Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"

Capítulo XVI

...

Ed.-

...

- ¿Qué…?.- esa pregunta fue casi expulsada con trabajo por ella.

Y yo, un hombre completamente fuerte y sin un rastro de inseguridad en mí, estaba temblando hasta los huesos por el temor a su reacción. Erguí mi cuerpo para que ella no advirtiera que la espera de su respuesta estaba causando estragos conmigo. Sólo me observaba y su rostro estaba completamente ¿Asombrado? ¿Molesto? ¿Turbado? Ni siquiera podía interpretarlo.

Sabía que no era el modo de pedirle algo que aunque no lo demostrara, era de vital importancia para mí, pero tampoco sabía cómo afrontar los nuevos descubrimientos. Y ella solo me respondía con ese silencio amenazante.

Ángela, con todo y sus demencias, no estaba muy lejos de la verdad. Isabella y esa niña, habían pasado de ser unas completas extrañas, a formar parte de mis pensamientos diarios y más recurrentes. No lo había notado con tanta fuerza como ahora, cuando podía tenerla casi al alcance de mi mano, pero su silencio me indicaba que ese casi, se hacía cada vez más lejano.

- ¿Cuál es tu respuesta?.- me forcé a cuestionar

- ¿P-por qué?.- tartamudeó y juro que no movió un solo músculo de su rostro

¿Por qué? No sabía si se estaba refiriendo al por qué de mi propuesta y por qué ella. Y tenía mil razones para expresarle, pero no tenía el suficiente coraje para transparentar mi vida una segunda vez. No estaba preparado para asimilar nuevos sentimientos, pero si estaba preparado para ir poco a poco intentándolo. Y mientras tanto, mi cabeza le respondía de la misma forma que ella, en silencio.

Que necesitaba tomar las palabras de Heidi respecto a una nueva oportunidad como ella me lo había mencionado en su carta.

Que mi vida ya no parecía ser la misma desde que ellas habían entrado en la misma.

Que verla bajaba todas mis barreras y me dejaba expuesto.

Que creía…estar amando…nuevamente.

Pero nada de eso salió de mi boca. No podía. No cuando tenía la certeza de que lo que menos sentía ella por mí era lo que yo estaba sintiendo crecer en mí por ella. Y a raíz de eso, solo pude mentir, en cierta forma. Seguir con mi careta autoimpuesta.

- He hablado con mi abogado.- me miró atentamente.- Tú no estás completamente segura de todo ello. Y la única forma de que Ángela no vea un solo peso, es que aceptes mi propuesta

- ¿Por qué?.- volvió a repetir

- Será un matrimonio por conveniencia.- apunté y mis ojos se rasgaron al ver ¿Decepción en los suyos?

- Conveniencia.- repitió casi forzada

- No habrá separación de bienes y de esa forma todo lo que mi mujer te haya dejado, pasará a formar parte de mis acciones

- Claro.- asintió suavemente, como si le costara procesar todo lo que decía

- Te lo explicaré mejor. Los bienes heredables pasan a ser mitad míos cuando entablamos el vínculo del matrimonio. Yo…- alzó su mano para callarme

- No me interesan los términos legales.- carraspeó incómoda.- ¿Y…? Bueno, en caso de separación ¿Qué pasara?

¿Ella lo estaba meditando como una posibilidad? Mi pecho se infló de solo pensarlo. Mantuve mi cuerpo imperturbable, aun cuando deseaba comportarme como un crío malcriado y rebotar una tras otra vez por haber conseguido el capricho que quería. Aunque de capricho no había mucho. Esa mujer significaba lo inimaginable para mí. Demasiado.

- Podemos llegar a acuerdos donde tú no puedas ver solo un peso de todo ello

Volvió a asentir sin decir una palabra. Sus brazos rodearon su cintura y los míos cosquillearon por ser ellos quien apresaban esa frágil y suave figura.

- Lo…lo tienes todo muy bien pensado.- comentó sin sonar a reproche

No te imaginas cuanto preciosa, pensé para mis adentros.

Había jugado todas mis cartas vislumbrando este momento. Había sabido encontrar los recovecos justos para comenzar a mover mis fichas, comenzando por su vulnerabilidad. Odiaba admitir ello, pero había hecho. Ella ahora mismo estaría sola, y todo conjugado me haría poseedor de las dos mujeres que quería si o si en mi vida.

Mis contactos habían accedido en solo un chasquear de dedos. Su padrastro y su madre estarían a kilómetros de ella, su hermana quien no daría un paso sin Emmett, también lo estarían. Lo sabía, porque oportunidades como las que había hecho aparecer, no se presentarían dos veces en sus vidas. Y ellos, ya habían mordido el cebo.

Mi único movimiento loable, había sido dejarla en ese lugar que tantos recuerdos albergaba de su padre, y conociendo en poco tiempo su vida, no dudaba que ella quisiera permanecer allí con él, con sus recuerdos. No me había equivocado, ella no se había ido, y sin pensarlo en este momento ella se estaba entregando casi en bandeja de oro para mí. Vulnerable, sola y con anhelos de dejar y toma. Dejar lo que ella creía no le correspondía y tomar lo que mi oferta le ofrecía.

Era un demonio vestido de etiqueta. Pero la necesitaba. Ahora y no en otra vida.

No era un hombre virtuoso. La vida me había hecho cambiar a duros y malos golpes. Pero tenía mi fe en ella. En ellas.

- ¿Qué respondes?.- insistí por segunda vez

- Es…esto es…- movió su cabeza negativamente y tuve que endurecer cada uno de los músculos de mis piernas para no caer ¿Era esa su respuesta?

- Bella…- mi voz salió casi como un ruego

- ¿Cómo…?.- se giró hacia mí y me abrumó ver tantas emociones en sus ojos y ninguna mejor que otra.- No quiero quedarme con absolutamente nada, porque nada me corresponde, pero… ¡Dios Santo! ¿En qué mundo vine a caer?.- exclamó dramáticamente alzando sus brazos al cielo

- Bella, escucha…

- ¡No!.- gritó y me quedé paralizado.- No quiero escuchar más

Liz se revolvió y gimoteó. Ambos la observamos y como si hubiese sabido que nuestra atención recaía sobre ella elevó con dificultad unos centímetros su cabecita. Sollozó y mi cuerpo se movió involuntariamente en su dirección, sin embargo el jadeo proveniente de Bella me hizo detener mis pasos. Me miraba horrorizada, como si en este mismo instante hubiese descubierto algo. Caminó en forma presurosa y se plantó frente a mi impidiendo que me acercara a Liz ¿En realidad ella estaba haciendo ello? La miré sin entender qué estaba ocurriendo.

- No te quiero cerca de mí y de mi hija.- espetó con tanto fervor que me quedé sin palabras.- Fuera ahora.- indicó con su mano hacia la puerta

- Bella, creo que debemos hablar. Escúchame.- pedí, estando dispuesto a rectificar mis palabras con la verdadera razón por la que la quería en mi vida.- La verdadera…

- ¡Fuera!.- gritó. Su barbilla tembló y quise poder acercarme.- Estoy dispuesta a darle todo a esa mujer. Yo…yo…- un sollozo salió de sus labios

- No llores.- le pedí. Refregó sus ojos con fuerza

- No lloro por ti.- escupió.- Lloro porque esto es una pesadilla.- gimió.- Yo pensé…- volvió a negar como quitando esos pensamientos.- Me equivoqué.- admitió como para sí

- ¿En qué?.- cuestioné. Necesitaba saber qué pensaba

- En todo.- respondió. Y luego de unos segundos añadió.- Tú eres un hombre con influencias. Mueve tus contactos y has que todo lo que…tu mujer me dejó, pase a tus manos

- No voy a hacer eso.- podía, por supuesto que podía maquillar cualquier papel y quedarme con todo, pero no era lo que quería. El dinero y todo ello era lo que menos importaba

- O haces eso, o hablaré con el abogado para que Ángela quede con todo

Vi tanta convicción en sus palabras que no tuve cómo replicar. Si ella daba cuenta de sus intenciones, moviera cielo, mar y tierra esa mujer quedaría como única heredera de todo. Liz comenzó a llorar de forma desconsolada y mi cuerpo picaba por calmar su tierno berrinche. Bella estaba entre la espada y la pared, podía ver en sus ojos la desesperación por atender a su hija, pero más allá de ello, veía su anhelo porque dejara en ese mismo momento de pisar el mismo suelo que ella.

- No me voy a rendir.- no fue una amenaza, sino una promesa

Y salí de allí.

No me iba a dar por vencido, pero por ahora le daría su espacio. No sabía tampoco lo que había pasado para que ella de un momento a otro reaccionara así, pero no iba a presionar. Estaba seguro que con el tiempo podría saber ello y mucho más. Porque aunque su respuesta en este momento fuera negativa, quería creer que no era definitiva ¡Yo no le daría tregua a que se apartara de mí! Algo se me ocurriría, no iba a dejar derrotarme.

Las quería si o si en mi vida, y para siempre.

- Edward.- pronunció Jacob luego de que le contara todo.

- Estoy buscando un amigo.- no me importó sonar como un ruego

Me observó con detenimiento y aunque supuse estaba dispuesto a decirme un par de cosas. Tomó su copa y bebió un gran sorbo arrugando su rostro en el proceso.

Desde que había salido de esa habitación hacían unos cuantos días, me había encerrado en mi despacho sin atender a nadie. La realidad era que nadie con un lazo afectivo me visitaba desde hacía un tiempo. Como nunca creí poder experimentar, la soledad me golpeó de una forma abrumadora y estuve tentado a dejar mis culpas atrás y buscar refugio en quien sabía no me daría una negativa como respuesta. Pero luego pude tener un atisbo de cordura y recapacité. No volvería a cometer otro error por soledad, nunca más.

Hoy estando solo, necesité a alguien. No quise pensar en vergüenza, orgullo o vulnerabilidad cuando salí de mi oficina con rumbo fijo y me planté en el lugar de trabajo de Jacob pidiendo un espacio en su tiempo para conversar. No fue fácil, se mantuvo renuente a siquiera intercambiar un saludo cordial conmigo y puedo decir con conocimiento de causa que pasó por su mente echarme incluso de la peor forma de aquel lugar. Hasta que dije lo que él necesitaba oír y yo precisaba decir, verdad.

Las palabras habían comenzado a salir con dificultad. Por primera vez pasé por toda mi vida a través de mi cabeza articulada con mi boca. Nunca antes nadie había escuchado tantas verdades dichas por mí, ni siquiera Heidi, porque ella carecía de la última. La que ahora tenía a Jacob mirándome con una mezcla de reproche y resignación ¡Bella!

- ¿Por qué nunca dijiste nada?

Siempre pensé que esa pregunta jamás saldría de la boca de alguien hacia mí, porque para bien o para mal, viví años jurando y perjurando que nadie más que yo sabría cómo habían sido las cosas entre Heidi y yo. Y aquí estaba, contando detalle a detalle todo lo que llevé años dentro de mí, y sintiéndome por primera vez bien ¡Bien! En silencio le pedí perdón a ella, porque ya no podía defenderse de las acusaciones, pero yo también necesitaba poder sacarme un poco de peso encima.

- No había razones para que todo el mundo supiera mi vida marital

- Las hay cuando las culpas son compartidas

- ¿Me crees?.- cuestioné mirándolo fijamente

- A pesar de todo, si.- concluyó en forma tajante

Suspiré pesadamente. Y aunque no lo esperé, una mano cálida se posó sobre mi hombro. Tapé mi rostro con una mano y la otra la mantuve cerrada en puño sobre la mesa. Estaba siendo un débil, pero por alguna razón no me importaba en el aquí y ahora, ya mañana podría carcomerme en vergüenza por este actuar de chicas.

- Me siento solo.- confié mi mayor secreto.- Yo…yo quería una familia

- La tuviste Edward.- confortó

- La destruí.- rebatí

Froté mis ojos y quité mí la mano que tapaba mi rostro. Jacob estaba negando lentamente. Pedimos otra ronda de buen whisky, y nos mantuvimos en ese silencio un buen tiempo. Mi cabeza estaba aun en aquella habitación ¿Qué estaría haciendo Bella y Liz en este momento? Sabía que aun seguía aquí y que James la había estado visitando continuamente. Un hombre de mi confianza dispuesto para informarme de todos sus pasos desde ese día, me había detallado las horas de entrada y salida de ese imbécil.

- Voy a decirte algo.- asentí a las palabras de mi amigo que me sacaron de mi ensoñación.- Si de verdad sientes algo por esa mujer, juégatela.- me quedé sin palabras.- Pero no de la forma que lo estás haciendo

- No tengo otra.- negó

- La tienes. Habla con la verdad.- me paró cuando vio mi intención de hablar.- Dile lo que sientes y hace de una buena vez las cosas como deben ser, no como quieres que sean

- ¿Después de todo lo que te he dicho crees que ella aceptaría estar conmigo?

- ¿Y qué es todo lo que has hecho como para no merecerlo?.- resoplé molesto

- Jacob…- alzó su mano y me frenó

- He escuchado todo lo que has dicho, y si bien no eres un ángel tampoco eres un demonio. Heidi y tú tuvieron el mismo porcentaje de culpa en todo esto.- movió su mano en forma circular.- Pero eso ya pasó, así como has reconocido y hablado conmigo hazlo con ella

- Como si fuera tan fácil.- espeté

- Y más fácil es seguir cometiendo error tras error, haciéndole creer que lo único que te interesa es quedarte con lo que Heidi le dejó y no admitir que te sientes atraído hacia ella.- explicó

Moví mis manos con impaciencia sobre la copa y tamborilee mis dedos en el borde. Jacob tenía razón, pero al mismo tiempo equivocado. Todo sería más fácil si ella llegara a sentir el mínimo de cosas que malditamente yo sentía por ella, pero no. Bella no sentía lo mismo que yo hacia ella, y la única manera de traerla a mí era maquinando el presente y futuro. Necesitaba doblegar su resolución a no aceptarme, pero ¿Cómo?

- ¿Lo harás?.- apremió Jake

- Seguro.- acoté sarcástico

- Te vas a arrepentir

- Puedo hacer que las cosas se reviertan cuando ya esté todo hecho

- ¿Y cuando a la hora siguiente ella te pida el divorcio?.- contraatacó

- No lo hará.- dije pagado de mi mismo

- ¿Alguna otra idea errada que yo no sepa y quieras llevar a cabo?.- me observó molesto por mi terquedad y mi mal actuar

- Ninguna.- acepté de mala gana

Pero de pronto una persona pasó frente a mi sonriendo a todo el mundo y supe cual sería mi próxima pieza a mover. Su cabeza se giró hacia mí y sonreí como un desquiciado alzando mi copa en su honor. La sonrisa suya murió al instante en que el hombre que la acompañaba se percató de mi presencia y comenzó a dirigirse hacia mí.

- Estaré casado hasta que sea yo quien diga basta…- le murmuré a Jacob que no comprendía mis palabras.- Te lo puedo firmar.- terminé levantándome de mi asiento y saludando cordialmente a los recién llegados.- Victoria.- sonreí de buena gana, viendo como sus cabeza parecía trabajar a mayor velocidad y captando mis ideas.


Be.-

- No deberías gastar tanto dinero.- mascullé cuando James volvió a entrar cargado de cosas

Encogió sus hombros y tomó a Liz de la cama para sentarla en el piso entremedio de sus piernas y llamar su atención con todos los obsequios que había traído el día de hoy, que no eran muchos menos de los que había traído el día ayer y el pasado, y así sucesivamente. No quería comenzar a pensar la razón por la que estaba haciendo todo esto, pero tampoco podía evitar que resonara en mi cabeza una y otra vez.

- Tienes que ver esto, según la mujer que me lo vendió es único.- agitó algo que no supe identificar

- Creo que te estás excediendo.- comenté

- Bella, ahora podemos darnos todos los gustos que antes no.- expresó relajadamente

Y mi furia estalló ¡Por supuesto que sabía muy bien la razón de todo esto! Me levanté molesta y más se acrecentó mi estado anímico al verme cuasi encerrada en estas malditas cuatro paredes y no poder alejarme una distancia considerable para no golpearlo como quería. Me voltee cuando llegué al extremo de la habitación sin tener donde más ir y fijé mi mirada en él

¿Realmente James era el mismo de antes?

¿Estaba sacando provecho a todo lo que yo le había confesado sobre la herencia?

Mi respuesta quedó descrita cuando al levantar su mano pude ver un ostentoso reloj de pulsera que nunca antes se lo había visto. Me quise golpear por haberle contado aquella noche sobre todos los pormenores de lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor desde que había ido a trabajar en esa casa. En ese momento su semblante tranquilo y hasta casi alucinado, me había parecido una reacción normal, pero ahora entendía todo, él se sentía casi más dueño de todo lo que Heidi me había dejado, que incluso yo o…Edward.

Apreté mis manos con fuerza hasta sentir las uñas enterrándose en mis palmas al pensar en él. Debía haberme marchado cuantos antes, incluso mucho antes de dejarlo entrar un poco más en mi vida con esa propuesta. Edward no era el príncipe de los cuentos de hadas, él solo era un hombre interesado en recuperar todo cuanto era suyo. Yo era solo el camino para ello. Cerré los ojos con fuerza cuando sentí que volvían a humedecerse ¡Tonta de mí! Al escuchar su petición, me había quedado sin palabras y mi cabeza había empezado a trabajar de manera caótica buscando el momento exacto cuando él había comenzado a sentir lo mismo por mí, que yo por él.

Alto había volado en solo un minuto. Y grande había sido el estruendo al caer el en minuto siguiente cuando él me había hecho una superficial descripción de los eventos. Superficial o no, el objetivo era el mismo. No había sentimientos, solo ambición.

- ¡Bella!.- gritó James y tuve que volver a centrarme

- ¿Qué pasa?.- mi voz salió con tirantez

- ¿El 50% de las acciones que mencionaste corresponden a la empresa de Cullen?

¿Cullen? ¿Él llamaba así a su jefe? Por supuesto que sí. Mi James de antaño estaba enterrado, y el de ahora quería correr en la misma que carrera que Edward.

- No voy a aceptar absolutamente nada de esa herencia.- declaré firme

De no ser por el movimiento de su pecho, podría haber jurado que James estaba muerto y petrificado ¡Muerto! ¡Oh Dios! ¡Heidi! Llevé una mano a mi pecho y apreté allí con la intención de redimir todos los pensamientos que azotaban mi cabeza en torno a Edward. Todo era un verdadero caos. Por un lado ella pidiéndome en forma expresa conocer al verdadero Edward, y yo por otro, muriéndome de celos por saber que cuando la misma petición había salido de él hacia Heidi, nada tenía que ver con la hecha a mí hace unos días.

- ¿Estás loca?.- la voz afilada de James me trajo nuevamente de vuelta

- No.- enderecé mi postura.- Nada de ello me pertenece

- Esa mujer te lo dejó.- se levantó con Liz dejándola en el centro de la cama

- Esa mujer se llama Heidi.- él hizo un movimiento de restarle importancia

- Estamos hablando de mucho dinero Bella. Del que jamás imaginamos tener.- su exclamación me activó

- ¿Imaginamos?.- cuestioné aquella palabra

- ¡Por supuesto!.- exclamó como si fuera obvio.- Tú, yo y Liz

- Creo no estar entendiendo a qué te refieres.- exclamé sin dar a entender que sí conocía sus planes

- ¿Te casarías conmigo?.- soltó de pronto

- ¿Casarnos?.- repetí en un jadeo

- Bella, debemos darnos otra oportunidad.- ese debemos, me hizo comprender todo en un solo minuto.- Tengo grandes planes para nosotros Bella. Puedo estudiar por la noche y hacerme cargo de la empresa por el día. Compraremos una casa, o si quieres, tú estás en Forks y yo aquí…

- James…- comencé, pero su inusual petición y el ánimo que irradiaba cortó mis palabras

- Tu familia y la mía estarán felices. Liz podrá tenernos a ambos juntos o bueno, en cierto modo. Tú seguirás en Forks con la tranquilidad que te da el hogar de tus padres y yo estaré aquí velando porque todo lo que tenernos se multiplique y nos permita vivir siempre tranquilos…

Mirar a James, fue ver a Edward en versión distinta por fuera, pero idéntica por dentro. Ambos no se sentían interesados por mí, solo era que el dinero me había hecho una ficha importante en el juego ¿James alguna vez me había amado de verdad? ¿Nuestra hija era producto del amor? Miré por sobre su hombro y el ver a Liz abstraída en su mundo me envió una tristeza enorme. Yo quería darle a mi hija una familia y muchas veces me odiaba quizás por haber terminado con la única que ella podría conocer, pero ahora veía que no era así. James tarde o temprano me hubiese dejado ¿La razón? Él tenía sueños que yo no alcanzaba a cumplir, no al menos sin lo que ahora tenía o estaba esperando allí.

- Vaya.- murmuré con una sonrisa.- Estaría casi a punto de pensar en que soy la mujer más irresistible del mundo al tener dos peticiones de matrimonio en tan pocos días

- ¿Cómo?.- ladeó su cabeza y me observó confundido

- ¿Qué me contestarías si te dijera que no eres el único que ha venido como un príncipe de cuentos a pedir mi mano?.- camuflé la triste realidad con un hermoso cuento de hadas

- Bella, habla claro.- exigió terminando con su buen humor.- ¿Acaso te estás viendo con alguien más?

- ¿Y qué si eso fuera así?.- me enfrenté. Sus fingidos celos nada tenían que ver conmigo, eso estaba claro

- ¡Respóndeme!.- gritó y tengo que aceptar que su repentino cambio de humor me asustó

- No es asunto tuyo.- corté el tema y traté infructuosamente de pasar por su lado para llegar a Liz

- Tú me vas a explicar en este momento lo que acabas de decir.- siseo, tomando mi brazo con fuerza

- Debo ver a Liz.- forcejee escuchando como mi hija comenzaba a protestar, seguramente también asustada por el alza de voz de su padre; más no me dejó

- Bella, estoy perdiendo la paciencia.- gruñó bajo.- ¿Quién carajos es él?

- ¿Te importa?.- alcé mi barbilla desafiante. No le mostraría inferioridad

- Por supuesto que sí.- apretó más fuerte mi brazo.- ¿Quién?

- No te preocupes James. Al parecer no es más virtuoso que tú. Aunque debo darle méritos, su petición ha sido en base a las mismas verdades que tú me has maquillado ¿O me vas a decir que sin esa herencia estarías dispuesto a amarrarte a mí hasta que la muerte nos separe?.- solté ácidamente

- Tengo más derechos sobre ti que cualquiera.- evadió mi respuesta, pero dio una peor. Tiré tan fuerte de mi brazo que no me importó incluso si la mitad quedaba con él

- ¡Tú no tienes ningún derecho sobre mí! ¡Y te lo puedo demostrar mañana mismo aceptando la otra propuesta!.- exclamé furiosa

- ¡Liz es una muestra de que sí!.- habló en el mismo tono que yo. Luego respiró un par de veces y una sonrisa no muy grata apareció en su rostro.- A no ser claro que así como imagino ya te revolcaste con ese tipo, te hayas revolcado con otros tantos y nuestra hija sea menos mía de lo que fuiste tú

- ¡Nunca vuelvas a hablar así de Liz!.- vi todo rojo y reaccioné

Golpee con todas las fuerzas que tenía en su mejilla, haciendo que su cabeza quedara inclinada hacia el costado derecho. Hubiese querido golpearlo a puño cerrado y haber acabado con su rostro bonito y que tantas veces había arrancado suspiros de mi cuerpo, pero todo había sido repentino. Llevó su mano a su rostro y masajeó donde mi mano ya comenzaba a marcarse en cierto modo sobre su piel blanca. Me observó desconcertado por mi reacción, seguramente no lo esperaba.

Abrió la boca para volver a hablar, solo esperaba que esta vez sus estupideces pudiese guardarlas para él porque mis ganas de golpearlo volverían, pero dudaba que mi mano resistiera otro embate. Pero antes que saliera palabra alguna de él, la puerta avisó la llegada de alguien. Me quedé en mi lugar y él también observando la superficie de madera oscura, como si por arte de magia se pudiera abrir.

- ¿Bella? ¿Bella?.- su voz me hizo tragar saliva en forma compulsiva

- Bien, creo que es hora de arreglar cuentas.- masculló y aunque intenté frenarlo, apuró el paso y abrió.

Los tres nos enlazamos en miradas que no presagiaban nada bueno. James pasó sus ojos de Edward a mí, y supe que la respuesta que me obligaba a darle, ya la tenía. Edward en cambio, parecía querer saltar sobre James y arrancarle la cabeza como de un solo jalón ¿Por qué? Contuve la respiración cuando por mi cabeza pasaron retazos de lo que James y yo habíamos hablado anteriormente con un tono que para nada era silencioso ¿El habría escuchado? Seguramente, al igual que James, estaba viendo su dinero escaparse de las manos

- ¿Señor Cullen?.- recé porque James cambiara su tono de voz. A su jefe de seguro no le agradaría

- James.- le devolvió Edward con una gran sonrisa demasiado falsa

- No quisiera ser grosero.- comenzó el que alguna vez había sido el hombre de mi vida.- Pero mi mujer y yo estamos platicando. Y no creo que sean horas de visita.- finalizó

¿Su mujer? Las aletas de mi nariz se dilataron de rabia al oírlo hablar con esa posesión de mí. Estaba claro ahora que James sabía quién era el dueño del nombre que había tratado de ocultarle y estaba tratando de dejarle claro a Edward, que mi elección era él. Abrí la boca para responder, cuando una silueta apareció detrás de Edward y después de mirarme con casi asco, se fijó en James, el que a su vez palideció como si estuviese viendo un muerto en vida.

- ¿Cuándo te refieres a tu mujer hablas de Bella o…de Victoria, James?

- ¿Quién es Victoria?.- pregunté tontamente. La mujer dio un paso adelante

- Yo.- habló firmemente.- Supongo que tú serás Bella.- me observó de pies a cabeza

- ¿No vas a presentarlas, James?.- cuestionó Edward que se apoyó relajadamente en el umbral de la puerta

Miré interrogante al hombre a quién se dirigían las palabras. Su rostro se desfiguraba en distintas expresiones y supe antes de que alguien dijera nada, que la tal Victoria era mucho más que una simple visita de cortesía. El silencio se extendió y giré mi rostro a Edward, el que me observaba tan detenidamente que envió escalofríos desde la punta de mi pelo al otro extremo de mi cuerpo, parecía como estuviera leyéndome, pero ¿Qué? ¿Mis reacciones por lo que estaba presenciando?

- Señora Victoria, no creo que podamos resolver los problemas en este momento. Bella, ella es una de mis clientas…- una carcajada resonó en la habitación y mi Liz soltó risitas ajena a toda la tensión que se vivía allí

- El trabajo extraordinario, claro.- masculló Edward sobando su barbilla luego que dejó de reír.- Bien Isabella, esta mujer es la que ocupa el tiempo del padre de tu hija

- No sé qué tiene que ver esto conmigo.- objeté molesta

- Bella…- comenzó James, pero Edward lo interrumpió sin derecho a reclamos

- Es esta mujer, su amante, la que consume el tiempo que debería destinar a su hija

- ¿Has dejado a Liz de lado por una amante?.- pregunté con incredulidad.- ¿Pretendías acaso casarte conmigo y mantenerme en Forks para seguir con tu segunda vida?

Mi tono no era de reclamo, sino más bien de dolor. Yo me podía merecer cualquier cosa, pero no Liz. Ella debía ser lo primero para ambos y me dolía pensar que su padre había pasado meses sin verla solo por estarse revolcando con una tipa que por lo que veía, sí lograba cumplir sus expectativas. Con tan solo verla podía estar segura que pertenecía a un mundo muy distinto que el mío. Me dolía pensar así de él, pero lo que más me dolía, era ver cuán poco conocía al hombre con el que muchas veces había soñado terminar mis días.

- Y no sólo eso. Es ella la que envía dinero el dinero mensualmente para los gastos de Liz. Deberías ver su departamento ¿No te ha llevado allí? Es como un castillo de príncipe

Cuanto más palabras entraban en mi cabeza, más desilusión se generaba. Sabía que las cantidades que James destinaba a Liz eran demasiadas, pero jamás me había preguntado el por qué, y menos cuando ilusamente creía que era un hombre esforzado trabajando horas…extras, para darle una mejor vida a su hija.

- Bien, ahora que he terminado con esto y puedo dar crédito de todo lo que ha dicho Edward. Quisiera regresarme y que dejaras a mi marido en paz.- levanté la vista hacia ella

- ¿Casada?.- susurré más para mí

- ¿Algún problema?.- espetó y sacudió su larga y ondulada cabellera en un desprecio.- No quiero verte más.- se dirigió a James.- Y en cuanto a ti.- indicó a Edward.- Nuestro trato está cerrado. Deja a mi marido y a mí en paz.- terminó con ello y se marchó

- Bella…- de dos pasos James estuvo a mi lado

- Espero que algún día Liz no se avergüence de la clase de padre que tiene

- Lo hice por nosotros.- suplicó. Esto era el colmo

- ¿Vas a culpar a nuestra hija de todas las mentiras y engaños que has cometido?

- Yo…yo…- comenzó a balbucear. De pronto se giró y se encontró cara a cara con la expresión dura de Edward.- Cullen, creo que es tiempo de que tú también te vayas

- ¿Cullen?.- repitió Edward incrédulo ante su osadía y elevó sus cejas

- Se muy bien que tú tampoco eres la virtud hecha hombre.- las agallas de James estaban llegando lejos. Seguramente se sentía tan acorralado, que ni siquiera pensaba lo que estaba haciendo

- Puede que tengas razón.- asintió Edward y se movió tranquilamente sobre sus talones.- Pero mis pecados están pagados.

Y entendía que era cierto. Así mismo, que era mi turno hacerle pagar a James sus faltas, sobre todo por Liz. Mi hija no se merecía un cariño tan pequeño por parte de su padre y menos ser más que una bendición para él, una carga.

- Vete James.- interrumpí de pronto

- No Bella, tenemos que…

- No hay nada que hablar. Todo lo que necesitaba saber ya lo sé, y todo lo que yo tenga que decirte, lo sabrás en su momento

- ¿Y qué es lo que debo saber?.- rugió con rabia. Sabía muy bien a qué me refería

- Por un lado recibirás algún papel judicial donde se deje constancia de lo que debes dar mensualmente para tu hija y las visitas que podrás hacerle

- ¡¿Qué?.- gritó y pensé que se me tiraría encima

- ¿Por qué te espantas? Un mes atrás ni siquiera te interesaba cómo estaba Liz.- encogí mis hombros.- Y veré si te invito a mi boda.- sentencié

Los dos hombres clavaron sus ojos en mí. Dos miradas tan distintas, pero escondían tantas cosas. Edward esbozó una sonrisa victoriosa y me sentí morir, cuando la realidad me golpeó. El no estaba feliz por mi respuesta, sino por lo que conllevaba ella. En cuanto a James, su dolor también estaba lejos de ser por mí, sino más bien, por lo que perdía.

¡Utilizada! Así era como me sentía, pero dejaría de sentirlo muy pronto. Esto no sería la boda que siesmpre había soñado. Y tampoco duraría hasta que la muerte nos separara. Lo único que buscaba era deshacerme del enorme peso que había significado el regalo de Heidi.

- Voy a casarme con Edward.- fueron mis últimas palabras.

...

Continuará...


Ups ¿Hay alguien por ahí? * Pestañeo de ojitos rápidamente *

Falta de inspiración es una de mis excusas y prefiero decirlo, antes de inventar cualquier otra.

Un besito y gracias a Elisita, que fue mi beta improvisada esta vez, para animarme a subir más rápido =) Y a todas las que me leen, obviamente.

Intentaré no perderme tanto, pero han leído uds a "Los Señores del Inframundo" y "La Saga Vanir"? Bueno, me han consumido el tiempo, aunque no puedo culpar a la Saga de tanto,

porque ya la leo hace tiempito, pero por Dios que es bueno releerla =) Y para rematar, hay que trabajar para vivir también. Aunque juego a la lotería, para ver si se me hace el milagro y

puedo dedicarme mi vida entera a leer y escribir jajaja

...

Prev en mi Blog "Mi Pequeño Rincón", el link está en mi perfil. Mi msn y todo lo demás en mi perfil también. Y alguien me preguntó por mi Twitter, no recuerdo quien; es ThePam3, si

super original xD... Cariños a mis PADU, muack las adoro.

...

Pam3