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Tercer Capítulo

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No había absolutamente nada que resaltar de las noches en la casa Llywelyn: a las 19:30 pm. en punto se servía la cena, duraba alrededor de 40 min.- en que ninguno intercambiaba palabra, a menos que alguno de sus progenitores lo solicitara -, se retiraban a la biblioteca y leían alrededor de 30 min. hasta que les anunciaban que el baño estaba listo. Subían. Entraban al cuarto de baño y algún sirviente comenzaba a quitarles la ropa; enseguida entraban en la amplia tina donde cabían sin problema, llenándose por el vapor del agua, de los dulces olores del jabón y del agua blanca que solía servirles de espejo

No era raro que se asearan juntos: lo hacían desde que nacieron y sin que nadie se los recriminara o empezaran con estúpidos argumentos. A ellos nunca les había molestado por muchas razones, siendo de gran ayuda el hecho de que no se vieran como un hombre o una mujer, respectivamente

Luego de eso, se retiraban a sus habitaciones: en la de Gwyneth, varias chicas le ayudaban a ponerse la bata de dormir, cepillaban su cabello, lo arreglaban en una trenza, y finalmente le ponían un largo suéter de lana fina que cubría sus pechos, la cintura y cadera, completando el conjunto con un par de pantuflas beige; en la de Angwyn también le ponían una pijama de suéter y pantalón, cepillaban su cabello con cuidado - de tal manera que sus rizos quedaban a la perfección -, le aplicaban algo de loción y adornaban sus pies con unas pantuflas negras

Cualquiera pensaría que así se quedaban las cosas, al menos las sirvientas que salían sin verificar que se hubieran acostado. Lo que sucedía enseguida, era que Gwyneth salía de su cuarto y caminaba hasta el de su hermano, quien la recibía con completa naturalidad, la abrazaba con ternura y le invitaba a su cama, donde ya ambos se acostaban a descansar. A veces ocurría a la inversa

Quizá era extraño… pero les parecía totalmente innato, algo que estaba bien que sucediera puesto que eran hermanos, mellizos, unos que estaban ligados por algo más que sangre, más que pensamientos o ilusiones…

Podría decirse que compartían el mismo corazón

Se sentían así desde que podían recordar, vínculo que fue reforzado por las circunstancias que les rodearon: entre tanto lujo, sus padres nunca les tomaron demasiada atención o efectuaron algún gesto de cariño paternal; no tenían más parientes, y los sirvientes de la casa se limitaban a bajar la cabeza ante su presencia; las personas del pueblo les rehuían, los animales del bosque parecían esconderse; obligados a enfocar sus vidas al estudio o a la contemplación de la futura herencia de la familia, se les dirigió por un camino frío, tan apático que no inspiraba nada parecido a la poética felicidad

Bueno, era cierto que no se habían quejado, no tenían la posición para hacerlo… sin embargo, todo era más llevadero cuando compartían una mirada: no estaban solos, no estaban condenados a pudrirse entre tanta tontería sin compañía; el otro lo entendía, lo escuchaba con paciencia, lo abrazaba cuando necesitaba de un calor reconfortante, su voz rompía el enloquecedor silencio que llenaba la mayoría de los días…

Y al mismo tiempo que ese lazo parecía torcerse a la vista de los demás, en realidad no sucedía nada más que pura hermandad: era natural y a la vez forzado… no podían precisarlo, pero les bastaba, los llenaba y era lo más cercano a la felicidad que podrían tener. Nadie era capaz de intervenir entre ellos, nada era lo bastante apto para crear una ruptura que apartara su atención de las pupilas azules contrarias…

O eso creyeron…

Esa noche, ya eran las 23:15 pm. y seguían sin conciliar el sueño: solamente se miraban, tratando de encontrar alivio y la compresión en el otro, como siempre había sucedido… no era diferente aquella ocasión… y por eso la tensión los ahogaba

A veces, sencillamente, no era bueno saber con perfección qué era lo que su contrario cavilaba…

-Estás pensando en él, ¿cierto, Gwyneth?

-Igual que tú

Ambos meditaban en aquel sujeto de ojos verde botella, cabello rojo carmesí, sonrisa petulante y presencia embriagadora… una que no hacía más que provocarles escalofríos y un verdadero sentimiento de inseguridad, exposición, como si fuera un completo intruso en el que relucía su crueldad, pero que lo hacía más, y más, y más excitante

Probablemente habían maldecido el nombre de Alasdair McAllister en ese instante, a la vez

Y era porque se conocían a la perfección: no había emoción, pensamiento, ilusión, anhelo o ambición que pasara de a desapercibido ante sus ojos; conocían con excelencia cada uno de sus gestos, de sus palabras, de sus maneras en determinadas ocasiones, de los brillos que raramente se reflejaban en sus pupilas, y más que nada, de lo que los dejaba sin aliento

No había manera de asegurar quién lo notó primero… pero ya lo sabían, era demasiado obvio

No existía la forma de escapar del atento análisis

-Hermano… ¿él te gusta?

-… sabes que es más complicado que eso

Claro que lo sabía

El sentimiento era el mismo en los dos, exactamente igual

-Lo amo

-Yo también

Suspiraron mientras sus pupilas se cerraban con ligereza. El rubio en un acto reflejo, tomó uno de los mechones de ella y empezó a acariciarlo, perdiéndose un momento en el claro color que delataba luces naranjas debido a la luz de la vela

-Le gustas – dijo en un susurro –Y mucho

Por su parte, la chica acarició su mentón, definiendo las líneas finas y masculinas que lucían más oscuras por hallarse a espaldas de la lamparilla, pero que le daban un toque de nostalgia y atracción

-Tú también le gustas – murmuró – Y bastante: lo he descubierto innumerables veces admirándote con deleite, como si fueras algún tipo de escape, de vacío, de algo mucho más grande que él y que no puede retener… tu presencia le intriga, lo intimida, lo frustra, pero le inspira anhelos de poseerte

-Yo he descubierto lo mismo – jugó con el mechón entre sus dedos – No hay momento en que no te mire, en que no se pierda en tu pacífica figura, como si le transmitieras paz, pureza, tranquilidad, arrullo… tanto equilibro parece acrecentar su deseo de corromperte

-A pesar de eso, ¿todavía…?

-Caería a sus pies en cuanto me lo pidiera – suspiró - ¿Y tú…?

-Lo adoro como nunca imaginé hacerlo

-¿Has notado… - inició despacio – la cantidad de atención que nos pone?

-Sí… es la misma…

-No te mira más que a mí

-No te habla más que a mí

-No prefiere a ninguno de los dos

-Pero nos desea a los dos

Y entonces, con el ímpetu de la sorpresa, de la alegría y de la solución, se abrazaron en un instante con fuerza, con satisfacción, con regocijo, con solidaridad, con necesidad de transmitir aquella implícita respuesta que ambos entendían y acordaban

Compartirían a Alasdair McAllister

Ya no hubo dudas, ni angustias, ni molestias o inconformidades

La solución era clara, sencilla, simple y muy acorde a sus necesidades: no pedían más que estar con él, perderse en sus pupilas lujuriosas, acariciar ese cabello que podía quemar y probar aquellos labios que los llevarían a la demencia

No había nada que temer, ya se había disipado la duda que los retuvo durante todo ese tiempo: el contrario

No se trataba de un desconsuelo en el sentido de que el otro podría presentarse como un rival, o que estuviera en desacuerdo… sino en que se quedaría solo: luego de toda una vida juntos, ¿qué sucedería si decidían separarse? Independientemente de quién ganara a Alasdair, ¿cómo enfrentaría los días? ¿Dónde encontraría apoyo, consuelo, un cuerpo al cual aferrarse, un lugar en aquel mundo indiferente y hueco? Era algo imposible de realizar a esas alturas… y no sería el único que se desharía en el vacío: el otro, a pesar del placer que su corazón recibiría con el pelirrojo, una parte vital le faltaría y poco a poco lo consumiría sin oportunidad de sobrevivir…

Se necesitaban, se querían, su fuente vital de vida era estar juntos… y si Dios les ofrecía la oportunidad no sólo de permanecer así, sino de tener el amor en igual proporción de aquel hombre que les arrebató la razón, ¿qué más podrían pedir?

El mundo, SU mundo ya era perfecto de ese modo

Ninguno era el preferido, y ambos recibían la atención que anhelaban: no por nada, Alasdair les dirigía las mismas miradas estremecedoras, las sonrisas seductoras, la amabilidad de todo caballero británico, las palabras pícaras que ya los habían ruborizado en más de una ocasión, las fantasías, las educadas caricias, los hermosos halagos, el cinismo de su deseo, su arrogante andar que les provocaba el impulso de caer rendidos al instante…

Los mismos colores llenos de pasión, deseo, conquista y magnanimidad que sólo sus ojos verde botella podían poseer

Por su parte, podían asegurar que sus sentimientos eran exactamente iguales en todos los sentidos, hasta en la excitación que sus cuerpos sufrían por el elegante y astuto ataque de galantería y seducción… y de ese mismo modo, también lo eran las advertencias que sus mentes les exclamaban a cada momento:

Algo no estaba bien con Alasdair

Aunque no referente a su personalidad, sino a… un secreto, un motivo, "algo" que se callaba para sí… y a pesar de que no parecía transmitir algún tipo de remordimiento, culpa o emoción fatídica que lo delatara, esa sensación no podían sacársela de la garganta…

La constante evasión a hablar de sus años anteriores, de su lugar natal, de su familia, de los motivos que lo llevaron a dejar la capital de Inglaterra en el pleno apogeo de su vida no tenía sentido, y menos cuando atinaba a desviar bruscamente la conversación, o a otorgar un silencio que los asfixiaba

No era un sujeto peligroso, no ahora, ¿pero antes…? ¿Habría hecho algo…?

-No nos importa –susurró abrazándola con mayor firmeza

-De todos modos lo amamos – se aferró en igual proporción

-Lo haríamos sin importar lo que hubiera sucedido

-Y menos de lo que podría suceder

Sólo querían amarlo, y si él estaba dispuesto a hacerlo también, ¿tenían seguir pensando?

Por supuesto que no

Así, en esa posición y compartiendo un beso de buenas noches, cerraron los ojos con parsimonia, sintiendo cómo el sueño les llegaba de golpe

Dormirían tranquilamente esperando encontrarse mañana con Alasdair

Eso era suficiente


Siendo sincero, le sorprendió bastante cuando los mellizos le hicieron la invitación de asistir a su casa durante la tarde: no eran de los que mezclaban sus asuntos personales con la familia, y menos a ese grado de formalismo… aunque para su tranquilidad, no hablaron de presentarlo a sus padres, pero sí que tenían algo bueno que mostrarle y que tal vez le interesaría

Por supuesto que le interesaría, más si involucraba a los dos y la mínima oportunidad de quedarse a solas con alguno de ellos

Respecto a eso, los últimos días las cosas estaba resultando… bastante bien… no era como si le importara demasiado lo que ese par había notado o no, pero las presiones que ejercía ya rendía sus frutos: podía abrazarlos, llevarlos de la mano, tocarles con ligereza curiosas partes del cuerpo, dormitar en sus piernas, hablarles con mayor cinismo… incluso besarlos –en la mejilla, maldición- cuando era la hora de despedirse… y lo sorprendente, es que a pesar de hacérselo a ambos en sus narices, respondían de buena manera a sus miradas, sus palabras, sus sonrisas y a la desvergonzada manera en que les decía cumplidos

… fuera cual fuera la razón, todo iba a su favor… y si era así, no tenía la mínima intención de preguntarse el "por qué"

Los hermanos ya estaban prácticamente en la palma de su mano… únicamente faltaba el golpe final para que le terminaran de pertenecer por completo, y una vez realizado, se los llevaría al infierno con él

Mucho había sido su esfuerzo por llegar a esas alturas… y podría decirse que casi había olvidado el motivo por el cual había terminado ahí… vamos, "casi" porque, aún en medio de ese trance, no pasaba día en que no se preguntara qué había sucedido en Londres: ¿lo estarían buscando? ¿Francis habría dicho algo? ¿Llegarían rumores hasta ahí? ¿Realmente tendría que replantearse la posibilidad de irse?

En este último punto, ya hasta los pueblerinos daban por hecho que se había quedado a vivir, ¡hasta comenzaban a hablarle y a sugerirle dónde construir su casa! También le ofrecían ayuda para hacerlo, algún material que tuvieran de sobra, o descuentos en los tragos mientras se adaptaba al modo de vida de un leñador… que bien, no levantó en toda su vida una hacha con tales propósitos, pero se estaba haciendo a la idea de que tendría que ejecutarlo, ¿y por qué? Simple: estaba dispuesto a quedarse por esos mellizos

… además, era lo que iba a hacer en Glasgow, ¿no? Dedicarse al campo o a la tala de árboles… podría decirse que no había cambio de planes, sino un mínimo traslado de lugares… y a pesar de lo inquieto que se sentía por residir en un sitio tan "cercano" a Londres, la gran parte de su mente indicaba lo que le convenía por el simple hecho de pasar la vida junto a los hermanos, y más cuando era cuestión de un arrebato para tenerlos como siempre quiso

Nada más había que esperar el momento preciso, y tenía la sensación de que esa ocasión se presentaría muy pronto

Una vez que llegó a los terrenos de los Llywelyn –señalado por un gran arco de madera tallada- un jardinero le salió al encuentro: lo saludó, se presentó y dijo que lo guiaría a donde los "jóvenes patrones" lo esperaban. Tuvo que reprimir una carcajada por la manera en que los llamó, pero la sonrisa de entera burla que dibujó cuando el otro le dio la espalda ayudó de mucho

No le importaba no ver la casa principal: bastaba –por el momento- con conocer esos amplios jardines y otras partes útiles del terreno

Llegaron a lo que parecían ser… caballerizas… ¿así que eran lo suficientemente ricos como para cuidar de caballos? Vaya, ese tipo de caprichos sólo lo tenían los adinerados pues, ¿Quién querría cuidar de un animal que comía más que uno? Ummm de golpe recordó como las condiciones de la ciudad no permitían algo así ya

Sin embargo, detuvo ese inútil pensamiento cuando vio a los hermanos hablando entre sí… ahhhh~ seguía siendo una visión pintada por el mejor artista, pero eso no quitaba que se sintiera estúpido por pensar algo así

-Hola~ -canturreó al terminar de acercarse; ambos estaban de espaldas, por lo que aprovechó para abrazarlos por la cintura y pegarlos hacia sí; dejó un beso en las dos pálidas mejillas – ¿Quién diría que tienen el suficiente dinero para mantener caballos? Comienzo a pensar que sólo son niños ricos y mimados~

Sonrió al finalizar, pero mucho más al sentir cómo se volteaban un poco y depositaban un beso en el mismo sitio que él, al mismo tiempo

No sabía si lo que sentía era felicidad, aunque claramente la sensación de victoria lo embargaba

-No fue nuestra idea que los compraran – inició ella – Mamá fue la que insistió

-Y no se le puede negar nada a una mujer así – continuó él – Los adultos están llenos de caprichos incomprensibles

-Díganme que sacaron un beneficio de esto – aún no los soltaba: la calidez que sus cuerpos cerca le producían era demasiado placentera

-Se podría decir – dijeron al mismo tiempo -¿Te gustan los caballos, Alasdair?

-Bueno, nunca tuve uno, pero admito que son entretenidos

-¿Sabes cabalgar?

-¿Qué clase de pregunta es esa? –soltó con fingida molestia y mucha altivez- No cuestionen cosas obvias, tontos

-Entonces, que no se diga más – se soltaron con facilidad de su agarre, cosa que le hizo soltar un leve gruñido – Vamos a preparar los asientos

Lo guiaron hasta la última caballeriza, donde tres caballos –uno negro y dos blancos- les aguardaban con curiosidad. Entraron, y Gwyneth empezó a acariciar uno blanco mientras ellos pasaban a un pequeño cuarto contiguo en el que varias piezas para montar colgaban de las paredes; tomaron los dos únicos asientos que se veían y regresaron

-Oye, ¿no se supone que ya teníamos los tres? – le preguntó a la rubia refiriéndose al cuero para sentarse

-… tal vez papá tomó el otro: salió a cabalgar esta mañana

-Ese hombre luego ya ni sabe dónde deja las cosas

-Ya está grande, no es sorprendente

-Aunque sí molesto

De repente, se asomó una blanca cabeza por el umbral: al parecer era el mismo jardinero que lo había guiado hasta ahí

-¿Joven Angwyn?

-¿Qué deseas?

-La Señora lo manda a llamar

-Gracias, ahora voy

Pasó a retirarse tan rápido como llegó

-Ya vuelvo – caminó a la salida –Gwyneth, ¿mientras puedes buscar lo que nos falta? No tardaré

Y así fue como también desapareció

No perdieron tiempo y salieron, aunque se dirigieron más al fondo, hacia un cobertizo que se notaba apenas remodelado. Entraron… y en lo que ella buscaba algunas cosas, se permitió sonreír con completa lascividad: estaban solos, en un sitio alejado de las caballerizas, en un lugar a oscuras, con cierto tiempo de sobra y donde existía una única salida…

¿Era casualidad, o de alguna manera todo se tornó justo cómo quería? Como fuera, no dejaría pasar la oportunidad… pero debía apresurarse: su hermano no tardaba en llegar, y si el jardinero no los encontraba con los caballos, empezarían a sospechar

Unos minutos eran suficientes

De ese modo, aprovechando que le daba la espalda, llegó hasta ella y, con suavidad, pegó completamente su cuerpo, sintiendo el inmediato escalofrío que la recorrió

-A-Alasdair…

Se atrevió a rodear su estrecha cintura con ambas manos, al tiempo que su quijada descanso en el hombro cubierto por tela marfil. Desde ese punto, apreció su calor, su olor, cada uno de los movimientos inconscientes, sobre todo ese nerviosismo combinado con absoluta cooperación

Ella también quería esto

Sin embargo, antes de proseguir, se permitió quedarse un momento así y sentir por completo la tranquilidad que lo llenaba… otra vez el adormecimiento lo vencía, lo domaba e intentaba obligarlo a sucumbir con el aseguramiento de que esa sensación era suficiente

No, no lo era, y precisamente por eso, mandaría al carajo aquel pacífico estado para corromperlo

La giró con cierta brusquedad, y al estar frente a frente, la besó con fuerza, con cierta brusquedad, pero con la necesaria paciencia para no devorarla tan rápido; ella soltó un gritillo de sorpresa, abrió los ojos sin saber qué sucedía, se quedó sin aliento… pero no negó nada, al contrario: torpemente intentaba satisfacerlo al tratar de controlar el permanente escalofrío que recorría su piel

Notando su cooperación, lamió su labio inferior, y al entre abrirlos sin saber qué hacer, aprovechó para meter de lleno la lengua e invadir esa cavidad a su completo placer, importándole poco que ella no tuviera la mínima idea: la saboreó, la mordió con ligereza, recorrió cada rincón de aquella boca que le ofrecía un exquisito sabor dulce, jugó con su lengua al guiarla en un lento y atrevido baile que pronto los dejó sin aliento, y a pesar de eso, la llevó hasta su límite, donde existió la posibilidad de matarla por asfixiada

Al separarse, la chica respiraba con dificultad, sus mejillas estaban complemente rojas, sus pupilas azules entre cerradas mirándolo sólo a él, aquel camino de saliva que bajaba hasta su quijada, y aquel pecho bajando y subiendo con prisa, le hicieron afilar la mirada y comenzar un nuevo ataque: esta vez atrapó por completo su cuerpo entre el suyo al abrazarla con fuerza, y la hizo retroceder hacia una larga mesa, en la que la sentó apenas llegaron

Aunque se notaba su inexperiencia, era excitante sentir cómo intentaba ponerse a su altura tanto en los besos como en la cooperación: ya había empezado a abrazarle por el cuello, a acariciarle las hebras rojas, a cerrar los ojos para sólo sentir su lengua recorrerla, y sobre todo, a emitir pequeños suspiros que se ahogaban entre sus lamidas. Tal vez estaba asustada, tal vez era un indicador de que no había estado con ningún hombre antes… pero eso, más que apaciguarlo, lo llenaba de orgullo, diversión y cierta calma: él sería quien le quitara la pureza a ese ángel, él sería quien la profanaría, y lo mejor, era que ella lo quería así

Y si hubiera sido el caso contrario, menos importaría

Cuando la tuvo sentada continuaron con sus desesperados besos, sin embargo, sus manos comenzaron a viajar por su cuerpo: sintió los perfectos hombros, los brazos, la cadera insinuante, la cintura pequeña, esos pechos que se sometían ante la presión de su mano… y esas piernas, a las que separó e hizo que lo rodearan, acercando por completo su hombría hacia el templo de ella… pero la tela era un estorbo, nunca odió tanto un vestido como aquel, sobre todo porque no podía quitárselo: era consciente de que una cosa así era complicada de poner aunque varias chicas le ayudaran, y si él se atrevía a deshacerlo, ¿luego cómo le harían? ¿Qué pretexto iba a poner para salir apenas con algo encima? ¿Y cómo llegaría hasta la casa?

… ¿Qué sucedería si Angwyn la encontraba de ese modo, anunciando lo evidente? La idea de ver esas pupilas azules decepcionadas, bajas, mirándolo con extremo vacío le carcomía la mente… y era inesperado, puesto que no pensó que algo así le llegaría a importar…

No quería ver a ese chico, a quien amaba, detonar algún atisbo de tristeza…

Sí, lo amaba, al igual que a esa chica que se aferraba a él. No estaba seguro de su total naturaleza, pero era amor a final de cuentas y en las mismas proporciones, hacia los dos seres más hermosos, intrigantes y adictivos que había conocido en toda su patética vida

Por eso no se había ido, por eso ya no le importaba el peligro que corría si se quedaba ahí: quería estar con los dos, amarlos, estrecharlos, besarlos, cuidarlos, saciar su lujuria entre las sábanas de ambos, y más que nada, sentir que era amado de igual forma por ellos… cosa que, para su alegría, parecía volverse realidad

Los amaba, y ya era imposible que los dejara en esas circunstancias

Pero no había tiempo que perder: podía ser que Angwyn ya viniera de regreso… demonios

Así, conformándose sólo con su habilidad para pasar entre las telas, logró colar su mano hasta la ropa interior de ella, rozando con ambos dedos gentilmente su parte íntima. Ella soltó un quejido de sorpresa, tal vez de miedo, pero contrario a alejarse, acercó un poco más su cadera, pidiéndole en silencio que continuara, cosa que le hizo sonreír con victoria al tiempo que le volvía a devorar la boca

Por encima del algodón siguió acariciándola, desesperándola, llevándola casi al extremo, pero sin hacerlo: no quería que tuviera un orgasmo a menos que ya estuviera adentro… sin embargo, enseñarle de ese modo lento lo que era el placer y lo que venía, parecía lo más adecuado para alguien que estaba teniendo su primera experiencia. Por eso, pronto sus dedos tomaron una velocidad coordinada, subiendo la rapidez conforme sentía su respiración y el movimiento de sus caderas, incluso estuvo en el punto de que "los metió" a pesar de la tela, ya palpando la natural humedad

Ella lo abrazaba, lo besaba, gemía en su oído y le dejaba hacer lo que quisiera, siendo sólo él quien ahora se reflejaba en esas opacas pupilas azules; sólo su nombre era pronunciado por la más dulce voz; sólo él era el testigo de que los ángeles también sentían lujuria y placer por caer ante los deseos de la carne

Pero tuvo que detenerse cuando ya los agresivos escalofríos comenzaron a inundarla, alejándose a tiempo para que no se viniera. No pareció darle importancia, aunque se notó que estaba lista para lo que seguía

Él también lo estaba

Se desabrochó la parte baja de su pantalón para sacar al fin la dura y dolorosa erección que ya tenía, y procedió a acostarla sobre la mesa de tal manera que su cadera quedaba en la orilla; le alzó la falda hasta la cintura y retiró la ropa interior, dejando ver el templo que estaba a punto de invadir. Alzó la mirada para descubrir que ella estaba rojísima, pero que también le observaba, sintiéndose excitada por la manera en que la contemplaba

Le sonrió para darle confianza

Sujetó sus piernas, las separó… y acercando su miembro, poco a poco, con lentitud, comenzó a entrar

Era… tan estrecho, tan cálido, tan delicioso siendo que sólo había metido la punta y continuaba su camino. Sus paredes lo apretaban con tal maestría, con tal inocencia, con tanto placer que estuvo a punto de ceder ante su malicia y a enterrarse en ella hasta que gritara de dolor… pero no, no se trataba de saciarse de ese modo: quería amarla, quería ser amable de tal forma que lo recordara por siempre y que ya no fuera capaz de alejarse de él…

Necesitaba hacerse indispensable, amado, por eso darle un buen recuerdo era básico para que su relación terminara de fortalecerse

Para no hacerlo más doloroso, aumentó ligeramente la velocidad, logrando en poco minutos ya estar completamente en ella. No se movió, ni hizo preguntas: se inclinó y viendo cómo cerraba los ojos con fuerza al tiempo que varias perlas de sudor la inundaban, besó sus labios con calma, intentado relajarla… nunca antes había intentado reconfortar a alguien cuando sufría debido a su placer, pero ella era diferente, y por lo tanto, ameritaba un tipo de esfuerzo de la misma naturaleza

Ella era tan tranquila, tan calmada, tan pacífica y dulce… podía profanarla, NO destruirla

Cuando le correspondió el cálido juego de lenguas, que lo abrazara nuevamente por el cuello y le lanzara una mirada, fue la señal de que podía seguir

Entonces lo hizo con cuidado: atrás, adelante, atrás, adelante… despacio, despacio…

Sin embargo, él también era débil, y al escuchar ese seductor gemido de sus labios, de golpe hizo que aumentara la velocidad, la fricción, la fuerza de sus estocadas; tuvo que sujetarle muy bien las piernas para no perder en ningún momento el ritmo que ambos ya que habían impuesto, coordinándose grácilmente y siendo sustituidos sus suspiros de dolor, por los de placer

Un placer tan completo, lleno, extasioso, tan desgarrador y omnipresente, que literalmente lo llevó a la locura: sólo estaba enterrándose en ella, saliendo y volviendo a hacerlo para sentir desesperadamente aquel bendito placer que lo había vuelto un completo animal

Y con un último gemido de ella, y un gruñido de él, llegaron al orgasmo juntos

Ambos intentaban recuperar la respiración y un poco de fuerza para moverse. El primero que lo logró fue Alasdair, quien con cuidado, salió de ella, notando al instante un poco de su semilla saliendo de ella. Tal imagen lo enorgulleció, por lo que volvió a regalarle un beso tranquilo, dulce, intentando transmitir la felicidad que, con palabras, jamás admitiría; fue recibido muy bien, y al finalizar, se dirigieron una mirada significativa

Ya nunca podrían separarse

En pocos minutos, ya se habían arreglado la ropa, tomaron el asiento faltante y salieron de ahí. Caminaban despacio, más que nada porque Gwyneth parecía agotada y daba la impresión de que necesitaba acostarse inmediatamente

Tal imagen lo enterneció: seguía siendo una dama después de todo, una tan delicada que debía cuidarse como una de las flores más apreciadas

Con algo de trabajo llegaron hasta la caballeriza donde, para su fortuna, no había nadie todavía. La ayudó a sentarse y permanecieron en un silencio agradable, de complicidad, pero necesario para asimilar lo que sucedió y lo que seguiría sucediendo

Fue cuando la elegante figura de Angwyn apareció, acompañado de una sirvienta. Al terminar de acercarse, sólo le echó una mirada neutral, dirigiéndose enseguida a su hermana; apenas intercambiaron palabras cuando le pidió a su acompañante llevarla a casa… y pensó que todo estaría bastante tenso, pero le alivió ver cómo los hermanos se sonreían y él le besaba la frente, como felicitándola y confortándola; también regresó por entero su tranquilidad cuando volvió a mirarlo y curveó los labios con ligereza, sin señales de burla, recriminación, o decepción

-¿Todavía quieres cabalgar? – le preguntó mientras miraba alejarse a la rubia – Si quieres, podemos dejarlo para otro día

-¿Y cuando ya estoy aquí? – respondió con el arrogante y divertido tono de siempre – No, para nada: mi valioso tiempo no será desperdiciado por un pequeño detalle. Ya habrá otra ocasión en que vayamos los tres, por ahora seremos nosotros – le miró de reojo -¿O tienes miedo de que te demuestre cuán bueno soy? Digo, hasta yo me asustaría

-Nada como el poder de la autocomplacencia – contestó en un tono neutral, pero se distinguía el sarcasmo; caminó hacia los caballos –Bueno, no hagamos esperar al intrépido Alasdair y su oportunidad de que se trague sus palabras

-¿Estás retándome, acaso?

-¿Te suena a que lo hago?

Pusieron las sillas sin contratiempo y montaron al instante: el pelirrojo se quedó con el caballo negro, el rubio con el blanco; una vez acomodados, el menor hizo que el animal diera pequeñas vueltas sobre su eje para que se acostumbrara a las próximas órdenes; él no hizo nada en particular, y a pesa de la apariencia "mansa" de la bestia que montaban, le dio la sensación de que a la mínima señal lo tiraría, así que se afianzó bastante bien y sujetó con fuerza las riendas

-Muy bien, vámonos –se colocó a su lado -¿Qué te parece si primero vamos al roble? Y de ahí a la parte norte

-¿Dónde andabas cazando? –sonrió con burla - ¿Por qué tengo la sensación de que quieres ir allá porque es la única parte que más o menos conoces?

-Oh, me has descubierto – respondió indiferente

-Ya sabes, soy un maldito cuando se trata de estas cosas – a pesar de su tono, le divertía su actitud – Vayamos al roble y luego al oeste

-Suena tentador

Y sin perder tiempo, el chico le dio el golpe indicado al caballo para que saliera a toda galope, dejándolo por un momento en blanco… ¡HEY! ¡Sabía que se trataba de un reto! Chasqueando la lengua y también dando la orden, salió disparado al bosque, intentado darle alcance

El camino hacia su árbol predilecto era bastante difícil, sobre todo porque la constante madera que hacía tramposo el paraje no se notaba a simple vista, sumando la poca distancia entre un tronco y otro, y que el nivel de las ramas de las coníferas estaban bajas amenazándote con sacarte un ojo

Tenía mucho tiempo que no cabalgaba… quizá a última ocasión fue cuando trabajo como conductor de un carruaje, pero no significaba que montara propiamente al caballo. De todos modos contaba con las nociones suficientes para que no se saliera de control, por lo que la "carrera de obstáculos" iba bastante bien… aunque no tanto como para alcanzar al otro: estaba ya muy lejos de su vista… sin embargo, no fue obstáculo para apreciar la audacia que transmitía con sus movimientos…

Si fuera una chica estúpida, lo estaría imaginando como un príncipe que galopaba a prisa para ir a vencer al jodido villano y luego reclamarla como su reina… jajajajaja meras idioteces, pero no quería decir que no lo estuviera visualizando, aunque de manera muy diferente: más que ir "a pelear", daba la impresión de que "huía", lo estaba haciendo con desesperación, velocidad, sin mirar atrás para no aterrarse y tratando de radiar el poco valor que lo llenaba en ese instante

Era como si estuviera huyendo de él…

Y con más aprisa intentó alcanzarlo, casi lográndolo cuando su caballo saltó una pila de troncos y lo colocó cerca… pero por inercia, pareció aumentar la agilidad y de nueva cuenta se adelantó…

Ese momento en que logró ver su perfil, el modo en que su cabello se agitaba, su postura perfecta y acorde a los movimientos, la fuerza para dar órdenes y la firme convicción de no mirarlo lo llenaron de fascinación: era un ángel huyendo, no más

Cuando salieron a su claro, el menor redujo la velocidad en creencia de que se detendrían… gran error: en cuanto lo alcanzó, pasó por su lado con la misma rapidez, pero ya dirigiéndose al occidente

Habían quedado en que "Llegaban al roble y cambiaban de dirección", en ningún momento hubo algún acuerdo de detenerse… y pareció comprenderlo al instante, pues volvió a galopar para sobrepasarlo. No lo logró, pero estuvo muchas veces a punto de hacerlo

En todo ese proceso no intercambiaron palabra; la sombra, el sonido entre los árboles, el crujido de las hojas secas, el viento pegándoles en la cara… con todas esas cosas, y tratando a tales velocidades, no pasaba nada por su mente como para transmitirse: sólo percibían, no razonaban… hasta que un trueno retumbó por el lugar

Mierda

-Regresemos – dijo mientras se detenía

-Ya no hay tiempo – lo imitó – Debemos buscar un lugar por aquí

Con toda su experiencia en ese tipo de sitios, casi al instante ubicó un pequeño grupo de árboles con sus ramas suficientemente juntas para formar un tipo de techo: ahí podrían dejar a los caballos. Se bajó, sujetó la rienda del que montaba, y se acercó al del rubio, también agarrándolo para guiarlos al espacio; Angwyn se bajó y tranquilizó a los animales mientras él se encargaba de amarrarlos. No había demasiado lugar para ellos, así que tuvieron que buscar otro

El paisaje comenzó a cambiar cuando se había alejado varios metros: al lado de los árboles, o por debajo de ellos, se plantaban rocas enormes, como si hubiesen roto pedazos gigantes por todos lados; hubo una en especial que tenía forma horizontal y un hueco lo bastante protuberante para resguardarlos a ambos

Los truenos seguían oyéndose y ya caía el agua, así que se apresuraron a entrar: tendría tal vez 8 m. de profundidad y 3 m. de altura, por lo que también se descartaba que fuera la guarida de algún animal. Tampoco era tan tarde, y a pesar del cielo gris, la luz entraba al menos en los primeros 4 m.

Al momento de entrar, la lluvia se disparó

Enseguida se sentaron, uno junto al otro, mirando hacia el atrayente escenario que se les presentaba; el olor a tierra mojada pronto inundó sus narices, y el eco de la lluvia era lo que apaciguaba el silencio

De un momento a otro, sintió el cuerpo contrario temblar, aunque con ligereza… fue cuando notó el inconveniente del suelo rocoso: con la ausencia de tierra, no había algo que transmitiera calor natural; a él no le molestaba porque estaba acostumbrado al clima del campo y al de la ciudad –en este era mucho más crudo el frío-, pero el rubio era un niño de casa, "bien educado", al que nunca se le había dejado explorar la naturaleza a pesar de vivir tan cerca: obviamente no estaba familiarizado con una baja de temperatura tan palpable

¿Cuánto tiempo habría estado tiritando? Porque el haberlo notando hasta entonces no quería decir que recién comenzaba, más cuando era un chico que no hablaba absolutamente de nada que involucrara sus pasiones o inquietudes… y aún si le ofrecía su chaqueta para cubrirlo, la rechazaría y derivarían en un intercambio de oraciones muy complicadas, cosa que sería muy fastidiosa… ¿qué tal si…?

-Que idiota – le susurró mientras se acercaba, pasaba el brazo por su espalda y lo acercaba hacia sí con posesión – Si tienes tanto frío, debiste decirlo antes

-¿De qué habría ayudado?

-Te hubiera abrazado antes

Abrió los ojos con asombro, pero sólo atinó a resguardarse mejor en su calor…

Esa sensación de protección, de que alguien lo necesitase de manera tan inocente, le hizo recordar a Gwyneth y la manera en que tuvo que ayudarla a caminar: sintió que era querido, necesitado, amado, con la capacidad de cuidar sin que hubiese destrucción de por medio

A través de ambos, en su momento, estaba aprendiendo que, hasta él, podía ser una fuente de apoyo, calor, confort y aliento… pero vamos, sólo para ellos dos: el resto del mundo bien debía lamerle el culo

Tomaría ese cargo exclusivamente con los mellizos y nadie más. Que curioso que ni siquiera con su medio hermano hubiera podido desarrollar semejante rasgo, pero era una historia distinta en su totalidad

Ahora que lo pensaba… estaba con Angwyn, a solas, sin la posibilidad de que alguien los molestara, y sobre todo, se hallaba resguardado en sus brazos, gritándole con esa impasibilidad, tranquilidad y ternura que lo necesitaba

Y si no era así, se haría necesitar

Beneficiándose de que estuviera concentrado en su calor y con los ojos entreabiertos, bajó la cabeza a la altura de sus labios, siendo que al momento de darse cuenta de la cercanía, plantó los suyos en los contrarios con fuerza, haciéndose más presente cuando fortaleció su abrazo y lo acercó al sujetarle por el cuello con la mano libre

No había escapatoria, estaba totalmente sometido ante sus agiles agarres: sólo quedaba corresponderle y dejarse llevar

No permitiría que el momento fuera arruinado por algún estúpido prejuicio moral, porque más escandaloso que acostarse con dos hermanos, era que uno de ellos fuera hombre; sabía que al chico no le interesaban esas cosas, pero cuando ya se vivían, era asunto diametralmente diferente, sobre todo al vivir en el campo y conservar con mayor arraigo las tradiciones, unas en las que no estaba la de "Puedo acostarme con un hombre"

No negaba que él mismo ya tenía experiencia en la materia, pero Angwyn… ¡vamos! El tipo era virgen, y que la fuera a perder con un sujeto no parecía el ideal de toda mentalidad… sin embargo, dejó esas idioteces cuando sintió que le correspondía: era lento, cuidadoso, torpe, gentil a pesar de la fuerza que ejercía, pero totalmente entregado… eso le decían sus ojos cerrados por completo, la leve agitación en su respiración, y el color carmín que ya teñía su rostro

Eso era todo

Con rapidez lo llevó hacia atrás al mismo tiempo que él, todavía abrazándolo y disfrutando de sus labios, que al abrirse por la sorpresa, le dieron el paso completo a su boca: la saboreó, la recorrió con desesperada curiosidad, acarició cada centímetro, y al toparse con su lengua, la rozó con cinismo, lujuria y malicia, forzándola a seguir un juego demasiado brusco para su nivel, pero no le importó: de algún modo sabía que le gustaba la posesividad que le demostraba, y si a él le excitaba saberse dueño de esa inexplorada cavidad, ¿tenía que darle importancia detalles insignificantes?

Que pregunta tan estúpida

Acostados de lado, abrazándose y saboreándose, inconscientemente arrimaron sus cuerpos, hasta el grado en que ya no se distinguía el principio o el fin de uno u otro. Pronto las manos recorrieron con atrevimiento, pasando a veces por debajo de sus ropas y conociendo el calor ajeno, provocando tantos escalofríos como nunca lo imaginaron

Sus brazos se combinaron, sus lenguas danzaban con incontrolables ansias, sus piernas se enredaron y los gruñidos, suspiros y leves gemidos ya llenaban el ambiente. Fue cuando ambos, por sus posiciones, sintieron en sus respectivos muslos algo crecer…

Alasdair sonrió con descaro. Angwyn enrojeció con exquisitez

El pelirrojo bajó la mano hasta su pantalón, donde desabrochó la parte necesaria y dejó salir su miembro medio despierto, pasando de inmediato a la prenda del rubio para ejecutar el mismo movimiento. En el proceso, se miraban, intercambiaban besos y suspiros, unos que se hicieron más evidentes cuando iniciaron el roce entre sus hombrías

El mayor abrazó al otro con firmeza de la cintura y comenzó una constante fricción al subir y bajar totalmente pegado al otro, quien siguió con cierta torpeza su ritmo, aunque pocos minutos después ya habían logrado una coordinación que les arrebataba tantos gruñidos y gemidos como pudieran emitir sus voces; no olvidaron seguir besándose, acariciándose por debajo de la ropa y susurrando el nombre contrario entre frases incomprensibles. El que también sus manos estuvieran ayudando en su masturbación compartida ayudó a que, en pocos minutos, se aferraran entre sí para terminar juntos

De nueva cuenta, el primero en recuperarse fue Alasdair, quien con suma habilidad, sacó el pantalón del más joven, a lo que se sumó la ropa interior

Así lo tuvo enteramente expuesto, ofreciéndole un cuerpo igual de puro, inocente, inmaculado, perfecto, como el de su hermana… en verdad que no era capaz de decir cuál de los dos era el más magnífico, ni cuál prefería, admiraba, o deseaba más

Fue cuando apoyó en toda su integridad la seguridad de amarlos a ambos, en las mismas condiciones, por diferentes e iguales causas, por la perfección compartida, por tantas cosas y tan bastas, que únicamente existió la firme idea de tenerlos sólo para sí, y él pertenecerles sólo a ellos

Sin dejarlo recuperarse del todo, hizo que Angwyn se sentara sobre él y de frente, ayudándolo a conservar el equilibrio abrazándolo por la cintura y parte de la espalda. Mientras descansaba la cabeza en su hombro y se aferraba a su cuello, lubricó dos de sus dedos con dedicación… y al terminar, los dirigió a su entrada, dejando primero que lo acariciaran por encima

Cuando llegó el momento de introducirlos para dilatar, lo distrajo besándolo con total asfixia y entrega, buscando vagamente distraerlo, pero también para escuchar mejor sus quejidos muriendo en su boca, lo cual pasó segundos después, en el momento en que metió un dedo y él soltó un gemido de dolor justo en sus labios

Los sonidos aumentaron al introducir uno más y a empezar a moverlos primero lento, luego en círculos, metiéndolos y sacándolos mientras aumentaba la velocidad; cada instante él le regaló más de esos celestiales sonidos que le llevaban más y más rápido a la brutal convicción de estocarlo hasta que sangrara. Tal vez podría hacerlo… sí, ¿por qué no? Al ser hombres, las delicadezas no entraban mucho a juego, ¿había una razón para no hacerlo?

… sí, claro que existía: si quería hacerse amado e indispensable, lo básico era crear un buen recuerdo… y luego podría destruirlo y volverlo a crear, pero por el momento era necesario proceder con cuidado

De ese modo, enseguida ya lo colocó en la posición adecuada y le indicó que bajara sus caderas poco a poco, hasta que estuviera enteramente sentado. Así lo hizo: fue cuando esas paredes estrechísimas, cálidas, casi sofocantes apretaban su miembro palpitante… y sí, se notaba que al rubio le estaba costando mucho trabajo, pero estaba haciendo lo posible para complacerlo, aún si eso significaba no caminar en toda una semana

A base de esfuerzos, paciencia y cautela, en poco tiempo pudieron ejercer un vaivén de variadas velocidades… sin embargo, aunque sinceramente no quería ser demasiado bruto con él, terminó pasando por la propia naturaleza de su acto, pero tampoco fue como si el rubio se hubiese contenido: los rasguños en su espalda y las mordidas en su hombro dejarían bastantes marcas

El ambiente se llenó de jadeos, suspiros, gemidos… de cualquier sonido que detonara el mínimo placer que sentían, valiéndoles en lo absoluto el hecho de que aquello era un acto condenado, herético en su totalidad. Lo repetirían cien veces, mil veces, tantas como su resistencia física se los permitieran

Y continuando con ese marcado ritmo, no tardaron en llegar al mutuo orgasmo: Angwyn manchó sus vientres mientras Alasdair inundó las entrañas de su semilla

Permanecieron en tal postura hasta que el más joven tuvo la fuerza para salir, y al hacerlo, se acostó de inmediato, siendo acompañado al segundo por el pelirrojo, quien lo abrazó y besó con dulzura para culminar el acto

Ya había dejado de llover

Por supuesto que el camino de regreso fue bastante difícil: Angwyn no estaba en condiciones de montar, así que tuvo que recostarse en sus piernas y encima de un único caballo; algún sirviente regresaría por el otro más tarde

Enseguida el pequeño se durmió, disfrutando de la cuna que improvisadamente le había sido ofrecida. Fue cuando tuvo la oportunidad de contemplarlo: estaba tan tranquilo, reflejando en su gesto paz, alegría, satisfacción y emoción… pero esa nostalgia, esa melancolía, esa tristeza que dejaba un vacío en la boca de su pecho no desapareció, y al mismo tiempo, le daba a su aspecto la perfección que le caracterizaba… no sabía cómo sentirse frente a eso: provocaba ternura combinada con pesar… con desconsuelo… con un "algo" que se tragaba y escupía todas las emociones amables que podía tener…

Fue en eso que encontró su firme convicción de permanecer siempre junto a él, sin importar las consecuencias, importándole una mierda si aquella tristeza intentaba absorberlo

Era perfecto así, lo amaba así, y por eso se quedaría tanto con él, como con su hermana

Los tres juntos para siempre, de ese modo se había decidido