Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"

Capítulo XIV

...

Ed.-

...

¿Cuándo te perdonarás tú? Yo lo hice incluso desde antes que todo ocurriera. Lo único que quiero pedirte, si es que aun tengo derecho a eso, es que no te conformes con lo que puedes ver frente a ti.

Hay más Edward, mucho más.

¿Recuerdas cuando me pediste que observara la colina y yo sin querer alcé mis ojos más allá, hacia esa insignificante ave por su majestuoso vuelo?

Mira tú así, hay mucho más detrás de Ángela. Mucho más que está esperando por ti, y llegará. Estoy segura que sí.

Te amo y es lo único con lo que me voy. Sé que me amaste, pero que no sea lo único con lo que te quedas. Aprende que la vida es más que un momento, y tú, a ti mi amor te espera un para siempre.

Heidi.

Había leído una y otra vez las palabras de Heidi. Había un para siempre decía ella ¿Dónde? ¿En la miseria de vida que tenía? Sacudí mi cabeza y afloje el nudo de mi corbata. Me sentía literalmente como si estuviera esperando el momento exacto de mi muerte, pero se demoraba y no llegaba.

- Señor Cullen.- escuché la voz de mi secretaria. Me incliné en mi silla y respondí

- Dime.- tomé la carta y la guardé nuevamente en mi escritorio

- La Señora Victoria está aquí.- apreté el puente de mi nariz

- Hazla pasar.- me levanté y arreglé mi ropa

Victoria entró con el aire que siempre la había caracterizado, como ama y señora del lugar. Un escueto saludo tuvo la decencia de brindarme y tomó asiento antes que se lo indicara frente a mí. Tomé mi tiempo mientras ordenaba unos papeles y veía como ella, a pesar de su postura desafiante, retorcía sus manos enfundadas en elegantes guantes y movía una de sus piernas en forma insistente. Podía intentar aparentar arrogancia e indiferencia, pero estaba en mis manos, lo creyera o no.

- Victoria.- dije por fin acomodándome en mi asiento

- Mi tiempo es preciado, así que espero seas breve.- demandó

- Si mal no recuerdo fuiste tú la que pidió reunirse conmigo hace una semana

- La misma semana que me has estado dilatando

- Soy un hombre de negocios, así como lo es tu marido.- remarqué lo último.- Supongo que comprenderás

- ¿Vas a chantajearme? Ten cuidado Edward, puede que te sientas muy poderoso, pero yo también puedo tener mis cartas a jugar

- Pero Victoria ¿Por qué esa hostilidad? ¿Esa especie de desesperación?.- dije en la forma más sarcástica que podía

- ¡Basta de juegos Edward!.- golpeó el escritorio. Alcé mis cejas hacia ella

- Veamos. Tu esposo es uno de los mayores accionistas con que cuenta mi empresa. Eso nos llevaría a que si se sabe tu secreta relación mantenida con mi empleado, Demetri se desligará en forma total de mis empresas

- Por lo que si eres inteligente no dirás nada.- sonrió en forma altanera

- Pero Demetri es solo uno de los muchos accionistas con poder y reputación como tu esposo con que cuenta mi firma.- su sonrisa se congeló allí mismo

- Tu reputación quedaría…

- Exactamente donde la ves ahora.- la corté.- En cambio no creo que podamos decir lo mismo de ti y tu esposo

- Habla de una vez ¿Qué quieres a cambio de que no se sepa nada?.- giré mi asiento de lado a lado, pareciendo meditarlo un tiempo

- Nada.- dije luego de unos minutos. Abrió su boca en sorpresa, y luego su furia estalló

- ¡¿Qué es lo que quieres? ¡Y deja esa estúpida sonrisita!.- se levantó e inclinó su cuerpo furioso hacia mí

- Mi sonrisa no la puedo borrar porque después de mucho tiempo estoy feliz

- ¿La muerte de tu mujer te alegra?.- el desdén de sus palabras acabaron con mi paciencia

- Vuelves a pronunciar el nombre de mi mujer y te juro que me olvido que eres una dama, o lo que te queda de ese título.- sisee

- Entonces no veo qué más tengo que hacer aquí.- tomó sus cosas y se preparó para marchar

- Vic.- usé el apelativo que su esposo solía dar a ella.- Dije que no quiero nada para mí, pero igualmente voy a pedirte un favor

- Habla.- ordenó, solo que ahora su voz sonaba más sumisa

- James tiene una hija. Revuélcate con él todo lo que quieras, pero el día que me entere que ese imbécil que tengo por empleado, ha dejado sin dinero o sin protección a esa niña. Y te prometo que el escándalo que armaré será el que te siga el resto de tu vida, a ti y tu esposo.- me miró frunciendo su ceño

- ¿Qué…de qué hablas Edward? ¿Me estás pidiendo solo eso a cambio de mantenerte callado?

- No, te estoy pidiendo más que eso. Quiero que la suma de dinero que James envía mensualmente sea mucho más de lo que hace hasta ahora, quiero que al menos una vez al mes lo dejes salir de tu cama para que pueda atender sus obligaciones como padre. Y quiero, por sobre todo, no olvides que el día que me entere que se incumple lo que te pido, tú serás la más perjudicada

- ¿Cuál es tu obsesión estúpida con una mocosa que ni siquiera conoces?.- me hirvió la sangre cuando ella llamó a Liz así

- Se llama Liz, y es mucho más de lo que la boca de una zorra como tú pude llegar a pronunciar. Ahora sal de aquí y saca las ganas reprimidas que no puedes llevar a cabo con tu marido con cualquier idiota que tenga el estómago de acostarse contigo.- extendí mi mano hacia la puerta

- Te vas a arrepentir.- masculló entre dientes antes de azotar mi puerta

Me voltee a observar el paisaje por mi ventana preguntándome si estaba haciendo realmente bien con todo esto. No tenía las respuestas, pero tampoco pensaba buscarlas. Mi única razón para todo esto, era tratar de hacer feliz a Liz un poco. Yo había añorado una hija, y lo mínimo que hubiese hecho por ella era el plantar toda mi vida a sus pies, no entendía como James podía perderse esta oportunidad que yo no tenía. La puerta volvió a abrirse y cuando me giraba para ver quién era, sentí el solo impacto de una pequeña mano, pero con la suficiente fuera para hacerme rodar el rostro.

- ¡Si antes te odiaba, ahora lo hago más!.- gritó Alice

Volví mi cara hacia ella, viendo como mi secretaria estaba estupefacta en el umbral de la puerta. Jasper unos pasos atrás de Alice mirándome asesinamente y Alice, con sus ojos relucientes de ira. Indiqué con mi barbilla para que la puerta fuera cerrada y me quedé en el mismo lugar

- No voy a defenderme

- ¡Por supuesto que no puedes! ¡Te acostaste con...con Ángela! Oh Dios.- acusó y supe de inmediato que ya nada era secreto

- Lo hice.- apenas acepté sentí golpe tras golpe que me brindaba Alice.

Sus manos en puños golpeaban donde pudiese y mantuve mis brazos anclados a cada lado de mi cuerpo. Visualicé a Jasper tratando apartarla, pero solo era más consciente de los gritos e insultos que profería ella hacia mí

- ¡Alice!.- gruñó Jasper tomándole por la diminuta cintura y alejándola

- ¡Suéltame Jasper! ¡Quiero matar a este imbécil! Hirió a mi hermana...- sollozó

- Te dije que no dejaría que te pusieras en riesgo. Ni a ti ni a nuestro hijo. Cálmate…

Dejé de escuchar cuando esas palabras resonaron en mi cabeza. Miré a Jasper que abrazaba fuertemente a una desconsolada Alice, que aferraba sus pequeñas manos al saco de mi amigo. No sé cuantos minutos pasaron, pero los sollozos de Alice cada vez aminoraban más, hasta que solamente su respiración se denotaba alterada.

- Van a ser padres.- sonreí con tristeza

- Edward, vengo a presentar mi renuncia.- una puñalada o los golpes de Alice no causaron tanto daño como las palabras de mi amigo

- Jasper…- intenté protestar, pero Alice me cortó

- Ni Jasper ni yo queremos ser partícipes de cuando instales a…esa mujer como tu nueva conquista

- No estoy con Ángela

- ¿No?.- el tono de ella era escéptico.- Vaya, no creo que sea por remordimiento. Dime ¿Encontraste otra? Claro, ahora mi…mi hermana no está y tu puedes hacer cuanto quieras con ella

- Edward.- me interrumpió Jasper cuando intenté volver a hablar.- Dejaré todo en manos de mi secretaria. He ocupado estos días para no dejar nada pendiente y mi reemplazo ya está contemplado

- No sabía nada de ello.- un nudo se atoró en mi garganta

- Cuanto menos contacto tuviese contigo, mejor para mí y Alice

Solo ahora venía a entender las ausencias de Jasper durante la última semana. Estaba tan encapsulado en mi mundo que el alejamiento de Jasper me había parecido casi normal, pero no era así, y ahora era que comenzaba a sentir la verdadera soledad.

- Nos vemos.- tomó a su mujer y salió de allí

¡Sólo! Así era como estaba y como estaría de ahora en adelante. Un precio justo a pagar por todo lo que había hecho. Nunca antes me había importado tanto el tener a alguien a mi lado, entonces ¿Por qué parecía sentir que la tierra se abría a mis pies y yo me hundía en ella?

- Hijo, se que no estás pasando por buenos momentos…

Miré a mi madre cuando detuvo sus palabras. Su mirada estaba cargada con pesar y no entendía muy bien el por qué de ello. Mi padre se situó tras la silla que ella ocupada y puso sus manos sobre sus hombros, intentando suponía, darle fuerzas para lo que estuviese a punto de decirme.

- Jasper nos contó todo.- habló mi padre esta vez

- Veo.- murmuré y bajé mi mirada hacia el piso

- ¿Cómo…?- esta vez fue mi padre quien reprimió sus palabras

- ¿Cómo pude?.- alcé mi mirada a ellos terminando lo que suponía no habían dicho.- Ni yo mismo me lo logro explicar

- Hijo.- mi madre se levantó y se arrodilló a mis pies.- ¿Por qué nunca dijiste nada?

- ¿Y qué se suponía que diría Esme?.- mi padre ocupó su tono más gélido.- ¿Qué se estaba acostando con la prima de su mujer? Te eduqué mejor que eso Edward

- Carlisle.- pidió mi madre con pocas fuerzas, mientras su mano acariciaba mi mejilla.- Algo tuvo que pasar Edward, lo sé

No podía. Viendo incluso el dolor de mis padres por creerme lo peor que podían haber hecho, no podía decirle todo lo que me había llevado a ser el más ruin de las personas, simplemente ladee mi rostro depositando un beso en la palma de esta. Cerré mis ojos y me levanté de allí, dando mi mejor cara.

- Los hombres tenemos necesidades.- dije de forma más creíble

- Edward.- susurró mi madre con asombro

- Lo siento mamá, pero tu hijo no es un santo.- sonreí incluso aunque costaba como mil demonios

- Me avergüenzo de ti.- escupió mi padre

- No.- pidió mi madre.- No digas eso por Dios. A pesar de todos los errores es nuestro hijo. Nuestro único hijo

- No creo que un ser como Edward pueda haber salido de mí. Me niego a creer eso

- Lamentable padre, pero lo hice.- desvié mis ojos de los suyos por temor a que viera la mentira en mi

- Me llevaré a tu madre un tiempo lejos de aquí.- sentí de inmediato los brazos de Esme rodearme

- Claro que no. Edward nos necesita

- Madre…

- ¿Para qué? ¿Para hacer frente a la vergüenza cuando esa mujer saque a la luz todo?

- Ella no será capaz.- terció Esme

- Ella es capaz de todo.- dije en voz alta, aunque era más mi pensamiento

- Tal para cual.- comentó entre dientes Carlisle

- Supongo que sí.- encogí mis hombros y tomé con delicadeza los brazos de mi madre, apartándolos de mí.- Y me tiene sin cuidado. No tengo nada qué perder

- Me lo imagino.- concluyó mi padre. No dijo más, pero estaba seguro que solo lo había hecho por respeto a Esme

Me miró por última vez y se internó en la casa. No quise mirar a mi madre y me escabullí hacia la salida, pero debería haber sabido que si había una mujer que no me dejaría jamás, esa sería mi madre. Tomó de mi brazo y me giró hacia ella, sus ojos tenían una pena inmensa y quise contarle todo lo que llevaba conmigo, pero me callé.

- Se que hay algo más en todo esto ¿Por qué no me lo cuentas Edward?

- Mamá, lo único que hay aquí es que yo no soy el perfecto caballero que creíste haber hecho

- Edward, cambiaste hace mucho y estoy segura que hubo algo

- Me lié con la prima de mi mujer después que ella perdió a nuestra hija ¿Te parece poco?.- mi voz no dejaba derecho a réplica. Era crudo

- Cuéntame.- pidió por última vez

- Jamás te podría contar los detalles de todo eso mamá.- me reí irónicamente, tratando de hacerle creer.- Pero te puedo decir algo, ya no estoy con ella

- ¿La amas?.- solté una carcajada ignorando el dolor de ella

- Nunca he amado a nadie

- A Heidi sí, yo lo sé.- aseguró, y me tenté a corroborar sus palabras

- Soy tu hijo, pero no soy perfecto. Me amo a mí mismo solamente madre, recuerda eso.- me acerqué y besé su frente.- Ve a ese viaje con papá y disfruta. Yo también lo haré

Esme siguió llamándome, pero apresuré mi paso lo que más podía hasta que llegué a la seguridad de mi auto y arranque. Manejé mucho tiempo, era lo que más me sobraba ahora, tiempo. Pensé en ir a casa y tratar de dormir, pero no engañaba a nadie, ni siquiera a mi mismo. Hoy tampoco podría dormir. Así que manejé directo a mi despacho, de seguro haría algo mejor que perder el tiempo contando ovejas o de otro modo, viendo a todos mis cercanos queriendo matarme en alguna pesadilla que lograra conciliar.

Solo faltaba a alguien más recriminándome para que mi vida se fuera a pique. Solo esa persona que terminara de tirar la última piedra sobre mi cuerpo.


Be.-

- No quiero viajar molesta con mamá.- dije por cuarta vez

- ¡Ya basta con tu cantaleta!.- pataleó Rose.- Nuestra querida madre está atravesando por el síndrome menopáusico, hasta que se le pare una mosca en un brazo le molesta

- Rose.- pidió Phil mirando consternado

- Ok, no tiene el síndrome ese, solo son los años que se le vienen encima

- Sabes bien que es porque no está de acuerdo con este viaje

- Lo importante es que tú estés segura de esto.- me confortó Phil

- Lo estoy.- dije con una seguridad que me asombraba

- Yo feliz iría contigo.- sonrió Emmett.- Pero tengo demasiadas cosas que hacer aquí ¡Florida está a la vuelta de la esquina!.- corrió gritando a nuestro alrededor provocando las risitas de Liz

- ¿Cuándo deben estar allá?.- me dirigí a Phil

- La próxima semana.- acarició mi hombro.- No te apresures en tus cosas. Has todo a tu tiempo. Estaremos en Florida, no en el final del mundo

- Quiero estar cuando se vayan

- Bella.- Rose resopló.- Mamá estará viajando todas las semanas a verte, no creo que tengas tiempo siquiera de extrañarla

En ese momento anunciaron que mi vuelo estaba próximo a salir. Me despedí de todos y aunque sentía una enorme bola que crecía en mi pecho, necesitaba hacer esto. No sabía aun por qué, pero tenía la necesidad imperiosa de decirle a él algunas cosas. De ahí había salido la resolución de viajar para poder ver en terreno todo lo que me estaba agobiando desde unas semanas atrás con la lectura de ese testamento. No quería nada de ello, pero igualmente tampoco pretendía que esa mujer se quedara con nada. Se lo debía a Heidi, y era lo mínimo que podía hacer.

Durante el viaje me costó conciliar el sueño, más bien me dediqué a juguetear con Liz que no paraba de elevar su cabecita para observar de cerca al hombre que iba a nuestro lado. Por lo visto el tipo era un cascarrabias, porque en el primer intento de ella por acercarse más, el tipo posaba su cuerpo de tal forma que ella no pudiese verlo. Y real o no, su actitud me recordó a Edward, teniendo temor de dejarse envolver por la magia de mi hija.

Una vez fuera del vuelo, había retirado las pocas pertenencias que traía conmigo, esperando por quien viniera en mi búsqueda.

- ¿Señorita Swan?.- me voltee cuando escuché al hombre llamarme.- Buenas tardes, mi nombre es Benjamín. Soy yo el encargado de trasladarla

- Gracias.- tomó mis bolsos y lo seguí

- ¿La llevo directo al Hotel?.- preguntó cuando ya estábamos en marcha

- No.- un escalofrío me recorrió.- Necesito una parada antes

- Como usted diga.

Phil había contactado a un amigo suyo para que me sirviera de guía. Él se había excusado por estar de viaje, pero había mandado a su hombre de confianza para que cuidara de mí en cierto modo. Mi conocimiento de la ciudad se basaba en solo lugares específicos, y de no ser por él, estaba segura que con lo que habíamos recorrido ya estaría perdida.

Se estacionó frente a un imponente edificio y hasta mi hija observó como si estuviese asombrada. Abrió la puerta para nosotras y descendí, sintiendo mis piernas como lana. Él estaba aquí y yo solo a unos pasos de volver a verlo. Benjamín me informó que estaría esperando por mí, y asentí sin poder sacar la voz, los nervios me tenían a punto de echar a correr con mi hija aferrada a mi pecho.

Traspasar la primera puerta había sido peor si supiera que un poco más allá estaba esperando por mí una suerte de último final. Liz observaba a todos lados curiosa y sonreía a cada persona que se percataba de su presencia y le hacía alguna morisqueta. En el ascensor caí en cuenta que seguramente podría encontrarme con James ¿Cómo no pensarlo antes? Busqué en forma rápida mi móvil y lo marqué, recibiendo como única respuesta su buzón. Todo hubiese sido más fácil con el aquí, pero ¿Qué le habría dicho? ¿Vengo a hablar con Edward y no contigo?

- ¿En qué puedo ayudarle?.

Me sobresalté al darme cuenta que ya había salido del ascensor y estaba perdida de pié frente a un enorme espacio repleto de puertas y plantas por todos lados.

- Busco a…- carraspee para sacar mi voz.- El Señor Cullen

- ¿Tiene alguna cita programada?.- tomó su agenda para comenzar a revisar

- No, no. Solo necesito verle.- una puerta se abrió a mis espaldas y me giré en forma brusca, pero solo era un hombre que nunca había visto. Cuando volví la vista a la chica, esta me observaba con curiosidad

- El Señor Cullen no atiende a nadie que no esté agendado, a no ser que sea algún familiar o persona del edificio

- Soy Bella Swan…- susurré

- Señorita…- comenzó la mujer, pero fue interrumpida por esa voz inconfundible

- Necesito…

Tragué en seco cuando las palabras que aquella voz iba a decir quedaron en el aire. Mi hija protestó cuando mis brazos se ciñeron con más fuerza a su alrededor y con temor alcé mi mirada. Reprimí el jadeo al verlo frente a mí después de todo este tiempo. Era él y a la vez no lo era. Su rostro estaba considerablemente más delgado, y sus ojos surcados por negras profundidades. Su ropa se notaba maltratada como si no la hubiese cambiado en días, pero seguía siendo él, como siempre.

- Bella.- susurró casi sin creer

- Señor Cullen, la señorita necesita hablar con usted, pero no está dentro de la agenda

- No hay problema.- elevó su mano para detener a la mujer.- Pasa.- indicó la puerta por la que había salido

- Gracias.- mascullé obligando a mis pies a moverse

Su despacho no era muy apartado de lo que le había conocido en Forks. Tenía unos pocos más libros, archivos y documentos que allá, pero carecía igualmente de cuadros o cosas que lo decoraran. Hubo algo que llamó mi atención y me dejó un par de minutos colgada de ello. Sobre su escritorio había una foto que nunca antes había visto, en donde estaba él y Heidi el día de su matrimonio. Los dos sonreían como si ese día, hubiese sido el día más mágico de sus vidas, y tuve que tragar saliva en forma compulsiva, al sentirme extraña. Nunca había visto esa sonrisa en él… ¡Nunca!

Mi mente se nubló y cuando me giré nuevamente donde él, ni siquiera podía recordar mi nombre.

- No quiero ser grosero, pero ¿Qué haces aquí?

Me quedé levemente en silencio. Estaba segura que había tomado la mejor decisión, pero como venía ocurriendo últimamente, mi cabeza comenzaba a jugar un entramado de líneas que hacían cambiar mi pensamiento una y otra vez ¿Qué hacía aquí? Me repetí una y otra vez, y estaba tan bloqueada que no encontré respuesta.

- ¿Bella?

- No sé.- admití al fin

- Leíste la carta que dejó Heidi

- Si.- asentí

- Entonces creo que es claro.- hizo una leve pausa y su rostro mostró encogimiento.- Te escucho

- ¿Qué… qué cosa?.- balbucee sin entender sus palabras

- Escucharé sin rechistar todas tus recriminaciones. Estás en tu derecho, y… No serías la única.- sonrió tristemente

- No he venido a eso.- respondí con fortaleza que no sabía estaba en mí

- ¿Cómo?.- esta vez fue su turno de quedar sin entendimiento

- Yo… yo…- balbucee y por un momento creí que caería

Edward avanzó a grandes pasos hacia mí y me tomó por los codos, apoyando a Liz sobre mi pecho. Me llevó hasta un cómodo sofá y me dejó allí, cuando lo miré, él solo me observaba intentando dilucidar mi reacción, sin embargo, ni yo podía dar fe de lo que me ocurría. Eran demasiadas emociones juntas, y el viaje seguramente me había agotado más de lo que creía.

- ¿Te sientes bien?.- asentí.- No lo parece

Se levantó y caminó hacia su escritorio. Tomó el teléfono y habló tan rápidamente que no pude escuchar que decía. Volvió hacia mí y se sentó a unos cuantos centímetros míos. Liz miró en su dirección y estiró su manito para atrapar el bolígrafo que sobresalía de la cartera en su saco

- Hola pequeña Liz.- de inmediato mis ojos se fueron a su rostro.- ¿Cómo estás preciosa?

¿Quién era el Edward Cullen que tenía frente a mí? Jamás lo había oído hablarle así, como si… Como si la extrañara. Mi hija tan pronto fue posible estiró sus brazos a él

- No Liz.- aferré mis manos a su diminuta cintura

- Bella, creo que sería bueno que la soltaras unos minutos. Tus manos tiemblan

Era cierto, pero ni yo estaba consciente de eso hasta que el me lo hizo saber. No espero respuesta y la quitó de mi regazo. Se levantó con ella y como si yo no hubiese estado allí, comenzó a hacerle monerías para sacarle sonrisas a Liz. La imagen me tenía capturada y hablé sin siquiera procesarlo

- No te culpo.- detuvo sus juegos y me observó.- Estoy aquí para decirte que no te culpo.

- ¿No me culpas?

- Heidi se encargó de contarme todo como sucedieron las cosas antes de morir. Eso decía su carta.- su rostro se contrajo

- Ella no debió hacer eso.- expresó cortante

- ¿Por qué quieres cargar tú solo con el peso de todo?

- Bella, mi secretaria traerá un café para ti. Luego que te sientas mejor le diré a un chofer que te lleve donde te estés alojando

- Tú no eres el ser despreciable que has querido hacer creer a todos

- Supongo que estarás en un Hotel. De no ser así, yo mismo me encargaré de registrarte en uno.- obviaba todo cuanto le dijera

- Tú cometiste los errores que hiciste solo por desengaño

- ¿James sabe que estás aquí?.

- ¡Escúchame!.- grité. Se quedó estático en su lugar.- No sé si estás con...con Ángela o...no, pero si lo estás… Me alegro por ti. Te mereces...ser feliz

- Bella…

- Aunque no creo... Pienso que ella no es...mujer para ti.- solté, arrepintiéndome en el momento

- ¿Y quién se supone que sería mujer para él?.- soltó alguien desde la puerta.

Palidecí.

...

Continuará...


Mis ideas han estado bloqueadas, igual que Bella al ver a Edward. Creo que ha sido mezcla de trabajo, lecturas extras y más. Lo siento

Minuto aparte xD "Agradezco todos sus comentarios para el epílogo y la historia en sí de ¡Eleven Years!"

Chicas/os, han sido lo máximo apoyándome con ella. De verdad creo que el corazón se me va a salir cuando veo sus comentarios.

Un beso enorme para todos y cada uno de ustedes. Son mi mejor regalo, sobre todo cuando me pasan esos bloqueos como ahora

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Mis PADU, ustedes son mi motor tanto personal como en todo este mundo "aparte" =)

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Ya saben, prev en el blog. También está la encuesta y mi cuenta Twitter, para las que me han preguntado si tenía. Estamos empezando nuestra relación xD

Cualquier reclamo, crítica, consejo o simple comentario, ya saben. Tienen varios medios para comunicarse conmigo

Pam3