Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"

Capítulo XV

...

Ed.-

...

- Padre.- saludé sin ningún tipo de sentimientos

El semblante que mostraba era hostil y pasó su mirada de ella a mí, estaba claro que para él era una verdadera sorpresa verme con la pequeña que cargaba. Me incomodó su forma de examinarme, y de paso observar a Bella como inculpándola de algo. Caminé a paso firme donde estaba ella paralizada y le entregué con cuidado a Liz, que hizo el intento de retenerme por las solapas de mi saco. Le sonreí, estando de espaldas a mi padre, y de paso hice un leve movimiento de cabeza a Bella, intentando infundirle valor al verla como un pez asustado.

¿Por qué parecía como si hubiese sido capturada en alguna acción reprochable?

- Aun no me has respondido ¿Quién es la mujer apropiada para mi hijo?.- su tono de voz era agrio, por lo que decidí interceder

- ¿A qué has venido Carlisle?.- me giré y le planté cara, a la vez que trataba de resguardar a Bella con mi cuerpo

- Estoy hablando con la señorita, Edward.- su voz estaba contenida

- Y te recuerdo que nuestra última conversación ha sido bastante reveladora, además de estar en mi oficina. Así que te agradecería que expresaras a lo que has venido y luego te retiraras

Su rostro se descompuso. Pensé por un momento que la historia de mi vida tendría otro suceso más que relatar, y sería un puñetazo por parte de mi padre a mí edad. Avanzó unos pocos pasos hacia mí, sin embargo, su interés no radicaba en mí presencia; sino en la mujer que escudaba, pero no le daría chance ni siquiera a que intercambiara un saludo de despedida.

- Bella.- sin quitar mis ojos de mi padre.- Habla con mi secretaria.- esperaba que entendiera mi mensaje. Dejar su ubicación con ella

- Edward…- advirtió mi padre

- Hablaremos una vez Bella se haya ido.- le corté

- Hasta luego.- se despidió ella. Asentí en su dirección y la miré por última vez

- ¿Nueva conquista?.- interrumpió mis pensamientos él

Desvié mis ojos de la puerta para enfocarlos en Carlisle Cullen, la mayor persona que debería haber estado conmigo fuese como fuese, pero había sido uno de los primeros en darme la espalda. Sonreí irónico y caminé hasta sentarme frente a mi escritorio y esperar a que soltara todo su sermón.

- No tienes vergüenza.- movió su cabeza en negación y su rostro mostró decepción.

- Puede ser que no.- le di la razón para provocarlo

- Y esa…- indicó con su barbilla hacia la salida. Me envaré esperando oír algún insulto

- A ella no la metas en esto.- le gruñí

- Me deja sorprendido tu fervor al defenderla.- apuntó suspicaz

- Estuvo con Heidi en sus últimos momentos, le debo respeto.- le di otro significado a mi comportamiento

- ¿Y también estuvo contigo? ¿De qué forma?.- insinuó

- ¡Te prohíbo que la llegues a comparar con Ángela!.- grité saliéndome de mis casillas. Mi padre me observó con detención

- No, claro que no.- dijo suavemente.- Hay muchas clases de mujeres en este mundo

- Padre.- me contuve y respiré hondo.- Lleva a mi madre a ese viaje y déjame en paz

- Todavía no puedo creer lo que hiciste.- reprochó con un matiz doloroso

- Y yo no puedo creer que me conozcas tan poco.- solté

- ¿Qué intentas decir con eso? ¿No es verdad acaso de lo que se te acusa? Edward…

- Buen viaje Carlisle. Cuida de mi madre, es lo más importante que tengo

- Venía a intentar sanar el dolor de tu madre.- le vi apretar los puños a su costado.- Necesitaba buscar algo que me negara esta triste realidad.- terminó de expresar melancólico

Me miró con dolor, el mismo que yo sentía, con la diferencia que en mi caso trataba de disfrazarlo por indolencia. Asintió y pensé por un momento que dejaría caer ese manto de decepción para despedirse como siempre era su costumbre. Pero el beso fraternal y ese abrazo que tanto necesitaba, no llegaron. Se dio media vuelta y salió de allí, dejándome sumido en mi soledad.

Ordené mi oficina, y terminé los pendientes que tenía. Luego de haber dejado atrás el sabor amargo de la visita de mi padre, la ansiedad fue la que tomó posesión en mi cuerpo y mente. Saber que Bella estaba aquí, tan cerca de mí me tenía literalmente con la cabeza en las nubes. Un último accionista llamó casi al terminar la jornada y estuve muy tentado a cortarle cuando su parloteo se estaba extendiendo demasiado. Tranqué con un sonoro golpe y corrí fuera de mi despacho. Mi secretaria tenía apuntado lo que necesitaba y salí de allí como si el diablo mismo me persiguiera.

Desde que bajé de mi auto, hasta que estuve en el ascensor que me llevaba a ellas, mi cuerpo reaccionaba cada dos segundos estremeciéndose. Miré mi reflejo que me devolvían las paredes revestidas de vidrio y sonreí. Insólito, ver esa sonrisa sincera en mí como hacía días no lo hacía. Parecía un crío en Navidad.

Una mujer que pasaba por fuera de la habitación donde estaría Bella me observó con interés, y como no, si daba cortos pasos de lado a lado, no decidiéndome a tocar de una buena vez. Tomé aire de la misma manera como si estuviese ahogándome y puse mi mano sobre la superficie lisa de la puerta. Dos segundos y golpee. Ahora solo quedaba esperar y agradecía que Bella no fuera un ser sobrenatural, porque sería vergonzoso que pudiese escuchar el retumbar del corazón en mi pecho.

- ¿Si?.- bien, ella no me esperaba ¡Idiota Cullen!

- Hola.- saludé y elevé mis cejas

- Hola.- miró a todos lados como esperando ver a alguien más conmigo

- ¿Esperas a alguien?.- cuestioné algo brusco. James pasó por mi mente y reprimí mi rostro contrariado

- No, no…- soltó rápidamente.- ¿Quieres pasar?

- Si no te molesta.- me estaba comportando como un perfecto caballero. No autoritarismo

- Por supuesto que no.- dio un paso atrás para que ingresara a la habitación

Mi vista se enfocó de inmediato en el pequeño bultito rosa que estaba ovillado sobre la cama. Su cuerpo se mecía con suavidad, por lo que deduje que estaba en el mundo de los sueños. Bella pasó por mi lado y me indicó una silla frente a la cama, mientras ella se sentaba al lado de la pequeña.

¿Y ahora qué? ¿Qué le decía sobre mi visita? Junté mis manos sobre mis rodillas y me quedé allí

- Supongo que has venido para saber qué más decía Heidi en su carta.- comenzó

¡Por supuesto que eso era lo que debía decir! Aunque, que Dios me perdonara, pero en estos momentos ver a Bella era mi prioridad, mi necesidad.

- Por supuesto.- repetí las palabras que había anclado en mi mente.- Me gustaría leerla, si es posible

- No creo que sea prudente.- rectificó con rapidez y su sonrojo apareció ¿Qué mas decía Heidi en esa carta?

- ¿Hay algo que deba saber?.- se levantó y comenzó a rebuscar un bolso donde solo había ropa de Liz, por lo que pude ver

- S-solo… Ella me ha pedido que acepte algunas cosas

- Supuse que tú eras la persona a la que ella heredó.- asintió.- Estoy de acuerdo con ello.- añadí, captando su atención

- ¿Lo crees así?.- fue mi turno de asentir

- Heidi era una persona que podía ver más allá que cualquiera Bella. Y sé que hizo lo correcto

- No creo que deba aceptar todo eso, es difícil…

El timbre sonó y mi cuerpo de igual manera se tensó. Ella se levantó a atender y cuando abrió la puerta, no fue necesario que pusiera mi mirada en esa dirección para saber a qué visita nos estábamos enfrentando. James estaba allí, y aun no notaba mi presencia. Mis manos formaron puños, y tuve que flexionar mis dedos para quitar un poco el dolor. El muy imbécil se presentaba de muy natural y como si todo estuviese pintado de rosa. Mi cabeza procesó solo una información, si él estaba aquí, era porque ella lo había llamado. Me sentí un intruso.

- ¿Y Liz...?.- su pregunta terminó en el aire y supe que había notado mi presencia.- ¿Señor Cullen?

- James.- dije cortante, en el acto que me levantaba

- ¿Qué…?.- tartamudeó y luego sonrió ¿Acaso estaba loco?.- Que sorpresa.- cambió su discurso

- Igualmente.- dije tontamente

- Vengo a ver a Bella y Liz.- declaró como si el intruso fuera yo. No iba a quedarme con esa sensación

- Sí, bueno. Pensé que quizás estabas haciendo trabajo extra.- escupí. Su cara palideció

- ¿Trabajas horas extras? ¿Es por eso que no has podido viajar tan seguido?.- Bella estaba adoptando un tono avergonzado, como si ahora se culpara quizás de haberlo enjuiciado

- Este…algo así.- balbuceó James

- Un empleado realmente que deja sin palabras por sus agallas.- sonreí, y el muy idiota notó el sentido escondido de mi frase

- ¿Cuándo regresas a Forks?.- un excelente cambio de tema por parte de él, y algo que a mí también me interesaba

Bella me observó unos segundos, los mismo que James tuvo para notar ese breve intercambio de miradas entre nosotros. Su rostro se puso tenso, y aunque había jurado dejar mi altanería guardada en algún cajón con cerrojo, no pude evitar que saliera a flote, menos con él. Elevé mi ceja retándolo a que intentara descubrir algo, pero como el animal rastrero que era, se hizo el desentendido y relajó su postura.

- No lo sé aun.- contestó por fin ella

- ¿Por qué?.- volvió a arremeter el tipo

- Tengo asuntos pendientes

- ¿Cuáles?.- rogué internamente porque ella no revelara nada

- Asuntos personales.- decretó y suspiré relajado

- Es hora de irme.- anuncié, aunque era lo que menos quería hacer en este momento

- Buenas noches Señor Cullen.- se despidió James

- Te quiero mañana a primera hora en la oficina.- fue mi despedida para él.- Bella, espero podamos aclarar ciertos puntos.- sus ojos ¡Mierda! Esos ojos me estaban volviendo loco y no quería dejarla con él

- No hay problema Señor Cullen.- usó la formalidad

- Buenas noches.- incliné mi cabeza y enterré mis ganas de acercarme y tocarla

Dejé caer mi frente contra la pared y la golpee mil veces, yo no tenía derecho a ella y a exigir nada. Inclusive todo esto estaba mal, sentir por ella estaba mal, pero no podía evitarlo. Y ahora me estaba consumiendo en algo que hacía mucho no sentía, celos.

- Tiene una visita Señor Cullen.- anunció mi secretaria por el interlocutor

Me levanté como resorte de mi asiento y pareciendo un afeminado recompuse mi ropa ¿Sería ella? El día de ayer había estado casi comiendo mis uñas esperando su llamado. Había tenido que asistir a un par de juntas y cada vez que había pasado aquello, mis instrucciones habían sido claras, solo podía ser interrumpido por cualquier noticia de Isabella Swan, pero eso nunca pasó ¿Por qué aun no me había buscado? Era de vital importancia que resolviéramos todo lo referente a la herencia… ¡Carajo! En realidad era lo que menos me importaba, solo quería volver a verla.

- Que pase.- respondí con ansiedad

La misma que decayó cuando una figura nada parecida a la de Bella traspasó la puerta. Mi entusiasmo fue literalmente reemplazado por rabia e impotencia, además de decepción. No disimulé mi estado anímico, tirando el maldito teléfono que había cargado todo el día en mi mano.

- ¿Qué mierda quieres Ángela?.- sisee

- Hola a ti también Edward, por lo visto ni los buenos recuerdos hacen que te comportes como un caballero

- Soy un caballero con una dama, y no veo ninguna por aquí

- ¡Wow!.- agrandó sus ojos y sonrió

- Habla de una vez

- Vine a verte, a saber de ti. Y a saber qué pasa con mi entrada al que supuestamente era mi departamento

- Ese departamento jamás fue para ti

- Vivía allí hasta hace unos meses

- Los mismos que nos sirvió para un pequeño e insignificante revolcón

- No pensabas lo mismo cuando estabas entre mis piernas.- se carcajeó

- Y luego pides que sea un caballero.- negué.- ¿Cómo serlo cuando tú misma te expresas de ti como una prostituta?.- mi voz era calma, pero ella terminó por sacar su furia

- ¡No te atrevas a llamarme prostituta!.- me indicó con su dedo

- Tu misma has hecho entrever que el departamento servía solo para saciar deseos contenidos y a cambio tú vivías allí.- me miró como tratando de analizar mis palabras supongo

- No me confundas Edward.- esta vez el que rió con ganas fui yo.

- Si eso era todo, te pido amablemente que te retires.- extendí mi mano hacia la puerta

- Antes quiero saber a quién mierda le dejó todo tu mujercita

- Heidi.- le aclaré, ella encogió sus hombros con indiferencia.- Y se lo ha dejado a alguien mucho mejor que tú

- ¿En la cama? ¿Ya probaste su forma de coger?

- ¿Tu cabeza no sabe procesar nada más que algo sexual?.- su rostro se encendió de ira.- Y para tu información, no. Ella sabe ser una dama.- recordé la vez en que yo había llevado a los extremos las cosas entre Bella y yo

- ¿Quién es?.- exigió

- ¿Por qué no se lo preguntas a Alice?.- di mi mejor golpe bajo

- ¡Sabes perfectamente que ella no quiere verme!.- gritó y sus ojos se cristalizaron, pero no era de pena, eso lo sabía.- No puedo creer que la estúpida de tu mujer hiciera eso

- La próxima vez que llames a Heidi por otro apelativo que no sea su nombre, te juro que mis modales contigo quedarán más enterrados que antes

- Edward.- respiró hondo.- Necesito dinero.- soltó, suelta como si estuviera dando la hora

- ¿Perdón?.- exclamé entre divertido y realmente estupefacto

- No tengo donde vivir y no he podido encontrar un trabajo. Alice y Jasper se han encargado de cerrarme todas las puertas.- apretó sus puños

- Estás en el lugar equivocado.- sus ojos irradiaban cólera

- Puedo hundirte.- amenazó, pero su tono de voz no era determinante. Ella sólo estaba tratando de jugar sus últimas desesperadas cartas.

La miré con pena, y luego solté lágrimas por el insólito arranque de carcajadas que me cogió. Negué riendo y tratando de controlarme, esta mujer no tenía vergüenza y sí un precio. Me asquee yo mismo de haber alguna vez estado enredado con ella en la cama o fuera, esta mujer ni siquiera podía ser llamada de esa manera.

- Señor Cullen.- la voz de mi secretaria nos interrumpió

- Dime.- logré hablar cuando me calmé, sin perder de vista a mi poco grata visita

- En la línea 2 tiene la llamada que ha estado esperando. Isabella Swan

No tuvo que repetir la información dos veces y yo tampoco observar nuevamente a Ángela, cuando casi escuché el click que hizo su cabeza al atar los cabos sueltos. Mi sonrisa se esfumó, y mi parte protectora salió a la luz. Ella no llegaría a Bella, ella no le haría el menor daño y mucho menos dejaría que descargara su furia con ella. Había logrado llegar a conocer a Ángela, y en muchas cosas éramos similares. Ambos éramos capaces de cualquier cosa por lo que queríamos o por venganza.

- Es ella.- afirmó con seguridad y al mismo tiempo desconcierto

- Tengo pendientes Ángela, te pido que…

- ¡Es esa maldita zorra!.- tomó lo primero que encontró y me lo lanzó. Agradecí que su puntería fuera nula

- ¡No hables así de ella!.- bramé apuntándola

- ¡Ella no es nadie!.- caminó rápidamente y trató de abofetearme. Tuve que tomar sus manos y sostenerlas a escasos centímetros de mi rostro

- ¡Basta!.- grité.- Estoy enfermo de tener que seguir sabiendo de ti. Estoy harto de que no desaparezcas de una vez por todas

- ¡Nunca voy a dejarte!.- sacudí mi cabeza cabreado

-Ángela ¿Cuál es tu límite?.- sisee cansinamente

- ¡Nos amamos! ¡Tuvimos una relación y….!

- No te amo. Nunca he sentido nada por ti y tú tampoco por mí.- hablé entre dientes

- ¡Si te amo! Dame una oportunidad…- rogó y su voz cesó con un sollozo lastimero

La miré llorar, y aunque intenté evitarlo, no pude evitar culparme por su presente, su ahora. Si no hubiese sido débil, ella no estaría en esta situación. Quizás con otro, quizás en un estado parecido al actual, pero no conmigo; no con el esposo de su prima. Pero no la amaba, y ella tampoco a mí como se lo había dicho. El amor de ella iba dirigido a mi chequera, no a mi persona.

- Vete Ángela y no te arrastres más.- dije con sinceridad.- Das pena y no quiero sentir ni la menor lástima por ti

- No me digas eso…- pidió. No lograba visualizar si hablaba con dolor real o fingido

- Ocupa lo que te dejó mi mujer, y desaparece de nuestras vidas

- ¿Por qué? ¿Por ella? ¿Está contigo? ¡Dime maldita sea si te revuelcas con esa zorra!

Me quedé en silencio. Bella no estaba conmigo físicamente, pero volviendo a verla no podía negar lo innegable, ella estaba conmigo mucho más que de aquella manera, estaba incrustada en mi cabeza.

- No.- dije con pesar

- Edward…- detuvo su embestida rabiosa y me observó como buscando algo en mí. Me tensé y ella tuvo un brillo victorioso en sus ojos.- No lo puedo creer

¿Bipolaridad? Podía decir que sí. Había entrado altanera como solía ser, pasando por un estado de histeria máximo, un llanto desconsolado y ahora reía ¡Sí! Reía como si solo una hora atrás hubiese sido soltada de la jaula de las locas. Había estado con una mujer sin escrúpulos y encima demente, pero a pesar de toda esa diatriba que me asaltaba había algo más, ella había descubierto algo y no me esperaba nada bueno de ello.

- Esa mujer ¡Dios!.- tapó su cara con sus manos.- Tú…

- ¿Yo qué?.- exigí saber, aun cuando los nervios me carcomían

- ¿Te enamoraste de esa mujer? No, ni siquiera es una pregunta… Tú te enamoraste de esa mujer ¡Lo hiciste! ¡Esa perra nunca te dará lo que yo! ¡La odio y te odio a ti! ¡Odio a Heidi y la mugre de familia que tengo!...

Sus gritos subieron de tono cada vez más, alertando a mi secretaria que ingresó y observó como esta mujer trataba nuevamente de golpearme de cualquier manera. Solicitados por mi eficiente empleada, los hombres de seguridad hicieron ingreso a mi oficina e inmovilizaron a la mujer que aun seguía revolviéndose para avanzar a mí y continuaba soltando maldiciones para con Bella, Heidi y todo quien estaba ahora en su lado de enemigos. Pedí expresamente restricción para ella cuando volviera nuevamente y fue sacada del lugar.

- ¿Se encuentra bien Señor Cullen?

- Si.- aflojé el nudo de mi corbata y me senté. Mi secretaria me observaba con duda.- Quiero estar solo, si necesito algo te llamo

- Como usted diga.- no muy convencida se marchó

Tomé mi teléfono, decidido a marcarle yo, aun cuando hubiese deseado mil veces que fuese ella quien me buscara, pero la ansiedad ahora era demasiada. Ángela lo había notado, ella había visto más allá de lo que yo mismo estaba viendo, y tenía la certeza de que no dejaría las cosas allí. Y a pesar de que la conociera, no sabía los alcances de su ambición.

Pero Bella no contestó, ni al primero llamado y ninguno de los que perdí la cuenta que le hice.


Be.-

Paseaba por las calles observando las vitrinas repletas de objetos coloridos que llamaban la atención de Elissa. Sus ojos se iluminaban en cada escaparate y sus bracitos se agitan incesantes. Le sonreí y me esforcé porque mi atención fuera solo para disfrutar de su entusiasmo, pero la pantalla parpadeante de mi móvil me distraía constantemente. Era él, no tenía que ser adivina, aun cuando hacía tiempo había borrado su número, estaba grabado a hierro en mi retina.

¿Cómo podría decirle todo lo que la carta que Heidi me había dejado contenía? No podía, y ahora parece que veía como una mala idea haber llegado hasta aquí. Debía seguramente dejar que las cosas siguieran su ritmo y fuera Ángela quien se hiciera cargo de todo. Edward debía de sentir algo por ella aun, y quizás Heidi se equivocaba en sus predicciones, y ellos podían llegar a ser felices ¡Oh Dios! Tantas cosas asomaban en mi cabeza. El rostro de su padre, que había sido tan amable conmigo en un principio, aun me producía escalofríos. Demasiadas cosas.

Entré a un local por un café y pedirle a la camarera calentar el biberón de Liz. Una mujer sentada al lado nuestro comenzó a hacerle mimos cuando mi hija que impulsaba su pequeño cuerpecito para hacer el esfuerzo de sentarse. Estaba cada día más grande y más hermosa, y así mismo con esa misma rapidez, ella dejaba de tener los rasgos similares a su padre.

James. Había intentado sonsacar la razón por la que Edward había estado ese mismo día en la habitación que me hospedaba. Simplemente había inventado que se trataba de asuntos aun pendientes con el tema de mis salarios, pero claramente él no se lo había creído del todo. Estaba demasiado insistente con el tema de que me regresara prontamente a Forks, y aunque había pasado el día de ayer casi completo con nosotras, lo notaba tenso, como si hubiese algo que lo perturbara.

Benjamín me acompañó en todo momento. Entrada la tarde volví a refugiarme en la pequeña, pero cómoda habitación del hotel. Le di un baño a Liz y de paso tuve uno yo, mi hija realmente comenzaba a fascinarse con el agua, y cada vez que estaba cerca de ella se volvía un pequeño pececillo glorioso en su hábitat.

- ¡Voy!.- grité cuando el timbre sonó

Seguramente era James. No me había enviado ningún mensaje anunciando que vendría, pero me alegraba que fuese así. Necesitaba pasar un poco más de tiempo con su hija.

- Hola.- me quedé tomando el pomo de la puerta con fuerza innecesaria

- Hola.- susurré de vuelta

Edward se mantenía en su lugar con sus manos dentro de sus bolsillos. Extendía mi mano invitándolo a pasar y la retiré en el instante que vi los temblores de los que era presa. Entró y avanzados pocos pasos se volteó para quedar frente a mí. Este era el día donde debería escoger qué haría realmente con todo esto, pero no me sentía preparada. No cuando él perturbaba de tal manera mi actuar, pensar y sentir.

- ¿Tienes problemas con tu móvil?.- consultó mirándolo sobre la mesa

- No.- respondí y él esbozó una débil sonrisa

- Entonces debo entender que solo no querías responder mis llamados.- abrí la boca, pero él me indicó con su mano que pausara.- Y fueron durante todo el día. De hecho, perdí la cuenta

Enrojecí ante su acusación ¿Tenía alguna manera de zafar este lío? Ninguna. Yo también había visto más de veinte llamadas de ese número y aunque temblaba como hoja al viento cada vez que la pantalla parpadeaba, la dejaba fuera de mi alcance para tranquilizarme.

- No estoy preparada para tomar una decisión aun.- fui sincera

- Bella, no quiero presionarte, pero creo que es tiempo

- He pensado…- tragué salive y desvié la mirada de su rostro.- He pensado que quizás lo mejor sea dejar que las cosas sigan su curso

- ¿Te refieres a dejarle todo a Ángela?.- preguntó y no esperó respuesta.- Es la peor decisión que pudieses tomar.

Me quedé en silencio al escuchar tan molesto tono por su parte. Caminó con lentitud y se sentó en el mismo lugar que había estado la otra vez. Comencé a morder frenéticamente mi uña y mirando a Liz que dormía sobre la cama me coloqué en forma algo estratégica al otro extremo de la pequeña habitación.

- Escúchame Bella, Heidi no dejó del todo desamparada a esa mujer si eso es lo crees. La diferencia es que su ambición no tiene límites y siente que es poco para ella

- Pero igualmente yo soy una intrusa en esto

- No lo eres desde que entraste en nuestras vidas.- su frase me dejó sin aire

"En nuestras vidas" ¿Quería decir eso acaso que yo significaba más para él que haber sido la simple enfermera que cuidó de su mujer los últimos días de su vida? Edward me miró con cambiando sus expresiones a casa segundo que pasaba y de pronto tuve la imperiosidad de pedirle que guardara silencio, algo no me iba a gustar de lo que dijera y fue así.

- Mi familia…- pronunció sin estar muy seguro.- Y yo vamos a estar siempre agradecidos de tus cuidados a ella.- y mi ilusión quedó sepultada

- Tu…padre no piensa lo mismo al parecer

- Solo tú sabes lo que verdaderamente pasó.- contestó bajando su mirada pero no su tensión

- Edward, realmente creo que no sería apropiado…

- Heidi lo quería así

- Pero ella ya no está.- rebatí.- Nadie entendería esto

- Puede haber una manera.- masculló, pero no dijo más

- ¿Cuál?.- mi curiosidad pudo más.

Retorció sus manos nervioso, cosa que no había notado en él. Y como si sus manos estuvieran húmedas las deslizó por la tela de su pantalón para secarlas y luego ponerse de pié. Su mano derecha frotó con intensidad se rostro, su cabello y nuca y resopló con fuerza. Le estaba costando demasiado culminar su frase dejada inconclusa y comenzaba a ponerme anhelante.

- ¿Qué es lo que quieres en realidad?.- habló mirándome detenidamente. No entendí muy bien

- ¿A qué te refieres?.- le devolví el juego de preguntas

- Veamos. Dices sentirte una intrusa y Heidi te ha dejado la mitad de sus posesiones. Creo encontrar una solución para que Ángela no pueda poner un solo dedo sobre ellas, pero necesito saber ¿Qué quieres tú?

- Sigo sin entender.- encogí mis hombros y me sonrojé por sonar estúpida

- Hay una forma en que no tengas…nada que ver con la herencia de Heidi… Y bueno, Ángela tampoco

- ¿La hay?.- me sentí esperanzada, pero al mismo tiempo una sensación extraña

- Sí, pero necesito que aceptes todo lo que ha dispuesto Heidi ¿Lo harás?

- ¿Cuánto arriesgo con todo esto?.- cuestioné. Algo me decía que no era tan sencillo

- Mucho.- dijo de inmediato. Sus ojos estaban expectantes y me pregunté por qué de ello

- Esto es complicado. No quiero ganarme el odio de nadie Edward, y sé que la respuesta que de traerá consecuencias

- Si te sirve de algo, yo estaré contigo.- mi corazón palpitó con fuerza ante esa promesa.- Pero necesito que des un sí.- demandó con ahínco

- Son tantas cosas.- susurré más para mí y me removí en mi silla

- ¿Qué decía Heidi en esa carta? Busca las respuestas ¿Te explicó el por qué de su decisión? ¿Razones de peso? ¿Tiene que ver con algo más?.- una pregunta tras otra salía de él.- Respóndeme esto o hazlo para ti, pero dime que aceptaras ¿Qué te dicta tu mente? ¿Qué te impulsa a hacer tu corazón con todo esto?

Edward esperaba mi respuesta ante todas sus preguntas. Me levanté de mi lugar y deambulé por la habitación tratando de encontrar esa fuerza que necesitaba. Apoyé mis manos en la mesa y observé su reflejo a través del vidrio. Su mirada estaba puesta sobre mi espalda y un escalofrío recorría mi espina dorsal al ver esa intensidad en sus ojos. Fue ahí donde encontré mi valor

- Heidi me confió todo esto por algo.- comencé.- No sé si es lo mejor, pero creo que debo aceptar

- ¿Cuál es tu determinación para ello?

"Tú", quise poder decirle, y casi pude escuchar un suspiro en mi interior

- Heidi no quería que ella tuviera nada. Y supongo que mientras... Mientras tú no seas capaz de hacer ver su verdadera careta, no creo...

- Nadie tiene por qué enterarse de todo lo que pasó entre mi mujer y yo

"Mi mujer y yo", repetí en mi fuero interno. Sabía que estaba mal, pero una opresión crecía en mi pecho al escucharlo decir esas palabras. Lo amaba, me había enamorado. Pero él estaba muy lejos de sentir aquello por mí. Sin embargo, sentía que tenía que hacer algo por él.

- Sea como sea, creo que de ahí viene el hecho que Heidi no quiera que ella tenga nada de lo suyo

- Heidi era una mujer sensata e inteligente, por eso la amé en cuanto la vi.- cerré mis ojos por el dolor que causaban sus palabras

- Lo sé.- musité en voz demasiado baja

- Entonces tu respuesta es sí.- acotó con firmeza

- Siento que se lo debo.- y a ti también. Pensé para mí.- Solo espero que esto no transforme mi vida. No soportaría que todo el mundo me indicara y me odiara

- La gente odia cuando hay razón y cuando no. Esto traerá consecuencias, pero necesitamos hacerlo. Es la única manera de que aunque se hable, Ángela no tenga ningún derecho a nada, tú te libres de todo y yo pueda defenderte con derechos

Me giré confusa por toda la información que acababa de salir de su boca ¿A qué se refería con todo ello? Llevé mi mano a mi frente y la masajee, esto y tratar de entender sus palabras estaba produciendo un dolor de cabeza demasiado fuerte ¿Ángela? ¿Librarme de todo? ¿Defenderme? ¿Qué intentaba decir con ello?

- ¿Qué tratas de decirme?.- pregunté sin poder seguir buscando respuestas sola

Se irguió en su lugar y sus ojos traspasaron demasiadas emociones que hicieron erizar los bellos de mi cuerpo. Un hondo suspiro salió de sus labios preparándose para decirme lo que seguramente mi mente ni siquiera había vislumbrado y que estaba segura me dejaría sin aire en los pulmones y no me equivoqué. En cuanto escuché sus palabras, pensé que estaba viviendo un sueño o una pesadilla, no sabía cual, pero real no era.

- Cásate conmigo.

...

Continuará...


IMPORTANTE:

Aquí está el Cap. Siento la demora, pero a veces la cabeza no funciona mucho xD

...

Y respecto a otra cosa, aquí también voy a aclararlo, con la misma N/A de "Mi Ángel del Infierno"

Como las noticias vuelan, voy a esclarecer lo que me han preguntado. Sí, tengo en mente privatizar el blog, pero antes de ello, voy a terminar estas historias que tengo en curso

en esta página. Y no, no me puesto de acuerdo con nadie, solo ha surgido de una conversación en donde quizas ambas personas pensábamos lo mismo.

Se que muchas veces dije que no era partidaria de ello, pero mi resolución va porque hay cosas con las que no me estoy sintiéndo cómoda aquí, y NO tiene que ver

con la cantidad de RR, sean pocos o muchos, se quienes me siguen siempre y apoyan y feliz con ello. Las personas que no comentan, son bien valoradas igual, cada una tiene sus razones,

pero no es por ello que he pensado alejarme de la página, o por los mensajes a veces un tanto ofensivos. Es algo de gustos, FF está cambiando demasiado, y no me agradan esos cambios.

¡MI PUNTO DE VISTA! Es algo a lo que le he dado vueltas, y veré con el paso del tiempo si lo hago

...

Besitos a mis PADU. Y a todas/os quienes me leen y dejan su comentario, y también a quienes no ¡Gracias chicas/os!

Mi Twitter, Blog, Face, Msn y todo está disponible para quienes quieran conocerme o contactarse conmigo =)

Cariños a todas/os. Muack!

Pam3.-

...

Ya saben, el Prev lo encontrarán en el BLOG, su link en mi perfil =)