Epílogo – Un Sorbo De Algo Envenenado

"¡Hey Rach! ¿Puedo hablar contigo un momento?"

Rachel vio como el chico avanzaba hacia ella, con una mano frotándose la nunca mientras le daba una sonrisa tímida.

Debería haber sido capaz de aferrarse a su rabia hacia él. Debería haberse enderezado y permanecer completamente impasible a la cara de pena y esperanza que ahora mismo llevaba.

"Sí, Finn." Fue lo que dijo.

"Tan solo me quería disculpar. Sé que… Mira, no debí decir lo que dije y lo siento. Tenías razón." Mantuvo su voz baja, mientras los estudiantes pasaban por su lado en dirección a la cafetería.

Rachel sintió una ola de enfado en algún lugar de su mente. ¿Ahora lo sentía? Las cosas siempre funcionaban así con Finn Hudson. Tan pronto podía estar dando patadas a las sillas y estar lleno de rabia como poner la cara que ahora estaba poniendo y disculparse, esperando no solo ser perdonado sino también que se olvidara el asunto.

Al mismo tiempo, su corazón se derritió al ver su cara tan dulce. En estos momentos era cuando más lo quería. Si tan solo pudiera tener este Finn para siempre.

"Agradezco tu disculpa, Finn, pero me dijiste cosas que me hirieron mucho y…"

"Lo sé, fue estúpido. So muy estúpido a veces, pero me importas, y me importa tu futuro. Quizá no entraré en una buena universidad en Nueva York, como tú, pero podré conseguir un trabajo o algo, ¿No? Aún podría acompañarte ahí. Tú…" Respiró profundamente, acercándose a ella y levantando su barbilla para que lo mirara. "necesitas irte, lo pillo. Pero quizá, no sé, quizá el que tú te vayas no significa que sea nuestro final, tal y como lo pensé antes."

Le dio media sonrisa, y una mirada tan encantadora que antes de que se diera cuenta ya se estaba inclinando para besarle. Pero no importó, algo más la detuvo.

El pasillo estaba casi vacío. A parte de Finn y ella, había un grupo de primero mirando algo en una de las taquillas, una Animadora llorando desconsoladamente, y un flash de pelo rubio corriendo.

Rachel se dio la vuelta, mirando cómo se iba. Los labios de Finn se posaron en su frente, y ella se retiró.

"¿Podemos hablarlo luego, Finn? ¿Quizá después de Glee? ¿Esa era Quinn, no?" Sentía algo que la obligó a preocuparse por ello.

¿Por qué Quinn corría por el pasillo? Estaba segura que la rubia tenía constancia de la prohibición de correr por los pasillos de la escuela, y sabía de primera mano el tipo de castigo que normalmente aplicaba la entrenadora Sylvester en estos casos.

"Sí, Rach. Como quieras. Y ni siquiera mencionaré que probablemente la chica sea desagradable contigo porque mayormente te odia." Le regaló una especie de sonrisa. "Tan solo piensa en lo que te he dicho, ¿Vale? Sobre tú y yo, y el futuro."

Mientras se alejaba, pensó en lo dulce que era el chico, y en cuánto lo quería. Lo quería muchísimo. ¿Quizá sí que la podría seguir hasta Nueva York?

Rachel no vio cómo Finn se dio la vuelta en medio del pasillo y frunció el ceño. Debería haberle dicho que la quería. Finn estaba a punto de hacerlo, imaginando cómo la giraba para luego besarla o hacer algo súper romántico, pero luego se detuvo. Probablemente se caería o se chocarían o algo saldría mal. Y de todas maneras ella quería hablar después de Glee ¿No? Pues la besaría entonces. Seh, totalmente podía ir a Nueva York con ella.

Tenían todo el tiempo del mundo.


"¿Dónde está Quinn?" Preguntó Brittany, comiendo una zanahoria.

Santana se encogió de hombros, jugando con un trozo de lechuga en su plato. La comida de la cafetería estaba malísima.

"Más que nada, porque nos ha dicho que nos encontraríamos aquí, y no la veo." Brittany volvió a darle un mordisco a la hortaliza.

"Probablemente está al baño porque tiene la regla" Santana pinchó el trozo de lechuza con el que había estado jugando.

"Qué asco" Brittany arrugó su nariz. Después de unos momentos, su expresión se suavizó. "Pero si el lunes pasado se quedó en mi casa, ¿Lo recuerdas? Porque tenía justo eso."

"¿Y?"

"Quizá deberíamos ir a buscarla"

Santana puso los ojos en blanco cuando Brittany le pestañeó rápidamente. Bah, ¿Por qué no? No es como si la cafetería fuera el lugar más emocionante del mundo.

"Como quieras" Santana empujó su sulla, incapaz de esconder su sonrisa cuando Brittany le sonrió a ella.

Esto de ser amigas tampoco estaba tan mal. Irían a buscar a Quinn y luego criticarían a alguien hasta que tuvieran que ir a clase otra vez.


Rachel finalmente la encontró en el auditorio, sentada en la primera fila y mirando al escenario.

"¿Quinn?" Preguntó, avanzando tímidamente hacia ella y esperando que Finn no tuviera razón sobre lo que había dicho de Quinn.

"¿Sabes? He estado tantas veces en el escenario desde que me uní al Glee Club que he olvidado lo que se siente al estar en el público"

Rachel se sentó en una silla, dos asientos alejada de la rubia, en caso de que necesitara espacio. Miró al escenario, frunciendo el ceño mientras las palabras de Quinn se tatuaban en su mente.

"Creo que yo también. Quiero decir, raramente no he sido la que estaba debajo del foco, pero hubo un tiempo en que me sentaba en el público, deseando estar ahí arriba. Ansiándolo tanto" Rachel se acomodó en la silla, empezando a sonreír. "Que decidí dedicar mi vida en asegurarme que estaría ahí"

Se giró para sonreír a Quinn, sintiendo como esa intención desaparecía cuando la otra seguía mirando hacia delante.

"Sí, bueno, tienes suerte"

Rachel estaba segura que sus cejas habían pasado a formar parte de su pelo.

¿Quinn creía que tenía suerte? Quinn, la ex capitana de las animadoras, la perfecta y preciosa rubia que tenía el mundo a sus pies. Vale que había pasado momentos desastrosos en cuanto a su embarazo, pero había salido de ellos de rositas.

"Quinn, tú…"

"Mi madre se ha estado viendo con mi padre"

Finalmente, Quinn se encontró con sus ojos, y Rachel se sorprendió al ver lágrimas en ellos.

"Oh, bueno… Quizá se ha dado cuenta del error…"

"También ha vuelto a beber" Quinn retiró la mirada, odiando que Rachel Berry siempre la encontrase en un estado emocional en el que no podía controlarse.

"Lo siento, Quinn" Rachel mantuvo su cara neutra cuando la otra chica sacudió la cabeza.

"Ni siquiera me lo contaron. Me enteré a través del Facebook de mi hermana"

"Bueno, al menos ella te lo…" Empezó Rachel esperanzadoramente, buscando cualquier cosa que fuera positiva.

"De su estado, Berry. Descubrí que mi madre, quien me había prometido que nunca más lo vería, ha estado viendo a mi padre desde hace meses, y que volverá a vivir con nosotros. En la casa de la cual me echó. Por Facebook." Quinn apretó la mandíbula, obligandose a no llorar.

"Esto que me estás contando es doloroso y horroso, Quinn. Siento que te haya pasado. Pero quizá, tu madre simplemente está intentando llenar el vacío que tú dejaras cuando te vayas a la universidad dentro de unos meses. Imagino que…"

"No iré a la universidad." Maldita sea, ahí estaban esas lagrimas que intentaba retener.

Rachel obligó a su mente a encontrar algo que decir. Algo profundo y confortante. Pero no había nada, así que opto por algo terapéutico.

"Podrías enfrentarte a tu madre, y decirle como te sientes. El lazo de madre-hija es tan fuerte que cuando la hija o el hijo está sufriendo, la madre haría todo lo posible para detenerlo." La voz de Rachel era suave y mantenía el tono bajo. ¿Qué sabía ella de madres? Todo lo que tenía era lo que deseaba que hubiese pasado.

Vio la cara de Shelby en su mente y sintió el fantasma de un abrazo que aún esperaba. Y luego entró en pánico cuando pensó en Beth. Ahí estaba otra vez, metiendo la pata porque no pensaba antes de hablar.

"Claro." Quinn rió, aunque no había nada de humor en esa frase.

Rachel se aprisionó a volver a la conversación especificando que el sujeto era la madre de Quinn.

"Lo digo en serio, Quinn. Si pudieras enfrentarte a tu madre y… decirle cómo te sientes, entonces puedes establecer un diálogo sobre éste tema. Quizá tu padre haya cambiado. Lo más seguro es que haya vuelto con él cuando se dio cuenta de sus errores…"

Quinn suspiró, agarrando los apoyabrazos de la silla unos instantes, antes de girarse hacia la chica que intentaba tan desesperadamente animarla. Dios, Rachel Berry. Esa era una persona que nunca cambiaría.

"No creo…" Empezó, pero fue cortada por Rachel levantándose.

"Te llevo ahora mismo, si quieres"

Quin pestañeó rápidamente, antes de fruncir el ceño ligeramente.

"¿Y nos saltamos clase? Vamos Berry, no lo has hecho nunca, ahora no será la primera vez"

Pero a Rachel no le importaba. Porque Quinn se había vuelto a abrir con ella, y después de cada una de estas escasas conversaciones, siempre terminaba pensando lo que podría haber dicho o lo que podría haber hecho, para asegurarse de que ésas conversaciones, dejaran de ser escasas. Esto era por el bien de su amistad. Estaban a punto de graduarse, y quizá nunca volvería a ver Quinn Fabray.

Pero tenía que intentarlo. Por última vez.

"Te llevaré hasta tu casa Quinn, e insisto en ello. La gente en estados muy emocionales no solo es peligrosa hacia ella misma, sino que también con la sociedad cuando se colocan al volante… y luego podrás entrar en tu casa y pedir a tu madre que te cuente la historia completa. Una vez tu mente se haya relajado, te llevaré de vuelta aquí. Esos en estado de euforia son conductores imprudentes, y por ello, insisto." Realmente era un plan perfecto. De repente, Rachel estaba llena de entusiasmo. Quizá Quinn se sentaría al lado de ella en Glee después de lo que iba a pasar esa tarde. Esto significaría la consolidación de su amistad de una vez por todas.

Quinn pensó en ello. Pensó en sentarse en sus clases el resto del día y sentir como algo presionaba su pecho. Pensó en ir a su casa ella sola, e intentar hablar con su madre sin estar muy enfadada. Y luego pensó en entrar en su casa y coger a su madre por sorpresa, decirle todo lo que pensaba, y luego volver al coche de Rachel Berry para escuchar a la otra chica cantarle las cuarenta por ser tan agresiva.

Porque era agresiva. Estaba harta de evitar todo. Harta de ser invisible.

Así que se levantó y se dirigió hacia las puertas del auditorio. Se paró en mitad del pasillo, dándose la vuelta para mirar a una Rachel que aún estaba donde la había dejado.

"¡Vamos!" Chilló, casi riendo cuando Rachel sonrió de repente y corrió hacia ella para situarse a su lado.


"Tampoco está en este baño" Brittany suspiró, con la frente fruncida mientras salía de la estancia. "¿Crees que se ha ido a su casa porque estaba mala otra vez?"

Santana se examino las uñas, encogiéndose de hombros.

"¿Crees que tengo algún tipo de Quinndar mágico?"

Brittany puso los ojos en blanco, y luego abrió los ojos sorprendida.

Al final del pasillo, abriendo las puertas principales, estaban Rachel y Quinn.

"¿A dónde van?"

Santana levantó la mirada, levantando las cejas ligeramente cuando vio a las chicas salir del instituto.

"¿Qué hace con la…" Fue interrumpida por Brittany persiguiéndolas por el pasillo.

Genial.

Pasándose la mano por la cara y suspirando, la siguió.


"Hey, ¿A dónde vais?" Preguntó Brittany felizmente, mientras Quinn y Rachel se sobresaltaban con el sonido de su voz.

Casi habían llegado al coche de Rachel, y habían estado mirando a su alrededor buscando cualquier señal de profesor a la vista. O bueno, cualquier señal de la Entrenadora a la vista.

Brittany era como un ninja o algo así. Ni siquiera la habían escuchado o visto venir.

"Oh, hola B, vamos… estábamos a punto de…" Pero Quinn no podía pensar en qué excusa dar.

"¡Q! ¿Qué es esto? ¿Algún tipo de rendezvous lésbico con el engendro éste?" Dijo Santana, atrapándolas.

Rachel sintió como su corazón se encogió. Estaban ahí mismo, al lado de su coche, a punto de embarcarse en el primer momento de su nueva amistad y ahora Brittany y Santana estaban a un paso de arruinarlo. Ellas eran las verdaderas amigas de Quinn, no ella.

"Cállate, S. Berry me iba a llevar a casa, eso es todo."

Brittany seguía sonriendo. "¿Podemos venir?"

"¿Lo dices en serio?" Murmuró Santana, ojeando el coche de Rachel. ¿Qué coño era eso?

Rachel, quizá por primera vez en su vida, mantuvo su boca cerrada. Esto era asunto de Quinn, no suyo. A parte, el ir juntas podía suponer que todas acercaran más sus posiciones. Fuera como fuera, anduvo hasta la puerta del conductor y abrió el coche.

Quinn se encogió de hombros, abriendo la puerta del copiloto una vez Rachel había abierto el coche.

Le vendría bien el apoyo moral.


"Creo que deberíamos dejar que Quinn entrara sola en su casa" Rachel descansó las manos en el volante, aunque había apagado el motor.

Fue un paseo incómodo. Justo salir del instituto se apresuró a encender la radio y poner una emisora musical. No es como si fuera el mejor momento para presumir de su voz al ritmo de Celine Dion o Barbara Streisand.

Brittany y Santana se habían estado murmurando cosas la una a la otra en el asiento trasero. De vez en cuando se inclinaban hacia delante y le decían algo al oído a Quinn, quien sonreía ampliamente como respuesta.

Rachel no estaba segura del por qué no lo podían decir en voz alta, pero intentó que no le molestara. No demasiado.

Ahora estaban aparcadas delante de la casa de los Fabrays y Quinn se estaba mordiendo su labio inferior como si de repente hubiese cambiado de opinión. Pero abrió la puerta del coche y la cerró suavemente detrás de ella.

Anduvo hacia la casa y no miró atrás.

"¿De todas formas, por qué estamos aquí?" Preguntó Santana en un tono aburrido, mientras Brittany bajaba la ventanilla.

"Quinn ha de discutir algunas cosas con su madre" Respondió Rachel, revelando tener más conocimiento sobre la situación que las supuestas mejores amigas de Quinn.

Brittany se desabrochó el cinturón de seguridad, elevando las piernas y estirándose sobre el regazo de Santana con las piernas fuera de la ventana.

"Creía que íbamos a ir al centro comercial, no a pasar una hora con rollos familiares."

Santana luchó por mantener la respiración normal mientras Brittany descansaba en su regazo. El sol brillaba en esas largas y preciosas piernas, e incluso ahora su estómago seguía haciendo ese estúpido vuelco cada vez que estaba cerca de ella.

Lo que parecía iba incrementando su frecuencia.

"Sí, bueno Santana, como mejor amiga de Quinn que eres, asumí que sabías sobre los asuntos que tiene en su casa." Rachel no pudo evitar decirlo de forma petulante.

"Oh, ¿quieres decir lo de que su madre es totalmente una alcohólica y la presión que recibe para no fastidiar más su vida? Sí, Berry, lo sé."

Santana empezó a recorrer sus dedos por el pelo de Brittany ausentemente, y la rubia estaba prácticamente en el cielo ahora mismo.

Rachel cerró la boca. Esto era asunto de Quinn, y si escogía compartir sus recientes eventos con el resto del coche una vez la discusión terminase, entonces esa era su decisión.

Incluso si el deseo de mostrar el conocimiento de que los padres de Quinn se habían reconciliado la mataba por dentro, Rachel sería una buena amiga y se aguantaría las ganas de contarlo. Podía demostrar que podía ser una buena amiga.

Incluso demostrar que podía ser su mejor amiga.

Después de diez minutos, Rachel decidió encender el motor y subir el volumen de la música.

Después de diez minutos más, volvió a apagar el motor.

Cinco minutos después de eso, empezó a pensar que quizá Quinn necesitaba ayuda y que quizá sería mejor si divulgara la información que poseía a Santana y Brittany, al fin y al cabo, eran mejores candidatas que ellas para intervenir en la situación, habiendo conocido a la madre de Quinn en el pasado.

Aunque ninguna de las dos otras chicas contaban con la habilidad de manejar a la gente que ella tenía, ni su aptitud por neutralizar situaciones tensas.

No es que importase, tampoco. Justo cuando estaba a punto de contarlo, el coche de Russel Fabray entró en el garaje.


"¿Por qué no me lo has dicho, Mamá?" Suplicó Quinn con una mano agarrando el respaldo de una silla del comedor.

Había entrado en la casa determinada en mantenerse calma. Se comportaría de una forma madura y descubriría el por qué antes de demandar que se terminara.

Su madre había sonreído amablemente, demasiado amablemente, y le ofreció un sándwich de pavo.

Eso no era normal. No podía recordar la última vez que su madre le ofreció algo de comer que tuviera carbohidratos, no desde que su padre se fue.

Su temperamento se había elevado ligeramente cuando pasó eso.

Lo que fue más extraño, era que el pavo en cuestión estaba en la mesa del comedor con un cuchillo afilado justo al lado. Parte de la pechuga ya había sido cortada, y había dos platos en la mesa.

Su madurez la había abandonado completamente. Ni siquiera se había parado a pensar que el hombre nunca llegase a dejar la casa. Que él estaba ahí cuando ella estaba en el instituto. ¿Cuántas veces había pasado eso?

Su madre rió nerviosamente con su voz llena de falsa felicidad mientras Quinn miraba a los platos.

Entonces hubo gritos, en su mayoría por parte de Quinn, algunas pisoteadas, también por parte de Quinn y ahora tan solo había silencio mientras su madre abandonó la sala.

"Creo que sería mejor si lo escuchas por parte de los dos" Dijo Judith, volviendo al comedor y sonriendo a su hija.

"¿Por qué haces esto?" Susurró Quinn, sintiendo como las lágrimas le llenaban los ojos. Al fin y al cabo, esto no era tan buena idea.

"¡Maldita sea, Quinn! ¡Para de actuar como una niña! Tu padre estará aquí en menos de un minuto, y los dos vamos hablarte de ello. Tú siempre…" Judith levantó sus manos, su cara falsa desvaneciéndose por completo. "…crees que todo tiene que ver contigo, que el mundo está en tu contra. Pues lo siento, cielo, pero no es así. Y el hecho es que tu padre es un buen hombre. Lo es. Quizá se ha equivocado tomando ciertas decisiones que te afectaban a ti, pero ahora lo entiende y se disculpa. La gente comete errores"

"Mamá, te puso los cuernos, me djisite…" Quinn se sentó en una de las sillas, sintiendo que quería llorar para siempre.

"Estoy al corriente de ello, Quinnie. Me pasó a mí, ¿Entiendes? ¡A mí! No sé si te has dado cuenta metida en esa pequeña y perfecta vida de instituto en la que vives, pero hay pocos hombres dignos en Lima con buenos trabajos, Quinnie. Con todo su pelo, y sin mencionar sus dientes." Judith se frotó los ojos, cansada. "Y con mi edad me siento sola… No lo entiendes, eres joven, preciosa y tienes a miles de hombres haciendo cola para salir contigo y llevarte al Baile. Pero es que simplemente, no lo entiendes"

Ahora mismo, Quinn estaba llorando de verdad.

"Mamá, él no es bueno para ti…"

"¡No permitiré que hables de cosas que no sabes!" Dijo Judith estridentemente, sacudiendo su cabeza y volviendo rápidamente a la cocina.

Quinn escuchó como la puerta del mini bar se abría y cerraba, y luego el sonido de vidrio golpeando suavemente vidrio. Su madre volvió sujetando un vaso lleno de licor.

Y luego su padre entró por la puerta.


"¿Qué cojones…?" Santana frunció el ceño, echándose hacia adelante y quitando la cabeza de Brittany de su regazo.

"Oh no" Susurró Rachel, arrepintiéndose de la proposición que había hecho. "Deberíamos…" Empezó a decir, pero Santana ya había abierto la puerta y corría hacia la entrada de la casa detrás de Russel Fabray.

Santana había conocido al padre de Quinn anteriormente. Siempre le había dado miedo. Era uno de esos padres de los cuales nunca sabes cómo comportarte a su alrededor. ¿Estaba bromeando? ¿Te estaba juzgando? ¿Deberías llamarse Señor?

Nunca le había caído bien.

Quinn le había contado lo del affair con la friki tatuada y también cómo le había dado la espalda con todo eso del embarazo. Era una mierda, pero algunas veces los padres eran imbéciles. Pero verlo entrar en la casa sabiendo que Quinn estaba dentro hablando con su madre de cosas serias, le dio una horrible sensación. Algo malo iba a pasar, lo sabía, y Quinn estaba ahí dentro sola.


Brittany estaba molesta porque su almohada se había ido, pero cuando vio a Santana correr detrás del padre de Quinn sabía que la tenía que seguir. Eran sus mejores amigas, y la última vez que habían echado de casa a Quinn había estado sola, y había llorado muchísimo. Brittany lo recordaba todo.

Por supuesto que entonces eran mejores amigas. Se quedaban a dormir a casa de alguna, y volvían a ser animadoras las tres, y se lo pasaban muy bien haciendo misiones para la Entrenadora Sylvester. Pero entonces todo lo del Glee Club pasó en segundo y con las cosas que pasaron en el tercer año hicieron que ahora fueran mejores amigas de verdad. Como con Santana, pero con menos tensión sexual y flirteo.

Siempre le supo mal no estar ahí cuando pasó lo del embarazo. Pero honestamente, no sabía muy bien cómo estaban las cosas.

Pero esta vez no. Esta vez estaría ahí, al lado de su amiga, y la abrazaría si sus padres volvían a portarse mal con ella.

Así que siguió a Santana sin pensárselo dos veces.


"Esto es un asunto familiar, no permitiré que una lesbiana mejicana interrumpa esta discusión." Russel elevó su barbilla, mirando de mala manera a Santana.

"Vaya, russ. ¡Qué buena manera de ser un modelo a seguir!" Espetó Santana, cruzándose de brazos.

Quinn quería meterse en un hoyo y morirse. Esto era muy embarazoso.

"Quinnie, por favor, dile a tus amigas que esperen a fuera mientras hablamos de esto" Judith bebió de su bebida nerviosamente, alternando la mirada entre las amigas de su hija y Russel.

"Nos quedamos. Dos contra uno es peor que tres contra dos." Dijo Brittany, poniendo una mano en el hombro de Quinn y frunciendo el ceño para intimidarlos lo mejor que pudo.

"No estoy trabajando para poder hablar de esto, Quinn. ¿Lo entiendes? Estos chanchullos son vergonzosos, ¿No has aprendido nada de tu terrible experiencia hace dos años? Judy, dijiste que volvía a ser ella." Se giró hacia su ex mujer, sacudiendo su cabeza.

"Por favor, parad." Susurró Quinn.

"Vuelve a ser ella, querido. Y dentro de poco, todos seremos los mismos también." Judith terminó su bebida y se fue a la otra sala para rellenarse el vaso.

"Vamos, Q, no tienes que quedarte y aguantar esto" Dijo Santana, lo suficientemente fuerte para que Russel y Judith la escucharan, y probablemente los vecinos de enfrente.

"Veo que tu elección de amigos no ha mejorado nada. La pecadora y la idiota." Russel mantenía su porte, el más intimidador que Santana había visto nunca.

Pero ni de coña se afligía por ello.

"Estás igual de grueso y feo que siempre, imbécil ignorante." Elevó su ceja, aunque se retiró ligeramente cuando él sonrió.

"Un padre tiene cierto límite por sus hijos. Puedes pagarles sus operaciones de nariz, sus clases de ballet, colocarle aparatos y llevarlos a misa cada domingo. Puedes aconsejarles sobre qué tipo de amistades deberían tener y cómo deberían actuar para no parecer unos inútiles." Se acercó a ellas, encogiéndose de hombros. "Y aún así te seguirán rompiendo el corazón"

"Papá…" Empezó Quinn, nuevas lágrimas invadiendo sus ojos.

"Actuaran como una puta y te convertirán en el hazmerreír de la ciudad entera" Estaba temblando con su cara enrojeciéndose por momentos. "Se mezclarán con inadaptados y desviadas y no te traerán más que vergüenza en tu casa. Harán…" Su voz se cortó, secándole la garganta duramente.

Santana estaba bastante segura que se había metido en un lío.

Brittany apretaba cada vez más fuerte el hombro de Quinn.

"Perdóneme, pero insisto que desista de utilizar palabras odiosas y llenas de furia y tome asiento, por favor." Rachel entró con seguridad en el comedor, respirando profundamente y con una sonrisa en su cara. "Entiendo que todos esperemos emociones fuertes ahora mismo, pero en temas del corazón es mejor mantenerse serenos y no dejar que la rabia se apodere de ti, porque ¿Qué es el corazón? Amor, y ¿Qué es el amor? Eso que sientes por la gente que está cerca de ti y los que son miembros de tu familia." Sonrió alentadoramente.

Russel parecía como si Rachel hubiese entrado en el comedor y hubiese empezado a vomitar por toda su alfombra persa.

"¿La hija de los Berry?" Russel resopló, volviendo a mirar a Quinn y enrojeciéndose aún más. "Oh, no… Quinn… De todas las cosas que podías hacerme…"

Quinn empujó la silla hacia atrás y se levantó, el ruido de la silla haciendo que todo el mundo la mirase.

"¡Callaros!" Chillo, haciendo un golpe con sus manos en la mesa. "¡Que todo el mundo se calle!"

Judith volvió entrar a la sala, llevando una grande sonrisa.

"Bueno, todos estamos un poco agitados. Lo que creo que deberíamos hacer lo que esa pequeña niña judía sugiere y tomar algo para relajarnos" Se sentó en una de las sillas, mientras Russel le arrebataba la bebida de sus manos y terminándosela él mismo.

"¿Perdone?" Preguntó Rachel, sintiendo cómo la indignación y la incredulidad invadían todo su cuerpo.

"¿Qué hace esta aquí? ¡En mi casa!" Russel volvió a sacudir la cabeza. "Tú, Berry, ¿te han visto entrar aquí?"

"No entiendo cómo eso podría importar…" Empezó Rachel.

"¡Eres un hijo de puta, imbécil de mierda!" Chilló Santana

"¡Parad de chillarle a ella!" Añadió Brittany.

Quinn se secó las lágrimas con rabia.

"Tan solo esa vieja de enfrente, querido. La pobre tiene demencia y está mentalmente desafiada, así que no dirá nada sobre que la judía de esos Berry estuvo en esta casa" Judith sonrió alentadoramente, ignorando el jaleo de las adolescentes.

"¡Salid de mi casa!" Russel ya había tenido suficiente. Este día no podía ir peor para él. "¡Coge tus cosas, Lucy Quinn Fabray, y desaparece de esta casa! ¡Y llévate tus depravadas amigas contigo! ¡Salid todas de aquí!"

Pero Judith dejó de sonreír al escuchar eso.

"Russel, Quinnie no tiene por qué…"

"Sí, tiene porqué. Claramente no sabes cómo manejarla. Y francamente, nadie puede. Es la desgracia y la vergüenza del nombre Fabray, y quiero que se vaya. Ya has escuchado lo que Pete y Trudy han dicho sobre ella, tú me lo dijiste. Incluso la iglesia entera hablaba a tus espaldas y tú sabes por qué, Judy. ¡Esto es el porqué!"

Quinn sintió como la sangre se le congelaba. Esto no podía volver a pasar. La primera vez le destrozó el corazón completamente.

Pero, ¿Esta vez? Esto la mataría.

"Por favor, papá. Seré mejor…" Empezó, avanzando hacia él mientras Brittany y Santana intentaban retenerla en vano.

"Llévate a Berry arriba y haced una maleta para Q, viene a mi casa." Murmuró Santana a Brittany, manteniendo sus ojos en Russell.

"Eso fue lo que le dijiste a tu madre después de que ese bebé naciera. No creo en pecadores, Quinn. Son una mentira, y mienten para conseguir lo que quieren. No…" Tenía una mirada dura, aunque su voz tembló ligeramente cuando lo dije. "Eres mi hija. No eres nada"

Brittany llevó a Rachel a la habitación de Quinn, incapaz de evitar quedarse boquiabierta al ver todo lo que pasaba en el piso de abajo. Esto era como esos culebrones que su abuela no paraba de mirar.

Pero mucho peor.

"¡Por favor, no!" Rogaba Quinn, agarrando el brazo de su padre y olvidando todo tipo de cosas como defenderse a sí misma, tener orgullo o las varias veces que ese hombre le había roto el corazón. No quería que la volvieran a echar de casa ni que la volvieran a abandonar. Quería encajar ahí.

Quería ser escogida.

"¡No me dejas opción!" La mirada en los ojos de su hija le destrozó. Las lágrimas y la miseria que estaban atadas a sus expresiones hicieron algo en su cerebro, ya encendido con rabia y dolor, que fue lo contrario a lo que Quinn quería conseguir.

Cómo se atrevía a pedirle perdón cuando seguía restregándole sus malas acciones en su cara. Cómo se atrevía a atacar la parte de él que no podía soportar verla llorar, cuando él estaba tan herido.

"Papá…" Susurró, con los ojos grandes y llorosos.

Cómo se atrevía a usar sus artimañas contra él. Era una manipuladora. Una manipuladora embustera y desviada.

"¡Ya te has salido suficiente con la tuya!" Chilló, agarrándola de repente y dándole la vuelta. La empujó encima de la mesa y empezó a desatarse el cinturón.

"¡Russell!" Chilló Judy, mientras que los ojos se Santana se abrían como platos.

"¿Qué coño crees que estás haciendo?" Se abalanzó hacia él, aunque él se deshizo de ella fácilmente.

"¡Castigándola como ella me ha castigado a mí!" Se había liberado ya de su cinturón con una mano y con la otra aguantando Quinn en la mesa, alzando el cinturón para golpear a la rubia.

Santana corrió hacia la cocina, cogiendo el cuchillo más grande que pudo encontrar.

"No puedo mirar." Dijo Judith, yendo a la misma habitación que Santana y pasando a ésta, que volvía al comedor.

"¡Déjala, hijo de puta!" Chilló elevando el cuchillo por encima de su cabeza.

Russell se dio la vuelta para mirar, listo para golpear con el cinturón la parte trasera de los muslos de su hija.

Quinn aprovechó el momento de distracción para agarrar la única cosa que pudo, el cuchillo afilado para cortar el pavo, y dio la vuelta.

Brittany bajó corriendo por las escaleras cuando escuchó a Quinn y Santana chillar.

Lo que vio es algo que nunca olvidaría.

Rachel apareció detrás de ella, soltando la bolsa que acababa de preparar cuando vio a Santana alejarse de Russell Fabray y soltar el cuchillo que sostenía. Su cara estaba muy pálida y estaba temblando tan violentamente que casi estaba borrosa.

Quinn seguía apuñalando a su padre. Estaba sollozando y chillando, y Rachel nunca había visto nada parecido.

Judith volvió a entrar a la habitación, con la botella de ginebra en una mano y pareciendo confundida mientras observaba lo que se había perdido.

Entonces la botella cayó y se destrozó en pedazos.

"Vosotras… Tú… ¿Qué habéis…?" Tartamudeó. Se dio la vuelta y volvió a la cocina.

"Va a llamar a la policía" Dijo Rachel, completamente en shock. Su mente estaba en un corto-circuito. Esto no era bueno. Esto era lo peor que podría haber pasado. Iba a vomitar. Todas irían a la cárcel. Sus futures, todo, se habían terminado. "Detenedla"

Brittany no sabía qué era lo que quería Rachel de ella, pero siguió a Judith en la cocina.

"¡Aléjate de mi! ¡Hija del demonio!" Chilló Judith, intentando agarrar el teléfono sin temblar.

"¡Pare, por favor pare! ¡Por favor no haga eso!" Rogó Brittany, sus propias manos empezaron a temblar porque tampoco sabía qué había de hacer. Tenía que callarla. Tenía que ayudar a sus amigas. Tenía que parar este lío antes de que incluso pasara. "Lo siento mucho"

Sus manos rodearon el cuello de la mujer desde detrás. Brittany cerró los ojos y empezó a apretar.

Rachel cogió la bolsa que estaba en sus pies, saliendo rápidamente de la casa hacia el coche. Tenía que poner la bolsa en el coche. Tenían que irse. Tenían que escapar. Era simple.

Irse. Huir. Todo lo que tenían que hacer.

Cuando volvió a la casa, Brittany estaba levantando a Quinn del cuerpo de su padre. Había sangre por todos lados, y la mayoría encima de Quinn y Santana. Brittanu siguió tirando de la rubia hasta que estuvo de pie, pareciendo no notar que alguna de la sangre que Quinn tenía en el cuerpo le manchaba su propia camiseta.

"Tenemos que irnos" Dijo Rachel, mientras las piernas de Quinn se doblaron y empezó a sollozar de manera desconsolada.

Santana salió de su trance, moviéndose incómodamente para ayudar a Brittany a levantar a Quinn del suelo y llevarla fuera de la casa.

"No pasa nada, no pasa nada." Susurraba Santana, acariciando el pelo de Quinn que seguía temblando. Sus manos estaban llenas de sangre, pero parecía que no lo pudiera ver.

O no quería verlo.

Condujeron hasta la casa de Rachel. Las dejó en el coche mientras hacía rápidamente una bolsa para ella.

Luego fueron a casa de Santana. Gracias a Dios, la casa estaba vacía y Rachel subió las escaleras y abrió todas las puertas hasta encontrar la habitación de Santana. Hizo otra bolsa. También había un bate apoyado en la pared, y también lo cogió.

No sabía cómo las condujo sin incidentes de casa a casa, o descubrir sus habitaciones y coger su ropa. Pero lo hizo. Tenía que hacerlo.

Tenían que escaparse.

Era en todo lo que podía pensar. No en el Glee Club, o Finn o sus padres. Tan solo pensaba en alejarse de la casa de los Fabray y dejarla para siempre.

La casa de Brittany también estaba vacía. En cualquier otra ocasión habría acariciado y jugado con el gato que estaba estirado en la cama, pero apenas lo notó.

Cuando volvió al coche, Quinn ya no lloraba. Su respiración seguía entrecortada, aunque su mirada estaba perdida.

Santana mantuvo sus manos en su regazo con los ojos cerrados. Estaba respirando temblorosamente.

Tenían que escapar.

"Todo irá bien." Dijo con la voz temblorosa mientras conducía el coche por las calles de la ciudad en las que habían crecido. Pasaron la calle principal, los restaurantes, las tiendas de ropa… No había mucha gente y por ello estaba agradecida. Tenían que ser invisibles. Tenían que desaparecer.

Las condujo por los parques en las que jugaron de pequeñas, por las calles en las que vivían sus compañeros del Glee club, las iglesias, las panaderías…

Las llevó hacia la autopista, pasando una señalización donde se leía 'FIN DEL LÍMITE DE LIMA, VUELVA PRONTO'.