Capítulo IX

Represalias

Pewter City

4:15 pm.

El temporal de lluvias había empezado demasiado pronto ese año, anunciando la inminente llegada del verano. Sin embargo, el ambiente en la ciudad había cambiado mucho en los últimos 2 meses. Ahora la ciudad parecía deshabitada; nadie se atrevía a salir a las calles o siquiera tener las luces de sus hogares encendidas más de lo necesario. Lo único que se podía ver en aquellos momentos, eran unas cuantas rondas de entrenadores pokémon y policías en las calles. Las milicias daban cierto aire de seguridad al lugar, pero todos sabían que el nuevo jefe del Equipo Rocket –conocido ahora como Equipo Joker– era muy distinto al fallecido Giovanni Milenio: un payaso psicópata, anarquista y genocida conocido como El Joker.

Pasado un rato uno de los líderes de esa milicia se separó del resto del grupo y tras despedirse de sus compañeros, emprendió el camino a casa en medio de todo ese aguacero. Un muchacho de unos 24 años de edad, moreno, con el peinado parado y unos ojos semicerrados que denotaban su herencia asiática; estaba corriendo lo más rápido que podía para llegar a su casa y alimentar a sus pokémon, y de paso estar a tiempo para la cena (su padre haría pescado al vapor con especias, su platillo favorito). Sin saberlo, en la distancia un grupo de rufianes con uniforme morado y una pequeña letra "J" en el lado derecho del pecho, combinado con la cara de un payaso de mirada diabólica en la espalda, espiaban al muchacho que regresaba a casa. Pero no estaban solos, una enorme mole vestida como luchador de Lucha Libre los supervisaba.

—Señor Bane, el objetivo va en dirección a su domicilio —le contaba uno de los subordinados.

—Me supongo que vendría siendo el gimnasio de esta ciudad ¿me equivoco? —contestó Bane con una voz profunda, grave y malvada.

—No señor —apresuró a contestar el mismo individuo, asustado por la voz de Bane—. Efectivamente es Brock Slate, el líder del gimnasio local.

—Bien. El Joker, dio instrucciones específicas de darle a ese estúpido un "escarmiento" por lo del hotel. Así que me lo dejarán a mí ¿quedó claro?

—Sí, señor —contestaron todos los presentes.

Estuvieron vigilando una media hora más. Pero Bane ya había memorizado todos los movimientos de las rondas…

"Tan predecibles… Tan patéticos. Como se nota que no tienen experiencia en patrullar calles. Las mismas una y otra vez. Ni siquiera la Policía de Gotham es tan tonta como estos…"

Bane no quiso esperar un minuto más. Pasaron solo 5 minutos, cuando dio la orden que prometía dar paso a una fatídica tarde:

—Hagámoslo…


Brock, había vuelto a su casa completamente empapado. Pero el delicioso aroma que salía de la cocina fue la mejor de todas las bienvenidas. Conforme fue avanzando pudo ver que sus 6 hermanos (los otros 3 estaban en sus respectivos viajes pokémon) se encontraban en la sala de estar viendo la TV junto con su madre Lola.

—Hola a todos. Volví —saludó Brock a su familia, mientras se estilaba un poco.

Su madre se volvió hacia Brock y tras haberle dado un beso en la mejilla, le preguntó:

—¿Porqué regresaste tan pronto?

—Esta lluvia es horrible, mamá. Además de que ya tenía mucha hambre y no hubo novedades en las rondas de hoy.

Su padre, Flint, le habló desde la cocina:

—La comida estará en unos 15 minutos más. ¿Porqué no aprovechas ese tiempo y alimentas a los pokémon del gimnasio? Deben de estar tan hambrientos como tú.

—Muy bien, padre. Vuelvo en unos 15 minutos.

Tras esa breve charla, Brock salió por una puerta que lo llevaba por un pasillo techado –con la arquitectura tradicional del Japón– hasta otra puerta de metal que lo llevaba hasta el gimnasio. Estando allí, buscó sus pokebolas para liberar a las criaturas que las contenían. Todos los pokémon de Brock rugieron de alegría al volver a ver a su amo. Brock sonrió al ver de nuevo a sus amigos…

—Bueno chicos… ¿Listos para su cena?

Todos los pokémon rugieron con entusiasmo para demostrar que estaban listos…

—Muy bien. Entonces esperen un momento mientras voy por la comida.

Tras decir eso, Brock se dirigió a la oficina del Líder del Gimnasio. Dentro de una especie de refrigerador pequeño, se encontraban varios refractarios que contenían cubitos de color café en diferentes tonalidades. Brock estaba organizando las porciones para cada uno de sus pokémon cuando de repente, sintió una especie de sismo que hizo que las luces se fueran.

— "Debió de ser la caja de fusibles…" —pensó Brock mientras salía de la oficina. Sin embargo, algo empezó a despertar sus sospechas de que había sido algo más al ver a todos sus pokémon sentirse intranquilos y expectantes…

—¡Padre! ¡¿Puedes por favor revisar la caja de fusibles mientras alimento a los pokémon? —gritó Brock a la puerta.

No hubo respuesta…

—¡Padre! ¡¿No me escuchas?

De repente, el Steelix de Brock rugió amenazador con dirección a la puerta del gimnasio y mientras que el resto se ponía en guardia para proteger a su amo. Brock, sintió el peligro y gritó desafiante:

—¡Quién está allí! ¡Muéstrese!

La puerta de metal empezó a vibrar, como si algo o alguien intentara derribarla. Brock estaba listo para todo, tenía a sus amigos a su lado –y había activado en su cinturón una alarma silenciosa para pedir ayuda a la Milicia de Pewter–. La puerta siguió vibrando más y más, hasta que de repente se detuvo. Las luces del gimnasio pronto regresaron a la normalidad y todo parecía que no pasaría del simple susto. Pero Brock sacó sus conclusiones demasiado pronto…

En pocos segundos, ni siquiera sabía cómo o por dónde, todo el gimnasio se rodeo de explosiones y antes de que se diera cuenta, medio edificio estaba rodeado en llamas. El líder del gimnasio miró al techo y a su alrededor, no podía creer que su mayor patrimonio estaba en llamas. Pero de repente, se oyeron unos gritos que lo sacaron de su asombro. Eran gritos de una mujer y varios niños…

—¡MAMÁ! ¡YA VOY!

Pero Brock nunca llegó a la puerta. Antes de que siquiera pudiera tocarla, de repente algo de entre el fuego de la entrada arrojó un pedazo enorme de madera ardiendo que le bloqueó el paso. Brock, completamente furioso, se volvió a la entrada y gritó:

—¡¿QUIÉN ERES COBARDE? ¡DA LA CARA!

—Jajaja! Creo que eso podría ser un problema muchacho… —una voz grave y siniestra se asomó de entre las llamas.

Conforme se iba acercando, su silueta aumentaba de tamaño a cada paso que daba. Parecía un gigantón. Pese a que una enorme gabardina negra cubría su cuerpo, Brock pudo ver unos brazos y pectorales descomunales. Brock no supo quién era sino hasta que el hombre salió del fuego por completo… usando una máscara de luchador.

—¡¿Tú? —gritó Brock incrédulo y furioso.

—¿Sorprendido? —le preguntó Bane con sorna.

—¡¿Cómo te atreves a entrar así a mi casa?

Bane le lanzó una mirada incrédula y rompió a reír…

—¡Por favor! ¿Llamas a esta pocilga "tu casa"?

Brock estaba cada vez más furioso por cómo reaccionaba Bane. Pero sabía que debía de ganar algo de tiempo para que llegara la milicia y la policía de Pewter…

—¿Qué le hiciste a mi familia?

—Digamos que todavía no he decidido cómo acabar con ellos…

—Sí les tocas un solo pelo… te juro por Arceus que yo… —hablaba Brock crispado por la furia, pero Bane le interrumpió…

—¿Tú qué?… ¿Me harás algo tú a mí? Ja! No me hagas reír… Puedo acabar contigo y tus mascotas hasta con los ojos cerrados…

—¿Porqué no lo pruebas entonces? ¡Mi mejor pokémon contra el tuyo!

—Jajajajaja! ¡Imbécil! ¡Yo no necesito de esas pestes para hacer mi propio trabajo! —se burló Bane a voz suelta. Estaba disfrutando de las tonterías de ese muchacho…

—¡Como quieras! —gritó Brock hecho una furia— ¡Pero te voy a hacer lamentarlo!

En medio de todo ese infierno, Brock regresó a sus demás pokémon y ordenó a Steelix que fuera directo contra él. Bane sonrió para sí mismo… Como iba a disfrutar hacerlo pedazos a él y sus animalejos.

Rápidamente se quitó la gabardina, exhibiendo su imponente figura –levemente cubierta con lo que parecía una camisa sin mangas de color negro y pegada a su cuerpo– y se lanzó directamente contra Steelix.

—Craso error el lanzarte frente a frente contra un Steelix sin protección… ¡Pero te lo haré lamentar! ¡Embístelo, Steelix!

El pokémon de acero rugió furioso y le dio un fuerte cabezazo a Bane que lo lanzó contra la pared. Antes de darle oportunidad al villano de siquiera despegarse de la pared, Brock estaba resuelto a vengarse por hacerle daño a su gimnasio y atacar a su familia.

—¡Sigue embistiendo, Steelix! ¡No lo dejes escapar!

El pokémon volvió a golpear a Bane, lanzándolo a otro lado del gimnasio para luego darle un golpe con su dura cola que lo envió directo al suelo. Parecía que la batalla terminaría muy pronto… Pero Bane solo se empezó a reír burlonamente, mientras se levantaba del suelo. Con el dorso de su mano derecha se limpió la boca ensangrentada. Tras darle una fugaz mirada, Bane miró a Brock con una sonrisa diabólica dibujada en su rostro…

—¿Con que quieres jugar rudo, eh? Está bien muchachito… Te daré gusto.

Brock permaneció alerta ante cualquier cosa que pudiera hacer el malvado gigante de Gotham. Bane se levantó erguido y comenzó a teclear unos botones de una especie de aparato pegado a su muñeca izquierda. Antes de dar la orden de activación, Bane miró a Brock por una última vez…

—Disfruta el espectáculo mocoso… —y apretó el botón de inicio.

De unos tubos transparentes adheridos a su piel, empezó a fluir un líquido verdoso que se inyectó en las venas y cerebro de Bane. El villano se encorvó y empezó a rugir y temblar; a continuación, lo que vio Brock lo dejó aterrado.

Los músculos de Bane empezaron a aumentar de talla y parecía que su cuerpo se ensanchaba y alargaba 3 veces más de lo debido. Bane rugía y aullaba como un monstruo en plena transformación. Pasaron solo unos breves segundos, y Bane era casi de 2 metros con 30 y sus músculos se habían abultado tanto que ahora parecía una especie de animal furioso.

Bane miró por un momento a Steelix y tras lanzar un terrible grito-rugido de guerra, se lanzó en contra del pokémon una vez más. Brock detectó el peligro y trató de hacer que Steelix se refugiara en el suelo, pero Bane fue más rápido y le propinó un puñetazo al animal, lanzándolo contra las débiles paredes del gimnasio…

—¡STEELIX, LEVÁNTATE! ¡ALÉJATE DE ESE MONSTRUO!

Pero Steelix no pudo ser competencia contra la recién adquirida velocidad de Bane. El villano asaltó al pokémon una vez más y estrellar su cabeza más adentro de la pared, tomó a la debilitada serpiente de metal de la cola con las dos manos y la empezó a estrellar contra el suelo, contra las paredes, contra el techo… Una y otra vez, Bane castigó a Steelix sin piedad y por más que el pokémon trataba de defenderse, Bane lo lastimaba aún más.

Brock sabía que si no hacía algo, ese animal mataría a Steelix. De entre los escombros, Brock tomó una viga de metal que calló del techo. Estaba bastante pesada, pero Brock pudo sacar las fuerzas para poder acercarse a Bane con ella; el villano estaba muy ocupado jugando con su presa que no pudo ver al muchacho levantar la viga de metal y estrellársela contra la espalda. Sin embargo, Bane no sintió nada…

Para horror de Brock, Bane solo se volteó y le miró con unos ojos asesinos y una sonrisa descompuesta. Tras dejar a un Steelix casi muerto en el suelo, Brock se volvió contra el líder del gimnasio…

—Craso error el lanzarte contra Bane sin protección… —le dijo burlonamente Bane mientras se acercaba a Brock.

Lo último que pudo ver Brock esa tarde, fue el terrible puñetazo que le propino Bane en el rostro. El entrenador pokemon salió disparado hacia el suelo con la mitad de su rostro cubierto de sangre. Brock no podía ver nada y trató de levantarse, pero se encontró con la mano de Bane sujetando sus tobillos como si fuera un muñeco de trapo…

—¿A dónde crees que vas? Apenas estoy empezando contigo…

Con todo lujo de violencia, Bane lanzó a Brock de vuelta al suelo de piedra haciendo que se le rompiera la nariz y algunos dientes al entrenador. Bane lo volvió a levantar del suelo y lo lanzó contra una de las rocas que adornaban el escenario de combate. La fuerza con la que Bane lanzó al joven fue tal, que al estrellarse contra esa piedra se le fracturara la espalda y rompieran 4 costillas.

Brock intentaba arrastrarse por el suelo y huir, pero tenía su rostro cubierto de sangre y no podía ver nada. Lo único que sintió, fue que una gigantesca mano se cerraba sobre su cabeza y la estrellaba contra el suelo de roca una, dos, tres, cuatro veces… Solo para ser levantado por el inmenso villano para ser arrojado contra las escaleras que rodeaban su asiento como líder del Gimnasio. Brock cada vez se movía menos, pero a pesar de eso trató de alcanzar las pokebolas que había en su cinturón…

—Ah, no… No lo harás…

Brock sintió como Bane le pisoteaba el brazo derecho tan fuerte que Brock dejó escapar el único grito de dolor que pudo articular con su débil voz, mientras sentía como los huesos de ese brazo eran reducidos a pedazos por la intensidad de los pisotones. Parecía que el líder del gimnasio de piedra iba a morir allí mismo cuando Bane levantó de la ropa a Brock una vez más, listo para darle el tiro de gracia:

—De parte del Joker… —dijo Bane al tiempo que colocaba su puño derecho listo para matar.

Pero de la nada, dos esferas negras cayeron a los pies de Bane y soltaron una enorme humareda de color negro, para luego sentir que su brazo era jalado por una cuerda que lo tiraba al suelo. En cuanto el humo se disipó, Bane se levantó del suelo para poder ver a su agresor… Una enorme silueta de murciélago caminando en medio del fuego…

—Batman… —susurró Bane con cierto respeto. No se dio cuenta que un muchacho con antifaz, mayor que Brock por un año, lo ponía a salvo lejos de Bane…

—Vaya, vaya… ¿Vienes a salvar a este muñeco de trapo, Batman? Lo dejé tan mal que no creo que pueda llegar a un hospital a tiempo. Creo que se me pasó la mano… —dijo Bane con burla.

Pero el Caballero de la Noche solo se fue acercando más y más, hasta salir del fuego y quedarse allí… Quieto, listo para lo que fuera.

—No tienes oportunidad contra mí… Acabé con esa serpiente de acero… Puedo acabar con lo que sea…

Batman no dijo nada… Por su parte, Bane se cansó de esperar y se lanzó contra Batman. Pero el Señor de la Noche ya tenía experiencia con la "gigantez" de Bane; antes de que el villano siquiera se acercara, Batman se lanzó de lado y con la ayuda de su pistola de gancho, se colocó detrás de Bane y le cubrió los ojos con su capa. Bane, furioso, trató de quitarse de encima al murciélago pero no pudo darse cuenta que Batman lo estaba dirigiendo contra la pared. Fue en ese entonces, que Batman se quitó de encima de Bane y este no pudo evitar estrellarse contra la pared.

Luego de sacar su cabeza del agujero que formó, Bane se volvió a lanzar furioso contra el encapotado. Pero Batman se había despojado de su capa y la había llenado de escombros y con ella golpeó a Bane, al tiempo que esquivaba sus ataques. Cuando Bane acorraló a Batman en una esquina, parecía que él también recibiría el mismo castigo de Brock. Pero Batman gritó…

—¡Hazlo Robin!

Desde lejos, Robin lanzó uno de sus búmeran afilados y cortó de un solo intento el tubo del brazo izquierdo de Bane, del cual empezó a salir la fórmula a chorros. Al ver esto, Bane gritó de pánico y se llevó su brazo que quedaba libre para tapar la fuga. Esto le dio la oportunidad a Batman de embestir una vez más con su capa a Bane. Viendo que la batalla la había ganado el murciélago –además de oír sirenas aproximarse– Bane decidió huir del lugar. No sin antes decirle a Batman…

—¡No podrás salvarlos a todos siempre Batman! ¡¿Me oyes?

—Pero puedo intentarlo…

Tras ese breve diálogo, Bane se volvió y corrió en dirección a las llamas mientras gritaba al aire: ¡Vámonos!

Batman se quedó mirando con cierta molestia el lugar de donde escapó Bane, hasta que se volvió y gritó a Robin.

—¡Esto se va a caer en cualquier momento! ¡Busca a los demás y llévatelos afuera!


Afuera del gimnasio, la policía había acordonado el lugar y la milicia había conseguido capturar a unos cuantos miembros del Equipo Joker mientras escapaban. Pero las llamas eran tan grandes que no sabían qué había sido de Brock Slate y su familia. Había paramédicos atendiendo a los heridos y bomberos intentando detener el incendio. Nadie creía que Brock Slate y su familia hubieran sobrevivido. Sin embargo, un policía le gritó a una oficial Jenny:

—¡Capitán! ¡Mire allá!

Jenny, junto con el resto de la policía se volvieron para ver quiénes eran los que salían de entre las llamas y pudieron ver que era Robin guiando a Flint y Lola, junto con sus 6 hijos, fuera del lugar. 4 policías corrieron a auxiliar al héroe y a la familia. Pero todavía nadie sabía que había sido de Brock…

—¡Mi hijo! —gritaba Lola— ¡¿Dónde está mi hijo?

—Aún sigue adentro —le tranquilizó Robin—. Batman está con él…

—¿Batman? —preguntó la capitana Jenny al muchacho— ¿Está allí?

—Así es… Otro poco, y no hubiera conseguido salvar al líder de este gimnasio.

—¿Qué le pasó? —preguntaba Flint desesperado— ¿Le hicieron algo esos bastardos del Equipo Joker?

—Pregúntenselo a él… Miren —Robin les dijo, mientras apuntaba de nuevo al edificio en llamas.

Con aquella gran majestuosidad que imponía su figura, Batman salió de entre las llamas llevando al malherido Brock en brazos. Jenny, al ver el estado de Brock, hizo que fueran unos paramédicos por una camilla. Tras dejar a Brock asegurado en la camilla, Batman se volvió a la familia de Brock y a la capitana Jenny–quienes al igual que varios de los presentes, lo miraban asombrados y llenos de respeto–.

—Conseguí estabilizarlo al administrarle un poco de tranquilizante. Pero este joven necesita atención inmediata.

Sin perder profesionalismo, Jenny le preguntó: —¿Qué tiene?—.

—4 costillas están rotas. Una de ellas le perforó el pulmón izquierdo. Su brazo derecho está completamente inservible; todos los huesos están rotos. Nariz y dientes frontales superiores rotos, pómulos y espalda fracturados, y severos traumas en el lóbulo frontal, parietal y occipital.

Lola Slate se llevó las dos manos a la boca y ahogó un grito, para luego romper en llanto. Flint estaba destrozado por la noticia y lo más que se limitó a decir fue:

—¿Se recuperará?

—No le puedo decir con certeza, pero si lo tratan a tiempo quizás tenga esperanzas.

Toda la familia Slate estaba destrozada, más que por haber perdido su casa, por el hecho de que su miembro más importante estaba entre la vida y la muerte. Jenny retomó las riendas del asunto y le dijo con decisión a Batman.

—Nos encargaremos de él.

—Hágalo. Nosotros buscaremos a los responsables.

Sin más que decir, Batman activó de su cinturón una especie de localizador que trajo a su Batimovil –un inmenso vehículo de color negro que fácilmente podría pasar por un tanque–. Tras hacerle una seña a Robin, los dos se dispusieron a marcharse. Pero Jenny les detuvo…

—Espere…

—¿Se le ofrece algo, capitana Jenny?

—Solo… Yo… —Jenny no podía encontrar las palabras adecuadas— Muchas gracias por su ayuda.

Batman se volvió hacia ella y le contestó de forma seca…

—No me agradezca nada aún. Las cosas se van a poner mucho peor todavía —y tras decir eso, Batman se subió al Batimovil y se alejó a toda velocidad de la ciudad, con Jenny siguiéndolo con la mirada.

Dentro, Robin se quitó el antifaz abrumado por lo ocurrido a Brock. Sin más rodeos le preguntó a Batman…

—¿No iremos tras Bane?

—En estos momentos, él ya debe de estar de vuelta con el Joker. Y aún no sabemos donde se esconden.

—¿Adónde vamos entonces? —dijo Tim sin contener su indignación.

—De vuelta al Penthouse en Saffron. Hemos de prepararnos para visitar el hospital…

—¿Qué? —preguntó Tim Drake confundido.

—Dentro de poco, tus nuevos amigos entrenadores (particularmente ese joven Ketchum) van a necesitarte en estos momentos de crisis. No a Robin.

Tim sabía que tenía razón Batman, así que no discutió más y permaneció en silencio mientras el vehículo recorría a toda velocidad el camino a Saffron.


Mientras tanto, en Pallet Town sonó el videoteléfono de la sala de estar de una pequeña pero acogedora casa.

—Yo contesto, hijo —dijo Delia Ketchum a su muchacho de 18 años, con quién estaba viendo la TV.

Ash se encontraba viendo la TV, pensando en cómo se la estarían pasando su amigo Brock y su novia Misty en estos momentos de crisis sobre el Equipo Joker. De repente, un boletín informativo urgente interrumpió la programación y con letras grandes, se leía en la pantalla:

ATAQUE AL GIMNASIO DE PEWTER CITY

—No… —susurró Ash asustado al leer lo que decía en la TV—. Por favor Arceus, no él.

En ese momento, Delia Ketchum avanzaba hacia la sala con la mirada asustada y miró a su hijo. Este le devolvió la misma mirada. Los dos sabían la noticia, pero no querían admitirlo…

—Hijo… Es Brock.

—¿Qué pasó? Por favor, dime que está bien —le rogaba Ash.

—Está en el Hospital de Saffron. Está en coma…