Dis: "Los personajes son autoría de Steph Meyer. La historia es producto mío"

Capítulo XIX

...

Ed.-

...

Mientras estábamos sentados frente a la chimenea y mi brazo estaba sobre sus hombros, aun me costaba creer que en estos días las cosas habían dado este vuelco. Si era sincero conmigo mismo, aunque mis esperanzas intentaban permanecer intactas, mi cabeza aun tenía un porcentaje de escepticismo de que todo resultara positivo para mí…no creía que ella fuese capaz de ver más allá de todo lo que se mostraba ante sus ojos y que pudiese abrir su corazón a mí.

Sonreí y me incliné para rozar mis labios contra sus cabellos, aspirando el aroma que expelía, aroma que me enloquecía. Ella se acurrucó más contra mi cuerpo y murmuró el nombre de Liz entre sus sueños. En silencio nos habíamos quedado observando a la pequeña juguetear con sus pertenencias mientras con el calor del ambiente sus ojos se iban cerrando. Poco después Bella había sucumbido al sueño y lentamente me había levantado para cobijarnos con una manta y traer a Liz más cerca. No quería terminar este pequeño gran momento.

¿Cuánto había tenido que pasar para llegar a esto? Mucho. Suspiré con pesar al rememorar tantas equivocaciones en mi vida para por fin encontrar la tranquilidad que siempre añoré. Desee retroceder el tiempo y haber… ¡No! A pesar de todo, sentía que borrar a mi hija no nacida de mi vida no era opción, aunque ella nunca hubiese llegado a mis brazos como Liz lo estaba ahora, no era excusa para querer eliminar cada paso dado en mis años, pero si hubiese querido que todo fuese distinto… Heidi no se merecía haber volcado mis frustraciones en ella, y a pesar de todo, yo tampoco me merecía su actuar.

Mientras las llamas hacían figuras sin sentido, pensé en Heidi y agradecí lo que supe era obra suya. Ella en realidad me había perdonado todo, así como yo también a ella, y me enviaba éste regalo, una familia, la que yo siempre había querido construir con ella… Pero la vida era así, y mi felicidad había llegado sin buscarla, después de años de camino sin sentido o con. Esto era lo que había soñado, y esperaba no despertar nunca.

- Bella.- susurré para despertarla cuando el fuego comenzó a extinguirse.

Se removió y ubicó su mano sobre la mía que descansaba en la pequeña barriguita de Liz.

- Amor.- la llamé. Se sentía bien decirle así, aunque aun extraño

- ¿Qué pasa?.- preguntó adormilada abriendo lentamente sus ojos

- Es hora de irse a la cama.- acaricié con mis dedos su sonrosada mejilla

- Está bien.- se levantó lentamente y sonrió al ver a su hija aferrada a mi pecho.- La llevaré…

- Yo la llevo hasta arriba. Ve tú.- envolví a Liz en la manta y me levanté con ella en mis brazos

Caminé detrás de Bella subiendo las escaleras, me reí cuando el arrastrar de sus pies era el único sonido que se escuchaba, mientras yo intentaba pisar lo más suave posible para que la pequeña no despertara. Al llegar a la habitación me extrañé que Bella se quedara de pié observando como contrariada algo, observé alrededor y no encontrando nada anómalo, traspasé el umbral y me dirigí a acomodar a la pequeña en la gran cama. Cuando me levanté, Bella aun seguía en el mismo lugar, por lo que me acerqué a ella y poniendo mis manos sobre sus hombros me incliné a besar suavemente sus labios. Le costaba estar distendida aun conmigo, por eso iba lentamente acercándome a ella.

- Buenas noches.- me despedí dándole un último beso

- Buenas noches.- respondió mirándome como si fuese primera vez que me veía

Al recostarme en mi cama no pude evitar una pequeña punzada de miedo en mi pecho. Había actuado extraña en el último momento de esta noche y no dejaba de preguntarme, aun con más ahínco que todos los días, si llegaría el momento en que ella se arrepintiera de todo lo que estábamos comenzando a vivir y construir.

Estas dos semanas no habíamos tenido un acercamiento íntimo, y aunque cada vez que nuestros besos se volvían más pasionales mi cuerpo pedía más, me obligaba a pensar en la inmortalidad del cangrejo y alejarme de ella para que no viera el efecto que su cercanía me provocaba ¡Uf! Ella era una tentación por sí sola, y mi cuerpo la quería ya.

Un ruido en mi puerta me sobresaltó levantando mi cabeza de la almohada para observar qué era. Mi aliento quedó atascado en algún lugar cuando la silueta de Bella apareció bajo la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Me enderecé en mi cama y me quedé petrificado mirando como ella se acercaba a paso débil y con timidez hasta mi cama.

- Yo…- comenzó carraspeando.- Pensé…

- Ven.- la invité abriendo mis mantas

- Quizás no debería…- comenzó a alejarse y me aterré

- Quiero que estés aquí.- sentencié, puede que sonando brusco, pero no quería que ella cambiara de opinión.

Retorció sus manos y sus pies volvieron a ponerse en marcha. Corrí mi cuerpo al otro extremo de la cama y podía decir que me estaba sintiendo como un adolescente. Su liviano cuerpo se sentó y poco a poco se acomodó debajo de la ropa. No sabía qué hacer ni como actuar, me sentí nervioso, ansioso, impresionado por su actuar y sobre todo emocionado porque ella se estuviese abriendo a mí hasta este punto de querer compartir aunque fuese un sueño.

- Dejé la puerta abierta para escuchar a Liz. La verdad es que no sabía si debía venir, pero pensé… que bueno, si nos estamos dando una oportunidad, sería bueno esto.- indicó con su mano a nosotros luego de hablar sin parar.

- Me…haces feliz.- pude decir al fin

- Edward…yo no estoy segura de….

- No voy a presionar las cosas amor.- me acerqué hasta tocar mi cuerpo con el suyo y nos acomodamos de tal forma de quedar frente a frente, pasando mi brazo por su cintura.- Solo que estés aquí me hace bien

- ¿No te molesta…que…? ¿Puede que sea muy pronto? No hablo de…tener…tu sabes, porque no estoy segura aun de ello, pero…

- No pienses más.- puse mi dedo sobre sus labios.- Esto está bien y no importan los tiempos, ya era hora de tenerte aquí. Me moría por tenerte aquí.- terminé

Lentamente nos acercamos y besé con igual manera sus labios. Su respiración y la mía debido al nerviosismo era errática. Y su toque cuando puso su mano sobre mi brazo desnudo casi me hizo tener un fiasco adolescente que hubiese sido penoso. Ella acercó esta vez su cuerpo al mío, y mi cuerpo reaccionó más no me alejé. Estoy seguro de saber el momento exacto en que ella se percató de la erección que pulsaba en mis pantalones por el brinco que dio, pero igualmente devolvió nuestro beso con frenesí, abriendo sus labios y dándome acceso para juguetear con su lengua.

¡Dios mío, estaba muriendo en este momento!

No pude evitar que mi mano recorriera toda la extensión de su cintura y se acercara peligrosamente al borde de su pecho. No llevaba sujetador y tuve que enroscar mis dedos para no tocar allí directamente, mientras mis labios ahora dejaban los suyos y surcaban su cuello, su oreja y su mejilla dejando rastro por donde pasaba. Exhalé profundamente cuando ella hizo lo mismo, no sé si conteniendo un gemido, pero yo sí.

- Creo…que debemos dormir.- dije al fin, retrocediendo en contra de mi voluntad

- Es mejor.- respondió casi sin voz

- Buenas noches amor.- di un pequeño beso y me tumbé en la cama trayéndola conmigo

- Buenas noches mi amor.- susurró arrancándome una sonrisa más el día de hoy.

Esa noche volvió a repetirse durante muchas más, incluso en más de una ocasión fueron dos las invitadas de honor que tuve que mi cama, ya que con el tiempo de Forks que arreciaba con tormentas fulminantes, la pequeña Liz había requerido a todo el mundo consigo.

Otras noches…tenía que recurrir a todo mi autocontrol no acabar sobre Bella haciéndole el amor como loco… Nuestros besos de despedida se ponían cada vez más intensos, y ella no cooperaba mucho mientras pasaba la yema de sus dedos por mi pecho y bajando delicadamente hasta la cinturilla de mis pantalones. A veces pensaba que ella lo hacía a propósito, otras quería pensar que no estaba tratando de probar hasta donde sería capaz de llegar. Lo único que tenía claro, es que mucho tiempo más no iba a aguantar. Amaba a esa mujer, y estaba desquiciado por poder poseerla como era debido.

- ¿Edward?.- giré mi cabeza rápidamente y acomodé el periódico en mis piernas para ocultar la nueva…erección que cargaba. Realmente esa palabra estaba siendo parte de mi vocabulario diario.

- Dime…- carraspee cuando mi voz sonó a ultratumba

- ¿En qué pensabas que estabas tan ido?.- cuestionó con una sonrisa

"En hacerte el amor hasta que no recuerdes ni tu propio nombre" respondí para mí, pero tuve que guardarme ese comentario y mentir nuevamente sobre todo lo que pasaba en mi cabeza

- En el auto que quiero comprar.- agité las hojas frente a ella

- Edward, estamos en Forks. Hasta la última casa queda a unas cuantas cuadras.- trató de persuadirme

- Si, pero cuando necesite viajar a New York no me iré en un autobús repleto de personas

- De acuerdo Señor Cullen, olvidaba que usted jamás se ha subido a uno de ellos

- Bella, no se trata…- suspiré y fruncí mis labios. Era la verdad, pero mayor a ello era la comodidad, también para ella

- Está bien, solo te estaba tomando el pelo.- rió sobre mi rabieta de niño pequeño

- Margot llegará en estos días.- desvié inmediatamente mi mirada de ella al dar esa noticia

- No necesito a nadie que me ayude aquí. La casa es pequeña y Liz…

- ¿Tampoco quieres volver a tu trabajo?.- la corté hablando suavemente

- Es… No lo sé, si, quizás…- murmuró.- Quiero, pero igualmente puedo arreglármelas con Liz

- ¿Cómo?.- quise saber poniendo mis codos sobre la mesa sujetando mi barbilla

- Pues…- me miró molesta y luego centró su mirada en la niña.- Está bien, no tengo manera de dejar a Liz con nadie

- ¿Entonces le daremos una bienvenida a Margot?.- elevé y bajé mis cejas repetidas veces, en señal de victoria

- Lo será.- concedió

El día siguió transcurriendo con normalidad. Estuvimos ayudando a Liz para dar pequeños pasitos y tengo que reconocer que terminé agotado. Esa niña tenía energía para regalar al mundo, y mi espalda estaba comenzando a tomarle miedo cada vez que estiraba sus brazos hacia mí y luego que ya la tenía movía sus piernas incesantemente para dejarla en el piso nuevamente e intentar caminar.

En el momento que el cansancio hizo mella en ella, fue mi momento para enfrascarme un poco en el trabajo. Las cosas estaban bien, y aunque estaba de vacaciones, igualmente no podía dejar de lado todos mis deberes. Me enfrasqué revisando documentos enviados por mi secretaria y faxeando diversos contratos que solicitaban mi firma. El tiempo voló y me encontré que el día ya estaba llegando a su fin, desvié mi mirada de la pantalla de mi Notebook, para ver a Bella meciendo el cochecito de Liz y sus ojos pegados en mí.

- ¿Qué pasa?.- cuestioné

- Nada.- sonrió.- Es solo que te olvidas de todo cuando estás con tu trabajo

- No de todo.- le guiñé. Y busqué en mi ordenador un tema musical que recordaba haber descargado en esos momentos de ocio que a veces me acompañaban en mi oficina

- ¿El Señor Cullen también sabe de música?.- se rió

- Más que eso.- me levanté y me acerqué a ella.- ¿Me concede esta pieza señorita?.- estiré mi mano hacia ella que aun seguía riendo

- ¿Vamos a bailar? Edward, yo no…

Antes que terminara de negarse, pues sabía que haría ello, tomé su mano y la halé hasta que estuvo de pié frente a mí. Era una estupidez lo que estaba haciendo, pero mi única defensa a mi comportamiento, es que estando con ella me podía volver un idiota y no me importaba. Posé mi mano sobre su cintura y la apreté contra mí, mientras mi otra mano se unía a ella y la elevaba para adoptar una posición de baile al estilo pasado. Bella no paraba de reír, y me podía imaginar viviendo este momento siempre, con tal de escuchar esa música para mis oídos.

- Estás loco.- me acusó y apoyó su cabeza en mi hombro

- Puede que sí.- asentí, y comencé a girar con ella

- ¿Hacías…esto…con…?.- dejó la pregunta abierta

- No hablemos del pasado.- bajé ambas manos y las posé sobre su cintura.- Bella, si seguimos rememorando el pasado, no podremos vivir el presente o futuro nunca.

Me quedé quieto luego de decirle ello. La verdad era que amaba estos momentos con ella, pero me dejaba un sabor amargo volver a conversar, o en este sentido, comparar mi vida anterior con la que estaba empezando a llevar con ella. Estaba por terminar este momento, cuando Bella enrolló sus brazos a mi cuello y me besó de forma inesperada. Si lo que quería era hacerme olvidar mis pesimistas pensamientos del ahora, lo logró en todo su esplendor, porque sus labios presionando los míos me embarcaron a otro mundo de un segundo a otro.

- Perdóname.- susurró contra mis labios

No respondí porque no había nada que perdonar, tan solo tomé con mayor fuerza sus caderas y la hice retroceder hasta que entramos al pasillo que daba a una de las habitaciones y la hice apoyarse contra uno de los muebles que allí adornaban. Mis dedos fueron trazando círculos por el contorno de su cuerpo hasta que llegó al borde de sus senos y esta vez no me detuve.

- Perdóname tú a mí…pero no puedo parar.- me justifiqué cuando mis dedos rozaron su pecho en plenitud

- No te disculpes.- respondió entre besos y su gemido al tocar sus pezones me dio el pase a algo más

Quizás no era la mejor forma, tampoco era que llevaría esto al último nivel de la escala ahora, pero ya no podía aguantar más y se lo hice saber embistiendo mi parte baja sobre ella, haciendo que los dos soltáramos un jadeo que en otro momento hubiese sido vergonzoso, pero ahora no había tiempo para ello.

Desabotoné su blusa con premura y bajé mis labios por su cuello hasta el canalillo de sus pechos ¡Esto era la gloria!... Bajé con mis dedos casi temblorosos por la anticipación su brazzier dejando expuestos aquellos senos que noche tras noche quería probar, y lo hice. Pasé mi lengua por sus protuberancias alternando una y otra, chupando, lamiendo y succionando como si mi vida estuviese dependiendo de ello… mientras Bella me regalaba exquisitos sonidos provenientes de sus labios y sus manos aferraban con fuerza mi cabello para no despegarme de sus pechos.

Un gemido audible hasta la China salió de mi boca cuando fue su pequeña mano, la que me hizo ver el cielo al posarse sobre mi bragueta, y comenzó a masajear de una forma que hubiese incluso pagado por ello ¡Joder! Iba a correrme en cualquier momento, y no estaba dispuesto a tener un final tan pronto, por lo que tomé su mano y la aferré sobre su cabeza, a la vez que me deleitaba observando su rostro con detalle; viendo sus labios hinchados, mejillas sonrosadas y su pelo alborotado por nuestras acciones.

- ¿Qué…pasa?.- cuestionó sin aliento mirándome casi asustada

- Eres preciosa.- susurré deslizando mi dedo por la palma de su mano que aun sostenía

Cuando pensé que no podía adquirir una tonalidad aun más roja, fallé, pues su rostro se encendió de tal manera que en otro momento me hubiese preocupado. Le sonreí al verla avergonzada y me incliné pasando mi lengua con delicadeza sobre su labio inferior, sintiendo como su respiración chocaba con mi boca en forma acelerada.

Llevé mi mano hasta su pantalón y mientras mis ojos no perdían detalle de los suyos, desabroché ese obstáculo e introduje mi mano poco a poco hasta tocar su ropa interior y más allá. La humedad que expelía su centro me hizo jadear y morder su labio casi con fuerza, a la vez que seguía recorriendo esos confines que me llevaban a la locura máxima.

- Aquí no…- susurró y tuve que dar pié atrás sin estar aun muy convencido

Tocó mi rostro y depositó un casto beso, para luego tomar a Liz y subir las escaleras con ella. Mi corazón martillaba casi con furia en mi pecho, sintiendo su eco en mi cabeza. Trataba con todas mis fuerzas de normalizar mi respiración y más aún, de tener fe en que esta pausa no apagaría el deseo, hasta que escuché su voz desde la segunda planta. Débil, con vergüenza, pero mi nombre salió de sus labios y no tuve que pensarlo dos minutos antes de salir corriendo casi en su búsqueda.

- Edward…

Tan solo cuando pronunció mi nombre, supe que mi suerte había cambiado. Terminé de subir los escalones con la menor de las prisas para encontrármela retorciendo sus manos y aferrando su labio inferior entre sus dientes. Me miró como pidiéndome disculpas, por lo que contuve las ganas de expulsar el aire con desagrado. Había dicho que la esperaría hasta que estuviera lista, y debía seguir así.

- No…- carraspee para poder seguir hablando.- No te preocupes amor, por nada.- dije antes de que ella comenzara a decir algo

- Edward, pasa que…- puse mi mano sobre sus labios para interrumpirla

- No tienes que darme explicaciones. Está bien, te voy a esperar.- sonreí aunque me costó si era sincero conmigo mismo.- Buenas noches… y, mañana deberé hacerme presente en la oficina por algunos temas pendientes.- mentí, pero necesitaba pasar tiempo solo

- Pero…- protestó aun sobre mi mano

- Que descanses.- me apresuré y la besé para retirarme

Cerré la puerta de mi cuarto, en clara señal que por lo menos hoy no podía tenerla en la misma cama que yo. La deseaba demasiado, y esta noche habíamos estado a punto de concretar el amor que sabía era bastante grande, pero todo había quedado allí.

Me acosté y me tomó mucho tiempo poder conciliar el sueño. Miles de imágenes se repetían en mi cabeza y miles de otras se inventaban con lo que hubiese podido haber sucedido. No está más decir que tuve que hacerme cargo de mi trabajo yo sólo. Aunque no tuvo el mismo gusto que haber estado acompañado de ella, pero con el tiempo. Eso me repetí una y otra vez…


Be.-

Cuando desperté, una ola de mariposas pasaron por mi estómago cuando volví a repetir en mi mente los sucesos de la noche pasada. Suspiré con frustración, pero de igual forma sonreí pensando en lo que traía preparado para hoy.

Me levanté en forma veloz, y aunque me deprimió saber que él no estaría hoy en casa, traté de que eso no me afectara. Reí al pensar en el por qué de ese repentino viaje, obviamente lo atribuía a la misma frustración que había vivido yo pocas horas atrás, pero me quedé estática en mi correr frenético cuando un pensamiento negativo me azotó ¿Y si él había decidido ello para buscar con otra lo que pensaba no conseguiría conmigo? ¿Y si Ángela estaba inmiscuida en su repentino regreso a la ciudad? Mordí mi mano con fuerza y me golpee mentalmente por pensar así.

No iba a pensar en ello, y tampoco iba a dudar de Edward. Hoy, sería un gran día.

Cuando estuve lista y Liz terminó de tomar su desayuno, la abrigué lo más que pude y emprendí mi camino. Iba a ser la segunda vez que me separaba de esta forma de Liz, pero creía que necesitaba esto. Me debía, y le debía una noche solo para nosotros dos con Edward, y esa fue mi resolución cuando entré en el que había sido mi lugar de trabajo antes que conociera al hombre que ahora me hacía delirar.

- ¡Bella! ¡Liz!.- gritaron muchas voces mientras pasaba los pasillos

Mi impaciencia estaba al límite cuando pasadas dos horas en que mi hija corría de unos brazos a otros, aun no encontraba a la persona que deseaba encontrar.

- ¿Bella?.- escuché su voz y parecía un insecto buscando la luz cuando me giré a ella

- ¡Tanya! ¡Que gusto verte!.- exclamé y casi la asfixié con mi abrazo

- ¡Wow! Se nota que me extrañaste.- comentó riendo.- Ex cuñada.- añadió bromeando

- Necesito que hablemos.- pedí sin esperar un minuto más

- Por supuesto. Dame a mi sobrina.- pidió a una de las chicas que aun sostenían a mi hija. Cuando la tuvo en sus brazos me indicó que la siguiera.- ¿Y bien?

- Voy a pedirte el favor más grande de mi vida.- abrió sus ojos de par en par y esperó a que terminara.- Voy a fiarte por esta noche a mi razón de ser.- estaba siendo dramática, pero era la verdad.- Necesito que por hoy te quedes con Liz

- ¿De verdad?.- exclamó con una gran sonrisa.- ¡Por supuesto que sí!.- luego de su gran arranque de felicidad, me miró seria.- ¿Es por algo bueno o algo malo?

- Quiero… sólo…- titubee.- Quiero prepararle una sorpresa a Edward.- dije rápidamente

Cuatro horas más tarde, me cuestionaba mi salud mental al haberle pedido ayuda a Tanya. Luego de haberme usado como maniquí en las pocas tiendas que se encontraban en Forks, pero habiendo barrido con cada prensa sexy que podía encontrar, me sentía exhausta y hasta los nervios de esta noche estaban en algún lugar de mi cabeza. Realmente estaba comenzando a pensar que en vez de una noche inigualable junto a mi esposo, caería rendida en el primer minuto.

- Estoy muerta.- fue lo primero que solté al dejarme caer sobre el sofá en cuanto pisé mi casa

- No fue para tanto Bella.- Tanya rodó sus ojos.

- Creo que estoy por cambiar de idea y pedirte que el día de mañana te quedes a cargo de Liz.- susurré casi cerrando mis ojos, al tiempo que mecía a mi pequeña en mis brazos, que había ya sucumbido al Dios del sueño.

- Eso sí que no, es más, me la llevaré ahora mismo aprovechando que se encuentra dormida

- Mi bebé.- le hablé bajito acariciando sus cabellos

Despedirme de mi hija, fue un suplicio. Tanya estuvo a punto de perder la paciencia conmigo, cuando en varias oportunidades intentó quitarla de mis brazos y yo parecía convertirme en un pulpo abrazándola con más fuerza. Me recordó que ella vivía tan sólo a unos 5 minutos de mi casa, y que si "no estaba muy agotaba de mis actividades" podía ir en su búsqueda cuando quisiera. Aprovechó mi momento de vergüenza y se la llevó.

Mi cansancio dio paso al nerviosismo nuevamente cuando las horas comenzaron a pasar rápidamente y sabía que Edward estaría de regreso en menos de un pestañeo. Incluso, mi lado masoquista hizo acto de presencia cuando llamé a su oficina y pregunté a su secretaria si conocía más menos la hora a la que se desocuparía, y ella me respondió que ya estaba de salida para Forks. El vuelo no sería largo, y mis nervios estuvieron a punto de colapsar. Ya pasaban las 8 de la noche, y pronto estaría en casa.

Me reí de mi misma cuando mientras corría de un lado a otro, de la ducha a la cocina, de la cocina a mi armario y de mi armario al teléfono para saber de Liz, aun no reparaba en que quizás Edward sería esta vez quien pudiese dejarme igual como yo lo había hecho a propósito la noche anterior ¿Y si el estaba pensando mal? ¿Y si creía que yo no quería llegar a esa parte con él? Bien, tenía que pensar en cómo hacerlo cambiar de opinión, si es que esta vez él me daba un no.

Adorné la mesa con los últimos utensilios que necesitaría. Todavía podía ver el rostro de Tanya cuando le había pedido que sólo por esta noche se quedara con Liz. Ya extrañaba a mi pequeña, pero necesitaba tener este momento a solas con Edward... Hoy sería una noche especial o al menos eso quería yo. Corriendo subí las escaleras al ver la hora que marcaba el reloj, estaría pronto en casa y esperaba sorprenderlo por completo en cuanto entrara por la puerta.

Alisté mi sencillo peinado, mi maquillaje y mi ropa. Tuve que poner mis manos en mi vientre para intentar calmar un poco ese revoltijo de mariposas que danzaban de un lado a otro ¡Parecía quinceañera! O quizás en cierto modo lo era...era una nueva primera vez. Suspiré y apliqué un toque de perfume en los lugares que según Rose eran los indicados como había escuchado decirle en ocasiones ¿Yo haciéndole caso a mi hermana menor? Era insólito, pero ciertamente estaba en ello.

El auto que había adquirido hacía pocos días se estacionó en la entrada y con cuidado de no hacer mi entrada triunfal con una caída bajé las escaleras con lentitud. La puerta estaba entreabierta y sonreí con anticipación cuando fue revelando la entrada de él, mi Edward.

- ¡Sorpre...!.- mis palabras murieron en el mismo instante que el frío del exterior me golpeó.

- Hola Bella.- saludó James, que entró detrás de él

- ¿Q-qué…haces aquí?.- pregunté un tanto molesta

- James ha venido conmigo, porque me explicó que quería ver a Liz.- comentó Edward que disimuladamente observó mi atuendo de pies a cabeza

- No la he visto en un tiempo, y me tomé el atrevimiento de pedirle a Don Edward…- dejó sus palabras morir, e hizo lo mismo que Edward, observarme entera

- Liz se encuentra en tu casa.- solté brusca cruzando los brazos sobre mi pecho. Maldito escote que se me había ocurrido utilizar

- ¿Cómo…?.- cuestionó y desvió su mirada de mí cuando Edward avanzó unos pasos y se ubicó de tal manera que casi lograba cubrirme entera. Pude notar cierta molestia en su rostro cuando hizo ese movimiento.

- Bueno…- suspiré con enojo.- Iba a darle una sorpresa a mi esposo.- acentué las dos últimas palabras.- Por eso le pedí a Tanya que cuidara de nuestra hija por esta noche, pero… Ya se arruinó todo.- mascullé lo último

Edward volteó a verme con su ceño fruncido y sus ojos un tanto perdidos paseando por todo lo que veía en mí. James en cambio apretó sus labios como si estuviera furioso, y estuve tentada a poner mis ojos en blanco por ello ¿Cuál era su motivo para tal emoción? Él y yo hacía mucho que ya no teníamos nada en común, salvo la pequeña maravilla que habíamos creado. Y ciertamente, aun no volvía a entrar en el círculo de personas catalogadas como positivas después de nuestra última conversación profunda, cuando me había dejado muy en claro que a pesar de todos los años que habíamos estado juntos, no había conocido verdaderamente nada de él.

- No considero una buena idea que nuestra hija esté separada de su madre. Es pequeña…

- Tienes razón.- le concedí sonando desafiante.- Pero creo que te equivocas al hablar en singular.- me miró sin entender.- No es bueno que Liz esté separada de sus padres, y teniendo en cuenta que hace tiempo no la ves y que estás justo aquí, me quedo más tranquila que esta noche esté acompañada de ti.- sonreí finalmente

Su rostro se descompuso más aun si es que podía. Y tras dar un leve y rígido asentimiento, dio media vuelta azotando la puerta y se fue. Los nervios volvieron nuevamente al verme sola con Edward, quien lentamente se fue ubicando de tal forma que estuvimos frente a frente.

- ¡Sorpresa!.- volví a decir con emoción y una sonrisa casi histérica

- Me has sorprendido.- asintió curvando sus labios en forma sexy.- Te ves preciosa

- Me puse así para ti.- me puse de puntillas y rocé mis labios con su masculina barbilla.- Quiero que esta noche hagamos el amor.- susurré y fui testigo de cómo su respiración cambió de velocidad.

Él quería esto, tanto o más que yo…

...

Continuará...


¡Nuevo capítulo! ¿Tomates para mi? juajaaauaua.

Bien, me está costando hacer un lemmon, lo siento. Por eso no pude ponerlo aquí, creo que me falta inspiración xD

Y estamos a pocos capis del final. Sip, unos más y final finalísimo.

Recuerden que el Prev está en mi Blog y no me maten :S

Las quiero. Mis Padus, muack para uds

...

Han leído "Famili Martí"? Haganlo, quedarán enamoradas de Gabriel, Guille y sobre todo para mí Anthony (baba)

Ese fue el dato de la semana xD