Capítulo VII

Una sombra surcando los cielos

Después del incidente de Saffron, no volví a ver a Tim por un buen tiempo. Después de la declaración de guerra de Giovanni al Mundo Pokémon, mi madre y Misty me convencieron de que cancelase el viaje –por razones obvias– y me quedara en Pallet, donde Oak formó una pequeña brigada de protección para el pueblo en la cual yo quedé a cargo.

Nunca le dije nada a mi madre y por más que traté de convencerla, Misty nunca me creyó cuando le hablé de la primera vez que vi a Robin.

Hasta que un día, Misty empezó a creer en mí. Después de que tuvo su encuentro personal con el que algún día sería mi futuro mentor: Batman…

Días después de las declaraciones de Giovanni en todos los medios de comunicación en el Mundo Pokémon, el miedo se extendió rápidamente por las regiones de Kanto y Johto (en donde el Equipo Rocket tenía más presencia) y con el miedo, la tasa de criminalidad en esas regiones se disparó a cantidades espantosas. En todos los noticieros, seguían apareciendo más y más noticias de asesinatos, robos, secuestros y violaciones. Entrenadores pokémon, científicos, celebridades… Nadie estaba a salvo.

Algunos de los crímenes más sonados en aquellas dos regiones del Mundo Pokémon fueron el asalto al Gimnasio de Celadon City en donde Erika apenas y pudo escapar; el asesinato del juguetero James Parker, conocido como Gligarman, y su hija y un intento de secuestro hacia Bruno, quién a pesar de haber eludido a sus captores gracias a su increíble fuerza, terminó en un hospital privado en Indigo City gravemente herido.

Pero junto con las noticias de secuestros y asesinatos, cada vez más estaban apareciendo más reportes de rescates efectuados por "una gigantesca criatura con la apariencia de un Zubat"…

En respuesta a esta "declaración de guerra" de Giovanni, muchas pequeñas poblaciones en todo el Mundo Pokémon formaron sus propias milicias conformadas por entrenadores locales y sus pokémon. Pallet no fue la excepción y Samuel Oak, junto con otros vecinos de la localidad formaron la Milicia de Pallet con Ash y Gary como sus líderes principales.

—En verdad no me siento cómodo estando aquí —le decía irritado Ash—. Estando en la milicia no podré tener noticias de ninguno de mis amigos.

—Es lo mejor Ash —le reconfortaba el Profesor Oak mientras se servía un poco más de té en su tasa—. Necesitamos a nuestros mejores entrenadores para ayudarnos, y Gary no lo puede hacer todo solo.

—Este es un pueblo tranquilo —Ash estaba tan molesto por quedarse en Pallet que levantaba la voz más de lo necesario—. Aquí no puede pasar nada… NADA.

—¡Ash! —le interrumpió con voz potente el profesor Oak al muchacho, dejándolo mudo al instante—. Te recuerdo que el Equipo Rocket ya ha asaltado con anterioridad mi rancho y por lo tanto, saben que aquí tengo cientos de pokémon. No podemos correr el riego de que una fuerza mayor llegue y quiera, de paso, arrasar con el pueblo.

Era un razonamiento muy congruente y Ash no vio poder objetar algo tan evidente. Pero aún así, se sentía intranquilo y Gary pudo ver porqué…

—Es Misty ¿verdad? —le preguntó con una voz comprensiva.

Ash solo dio una cabezada afirmativa sin levantar la mirada por la timidez.

—Ash… —empezó a hablar Gary con una voz llena de comprensión, desconocida para el entrenador—. Yo también estoy preocupado por Casey, pero yo sé que ella está a salvo en su pueblo cerca de sus padres.

—No es lo mismo Gary —contraatacó Ash—. Casey vive en un pueblo igual que nosotros. Misty vive en una ciudad… Y las cosas son distintas en las ciudades.

—Ash, tu y yo sabemos que Misty es una chica fuerte —le contestó Gary en un intento de alentar a su amigo y ex-rival—. Si alguien se atreviese a hacer algo, estoy seguro que le saldrá el tiro por la culata y Misty le dará una buena paliza…

En tanto en Cerulean City, el cielo estaba nublándose a cada minuto que pasaba anunciando la primera de muchas lluvias de la temporada que precedía al otoño. Toda la ciudad estaba muy cambiada desde aquella declaración del Lider de los Rocket.

Cientos de patrullas recorrían diversas calles de la ciudad y muy pocas personas se encontraban en la calle. Las pocas que habían, caminaban a toda prisa cuidándose hasta de sus propias sombras, preocupados por llegar lo más rápido posible a sus destinos.

En una de las aceras de la calle, una chica pelirroja de unos 20 –casi 21 años– se encontraba pedaleando una reluciente bicicleta color carmesí. Iba vestida con jeans azules y tenis rojos y se encontraba usando un impermeable amarillo canario.

Mientras pedaleaba, Misty todavía meditaba la inverosímil historia que le contó su novio una vez que su madre les dejó sentados en la sala de su casa en Pallet viendo la tele…

—Estás loco ¿Lo sabías? —le dijo Misty a Ash con la altivez que siempre empleó para regañarlo cuando actuaba inmaduramente.

—No estoy inventando historias Misty —saltó Ash a la defensiva—. Un muchacho disfrazado me salvó de aquél Espantapájaros.

—Mira Ketchum… Que yo sepa, los Espantapájaros no pueden caminar ni atacar a nadie; además, estoy seguro que a nadie en su sano juicio andaría por la calle vestido con capa y con los calzoncillos de fuera.

—No importa si me crees o no —decía Ash luchando por no creer que todo era un simple cuento—. El caso es que gracias a ese muchacho, lo que pudo haber sido una masacre terminó con solo unos cuantos entrenadores con heridas menores.

—Hablando de heridas… ¿Qué se ha sabido de Sabrina?

—Dicen que aún sigue en el hospital. Pero que ya está estable…

Misty todavía no dejaba de pensar en aquella historia… ¿qué tal si era cierto? ¿Qué tal si el incidente de Saffron no pasó a mayores gracias a la intervención de ese supuesto enmascarado? ¿O será que le estaba empezando a afectar el estar tanto tiempo con Ash?

Los pensamientos de Misty se detuvieron al llegar al minisúper para comprar algo de leche, pan y otros víveres para casa. No obstante, durante sus compras no dejo de evitar el sentirse vigilada por un joven de unos 30 años con lentes oscuros y pelo de corte a la mohicana de color morado y chamarra de piel sin mangas. A pesar de ello, Misty le ignoró y siguió con sus compras.

Tras haber terminado en el minisúper, Misty tomó su bicicleta y tras poner las cosas en el cesto de la bici y cerrar la cesta, Misty se subió y empezó a pedalear a toda velocidad en cuanto oyó un trueno en la distancia.

Las gotas empezaban a caer del cielo gradualmente hasta que poco a poco la lluvia fue tomando fuerza. En pocos minutos, en toda la ciudad se oía el sonido de cientos de miles de gotas caer fuertemente acompañadas por un ligero viento frio. Por ese mismo sonido, la chica no pudo darse cuenta de que ese mismo muchacho de corte mohicano le estaba siguiendo junto con otros 4 individuos en sus bicicletas.

Conforme iba avanzando, Misty empezó a sentirse intranquila. Desde que tenía tan solo 5 años, gracias a las bromas que le hacían sus hermanas, Misty había aprendido a confiar en su intuición. Cosa que le había salvado de varias bromas pesadas en muchas ocasiones. Ahora, Misty estaba volviendo a sentir esa misma sensación de inseguridad y dejó de pedalear para mirar a su alrededor…

No había nadie…

Misty volvió a retomar el ritmo y siguió pedaleando pero de nueva cuenta, algo le decía que debía de seguir más rápido. En ese momento, Misty vio que de un callejón, salían otros dos muchachos de apariencia peligrosa y le empezaban a gritar cosas…

—¡Hey pollita! ¡No te gustaría venir aquí para darte calor! ¡Hace mucho frío! —le gritaba uno.

—¡Oye nena! ¡Mi novia me dejó! ¡¿Por qué no vienes y me consuelas un rato?! —le decía otro mientras se llevaba la mano a la entrepierna.

Misty trató de ignorarlos tratando de ir en otra dirección, pero en la distancia vio como otras 5 bicicletas iban en dirección a ella. La entrenadora trató de escapar pero uno de esos muchachos le tiró una roca en la cabeza que la hizo perder el control y caerse de la bicicleta.

—¡Buen tiro Clive! —le felicitaba uno de esos jóvenes del callejón.

Misty trató de levantarse pero sintió que le tiraban del cabello y la obligaban a levantarse. Misty empezó a gritar por auxilio pero sintió una bofetada en la mejilla izquierda que le hizo sangrar.

—¡Mira a quién atrapamos! ¡La Gran Líder de Cerulean City! —gritaba en medio de la lluvia uno de aquellos maleantes mientras la arrastraban hasta dentro del callejón.

—¡Estoy seguro que nos darán una buena recompensa en la base Rocket de esta ciudad! —gritaba otro de los que se encontraba en la bicicleta, recién llegado junto con los otros 4.

—¡¡Déjenme!! ¡¡Suéltenme asquerosos cerdos!! ¡¡Auxilio!! —gritaba Misty indefensa en los brazos de un hombre corpulento vestido de igual forma que todos los demás, chaqueta de cuero, jeans, botas de cuero y rapado.

En eso, Misty sintió un puñetazo en el estómago que la hizo perder el aliento…

—Quieta monada… —le decía el muchacho de la tienda después de frotarse el puño derecho—. O si no te irá peor.

—¿Crees que la querrán viva o muerta? —decía el hombre que la tenía en sus brazos.

—Es igual… Giovanni dice que cuantos más mueran en la Liga de Kanto, mejor.

—Bueno… si la vas a matar cuando menos hay que aprovecharla —decía otro mirando a Misty con unos ojos llenos de lujuria.

—Dejémoslo a la suerte… Un piedra, papel y tijeras. Los que vayan perdiendo se salen y al final, el ganador se la va a coger ¿Les parece?

Todos se mostraron de acuerdo y jugaron piedra, papel y tijeras. Todos los perdedores se fueron retirando maldiciendo y esperaron hasta que finalmente, quedó el maleante que vigilaba a Misty en el minisúper y el que le arrojó la roca que la derribo de su bicicleta. Hasta qué…

—¡¡Genial!! ¡¡En tu cara Clive!! —celebraba el muchacho alzando el puño ganador al aire.

—¡¡Maldito seas Joe!! ¡¡Tan cerca que estuve!! ¡¡Eres un puto suertudo!!

—Fue una derrota justa Clive… —le respondió suavemente, regodeándose en su triunfo, Joe.

—Muy bien, muy bien —le interrumpió irritado el gorila que tenía apresada a Misty—. Hazlo rápido… Cuanto antes la matemos más pronto nos largamos…

—¡¡No!! ¡¡Por favor no!! —sollozaba Misty indefensa, hasta que Joe le abofeteó de nuevo para luego empezar a desabrocharle el pantalón a la pobre entrenadora.

—¡¡NO!! —gritaba Misty cada vez más fuerte al ver que estaban a punto de violarla hasta que Joe sacó una navaja y se la puso a Misty en la garganta.

—Calladita monada… Si te quedas quieta te prometo que no te va a doler nadita…

Pero cuando Joe iba a terminar por exponer a la indefensa chica, en la distancia se vio una gran figura en medio de la lluvia que sacó de su mano 4 navajas negras con la forma de un murciélago para luego arrojarlas a gran velocidad hacia el brazo de Joe que se tomaba la ropa interior de Misty.

—AHHHHH!!!!! ¡¡MI MANO!! —gritó Joe cuando las navajas se le incrustaron en su mano y parte del brazo.

—¡¡¿Qué demonios?!! —gritó el gorila mientras arrojaba a Misty a un lado y sacaba una Uzi de su chaqueta.

—¡¡¡¿Qué es eso?!!! —fue lo último que gritó Clive antes de que una enorme figura negra con las alas desplegadas cayera encima de él dejándolo sin sentido.

Todos los presentes sacaron sus armas y trataron de abrir fuego, pero en el espacio tan reducido no podían disparar sin herirse unos a otros. Aquella figura desapareció de entre las sombras para luego, de la nada, aparecer de nuevo y derribar en tan solo 3 movimientos al gorilón para luego irse contra los otros 4.

Misty estaba acurrucada en un enorme contenedor de basura viendo estupefacta a aquél ser extraño. Había oído historias de esa criatura en la televisión: un animal con la apariencia de un Zubat gigante que dejaba a los criminales demasiado lastimados como para moverse y muertos de miedo. Era como de 2 metros o más y se movía con cierta gracia natural, no como una bailarina de ballet sino como una especie de gato a pesar de que parecía ser algo –o alguien– pesado.

Sus movimientos eran rápidos y económicos, es decir, hacía muchísimo daño con tan solo pocos movimientos. Además su sola presencia le daba cierto aire mítico que hacía que los criminales estuvieran demasiado muertos de miedo como para defenderse como era debido.

Al final, todos estaban inconscientes y muy lastimados y solo quedaba aquél ser. Erguido en medio de la lluvia, con el agua cayéndole por la capa. Se veía enorme y majestuoso… Lleno de poder.

Misty estaba tan absorta en aquél poder que transmitía aquella figura que no pudo ver que Joe –pese a tener el brazo derecho completamente inútil por culpa de las navajas– se ponía detrás de Misty con un puñal puesto en la garganta de la entrenadora…

—¡¡NO TE MUEVAS!! —le gritó Joe a esa figura con voz fuerte pero temblorosa.

Aquél ser imponente solo miró por detrás y entrecerró los ojos amenazadoramente, mientras se daba lentamente la vuelta para revelarse ante Misty y su captor.

Era un hombre, pero era enorme –de un metro noventa o quizás los dos metros–. Tenía una máscara que le cubría por completo su rostro excepto su barbilla y boca. Tenía unas orejas pequeñas y puntiagudas –parecían las orejas de un Zubat pero al mismo tiempo no era nada que Misty nunca haya visto–. Tenía una gran capa negra que le caía hasta los pies, casi cubriéndolos por completo y en el pecho tenía grabado una enorme silueta negra de un murciélago.

—¡¡UN PASO MÁS Y JURO QUE LA MATO!! —gritaba Joe tembloroso mientras hundía un poco más el puñal en la piel de Misty.

El hombre no se movió. Solo lo miraba fijamente con unos ojos muy intimidantes…

—¡¡LO HARÉ!! ¡¡JURO QUE LO HARÉ!! —gritaba Joe cuando hundió un poco más la daga, liberando un hilillo de sangre.

El enmascarado decidió ya no seguirle su juego y con una velocidad asombrosa llegó donde Joe y le tomó fuertemente la mano donde tenía el arma blanca, obligándolo a soltarla en el acto, liberando a la chica.

—No… No lo harás.

Misty escuchó su voz e incluso ella sintió algo de miedo. Era una voz grave y muy profunda. Tan llena de fuerza como el hombre mismo.

El encapotado lo tomó del cuello de la camisa y lo levantó del suelo. Joe estaba que se cagaba de miedo y sintió algo caliente en sus pantalones: se había orinado.

—¿Qu-qu-quién eres? ¿Q-quién eres tú? —le preguntó Joe con las pocas fuerzas que le quedaban.

El justiciero acercó a Joe a su cara para que pudiese sentir su respiración. Era la respiración de un animal listo para terminar con su presa.

—Tu peor pesadilla… Soy Batman.

Dicho eso, le dio un fuerte golpe con la frente de su máscara que lo dejó desmayado.

Batman lo tiró al suelo como si fuera una cosa asquerosa. Después miró hacia atrás y vio a Misty, completamente anonadada.

—¿Se encuentra bien señorita Waterflower?

—Este… Yo… Bien. Sí, estoy bien —decía Misty casi embobada—. ¿Oiga? ¿Cómo sabe quién soy?

—Misty Waterflower. Entrenadora de Pokémon Acuáticos y Líder del Gimnasio de esta ciudad.

—Si… Yo… ¿Cómo lo sabe? —Misty no salía de su asombro.

—Digamos que sé muchas cosas… —decía Batman mientras hurgaba en su cinturón de herramientas.

—¿Quién es usted? —fue lo único que se le ocurrió decir a Misty una vez aclarada su mente.

Batman se volvió a la entrenadora y ella pudo verle frente a frente, aumentando mucho más su asombro.

—Alguien que está aquí para ayudar.

Acto seguido, Batman apuntó con su pistola de gancho al techo de uno de los edificios y se elevó en los aires para luego perderse entre las sombras…

Misty se quedó viendo un buen rato el lugar en donde desapareció Batman, mientras la lluvia le caía en el rostro.


Hola a todos y a todas...

Acá les escribo para saber que tal les ha parecido la historia hasta ahora. He estado observando que cada vez más esta historia empieza a despertar el interés de varios. Ojalá y les esté gustando. De ser así les invito que permanezcan alerta ante las actualizaciones de este fic con tintes de Pokéshipping y de paso, les invito a que por favor dejen más reviews. Me gustaría saber sus opiniones y sus comentarios -además de que así se que hay gente que esta leyendo esta historia y le esta (o no) gustando-.

De paso les quiero ofrecer disculpas a todos los lectores por la poca frecuencia con la que actualizo este fic. Si recordaran en el primer capítulo, les dije que de vez en cuando actualizaria cuando tuviese buenas ideas para hacerlo; ya que quiero darles a todos el mejor fic jamás escrito acerca de Pokémon.

Es por eso que quiero extenderle mi reconocimiento -y agradecimiento- a LatinoBadass y a Paburo SilverGhost, porque gracias a sus fics (Cazamercenarios y Pokémon: The Final Challenge, respectivamente) me han ayudado en mis faltas de ideas y me han dado la inspiración para continuar con este invento.

Dicho esto, les repito de nuevo: Si leen este fic, por favor dejen review. Quiero saber que piensan de este invento. Anímense.

Saludos a todos y todas,

Aaron