A Alex: No sabes la sonrisa que me dejaste al leer tu primer review, y no sabes la sonrisa que volví a tener al ver tu segundo review. Muchas gracias, de corazón :)

A Andre22: Ya tengo el permiso para traducir These Strange Steps, así que no dudes en que lo voy a subir.

A LitlleFaberry10: Miré la historia que me dijiste, y me gustó el argumento en sí. Sin embargo, es G!P y no acostumbro a leerlos... Así que no creo que lo traduzca, pero si tienes otra sugerencia no dudes en decirlo :)

A La Senyoreta del Pà amb Tomàquet: Gràcies per la teva paciencia... xd (Hasta los mismisimos de la carrera de mis sueños) y no estiguis coixa, que ets més pato que jo.

A TODOS VOSOTROS: Gracias por seguir leyendo. 2 CAPITULOS MÁS!


"Vale señorita, estás con Rose. Vigila con ella, es la peligrosa. Pero os hemos juntado porque tenéis mucho en común" El guardia ríe mientras gesticula en la pequeña celda. "Con todo eso de la raza y vuestros asuntos de asesinatos"

Santana entró en la cela con cautela, con los ojos humedeciéndose ligeramente al llegarle el hedor. Hostia puta. Prisión.

Rose, o como fuera que se llamase, estaba estirada en la litera de abajo leyendo un libro. Mientras el guardia hablaba, ella puso los ojos en blanco y le enseñó el dedo medio de su mano.

Bueno, al menos Santana entendía esa reacción.

"Gracias" Murmuró, poniéndose de puntillas para ojear a la litera de arriba sospechosamente. El colchón estaba un poco manchado, pero en su mayoría, estaba limpio.

"¡Que durmáis bien, niñas!" Chilló el guardia, cerrando la puerta con un fuerte sonido y girando la llave en la cerradura.

"Hey" Ofreció Santana, preguntándose si esto se iba a convertir en una de esas películas donde la violaban o la pegaban.

"Hey" Respondió la chica, continuando leyendo el libro.

Vale, eso podía soportarlo. Incluso eran parecidas sin tener en cuenta las tonterías que el guardia había dicho.

Puso sus cosas en el lavamanos que había en la celda, y agarró las sábanas dobladas que estaban al final del colchón. Quizá debería hacer la cama, antes de estirase en ella.


"¡Atención, internas! Hemos traído un pequeño juguete para que os divirtáis con él. ¡Su nombre es Brittany, y he escuchado que es muy flexible!" El guardia se rió de su propia broma mientras Brittany ojeaba a su alrededor las chicas que habían aparecido en la sala.

Hey, la prisión no estaba tan mal. Esto era como un campus de animadoras.

"¡Hola!" Saludó, sonriendo amablemente a las otras, que le fruncieron el ceño.

El guardia siguió riendo mientras cerraba la puerta.

"¡Estrenadla!"

"¿Qué se supone que significa eso?" Preguntó mientras el guardia se alejaba y una de las mujeres se levantaba. Era alta, muy alta, y tenía trenzas en su pelo.

"Quiere decir que deberíamos enseñarte quien manda" La voz de la mujer era grave. Avanzó hacia la rubia.

"Oh, ¿Quién es la jefa?" Porque soy nueva y como que si hay una jefa por aquí, pues molaría un montón conocerla." Brittany se encogió de hombros, entrando y mirando a las literas en la sala-dormitorio. Finalmente encontró una litera libre y le encantó encontrar que era la de arriba.

Hubo silencio por parte de las otras en la habitación, hasta que empezaron a reír.

La mujer alta con las trenzas sacudió la cabeza, y extendió la mano.

"Monique. Y tú eres una de esas chicas de la televisión, ¿No? ¿Las que habéis asustado a todo el mundo?"

Brittany encajó la mano energéticamente, asintiendo y sonriendo.

"Sep, esas somos yo y mis amigas. Quinn, ella está aquí en el peor bloque o algo así, y Rachel, está en otro edificio pero creo que es como este. Y Santana… Santana también está por aquí." Su sonrisa se desvaneció cuando imaginó a la otra chica en la sala con ella, ahí, y cómo podrían compartir una cama si estuvieran juntas, y mantenerse cálidas la una con la otra.

Monique asintió pensativamente.

"Te diré algo, pececillo. Me caes bien. No eres una de esas zorras blanquitas estiradas que pensábamos que serías. ¿Y los guardias de aquí? La mitad de ellos son peores que nosotras. Que les den, ¿Me pillas?"

Brittany suspiró profundamente, agradecida de que caía bien.

"Te pillo, sí. Pero, ¿Puedes llamarme patito en vez de pececillo? Me encantan los patos"

No estaba segura de porqué todas se habían puesto a reír, pero se unió de todas formas. Después de todo, eso no estaba tan mal.


Rachel intentaba no hiperventilar. Asó no era cómo había planeado su vida. ¿Qué le pasaba? ¿Matar gente? Estaba lista para vomitar. O desmayarse. En nombre de todo lo sagrado, estaba en prisión.

Cada escena de prisión de cada película y serie que había visto, y había visto un montón en su juventud sin amigos, se reprodujo en su mente. No se ducharía, simplemente no lo haría. Rechazaría eso por tener un poco de privacidad y por el deseo de no ser violada cuando recogiera el…

'Oh Dios', plegaba mientras era llevada a su celda, 'por favor no me dejes nunca, nunca, dejar caer el jabón en cualquier situación'. ¿Quizá debería pasar del jabón completamente? Quizá podría conseguir alguna loción hidratante en prisión… Dejar caer eso no necesitaba agacharse y recogerlo, después de todo.

Intentó calmar su palpitante corazón, pero ahí estaba, en su mono de reclusa, siendo llevada por un guardia a su celda.

Estuvo equivocada. Oh Dios, estuvo muy equivocada. Debería haber conducido hasta la comisaría de policía más cercana y no embarcarse ella misma en un viaje lleno de actos criminales.

Estaba… Estaba a punto de desmayarse… Lo podía sentir…

"Es aquí, enana. Coge esa litera de ahí e instálate tu misma." El guardia la miró amablemente, con una simpática expresión. "Mira, no se está tan mal aquí dentro. Lo prometo. Tan solo instálate, y luego miraremos en qué programa te metemos, ¿Vale?"

Rachel estaba temblando. ¿Programas? ¿Qué programas? ¿Quiso decir pandillas? Oh Dios, ¿Y si había una pandilla de Neo-Nazis que la rajarían solo entrar en el patio?

"¿Quién es?"

¡Era una interna hablando! ¡Una criminal! ¡Ella no era una de ellas!

"Su nombre es Rachel, pobrecita. Mira, Janice, ¿Puedes mostrarle todo? Cuéntale sobre los programas que ofrecemos, ya sabes, quizá el de tapicería o el de animales ¿Te gustan los animales, encanto?"

Rachel pestañeó, lista para dejar caer sus pertenencias en el suelo y arrancar a correr en la dirección opuesta. Pero espera, ¿Qué?

"¿An… Animales?"

La interna, Janice, sonrió amablemente, asintiendo. Debería tener treinta años, y su pelirrojo pelo recogido en una coleta.

"Oh cariño, si. Les gusta que nos centremos en rehabilitarnos. Puedes estudiar una carrera, y todas las cosas que mejoren tus habilidades para cuando salgas de aquí." Puso un brazo alrededor de la temblorosa chica, amablemente guiándola dentro de la celda mientras el guardia les sonreía a las dos.

"Que durmáis bien, chicas"

"¿Saldremos de aquí?" Rachel no estaba muy segura de que eso fuera una opción.

"¡Claro! Aquí solo se pasa el tiempo. Puedes hacer lo que quieras, cielo. ¿Hey, te gusta la música? Tienen noches de micro abierto en el salón principal una vez por semana, y cada mes tenemos nuestro propio Ídolo Americano…"

Rachel sintió como su corazón se empezaba a relajar. No iba a ser violada, y esta amable mujer le estaba hablando de…

"¿Ídolo Americano?"

Bueno, nunca había visto eso en las películas. Eso seguro.


La puerta se cerró detrás de ella.

El guardia apenas había hablado. Tan solo le mostro su pequeña celda que se suponía que era ahora su hogar, y cerró la puerta detrás de ella.

No estaba tan mal. Se parecía a una habitación de una residencia universitaria. Excepto que el baño no tenía puerta, y habían barras en la ventana.

Pero había una pequeña estantería, y una cama.

Se preguntó si había una librería en algún lugar de la prisión, y si le permitirían visitarla.

Recibía una hora cada día para hacer ejercicio, pero aparte de eso, tenía que quedarse en la celda sola.

Bueno, estaba acostumbrada a estar sola. Sería como si volviera a su infancia otra vez.


"¿De dónde eres?"

Santana miró a su alrededor durante unos instantes, antes de girarse hacia su compañera de celda.

Estaban sentadas en la mesa de la cafetería y hasta ahora, la única cosa que Rose le había dicho era 'Hola'. Esa mañana, simplemente siguió a la chica como un perrito faldero porque no estaba segura de qué hacer consigo misma.

"Lima"

Rose soltó una risotada.

"Vaya agujero de mierda"

Santana asintió, encogiéndose de hombros.

"¿Tú?"

"Crecí en Columbus. My hermana aún está ahí, pero el resto de mi familia se fue. Mi hermano está en Chicago."

Santana sopló, preguntándose dónde estaba Brittany en ese mismo instante. Cerca de ella, seguro.

Pero no lo suficientemente cerca.

"¿Familia grande?"

Rose masticó el resto de su bocado lentamente, antes de tragar.

"Sí, se puede decir eso. ¿Tú?"

"No realmente. Tengo un hermano pero él… Da igual, ninguno de ellos me habla, así que…"

Rose se encogió de hombros, cogiendo con su tenedor más comida. O lo que se suponía que era comida. Santana estaba dispuesta a pasar hambre antes de comer eso. Se preguntó si tenían noche de hamburguesas en prisión.

"Algunas veces tu familia es tu sangre, y algunas veces la familia es tu amor. Pueden ser ambas, pero no tienen que serlo"

Santana descruzó sus brazos, su mandíbula tensándose cuando pensó en Brittany. Y Quinn.

Y Rachel.

"¿Así que… porqué estás aquí?"

Rose continuó comiendo.

"Asesinato"

"Oh cierto. Sí, el guardia ese dijo que,.. Tú no hablas mucho, ¿No?"

A esto, Rose se rió.

"Solo digo lo que necesita ser dicho. Pero tú en cambio, dices un montón de cosas. Eso podría ser útil algún día"

Santana cogió un trozo de tostada de su plato, entrecerrando los ojos al ver uno de los bordes. ¿Eso era moho?"

"Sí bueno, no lo ha sido hasta ahora"

Rose tan solo sonrió.


"Vale, y luego mueve la pierna así, ¿Ves?" Brittany levantó su pierna hasta que su pie estaba por encima de su cabeza.

Monique la miró, boquiabierta, como el resto de mujeres.

"¡Ni de coña voy a hacer eso sin rajarme mi coño en dos! ¿Qué cojones…?"

Las mujeres se rieron cuando Brittany puso los ojos en blanco.

"Hey, os puedo enseñar cómo hacerlo. Lo prometo. Vamos a dejar a esas zorras de Hale secas, ¡no sabrán ni qué ha pasado!"

Todas las mujeres asintieron alentadoramente y empezaron a intentar levantar sus piernas tan alto como podían.

Brittany estaba muy orgullosa de ellas. Tuvieron muchísima suerte al ser asignada a su habitación una chica que sabía bailar. ¿El próximo concurso de micrófono abierto? Era totalmente suyo.


"¡Joder! ¡Puedes cantar!" gritó Janice al mismo tiempo que aplaudía, levantándose de su asiento seguida por las otras.

Rachel se ruborizó, haciendo una ligera reverencia y girándose para dejar el micrófono. Su rendición de Firework de Katy Perry fue un temazo en Glee, pero eso no era nada comparado con la reacción que recibía de las mujeres que se sentaban delante de ella.

"¡Canta otra!" Se escuchó decir una voz.

"¡No pares!" Se unió una segunda voz.

"¡Más! ¡Más!" Dijo al unisón la multitud.

Rachel quería llorar. En este mar de inadaptadas mujeres, se había vuelto una heroína.

"La siguiente canción está dedicada a todas vosotras, y a mis amigas, que desearía que estuvieran aquí" Se aclaró la garganta, diciéndole la canción a la mujer que se había ofrecido a tocar la guitarra.

La mujer rió y asintió.

Se volvió a la audiencia y esperó que por encima de todo, Quinn la pudiese escuchar, donde fuera que estaba.

"Just a small town girl, living in a lonely world, she took the midnight train going anywhere…"


Quinn giró página, perdida entre las líneas del libro que le había sido entregado esa mañana por una interna con un carrito lleno de ellos. Dudó un poquito por el título Flores en el ático, pero Dios, estaba inmersa en esta trágica y terrible historia.

Apoyó su cabeza en la repisa de la ventana, con su oreja descansando en la cornisa.

Ligeramente, podía escuchar música proveniente de algún lugar. Y una voz que…

Bajó su libro, apoyándose de rodillas y apretando su cabeza contra las barras de la ventana.

Podía escuchar a Rachel. Sabía que era su voz. Había escuchado a esa voz durante tres años. Lo que se había burlado de ella… Cerró los ojos, incapaz de formar palabras. Pero no las necesitaba, tan solo con sentirla a ella era suficiente.

Suficiente para sacarla de ese libro, de esa celda, y hacerle recordar la mejor noche de su vida.

Se había jurado no llorar. Se lo había prometido a sí misma. La podían meter en prisión y dejarla pudrirse ahí en una pequeña habitación el resto de su vida, pero no la harían llorar.

Y seguirían sin hacerlo.

Era por Rachel. Le estaba llamando al corazón y le estaba recordando que aún estaba ahí.


"No lo hice" Susurró Rose, y Santana apenas la escuchó.

Las luces se habían cerrado hacía una hora, pero Santana no podía dormir. Seguía dándose la vuelta y cambiando de posición, porque hacía ya un mes y aún no había visto a Brittany. Joder, estaban en la misma prisión. ¿ Y qué si estaban separadas? Pensó que al menos a estas alturas ya se habrían visto.

Había ido a la noche del micro abierto, aunque tan solo era para el nivel tres, y se habían pasado la mayoría del tiempo cantando sus penas con música de mierda que lo único que hacía era incitarla a cometer otro asesinato.

No era justo. Le habían disparado, y casi había muerto. ¿No era suficiente? ¿Tenían que mantener alejada a Brittany también?

"¿El qué?" Susurró Santana, sacando la cabeza por un lado de la litera y dejando que su cabello le cubriera la cara.

No podía distinguir a Rose en la litera de abajo, pero al menos así podía escuchar más fácilmente.

"Matar a ese tío. No lo hice"

Santana pestañeó durante unos momentos, preguntándose de dónde venía esta confesión. Había ido sabiendo cosas de Rose hasta ahora, pero sus conversaciones no eran tan profundas. La mayor parte del tiempo, la seguía porque la gente parecía dejar pasar a Rose, como si fuera un Moisés o algo así.

Santana respetaba eso.

"¿Qué pasó?"

"Cleo, se metió en un lío. Drogas y eso. Era mi culpa, ¿Sabes? La dejé en Columbus, y me fui con mi hermano a tratar unos asuntillos, y en mi ausencia ella… Da igual. Mira, me cargué yo la culpa. Y aquí estoy"

Santana frunció el ceño. Sabía que Cleo era la hermana pequeña de Rose, pero ¿Por qué el repentino ataque de sinceridad?

"Vale, entonces, ¿Por qué culparse de algo que no hiciste?"

Rose se sentó, con su cabeza no muy lejos de la de Santana.

"Por amor. Mira, si esa chica Brittany de la que tanto hablas… ¿Te echarías la culpa por ella?"

"Sí" Ni siquiera se lo pensó.

"¿Qué más harías por ella? ¿Arriesgar tu vida?"

"Sí" Otra vez, ni se detuvo a pensar. No tenía por qué.

"¿Harías cualquier cosa para volver a verla?"

"Sí" En serio, tampoco hacía falta ser un lumbrera pasa saber eso.

"Va bien saberlo" Contestó Rose, estirándose otra vez.

Santana frunció el ceño porque, ¿Qué acababa de pasar?

"¿Qué coño…?"

"Buenas noches"

Santana se volvió a estirar, apretando los dientes porque esta cosa mística con su compañera de celda se estaba metiendo en su cabeza. Empezaban hablando de cualquier cosa y de repente, Rose empezaba a lanzarle preguntas, y luego paraba.

En fin.

Cerró los ojos e imaginó una sonrisa que hacía tiempo que no veía, y rezó a Dios, o a quien fuera, que por favor soñara con Brittany toda la noche.

Su último pensamiento fue que sí, que lo arriesgaría todo para volver a verla. Un momento más con Brittany valía la pena.


"Escucha, LaFresia, eres super dulce y estás muy buena, pero mi corazón pertenece a otra persona" Brittany se encogió de hombros, esperando que la mujer de delante suyo, que se estaba volviendo una muy buena amiga, no estuviese demasiado dolida.

"Chica, no quiero tu corazón. Estaba hablando de otra cosilla… ya sabes." Se inclino hacia la chica, elevando sus cejas.

"Hace dos años aceptaría. Pero" Cogió la mano de LaFresia. "la persona que tiene mi corazón, Santana, también tiene todo lo otro"

LaFresia suspiró, encogiéndose de hombros.

"Mira, puedo respetar eso. ¿A fuera de estas paredes? Mi todo pertenece a mi marido. Es solo que va a pasar mucho tiempo hasta que lo vuelva a ver y una chica no puede hacerle nada cuando esta cachonda. Y tú, niña, eres la más guapa de aquí." Sonrió y Brittany rió.

"Bueno, si no tuviese a San, tú serías mi primera opción como folla-amiga. Pero es que…" No era tan difícil de decir, pero era la primera vez que lo sintió como una verdad. "Incluso si no vuelvo a tener sexo el resto de mi vida, me quedo con San. No es lo mismo si lo hago con otra persona"

LaFresia sacudió la cabeza, abrazando a la chica.

"Bueno, esperemos que tengas sexo antes de que mueras, chica. Y esta tal Santana… La he visto por las noticias. Está buena. Esa zorra es la mujer más suertuda del mundo"

Brittany abrazó a LaFresia fuertemente, echando de menos la manera en que Santana encajaba en sus brazos. Estaba cerca de ella, lo podía sentir. Compartían la misma comida, el mismo espacio recreativo, pero simplemente, no a la misma hora. Se preguntó si le podía dejar un mensaje, porque incluso si no podía hablarle o verla, tenía que comunicarse con ella de alguna forma.

Se había adaptado a esa nueva vida, pero le dolía pasar cada día riéndose con sus compañeras y ser incapaz de coger la mano de Santana y saber que estaba ahí.

Haría lo que fuera, pensó, para volverla a ver.


Rachel suspiró, sonriendo mínimamente a una mujer de su grupo mientras botaban una pelota de baloncesto. No es que ella estuviese en contra de practicar actividades físicas o deportes, simplemente era que los días parecían adoptar una monotonía que parecía no terminarse.

Se imaginó que la prisión sería un lugar horrible, lleno de viciosos criminales y actos violentos. Y claro, había visto a dos mujeres pelearse físicamente en la cafetería un día, pero no había pensado en que su estancia ahí se volvería en un día eterno del que no podría escapar. La gente necesitaba cambios y retos, y ahí dentro no había mucho de eso.

Estaba terminando su Éxamen de Desarrollo General, lo que era algo. Estaba en la lista de espera para unirse al programa animal, esperando que supusiera un contacto real con los animales. Frecuentaba la librería, leyendo sobre la historia de la prisión y sorprendiéndose de la cantidad de motines y escapadas que se habían hecho ahí. Aunque no recientemente. Y la razón por la que la prisión era llamada 'La Granja' no era porque la gente de adentro eran consideradas animales, sino porque antiguamente era una granja.

Sus ojos ojearon los edificios que envolvían el área de recreación. En uno de esos edificios estaba Quinn. En algún lugar, en una pequeña celda, estaba ahora mismo haciendo… bueno, eso no lo sabía. ¿Quizás leía? Recordó que la rubia tenía una ávida fascinación por la literatura cuando estaban en el Glee Club juntas.

Dios, de eso hacía mucho.

¿O quizá estaba en la cafetería? ¿O en la librería? ¿Le permitían ir a la librería? Investigó la mente de Janice para encontrar información sobre los diferentes niveles de seguridad y a quién se le permitía la entrada ahí.

Fue algo parecido a romperse el corazón al escuchar que no había ni la más mínima posibilidad de encontrarse con Quinn, o a cualquiera del nivel cuatro.

"¿Qué miras, chica?"

Se giró hacia la voz, viendo a una mujer de su bloque, Mary, sonriéndole y botando la pelota.

"Me preguntaba qué edificio es el nivel cuatro." Se empujó de la pared en la que estaba descansando y miró a la mujer esperanzadoramente.

Mary botó la pelota unas veces más, para después señalar el edificio más alejado.

"Ese es el Corridor C. Todos los que están en el nivel cuatro y en la pena de muerte están ahí. Mi hermana está ahí, ¿Sabes? La voy a ver a veces, cojo el carrito de los libros y hago el numerito"

Rachel pestañeó, su corazón sobresaltándose.

"¿Ves a Quinn Fabray? ¿La conoces?"

La mujer rió, entrecerrando los ojos a causa de los rayos del sol.

"Es la rubia, ¿No? Muy callada, voz suave, con sus ojos que parecen… no sé, que parecen que te escaneen el alma o algo parecido.

Rachel empezó a andar hacia la mujer rápidamente.

"Sí, es ella"

"Sí, le dejo siempre libros. La cosita esa lee como una loca. ¿Es una de tus amigas? ¿Con las que te fuiste de excursión asesina?"

Rachel asintió furiosamente.

"¿Podrías… Podrías decirle algo? ¿De mi parte? No podemos… Estamos separadas por algo así que…"

Mary tan solo se encogió de hombros.

"Vale, sin problema. No sería la primera vez que lo hago. Pero eh… no quiero ofenderte pero… ¿Qué saco yo de ello?"

"¿Te gusta cantar? Te he visto en las noches del micro abierto, y parece que disfrutas de la música"

Mary asintió, cogiendo la pelota y volviéndola a botar.

"¿Si?"

"Bueno, ofrecería darte clases de canto, si quieres, como intercambio para tus servicios de mensajería"

"Clases de canto ¿Eh? ¿Por arriesgarme el pellejo mientras entrego tu mensaje? Gracias, pero no. Un caballo tiene mejor voz que yo." Mary se había girado para irse, con la pelota de baloncesto en sus manos.

"¡Espera! Eso es ridículo. Todo el mundo puede cantar si tiene tiempo, quiere aprender y presta atención. Una voz no nace, una voz se hace. Sí, algunas personas tienen talento natural, yo misma por ejemplo, pero nada saldrá sin intentarlo y sin…" Dio un paso adelante, sintiendo como su voz de llenaba de desesperación. "…Práctica. Te puedo ayudar, lo juro."

Mary se detuvo.

"Vale, probemos esto de cantar y yo entregaré tu mensaje. ¿Y también? Me conseguirás dos paquetes de cigarros por cada mensaje que entregue a tu novia."

Rachel asintió sin dudar, aunque no muy segura de cómo conseguiría los cigarros, pero dispuesta a hacerlo.

Mary le guiñó el ojo, volviendo a su antigua posición, y pasándole la bola a Rachel.

"¿Qué quieres poner?"


El techo de su celda era algo así como interesante. Estaba cubierto con pequeños agujeros. ¿Era un patrón? ¿Un diseño raro? Y estaba muy cerca de poder calcular cuántos agujeros había ahí.

Dividió el techo en dieciséis cuadrados, aproximadamente, y si podía contar cuantos agujeros había en un cuadrado, lo multiplicaría por dieciséis y… ¡Boom! Sabría cuantos agujeros habían ahí arriba.

Bueno, aproximadamente.

¿Qué haría con ese conocimiento? No estaba segura. Pero al menos así pararía de preguntárselo. Pararía de mirar hacia arriba preguntándose cuántos putos agujeros había ahí arriba.

Se sentó rápidamente, perdiendo la cuenta. Podía escuchar el carrito de los libros.

Fue hasta la puerta, esperando pacientemente para escuchar cómo se abría la apertura del medio, y ver cómo los libros entraban en su estancia.

"Hey, ¿Eres Quinn?" Preguntó una voz.

Frunció el ceño.

"¿Sí?" Dijo con su tono natural de voz, bajándolo cuando la primera voz hizo un sonido para que callara.

"Tengo un mensaje para ti de la Diva. Pásame tus libros para que podamos seguir hablando"

Quinn pestañeó, alcanzando los tres libros que había adquirido la semana previa. ¿Quién?

"Vale" Pasó los libros, viendo las manos de alguien que lentamente los metía en el carrito.

"Te echa de menos. Piensa en ti todo el tiempo. Dice que no dejes de soñar, y cree que deberías leer esto…"

Apareció un libro por la apertura. Quinn frunció el ceño al ver el titulo 'Una Guía Para Viajar el Mundo Astral'. Quería poner los ojos en blanco, pero en lugar de eso, estaban llenándose de lágrimas. Rió suavemente. Dios, Rachel.

"…Y espera que funcione, porque se está volviendo loca sin ti"

Quinn quedó boquiabierta, y abrazó el libro en su pecho. Rachel había tocado este libro, y lo había escogido especialmente para ella. Aunque podría haber sido sobre caníbales homosexuales que seguían una dieta solo de abortos y aún así le hubiese encantado.

"Dile…" Susurró. "Dile que gracias y que también la echo de menos, y…" Quería incluir amor, pero le parecía mal decírselo a otra persona y encima entregarlo como mensaje. "que pienso en ella a cada instante"

La apertura se cerro, y escuchó como el carrito se alejaba.

Una vez más, se disolvió en lágrimas. Esto era injusto.

Miró al titulo del libro otra vez. Esperaba que sirviera.


"Mira, tienes suerte. Aún están hablando de vosotras en las noticias y solo digo que podríamos usar eso a nuestro favor." Rose hizo una dominada en la barra mientras Santana la miraba y fruncía el ceño.

"Vale. Pero lo que necesitamos saber es cómo."

Rose volvió a hacer otra dominada, sonriendo.

"No lo sé aún, pero tengo un buen presentimiento"

"Genial" Murmuró Santana poniendo los ojos en blanco. "Bueno, esperemos que podamos salir de aquí con nuestros presentimientos"

Rose soltó una risotada.

"Mira, la razón por la que os cogieron fue porque no tenías a dónde ir. Pero yo os puedo ayudar, aunque por ello me hayas de ayudar tú a mí."

"Para ya de hacerte la interesante. ¿A qué quieres llegar? Explícamelo porque sinceramente me estoy empezando a cabrear con todo esto…"

"A lo que quiero llegar, impaciente, es que cuando llegue el momento, vosotras me sacaréis de aquí. Y cuando lo hagáis, voy a asegurarme de nunca más os encuentran. Conozco a gente ¿Sí?"

"Si claro, tienes algún tipo de club o cualquier cosa ahí fuera…"

"¿Te suena algo llamado Latin Kings?"

Santana paró de hablar, con la boca abierta. Ni de coña.

"¡Ni de coña!"

Rose tan solo se encogió de hombros, se dejó caer de la barra y se bajó el cuello de su camiseta. Un poco más arriba de su pecho había un tattoo con las letras 'ALKQN'.

"Me ayudas, te ayudo"

Santana asintió, sintiendo la sangre en su cara. Joder. Estaba muy aliviada de no haber golpeado a Rose por ese rollo misterioso que llevaba.

Y mira que se moría de ganas.

Le sonrió ligeramente mientras Rose volvió a hacer dominadas.

Luego Santana se giró, respirando profundamente, pero algo le llamó la atención y frunció el ceño.

Ahí, cerca de la pared de uno de los edificios, había unas cuantas rocas blancas amontonadas a un lado. Y en la parte baja de la pared había algo que parecía… ¿Una frase?

'Te echo de menos. Para que lo sepas. Te quiero, Patito'

No podía ser… Otra vez las lágrimas en sus ojos. No podia ser Brittany, no había forma posible.

De todas maneras, cogió una de las rocas, miró por encima de su hombro para controlar dónde estaba el guardia. Por suerte, éste estaba ocupado controlando a un grupo de mujeres que se habían empezado a pasar la pelota no muy amistosamente.

'A cada segundo de cada momento. Te quiero. Siempre, Queerio'

Era lo mejor que pudo pensar. Simplemente esperó que si ésta era Brittany, sabría qué significaba eso.


Brittany fue directamente a la pared donde dejó el mensaje, esperando que hoy fuese el día en que recibiría una respuesta. Ya había pasado una semana. ¿Quizá Santana no iba al área de ejercicio?

Y ahí estaba.

Chilló, saltando.

"¡Eh!" Uno de los guardias le chillo, y rápidamente Brittany hizo una voltereta al aire. Volvió a saltar y luego sonrió al guardia.

"¡Dame una P! ¡Dame una R! ¡Dame una I! ¡Dame una S! ¡Dame una I! ¡Dame una O! ¡Dame una N! Priiiiiisioooon!"

El guardia frunció el ceño, sacudió la cabeza y se dio la vuelta.

Bueno, probablemente era demasiado peligroso escribir en la pared ahora. Pero Santana le había respondido, y eso sentaba genial.

"¿Por qué estás tan feliz?" Murmuró Geminique, haciendo pesas.

"¡Tengo un mensaje de San!" Susurró Brittany, sonriendo tan brillantemente que Geminique casi se le sonríe de vuelta.

"¿Has conseguido que alguien te lo pase?"

Brittany frunció el ceño.

"No, lo escribí en la pared" Señaló detrás de ella y Geminique dejó las pesas al mismo tiempo que se reía.

"¡Niña, te juro que este sitio no era la mitad de divertido que cuando llegaste! ¡No se escribe en las paredes!"

"¿Y entonces cómo pasáis mensajes a la gente?"

"¿Sabes lo que quiere decir la palabra soborno? Joder niña, con esa mirada en la cara incluso yo te lo haría gratis. Mira, conozco a alguien que te los puede pasar, pero no escribas en las putas paredes de la prisión"

Brittany pestañeó, estirándose al lado de la mujer para hacer pesas también.

"Gracias, Gem"

"Tengo una miga que pasa la mopa por ahí. Se llama Dominique. Págale con cigarrillos y será toda tuya."

"Pero fumar es malo"

"Si, y los cigarrillos son la moneda de cambio aquí. Te juro que no sé cómo sobrevivías en el mundo exterior"

Brittany hizo puchero.

"Tenía a Santana"

Geminique asintió, ofreciendo a la chica una sonrisa.

"Y ahora nos tienes a nosotras, Patito"


Rachel respiró profundamente, mirando al edificio donde le habían dicho dónde estaba Quinn. La mayoría de ventanas, aunque estaban con barras, estaban abiertas.

Ahí iba.

"I dreamed a dream in time gone by, when hope was high and life worth living"

Cantó lo más alto que pudo, esperando que la voz llegase a todas las ventanas.

No notó cómo algunas de sus compañeras se detuvieron detrás de ella para mirarla confundidas.

"I dreamed that love would never die, I dreamed that God would be forgiving"

A estas alturas, estaba dispuesta a todo.

Continuó cantando, elevando su voz a cada palabra.

Detrás de ella, los guardias incluso se habían detenido para simplemente contemplar a la pequeña chica con la voz más fuerte que nunca habían escuchado.


Quinn tenía la mano en el corazón mientras escuchaba a Rachel cantar. No podía verla, por mucho que intentara ver por las barras de la ventana. Pero ahí estaba su voz, clara como el día.

Eso la llevó a recordar la primera vez que se despertó con la chica en sus brazos, a la primera vez que pensó en besarla mientras que Santana y Brittany gemían de fondo. Y luego recordó cuando besó a Rachel. Cuando presionó su boca contra la suya y nada más importaba, porque incluso en medio de la peor experiencia de su vida, ella tuvo la mejor de las experiencias.

Sus ojos se cerraron mientras Rachel seguía cantando.

"No song unsung, no wine untasted"

Nunca en la vida se había sentido tan viva como esa noche en el motel.

Parte de ella quería manejar el momento adecuadamente. Encontrar flores, velas, o cualquier cosa un poco romántica. Pero no pensó en robar eso, y los matojos que rodeaban el motel no tenían flores.

Y luego recordó lo que dijo Santana. No tenía que comerse la cabeza. Tan solo sentir. De manera que ya en la habitación, se dejó llevar. Recordó los gemidos que no pudo reprimir, las palabras que no podía controlar, los suspiros que se apoderaban de ella.

Ahora se reía con el recuerdo. Después de la primera vez de ambas, se estiraron cara a cara, y Quinn casi escondió su cara en la almohada para huir de todo. Parecía que con la mirada que Rachel le estaba dando no existía nada más, tan solo aquella habitación y ese momento.

Y luego Rachel se le acercó y la besó otra vez. Obligó a la rubia a estirarse sobre su espalda y se sentó a horcajadas encima de ella, presionando su cintura.

Los ojos de la rubia se abrieron cuando sintió el calor subir a su cara. Nunca pensó que sería como Santana y Brittany, con todos esos gemidos y gritos como si lo que estuviesen haciendo era tan intenso que simplemente eran incapaces de hacer otra cosa que disfrutar.

No estaba segura de qué era lo peor. Nunca tenerlo o a penas tenerlo para luego echarlo de menos el resto de tu vida.

"I had a dream my life would be, so different from this hell I'm living, so different now from what it seems, now life has killed the dream I dream…"

La voz de Rachel se desvaneció lentamente y Quinn empezó a llorar al notar su ausencia.

No se había permitido recordar la noche desde el día en que la encerraron. La había mantenido en un lugar seguro, lejos de la prisión, los guardias y los baños sin paredes. Se había distraído con libros, mirando la televisión en la planta baja que encendían los guardias para que las reclusas de ese nivel pudiesen ver las noticias.

Lo había enterrado para mantenerlo a salvo. Pero no había surgido efecto. Ahí estaba, apareciendo en su mente y maldita sea, quería recuperarlo. Quería recuperar a Rachel. Quería sentirlo otra vez.

Hay algunas cosas por las que nunca deberías dejar de luchar.

No sabía cómo lo haría, pero había una ligera idea rondando por su mente, y cuando al día siguiente llegase el carrito de los libros, tendría un mensaje que mandar.


"¿Y tiene amigos en el Lincoln?" Rose siguió corriendo, driblando con la pelota de baloncesto para luego pasársela a otra.

Santana no sabía qué es lo que hacía, pero siguió con los brazos arriba y siguió chocándose contra Rose.

"Si, y esa tal Dominique dijo que prácticamente tiene su propio club de fans. Igual que Rachel, que tiene que ver con algo de cantar y ganar Ídolo Americano o algo así. No lo sé"

Rose mantuvo sus ojos en la pelota, sonriendo al escuchar las palabras de Santana.

"¿Y vuestra chica del corredor de la muerte está dentro?"

Santana cogió la bola que le lanzaron, la botó unas cuantas veces y la mandó otra vez a la mujer que se la había pasado.

"No está en el corredor de la muerte, pero sí. Cree que podemos conseguir que nuestra antigua entrenadora, Sue Sylvester, ya sabes, la de El Mundo de Sue o como se llame, sea nuestro cebo"

Rachel se puso recta, con los ojos abiertos.

"Te estás quedando conmigo."

Santana sacudió la cabeza con aires de suficiencia, cogiendo la bola sin esfuerzo mientras que el equipo de Rose levantaba los brazos en frustración.

"¡Me cago en todo, Rose!"

Rose la ignoró, mirando como Santana saltaba para lanzar y encestar la pelota fácilmente.

"Mira, dile que consiga eso del directo. Esto es… Podemos hacerlo. Tan solo hemos de inventarnos un código en clave, o alguna mierda de esas"

Santana se encogió de hombros aceptando la propuesta, aunque era un plan ridículo. Había demasiado margen de error, tanto que estaba a punto de cancelarlo todo. Pero se perdió el decimoctavo cumpleaños de Brittany, y Brittany se perdió el suyo.

Eso no molaba, así que si morían, morirían en los brazos de la otra.

Oh por Dios, le iba a dar un ataque de Diabetes si seguía pensando así. Si esa no era la cosa más romántica que había pensado nunca, entonces no sabía qué era.

Pero sí sabía una cosa, y esa era que Sue Sylvester las había llevado al estrellato, pasándoselo bomba cuando ellas sufrían. Sí, miraba ese estúpido programa cada semana, pero últimamente ya no insultaba a la televisión, sino que buscaba maneras de vengarse de esa zorra.


"Así que, ¿Qué pensáis?" Brittany repartió dos cartas a cada mujer que apostase y lanzó un cigarro al centro de la mesa.

Miraron a las cartas, luego a las otras.

"Estoy dentro." Dijo Monique fácilmente, lanzando otro cigarrillo.

"Yo también" Geminique asintió, añadiendo su propio cigarro a la pila.

"Danos la señal, y nosotras te cubrimos la espalda" Sonrió LaFresia, lanzando su cigarrillo.

Todos los ojos miraron a Dominique.

"¿Cómo vais a conseguir las armas? A ver, éste plan es seguro, pero, ¿Las armas? Porque sin ellas no vais a ningún lado"

El ceño de Brittany se frunció mientras se mordía el labio.

"No lo sé, pero Q y San lo sabrán. Ellas pensaran en algo. Yo tan solo he de poner la fuerza"

Dominique se encogió de hombros, cogiendo un cigarro y apuntando a la cara de Brittany.

"Bueno, supongo que les hare una visita. ¿Y si dicen lo que quiero oír?" Se volvió a encoger de hombros, tirando otro cigarro en la mesa. "Me apunto".


"Janice, sé que la vida que has encontrado aquí te es placentera, así que entiendo que sientas dudas con lo que creo que pasará dentro de un mes, más o menos." Rachel juntó sus manos mientras las mujeres de su alrededor se miraban unas a otras.

"¿Y cómo sabes que ninguna de nosotras se va a chivar?" Janice ojeó a la nerviosa chica con una expresión ilegible en su cara.

"No lo sé" Contestó Rachel simplemente. "Si nos cogen, o no funciona, nos enfrentaremos a las consecuencias, como todo el mundo. Creo que nosotras somos las que más nos arriesgaremos, y como tales, no hay razón para chivarse. Además, nuestro objetivo es una mujer que, y pondría la mano en el fuego cuando digo esto, cada mujer en esta prisión tiene alguna especie de rencor hacia ella. Todas vemos el programa, aunque muy a menudo me encuentro que soy la única que no le chilla a la pantalla, o al menos, no la que lo hace más fuerte."

"Es una zorra engreída"

"Y todas tenéis la prerrogativa de no unirse al motín cuando ocurra. Y ocurrirá. Me han asegurado otras compañeras del nivel dos que nos ayudaran a empezar la revuelta, junto con las del nivel tres. El nivel cuatro se descarta automáticamente, ya que todas estarán encerradas en sus celdas. Así que señoras, depende de vosotras, de las cuales entiendo que decidáis no participar porque os quedan poca condena y seréis liberadas dentro de poco."

Janice se mordió una uña.

"¿Y si funciona y salís de aquí, qué pasa con el resto?"

"Depende de vosotras. O bien os quedáis en prisión y termináis condena, o hacéis algo con vuestra vida. Parte de vuestra libertad es el derecho a decidir"

"Me apunto" Dijo una de las mujeres que la rodeaban, y el resto asintió.

Janice suspiró y luego sonrió.

"¡A tomar por culo todo!"

Rachel quiso llorar cuando las mujeres de su alrededor empezaron a armar jaleo. Unos pocos guardias vinieron para pedir que el grupo se disolviera, pero Rachel no podía arrancar la sonrisa de su boca.

"Tan solo házmelo saber y estaremos listas" Susurró Janice, ofreciéndole un guiño antes de levantar los brazos. "¡Ya nos vamos! ¡Relaja la raja, hombre!"

El resto dependía de Quinn.


"¡Q!" Sonrió Sue, acercándose el telefonillo en la oreja.

"Entrenadora" Murmuró Quinn, viendo como a través del cristal, Sue le sonreía.

"Ha pasado mucho tiempo, Q, y tengo que decir que verte detrás de estas barras es alentador y decepcionante a la vez"

"Lo mismo opino"

Sue rió.

"Bien, un pajarillo me ha dicho que habéis estado pensando en mi oferta. ¿Y bien? ¿Tú, yo y la nación entera pendiente de cada palabra?"

Quinn se inclino hacia atrás, fingiendo pensar.

"Por mi sí, pero he estado pensando, Entrenadora"

La expresión de Sue cayó ligeramente.

"Dime, Q"

Bueno, creo que si me entrevistaras a mí e hicieses un espectáculo de ello, tendría buena audiencia. Pero qué pasaría si me entrevistaras a mí y a… no lo sé, ¿Santana? ¿Brittany? ¿Rachel?"

Miró como la ceja de Sue se elevó, pensando.

"Sabes, Q, tu pasión por el detalle es impresionante, pero no puedo evitar preguntarte qué es lo que tú sacarías al dejar que tus amigas te robasen el protagonismo"

"Nos podrías entrevistar al mismo tiempo"

Sue se burló.

"No se os permite estar en la misma habitación juntas, o ¿has olvidado esa frase en tu condena? Estás perdiendo tu encanto, Q. Tengo que decir que me estoy inclinando hacia la decepción ahora mismo"

Pero Quinn tan solo sonrió.

"¿Sue Sylvester? ¿Incapaz de conseguir algo? Creo que eres tú la que estás perdiendo tu encanto, entrenadora. Es una pena, porque serías la envidia de todo el mundo periodístico si consiguieras entrevistarnos a las cuatro a la vez. Y especialmente en directo"

Sue entrecerró los ojos, para después ponerse a reír.

"¡Ahí estás, Q! Vivita y coleando incluso detrás de las barras. Incluso ahora, a pesar de tu encarcelación y tu jodido futuro, aún me has recordado a una joven Sue Sylvester."

Quinn se rió también, pestañeando. Sue lo había dicho tantas veces, que Quinn no podía evitar pensar que lo que quería decir era que:

Sue deseaba que una joven versión de ella fuera algo parecida a Quinn.