Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"

Capítulo III

...


Be.-

...

- Quisiera poder hablar con usted.- le pedí a Edward, intentando que mi sutil petición alertara a Ángela, que sólo era con él

- Cuéntame.- dejó los papeles sobre el escritorio y se giró a mí

- El Hospital está celebrando su aniversario…

- ¿Quieres días libres cuando llevas una semana trabajando?.- chilló ella. Quise responderle con mi peor palabrería, pero me abstuve

- No, no es eso.- le encaré y me giré a Edward, dándole la espalda a ella.- En esta semana, la señora Heidi ha estado mucho mejor

- Lo sé.- dijo él y cruzó sus brazos sobre su pecho

- Bueno, como le decía está de aniversario y harán múltiples actividades. Y como la señora ha estado mejor, me gustaría llevarla

- ¡Excelente!.- gritó jubilosa Ángela. Ni siquiera la miré. Edward observaba con su ceño fruncido

- No creo que sea buena idea.- acotó. Ángela se movió rápidamente a su lado

- Edward, es una excelente idea. A Heidi le hará muy bien salir de aquí.- su entusiasmo me gustó. Por primera vez estábamos de acuerdo en algo

- Ángela.- comenzó él y tomó el puente de su nariz.- Hace sólo una semana, ella no tenía fuerzas para nada, no creo…

- Tú lo haz dicho, fue hace una semana. Te apoyo Isabella, es una muy buena idea

- Usted podría acompañarnos si quisiera.- ofrecí, viéndola tan positiva

- Lo siento, pero ese es tú horario. Yo tengo muchas mejores cosas que hacer.- me cortó y ahí se esfumó el poco aprecio que se había ganado en estos momentos

- No lo sé.- musitó él, analizando todo

- Heidi irá.- decretó Ángela y fruncí mi entrecejo por su actitud demandante.- Nos vemos después.- se puso de puntillas y besó la mejilla de Edward

Miré al piso y en esa posición, dejé a mi rostro expresar perplejidad por su comportamiento subiendo mis cejas significativamente. De no ser por el vínculo que compartía con la señora Heidi, hubiese pensado cualquier estupidez. En esta semana, había notado la excesiva cercanía que había entre Edward y Ángela, el poco interés o responsabilidad que Ángela le daba a su trabajo al cuidado de la señora, y por último, la autoridad que ejercía en todo ámbito. Lo que era realmente desconcertante.

- ¿Cómo piensas llevarla?.- levanté mi mirada ante la voz de él

- He solicitado una silla de ruedas para poder desplazarla con mayor libertad; y así mismo he pedido una ambulancia para trasladarla más cómodamente

- Veamos.- tomó su barbilla pensando.- ¿Entiendo por eso que habías tomado decisiones sin consultarme?.- espetó con tono gélido

- No.- su postura me intimidaba, pero traté de no reflejarlo.- Simplemente me adelanté a los hechos

- ¿Y cuales serían los hechos, según tú?.- ironizó

- Que usted permitiría a su mujer salir del encierro por el bien de su salud física y mental. Lo he hablado con un psicólogo amigo, y me ha planteado que es bueno para ella cambiar de ambiente.- su rostro se contrajo, pero quedó con sus acusaciones sepultadas

- Si algo le llega a ocurrir, ten por seguro que serás la única responsable. Y me encargaré personalmente de hacértelo saber.- su dedo indicaba ferozmente hacia mí

- Me aseguraré que no le pase nada. Y le garantizo desde ya, que a su regreso estará mucho mejor de lo que hasta ahora, encerrada aquí. Con permiso

Me escabullí antes de que pudiera responder a mi tenue atisbo de acusación que le había brindado. Sabía que eso era jugar con fuego, pero era mi deber resguardar el cuidado de Heidi, y si para eso, debía hacerle saber sus errores… entonces que así fuera. Él era demasiado frío con su mujer, lo entendía en cierto modo, pero esperaba que mis acciones le hicieran recapacitar, antes de que fuera demasiado tarde.

- Isabella.- detuve mis pasos al llamado de Ángela

- Dime.- sus ojos relampaguearon al escucharme hablarle de tú

- Wow.- expresó, pero agitó su mano en el aire y una radiante sonrisa reemplazó su anterior mueca.- ¿Desde qué hora te llevarás a Heidi?

- Las actividades comienzan temprano…

- Necesito saber con exactitud cuantas horas estará… estarán fuera.- se corrigió

- No lo sé, depende de cómo se sienta ella.- contesté intentando ver el trasfondo de su interés

- Ok. Quiero que llames antes de que regresen.- exigió

- ¿Cómo?.- inquirí no entendiendo su petición

- Llamar, teléfono, informar ¿Tengo que explicarte con manzanas?.- quise poder golpearla. Era una mujer tan desagradable y bipolar

- No se preocupe. Llamaré.- corté la conversación y pasé por su lado

Terminé de hacer mi trabajo con Heidi, hasta darle sus últimas medicinas. Estos días me encargaba de darle hasta la última medicación que debía recibir por obligación médica durante el día. No desconfiaba de Ángela, pero prefería asegurarme que Heidi recibiera todas sus medicaciones, antes que por algún descuido faltara alguno primordial… Y aunque intentaba no pensar mal, me asombraba que Ángela ni siquiera hubiese hecho comentario alguno.

- ¿Ya te vas Bella?.- me voltee hacia Heidi y le sonreí

- Si, ya he terminado.- ella me devolvió la sonrisa, pero noté un deje triste en ella.- ¿Qué pasa?

- Es sólo que cada vez que te vas, me quedo dormida rápidamente.- suspiró.- Y me gustaría poder disfrutar más de cada día que pasa.- mi garganta se apretó

- Mañana estaré de vuelta temprano.- le aseguré para dejarla tranquila.- Y le tengo una sorpresa, así que la quiero con el ánimo por las nubes.- exclamé con entusiasmo

- ¿Qué cosa?.- consultó ella, con un brillo especial en sus ojos

- ¡Oh-oh! Me temo que es una sorpresa. Así que intente dormir luego para que esté relajada para nuestro largo día de mañana

- Lo haré.- sonrió y se acomodó en su cama.- Cariños a tu hija, Bella

- Se los daré.- besé su frente.- Dulces sueños

Me despedí, tomé mis cosas y salí de allí.

- Viajaré el fin de semana.- me declaró James a través del móvil

- ¿Puedes hacerlo?

- Por supuesto, quiero ver a Liz. No aguanto más.- suspiró con nostalgia

- Te entiendo, pero no quiero que dejes tus responsabilidades de lado.- apremié

- Cualquier sacrificio vale la pena. La extraño demasiado Bella.- confesó y sonreí con pena al escucharlo

- Ella también te extraña.- le respondí, tocando la barriguita de mi bebé, quien se deshizo en gorjeos.- ¿La escuchas?.- puse el móvil a su altura, y como si hubiese sabido, siguió emitiendo ruiditos

- ¡Dios! Desearía que pasaran rápido las horas y los días.- gimoteó una vez cogí el móvil nuevamente

- Te iremos a recoger al aeropuerto.- expuse.- Cuando veas a una señorita toda rosa, sabrás que es ella.- me reí

- ¿Está grande?.- cuestionó

- Mucho, y demasiado despierta para su edad.- miré a mi bebé que intentaba tomar mi blusa.- Y demasiado hambrienta también.- lo escuché sonreír

- Entonces no la hagamos esperar por su comida. Las veré en unos días Bella. Las extraño.

- Nosotros igual, y estaremos contando los días. Un beso James, cuídate.- corté la llamada

- Papá vendrá a verte.- le hablé a mi bebé, que movió sus manitos ansiosamente.- Sí, vendrá a ver a la princesa ¿Quién es la princesa?.- me moví de tal forma que quedé con mi barbilla a la altura de su vientre

- Gracias Bella, yo también te quiero hermana. Y sé que soy tu princesa.- se mofó Rose que venía entrando a mi habitación

- Lo siento, pero tu trono ha sido ocupado por otra señorita ¿Verdad?.- le hice cosquillas a mi bebé y soltó exquisitas risitas

- ¡Ow! Amo cuando hace eso.- gimió Rose.- Bien, Emmett viene a ver a Liz y mi madre dice que la comida está lista

- Le daré de amamantar y bajaré enseguida.

- Ok.- mi hermana salió y tomé a mi bebé en mis brazos. Desenfundé mi blusa y mi sujetador, y ella se volvió loquita

- Ya voy, ya voy bebé.- me reí de su impaciencia.- Ahí sí.

Su boquita se prendió a mi pecho y succionó con fuerza, provocando un pequeño dolor, pero reemplazado por la maravilla de verla disfrutar de la unión que nos rodeaba. Mi mente voló a Heidi, cada día al despedirme me pedía darle saludos o besos a mi bebé, y no podía dejar de sentirme agradecida de poder vivir esto, la maternidad. Podía ver que ella lo anhelaba, y una congoja me azoraba al sentir su dolor por no poder llevarlo a cabo.

Los ojitos de mi hija nunca se cerraron, parecía que tenía la plena certeza que alguien la esperaba en el piso inferior. La puse sobre mi hombro y acaricié dando pequeñas palmaditas en su espalda para botar sus gases, sabía que Emmett era poco delicado, y acabaría por hacer vaciar el estómago de mi bebé con sus movimientos y abrazos excesivos.

- Hola.- saludé cuando bajé. Emmett se paró como resorte y la cogió.- Acaba de comer, así que no la sacudas tanto.- le advertí

- No hay problema, estoy igual. Así que si tu me vomitas, yo haré lo mismo.- amenizado a mi pequeña que tomó su enorme dedo y comenzó a jugar con él

- Nos seas tonto Emmett.- mi hermana rodó sus ojos.- ¡Ay! Te ves tan mono ¿Por qué no podemos hacer una igual?.- me reí de la cara de mi madre al entrar en la sala

- ¡Por sobre mi cadáver!.- anunció

- ¡Ew! No diga eso suegra.- la molestó Emmett con cara de asco.- No podría estar en términos íntimos junto a mi Rosi con usted en medio

- Gracioso.- masculló Renée.- ¿Cómo te fue hoy hija?.- se volteó a mí

- Bien. Mañana llevaré a la señora Heidi a las actividades del hospital

- ¿El cara de limón te dio autorización?.- preguntó anonadada mi hermana. La miré molesta, ella tenía la costumbre de atribuirle apodos a la gente, y Edward no había sido la excepción, a raíz de mis comentarios sobre su frialdad y su carácter

- No lo llames así. No debe ser fácil para él.- la sermonee. Ella sólo agitó su pelo y su mano y se sentó al lado de mi hija en brazos de Emmett

- ¿Estuvo de acuerdo?.- cuestionó mamá

- Si, no sin antes dejarme claro que si algo le pasaba, metería mi cabeza en agua hasta ahogarme.- mi madre abrió sus ojos enormes.- Es broma.- le aclaré.- Pero me dejó claro que todo corría bajo mi responsabilidad

- ¿Y estás segura de esto?.- Phil se acercó y besó mi mejilla

- Le hará bien. Mike me ha dicho que es recomendable que cambie de ambiente

- ¿Te acompañará la otra enfermera?.- hice una mueca ante la pregunta de mi madre

- No. Ella dijo que tenía cosas más importantes que hacer.- los dos me miraron sin creer mis palabras

- Esa mujer quiere quedarse con el cara de limón.- comentó mi hermana desde el otro lado

- Es prima de Heidi, Rose. No tiene ningún interés en Edward

- La carne es débil Bella.- fue el turno de Emmett.- Además, es hombre. Y si no se le ha visto alguna compañía femenina y su mujer no puede… ¿O le quedan sus manos u otra persona lo ayuda?.- movió sus cejas sugestivamente. Rodé mis ojos

- No dejaré que me envenenen con su conjeturas erradas.- zanjé el tema

- Nos vemos, y trata de poner atención en tus lecciones ¿Quieres?.- le pedí a mi hermana, antes que se bajara del auto

- Si, claro.- respondió, pero estaba totalmente concentrada en su maquillaje, recoger su falda y arreglar su cabello

- Te recuerdo que vienes a estudiar, no ha pasearte en una pasarela de modelaje.- dije divertida

- El glamour se lleva en el alma querida.- besó mi mejilla y bajó.- ¡Hey! Cuida a tu paciente, sino Don limón te cortará todo lo que cuelgue en tu cuerpo y dejará a mi sobrina sin comida.- indicó mi pecho. Bufé y arranqué el auto

Mientras manejaba llamé a Sam-el chofer de la ambulancia- para acordar que en una hora más estuviera en la dirección que le había señalado. Sam había sido muy amigo de mi padre y siempre estaba ahí para nosotras… Mi mente viajó a tiempo pasado mientras conducía con una suave música. Mucha gente había odiado a mi madre por haber abandonado a papá, y habernos llevado con ella.

Recordaba cuando pasábamos tiempo junto a Rose con mi padre aquí en Forks, y la gente nos señalaba con su mirada, por supuestamente, haber coludido con mi madre para dejar sólo a Charlie Swan, quien era adorado y venerado por todos en el pueblo… Sin embargo, muchas de esos enjuiciamientos habían sucumbido cuando mi padre había enfermado, y habíamos vuelto con él para pasar sus últimos días a su lado.

Nunca me importó lo que la gente pensara, pero me dolía ver a mi madre salir de casa y volver con su semblante contrariado, y tener que esforzarse por componer una sonrisa sincera a mi padre… Cuando él había dejado este mundo, Rose y yo decidimos que queríamos seguir viviendo aquí, donde ya teníamos amistades y vidas formadas. Phil y mi madre, luego de haber conversado largamente y decidir afrontar las recriminaciones que llegarían, habían cedido a nuestra petición.

No había sido fácil, sobre todo, teniendo en cuenta que el amante, como le llamaban a Phil, se instalaría a vivir en la misma casa que fuese de mi padre. Pero Sam y su familia, junto a Anne, nunca nos habían dado la espalda. Y poco a poco la gente dejó de murmurar a nuestras espaldas y aceptó, que la vida seguía, aunque el dolor de la pérdida de papá se llevara por dentro.

Sentí mi móvil vibrar y los recuerdos quedaron relegados para otro momento. Miré la pantalla y fruncí el ceño al no reconocer el número. Estaba cerca de la casa Cullen, así que contesté creyendo que sería uno de ellos.

- ¿Bueno?

- ¿Isabella?.- preguntó la voz de una mujer que no me resultó familiar

- Si, ella habla ¿Quién llama?

- Isabella. No nos conocemos en persona, pero soy la hermana de Heidi, Alice.- me puse nerviosa ante su llamado ¿Habría hecho algo mal?

- ¡Oh! Si, ella me ha hablado de usted.- traté de sonar tranquila.- ¿Ha pasado algo?

- No, no. Sólo llamo para saber de la salud de mi hermana.- extrañé que su llamado fuera hacia mí.- Carlisle me dio tu número, así que espero no te importe

- No, no hay ningún problema. La señora Heidi ha mejorado considerablemente.- expliqué.- El día de hoy la llevaré al hospital para que pueda salir de casa, al menos un momento, y además pueda participar de algunas actividades ¿Está usted de acuerdo?.- pregunté con temor, quizás a ella no le parecería como a Edward

- ¡Es estupendo! Mi hermana necesita otros aires. Me alegra saber que está en buenas manos después de todo.- noté una suave insinuación en su comentario

- Ella aun no lo sabe, será una sorpresa. El señor Cullen me ha autorizado, así que en poco rato más estaremos allí

- Edward tiene que autorizar todo lo que conlleve a que mi hermana pueda sentirse mejor. Al menos que en eso tenga la dignidad de respetarlo.- escupió prácticamente con rabia

- Claro.- emití, sin querer involucrarme en recriminaciones a nadie

- ¿Ángela irá contigo? ¿O él?.- me mordí el labio ante su pregunta ¿Qué podía decir?

- Lo conversaremos cuando llegue a su casa. Ayer no tuvimos tiempo, pues le avisé en último momento.- mentí, sintiéndome podrida

- Bueno, estoy segura que él no irá. Siempre tiene cosas más importantes qué hacer. En cambio Ángela, ella siempre antepone a Heidi en sus prioridades.- me quedé en silencio ante su afirmación. No era muy de ese modo las cosas

- Por supuesto.- soné optimistamente falsa

Llegué al camino principal y disminuí la velocidad. No era muy buena combinación ir pendiente del volante y del móvil al mismo tiempo, así que lentamente ingresé hasta quedar situada un poco más alejada de la entrada.

- Isabella….- comenzó

- Llámeme Bella.- pedí, sentía muy formal nuestra plática

- Muy bien Bella. Y yo soy solamente Alice.- reímos juntas, pero luego se produjo un silencio.- Bella ¿Haz visto algo extraño en esa casa estos últimos días?.- su pregunta me tomó por sorpresa

- N-no…- respondí dubitativa. Había visto cosas poco normales en torno al poderío de Ángela y su trabajo mal realizado, pero algo me decía que ella no se refería a eso, y menos me sentía con el derecho de hacerlo saber

- Estoy segura que Edward no es la oveja que aparenta.- soltó y me quedé estática fuera de mi auto.- Bella, si haz visto algo. Te ruego que me lo digas… Nadie sabrá que fuiste tú quien me advirtió, pero necesito saber… Quiero que mi hermana muera tranquila, y que al menos ese… ese imbécil, la respete hasta que ella no esté. Sé que Ángela está al pendiente, pero él puede arreglárselas para despistarla.

Mi mente trabajó a mil por hora en ese momento. Ella me estaba pidiendo de cierta forma que vigilara los pasos de Edward… ¡Jesús! Ni siquiera lo lograba pensar con claridad. Entendía su punto, de querer ver a su hermana ajena a todo problema que pudiese alterarla, pero otra cosa muy distinta, era que me propusiera ser la espía de la casa y en especial del Señor Cullen

- Alice, entiendo su temor y sus anhelos.- comencé tranquila.- Pero no creo que eso corresponda a parte de lo que debo hacer en esta casa

- Lo sé, lo sé…- sonó abatida.- Lo siento Bella, es sólo que quiero lo mejor para Heidi, y él nunca ha estado en mis expectativas para ella… Es decir, nunca lo estuvo… Bueno, sí… pero todo cambió

- Le puedo garantizar que la señora Heidi estará en completa ignorancia, si se llegara a suscitar algún incidente que pudiera perturbarla.- fue lo más que pude ofrecerle.- Pero más allá….- dejé la frase inconclusa mientras entré a la casa, que estaba en total silencio

- Por favor Isabella, lo necesito. Y sobre todo necesito que esta conversación quede entre tú y yo.- suplicó. Suspiré y mordí mi labio con fuerza

- Entiendo su preocupación, pero yo estoy aquí para atender a la Señora Heidi…

- Esto también es parte de tu trabajo.- me cortó sin ser molesta.- Cuidar en todo sentido de su tranquilidad

- Eso es lo que hago, por ello no debe preocuparse.- intenté tranquilizarla y evitar responder a su petición

- Está bien. Tendremos oportunidad de hablar luego de ello.- soltó un suspiro resignado

- Hasta luego.- me despedí y escuché su respuesta, para luego cortar la llamada

Miré la pantalla de mi móvil unos segundos ¿A qué se refería con todo eso? Me constaba la relación distante que había entre Heidi y el Señor Cullen, pero lo justificaba con el dolor que debía sentir al tener la certeza que ella pronto lo dejaría para siempre… Como mi padre a nosotros… Suspiré y guardé mi móvil justo cuando llegaba al segundo nivel y quedé de piedra en el mismo sitio cuando lo vi…

- Buenos días.- saludé, sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo


Ed.-

...

- ¿Puedes retirarte, por favor?.- mi paciencia estaba agotada totalmente

- ¿Hasta cuando dormiré en otra habitación como una huésped?.- se paró a los pies de mi cama enfadada

- Te lo he dicho y lo vuelvo a repetir.- suspiré cansinamente y me senté en mi cama.- No voy a arriesgarme a que Heidi pueda darse cuenta de algo y le afecte

- A veces pienso que haz vuelto a ser el idiota enamorado de ella.- fue sarcástica y quise sacarla a patadas

- No es eso.- corté tajante.- Pero creo que al menos, eso le debo

- ¿Así como ella te lo debía a ti en su momento?.- mi límite fue sobrepasado y me paré de un salto de la cama hasta llegar a ella. Que ni siquiera se intimidó

- Es muy fácil sacarte de aquí Ángela, no me tientes.- la amenacé

- No.- movió su dedo frente a mis ojos y luego recorrió con él mi pecho desnudo.- Compartimos mucho Eddie. La pasión, la lujuria, el sentimiento y el cuerpo… No soy fácil de sacar de ninguna parte.- sonrió

- Todo lo que empieza tiene un final.- no bajé mi guardia. Ella bufó

- Creí que estando acá aliviarías un poco tu carga mental.- rodó sus ojos.- ¿Cuándo vas a entender que lo que hacemos es...?

- ¡Cállate!.- grité cortando sus palabras,y sintiendo como mi pecho subía y bajaba y mis aletas se distendían

- Cálmate. Te amo, y es por eso que trato de hacerte entender que lo nuestro no es tan pecado.- me abrazó tranquilamente, pero me alejé

- Sal de aquí. No quiero decir algo de lo que después me vaya a arrepentir.- le di la espalda y esperé a que se fuera

- He aceptado todo por ti.- habló bajo.- Me he humillado por ti, al ser siempre la otra. No sé si pido mucho, pero creo que me he ganado el lugar junto a ti… Y me duele que siempre siga siendo igual.- sus palabras me llegaron. Ella tenía razón. Me voltee y la abracé, como siempre, con mis sentimientos en contraste

- Necesito que esto termine Ángela. Es como si la vida me cobrara a mí todo… No me siento con fuerzas…

- Tendremos el día para nosotros solos.- puso sus manos en mi cara y me besó.- Intenta relajarte un poco ¿Está bien?.- asentí.- Voy a vestirme, siento haber entrado así a tu habitación

- Está bien, pero trata de entender mi postura.- pedí. Ella movió su cabeza afirmativamente y se encaminó a la salida.

Me sonrió y justo cuando iba a cerrar la puerta, los dos oímos claramente el saludo de alguien a sus espaldas. Isabella, ella estaba allí de pié mirando la escena que plantábamos los dos en ropas de dormir y Ángela saliendo a hurtadillas de mi cuarto. Los ojos de ambos culpables, ella y yo, no perdían el contacto. Un contacto que fluía en el pánico y el terror de haber sido descubiertos…

- Buenos días Isabella.- Ángela pudo recomponer su semblante y se giró hacia ella con su más cínico relajo.- Estaba conversando con Edward que necesitaremos una persona al cuidado de la casa y otra para los jardines

- Queríamos saber si tú conocías a alguien que tuviera la disposición de tomar los puestos.- añadí yo. Y mi rostro imperturbable salió a flote

- Tendría que consultar.- expuso ella, aun observándonos detenidamente

- Entonces te pediría que fueras rápida. Es urgente tener a sirvientes aquí.- sentenció Ángela con su tono arrogante. La mirada de ella pasó de la incertidumbre a la ira

- Por supuesto. Ahora si me disculpan, debo arreglar a la señora Heidi. Permiso.

Solté el aire de golpe cuando desapareció por el pasillo. No estaba totalmente seguro de haberla engañado, pero al menos esperaba que fuera así. No quería tener que despedirla y dar miles de explicaciones por el hecho… Ángela ingresó nuevamente a mi cuarto y me acarició el brazo, instintivamente retrocedí

- Se tragó el cuento. No te apures.- habló calmadamente.- Y de no ser así, estoy segura que con la paga que das, podríamos perfectamente contratar a otra

- No contrataré a nadie más. Lo que haremos de ahora en adelante, será tener el mayor de los cuidados. Si alguien llega a saber esto, tú y yo estaremos en problemas. Más tú.- la apunté

- Nadie lo sabrá, y si hay que hablar con ella, lo haré

- ¿Y qué le dirás? ¿Mantengo una relación con el esposo de mi prima por más de 7 años? ¿Soy la amante?.- ironicé con furia

- No, le diré que he sido tu mujer durante estos 7 años, no tu amante.- siseó.- Y podría darle todos los detalles de cómo llegamos hasta aquí. No creo que sea capaz de juzgarnos, por cosas que otros comenzaron

- No seas ridícula Ángela.- me reí de ella.

- Amo tu persona, pero odio tu conciencia.- bufó.- En fin, hoy no tendremos que estar pendientes de nadie más. solos tú y yo.- sonrió, pero no duraría mucho. Menos con la decisión que iba a comunicarle

- Iré con Heidi.- su mandíbula se desencajó y cerró la puerta de un golpe sordo

- ¡¿Qué dijiste?.- gritó, olvidándose de lo acordado, las apariencias

- Dije que iré con Heidi. No me quedaré para que Isabella pueda seguir sacando conclusiones de lo que vio. Ya con esto, es suficiente por hoy

- ¡Edward!.- gritó y golpeó con su pié el piso.- He preparado todo para que pasemos una tarde solos después de mucho tiempo ¡No puedes hacerme esto!.- chilló

- Baja tu tono y sal de mi cuarto.- fui cortante, mientras buscaba mi ropa para el día

- ¡No!.- volvió a gritar y se plantó allí

- Bien, quédate todo lo que quieras. Iré a ducharme, y cuando salga te quiero fuera de aquí.- advertí.- Se acabó el juego Ángela. No te quiero más en mi cuarto mientras alguien pueda descubrir esto. Tú decides, lo aceptas o lo rechazas.- dictaminé

- Te odio.- gruñó entre dientes y salió volviendo a azotar mi puerta

- No pensé que vendrías.- exclamó Heidi, mientras la ambulancia nos trasladaba al hospital.- Bella no me dijo nada, ni siquiera de qué se trataba la sorpresa.- sonrió

- También era una sorpresa.- respondí con una mentira

- Estoy feliz y nerviosa al mismo tiempo.- sonrió, como hacia tiempo no la veía hacerlo. La comisura de mis labios tiró hacia arriba, y sin pensarlo estaba devolviendo una sonrisa sincera

La ambulancia se detuvo y traté de sentarla mejor en la silla que también habían dispuesto para ella. Al tocarla la sentí temblar, acaricié la pañoleta que ahora reemplazaba la cabellera marrón que siempre había estado allí y ahora también nos abandonaba… El hombre abrió las puertas y entre ambos la bajamos. Isabella estaba allí, con una sonrisa amplia observando a Heidi

- ¿Lista?.- le preguntó y acomodó mejor la ropa de mi mujer

- Estoy ansiosa.- soltó una risita

- Te presentaré a mis amigas y a muchas personas que aquí conozco.- animó Bella y tomó su mano mientras el hombre empujaba la silla. Yo las seguí a una distancia prudente. Me sentía extraño

- ¿Edward?.- Heidi llamó y detuvieron su marcha. Me adelanté y quedé a su lado.- Ven.- tomó mi mano y la entrelazó con la suya, sosteniendo la de Isabella en la otra.- Ahora sí. Vamos.

El lugar designado para realizar las actividades, estaba repleto de personas. Muchas de ellas, con la misma apariencia de Heidi, y de muy poca edad. Me quedé apostado en un extremo, observando como Isabella iba presentándole enfermeras, médicos y pacientes. Y Heidi parecía haber vuelto a la edad de una niña, sonriendo y hablando como si todo fuera normal, como si nada hubiese cambiado…

Me senté junto a otras personas que observaban lo que pasaba. Eran padres o acompañantes de las personas que allí debían estar por diversas enfermedades que presentaban. Heidi se allegó a una gran mesa y una persona fue entregándoles papel y lápiz. Un concurso de pintura fue lo que llamó su atención, y la mía igualmente… Eso era su vida, pintar… Me removí en mi asiento con una incomodidad creciente en mi pecho. Así la había conocido yo, retratando el mundo a través de sus dedos y cimentando en el papel, el futuro que quería alcanzar.

- ¿Con quién viene usted?.- preguntó una mujer a mi lado, sacándome de mis cavilaciones

- Con mi esposa.- respondí seco

- Yo vengo con mi hijo.- siguió ella como si yo le hubiese preguntado.- Es el chico que está allí.- seguí su indicación y vi a un chico de no más de 15 años, aparentemente sano

- ¿Su hijo trabaja aquí?.- cuestioné sin pensármelo

- No, él es un paciente.- me miró por primera vez.- Es mi único hijo

- Ah.- expresé solamente.

- Tiene 14 años y su enfermedad no tiene cura.- una punzada me llegó al pecho. Y quise golpearme por eso. Yo era un hombre fuerte, y ese no era mi problema

- Lo lamento.- dije por cortesía

- Mi hijo no era bueno ¿Sabe?.- prosiguió.- Las malas juntas lo llevaron a drogarse y hasta delinquir.- su historia no me dejó mejor. Estaba con delincuentes

- Dicen que cada quien tiene lo que se merece.- solté ácido

- ¿Y usted?.- me escrutó ella.- ¿Sus malas acciones que le han traído?

- ¿Y por qué tendría yo que haber cometido malas acciones?.- cuestioné molesto por su atrevimiento

- Todos cometemos errores.- se encogió de hombros.- ¿Cuál ha sido su castigo por ellos?

Me quedé en silencio. La miré con rabia por su comentario, pero su pregunta me descolocó… Y mi mente rugió ¡Nada! Yo no estaba haciendo nada mal, solamente era víctima de los sucesos. Yo jamás había querido que mi historia con Heidi terminara como lo estaba haciendo… Con mentiras, engaños y falsas apariencias. Pero esto se remontaba a mucho antes. A nuestra hija perdida, a las mentiras cubiertas por mí hacia ella, a nuestra primera ruptura…

Tenía un mundo preparado para ella, para nosotros y lo que nos depararía el destino. Pero todo se había derrumbado como un castillo de naipes de un momento a otro. Esa misma noche en que había sido testigo presencial de el orificio en que nos estábamos precipitando si siquiera suponerlo… Porque éramos felices, pero del cuerpo hacia fuera, porque dentro… nuestro cuerpo estaba podrido y yo ni siquiera tenía idea… Y allí había aparecido Ángela, como mi apoyo y mi fortaleza, y las cosas se habían dado…

- Bien, creo que tiene mucho que analizar.- soltó la mujer poniéndose de pié.- Pero no pierda la fé, siempre hay un Dios mirando

- Claro.- mascullé sin encontrarle sentido a sus palabras

- Nadie se merece lo que le pasa. Pero son pruebas, y Dios nos envía a alguien para intentar superarlas de la mejor manera.- mi mente inmediatamente situó a Ángela en perspectiva.- Pero tenemos que fijarnos bien en ese ángel protector. Muchos tienen rostros de ángel, pero son demonios enmascarados. Usted encontrará el suyo en su camino, mi hijo encontró a la de él.- sonrió mirando a una chica junto al que era su hijo

- No creo en eso.- murmuré mirando fijamente a la mujer, que igualmente sonrió

- Nadie cree, hasta que le toca presenciarlo. Nos vemos.- se despidió agitando su mano. Gesto que no correspondí

Ubiqué a Heidi y la vi hablándole animada a Isabella, quien gesticulaba con sus manos y le decía algo que la hacía reír. Ese sonido que tantas veces había aliviado un mal día en mi vida, y que ya no lo hacía, así mismo ya no escuchaba… Mis ojos quedaron fijos en alguien que poco me había detenido a ver. Isabella hablaba, se reía y se movía entre las personas que ocupaban la mesa donde dibujaban.

Nunca antes había notado la paz interior que su presencia irradiaba. Veía como todos le prestaban la total atención, a lo que fuera que platicaba y lograba extraer más de una sonrisa en quienes se integraban a su burbuja personal… De pronto sus ojos tomaron contacto con los míos y un escalofrío recorrió mi cuerpo ¿Por qué justo ahora me parecía alguien distinto?... La miré sin perder el fino hilo que nos unía, hasta que su mirada pasó mas allá de mí y su sonrisa abarcó todo su pequeño rostro.

Se disculpó y comenzó a caminar en dirección a la que me encontraba, sin perder su rostro impregnado de felicidad. Sólo hasta que estuvo casi a mi altura, noté la presencia de una mujer de pié a mi lado con una pequeña niña vestida de rosa que agitaba sus manos hacia donde estaba Isabella… ¡Su hija! Pensé, aquella de la que Heidi me había mencionado quería conocer

- ¿Señor Cullen?.- me puse de pié a su llamado

- Dime.- solté sin importarme sonar molesto. A ella le había quedado claro que no quería a Heidi ilusionada con niños

- Mi madre ha traído a mi hija, sabiendo que yo estaba aquí para alimentarla.- su voz era suave.- Me preguntaba si me daría permiso para ausentarme unos minutos

- ¿Y a cargo de quién quedará mi mujer?.- inquirí

- Mi madre y otras enfermeras la verán. Será solo unos momentos

Sentí un pequeño toque en mi brazo. Fijé mi vista y la niña intentaba estirar su pequeño cuerpo para acercarse a mí. Quise retroceder en ese instante, pero no pude… La miré y vi a Isabella reflejada en su rostro. Ella me miraba atenta y sus ruidos extraños se incrementaban mientras intentaba llegar a mí… Mi hija, pensé y no supe en qué momento mi mano cobró vida y acarició la suave piel de su mejilla… La pequeña niña respondió a mi toque y puso sus pequeñas manos sobre la mía, al mismo tiempo que sonreía y se afirmaba en mi palma extendida para ella…

Y como si de un sueño se hubiese tratado. Desperté de él para ver a Isabella mirándome como si un fantasma fuera el hombre de pié frente a ella. Quité mi mano de la niña, como si fuese una hoguera para mi piel. La niña intentó acercarse nuevamente, pero retrocedí al instante e Isabella cambió de posición para que ella fijara su atención tras su espalda.

- Haga lo que tenga que hacer rápido.- gruñí

- Lo siento Señor Cullen, ella no así con desconocidos… Yo…- intentaba disculparse

- Aproveche su tiempo y vuelva enseguida. Me iré en cuanto llegue, estoy totalmente hastiado de este lugar.- pasé por su lado y salí al exterior.

Necesitaba aire, ansiaba poder respirar con tranquilidad. Pero en cuanto volví a cerrar mis ojos, esa niña se coló en mi retina… Una y otra vez… Su rostro de ángel, un ángel puro y sin demonios…

...

Continuará...


¿Qué les pareció? ¡Uf! Quedé media estresada cuando lo escribí hace tiempo, creo que son muchas emociones a la vez

Déjenme saber sus opiniones ¿Ok? Si les gustó, si no es así, si soy una maldita jajaja

Son 15 hojas ¡Dios! No sabía donde cortarlo, así que tienen para rato jiji


Pam3


PD 1:- Cristina- Jessica- Alejandra- Lynn y Damaris. Mil gracias por sus comentarios y apoyo... ¿Aun odian a Ed y Ángela? jiji

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Mañana subiré "T.I.M.P" O si me alcanza el tiempo, hoy en la noche. Pero no prometo nada.

Angie- Lau... Un capítulo dedicado a tí... ¡Lo prometido es deuda y aquí está! xD

Tá, tá

Besitos a todas. Edward, Emmett, Jacob y Jasper para todas =)

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