Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"
Capítulo IV
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(Recomendación música para este capítulo: "Last to know" de Three Days Grace)
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Be.-
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Desperté y observé el reloj. Aun faltaban dos horas para levantarme… Mientras intentaba conciliar el sueño, no podía dejar de rememorar los acontecimientos pasados. Un presentimiento extraño me asaltaba al visualizar el rostro de Edward y la postura rígida de Ángela, al sorprenderlos con mi aparición en el momento exacto que ella abandonaba la habitación de él ¿Creía en la explicación que habían dado? Una parte de mi mente no, pero la otra se burlaba de mis tontas presunciones ¡Estúpida! ¿Cómo podía llegar a pensar mal del marido y la prima? Tenía que estar loca para idear tan macabra hipótesis en mi cabeza.
Dejé esos irracionales pensamientos y sonreí al recordar el júbilo de Heidi durante todo el día. Parecía una niña pequeña en un parque de diversiones por primera vez… Me sentía a gusto conmigo misma, al haber podido hacerla olvidar aunque fuera por un corto tiempo, que la vida se le iba consumiendo, como si de una pequeña luz se tratara. Al llegar a casa se había dormido casi al instante por el agotamiento, sin repetir antes, que era el mejor regalo que podía haberle obsequiado… Eran tan poco, pero con tanto significado para ella.
Me voltee y quedé sobre mi costado observando a mi pequeño pedacito de cielo en su cuna. Su manita estaba fuertemente apretada contra su boquita y cada tanto ésta se movía succionando su piel… Mi pequeño ángel ¿Qué pasaba por su cabecita en el momento que se acercó a él? Mi madre igualmente se había sorprendido. Liz era sólo sonrisas, pero con quienes ya reconocía… Con los demás se mostraba cauta, hasta cuando varios mimos ganaban su confianza. Pero él no, él ni siquiera la había mirado cuando ella intentaba llegar a él.
¿Qué había encontrado en él que llamara su atención? Era sólo frialdad la que reflejaban sus acciones y desconfianza su mirar… Pero él también había sucumbido ante mi hija. Por un breve momento, pero cargado de algo especial y extraño, que no lograba descifrar… ¿Sería que Elissa le recordaba su paternidad fallida? ¿A su hija? Una pena se instaló en mi al pensar aquello. Quizás las cosas serían muy distintas si su hija viviese, o quizás el dolor adquiriría mayores dimensiones…
Decidí levantarme de una vez, y justo en ese momento mi bebé abrió sus ojitos adormilados. Un gran bostezo se extendió por su boquita y enseguida, cuando enfocó sus ojitos en mí, me regaló su primera sonrisa del día.
- Buenos días bebé ¿Qué haces despierta tan temprano?.- cuestioné tomándola en brazos
Ella acercó su boquita a mi mejilla y la abrió intentando succionar lo que tenía a su alcance ¡Hambre! Sonreí y la dejé sobre mi cama, mientras me acomodaba para poder alimentarla. Sus manitos se movían insistentes para que la volviera a coger, y antes que soltara su llanto, volví a sostenerla y su carita buscó ansiosa mi pecho
- Eres una hambrienta.- toqué con mi dedo su naricita.- Vas a dejar a mami sin reservas
- ¿Bella?.- mi madre llamó a mi puerta
- Entra mamá.- mi madre asomó su cabeza y sonrió negando cuando vio a mi preciosura comiendo nuevamente
- Esta niña parece tener un reloj personal para detectar el tiempo justo.- bromeó y mi hija frunció su ceño ligeramente. Las dos reímos al verla.- ¿Y por qué te enojas tú?.- la regañó divertida
- Ella es una bebé inteligente y sabe que la están criticando por sus horarios alimenticios ¿Verdad?.- le hablé a ella y sin soltar mi pecho esbozó una sonrisa
- Hija.- miré a mi madre que se había puesto seria de un momento a otro.- Anoche tuvimos una conversación con Phil.- me miró complicada.- Debe hacer un viaje hoy mismo a ver unos proyectos y me preguntó si podría acompañarlo
- Mamá, no quiero que dejes de hacer tu vida por nosotras
- Lo sé Bella ¿Pero quién cuidará de ella si yo no estoy? ¿Rosalie? No lo creo y tú tienes que trabajar
- Bueno…- sopesé mis opciones.- ¿A qué hora se irán?
- Cerca de las 4 de la tarde por lo que me comentó… Pero hija, no quisiera dejarte con toda la responsabilidad
- Mamá.- la corté.- ¿Desde hace cuanto tú y Phil no pasan unos días solos?.- me sonrió con nostalgia
- Pero ahora es distinto.- rebatió
- Esta pequeña cosita.- señalé a mi hija.- Es mi responsabilidad. Y yo veré la mejor forma de arreglar esto. Tú tienes derecho a salir también.
- ¿Estás segura?.- en ese momento entró Phil, por su rostro pude ver que también estaba acongojado por la situación
- Ok, ésta es la decisión. Van a ir a su habitación y arreglarán sus maletas para partir esta misma tarde. Yo hablaré con el Señor Cullen y le pediré autorización para retirarme antes
- Pero…- interrumpieron los dos a tiempo. Levanté mi mano y los detuve
- Nada. Estoy segura que Rose podrá hacerse cargo un par de horas de Liz. Y mañana veremos como lo resuelvo. Ahora ¡Fuera!.- grité riendo
- A su orden.- exclamó Phil con un saludo militar. Tocó la cabecita de mi bebé y salió
- A veces me pregunto ¿Quién es la madre y quién es la hija?.- inquirió mi madre, besando mi cabeza y la de Liz
…
- Buenos días.- saludé cuando Ángela me abrió la puerta
- Creo que te haz retrasado.- señaló su reloj de pulsera.- He tenido que darle los medicamentos yo
- Lo siento, he tenido algunos problemas.- expliqué tajante
- Existen los teléfonos Isabella.- me voltee hacia ella con intención de responder a sus acusaciones, pero Edward hizo ingreso
- Buenos días.- saludó como siempre. Iba a responder, cuando ella se me adelantó
- Estaba teniendo una conversación con Isabella.- me miró y luego se giró a Edward.- Esta mañana ha llegado media hora tarde y he tenido que preocuparme yo de Heidi. Creo que sería bueno que pusieras las cosas en orden Edward
- Y yo estaba tratando de hacerle entender a Ángela que tuve problemas familiares. No llegué tarde por gusto propio.- rebatí ante la furiosa mirada de ella
- Que no se vuelva a repetir.- fue lo único que dijo él sin mirarnos
- Edward…- comenzó a protestar ella
- Me he levantado hace menos de media hora. No estoy para lidiar con dramas innecesarios. Si ella vuelve a llegar tarde, puede darse por despedida. Es todo.- zanjó el tema y se dispuso a preparar su desayuno
Trabajé en silencio y cuando estuve lista, subí las escaleras hacia la habitación de Heidi. Entré y ella estaba con un semblante mucho mejor que otros días. Me alegré de verla así y conversamos en forma animada de la tarde que había pasado en compañía de los demás pacientes.
- Espero que pueda volver a repetirse.- comentó con esperanza
- En cuanto haya otra actividad, intentaré poder llevarla.- fui sincera
- Ojala que sea pronto.- murmuró con su vista en la ventana
- Será así.- aseguré sin tener la certeza de poder cumplir mi palabra
- ¿Cómo está tu hija?.- preguntó de pronto
- Muy bien. Ha quedado dormida cuando me vine.- mi aclaración fue breve, no sintiéndome cómoda con el tema de mi hija en su presencia
- Me gustaría conocerla.- me miró con tantas ansias que me vi obligada a desviar la mirada
- No sé si será posible.- dije al fin. Me sentía mal por hacer esto, pero no quería causarle nostalgia
- ¿Por Edward?.- cuestionó
- Heidi…- intenté excusarme y dar por terminado el tema
- Edward es un buen hombre.- afirmó.- Es sólo… que ese tema lo afecta demasiado
- Estoy segura de eso.- murmuré, respecto a lo segundo que pronunció
- Tu no podrías imaginarte cuanto…- su tono de voz fue melancólico.- El ha cambiado mucho, pero todo ha sido mi culpa
- Por supuesto que no. Usted no es culpable de nada.- rebatí con firmeza
- Bella…
Unos golpes en la puerta hicieron que detuviera su conversación. Edward entró y se acercó a ella para saludarla. Me quedé observando la escena con detenimiento. El se mostraba tan frío con ella ¿Cómo podía decir que era un hombre bueno? Su mujer no era responsable de estar padeciendo tan horrible enfermedad. Ni siquiera mi madre lo era, cuando todo el mundo en base a su ignorancia, la había juzgado de ser la culpable del padecimiento de mi padre.
- Isabella.- llamó él y lo miré esperando a que siguiera.- Mañana vendrá el médico que ha tratado a Heidi todo este tiempo
- Claro.
- El necesita un informe completo sobre el estado de salud de mi mujer. Las medicaciones, sus horarios y la evolución que ha tenido esta semana que ha pasado
- No hay problema. Debería hablarlo con Ángela para realizarlo juntas.- propuse
- Me parece bien.- aceptó.
- Señor Cullen.- lo llamé antes que abandonara la habitación.- Necesito conversar un momento con usted.
- Sígame a mi despacho.- indicó.- Vendré más tarde.- le informó a su esposa
- Vuelvo enseguida.- le susurré a Heidi que sólo asintió con una sonrisa
Lo seguí por el pasillo hasta la habitación que había acomodado como su lugar de trabajo en la casa. Nunca había estado allí y me pareció un lugar tan desolado y lúgubre. No había adornos en las murallas, ni tampoco sobre el único escritorio que allí estaba. Me produjo un enorme vacío no ver ningún retrato, como era costumbre, de su mujer o el día de su matrimonio… No había nada allí, era como si fuera un mundo aparte.
- No tengo todo el día Isabella.- cortó mi muy detallada inspección del lugar
- Si.- quité mi mirada de sus ojos. Era tan potentes que hacían sentir pequeña.- Como le comenté, tuve problemas familiares. Y debido a esto, me gustaría que me permitiera poder retirarme antes
- No es posible.- cortó y mis ojos se abrieron con desmesura
- ¿Perdón? Pero…
- Usted está contratada para cumplir un horario exacto. Su paga, supera la cantidad que podría ganar una verdadera profesional en un año de ardua labor, así que remítase a justificar su sueldo
- Solo estoy pidiendo excusarme un par de horas.- dije entre desespero y asombro
- Y yo se lo estoy negando. Soy su jefe y mis órdenes se cumplen. Ahora necesito trabajar.- extendió la mano indicándome la puerta de salida
- Señor Cullen.- respiré hondo para dejar la rabia anidada en mi interior.- Si no fuera un asunto de extrema urgencia, jamás estaría pidiendo esto
- Mire Isabella…- comenzó, pero olvidé los protocolos y proseguí
- Estoy conciente del dinero excesivo que se me paga. No soy una mal agradecida en ese aspecto, y tampoco estoy tratando de evadir mis responsabilidades. Solo estoy pidiendo dos horas.- dije suplicante. Rosalie no duraría mucho con Liz a su cuidado
Me observó detenidamente por largo rato. Se reclinó en su asiento y balanceó el mismo en cortos tramos de un lado a otro. Me estaba poniendo nerviosa su escrutinio, algo me llevó a pensar que él no tenía en mente la petición que acababa de hacerle; sino que su mirada analizaba algo más que mis palabras… No sé cómo, ni en qué momento… Pero fue como si mi mirada quedara atrapada en un hilo invisible que se oponía a dejarnos ir al uno o al otro. Sus ojos tenían un poder hipnotizante, que llamaba a intentar darle significado a todas las emociones que ellos contenían
- ¿Edw…?.- ambos desviamos la mirada como si hubiésemos sido capturados en algo ilícito.- ¿Qué está pasando aquí?.- cuestionó Ángela demasiado ofuscada
- Isabella me estaba pidiendo autorización para poder retirarse antes.- Edward comenzó a ordenar papeles sobre su escritorio
- ¿Retirarse antes? Olvidaste que tienes una hora de retraso esta mañana.- espetó
- Sólo fue media hora. Y solamente será por hoy.- expliqué aun aturdida por la situación pasada
- ¡Por supuesto que no!.- elevó su voz. La miré molesta por su autoridad. No le estaba pidiendo autorización a ella
- Puedes retirarte antes Isabella, pero que sea la última vez.- irrumpió Edward, dejándonos a ambas estupefactas
- ¡¿Qué?.- chilló indignada ella. Yo no salía de mi asombro
- He dicho que tiene el permiso. Y mis decisiones no se cuestionan.- la cortó. El rostro de ambos estaba de un rojo vivo.- Ahora retírate a cumplir tus obligaciones.- me ordenó
- Muchas gracias.- murmuré y salí de allí.
Me alejé lo más pronto que pude del cuarto. Y cuando estaba a una distancia considerable pude escuchar las voces de ambos en una no muy cordial conversación. Mientras entraba nuevamente a la habitación de Heidi, volví a rememorar esos ojos verdes intensos y un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir el poder de ellos aun en mi retina… ¿Por qué me observaba con detenimiento? ¿Qué buscaba en mi rostro que lo hiciera quedar detenido?
...
La mayor parte del día pasó sin complicaciones. Edward entró un par de veces a visitar a su esposa, pero en ningún momento volvió a dirigir una sola mirada hacia mí. Sentía como si me estuviera evitando a propósito, y lo cierto era que lo prefería así. Yo tampoco quería volver a sentirme tan vulnerable ante su mirar. Porque era así, sin lugar a dudas su sola presencia me parecía intimidante, y al mismo tiempo extraña…
- ¿Qué tanto piensas Bella? Haz estado muy callada el día de hoy.- comentó Heidi
- No es nada.- sonreí.- Sólo estaba pensando en la visita de James
- ¿Quién es James?.- caí en cuenta que nunca le había hablado a ella de él
- James… es el padre de mi hija.- contesté no muy segura de retomar el tema de Liz con ella
- ¿Por qué ya no están juntos?.- cuestionó
- Porque las cosas se dieron así.- me encogí de hombros
- Cuéntame.- pidió. La miré y vi que sólo necesitaba sentirse presente en algo, así que me animé a relatarle parte de mi historia
- Con James nos conocimos hace muchos años. Luego yo me fui de Forks, y perdimos todo contacto.- relaté.- Volví pasados unos años, y al volver al Instituto, nuevamente fuimos compañeros, así que de ese modo nos fuimos acercando cada vez más
- Que bonito.- susurró perdida en mis palabras.
- Cuando acabamos los estudios secundarios, ya éramos novios. Y decidimos irnos juntos a Chicago. Él entró a estudiar Ingeniería y yo opté por tomar un curso rápido de Enfermería, para posteriormente seguir con la carrera profesional, pero hubo cambios
- ¿Tu hija?.- asentí
- Con James, si bien nunca nuestra relación se deterioró al extremo de aborrecernos o pelear todo el tiempo, nos fuimos alejando poco a poco.- recordé con tristeza.- Llegó un momento en que decidimos conversarlo, y tomamos la resolución de dar por terminada nuestra relación en los mejores términos.
- ¿Crees que fue la mejor decisión?.- preguntó
- Lo fue.- asentí.- De haber seguido juntos, quizás hubiésemos llegado al punto de enlodar toda la historia que nos unía desde tiempo atrás… Nunca he estado más convencida que terminar con nuestro noviazgo, nos ha llevado a saber mantener nuestra paternidad en la mejor forma y conservar una gran amistad
- ¿Ya no lo amabas?
- No.- dije con sinceridad.- Y el a mí tampoco… Estuve muy enamorada de él, es sin duda el mejor hombre que alguna mujer puede tener a su lado, pero se nos terminó ese sentimiento y fue reemplazado por cariño de amigos
- ¿Y tu hija?
- Luego que nos separamos, seguimos viviendo un tiempo más juntos. Compartíamos los gastos, por ende, era difícil seguir totalmente por separados… Nunca volvimos a recaer.- gesticulé con mis manos dando a entender a lo que me refería, la parte sexual.- Pero no hubo necesidad. A pesar de que yo me cuidaba, tuve un par de descuidos con mis pastillas y mi hija, a la altura de nuestra ruptura, ya llevaba un mes dentro de mi vientre.- sonreí
- ¿Cómo es tu hija?.- preguntó y me quedé en silencio.
Su mirada mostraba tanto deseo que me partió el alma. Ella siempre intentaba preguntar y conversar sobre mi hija, era como una necesidad latente el saber de ella. Mike me había dicho que quizás se debía a la pérdida que ella había tenido e intentaba buscar formas de reconstruir la imagen que ella no pudo ver…
- Liz…- me callé al oír un llanto de bebé ¡El llanto de mi hija!
- ¿Qué es eso?.- preguntó intentando incorporarse
- N-no lo sé.- dije rápidamente.- Heidi, debe permanecer aquí. Yo iré a ver que pasa y volveré, pero por favor no se levante
- Bella, necesito ver qué es eso.- demandaba excitada
- Heidi, le juro que volveré a informarle. Pero por favor no intente levantarse
- Está bien.- aceptó finalmente
Salí como un rayo de la habitación y corrí escaleras abajo, para encontrar a mi hermana con su rostro descompuesto y mi pequeña princesa llorando amargamente en sus brazos. No conseguí avanzar más, cuando un fuerte agarre en mi brazo me detuvo…
…
Ed.-
…
- ¿Por qué le permitiste retirarse antes? Ella debe cumplir con sus obligaciones y sobre todo con sus horarios.- recriminó Ángela
- Porque no es una esclava.- contesté cansinamente
- Me desautorizaste.- tomó los papeles que sostenía en mi mano y los tiró en la mesa
- ¿No sabía que ahora tenía que preguntar mis decisiones contigo?.- fui irónico
- Tengo derecho a opinar sobre lo que se asuma o no en esta casa
- Y también debes cumplir con tu trabajo que es cuidar a Heidi, y no me hagas comentar sobre eso.- me voltee y comencé a ordenar los libros que reposaban allí
- ¿Qué estaba pasando cuando entré?.- mi cuerpo reaccionó a esa acusación, pero mis dotes de falsedad estaban tan bien adquiridos que no mostré variación ante ella
- Nada.- dije solamente
- ¿Nada? ¿Crees que soy estúpida? Estabas como idiota mirándola y ella, la muy mosca muerta no se quedaba atrás ¡Mírame!.- gritó y me volteó hacia ella jalando mi brazo
- No grites.- sisee. Dirigí mi vista a su mano, que aun apretaba fuertemente mi brazo y entendió el mensaje, porque soltó enseguida su agarre
- No te atrevas a engañarme Edward, porque sabes perfectamente que no seré una mujer sumisa que tomas sus cosas y da vuelta la página.- increpó
- ¿Eso es una amenaza?.- me burlé
- Tómalo como mejor te plazca, pero espero que lo recuerdes
- Y yo espero que tú recuerdes, que si se llega a saber de la tórrida relación que hemos mantenido, serás tú la más perjudicada.- devolví con saña
- Imbécil.- escupió y salió dando un gran portazo para aumentar mi dolor de cabeza
Me dejé caer en mi silla y como si la hubiera invocado, la imagen de Isabella se materializó en el mismo lugar que antes había estado y donde muy estúpidamente me había quedado absorto admirándola… Sus ojos me transportaron a alguien más, una persona con ese mismo chocolate profundo, pero con una contextura mucho más pequeña, su hija… No había podido sacarme de la cabeza en toda la noche, su calidez y su fuerte poder transmitido en su mirada…
Sin embargo, al pasar los minutos, otro tipo de pensamiento me asaltó… Por primera vez, su cuerpo me había llamado enormemente la atención y mi entrepierna había vibrado al observar sus curvas acentuadas y sus pechos llenos ¡Mierda! Golpee con fuerza mi escritorio. No estaba en mis planes meter otra mujer en mi cama, y ella no sería otra calmante de mis bajos instintos, así lo hice ver, al tomar mi entrepierna y acomodarme a lo que intentaba cobrar vida ¡No!
Masaje el puente mi nariz con fuerza. Ángela estaba comenzando a cansarme, pero no era algo nuevo. Varias veces en torno a estos años, había terminado nuestra historia, y el deseo de hombre me había hecho volver a caer en ella, en su cama… Era una mujer fogosa en torno al sexo, y de esa forma me había atrapado… Nuestra primera vez juntos, me había llevado a estar toda una semana embutido en una botella de alcohol. Nunca le había sido infiel a Heidi, ni siquiera cuando éramos adolescentes y las oportunidades se presentaban como cardumen de peces delante de mis ojos.
Pero ese día todo había dado un vuelco, desde mi percepción intachable que profesaba a mi mujer, hasta mi siempre incólume actuar… Desde ese día Alice se había convertido en mi más acérrima enemiga, y todo por no querer derrumbar la imagen de su hermana… Había pedido a mi mejor amigo, que todo el informe médico desapareciera de los archivos, y fuera reemplazado por uno falso…
Esa fue la segunda carta que sirvió de base para el castillo enorme de mentiras en que se convirtió nuestras vidas. Heidi había puesto la primera, y yo era el único con Ángela, que conocíamos esa verdad, entre tanta mentira… Pero estaba enamorado, y prefería ser yo el cargara con la cruz de de sus actos, acompañado con las que fui agregando en el tiempo… Y así el remordimiento se convirtió en cenizas. Ya no hubo recriminaciones internas, no hubo noches con insomnio por sentirme culpable…
Porque nos habíamos pagado con la misma moneda, con la diferencia, que ella me destruyó primero. Y yo no lo haría con ella…
…
Sentí un golpeteo vigoroso en la planta baja y luego el llanto ensordecedor de un niño. Me levanté rápidamente de mi silla y salí al pasillo. Apuré mi paso cuando Bella salía corriendo de la habitación de mi mujer… Miré por la baranda hacia el primer piso, y un vuelco en mi estómago me indicó que era la misma niña ¡Su hija! De dos zancos estuve a su altura y la tomé sin delicadeza de su brazo, hasta dejarla frente a mí
- ¿Qué significa esto?.- sisee y agité su brazo
- No lo sé, por favor suélteme, necesito ir a verla.- pidió con sus ojos asustados
- Saque inmediatamente a esa niña de esta casa.- advertí
- Lo haría si soltara mi brazo.- tiró fuerte de él y corrió escaleras abajo
Una chica rubia sostenía a la niña en sus brazos, quien ubicó a Isabella de pronto y estiró sus brazos hacia ella con desesperación. Ángela estaba al costado de la puerta y miraba la escena, tratando de entender qué era todo el alboroto… Isabella comenzó a mecer la niña, quien fue poco a poco calmando su llanto. Algo dentro de mí se contrajo al ver ese cuadro, y apoyé mi mano en la baranda para no dejarme expuesto ante nadie. Yo era un témpano de hielo, las circunstancias me habían hecho así y nada cambiaría.
- ¡Isabella!.- alcé mi voz. Las tres mujeres me observaron con diversas expresiones
- ¿Edward?.- hice rechinar mis dientes.- ¿Qué está pasando?.- me giré hacia Heidi, que estaba de pié apoyada en la pared, intentando saber qué ocurría
- Vete a tu cuarto, por favor.- pedí tratando de sonar calmado
- Pero sentí llorar a un bebé Edward ¿Quién es?.- intentó avanzar, pero la detuve. Desde su lugar no lograba observar lo que pasaba en el piso inferior
- No era nadie, ahora regresa a tu cuarto.- tomó mi brazo para apartarme y perdí la paciencia.- ¡Vete a tu cuarto!.- le grité
Todo quedó en silencio por lo que me parecieron horas. Abrí mis ojos y Heidi me observaba con sus ojos inundados en lágrimas. Quise golpearme por mi estupidez. Me acerqué a ella y la atraje hacia mí por sus hombros. Intenté pedirle perdón sin palabras, tan solo con la cercanía que hacía mucho no teníamos, y que me quemó por fuera y por dentro.
- Lo siento.- susurro con voz rota
- No quería gritarte así, pero cuando te doy una orden necesito que la cumplas.- asintió sobre mi pecho
- Prima, te llevo a tu recamara.- miré por sobre su cabeza y Ángela me observaba como si quisiera matarme en ese instante.
Lo paradójico, era que su molestia no era por haber perdido la compostura. Sino por tener mis brazos alrededor de mi mujer. Tomó a Heidi y sin mucha suavidad la sacó de mi cuerpo, con una sola mirada le advertí su comportamiento, pero ella me ignoró y caminó sujetándola hasta perderse por la puerta de su habitación… Me giré sobre mis talones y caminé escaleras abajo. Sentía mi cabeza querer explotar… Me paré frente a Isabella y la otra mujer que me observaba sin inmutarse con mi presencia
- ¿Necesita algo?.- le pregunté. Sacudió su cabello y me miró desafiante
- Mi sobrina no paraba de llorar y me vi en la obligación de traerla ¿Algún problema con eso?
- Rose.- pidió Isabella
- ¿Qué? No iba a dejar que Liz se enfermera por tanto llorar ¿Tiene algún inconveniente con eso?.- volvió a mirarme retadora
- Muchos.- sisee.- Esta es mi casa e Isabella es una empleada más. No están permitidas las visitas de cortesía.- declaré
- ¡Pero…!.- comenzó. Sin embargo, Isabella cortó su evidente sarta de insultos
- Rosalie, gracias por traerme a Liz. Estaba pronta a irme, así que puedes esperarme en el auto.- indicó la puerta con su barbilla
- Está bien.- aceptó de mala gana. Y tras brindarme su último desprecio, se marchó
- Lamento el incidente Señor Cullen.- se disculpó ella
- ¿Lo lamentas?.- sonreí sarcástico.- ¿Te das cuenta de lo que provocaste?
- No provoqué nada. Fue una situación inesperada.- la niña tenía su rostro escondido en su cuello
- ¿Entendiste mi orden el día que te dije nada de niños en esta casa? ¿O debo explicarte como si fueras una mocosa 5 años?.- mi ira crecía a cada segundo más y más
- Entendí perfectamente, pero mi hija es lo primero y si ella me necesitaba, no me importa cuanto le moleste a usted.- su altanería me colapsó
- ¡Saca a tu maldita mocosa de aquí!.- grité fuera de mis casillas
Lo siguiente que sentí fue el duro impacto de su mano en mi cara a palma abierta. Mi cara quedó totalmente girada hacia el otro costado. Un nuevo llanto inundó la sala y miré en su dirección. La niña sollozaba con fuerza, y mientras ella la balanceaba para que volviera a calmarse, su mirada enviaba dagas hacia mí… La niña me miró con sus ojos hinchados de tanto derramar lágrimas y mi cuerpo se acercó inconciente hacia ella, pero Isabella retrocedió
- ¡No se me acerque y menos a mi hija!.- puso su cuerpo como escudo
- Yo…- intenté decir algo, pero todo carecía de sentido. Había aprendido a no pedir perdón por mis actos, pero sentía la necesidad de hacerlo
- ¡Usted puede tratarme como se le antoje su regalado gusto, pero con mi hija no se meta! ¡Porque le juro que soy capaz de cualquier cosa!
- No se…
- Ahórrese sus palabras. Ni siquiera unas disculpas que nunca saldrán de su boca me harían aplacar las ganas de asesinarlo con mis propias manos por su actuar
- Puedes retirarte.- opté por decir. Sin la fuerza de redimirme por mis palabras
- Por supuesto que me retiro.- acomodó a su hija en su pecho.- No estaré un solo minuto más en esta casa y con un ser como usted
- No te permito…
- Usted no es quien para permitirme o no. Porque desde hoy dejo de ser su empleada.- soltó de un viaje
- ¿Qué estás diciendo?.- inquirí al oír sus palabras
- Renuncio.- se dio media vuelta y no esperó contestación mía.
Me encaminé a mi habitación y tras cerrarla con seguro, dejé mi rabia salir a flote, tirando todo lo que había a mi paso. La puerta comenzó a ser golpeada, pero ignoré el llamado que seguramente sería de Ángela… Quería estar solo, gritar solo y morirme solo… Mis piernas flaquearon y caí de rodillas frente a aquella maleta que estaba cerrada desde hace mucho tiempo, y que había prometido nunca más siquiera observar…
Pero toda la mezcla de sentimientos pudo conmigo y busqué las llaves que me llevarían al pasado, a ese tiempo encapsulado que juré nunca más volver a rememorar. Mi corazón que había creído muerto, comenzó a latir con frenesí en mi pecho… Tomé lo primero que encontré en ella una vez abierta, y me dejé caer con la espalda apoyada en la pared… El único recuerdo de mi hija estaba en mis manos, la única evidencia de que ella había sido real estaba frente a mis ojos… E hice lo que creí alguna vez haber exiliado de mi cuerpo, volví a llorar por ella, por el futuro que construí cuando supe que ella llegaría a nuestras vidas…
…
- ¿Cómo está mi mujer y mi hija?.- abordé a Jake inmediatamente que salió de la habitación donde se encontraban las dos razones de mi existencia
- Edward, debes calmarte.- puso su mano en mi hombro
- No me pidas que me calme, dime de una vez el estado de ellas.- se quedó en silencio y supe la respuesta, antes que la esbozara
- Lo siento amigo, pero no pudimos hacer nada.- mis lágrimas se deslizaron sin control por mi rostro.- Heidi estará en observación unos días más
- ¿Q-que era?.- pregunté
- Edward…- trató de terminar con el dolor auto infringido que estaba dándome
- Tan solo dime… que hubiese sido.- mi voz casi no la reconocía
- Una niña.- susurró y sonreí a pesar de mi llanto. No estaba equivocado
Desde que había sabido que en el vientre de mi esposa, crecía una pequeña muestra del amor que nos unía, había estado seguro que sería una niña. Una hermosa niña como su madre, y que llegaría a robarme el corazón y poner mi mundo de cabeza. Todo por hacer de ella, la princesa más dichosa del planeta, porque era mi hija, la mitad de mi corazón.
- ¿Qué fue lo que pasó?.- cuestioné. Necesitaba saber qué habíamos hecho mal para perder a nuestra hija.
Miré a mi amigo y su rostro delató que no todo estaba dicho. Había algo más y estaba en ese mismo instante teniendo un debate interno sobre si era lo correcto ponerme al tanto o no. Pero era imperioso conocer los detalles, sobre todo si queríamos volver a intentar crear una nueva prueba de nuestro amor. Porque amaba a mi mujer más que a mi propia vida… Y saldríamos adelante, lo sabía… hasta ese momento.
- Suéltalo Jake.- intenté sonreír, pero el no copió mi acción
- Edward, creo que hay muchas cosas… No sé si yo seré el indicado de decirte esto, pero… Heidi necesitará ayuda y tu, mucha fuerza
- Estoy conciente de eso. Buscaré una buena psicóloga para que la ayude con la depresión y…
- Ella necesitará someterse a una terapia Edward… Y no por depresión.- lo miré frunciendo mi entrecejo.- No quisiera tener que darte esta noticia Edward, pero… El aborto que sufrió Heidi, fue producido por una sobredosis de drogas
Mi mente intentó procesar sus palabras, pero no pude. Lo quedé viendo como si quien necesitara con urgencia ser tratado era él, pero por estar demente ¿Cómo se le ocurría decir semejante blasfemia? Lo tomé por las solapas de su delantal y estampé su cuerpo contra la pared. No me importó ocasionarle dolor, no sería más del que sus mentiras me causaban a mí…
- ¡No vuelvas a decir eso!.- grité con todas mis fuerzas
- Edward, los exámenes que se le realizaron son concluyentes.- se defendió con rapidez
- ¡Mentira!.- lo solté y tomé mi cabeza intentando borrar sus palabras.- ¡Tu estás equivocado! Dime que estás equivocado.- exigí
- Nada más me gustaría que estarlo Edward, pero los análisis que le practicaron, fueron revisados y expuestos por otro médico… Yo sólo corroboré su diagnóstico
- ¿C-cuál…?.- quise volver a escucharlo, para hacer el gran esfuerzo de internalizar
- Fue un aborto inducido por reiterado y excesivo consumo de estupefacientes, es decir, por intoxicación de drogas. Ese es el diagnóstico clínico
- ¿En otras palabras?.- susurre con mi vista nublada por el llanto
- Heidi… mató a su propia hija.- concluyó y fue lapidario
…
El diagnóstico que se hizo extensivo a la familia, fue un problema común de desprendimiento prematuro de placenta, un aborto espontáneo… Ángela se acercó a ella y ganó su confianza para conducirla a un centro de rehabilitación. La dependencia de Heidi, no era un tema superfluo, ella era una adicta totalmente y pasaron meses antes de que pudiera comenzar a salir de esa situación… Ella nunca se abrió a mí para confiarme directamente su problema y yo tampoco tuve el coraje de afrontarlo, porque muy internamente, la culpaba de lo sucedido…
Su ausencia de todos esos meses, fue cubierta por un viaje prolongado para realizar un perfeccionamiento en sus labores como artista… Y fue en ese momento que más me acerqué a Ángela, la única que conocía todo el trasfondo y que me ayudaba a mantener el espectáculo… Me culpé por no detectar los síntomas, por no estar más pendiente de ella antes y durante su embarazo… Pero no sé cuanta culpa cargaba cada uno realmente…
La protegí de las acusaciones, de no mancillar su imagen frente al resto… Y me esforcé por perdonar, por recuperar mi matrimonio y a la mujer que a pesar de todo seguía amando con dolor mezclado... Pero no contaba con que el último y mortal puñal estaba reservado para el acto cúlmine. Lo que terminó por enterrarme vivo y dejar en el olvido las promesas de amor eterno y fidelidad por sobre todo… Sin embargo, hasta hoy, sigo respirando gracias a la esperanza… La única que queda en mi muerte en vida, mi hija…
...
Continuará...
¿Todo bien? jaja... ¿Se lo esperaban? Leí varias hipótesis, pero ninguna como esta =) ¡Mi lado malvado rie! xD
Pero... Obviamente todas las cosas no están al descubierto =) Así que poco a poco... Sé que algunas me pidieron
que escribiera algún Outtake sobre Edward, pero sinceramente creo que perdería la magia si se revela todo de una sola vez. Y la idea no es esa ¿Ven?
Pam3
Infinitos besos y abrazos a todas quienes me leen y comentan. También a mis lectoras fantasmas jiji.. Y a mis chicas Face xD
Intentaré subir "E.Y." esta noche o mañana, porque estaré ocupadisima el fin de semana.. Entre despedidas, matricidios y otros xD
¡Que se me pegue el espíritu santo con el matrimonio! ¡Por favor! jaja
Las quiero niñas y se me cuidan
-.-
