Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"
Capítulo XVIII
...
Be.-
...
- ¿Así conseguiste que Ángela y…Heidi se metieran a tu cama?.- pregunté con una ironía sobreactuada y resultó.
Ésa, fue la primera y la última vez que Edward había intentado llevar nuestra relación a un plano más íntimo durante este mes de lo que supongo todo el mundo creía como un idílico matrimonio.
Me dejé caer sobre el enorme sofá de cuero negro que adornaba la sala del hogar de Edward, mientras recordaba su rostro desencajado por mis palabras y como había soltado su agarre sobre mí como si mi cuerpo expeliera una llama lacerante. Sentí un tirón de dolor en mi pecho cuando vi lo mismo en sus ojos, pero me obligué a parecer resuelta y tranquila a cada paso que el daba alejándose de mí y yendo al sofá de esa habitación.
Poco después lo había escuchado llamar a recepción y pedir otra habitación. Esperé a que saliera de ahí y destapé mi cuerpo sentándome en la cama, preguntándome con rabia si es que acaso todo esto estaría igualmente arreglado y él en este mismo instante estaría celebrando su noche de bodas con otra, que con solo pensar su nombre el estómago se me revolvía.
A la mañana siguiente ya estaba preparada para cuando volvió a recogerme. No había habido mayor conversación entre ambos y había tenido que poner mi mejor voz cuando recibí la llamada de mi madre en su presencia para preguntar cómo estaba todo.
Desde ese punto nuestra relación no había mejorado ni menguado, simplemente seguía adelante sin mayores cambios. Aunque no podía desconocer sus atenciones hacia Liz y hacia mí. Atenciones obviamente que estaban enmarcadas en toda esta mentira, pero de igual forma lograba algunas veces que mi estómago se volviera un poco loco.
- ¿Señora Cullen?.- me giré al oír hablar a la empleada que Edward mantenía en casa. Aún no me acostumbraba a ese nuevo nombre
- ¿Si?.- me levanté y llegué a los pies de la escalera donde ella esperaba
- Liz se ha dormido.- apreté mis labios en una fina línea
- Margot, ya le he dicho que no es necesario que se haga cargo de mi hija.- ella bajó su rostro avergonzado y me obligué a relajarme
- Lo siento, es solo… que el Señor Cullen me ha pedido estar al pendiente y la niña estaba sollozando cuando pasé fuera de su cuarto.- suspiré derrotada
- La que lo siente soy yo. No la escuché y…gracias.- dije al fin ganándome una pequeña sonrisa de aquella mujer
- ¿Me necesita para algo más?.- negué inmediatamente.- ¿El…Señor irá a cenar?
- Yo me encargo.- zanjé siendo amable.- Buenas noches
Dio media vuelta y desapareció rápidamente por donde mismo había descendido. Miré la hora y el reloj marcaba las 11 de la noche, lo que sin poder evitar me hizo calcular que Edward ya llevaba 2 horas de retraso. No había hablado de ninguna junta o reunión, por lo que mi mente se fue directamente a una mujer. Ángela.
No había sabido absolutamente nada de esa mujer, pero eso no quería decir que todos estuviésemos en igual condición y tampoco me había atrevido a preguntarle a él por ella.
Me reí irónicamente cuando tenía un plato de comida en mis manos para ir directo al microondas. Aunque había dicho mil veces que no me comportaría como una esposa y todo el cuento que viniera con ello, la realidad era que yo estaba día a día detrás de una cocina preparando los alimentos para cuando él llegara e incluso era yo quien ordenaba la mesa y la dejaba preparada para él cuando ocurría como en estos casos que no lográbamos sentarnos todos juntos a la hora de la cena.
La cerradura de la puerta principal me alertó de su llegada y como un rayo me alejé de donde había terminado de calentarle nuevamente la comida para él, tomando el biberón de Liz y pareciendo que lo secaba afanosamente.
- Buenas noches.- saludó
- Buenas.- mascullé sin voltearme
Sabía exactamente que estaba de pié con su maletín en el umbral de la puerta que daba a la cocina esperando que yo le dirigiera una mirada, pero me quedé en mi sitio.
- Lamento llegar tarde.- cerré los ojos ante su voz tan suave y con esa disculpa
- No hay problema.- encogí mis hombros y por primera vez lo vi.- Margot te dejó todo preparado
- ¿Ya cenaste?.- sus ojos parecían tener esperanzas ¿De qué? ¿Qué comiera con él?
- Si.- mentí y no sé cuál fue la razón para hacerlo, cuando había pensado ciertamente en esperarlo
- ¿Y Liz?.- consultó entrando lentamente
- Dormida.- su cercanía siempre lograba ponerme nerviosa, por lo que decidí salir de allí.- Yo también voy a dormir. Ya es tarde
- Pero…
- Que descanses Edward.- me despedí y salí caminando con prisa
Dos horas más tarde esperaba pacientemente sentir sus pisadas en los escalones para luego hacer como que dormia y sentir como él entraba con sigilo a la habitación que compartía con mi hija, pero no pasó. Las horas siguieron transcurriendo y él aun se mantenía en la planta baja ¿Se habría quedado a terminar algunos pendientes en su despacho? ¿Dormido quizás en el sofá? En la penumbra me quedé observando los pequeños rayos de luna que se colaban por la ventana y hacían figuras sobre el techo. Mis pies hormigueaban por ver qué hacía, pero mi otro lado me obligaba a permanecer en esa cálida cama.
Desorientada me senté pensando que aún eran las 2 de la madrugada. Me voltee y encendía la pequeña lámpara en la mesita de noche. Ahora el reloj daba las 4, por lo que debía haberme quedado dormida en algún momento de la noche. Miré hacia la puerta por si me indicaba que esta noche igualmente él había venido a dar las buenas noches de esa forma silenciosa, pero estaba cerrada y no tenía forma de saber si había estado aquí.
Recordaba la primera vez que lo había sentido. Mi corazón parecía querer correr una maratón y salirse de mi pecho cuando había sentido su mano rozar suavemente mi cabello. Había estado a punto de erguirme y gritarle que abandonara el cuarto, pero él solo se había retirado sin más. Eran esas acciones que me dejaban confundida. No podía decir que era un mal hombre, al menos no había demostrado ser así en este tiempo, pero no entendía su forma de actuar como un delincuente y menos sabiendo que no había nadie con quien fingir a esas horas ¿Qué ocurría con él?
Liz dormía plácidamente con el cuerpo atravesado en la cama. Sonreí y traté de ubicarla nuevamente con su cabeza hacia el respaldo. Realmente a mi hija debería comprarle una cama gigante para que no fuera a tener un accidente entre sus alocadas vueltas durante su sueño.
Me levanté y tomé la bata que reposaba a los pies de la cama, rogaba a Dios porque ese presentimiento que tenía no se hiciera realidad y Edward ya no estuviera en la planta baja, sino en su habitación durmiendo. Pero tampoco tuve suerte cuando vi su puerta entreabierta y una mínima luz reflejar desde las escaleras. Él aun estaba abajo y solo ahora venía a darme cuenta que hoy se estaba comportando algo extraño.
Bajé con cuidado cada peldaño y me dirigí directamente a su despacho. La puerta estaba un poco abierta por lo que asomé mi cabeza y no tuve mucho que buscar. Edward estaba sentado frente al escritorio con una mano en el posa brazos y la otra ocultando su rostro. Sus dedos masajeaban sus ojos cerrados, por lo que supe que no estaba durmiendo. Movía lentamente el asiento como balanceándose y tenía sus labios tensos.
Mordí mi labio con fuerza cuando decidí entrar… Golpee suavemente, lo que hizo que levantara su cabeza y me observara extrañado.
- ¿Bella? ¿Qué haces despierta?.- su voz estaba algo ronca
- Yo…me levanté por un vaso de agua.- inventé en el momento, sin pensar en otra excusa
- Ya veo.- suspiró y se reclinó en el asiento.- Debes volver a dormir. Es tarde
- ¿Qué haces tú aquí?.- ignoré su petición y me adentré
- Trabajando.- murmuró, pero no había nada sobre su escritorio
- Mmm hmm.- murmuré.- Es tarde también para que tú estés aquí.- añadí
- Iré luego.- sonrió.- Gracias por la preocupación.- abrí la boca para objetar que no estaba preocupada, pero decidí dejarlo pasar
- Buenas noches.- dije en cambio
- Dulces sueños para ti y para Liz.- respondió dándome un calor en el pecho con sus palabras
…
Los días que transcurrieron a esa noche no fueron muy diferentes, lo único que variaba era que Edward ya no entraba al cuarto a media noche sino cerca de las 5 de la mañana para obsequiarle un beso de buenas noches a Liz y otro a mí. Y yo intentaba con todas mis fuerzas no mostrar signos de estar despierta, pero al igual que él, no lograba conciliar el sueño hasta que sentía su puerta cerrarse frente a la nuestra.
No sabía qué estaba pasando con él. Me mordía la lengua cuando estábamos juntos para no preguntarle y no revelarle que así como él pasaba horas desvelado, yo igual.
Pero el día de hoy hubo algo nuevo.
Liz revoloteó en su silla adaptada para ella cuando lo vio entrar y él solo le obsequió una pequeña sonrisa y una tímida caricia sobre su ahora un poco más largo cabello.
Ridículo o no, me molestó ese hecho. Él siempre intentaba encontrar el momento para poder demostrarle cariño a ella, y aunque yo me oponía en primera instancia, ahora simplemente lo dejaba. Hoy sin embargo, ni siquiera se digno a voltear cuando las protestas de Liz se hicieron más fuertes buscando su atención. Traté de seguirle dando de comer su papilla, pero ella giraba su cuerpo como un remolino buscando la presencia de Edward que observaba hacia el exterior y le daba su espalda.
- Ya he arreglado todo Señor.- elevé mis cejas al comentario de Margot
- Gracias.- por fin volteó y sonrió. Liz volvió a protestar y él se acercó a ella.- ¿Qué pasa corazón?
- Sólo está inquieta por los dientes.- dije una verdad a medias.
- ¿Y esos ratones?.- le preguntó moviendo el labio inferior de mi hija para ver sus dientes de leche asomándose.- Estás toda una preciosa señorita.-
- ¡Dah!.- gritó mi hija y me paralicé
- ¿Qué has dicho?.- cuestionó él con una sonrisa radiante
- S-solo está balbuceando.- interpuse rápidamente
- Ella siempre llama así cualquier cosa que tenga que ver con usted.- intervino Margot y casi la acribillé con la mirada. Ella se encogió en su lugar y con un débil "permiso" salió de allí
- ¡Dah!.- volvió a repetir Liz terminando en grandes risas y estirando sus brazos a él
- Ven aquí princesa.- hice el amago de levantarme cuando él la tomó en sus brazos, pero me quedé allí.- Di Edward.- le pidió él otra vez
- ¡Dah!.- repitió ella con grandes carcajadas
- Al menos tú si notas mi presencia.- comentó Edward en voz baja y besó la frente de ella
Tragué con dificultad el nudo que se puso en mi garganta al escucharlo decir con tanta melancolía esas palabras. Más aun al ser testigo de las palabras de Liz, aquellas que ya había escuchado anteriormente referidas a él, pero no había querido decir nada. Sentía mezcla de celos, y algo que no sabía cómo expresar. Y era cierto, mi hija siempre estaba pendiente de él de una forma u otra.
Reímos juntos cuando Elissa lo rodeó con sus brazos y acercó su rostro para darle un beso a su estilo, con su boquita formando una "O" y luego arrugó su nariz y la refregó con fuerza al sentir la pequeña barba que asomaba en el rostro de él.
- Tengo que seguirle dando la comida.- murmuré. Él me miró y asintió, dejándole en su silla
- Si te comes todo, te prometo afeitar esta molestosa barba.- le indicó a ella que lo observaba como si entendiera
- Seguramente va a entender.- sonreí. Llevé una pequeña porción a su boca y ella la recibió gustosa, haciéndonos reír fuertemente
- Parece que sí.- comentó él
De soslayo observé mientras seguía alimentando a Liz, como él se volvía a perder en sus pensamientos. De vez en cuando mi hija le hablaba con balbuceos y él volvía a sonreírle, pero se notaba inmerso en sus cavilaciones.
- ¿Has escuchado lo que le pedí a Margot?.- preguntó de pronto
- Si.- lo miré extrañada
- Nos vamos a Forks.- anunció dejándome con la boca abierta de la impresión.- ¿Bella?.- supuse que había estado callada demasiado tiempo
- ¿Qué has dicho?.- pedí volver a escuchar sus palabras anteriores
- Nos iremos a Forks.- dijo sencillamente
- ¿Y eso? Es decir… ¿Forks? ¿Cómo?.- sonrió ante mis palabras atropelladas
- Simplemente eso, que nos mudamos a Forks.- expresó sencillamente, al menos para él
En cambió yo, tenía pensamientos, palabras y preguntas por docena atropelladas en mi cerebro ¿Forks? ¿Y su trabajo? ¿Qué estaba planeando? Nos observamos sin apartar la mirada el uno del otro por un tiempo que llegué a perder su noción y antes que pudiese destrabar mi lengua para bombardearlo con mis dudas, acarició la nariz de mi hija y se levantó.
- Debo volver a la empresa para ultimar detalles. No sé a qué hora regrese.- comunicó y tuvo un movimiento vacilante como si fuese a acercarse hasta mí, más retrocedió y salió
No pude dejar de hacer trabajar mi cabeza durante todas las horas que estuvo fuera de casa, que a esta altura ya eran muchas. La 1 de la madrugada y él no regresaba y sin embargo, por primera vez no pensé que estaría en brazos de otra mujer.
El ruido de un auto deteniéndose me alertó de su llegada. Salté de donde estaba sentada y observé desde la ventana de mi habitación como descendía de él y caminaba lentamente hacia la entrada. No esperé como la otra noche a intentar no ser descubierta que estaba esperándolo, así que me apresuré para dejar almohadones por alrededor de mi pequeña y corrí escaleras abajo.
Nuevamente estaba en su despacho y rebuscaba en su escritorio, donde muchas veces había intentado acceder sin resultados favorables, pues estaba bajo siete llaves. Me quedé espiándolo unos minutos. Algo observaba y desde yo estaba no podía definir qué era. Tomé la decisión de entrar y aclarar algunas cosas justo cuando algo parecido a un sollozo lastimero brotó de su pecho y me congelé en mi lugar.
Tapé mi boca con mi mano intentando mitigar cualquier ruido de sorpresa que viniese de mí, pues esto era… difícil que explicar. Me dolía y trataba de que no me produjese nada de igual forma, pero lo primero era lo que primaba al verlo de esa forma. Abatido y sufriendo ¿Este era el verdadero Edward del que me hablaba Heidi? ¿Un hombre que sufría en soledad representando un villano sin corazón ante la multitud?
Mi cabeza dejó de procesar cuando en un descuido empujé levemente la puerta y él fue consciente de mi presencia volteándose hacia mí. Sus ojos eran dos pozos donde podías perderte en el mar de emociones, y ninguna mejor que la otra.
- ¿Otra vez despierta a estas horas?.- cuestionó con un tono de voz débil y carraspeando para aclarar su garganta
- Esperándote.- dije con valentía
- Lo siento. Me quedé más tiempo del que presupuestaba en la oficina…
- ¿Por qué decidiste mudarnos a Forks?.- guié por ahí mi interrogatorio, aun muriéndome por saber qué lo tenía así
- Lo extrañas.- contestó para mi asombro.- Extrañas el lugar que te recuerda a tu padre
- Y tú al de tu mujer.- respondí de vuelta. Negó con una sonrisa apagada
- Esto no se trata de mí.- suspiró
- ¿De quién o de qué entonces?.- exigí sin dar tregua a su silencio
- Estás obligada a permanecer al lado de un hombre que no te produce más que asco.- me miró en forma directa.- Es lo menos… que puedo hacer
Y sentí un pequeño sonido proveniente de mi garganta como queriendo rebatir sus palabras con la verdad. Jamás se puede tener asco de alguien que se ama, pero tampoco puedo exponerme por alguien que no siente lo mismo por mí, respondí para mí como hubiese tenido las agallas de gritarle para que viera más allá de lo que mis acciones podían demostrarle.
- Yo…- reformulé mi oración.- No es necesario que te sacrifiques así
- Lo es, y ya está resuelto.- inhaló con fuerza.- Lo único es…
- ¿Dejaremos de ser el matrimonio perfecto de pantalla?.- me adelanté, suponiendo ello
- Viviremos en casa de tu padre
- ¿Q-qué?.- jadee. Estaba casi segura de haber creído que escucharía un "viviremos cada cual en su casa"
- Mi casa de Forks fue vendida.- mis ojos se ampliaron al máximo.- Ya nada me ata a ella
- Y tampoco a mí.- refuté con más fuerza de la que pretendía hacerlo.- Quiero decir… Edward, no tienes por qué hacer esto. Tú y yo estamos claros en que esto es una gran mentira. Podemos decir que… que yo extrañaba y me quise ir, y tú como el esposo preocupado aceptaste y… irás a verme, pero…
- No voy a dejarlas solas.- apuntó con seguridad
- No voy a retractarme de entregarte hasta el último peso de la herencia…
- ¡A la jodida mierda con esa herencia!.- gritó de pronto cortando mis palabra e incluso mi respiración.- Bella…- apretó sus labios y tiró con fuerza de su cabello mientas volvía a darme la espalda
- ¿Q-que… qué quieres lograr con todo esto?
- Nada.- lo escuché murmurar
- ¿Por qué tomas entonces estás decisiones?
- Porque es lo que quiero.- susurró.
Sus ojos se pusieron brillantes y se ocultó de mí nuevamente dándome la espalda. Volvió a tomar nuevamente aquello que guardaba con recelo y las hojas crujieron cuando seguramente su fuerza en ellas se acrecentó. Me acerqué un poco más. Y aunque eran solo unos pocos pasos los que nos separaban, sentía que había un mundo interponiéndose. O quizás solo era yo, que no había querido ir más allá por miedo, pero ahora no lo tenía y sentía que debía estar ahí. Lo necesitaba. Su semblante estaba tan triste.
- ¿Qué pasó?.- pregunté cuando lo vi con ese rostro extraño. No era propio de él
- Nada.- respondió evitándome
- ¿Entonces?.- insistí.
- Solo he decidido que es lo que quiero hacer.- hizo un gesto despreocupado con sus hombros
No era solo porque sí que había tomado esa decisión y algo en mí lo gritaba con fuerza. No éramos un matrimonio real...aunque a veces lo pareciera, pero había aprendido a conocerlo. Y hoy, por primera vez dentro de este poco tiempo, no era el mismo Edward que volvía a casa... Me acerqué lentamente a él y me puse de puntitas para ver qué tanto observaba dentro de ese cajón que siempre mantenía con llave.
Solo ver esa imagen, hizo que la comprensión me diera de lleno. Ahora entendía el afán que traía de salir de este lugar y me acongojó.
- ¿P-por qué no hablas conmigo?.- me esforcé por decir de manera pacífica
Se giró en forma lenta y la tristeza de sus ojos me dejó con un nudo en el pecho. Tomó las fotografías y las extendió hacia mí. Mi mano temblaba, pero de igual forma las cogí. Una a una las fui pasando y me pregunté por primera vez ¿Cuánta tristeza llevaba con él? Tomé la determinación ese momento de hacer las cosas bien. Lo amaba a pesar de todo, incluso...sin saber si lo merecía...tenía que hacerlo.
- Estas fotos representan…los más importante que…tuve hace algún tiempo…
- Lo más importante que tienes.- corregí. Negó con una pequeña sonrisa
…
Ed.-
…
Por supuesto que no era así. Entre todas las fotos que estaban ahora en sus manos faltaban la de las personas que hoy por hoy eran mi mayor tesoro, aunque ni siquiera lo supieran. Faltaba Liz y ella.
- ¿Tu hija?.- cuestionó mostrándome la única ecografía que había encontrado entre las pertenencias de Heidi
- Si.- susurré
- ¿No…no hay ningún lugar físico donde ir a verla?.- negué
Asintió lentamente pasando por las otras fotos donde estaban Heidi, mis padres y Jasper junto a Alice. Todos quienes de un modo u otro formaban parte de lo más preciado que tenía y que había perdido. Desvié mi mirada de sus ojos que parecían querer traspasar mi piel. Ella esperaba que hablara con ella, que le contara lo que sentía y lo cierto era, que hoy me sentía más solo que nunca. Hoy, como muchos años atrás, se convertía en el peor día de todos los de mi vida. Hubiese sido el cumpleaños de mi hija. Un día como hoy, ella hubiese llenado el gran vacío que tenía y que nada podía rellenar.
- Creo…que es hora de dormir.- dijo de pronto dejando las fotos sobre mi escritorio
- ¿Quieres saber por qué nos vamos a Forks?.- retomé la conversación anterior
- Quizás mañana…
- Bella…- intenté retenerla
- Hasta mañana Edward.- agitó su mano y apresuró su paso hasta perderse
Sonreí tontamente y negué con mi cabeza mirando a mi alrededor ¡Nuevamente solo! Miré por última vez las fotos y las guardé cerrando con llave aquel recuerdo que estaba comenzando a dejar atrás de cierta manera. Nunca iba a olvidarme de esa persona que pudo haber estado en mi vida de forma material, pero que por cosas del destino sólo ocupaba lugar en mi corazón.
Nuestro viaje a Forks se debía solo a una manera… Iba a jugar mi última carta para tenerlas en mi vida de manera total, no sólo a medias o con mentiras. Y Forks era el lugar. Donde ella se sentía en su mundo, al cual yo quería entrar.
…
El rostro de Bella se transformó de manera casi mágica en el mismo instante que estuvimos rodeados por el frío y el verde de su pueblo. Era dicotómico como un lugar que no tenía nada cálido, producía esa mirada y semblante tan distinto en Bella. Me quedé apoyado en el capó observando como ella avanzaba con la pequeña en sus brazos a la casa de su padre. Sonreí y le hice mimos a Liz cuando entre todo ese montón de ropa estiró su cuello por sobre el hombre de Isabella para observarme y regalarme una sonrisa de esas que se habían convertido en mi mejor regalo del día.
- ¡Dah!.- gritó y Bella se giró hacia mí
- ¿No…?.- frunció su seño y al parecer replanteó su pregunta.- ¿Qué harás ahora?
- Entrar con mi familia.- contesté sencillamente tomando las maletas y pasando por su lado
- Familia.- la escuché murmurar con sorna
Le hice un guiño y pasé por su lado. La casa estaba fría y se podía oler la humedad en ella. Sabiendo que Bella me observaba atenta a cada paso que daba, me esforcé por comportarme como el hombre que debía ser. Admito que luego de cortar leña para la chimenea, limpiar y toser como poseso con el polvo, estaba literalmente acabado, pero no por eso me dejé rendir. Liz corría tras de mí en esa especie de pequeño auto con ruedas que lo llamaban andador, lo que me tenía con un ojo en no quedar sin manos y en ella.
Isabella miraba de soslayo y estaba seguro que más de una vez había estado a punto de preguntarme si me sentía enfermo o me estaba volviendo loco, pero al final optaba por guardar silencio y seguí o intentaba aparentar que estaba sumida en lo que hacía.
Tuve la imagen mental nítida de lo que serían las cosas si todo fuese distinto. Bella cocinando y yo comportándome como el hombre de la casa en labores mayores con Liz correteando feliz por casa, y por qué no, quizás otro bebé durmiendo cerca de donde estábamos para observarlo en todo momento. Era una imagen idílica, pero a esta altura utópica y mi sonrisa volvió a morir en su lugar.
- Edward.- me giré ocultando el corte de mi dedo limpiando una superficie casi lisa ¡Idiota! Al menos aun conservaba mi dedo
- Dime.- pedí girándome con una sonrisa y tomando asiento sobre un piso con la mano herida tras mi espalda. No quería quedar como un perfecto idiota
- No sé…no sé qué es esto.- indicó con su mano la nada.- ¿Cómo se supone que estarás aquí y en tu trabajo al mismo tiempo? Creo que lo mejor sería…
- Esa es la ventaja de ser tu propio Jefe.- sonreí socarronamente y corté sus palabras que seguramente incitarían a que me devolviera por donde vine
- ¿Trabajarás desde aquí?.- mientras me observaba con reticencia, sentí unas pequeñas manitos tomar las mías
- No exactamente, pero viajaré un par de días durante la semana para monitorear que todo va bien
- No creo que sea lo mejor
- Pues yo pienso que… lo contrario.- titubee al sentir un dolor agudo cuando la pequeña pellizcó el mismo lugar donde sentía la herida abierta
- ¿Por qué tenemos que seguir con esto?.- cruzó sus brazos y me enfrentó.
- Bella…- mordí mi labio con fuerza cuando Liz parecía querer hurgar hasta mi hueso.- ¡Mierda!.- sisee cuando no pude con el dolor
- ¿Qué…?.- ladeó su cabeza para observar tras de mí.- ¡Liz!.- dijo en forma alterada yendo hacia ella
Me levanté y me giré para ver a la pequeña con sus manos completas de sangre y a Bella intentando averiguar dónde se encontraba la herida que supuestamente supuraba ese líquido rojo. Miré mi dedo y como el hombre que era tuve que dejar el pánico de lado al ver la carne viva allí.
- ¿De dónde…?.- levanté mi cabeza al escuchar las palabras de Bella detenerse.
- No…no es nada.- le resté importancia al verla contemplar mi mano con casi terror
- ¿Cómo te hiciste esto?.- cuestionó avanzando hacia mí y tomando mi mano
- ¡Auch!.- exclamé cuando apretó justo donde más dolía
- Lo siento.- se excusó.- Voy por el botiquín.
- No es nada grave.- intenté frenarla, pero corrió escaleras arriba sin responderme
Estuvo de regreso en menos de un pestañeo y mientras dejaba mi mano sobre un cuenco con agua y otras cosas que ella había volteado en él, tomó a la pequeña y quitó las manchas que adornaban sus dedos antes de que se las volviera a llevar a su boquita, como había querido hacerlo en varias oportunidades. Realmente se debía estar con 4 ojos encima de esa pequeña bribona.
Cuando fue mi turno, no pude dejar de sentir cosquillas por donde sus delicados dedos pasaban por sobre mi piel. Sentirla así de cerca me dejaba libre de embriagarme con la esencia característica de ella y que tanto me volvía loco. Tomó mi mano y ubicándose delante de mi torso, comenzó a vendarla. Me recliné un poco más dejando mi nariz casi rozando su cabello e inhalando de ella como un poseso.
Su cuerpo se tensó cuando acaricié con la punta de mi nariz sin poder resistirme. Eran pocas veces las que tenía para estar cerca de ella y sentía que no podía desaprovechar ninguna más. Sus manos debilitaron el agarre de la mía y sin esperar más, fui yo esta vez quien las capturó entre la mía, tomando con la otra su diminuta cintura.
- Ya…ya está listo.- carraspeó e intentó quitarse
- Dame una oportunidad.- solté sin siquiera meditar mis palabras
- Edward, dame permiso. Necesito ver…
- Tú no necesitas nada…- tomé una profunda respiración.- Nada tanto yo como te necesito a ti
- Basta ¿Qué estupidez estás diciendo?.- ella se esforzó por aparentar indiferencia, pero su voz la delató. Estaba nerviosa y asustada
Respiré hondo y supe que era el momento de decir todas las cosas que había mantenido guardadas durante este mes. Quería intentar ser un matrimonio real, no solo porque cada noche me consumía no tenerla en mis brazos y hacerle el amor hasta que nuestros cuerpos no dieran más, sino también porque quería reír con ella, conversar, dar un simple paseo por la calle tomado de su mano y viendo a Liz revolotear por todo lo que veía a su alrededor.
James siempre estaba presente y ahora incluso más que antes, pero de igual forma quería representar mucho más que un simple personaje en la vida de Liz. Y con Bella, con ella lo quería todo. Quería sostenerla en cada momento como ahora, a mi lado.
Observé a Liz de soslayo. La pequeña parecía haberme concedido de igual forma el momento perfecto quedándose dormida en su coche. Este era momento, era ahora.
- Todos los malditos días de este mes he querido tenerte así. Tocando tu piel.- rocé mis dedos sobre el dorso de su mano y con la otra acaricié sobre la ropa la piel de su cintura.- He querido tenerte a mi lado en cada momento. Me he revolcado en mi cama cuando he estirado mi brazo y solo encuentro frío a mi lado, sabiendo que quiero un cuerpo cálido con nombre y apellido, Isabella Swan.- su cuerpo a cada instante se agitaba más, la sentía
- Edward no mientas.- cerré los ojos y dejé descansar mi barbilla sobre su nuca
- No miento Bella.- di un suave beso donde mi boca alcanzaba.- Nunca he mentido, al menos nunca me he mentido a mí.
- N-no sé qué quieres lograr con esto, pero…
- Con esto quiero decirte que te hice mi esposa por algo muy diferente a lo que siempre has creído.- su mano inconscientemente apretó la mía y sonreí.- No me importa la herencia Bella, no fue por eso que casi te obligué a casarte conmigo.- tragué saliva compulsivamente.- Me casé contigo porque te amo y te estoy rogando, como nunca, una oportunidad. H-heidi y…Ángela, no escucharon nunca estas palabras de mi boca para llevarlas a la cama. Porque contigo quiero mucho más que eso.
...
Continuará...
Aquí esta el capitulo chicas/os. Me he demorado un poco, aunque no pueden crucificarme por ello xD Tengo a mi favor, que he esperado mucho más por otras historias jaja
Bueno, les contaré que seguiré quizás demorándome igual o un poco más. No todo en mi vida es FF y ahora con estudios y trabajo no es fácil tener mucho tiempo.
En el blog encontrarán el adelanto del próximo y sí, es así como lo leerán xD También les pondré una notita para quienes me han consultado algunas cosas.
Un beso enorme a todas/os. Y en especial a todas aquellas que tienen la dicha de ser madres. Especialmente a mis PADU, Diana, Elisita y Kika.
"Feliz día a todas" Y espero ésta actu sea un buen regalo a distancia.
Twitter: ThePam3 Para quienes me han preguntado.
~ . ~
