía el ceño.

"Preguntaré a la cocina. Si lo hay, ¿Qué sabor quieres?"

"Exctracto de vainilla, por favor" Rachel sonrió a la chica mientras que ella anotaba las peticiones y se alejaba de la mesa. "¡No me puedo creer que nadie nos haya reconocido!"

Nunca se pensó que estaría tan emocionada por aparecer ser nadie, como cualquier típico adolescente sin un futuro lleno de éxito.

"¡San! ¡Hay una máquina de discos!"

Santana la miró antes de encogerse de hombros.

"Vale, ¿Qué pedimos?"

Quinn mantuvo sus ojos en el menú, a pesar de alarmante comprensión de que se encontraba en un restaurante con Rachel, Santana y Brittany y que la situación podía ser llamada perfectamente una doble cita.

Justo cuando pensó que su vida no podía ser más extraña.

Aunque nunca sintió nada parecido a la noche anterior. Dejando el lado físico, el nivel emocional que había alcanzado era muy intenso. Positivamente. Y eso la había sorprendido aún más. Había sido criada en un mundo en el que no se dependía de las emociones, o más específicamente, en depender en algo que era socialmente aceptado. La pura intimidad que había alcanzado la noche anterior la dejó confundida.

Por un lado, estaba bastante segura que estaba enamorada. Por primera vez en su vida. Pero por otro lado, estaban fugándose y el tiempo se acababa. Ahora no había tiempo para sentir esas cosas, porque ahora dolía más pensar en lo que las esperaba.

De repente, la seguridad de Rachel era lo más importante para ella, y deseó desesperadamente que su plan original hubiese funcionado. Que ese pobre imbécil no hubiese intentado violar a la chica y que tan sólo le hubiese dejado hacer la maldita llamada, que sus padres la hubiesen recogido y que hubiese vuelto a su vida.

Ahora mismo Rachel podría estar en Lima, sana, salva y planeando su futuro. Vale que nunca se hubiesen vuelto amigas, o se hubiesen besado o que hubiesen tenido esa noche que Quinn nunca quería olvidar. Pero ahora mismo Rachel estaría a salvo.

Ignoró la conversación que las otras tres chicas tenían, incluso cuando se reían y apuntaban a los jefes, que iban vestidos muy estrambóticamente. Porque, ¿Qué había dicho Rachel sobre el amor? Que la seguridad y la felicidad de la otra persona eran más importantes que la tuya.

Comenzó a darse cuenta que quizá sintió eso incluso antes de ser consciente de ello, porque teniendo en cuenta su plan original, tan solo Rachel salía beneficiada. ¿A quién quería engañar? Las tres hubiesen sido encerradas con o sin testigos que justificaran el asesinato. Solamente hubieran liberado a Rachel.

Así que ahí estaba, enamorada de ella. Muchísimo. El sentimiento que había estado esperando toda su vida.

Pero era demasiado tarde.

Era demasiado tarde desde el día en que clavó el cuchillo en el cuerpo de Russel Fabray.


"¡No me puedo creer que lo tengan!" Exclamó Rachel bebiendo entusiásticamente de su vaso. Era muy tonto sentirse tan emocionada por tener una bebida que se parecía a la de las otras, pero eran las pequeñas cosas lo que la hacían sentirse incluida.

Debajo de la mesa, tenía su mano en la rodilla de Quinn y lentamente la subía por su muslo.

Había sido virgen durante mucho tiempo y no había previsto perderla tan temprano. Pero ahora que ya no lo era, tenía muchísimo que recuperar.

Había sido exactamente cómo había imaginado, sin ser exactamente como lo había imaginado al mismo tiempo. Pero Quinn había sido tan dulce y a la vez tan apasionada, que Rachel se dejó llevar por sus emociones tan pronto como se sintió cómoda con ellas.

Recordó esa noche con Jesse y lo nerviosa que había estado mientras se preparaba en el baño. Y luego, con Quinn ni siquiera se molestó en lavarse la cara o en ponerse un conjunto apropiado para el evento. Tan solo dejó que la chica la agarrase, la besara y la estirase sobre la cama.

"Este es el mejor plan que hemos tenido nunca" Dijo Santana con la boca llena de una hamburguesa con queso y chili.

Brittany asintió, gimiendo cuando mordió su propia hamburguesa con queso y doble de bacon como si fuese la mejor cosa que había probado en su vida.

Pero claro, un mes a base de sopa enlatada y golosinas puede hacer eso a cualquiera.

Quinn dio un mordisco de su hamburguesa a base de bacon, intentando evitar cerrar los ojos del placer que le dio. Aunque la noche anterior fue la experiencia más placentera de su vida, esto era, sin duda alguna, la segunda en la lista. Había un montón de tiras de bacon crujiente, la mano de Rachel estaba en su mundo y esto era lo más parecido al cielo. Tenía que serlo.

Delicadamente, Rachel cogió su tenedor y comió su plato de pasta, intentado reprimir el gemido de placer sin éxito. La sopa podía llegar a ser un poco repetitiva, pero esta salsa estaba para morirse.

Quinn se ruborizó cuando Rachel gimió. Santana se rió.

"¿Estás bien, Q?"

Quinn fulminó con la mirada a la latina.

"San, voy a mirar la máquina de discos" Brittany besó a las otras chicas en la mejilla dejando la mitad de la hamburguesa y las patatas en el plato mientras se levantaba y caminaba hacia la gigante y anciana máquina.

Santana también dejó su hamburguesa en el plato, golpeando suavemente su estómago.

"No sé si es por la sopa o las golosinas, pero no puedo comer tanto como solía"

Quinn se encogió de hombros, ella estaba hambrienta.

Santana se levantó y caminó hacia Brittany, que ya había elegido canción y esperaba a que comenzara a sonar.

En la mesa, Quinn finalmente terminó su hamburguesa y tomó un trago de su batido. Estaba intentando deshacerse de todos los pensamientos de amor y tan solo disfrutar el momento.

Pero era difícil.

"¿Estás bien?" Preguntó Rachel, ligeramente preocupada de que la otra chica estuviese asustada por lo ocurrido la noche anterior. Lo que sería ridículo viendo lo entusiasma que había estado esta mañana.

"Esa pregunta ya tendrá el mismo significado para mí nunca más" Replicó Quinn, girándose con una sonrisa para mirar a la otra chica mejor. "Estoy bien dentro de lo que cabe. ¿Tú?"

"Sí" Contestó riendo Rachel. "Sinceramente, más que bien."

Quinn cubrió la mejilla de Rachel con su mano.

"¿Quieres bailar conmigo?"

¡Por supuesto que quería bailar con Quinn!

"Me encantaría"

Y de esa manera, las cuatro tomaron turnos para escoger canciones mientras la noche avanzaba.

Rachel se encargó de dar un descanso al baile y escaló hasta la barra para cantar junto a la máquina. Ya no era virgen, estaba enamorada y ahora mismo tenía una audiencia por primera vez des de hacía muchísimo tiempo.

Fue una noche mágica y Brittany deseó poderse quedar en Kansas, para poder vivir cerca de este restaurante y de la máquina toca discos.


Mientras que Santana y Brittany las esperaban en el coche, Quinn y Rachel fueron al baño.

"¡Rachel!"

"Quinn, estoy muy…" Se mordió el labio. "No me pidas que me aguante, porque no puedo" Cogiéndola por la cintura la hacía sentar sobre la pica del baño, cerrado con pestillo, para atacar su cuello.

"¿Cómo estás?" Suspiró.

"Muy burra, es como estoy" Rachel dio un mordisco en el hombro de Quinn.

"Por Dios" Sonreía encerrándola entre sus piernas.

Abandonando aquella piel, llegaba de nuevo a sus labios, succionándolos con ansia, haciendo que volviese al suelo mientras caminaban a tientas hasta la puerta. Contra ella, seguían en aquella tarea hasta que Quinn les dio la vuelta, chocando con la otra pared.

Quinn se rió. Sin hacer caso a su risa, Rachel comenzó a colar las manos por los pantalones de Quinn, quien no pudo reprimir un gemido que salió con vida propia al sentir las manos de la morena.

Quinn, que se encontraba de espaldas a la pared, palpaba la superficie para encontrar algo a lo que agarrarse, resultándole difícil sin mirar.

"Nos vamos a matar, Rach" Quinn se volvía a reír al notar como Rachel quería ser quien dominaba y la levantaba en brazos pegándola aún más a la pared, atacando su torso ya expuesto con sus dientes y colándose con la boca entre su pecho y su sujetador, atrapando el pezón que se iba endureciendo cada vez más sin control alguno. "Buf…" Quinn apretó los ojos con fuerza.

Mientras mantenía su cuerpo con la fuerza de uno de sus brazos, Rachel utilizó su mano libre para liberar los pechos de la otra, para después aliarse con la lengua y atacar a ambos.

"Rach… nos están esperando"

Subiendo su rostro, abría de nuevo su boca, entrelazándola a la suya, gimiendo, intentado respirar, mientras que la morena conducía a la rubia hacia la pica otra vez.

"¿Vamos a probar todos los sitios de este baño o qué?" Rió Quinn.

"Yo contigo probaba hasta el mismo infierno. A parte, pocas veces he visto un baño tan limpio como éste"

Siguieron besándose como si ninguna otra cosa pudiese mantenerlas con vida. Las manos de la diva, intranquilas, rabiosas, recorrían sus piernas, su cintura y su pecho. Quinn, incitada por aquellas provocaciones y deseo incontrolado, había llevado sus manos hacia su cuello, impidiendo que así se alejase ni tan siquiera un centímetro de ella.

Entre ambos cuerpos, descendía la mano de Rachel, queriendo llegar sin perder más tiempo hasta el lugar que la llamaba a gritos. Quinn lo sabía, suspiraba ya por ello dejándole espacio, subiendo su pierna y apoyándola en la pica una vez sus pantalones fueron retirados, sintiendo el frío colarse entre todo el calor que ya sentía. Fue poco el tiempo que tuvo que esperar cuando los dedos de la morena ya recorrían su humedad, la escuchaba gemir, la sentía recorrer aquel espacio impregnándose de ella hasta que sin esperarlo, colaba varios de sus dedos en su cuerpo.

"Mmm" Quinn gemía con fuerzas mientras ondulaba su cuerpo.

"¿Te he hecho daño?" Se separaba para mirarla

"No, no…" Cerró los ojos. "Hazlo así" Llevaba su mano hasta la suya haciendo que siguiese.

"Quiero escucharte gritar…" Susurraba mientras sentía los dedos de la rubia clavarse en su espalda. "Grita, no te contengas…" Mordía el labio inferior de la rubia. "Para mí"

Mientras con sus dedos de apoderaba de ella con fiereza, pudiendo sentir como hacía mover su cuerpo por la fuerza y las sacudidas de su mano. La escuchaba gemir, gritar como le había pedido y no hacía otra cosa que excitarla más si cabía.

Escuchando un suspiro de desaprobación, separó sus dedos mientras descendía con sus labios por su torso. Acariciando la piel con su lengua, arañándola con sus dientes mientras las manos de Quinn ya se enredaban en su pelo indicándole el lugar donde quería sentir sus besos.

Sonrió contra su piel a la vez que comenzaba a encajar su cuerpo entre sus piernas, utilizando el pulgar para estimular su clítoris antes de tomar aire y alcanzarlo con sus labios, escuchando entonces un lánguido gemido apoderarse de la habitación.

"Rach…" Ejercía más fuerza con sus manos. "¡Dios!" Reclinaba su cabeza.

Pocos segundos bastaron para que finalmente, una tensión se apoderase de cada uno de sus músculos, mientras apretaba a la vez la mandíbula, dejando salir el aire un instante después para sentir la opresión en el pecho.

Rachel subía agotada mientras que Quinn intentaba respirar sintiendo los incesantes golpes de su corazón en un intento por seguir viviendo.

"Madre de Dios…" Susurró Quinn.


Por la noche acamparon en un descampado al lado de la autopista una vez ya se encontraban en Oklahoma.

Parecía que Rachel quería continuar con lo que tuvieron en el baño del restaurante. Des de luego, no le importaba lo más mínimo que Quinn aún tenía un poco de sabor a bacon.


"Digo que nos dirijamos al oeste, a través de Arizona, y luego norte hacia Nevada." Quinn frunció el ceño ligeramente. "Si seguimos yendo hacia el este, nos acercaremos demasiado a Ohio"

Santana suspiró, sentada en el asiento del copiloto y deseando tener un café en sus manos. Había algo en las mañanas que simplemente su cuerpo no aceptaba.

"¿Y luego qué? Nos dirigimos al este, pasamos por estados que no hemos pisado para luego volver a pasar por estados en los que ya hemos estado"

Quinn se encogió de hombros aunque mantenía la voz baja mientras miraba a Brittany y Rachel recogiendo las tiendas y riéndose.

"Sea como sea, S, no importará dentro de poco"

"Han pasado unos días desde que… Mira, Q, quizá las cosas se calmen y podemos…"

"¿Qué, S? ¿Qué vamos a hacer exactamente? No tenemos D.N.I's, o números de la seguridad social falsos, o cualquier documentación que nos permita detenernos en algún lugar, conseguir trabajos y vivir una vida normal. No tenemos nada. Somos adolescentes, y a la gente que conocemos viven en Ohio, en Lima, y estoy bastante segura que la mayoría de ellos quieren que nos arresten"

"¿Así qué? ¿Nos rendimos?"

"No. Seguimos conduciendo. Y cuando nos cojan, nos rendimos. No nos resistiremos y dejaremos que nos arresten porque es mucho mejor que ser disparadas. Nos disculparemos, aunque no signifique nada, pero nos disculparemos porque quizá si mostramos remordimientos, nos encerraran pero no nos separarán."

Santana se frotó su frente con la mano.

"De verdad que quería ir a Méjico. O encontrar ese pueblo lleno de lesbianas vaqueras."

"Lo sé. Yo también"

"Pero esto es todo lo que tenemos. Tienes razón, Q."

"No quiero tenerla, S."

"Pero es hora de enfrentarnos a la realidad, ¿No?"

Quinn cogió la mano de Santana, fuertemente.

"Sólo para que lo sepas, te quiero. Y gracias por… Da igual, gracias"

Santana se limpió una lágrima que rodó por su mejilla. Ah, no. No era una lágrima. Debería estar lloviendo o algo parecido.

"Yo también te quiero"

Se abrazaron lo más fuerte que pudieron, separándose cuando Brittany y Rachel se acercaron al coche con las tiendas recogidas, hablando y riendo.

"Vale, pues, conseguimos un poco de gasolina y nos dirigimos hacia Nuevo Méjico hasta Arizona, ¿No?" Quinn se ató el cinturón de seguridad mientras Santana asentía.

"¿De qué hablais?" Preguntó Brittany felizmente, sentándose en el asiento trasero seguida por Rachel.

"De lo guapa que eres" Replicó Santana, girándose en su asiento y guiñándole un ojo a la rubia.

"¿Todo bien?" Preguntó Rachel a Quinn, notando como la chica parecía un poco enfadada por algo.

"Sí." Respondió Quinn, respirando profundamente y encendiendo el motor.


"¿Puedo ir contigo, San?" Quinn apagó el motor, mientras Brittany salía del coche siguiendo a la latina para dirigirse a la gasolinera.

"¿Me dirás qué te pasa?" Preguntó Rachel, saliendo también del coche y apoyándose en el mientras que Quinn empezó a echar gasolina.

"Simplemente me he dado cuenta de algunas cosas, eso es todo." Contestó Quinn, atenta a los números que iban subiendo en el contador. Tenían una cierta cantidad de dinero y realmente no quería agregar más delitos en su historial.

Rachel palideció. Pensaba que estaban en la misma página sobre esto, especialmente después de la noche anterior donde Quinn había estado tan intensa haciendo el amor. Tuvo que forzarse a no confesar su amor ahí mismo.

"Oh, ya veo. Bueno, lo entenderé si deseas volver a nuestra amistad…"

Quinn giró la cabeza rápidamente.

"¿Qué? No, Dios, ¡Rachel! No quiero eso para nada. Rachel, yo…" No podía decirlo. Dolía demasiado pensar en ello para que luego se lo arrebataran. "Mira, han sido los días más felices de mi vida. No quiero que termine"

Depositó la manguera de nuevo en el expendedor, y puso sus manos en los hombres de la chica, de la que de alguna manera, se había enamorado.

"Entonces, ¿Por qué actúas tan distante?"

"Porque" Susurró Quinn, abrazando a Rachel. "No quiero ver tu mirada llena de decepción cuando te diga que no nos queda mucho tiempo"

Rachel apretó lo más fuerte que pudo a la otra chica.

"Ya lo sé, Quinn"

"¿Si?"

Rachel sintió como su pelo se movía mientras Quinn hablaba.

"Claro que sí. Si hubiese creído que había un lugar en el que quizá pudiésemos construir una vida completamente nueva y escapar de las consecuencias de nuestros actos, lo hubiese sugerido hace una semana. Sin embargo, en vista de los recientes acontecimientos, he aceptado que todo lo que nos queda es el ahora"

Quinn se retiró lo suficiente para ver a cara de Rachel, aún abrazadas.

"¿De verdad?"

"Quinn, super que tu habías llegado a la misma conclusión cuando sugeriste dejar de conducir por la noche y quedarnos en un motel. ¿Pero qué podía decir yo? No podemos huir para siempre"

Quinn se inclinó, posando sus labios sobre los de Rachel tiernamente.

Si había un momento para declararse, era este.

"Rachel Berry, te…"

"Oh, ¡Cállate imbécil de mierda!" Chilló Santana, saliendo de la tienda de la gasolinera y de vuelta al coche con lo robado.

Brittany la siguió, mirando de reojo por encima de su hombro.

"¿Qué ha pasado?" Preguntó Quinn, rompiendo el abrazo con Rachel y ligeramente aliviada de que las habían interrumpido.

"Bueno, resulta que hubiese sido una buena idea llevar un arma encima ya que el gilipollas ese nos ha reconocido"

"¿Qué?"

Todas empezaron a meterse en el coche, impacientes por salir de ahí.

"Sí" Murmuró Santana, atándose el cinturón mientras que Quinn se sentaba a su lado. "Y no nos lo dijo hasta después de que tuviera una amable charla con el estúpido, con sonrisas y todo. No me importa si la próxima vez atraquemos a alguien o no, yo me llevo un arma."

Las dirigió hacia el sud mientras dejaban Beaver, Oklahoma y cruzaron la frontera hacia Texas. Después de una hora más o menos, las dirigió hacia el oeste para dirigirse hacia Nuevo Méjico.


Si tenían suerte, pasaría tiempo hasta que tuvieras que volver a parar.

"Pero Brittany, tenemos alcohol para una semana en el maletero, no entiendo por qué quisiste comprar más."

"¡Porque era un lerdo, por eso!" Chilló Santana desde el asiento delantero, molesta con todo el mundo.

"¿Y?" Inquirió Rachel, realmente no importándole la compra de alcohol ya que emborracharse con Quinn quizá sería más divertido ahora que le podían añadir cosas como enrollarse, hacer el amor, etc.

"Mira, no lo sé, ¿Vale? Lo decidí en el último minuto, para ver si nos intentaba parar. Y no lo hizo. ¿Por qué? Porque el pobrecito es tonto"

"¿Chicas?" Dijo Quinn suavemente, intentando no alarmar a ninguna de ellas, pero con el corazón latiéndole rápidamente a causa de lo que estaba a punto de decir. "Creo que nos están siguiendo"

Las tres se giraron para mirar hacia atrás. A unos cincuenta metros detrás suyo había un coche, pero no tenía ninguna luz encendida ni parecía que aceleraba para cogerlas.

"¿Quizá es un simple conductor?" Dijo Santana, dándose la vuelta.

"Puede" Murmuró Quinn, manteniendo un ojo en el espejo retrovisor.


El coche aún seguía detrás de ellas, a la misma distancia, mientras conducían a través de Nuevo Méjico. El sol se estaba escondiendo y Quinn estaba tan cansada que apenas podía ver. Pero el maldito coche seguía ahí y no quería parar.

"Definitivamente, nos están siguiendo" Dijo Rachel tímidamente, incapaz de quitar sus ojos de los faros de luz provenientes del otro coche.

"¿Deberíamos… No sé, coger las armas y…?" Empezó Santana, pero Quinn negó con la cabeza.

"No. Pero tampoco sé qué hacer. Necesito dejar de conducir pero…" Pestañeó, intentando no bostezar.

"¿Quizá deberíamos parar?" Dijo Brittany lentamente. "Pero solo si todas estamos de acuerdo"

El estómago de Rachel dio un vuelo. Quizá era su sexto sentido o simplemente miedo, pero algo le estaba informado de que parar no era una buena idea.

Santana estaba sintiendo lo mismo en su estómago. Porque sí, ella y Quinn habían estado hablando sobre ser arrestadas, pero, ¿Tenía que ser ahora? ¿No podían seguir conduciendo unos días más, ver más mundo, y seguir divirtiéndose sin matar a nadie?

Quinn quería llorar, pero tenía que ser fuerte. A parte, quizá tan solo era una coincidencia. Dejarían pasar el coche y seguir tan tranquilamente.

Fuera como fuera, tenían que decidirse antes de que las estampara contra algo. Había estado conduciendo, sin descanso, cerca de doce horas.

"Quizá sí que deberíamos parar"

Santana y Rachel restaron calladas, incapaces de alzar la voz y acceder.

"Tenemos que estar todas de acuerdo" Reiteró Brittany. "Tiene que ser… Todas para una y una para todas. Como los mosqueteros"

"Eran tres" Murmuró Santana, aún incapaz de afrontar el tema.

"Y luego fueron cuatro, porque el pequeñajo se unió" Brittany ofreció a Rachel una sonrisa ligera.

"Vale" Dijo Rachel. Si esto era el fin y acababa mal, quería que al menos todas estuviesen de acuerdo. A parte, Quinn estaba de acuerdo ¿Verdad? Y ahora eran pareja.

Santana gruñó y cerró los ojos. ¿Así que dependía de ella? Pues no era justo. No estaba preparada para ser arrestada.

"Paremos" Dijo finalmente, porque pensándolo bien, nunca estaría preparada.


Apararon en una gasolinera justo antes de Duncan, Arizona.

Brittany y Santana se dirigieron a la tienda, asegurándose de que Santana llevaba una pistola, mientras que Quinn intenaba convencer a Rachel de que fuera con ellas.

"Esperaré en el coche. Quiero asegurarme de quien sea quien nos está siguiendo nos adelante, y luego entraré a la tienda a por ti"

La pequeña sonrió de modo tranquilizador, mientras que Quinn negaba con la cabeza.

"Tan solo entra, ¿Vale? No quiero dejarte aquí sola"

Pero Rachel colocó sus manos firmemente en el pecho de Quinn.

"Será menos llamativo si una de nosotras se queda aquí, y tú eres a la que más reconocerán, Quinn. Así que entra, antes de que lleguen"

Quinn la besó rápidamente, antes de correr hacia la tienda.

"¿Puedo ayudaros?" Preguntó el dependiente y Quinn negó con la cabeza, intentando no parecer tan asustada como lo estaba.

"Estamos mirando"

Santana y Brittany estaban entre las estanterías, intentando parecer lo más naturales posible.

"Hey, ¿No os conozco?" Preguntó el dependiente, al mismo tiempo que el sonido de ruedas derrapando se escuchaba desde el exterior.

Quinn miró por la ventana, cogiendo con una mano el arma mientras seis coches negros entraban en la gasolinera y rodeaban el coche.

"¡Mierda!" Chilló Santana, Sacando su arma y apuntando al vidrio, luego al dependiente y de vuelta al vidrio.

De repente, todo se movía a cámara lenta. Miró horrorizada como los hombres trajeados avanzaban hacia Rachel, que tenía las manos levantadas y miraba por encima de su hombro para encontrar a Quinn.

La cogieron, la giraron y la estamparon contra el capó de su propio coche. La estaban enmanillando y se la llevaban mientras Quinn era agarrada por detrás y empujada contra una estantería.

"Ya está" Dijo Santana, voz temblando. "Se ha acabado"

"Tienen… Tienen a Rachel y…" Quinn estaba temblando. "Y no le he dicho que…"

"¿San?" La voz asustada de Brittany vino por detrás. "Tienen armas"

"Santana Lopez, Brittany Pierce y Quinn Fabray, salid con las manos al aire"

La voz llegó con fuerza y autoridad. No era como las voces de Camp Crook, que casi les imploraban que se rindieran. Esta voz era fuerte, seria y por encima de todo, aterradora.

"Joder" Santana negó con la cabeza.

Lentamente, Brittany empezó a levantarse y a elevar las manos.

"¿Todas para una?" Dijo suavemente. Santana se levantó, la agarró y la besó con todo lo que tenía.

"Y una para todas." Replicó cuando se retiró del beso, soltando el arma y asintiendo hacia Quinn. "Vamos, Q."

Quinn dejó caer el arma, ojos abiertos como platos y con el corazón acelerado mientras se repetía una y otra vez ese arrepentimiento que siempre la perseguiría.

Debería haberle dicho a Rachel que la quería. Debería habérselo dicho cuando tuvo la oportunidad. Joder, ¿Por qué había sido tan estúpida? Era mejor que la chica supiese que la quería antes de que Quinn terminara con el corazón roto.

Y en serio, ¿Qué lógica era esa? Su corazón se estaba rompiendo y se estaban llevando a Rachel, a pesar de intentar evitar sentir todo eso por todos los medios posibles.

¿Por qué no se lo dijo?

Lentamente, las tres salieron de detrás de las estanterías, con las manos alzadas.

Doce hombres y mujeres trajeados estaban delante de ellas apuntándolas con sus armas, con dos oficiales de policía a un lado haciendo lo mismo que los otros doce.

Uno de ellos era joven, y el arma que estaba apuntando temblaba ligeramente.

Las tres salieron del establecimiento y cuatro hombres de los doce empezaron a andar rápidamente hacia ellas.

"Estáis bajo arresto…" Empezó a decir uno de ellos, antes de que sonara un disparo.

Todo el mundo se agachó al oírlo, excepto Santana, que cayó al suelo.

"¡San!" Chilló Brittany, cayendo al lado de ella mientras que empezaba a salir sangre del pecho de la latina.

"¿Britts?" Preguntó Santana aturdida, antes de cerrar sus ojos.

Una mujer forzó a Brittany a levantarse, que se giró y pidió una ambulancia mientras que la chica en sus manos empezó a gritar.

"¡San!"

Quinn no podía creer lo que estaba pasando.

"¿Santana?" Gritó, mientras alguien la cogía por las muñecas y las juntaba en su espalda.

Un coche arrancó de la estación, y cuando se giró para mirarlo, vio la cara de Rachel mirando por la ventana. Sus ojos bien abiertos, su cara pálida y sin apartar su mirada del cuerpo sangrante de Santana.

"Quinn Fabray, está…" Empezó alguien a decir, pero no le importaba.

"¡Rachel!" Chilló hacia el coche en marcha. "¡Rachel! ¡Te quiero!"

Rachel desvió su mirada hacia ella, su cara torciéndose un poco como si no la pudiera escuchar.

"Quinn Fabray, está arrestada…"

"¡Te quiero Rachel!" Chilló otra vez mientras el coche salía de la gasolinera y aceleraba para entrar en la autopista.

Quinn cayó al suelo de rodillas.

Se había terminado. Todo. Era…

Era el fin.