Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"
Capítulo II
...
Be.-
...
- ¿Estás segura de querer aceptar este trabajo?.- mi madre me miró con preocupación.
Era una prueba autoimpuesta para dejar mis recuerdos dolorosos en el pasado. Mi padre ya no estaba con nosotros hacía exactamente 10 años. El mismo diagnóstico que la que sería mi paciente, un maldito cáncer detectado en último momento…
Era una mezcla de situaciones que me llevaban a tomar éste nuevo desafío. Estaba mi hija, este pequeño pedacito de cielo en mis brazos. Era una necesidad verla crecer día a día sin perderme detalle. Y al mismo tiempo, poder darle un futuro mejor… Y por último, era la responsabilidad interna que sentía de poder brindarle todo a aquella persona, que no había podido ofrecerle a mi padre, a Charlie
- Estoy segura mamá.- contesté al fin
- En el momento que te sientas superada por esto. Quiero que tengas la confianza para decírnoslo.- opinó Phil, que hasta el momento había estado en silencio.
- Voy a estar bien. Lo sé, pero gracias.- le sonreí
- ¿Y quienes son?.- fue el turno de mi hermana
- Mañana conoceré al amigo de Anne. Por lo que sé, ella es la única conexión que tienen con Forks, así que nadie tiene referencia de ellos
- Entonces creo que es momento de dormir, para que mañana estés descansada.- mi madre no estaba totalmente de acuerdo
- Mamá.- me levanté con Elissa en mis brazos y me acerqué hasta ella.- Esto no me va a afectar en forma negativa… Será todo lo contrario, algo me lo dice.- intenté calmarla
- Voy a confiar en tu juicio. Adiós mis amores.- besó mi frente y luego la de mi hija
- Bella.- Phil me inclinó en su asiento.- Sé que aun existe ese sentimiento de culpa en ustedes por lo que pasó con tu padre.- nos miró a Rose y a mí.- Pero no es así. Lo que pasó no estaba en sus manos. Sólo fue una mala jugada de la vida, pero tienen que entender que no había nada que pudiesen hacer para evitarlo.
- Mi padre murió feliz.- acotó Rose
- Es eso lo que deben recordar siempre.- finalizó.- Descansen.- se despidió y siguió a mi madre.
- Yo igual me iré a dormir.- Rose besó a mi hija y a mí.- Yo era más pequeña, pero sé que tu, mamá y Phil hicieron todo por ayudarlo
Sonreí a sus palabras. La vida era tan extraña y tenía tantas aristas… Mis padres ya no estaban juntos cuando su enfermedad se había declarado. Sin embargo, Phil no dudó un solo momento en permitirle a mi madre volver junto a nosotros a casa con mi padre y hacernos cargo de él hasta que el último momento llegara.
Lo admiraba. Si bien, la separación mis padres había sido tranquila y Phil jamás había tenido un desacuerdo con mi padre, me imaginaba que esa situación tampoco había sido muy fácil para él… Mi padre duró 2 meses con su cáncer. No había nada que hacer, solamente esperar… Y a pesar de todo, la espera había sido en paz para él. Más no para nosotros, yo me sentía en deuda con él, y eso era lo que quería saldar… Necesitaba saldar.
…
- Buenas tardes.- saludé al hombre que esperaba por mí en la única cafetería que aquí existía
- ¿Isabella Swan?.- asentí.- Mucho gusto. Soy Carlisle Cullen
- El gusto es mío.- me ubiqué frente a él y pedí un té
- Bien. Anne me comentó que haz aceptado la propuesta de trabajo. Y yo, en poder de eso, he avisado a mi familia que ya contamos con la persona que cuidará de Heidi
- Así es.- corroboré sus palabras.- ¿Es una señora la que será mi paciente?.- comencé con mis preguntas
- Señora en el cierto sentido de la palabra.- sonrió débilmente.- Ella es la esposa de mi hijo, Edward.
- ¡Oh! ¿Cuántos años tiene?.- había pensado sinceramente que sería alguien mucho mayor
- Heidi tiene 30 años.- mi cara fue un shock.- Lo cierto Isabella, es que esta ha sido una batalla dura para todos
- Me imagino.- asentí reflejándome en el dolor de sus palabras
- Mi hijo se casó muy joven con Heidi. Cumplían los 21 años ¿Tu edad, cierto?.- afirmé.- Luego de 3 años de matrimonio, ella comenzó con malestares. Un examen reveló que padecía un cáncer, en esa oportunidad fue detectado a tiempo
- ¿Desde ese tiempo ella ha combatido en esa enfermedad?.- pregunté alarmada
- No. Los médicos lograron detener el avance de la enfermedad.- contestó.- Pero hace aproximadamente cerca de 6 meses, volvió a presentar complicaciones… Se le hicieron nuevos estudios, y la conclusión fue lapidaria. El cáncer se había ramificado notablemente y… Ya no hay nada que hacer
- Pero… Hay adelantos y ustedes… Bueno, son personas de dinero.- susurré lo último
- El dinero no lo es todo.- volvió a sonreír con pena.- Heidi no continuó con un tratamiento constante. El médico había hecho hincapié en que debía realizarse 2 veces al año un chequeo minucioso… Todos creíamos que era así, pero la realidad era que ella creyó haber acabado con ese período nefasto de su enfermedad… Y no fue así. Hoy, sólo queda esperar
- Lo lamento.- dije de verdad.- Esto debe ser doloroso, sobre todo para su hijo
- Lo es.- apoyó.- Han pasado por momentos difíciles, se casaron a temprana edad… Pero él la ama y esto lo está matando. Descarga su frustración en su trabajo
- ¿Tienen hijos?.- no pude evitar pensar en mi Elissa ¿Qué sería de ella si a mi me ocurriera algo? ¿Y qué sería de mí al saber que me perdería su crecer?
- No.- dijo con amargura.- Ellos se casaron al saber que Heidi había quedado embarazada, pero perdió al niño pocos meses después. Otro duro golpe de la vida para ellos… Y bueno, luego de todo esto, el embarazo deseado nunca llegó
Seguimos conversando, parecía como si él necesitara desahogarse con alguien. Y yo lo escuché atentamente. Sintiéndome reflejada en su desconsuelo. Mis padres se habían separado a muy temprana edad para mí y mi hermana. Luego de 3 años, mi madre había iniciado una nueva relación sentimental con Phil. Y aunque eso me había dolido, él supo ganarse a pulso un cariño enorme… Él al tener sólo un hijo, suponía que ella había pasado más que ser su nuera, a una segunda hija. Y el dolor, era el doble.
- Anne me ha comentado que tienes una hija ¿Cómo se llama?.- inquirió pasados unos minutos
- Elissa.- hasta yo sentí el orgullo en mi voz
- Para ser una mamá tan joven, se ve que esa pequeña es tu vida ¿Cuánto tiene?
- Pronto cumplirá los 4 meses.- me miró extrañado
- Es pequeña.- musitó.- Isabella… ¿Eres… mamá soltera?
- En teoría sí, en práctica no.- sonreí ante su cara de desconcierto.- El padre de mi hija, estuvo presente en mi embarazo y cada día desde que esa pequeña llegó. Tenemos una muy buena relación
- Vaya.- susurró asombrado.- Creo que me he quedado en el pasado, creyendo que los jóvenes no eran capaces de llevar una relación pacífica luego de la ruptura
- Quizás los dos tenemos alma de viejos.- sonreí.- ¿Cuándo llegará mi paciente?
- Mañana. Ella, mi hijo y la prima de Heidi estarán aquí desde mañana. Su prima se ha hecho cargo de ella desde el inicio de su enfermedad. Es enfermera al igual que tú.- me informó.- Así que pasado mañana deberás presentarte
- Ok. ¿La señora Heidi sabe…?.- no supe cómo preguntar
- Heidi está al tanto de todo lo que le está ocurriendo.- contestó como leyendo mi mente.- Sin embargo, no sé si ha asumido que… va a morir.- sus ojos se nublaron con su última expresión
- Sea como sea, yo estaré ahí para ella.- traté de tranquilizarlo.- Sé lo que es vivir con alguien que si bien conoce todo lo que está viviendo, no tenemos certeza si asume su total desenlace. Mi padre también falleció de cáncer.
- Es la peor enfermedad que pueda existir.- comentó perdido en sus pensamientos
…
- Entonces sólo tendrás que cuidarla durante el día.- repitió James todo lo que le había dicho
- Así, es. Tendré permiso para venir a alimentar a Liz y luego volver cuando me desocupe. En realidad, mi trabajo será básicamente suministrarle sus medicamentos. Además su prima es enfermera y ella estará al pendiente de la señora cuando no esté o el resto de las horas
- ¿Cómo está nuestra pequeña?.- cambió de tema
- Aquí está, despierta totalmente.- sonreí al verla mover sus ojitos a todos lados y sus manitos como tratando de tener total atención
- La extraño.- murmuró James con su voz apagada
- Lo sé, ella también te extraña. Pero pronto estarás por acá
- Quizás deberíamos haberlo intentado nuevamente Bella. De esa forma las tendría conmigo todo el tiempo
- James.- suspiré.- No podíamos intentar algo que sabíamos no resultaría. Yo viví a los pocos años con el peso de unos padres separados. Prefiero que mi hija crezca teniendo certeza de eso, y que no sea un golpe duro para ella cuando ya tenga conocimiento de lo que pasa a su alrededor
- ¿Qué fue lo que nos pasó?.- preguntó lo mismo que hacía desde que supimos que Elissa llegaba a nuestras vidas
- A veces el amor no es eterno.- respondí igualmente como siempre.- Pero el cariño lo es. Yo no me arrepiento de nada
- Yo tampoco.- concordó
Seguimos conversando sobre sus estudios, nuestra hija y mi nuevo trabajo. Si bien, a veces me ponía a pensar en que quizás deberíamos haberlo vuelto a intentar, prontamente mi cabeza me daba la respuesta. Ya no había amor entre nosotros, quedaba un cariño de amigos, de hermanos… Y eso no era razón suficiente para seguir adelante.
…
Ed.-
...
- Heidi ha quedado en su habitación.- informó Alice
- Estaré pendiente.- contesté lo que quería oír
- Yo también.- se plantó frente a mí con sus brazos cruzados.- Por mi trabajo debo marcharme inmediatamente. Pero que eso no te ponga muy contento Edward.- añadió cuando sonreí.- Estaré al tanto de todo lo que pase con mi hermana
- Traduzco "Estaré vigilando tus pasos, Edward".- agité comillas en el aire
- Me importa muy poco lo que hagas Edward. Por lo único que yo velo es por mi hermana, y lo único que te pido es que a tus amantes no las traigas bajo el mismo techo que ella. Ten un poco de respeto en eso al menos
- Mis amantes.- repetí en tono burlón.- No te preocupes querida cuñada. Eso no pasará
- Estoy segura que no, pero no por ti; sino por la seguridad que me da tener a Ángela aquí.- quise reírme de su aseveración, si tan sólo supiera
- Claro.- murmuré
- Es hora Alice.- informó Jasper entrando a la sala.- Te informaré todo lo que pase con los negocios Edward
- Eso espero.- contesté. Le había cedido todos mis negocios a Jasper mientras me encontrara en este pueblo
- Puedes contar con ello. Nos vemos Edward.- se despidió y salió
- Mi hermana es lo único que me queda.- Alice se acercó hasta mí.- A esta altura lo único que puedo pretender es que sus últimos días sean tranquilos
- Eso es, para tu asombro y el mío, la exclusividad que tenemos en común
- Entonces, haz que se note.
- Me vas a odiar hasta cuando estés en el lecho de tu muerte.- afirmé, no pregunté
- Te odié desde el día en que comenzaste a matar a mi hermana.- me envaré en mi lugar.- Las verdades duelen Edward, pero sabes perfectamente que tú eres el causante del constante dolor de ella… Su enfermedad, solo ha sido un añadido más a la mísera vida que le haz sometido desde que te casaste con ella
Se dio media vuelta y salió de allí. Sus palabras ya no dolían, pero carcomían en cierto modo. Ella tenía razón en todo lo que había dicho, yo era el culpable de muchos dolores de mi mujer… Nos habíamos casado enamorados, sin duda alguna, ella era en esos momentos la mujer que quería para toda mi vida. Pero había venido la pérdida de nuestra hija y todo se había vuelto un oscuro sueño.
Yo estaba pronto a recibirme, y trabajaba en las empresas de mi padre para irme ambientando a lo que sería mi futuro. Me enfrasqué en el trabajo para apaciguar la tristeza de nuestra pérdida, y sin darme cuenta, nuestro amor comenzó a perderse en el tiempo. Ella siempre esperó, siempre soñó en que yo volviera un día a la pequeña casa que compartíamos en ese entones y fuera el mismo de antes…
- ¿En qué piensas?.- Ángela pasó sus brazos por mi cintura e intenté alejarme.- Tranquilo. Alice y Jasper ya se han ido
- Igualmente hay que tener cuidado.- dijo sin emoción
- Lo que tú digas.- repartió besos por mi espalda.- Alice me ha organizado un cuarto cerca del cuarto de Heidi
- Para que estés pendiente si necesita algo
- Creí que compartiríamos cuarto.- su tono fue serio y quitó sus manos
- Ángela.- froté mis ojos y la enfrenté.- Heidi no estará todo el tiempo en esa cama. Ella ha estado débil por las últimas complicaciones, pero sabes perfectamente que hace su vida casi normal
- Pero Edward…
- No voy a arriesgarme a que nos descubran. La traje acá para que esté tranquila
- Entonces no encuentro el punto de haber venido hasta este mugroso pueblo.- se enderezó haciendo frente
- Estás aquí para hacerte cargo de Heidi, tu prima.- le recordé con un poco menos de paciencia
- Sabes perfectamente que eso es una fachada para el resto.- escupió molesta
- No del todo. Tú eres su enfermera de cabecera, y si haz venido es también por ella
- Genial.- masculló y no impedí que se fuera dando grandes zancadas
Comencé a subir las escaleras sin ánimo alguno. Y sin pensar en qué hacía, mis pies me llevaron a la habitación de mi mujer, mi esposa… Entré sin hacer un solo ruido y me senté frente a su cama… De a poco fui subiendo mi mirada, hasta encontrarme con una mujer diferente a la que me había casado… Su piel blanca, había adoptado una tonalidad amarilla. Sus ojeras eran pronunciadas, y sus labios resecos. Su cuerpo ya no poseía esas curvas que me habían hecho el ser más envidiado en nuestros años de universidad…
Mis dedos ya no podían perderse en su maraña caoba, que había sido mi desesperación cuando tantas noches nos fundíamos en uno sólo… Ella ya no era la mujer que me había hecho perder la cabeza tantas veces. Mucho menos, era quien me había gritado tantas veces por un minuto de mi tiempo, cuando las cosas ya no marchaban; sino que se arrastraban…
Y era ahí donde entraba mi dicotomía interna. Porque no era ella, pero al mismo tiempo lo era. Era la única que me había hecho feliz, y la única con el poder de hundirme en el dolor. Ya no era quien ocuparía nuestra cama, pero la única que lo hubiese hecho hasta mis últimos días. Era la única mujer a la que había amado con mí ser, y la única hasta el final. Aun cuando, ya no existía nada en mí
- ¿Edward?.- miré a Ángela en el umbral de la puerta.- Tu padre está al teléfono
- Voy.- acoté y esperé a que saliera
Me acerqué vacilante a mi mujer. Toqué con mis nudillos su piel fría, un recordatorio constante que ese sería su camino pronto… Bajé mi cabeza hasta la altura de sus labios y deposité un casto beso allí. Cerré mis ojos e intenté sentir, percibir algo de lo que alguna vez fue, pero allí no quedaba nada. Sólo dos cuerpos, sin nada.
…
Salí de la ducha y me encaminé a buscar mi ropa de dormir. La cabeza se me partía y lo único que necesitaba era descansar. Mi padre había confirmado que el día de mañana estaría la nueva enfermera en casa… Estaba recogiendo las cobijas para tumbarme, cuando la puerta de mi cuarto se abrió. No tuve que voltear para saber quien era.
- ¿Qué haces aquí?.- dije seco
- No puedo dormir.- susurró con un tono sugerente
- Lee algo, pon una película. Supongo que puedes arreglártelas, así como lo haz hecho todo este tiempo.- me recosté y tapé mi cuerpo hasta la cintura
- Pero todo este tiempo no tenía la tortura de tenerte tan cerca.- se sentó en el borde de mi cama y su camisón reveló sus largas piernas
- Sobrevivirás.- tajé y me voltee con el propósito de dejarle claro que no estaba de ánimos para compartir mi cama.- Buenas noches
Sentí la cama hundirse más y las cobijas ser desplazadas. Mi paciencia estaba rozando la delgada línea de lo aceptable, y en la oscuridad llevé mis dedos hacia el puente de mi nariz para intentar calmar mi mal humor… Ángela entendió mal mi mutismo y su mano se coló por mi cadera hasta mi miembro. Sus ágiles dedos comenzaron a acariciar mi dormida longitud con maestría.
- ¿Ves? Tú también me extrañas.- susurró en mi oído. Su mano intentó apartar lo muralla que era mi boxer y me agoté
- Estoy cansado.- sisee.- Y no tengo ánimo
- Tu cuerpo me dice que sí.- en efecto mi cuerpo había reaccionado, pero la mente estaba sobre el cuerpo
- Pero mi cabeza está gritando que salgas de acá.- quité su mano con rudeza de mí
- ¿Qué es lo que te pasa?.- elevó su voz y se sentó a mi lado
- Ángela…- intenté dialogar con ella
- ¿Es que acaso tu conciencia ha despertado luego de todos estos años?.- dijo irónica.- ¿Te haz vuelto a enamorar de ella? ¿De tu esposa?
- Basta.- hablé entre dientes
- ¡No! Estoy harta de todo esto.- tomó mi hombro con fuerza y me volteó hacia ella.- Esto no es solamente cuando tu quieres. Es cuando yo también lo decido
Sin esperar más, bajó mi ropa interior y su boca se adueñó de mi ya muy despierto miembro. Con sus estímulos, olvidé todo y me dejé llevar. Con rabia e impotencia por mi debilidad, tomé su cabeza y guié a mi ritmo su boca en mí para mi placer… Ya no tenía conciencia, ya no amaba y tan sólo sentía. Era un hombre, pero eso no era excusa. Era un monstruo sucumbiendo al placer carnal…
- Tómame.- gimió Ángela y se separó de mí.
A tientas en la penumbra abrí el cajón de mi mesa de noche y saqué el papel plateado que brillada con la luz que se colaba por la ventana. Me lo puse y la voltee con fuerza hasta quedar con su espalda fija sobre el colchón.
No hubo caricias, ni besos, ni contemplaciones. La penetré con furia y sin detenerme a pensar si ella estaba sintiendo placer. Sus gemidos me bastaban para saber que tan mal no estaba haciendo las cosas. Tapé su boca y enterré por sobre su hombro mi cara en la almohada. Un gruñido casi bestial salió de mí cuando alcancé mi máximo punto… Ángela tomó mi cadera y me meció unas cuantas veces más hasta alcanzar su orgasmo…
- Exquisito.- susurró cuando salí de ella y me tumbé a su lado
- Vuelve a tu cuarto.- fue mi única respuesta
- Hasta mañana mi amor… Algún día no saldré más de aquí.- susurró y se fue
Me obligué a no pensar. Tomé mis pastillas y en poco tiempo estuve lejos de aquí… Lastima que mi subconsciente aun no perdía todos los vestigios de la vergüenza, el pudor y la conciencia…
…
El dolor de cabeza era un compañero constate en mis días, acentuándose por las mañanas. Bajé corriendo los peldaños para llegar hasta la cocina. Ni siquiera miré la sala, hasta que una voz desconocida me detuvo.
- Buenos días.- me voltee hacia la dueña de la voz
Una chica estaba allí, que jamás había visto. Me observaba curiosa y notoriamente nerviosa. Su cabello estaba amarrado en una perfecta coleta, y vestía las ropas típicas de una enfermera ¿Era ella?
- ¿Cómo ha entrado?.- cuestioné sin ver rastros de Ángela
- Supongo que usted será el Señor Edward Cullen.- asentí.- Su padre me ha dado una llave. La ocupé luego de haber golpeado por media hora. Hace frío afuera
- Ok.- contesté.- ¿Usted es…?
- Isabella Swan.- se acercó y extendió su mano hacia mí. Como autómata la tomé y sentí una sensación extraña, que debió ser percibida por ella, ya que la retiró inmediatamente
- Buenos días.- ambos miramos hacia Ángela que bajaba las escaleras
- Buenos días.- saludó ella y se acercó hasta Ángela, quien tomó su mano como si fuera un insulto
- ¿Quién eres?.- la increpó sin ocultar su tono de voz agrio
- Ella es Isabella Swan. La nueva enfermera de Heidi
- ¡Oh!.- la recorrió con la mirada de arriba abajo.- Bueno, entonces será mejor que me acompañes. Tu trabajo es con mi prima
- Claro. Permiso.- añadió hacia mí. Me observó un momento y siguió a Ángela
Seguí mi camino hacia la cocina. Tomé una copa y me serví un jugo de un solo trago. Mi padre no me había hablado de la nueva enfermera, pero siempre tuve la sensación que sería una mujer mayor, no ella… No alguien joven, demasiado joven… Alguien con esos ojos suspicaces, con ese cabello que parecía ser largo y sedoso…
- ¿Impresionado?.- la voz filosa de Ángela me sacó de mis estúpidas cavilaciones
- ¿Por qué tendría que estar impresionado?.- contesté huyendo de responder
- Las últimas enfermeras podían haber sido tu madre. Ésta podría ser tu amante.- se apoyó a mi lado y esperó que la observara
- Deja de decir incoherencias ¿Quieres? Ella, ha diferencia de lo que tu piensas que estás aquí, viene a hacerse cargo de Heidi
- ¿A diferencia de qué? ¿Eso quiere decir que me haz traído solamente para cumplir mi rol de enfermera?
- Ángela, sabes perfectamente por qué estás aquí
- Dímelo.- tomó mi brazo y me impidió moverme
- Porque estás conmigo.- respondí con las ansias de poner mis ojos en blanco
- Entonces es tiempo que comiences a demostrarlo Edward.- ronroneó acariciando mi brazo.- Soy tuya, desde siempre. Necesito que no me apartes, porque me puedo aburrir
- Sólo te pido discreción.- opté por no responder a lo que ella decía
- Y yo sólo pido más consideración.- besó la comisura de mis labios.- No por nada, he estado contigo por 7 años. Me he arriesgado por ti Edward, por lo nuestro. Y creo que merezco algo mejor
Asentí sin pronunciar palabra y la besé
...
Be.-
...
En cuanto la mujer salió del cuarto, fruncí el ceño. No había que ser adivina para saber que me había azotado con la mirada, y me había analizado durante todo el camino hasta la habitación de su prima… Ni siquiera me había dado alguna indicación, tan sólo me había abierto la puerta y había desaparecido ¿Así trabajaban las enfermeras de la ciudad? No lo creía, y era obvio que no ¿Entonces?
Me voltee y mi corazón dio un vuelco. La imagen de mi padre fue lo primero que vino a mi mente al verla a ella allí. Las mismas características de él, estaban grabadas a fuego en esa chica. Pero esa era la mayor diferencia, ella era una chica… No había recorrido ni la mitad del camino que había llevado mi padre…
Sus ojos comenzaron a abrirse. El Señor Cullen me había dicho que hacía pocos días había salido de una fuerte recaída. Y había tenido que ser sometida a múltiples tratamientos, así que se encontraría un poco desorientada.
- Hola.- me acerqué hasta ella
- Hola.- respondió con su voz rasposa
Me acerqué a la mesa de noche y tomé una copa para acercarla a sus labios. Como pude me las arreglé para elevarla un poco e impedir que pudiese ahogarse con ella. Cuando bebió un tanto, musitó un gracias y la volví a recostar.
- ¿Eres la nueva… enfermera?.- su voz era suave
- Así es. Me llamó Isabella Swan, pero usted puede llamarme Bella.- sonreí
- Me gusta Bella.- me sonrió de vuelta.- Yo soy sólo Heidi… nada de usted y… señora.- hacia pequeñas pausas al hablar
- ¿Prima?.- miré a la mujer anterior abrir la puerta y correr a su lado.- Que bueno que ya despiertas. Haz pasado dormida casi todo el tiempo
- ¿Ya estamos… en Forks?.- consultó al mirar a su alrededor
- Ajá. Llegamos ayer, pero tú aun seguías bajo los efectos de las medicinas
- ¿Y Alice?
- Se he marchado ayer mismo con Jasper. Sus obligaciones no le permitieron quedarse más tiempo
- ¿Y Edward?.- consultó esta vez
- Está terminando su desayuno. Vendrá enseguida Heidi.- la mujer se giró hacia mí.- Todo lo que tienes que saber está señalado en esa libreta.- señaló un cuaderno sobre una mesa
- Lo tendré en cuenta.- se volteó para marcharse.- Si necesito algo ¿Puedo acudir a usted?.- pregunté antes que cruzara la puerta
- Si Carlisle te contrató creo que sabrás hacer tu trabajo de la mejor manera posible.- escupió y se marchó
Me quedé de piedra. No esperaba tal recibimiento, de hecho pensaba que seríamos una especie de equipo al cuidado de la paciente que debíamos cuidar. Era su prima, pero de igual manera, ella estaba cumpliendo una labor allí. Heidi parecía no haberse dado cuenta de nuestro pequeño diálogo incómodo, o eso creí.
- Ángela no es mala.- sonrió débil.- Ella sólo intenta mantener… a toda posible amenaza alejada
- ¿Amenaza?.- pregunté aturdida
- Por mi marido.- sonrió con sus ojos adormilados.- Es mi única prima… y cuida de mis pertenencias… en forma sagrada
- Entiendo. Bueno, no tiene de qué preocuparse conmigo.- aclaré.- Estoy aquí por us... por ti Heidi. No soy una cazafortunas o algo parecido.- bromee
- ¿Eres soltera?.- dispuse una silla junto a su cama
- Si, soy soltera.- respondí
- Eres… muy bonita. Tienes que tener… muchos admiradores.- sonreí ante ella
- La verdad no lo sé, y si los tuviera, creo que se espantarían.- me miró algo extrañada.- Soy mamá.- añadí para esclarecer mi punto.- Tengo una hija de 4 meses
- ¿De verdad?.- sus ojos brillaron ante la mención de mi hija y quise golpearme por ser tan despistada.- Yo también… estuve a punto de tener una hija… pero la perdí
- Yo…- mi mente intentaba procesar mil formas de salir de ese embrollo. Su rostro había pasado de la ilusión a la tristeza
- Buenos días.- saludó alguien. Era su esposo, Edward
- Hola.- le sonrió ella. Su rostro era sólo amor para él.
Me levanté de mi lugar y se lo cedí a él. Tomé la libreta y comencé a leer los apuntes que allí había sobre sus medicamentos, y demás cosas que debía tener en cuenta para su cuidado. Estando de espalda a ellos, mi mente voló a mi llegada. Cuando habíamos compartido ese pequeño saludo de mano, mi piel hormigueaba… Me asusté, ante esa sensación desconocida y extraña.
- Creo que los medicamentos aun tienen efecto en ti.- la voz del esposo se endureció
- No, es solo…- ella intentó hablar algo, pero él duramente la cortó
- ¡Ya basta, Heidi!.- me voltee nerviosa por la situación.
- Lo siento.- susurró su mujer acongojada. No contuve mis pasos y me acerqué a ella
- Tranquila.- le susurré cuando la vi alterada y con sus ojos llorosos
Toqué su mano y la acaricié repetidas veces, hasta que su respiración se normalizó. Poco a poco sus ojos volvieron a cerrarse, y cayó en un profundo sueño… Verifiqué todos los medicamentos que estaban siendo traspasados a ella y volví a mi lugar anterior para seguir leyendo la libreta.
Lamentablemente no lograba concentrarme en los datos que allí se encontraban. Me sorprendía que él le hablara así a su mujer, viéndola en el estado que se encontraba. No podía evitar cierta impotencia al no poder decir ni hacer nada. Él era su marido, la persona que más debía comprenderla, y actuaba de esa forma…
- ¿Qué le ha dicho mi mujer?.- me giré hacia él. Me observaba serio y su voz era tosca
- Sólo mantuvimos una corta conversación
- ¿Sobre qué?.- insistió endureciendo más su tono
- Hablamos de mí.- estaba poniéndome nerviosa su tono autoritario. Sin embargo, me obligué a no demostrarlo
- Cuando yo pregunte algo, quiero respuestas concretas.- asentí cohibida.- Cualquier tema sobre niños está prohibido en esta casa ¿Queda claro?
- Yo…- caí en cuenta que su molestia era debido a mi comentario. Seguramente ella había hecho alusión a aquello y eso lo había irritado
- ¿Queda claro?.- repitió interrumpiendo mi disculpa
- Si.- murmuré temerosa
- Eso espero.- se acercó a mí.- Yo pago tu sueldo, y yo puedo dejar de hacerlo. Aquí se hace lo que yo digo y se dice hasta donde yo lo ordeno. Al que no le gusta, la puerta es ancha
No tuve palabras para responder a su ataque. Entendía su molestia al haber cometido el error de hablar sobre mi hija, pero su molestia estaba sobreexagerada, según yo… ¿O acaso su amenaza se extendía más allá de lo que yo podía percibir?
...
Continuará...
¿Y? ¿Algunas dudas se han aclarado?
Espero que sí. Como dije, no dejé Prew porque tenía el capítulo listo hace tiempo
Desde el otro les regalaré un adelantillo por ahí
Pam3
Muchas gracias a Lynn- moniita- Andy- Cristina y Jessica
Son unos amores, y gracias por dejarme sus opiniones. A mis demás chicas, ya les contesté
Besitos
Pam3
