Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"

Capítulo V

...


Ed.-

...

El pequeño resplandor de la ventana me hizo ponerme de pié con lentitud. Sentía mis músculos totalmente tensionados al haberme dormido en el piso. Miré allí y la ecografía resaltaba en la claridad del suelo de mi habitación. La recogí y la volví a meter en esa maleta… De pronto pensé en deshacerme de todos esos malditos recuerdos que me acompañaban a diario, pero opté por volver a crear esa barrera entre el pasado y el presente, y tan solo dejarla allí olvidada como muchas cosas.

Cuando estuve duchado salí de mi habitación, encontrando a Ángela con su bata y unas marcadas ojeras, señal de que al parecer ambos habíamos tenido una mala noche. Su postura cambió de inmediato en cuanto me vio y cruzó sus brazos sobre su pecho. Bufé y pasé por su lado, pero ella tomó mi brazo bruscamente y me detuvo

- ¿Qué pasó anoche? Y no quiero evasivas. Te escuché llorar ¿Tú llorando? ¿Qué es lo que ocurre?.- increpó.

- ¿Te convertiste en vampiro y ahora no duermes por las noches?- contraataqué sin responder a sus recriminaciones

- Al menos ser vampiro me convierte en alguien fuerte.- dijo con voz filosa. Con mayores ansias quise regresar y quemar todo el contenido guardado

- Voy a dejarte una cosa en clara Ángela.- avancé un par de pasos y me situé frente a su rostro crispado.- El que calientes mi cama algunas veces, no te otorga el derecho a pedir explicaciones de todos mis actos

- No intentes hundirme con las insinuaciones de hacerme querer ver como una mujer fácil.- gruñó.- Por lo que oí anoche, el hundido aquí eras tú ¿Qué pasa contigo? ¿Dónde quedó el hombre fuerte del cual me enamoré?

- Sigue aquí, y te ordena en este mismo momento que atiendas a mi mujer.- sus ojos se entrecerraron al oírme nombrar a Heidi de esa forma.- Isabella ha renunciado, así que serás tú quien se encargue de todo

- ¿Qué?.- preguntó contrariada.- ¿Cómo que renunció?

- Lo que escuchaste.- dije simplemente, dándome la vuelta para seguir mi camino. Sus pasos persiguiéndome resonaron en el silencioso pasillo

- Necesitamos encontrar a alguien. Hay que buscar una nueva enfermera.- paré mi andar en forma abrupta

- Lo que necesito y tú necesitas, es entender que se te paga un sueldo por cuidar de mi mujer. Y recibes mucho más de lo que cualquiera soñaría. Incluso se te pagan muy bien las horas extras.- añadí con referencia exclusiva a nuestros encuentros

Los ojos de Ángela inmediatamente me hicieron ver el error que acababa de cometer. Intenté decir algo, pero como siempre, las disculpas no estaban arraigadas en mi vocabulario y no bastó con un solo toque en su rostro… Golpeó mi mano con toda la fuerza que pudo y salió enfurecida a su habitación, cerrando de paso, con un estruendo que terminó con el silencio que reinaba hasta ese entonces.

Entré al cuarto de Heidi, aun teñido con la oscuridad que proporcionaban las oscuras cortinas que había escogido para ella… Cuando nos habíamos casado, había tenido que acostumbrarme a dormir en las penumbras, debido a la sensibilidad de mi esposa con la luz solar o artificial. La primero sonrisa de mi día, fue recordando la primera noche con esa oscuridad total que daban mis enemigas mortales en que se convirtieron esas cortinas. Me había querido levantar por un poco de agua y había terminado en el piso con un pequeño corte en mi rodilla… Ella había optado por sacrificar su comodidad y cambiarlas por unas más claras. Pero sus constantes desvelos me hicieron doblegarme a sus extrañas costumbres una vez más.

- Me alegra verte sonreír.- quité mi mirada de la ventana para posarla en ella

- ¿Cómo amaneciste?.- pregunté, quitando cualquier rastro de alegría

- Con un día menos de vida.- bromeó, sin embargo, el nudo en mi estómago apretó fuerte

- Debo agradecer que no te dedicaras al humor, de seguro te hubieras muerto de hambre.- respondí a su broma, sin un solo atisbo de humor

- ¿Por qué te cuesta tanto mantener la sonrisa con la que te encontré al despertar por más de cinco minutos?

- ¿Necesitas que te lo conteste?.- fui tajante

- No…- susurró unos minutos mas tarde. Cuando también había logrado enterrar su ánimo

Al parecer mi día no comenzaba de los mejores... Me moví por la habitación buscando sus medicamentos y todo lo que necesitara. Ella seguía en silencio cada uno de mis movimientos, podía sentir la fuerza de su mirada a cada paso que daba… Ángela entró minutos más tarde con el desayuno de Heidi, no me miró ni una sola vez y mi mujer captó de inmediato que algo no iba bien, sus ojos pasaban desde su prima hacia mí a cada momento.

- ¿Dónde está Bella?.- consultó Heidi. Ángela hizo como si no hubiese escuchado

- Ella no vendrá.- respondí de pié al lado de su cama

- ¿Y mañana?.- siguió

- No vendrá ni hoy ni mañana. Isabella ha renunciado.- dije con voz monocorde

- ¿Cómo?.- Heidi dejó su té de lado e intentó incorporarse

- Buscaremos otra enfermera. Estoy seguro que hay mucho mejores que ella.- Heidi me miró pidiendo explicaciones, más no se las di

- Por supuesto que no hay mejores.- rebatió mi punto

- Heidi.- intenté serenarme.- Es una simple enfermera, incluso ni siquiera alcanza para eso. Con el dinero que pago, hasta una sirvienta puede convertirse en la mejor enfermera

- La quiero a ella.- Ángela volteó a verla incrédula al igual que yo. Ella nunca contradecía mis palabras

- Ella renunció y buscaremos a otra ¡Punto!.- di por cerrada esta absurda palabrería

- Llamaré a Carlisle.- anunció Heidi e intentó incorporarse

- ¿Se puede saber para qué?.- llegué a su lado y la obligué a permanecer en la cama, tomándola por su brazo

- Ella fue contratada por él, por lo que Carlisle puede hacer que vuelve.- volvió a intentar ponerse de pié

- Carlisle la contrató, pero soy yo el que paga su sueldo. Y no voy a aceptar que un empleaducho desobedezca mis órdenes

- ¿Ordenes? ¿Qué ordenes?.- inquirió con ansiedad

- No necesitas estar enterada de nada.- sentencié

- ¿Por qué no?.- su insistencia me estaba afectando.- Ella está a cargo de mi cuidado y es más que una empleada, para mí es una nueva amiga

- Prima, creo que estás haciendo una tormenta en un vaso de agua. Y tengo que decirte, que cometes un error dándole tanta confianza a un empleado.- irrumpió Ángela

- ¡Ella no es una empleada!.- gritó, dejándonos estupefactos ante su reacción.- ¡Ella no renunció. Tú la despediste!. ¡¿Por qué?

- Heidi…- comenzó Ángela

- ¡No!.- la corto mi mujer.- ¡Ella es la única que se preocupa realmente por mí!

Me quedé con las palabras pendiendo en un hilo de mi boca. Mis manos se cerraron en puños dentro de mis bolsillos y no por rabia; sino por frustración… Por primera vez en todos estos años, Heidi se oponía a mis palabras y expresaba con firmeza un sentimiento que muy bien sabíamos no era cierto, pero muy claramente que yo mismo había ayudado a percibir…

- Eso no es cierto…- comenzó Ángela, y quise golpearla

- Sal de la habitación.- pedí sin un poco de amabilidad

- Edward…- terció

- ¡Sal de aquí!.- grité fuera de mis cabales.

- No necesito que me grites.- gruño antes de salir y como si se le hubiese hecho costumbre, volvió a azotar la maldita puerta

Mi mujer se hundió un poco más en la cama, luego de escuchar mi mandato hacia Ángela. Pasee mi vista por cualquier objeto antes de terminar en su persona… De sus ojos caían pequeñas lágrimas, que recorrían un largo camino hasta caer por su barbilla. Me senté a la orilla de su cama y con sentimientos en contraste, arrastré mi mano hacia la suya. Pero mi sorpresa fue tal, cuando ella la retiró antes que llegaran a contactarse y la escondió bajo las mantas.

- Buscaremos otra enfermera.

- No quiero otra.- farfulló con su voz en llanto

- No te estoy pidiendo autorización.- corté.- Estoy informándote la nueva disposición que he determinado y se aceptará como tal

- ¿Por qué?.- preguntó nuevamente

- Es una decisión…- comencé, pero ella me interrumpió

- ¿Por qué temes a todo lo que te recuerda a nuestra hija?.- me cuerpo se tensó al instante.- Ella y su hija te recuerdan a lo que pudimos tener, y que por mi culpa perdimos…

- No…

- ¿Me vas a castigar hasta que me muera?.- cuestionó llorando con fuerzas

- Le explicaré la situación a Carlisle y buscaremos a la mejor profesional que haya para que se encargue de tus cuidados lo antes posible.- cambié el rumbo de la conversación y me levanté de su cama

- Nunca quise… nunca fue mi intención… Porque aunque tu creas que el único afectado con esto eres tú, déjame decirte que ésta enfermedad es solo una piedra más en mi camino… Por si no te diste cuenta, yo comencé a morir el mismo día que nuestra hija y lo seguí haciendo hasta cuando murió lo nuestro…

- Al menos tenemos algo en común.- solté.- Somos dos muertos en vida por las acciones del otro

No esperé reacción por su parte y salí sin más de su cuarto. Recargué mi cabeza en su puerta, escuchando como sollozaba en silencio por nuestra conversación extrañamente pocas veces tenida. Porque existía una especie de código entre ambos, uno que se había instaurado sin proclamación, que no dejaba cabida para el pasado…

- ¿Qué piensas hacer?.- abrí mis ojos para encontrarme con Ángela frente a mí

- Por ahora esto.- la tomé y estampé mis labios en los suyos, siendo un perro por hacerlo fuera de la alcoba de mi mujer.- Te necesito.- susurré acariciando sus turgentes y muy dispuesto senos

- ¿Solo para esto te sirvo?.- cuestionó con su manos tirando de mi cabello y retrocediendo conmigo hasta mi habitación

- Sabes que no.- fue mi única respuesta antes de envolverme en el olvido de su cuerpo

Ella no dijo más y era lo que podría decir amaba de esa mujer. Lo único y real que amaba de ella, la disposición de darme todo sin pedir nada, al menos por ahora…

- Necesito a alguien ahora.- rugí a través del teléfono

- No sé que fue lo que hiciste Edward, pero estoy bastante ocupado para viajar allí y buscar una reemplazante

- No hice nada.- sisee

- ¿No? Bien, voy a creerte. Pero lamento decirte que mi trabajo me impide viajar al menos en unas dos semanas más

- Bien. Adiós.- colgué el teléfono con fuerza

Habían pasado unos pocos días desde que Isabella ya no estaba en esta casa, y aunque sonara estúpido, hacía un par de mañanas que mi cabeza me había jugado una mala pasada y esperaba verla entrar por la misma puerta en que se había marchado con la furia hecha fuego en plena expansión… Heidi no hablaba más que lo justo, y evitaba responder en extenso cualquier inquietud que le expresaba. Sobre todo en relación con sus hábitos alimenticios, que con cada día menguaban más y más.

También estaba grabado a hierro candente en mi cabeza el llanto de su hija. No podía mentir y decir que era una situación carente de importancia, porque cada vez que rememoraba ese suceso, mi piel se ponía de gallina y un escozor recorría mi cuerpo de pies a cabeza ¡Pero eso no tenía porqué pasar! ¡Ella no era nada mío! Y sin embargo, haberle tratado así, incluso si ella no lograra comprender mis palabras, me hacía sentir el ser más despreciable… Era algo extraño, pero esa niña había hecho algo que nadie había logrado en estos años; hacerme sentir culpable por mis faltas.

- Heidi no quiso probar bocado nuevamente.- miré la bandeja casi intacta nuevamente

- Eres enfermera y aun no me explico como no murió algún paciente tuyo el tiempo que trabajabas ¿No se supone que tienes métodos para persuadirla?.

- ¡Estoy empezando a odiar tu humor de perros!.- me señaló con rabia.- Porque en vez de estar aquí intentando buscar soluciones, no vas y la obligas tu mismo a comer… Eres su esposo y ella te debe respeto

- ¿Qué insinúas?.- entrecerré mis ojos hacia ella. Bufó y me miró como si fuera un retrasado

- Que ajustes tus pantalones y tomes el lugar que te corresponde. Date cuenta que es una mujer de 30 años, no de 5. Y que si es necesario ser duro con ella, entonces será. Si no lo haces tú, estoy por hacerlo yo. Mi paciencia tiene un límite.- y la mía igual pensé en cuanto llegué a ella de dos zancadas

- Nunca te atrevas a levantarle la voz ¿Me escuchaste?.- dije entre dientes.- El día que yo me entere de eso, te arrepentirás hasta de haber nacido

- Entonces espera sentado la muerte de tu mujer, puede que ocurra antes de lo que creemos. Aunque la causa no será su enfermedad

- ¡Fuera!.- grité y tiré de su brazo hasta que la saqué de mis despacho.

Apreté con fuerza el tabique de mi nariz. Ella tenía razón, aunque no lo quisiera reconocer. El doctor había sido enfático en el tema de su alimentación días atrás, cuando la había visitado. Si ella no cumplía a cabalidad con las indicaciones de sus comidas, podría influir claramente en sus defensas y ello acarrearía múltiples complicaciones que podrían acelerar el proceso final…

Proceso final, había llamado delicadamente a su partida el médico… Y aunque buscara mis sinónimos, tenía el mismo efecto en mí, vacío. Uno más y peor de todos los que había tenido en mi vida… Uno definitivo.


Be.-

- ¿Irás a buscar a James?.- Rose intentaba ponerle un lazo a mi hija en su cabecita

- Si ¿Verdad, amor?.- mi hija soltó una risita

- Toma.- extendió el lazo hacia mí.- Esta niña es una resistente opositora al fashion emergency.- se rindió cuando mi bebé se lo había quitado por tercera vez

- Ella es natural, porque así es totalmente bella ¿Cierto?.- mi preciosidad estiró sus bracitos hacia mí

- ¿No has sabido nada de Mister limón?.- cuestionó Rose desparramándose en mi cama

- He dedicado tiempo a ordenar mi pieza ¿Sería mucho trabajo para ti estirarte en el piso para no desordenar mi cama?.- mi hermana me brindó una amplia sonrisa y siguió moviendo su cuerpo sobre las colchas.- Okey. Contigo no se puede y no, no he sabido nada de ellos y no tendría por qué

- ¿Extrañas el trabajo allí?

- La verdad es que no fue mucho tiempo, pero Heidi es una persona que se gana el amor de todos con solo verla una vez.- sonreí con nostalgia

- Lástima que esté casada con un tipo como ese. Porque lo que tiene de guapo, lo tiene de dolor en el culo ¿Por qué no dejaste que le dijera un par de cosas antes de irnos ese día?

- ¿Cuáles serían tus par de cosas?.- cuestioné sabiendo a qué se refería

- Una patada en sus testículos y apretón de miembro ¿Cuentan como un par de cosas?.- no pude mas que reírme de ella.- Nadie se mete con mi tesoro

- Es mejor así, además no se llevó gratis sus palabrotas. Creo que con mi derechazo le quedó claro.- Rose empezó a imitar un boxeador.- No fue para tanto.- puse mis ojos en blanco

- Bien, no es por echarlas, pero creo que si no se dan prisa James es muy capaz de llegar a pié aquí con maletas y todo.- tuve que concederle eso

- Tienes razón ¿Qué harás tú en este rato? ¿Quieres acompañarnos?.- pregunté por si acaso

- Ehm, tengo tarea.- se excusó demasiado rápido. Algo me decía que ese tipo de tarea pondría verde a Renée y tenía nombre y apellido

- Está bien.- tomé el bolso con las pertenencias de mi bebé y bajé las escaleras.

Tuve la intención de abrir la puerta y salir, cuando choqué con un gran muro a mi paso. Un muro con una enorme sonrisa y varios accesorios en su mano que parecían ser películas. Alcancé a ver la carátula de una y pude imaginarme de qué trataban todas. Me voltee con mi ceja alzada hacia mi hermana, que solamente se encogió de hombros, pero su rubor dejaba claro que era un panorama muy bien detallado.

- ¿Tarea? ¿Eh?.- pregunté con ironía

- Una muy complicada Bella.- dijo mi hermana seriamente

- Mi Rose necesita flexibilidad.- acotó Emmett

- ¡Emmett!.- regañó Rose

- Ok, no quiero saber más detalles. Y mi hija menos.- hice el ademán de tapar sus orejitas y salí de allí

- ¡Es tarea de gimnasia Bella! ¡Por eso la flexibilidad!.- gritó Emmett, mientras sentaba a mi Liz en su sillita

- Claro.- gesticulé

Manejé haciendo coreografías durante todo el camino para que Liz no se me aburriera. Recordaba mi infancia y no nos parecíamos en nada, yo apenas me subía a un auto, Morfeo me visitaba hasta llegar a destino… Mi hija no, sus ojitos estaban de un lado a otro y cada vez que dejaba de mover mi cuerpo al compás de la música que sonaba, ella comenzaba a protestar… Me reí sola cuando unas personas quedaron pendientes de mis piruetas delante del volante, seguramente creerían que estaba loca, pero con tal de tener a mi hija feliz, incluso me volvería loca de verdad.

Aparqué el auto y bajé con mi cosa hermosa. Miraba en todas direcciones buscando a James, hasta que divisé una cabellera rubia resplandeciente igual a la de nuestro corazón. Buscaba con frenetismo entre todas las personas que allí habían, hasta que logró ubicarnos y corrió a nuestro lado

- ¡Bella!.- me abrazó con fuerza

- ¿Cómo estuvo el viaje?.- sonreí

- Demasiado largo para mi ansiedad.- dejó sus maletas en el piso y miró a nuestra bebé, que lo observaba con desconfianza.- Estás preciosa.- susurró embobado.- Ven con papá, amor.

Mi hija comenzó a sollozar en el momento exacto que el situó sus manos sobre su cuerpo. Sus bracitos se movieron con desespero hacia atrás, la voltee para tenerla de frente y ver lo que pasaba, y ella aferró sus brazos a mi cuello… Miré a James y su rostro estaba desfigurado de la pena… Mecí a Liz hasta que calmó su llanto e intenté transmitirle a James tranquilidad ante la reacción de nuestra hija. Era demasiado pequeñita aun, y era lógico que desconociera

- Él es el papá bebé ¿No vas a darle un abrazo a papá?.- pregunté como si ella entendiera, haciéndole mimos. Ella volvió a enterrar su carita en mi cuello

- No me reconoce.- murmuró él con tristeza

- Ella es así. No es sólo contigo James, lo mismo pasó con Phil cuando tuvo que viajar unos pocos días y luego regresó. Lloró casi toda una tarde.- reí tratando de reconfortarlo

- ¿No se lleva con los desconocidos?.- mi menté de inmediato visualizó un rostro y una imagen

- No, a menos que se la ganen con muecas que puedan sacarle una sonrisa.- mentí a medias. ¿Cómo podía dejarlo tranquilo al decirle la reacción que ella había tenido con un hombre que jamás había visto?

- Nunca más dejaré tanto tiempo sin venir.- murmuró mientras caminábamos al auto

- Ella irá creciendo y eso ya no será un problema. Solo tienes que estar tranquilo y ser paciente.- pedí

- ¿No quieres venir con papa, corazón?.- volvió a extender sus manos hacia ella y tuvo el mismo efecto. Suspiró derrotado.- Yo manejo.- concluyó

Durante el trayecto de regreso situé a mi hija sobre mis piernas. Cada tanto jugábamos con James y ella comenzó a soltar risitas para él… James extendía su mano hacia ella, y tras unos minutos de parecer pensarlo, poco a poco su pequeña manito tocaba con cautela primero un dedo y ya luego con confianza toda su extensión. Su papá en intentos varios y con resultados exitosos se convirtió en un bufón todo el resto del camino, ya cuando ella estaba mas relajada con su presencia.

- ¿Irás a saludar a tus padres?.- consulté cuando estacionó fuera de mi casa

- Mis papás pueden esperar. Yo no pienso moverme un solo minuto de su lado para arriesgarme a que vuelva a desconocerme.- rodé mis ojos por su exageración

- ¿Te estás volviendo paranoico?

- No, precavido.- rebatió.- Mira lo que tengo aquí ¿Lo quieres?.- comenzó a chantajear a mi pequeña escondiendo algo en su mano. Ella solo movía sus bracitos y sus piernas

- Es más inteligente que tú y yo juntos, creo que no caerá en ese sucio juego.- me reí de él, quien infantilmente me mostró su lengua

- Aguafiestas.- recriminó con un falso enojo

- Realista.- sonreí más cuando mi hija desistió del interés en su mano y lo ubicó en las suyas

- Pronto caerás.- la amenazó juguetonamente, mientras besaba su cuello y resoplaba en él, causando una gran carcajada en ella

Entramos a casa e inmediatamente mi pequeña protestó tomando mi blusa. James fascinado comenzó a tomar fotos de todo lo que hacía, hasta que tuve que detenerlo. No me creía muy apropiado salir amamantando a mi bebé y sabiendo que estaría en la red a merced de todos los amigos de James cuando subiera todos los álbumes que haría desde su llegada a su partida. Sin embargo, mi pequeña tramposa estaba comenzando a confabular en mi contra y luego de todos los ruegos de James, tuve que ceder, pero con la condición que mis rostro no se vería para nada y obvio menos parte de mi anatomía.

Nuestra pequeña Liz tenía una cierta fijación con las fotos. Nos dimos cuenta cierta vez en que lloraba desesperada, y de un momento a otro su llanto cesó. La causa y el descubridor habían sido Emmett y su intento por aprender a usar su nuevo juguete. La cual accidentalmente había auto programado y disparaba flashes a diestra y siniestra. Desde ese día, cada vez que ella veía una cámara, su sonrisa era infaltable, y ahora no era la excusa. Dejaba de succionar mi pecho para esbozar una sonrisa y seguir con su comida

- ¿Y Rose?.- cuestionó cuando mi bebé comenzó a cerrar su ojitos

- Supongo que habrá salido con Emmett. Cuando salí, supuestamente la dejé realizando tareas.- dije entonando la última palabra

- ¿Una sobrinita a mi princesa?.- se rió de buena gana

- Que no te oiga Renée, le dará un ataque.- en ese momento el timbre sonó y me levanté a atender.- ¿Quieres sostenerla?.- los ojos de James brillaron y mi hija medio dormida no protestó

- Está tan hermosa Bella.- susurró con ese brillo especial que se instauraba en sus ojos cada tanto que la miraba

- Creo que ella es lo mejor de cada uno.- acaricié su cabello y me levanté a abrir.

Si alguien hubiese apostado contra mí, sobre quien golpearía mi puerta algún día. De seguro hubiese perdido todo mi dinero allí, porque ni en mis mejores o peores sueños, hubiese pensado que Edward Cullen estaría de pié en el portal de mi casa con su expresión contrariada… Inclinó su cabeza a modo de saludo, el cual ni siquiera me molesté en contestar.

- No creo haber pecado tanto en mi vida, como para tener que aceptar semejante castigo.- mascullé

- Ni yo. Te aseguro que si por mi fuera, jamás hubiese pisado aquí.- soltó con desdén

- Me alegro de escucharlo, pensamos igual.- miré por sobre mi hombro, pero seguramente James estaba en otro planeta viendo a nuestra hija

- Vengo a decirte algo y quiero que me escuches.- ordenó. La rabia nuevamente apremió y decidí terminar con esto

- Salga inmediatamente de mi casa.- intenté cerrar la puerta en sus narices, pero el lo impidió

- Mira…- las aletas de su nariz se ensanchaban.- No es fácil esto…

- ¿Qué cosa?.- apremié

- Heidi te necesita.- su sola mención me dejó a punto de desarmarme.- Yo…

- ¿Usted, qué?.- mi tono de voz no era amable. Lo quería fuera de aquí

- ¡Mierda! ¡No puedo hacer esto! No puedo rebajarme así.- masculló más para él, con su vista clavada en el suelo

- Entonces regrese por donde vino y déjeme en paz.- volví a empujar la puerta, pero volvió a sujetarla.- ¡Váyase!.- grité enfurecida

- No… Yo… ¡Perdón! No quise hacerlo.- pasó su mano por el cabello y su rostro.

- Me alegro, pero es tarde.- por primera vez me miró, habían tantos sentimientos en sus ojos

- Nunca… Es la primera vez que me humillo ante alguien.- siseó no molesto, sino con dificultad para reconocer lo que estaba diciendo

- Si usted lo que quiere es que vuelva a trabajar a su casa, lamento informarle que no lo haré. Así que siento enormemente que su humillación sea en vano

- Por favor.- pidió cambiando su voz a un susurro.- No te pido que te pongas en mi lugar porque jamás podrías hacerlo, pero te pido que pienses en mi mujer. Es ella la que te necesita

Escuché el llanto de mi hija y no fui la única. Edward levantó su rostro y quitó sus gafas oscuras de sus ojos, como buscando mejor por sobre mi hombro. James llegó rápido a mi lado con mi bebé moviéndose fuerte en sus brazos y estirando los suyos hacia mí… Sin embargo algo cambió, los achocolatados y húmedos ojos de mi Liz se posaron en el visitante no grato y para desconcierto de todos, fue a quien dirigió sus manitos abriéndolas y cerrándolas para que el las cogiera.

- Váyase por favor.- pedí, dándole la espalda para que mi hija no pudiera verlo.- ¿Qué pasó amor?

- Ella… ella se despertó y creo que… no me reconoció.- habló James como tratando de entender lo que sucedía

- Ya bebé, aquí está mamá.- intenté calmar su llanto, pero su cuerpo se estiraba buscando al hombre que seguía allí y no parecía querer marcharse.- Señor Cullen, por favor le pido que se retire

- No.- pronunció para mi total shock y me voltee hacia él. Mi hija inmediatamente volvió a tirar sus brazos

No sé en qué momento pasó, pero Edward pasó de haber estado parado a varios pasos míos, casi a mi altura y con sus ojos clavados en mi pequeña que ahora alcanzaba a tocar su camisa con sus deditos… Mi cabeza me ordenó moverme y sacar a Liz de allí, no dejar que hubiese cercanía con ese hombre que la había tratado mal… Pero la mirada esperanzada que le brindaba a mi hija me hizo quedarme estancada en mi mismo lugar y ver como él poco a poco acercaba su mano, como esa vez, a la mejilla sonrosada y bañada en lágrimas de mi hija.

- Ven.- fue lo único que le dijo a Elissa para que ella se retorciera en mi brazos

Miré a James como buscando una salida, pero el solo miraba como nuestra hija se iba con otra persona… Porque con delicadeza vi como la arrancó de mis brazos y con dificultad la tomó en los suyos, como si fuese la primera vez que cargaba un niño en sus brazos... Me estremecí cuando me percaté que venía siendo el calmante para los sollozos que brotaban del cuerpecito de Liz, quien como si hubiese encontrado su lugar preferido, se acurrucó en su pecho y cerró sus ojos con total serenidad.

- Devuélvamela.- ordené cuando caí en cuenta de lo que pasaba

- Permíteme… tan solo unos minutos.- pidió casi como un ruego

- Yo…- quise hablar, pero no sabía qué decir

No, cuando una faceta totalmente opuesta a la máscara de hierro que había aprendido a conocer de Edward Cullen empezaba a consumirse como papel en el fuego… Su mano acarició en forma circular la espalda de mi bebé y su boca se unió el tope de su cabecita, depositando repetidos besos allí con sus ojos cerrados… Como si eso, fuese también su calmante… Su mundo feliz…

...

Continuará...


Nuevo Cap... Tín, tín, tín... Donde odiarán y ¿amarán? bueno, no creo tanto... Pero estoy segura que algo les removerá xD

Increíblemente ¡Plop! He quedado al ver todas las alertas, favoritos... Así que, ha cooperar si queremos ver que pasará ¡Ja! Si, mi lado malo puede salir =)


Pam3


PD 1:- Cariñines especiales a Jessica, Lynn y dracullen ¡Gracias preciosas! Y Lynn, otra vez continuará... =)

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Veremos que tanto les guuuusta la historia ¿Comments? xD ¡Cara de niña mala! ¡Ja! Besines...