PET SHOP HORROR
[Harry Potter – Universo Alterno]
[Yaoi – Parejas Varias]
[Kaede Sakuragi]
Nota Principal – CAMPAÑA: No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. Kaede Sakuragi adherida a esta propuesta. Gracias, Katrinna Le Fay, por prestar tus palabras, y que seamos varios en gritarlas.
Con ayuda de Luna Shinigami
Beteado por Ros Potter
Dos meses habían pasado luego del incidente. El Jefe Kingsley estaba en su oficina firmando papeles, llenando otros, teniendo la presión de los altos funcionarios sobre sus hombros. Los medios pudieron bajar un poco el acoso a la institución, pero por debajo todo aquello seguía turbio y muy escalofriante.
El caso Potter lo tenía algo desquiciado.
Pero a la vez algo desconcertante.
Observo el documento que uno de los detectives le había traído esta tarde, era una investigación de la vida de los Potter. A pesar de haber sido una familia con influencia le llamo la poderosa atención que la tía de este no se había puesto en contacto.
La historia se remontaba cuando el muchacho había tenido un año cuando unos atacantes entraron a su casa, mataron a sus padres y de allí intentaron hacerlo con él, solo recibiendo una herida profunda en su cabeza.
Vivió muchos años con la hermana de su madre, luego a los diez apareció su padrino y se lo llevo lejos luego de luchar por la custodia. Conoció a si tía Andrómeda, una duquesa Black, una de las ultimas por así decirlo, tenia poder, riqueza y mucha influencia. Por eso le temían muchos, esa mujer a pesar de tener un aspecto bonachona y fina, era realmente una dama demonio cuando algo no le gustaba o a lo sumo trataban mas a sus dos parientes favoritos, su primo y sobrino.
Fue al internado Hogwards, uno de los privados más caros de toda Inglaterra Escocia. Solo los ricos, con alto don de las especialidades que tenía la academia podías entrar. Con beca, por titulo nobiliario o simplemente por dinero. Los siete años allí fueron por lo que averiguo algo duros para el muchacho. Un escluenque que era él a esa edad, un arrastrado y un pobretón, al ser becado total era lo bastante molesto para la gente de clase que iba a ese lugar.
El informe tenia quizás algunas anécdotas o cosas que los detectives averiguaron. Haciendo gruñir al Jefe de Departamento, Harry Potter había sido el típico chico afectado por el bulling y aun así había salido de la institución con los altos rangos y premios académicos.
Recordaba el día de la graduación, había sido promovido no hacia mucho y justo le había tocado ir a la ceremonia del colegio, se decían que iban a salir muy buenos genios del lugar. El rostro de cada uno de los que lo vieron ingresar, no solo con ropas nuevas y de calidad, sino con los emblemas de la una de las familias más importantes. El Escudo de la Casa Black resaltaba su pecho, mientras que el medallón que perteneció a uno de los difuntos ex estudiantes de aquel prestigioso colegio, Regulus Black.
Andrómeda estaba en primera fila, sonriéndole, mientras le hizo señas que se acercara para besarlo justo antes de recibir su diploma y premio académico. Más de uno palideció, cuando los padres de sus compañeros quisieron acercárseles, pero la simple razón de la historia del "chico becado" y todo aquello que le hacían, había sido justamente el favorito de la Duquesa.
Los rumores sobre eso, aquel día por lo bajo, eran bastantes fuertes pero jamás pensó que Harry Potter era ese muchacho.
Y ahí estaba otra vez su dilema. ¿Por qué Andrómeda Black no había aparecido aun exigiendo su derecho como Duquesa, para la búsqueda de su sobrino?
Gruño molesto, dejando caer la carpeta en el escritorio, girándose para ver por la ventana. Londres estaba oscuro, apenas las estrellas iluminaban el manto negro, algunos faroles las calles, sabiendo que en algún lugar alguien moría por que los ataques de la bestia aun estaban allí. Pensando que con lo del Conde y su tienda habían desaparecido, pero los informes decían que la mayoría de sus animales habían sido trasladados a otro país, saliendo con todos los papeles en orden. Salvo por los robados.
Y allí estaba el otro dilema. No solo la policía estaba investigando al rubio aristocrático, soplones de buena categoría le dijeron que aquel magnate Tom Riddle estaba detrás de este y en parte del detective desaparecido. Algunas llamadas, mensajes de texto, y hasta fotografías lo mostraban en forma sospechosa, siempre acompañado por un bello muchacho de cabellos largos negros y de enormes ojos amarillos pero de sonrisa dulce e infantil.
La evidencia de los pelos recolectados por Lupin decían que era una especie de raro canino, pero con escamas de serpiente. Pensó que el detective se había equivocado pero el mismo vio la bolsita, entre el pelo animal había algo que brillaba.
Pasó su mano por su cabeza rapada, sus ojos resaltaban con la piel oscura africana, mirando con determinación todo lo que tenía en su escritorio.
De repente, el teléfono sonó. Atendió de mala gana.
- Jefe Kingsley – hubo un silencio, con desesperación anoto algo en un papel – Estas seguro? – pregunto rumiando maldiciones – De acuerdo. Si … si, lo mismo de siempre. Adiós – colgó mirando lo que había anotado, y sin pensarlo dos veces tomo su chaqueta y las llaves de su auto.
Condujo hasta las afueras de la cuidad, una enorme mansión sobresalía entre las demás, el enorme portón con una "B" grande demostraba de quien pertenecía aquella propiedad. Las rejas estaban abiertas, no había perros, extraño para una familia tan antigua como lo era esa. Con lentitud bajo del auto estacionado frente a las enorme puertas, una especie de rotonda separaba la entrada de la reja.
Las luces del lugar estaban apagadas, no había señal que hubiera alguien por esos lugares. Entro despacio, enfundando su arma, alerta a cualquier movimiento. La única luz provenía de una de las habitaciones suponiendo que era el estudio por la ubicación a unos metros de la entrada. Con pasos seguros mirando a todos lados con cautela se fue acercando, el sonido de las llamas en la chimenea era el único sonido.
Avanzo despacio, hasta situarse detrás de un sillón donde una figura estaba sentada, semi oscuras, solo las llamas del fuego iluminándole.
Señora Black – la vos del jefe Kingsley se sintió fuerte y clara, con la intención de intimidar – Señora Black – volvió a repetir mas fuerte, mirando hacia todos lados, observando las sombras.
Como vio que no había movimiento, se fue acercando despacio para encontrarse con algo que jamás pensó ver.
- Sorpresa! – una vos lo sorprendió por detrás, y al girarse solo un gemido salio de sus labios. Observo la mano que empuñaba la daga, justo en el medio de su pecho, la sangre caía despacio. Sus labios se llenaron con el sabor metálico y sus ojos se abrieron en forma de sorpresa.
- Tu …. – susurro cayendo de rodillas, mientras la mujer le miraba y le sonreía.
- Dulce sueños –le dijo moviendo su mano en forma de despedida, mientras caía sobre al alfombra, manchándola con sangre, y sus ojos perdían fuerza y su cuerpo la vida.
Sirius Black iba algo molesto hacia la tienda. Sus compañeros estaban reacios en ciertos asuntos con respecto a la desaparición de su ahijado, además que el maldito pelirrojo había regresado al trabajo destilando mas veneno de que se fue. Sonrió cuando recordó haberle vuelto a romper la nariz, y como habían estado solos en aquel despacho nadie se enteraría lo que paso realmente, aunque le acusara el jamás se pondría en evidencia y culparlo de aquello seria muy arriesgado a la carrera de detective y su jugosa pensión.
Remus lo había llamado justo cuando se disponía a subir a la moto, iba a cenar con el estirado teñido. Gruño molesto, no le agradaba ese sujeto, tanto ese como el abogado lo tenían entre ceja y ceja, mas el Snivellus que parecía odiarlo con mas ahincó.
Lo había reconocido cuando lo vio en la estación de policía, hasta había sentido la mirada de desprecio con solo aparecer en escena, también se sorprendió como había manejado todo lo legal y sacar al Conde de prisión, pero aun no entendía, por que sentía una especie de … rareza a su alrededor.
Llego a la tienda, por la puerta trasera, la única que siempre estaba abierta. Sobre la mesada estaban dos cuervos, uno negro y otro rojo, le miraron desafiantes, hasta podía jurar que sus ojitos vidriosos brillaron con picardía. Los ignoro pasando al gran salón, donde todo aquello estaba oscuro, miro su reloj, ya eran mas de las 20hs, había perdido mucho tiempo en terminar algunos tramites y llegar.
Primero fue hasta donde la habitación que ocupaba Albus estuviera todo bien, apenas abrió cuando el siseo de la mamba negra llamo su atención pero al reconocerlo luego de tanto tiempo de estar allí se tranquilizo, luego vio varios gatitos durmiendo sobre la cama, donde el niño y el conde reposaban. Ya estaba acostumbrado a aquellas escenas tan bizarras.
Salio con cautela y de allí regresar al gran salón donde se dejo caer en uno de los sofá, bostezo sonoramente, se rasco la cabeza y de allí en forma vulgar rasco su entrepierna mientras iba acomodándose para dormitar un poco.
- Ahora veo de donde saco lo desagradable y sin modales Potter – la vos profunda del abogado lo hizo reaccionar, sacando su arma en unos segundos, apuntando a las sombras, donde la vos había provenido.
- Snivellus – gruño mientras ponía seguro y guardaba la pistola – No sabes que puedo matarte si apareces como fantasma – gruño molesto el detective quien volvió a su posición actual.
- Black – Sirius le miro un momento, el hombre escupía aun más su apellido que el de su ahijado.
- Y a que se debe tal presencia, murciélago trajeado?- le dijo con burla, hacia ya varias veces que le decía que su aspecto pálido, su nariz aguileña, su cabello negro y hasta sedoso, con sus ojos oscuros e hipnotizantes, era la representación pública del viejo y ponderado Conde Drácula. Cosa que al maldito le desagradaba demasiado.
- Vivo aquí, perro estúpido – se acerco despacio, sentándose en el sillón que estaba frente al otro. Su pantalón negro estaba ceñido y su camisa abierta los dos botones primeros, estaba de entre casa por así llamarlo, pero sus ojos estaban tan oscuros que parecían "devorarlo" con ellos.
- No tienes una mansión, pocilga o lo que sea donde tener tu ataúd? – le dio con sorna – no entiendo como Harry jamás supo de ustedes – pregunto a la nada, mostrando algo de angustia con solo recordar al muchacho. El silencio se volvió frio en esos minutos.
Sirius cerro sus ojos, estaba cansado no dormía bien por las noches por el simple sueño que lo atacaba cuando quedaba profundamente en los brazos de Morfeo. Una figura negra se acercaba siempre, sentía su fría piel tocar la suya y de allí el pequeño dolor en partes de su cuerpo, uno que se volvía placentero a medida que crecía terminando con una exclamación bastante ruidosa y con la ropa mojada como un adolecente de dieciséis.
Abrió sus ojos perezosos, gruñendo la mala posición, mirando su reloj que indicaban las dos de mañana. Se había dormido en un momento. En la tienda no había ningún ruido, la luz era solo dada por unas pequeñas velas dentro de faroles chinos, el olor a incienso y mirra estaba en todo el lugar pero aun así no era ni asfixiante ni molesto. Parpadeo varias veces incorporándose despacio, rascándose los cabellos despeinados para mirar hacia donde su "compañero" estaba aun sentado.
Su espalda estaba derecha y aun así parecía estar sentado cómodamente, sus manos sobre el regazo, sus pierna derecha cruzada sobre la otra, sus cabellos negros pulcramente peinados caían sobre los hombros, y su rostro parecía estar en un estado de relajación. El detective le miro embelezado, aunque le extraño que su pecho no se moviera.
Con pasos cautelosos se levanto y se acerco hasta Severus, levanto su mano para tocar su rostro pero se detuvo a medio camino, de cerca parecía un hombre bastante joven para la edad, dependiendo que tenían alrededor de la misma, se notaba piel suave y sin ningún arruga a la vista, su nariz era mas atractiva y que decir de sus labios algo rosados ante la palidez que presentaba.
Movió su mano ahora con la intención de tocar sus cabellos, por un momento no sabia que hacia por que sentía la necesidad de ver estremecer esa fría piel con el contacto de sus dedos. Tomo un mechón despacio, lo deslizo con delicadeza entre las yemas y un pequeño aroma a lluvia y tierra salio de este, algo que le encantaba a Sirius. Volvió a repetir la acción pero esta vez cerrando sus ojos, olfateando de cerca aquel aroma que lo hacia sentir joven niño jugar entre el barro y las gotas de agua.
Pero cuando abrió sus ojos se encontró que los negros ónix le miraban molestos, pero no pudo contenerse, ya estaba en un estado de seducción que jamás supo que había adquirido por lo tanto sin que dejara que el otro protestara tomo sus labios y los beso expertamente, dejando sorprendido a Severus quien sin pensarlo había abierto a boca y una lengua trataba de derrotar la suya.
Segundos de estar en el mar de la desorientación y el placer de sentir que alguien lo deseaba sin que el mismo lo impusiera, sus manos llegaron al pecho del detective para empujarlo con violencia. Sirius cayo hacia atrás logrando romper una mesa que estaba junto al sofá.
- Demonios! – grito por la sorpresa, pero aun así e aullido de dolor fue cuando su mano derecha sangraba al estar lastimada por un pedazo de madera – Que carajo te pasa? Maldito lunático vampiro – gruño intentando sacar la pequeña varilla, había atravesado la palma de la mano limpiamente, pero sangraba demasiado – Demonios, maldición – se levanto como pudo y empezó a caminar hacia la cocina. Pero fue jalado con brusquedad quedando sentado en el sofá donde había estado durmiendo – Snape! Que demonios? – le miro totalmente enojado.
- Cállate – siseo con una vos fría – Solo cierra el maldito hocico – gruño tomando con brusquedad la mano ante la reticencia del otro.
- Suéltame bastardo, por que si no… - no pudo decir mas nada, aquel hombre que estaba prácticamente sobre su cuerpo, una rodilla entre sus piernas mientras que con una mano sostenía la muñeca con la otra, tomaba la varilla que lo lastimaba y empezaba a sacarla con delicadeza. Sirius supo que si se movía con brusquedad y lo empujaba quizás empeoraba su mano.
El detalle que vio el detective con respecto al abogado fue que aquel sujeto estaba concentrado, sus ojos negros parecían tener una pequeña línea roja alrededor del iris, y por sorprendente que parezca sus uñas eran negras y largas. Abrió su boca para preguntarle algo pero cuando este le miro se olvido de protestar, sintió su cuerpo algo liguero como si pesara una pluma, sintió erizar los vellos de la piel y un aroma bastante agradable, los ojos de Severus lo hipnotizaban hasta el punto de no sentir cuando fue retirada la varilla de madera de su mano, pero si cuando la lengua calida pasaba por su palma sacando cada gota de sangre que había derramado, sintiendo como su piel iba refrescándose dando descargas por todo su brazo y de allí al pecho, terminando sin poder explicarlo en su ingle.
La lengua era suave y bastante hábil, pasaba despacio recogiendo cada porción de sangre que estaba derramada en ella, los ojos negros jamás dejaron los semi azules griceasos del otro, con movimientos lentos y provocadores parecían hacer mella en el cuerpo del humano. Cuando la herida quedo cerrada, la mano quedo limpia, el vampiro se quedo observando el rostro embelezado de Black, las pupilas dilatadas por la excitación y su respiración agitada, mientras su aliento a cigarrillo y menta se sentía ante la poca distancia que ambos rostros estaban.
Severus sonrió ladinamente, acerándose despacio lamiéndose los labios provocadoramente, Sirius por otra parte estaba mas concentrado en sus ojos, perdiendo la poca cordura y reproches que decían quien estaba frente a él era una criatura peligrosa, pero no hizo caso a ninguna de ellas, ya que con un movimiento de su mano capturo la cintura del otro y con brusquedad lo hizo sentarse sobre su regazo y sin dejar de sorprender estaba devorando la boca del otro en un beso posesivo y rudo.
Las manos se posesionaron en su espalda, la recorrieron con brusquedad hasta lograr que la camisa que la cubría fuera sacada y la piel era tan tersa como pensaba. Largo sus labios para atracar su cuello, sintió como el otro gemían fuerte y de allí un ronco gruñido, cuando el mismo mordió la piel sabiendo que iba a dejar una marca bastante fea. Bajo por su pecho, rompió los botones de la camisa con brusquedad y mordió las tetillas sin dejar de acariciar sus pomposas nalgas. No lo dejo ni pensar cuando con brusquedad lo alzo y lo dejo arrodillado sobre el sofá, mientras ahora Sirius es quien estaba detrás de él.
Mordisqueo su cuello, desabrocho los pantalones dejando expuesta la carne de su cintura y piernas, lo toco, lo beso, lo acaricio y pellizco los puntos mas sentibles de aquel hombre vampiro. No le dio tregua de reaccionar ni nada.
Severus gemía, sentía que su sangre hervía de deseo, jamás ningún humano había logrado lo que Black estaba haciendo con su cuerpo, su instinto decía que debía detenerlo, que él era el cazador, que él mismo debería disfrutar que le otro se volviera loco de deseo.
- Aaahhh – gimió alto encorvándose cuando las manos lograron jalar su erección con brusquedad, bombear con manos firmes y hasta suaves. Gruño mientras su cabeza se llenaba del deseo y la lujuria – Maldito – dijo entrecortado, EL debería estar gimiendo como una buena puta por su toque, y no el vampiro.
- Te gusta – la vos ronca de Sirius pego en su oreja, erizando cada parte de su cuerpo, golpeando aun mas su ingle con un ardor jamás sentido – Mira como me pones – ronroneo cuando la erección de este se coloco entre las nalgas, moviéndose de arriba abajo despacio, haciéndolo ver tan duro que estaba – Tu provocas esto – gruño mientras con su mano acariciaba con ternura una nalga – Y veras que puedo hacer con mi hermosa lengua – le dio un beso en el cuello para luego agacharse, mordiendo la carne, besando la pequita que aparecía en una de ellas, separándola despacio para luego Severus gruñir de excitación cuando algo húmedo y largo se movía justo sobre su orificio.
- Ahhh … Merlín – gimió apoyando su cabeza en el respaldo del sillón dejando su hermoso y blanco trasero en una forma más accesible para el otro.
- Y ahora… - susurro despacio, acomodándose detrás de este. Tomando las caderas mientras escupía un poco de saliva sobre su miembro – Te dolerá, pero te aseguro que luego gritaras para más - las alarmas de la cabeza del vampiro sonaron, intento incorporarse y girar para ver que iba hacer.
- Que…? – la frase quedo en el aire, y el grito de dolor se sintió cuando Sirius Black penetro con brusquedad a Severus Snape.
Solo unos segundo quedaron quietos, hasta que se acostumbrara, pero aun el moreno empezó a masturbar al otro como para distraerlo, beso su espalda, mordisqueo su piel y de allí cuando lo sintió menos tenso empezó el vaivén erótico.
Los gemidos de dolor se reemplazaron por los de placer, el detective estaba que no podía creérselo, estaba disfrutando el hermoso cuerpo del otro, tocándolo, sintiéndolo sudado y deliciosamente excitante. El aroma que despedía era medio dulzón y seco a la vez pero no pudo resistir tomar sus cabellos, jalarlos hacia arriba y de allí poder acceder a sus labios, mordiéndolos, besándolo, lastimándose con sus colmillos y sin importar aquello, beber la sangre que parecía que ambos estaban haciendo.
El beso se volvió algo sangriento ya que la saliva iba mesclada por el líquido carmesí, las caderas iban en más aumento y los gemidos también. La traspiración, la excitación, el ambiente, TODO… era un mar de sexo.
Las embestidas eran mas rápidas y los gruñidos mas fuerte. Que cuando el orgasmo llego, todo el mundo estaba despierto y viendo la culminación del pacto entre un ser oscuro de la noche y un donante humano.
El silencio reino, ya que solo sus respiraciones agitadas se escuchaban. Ningún animal fue valiente para acercárseles, ya que cuando el vampiro abrió sus ojos, estaban totalmente rojos y daba realmente miedo, con escrutinio busco cada sombra del lugar, levantándose despacio, dejando de lado al humano que estaba semi desmayado sobre el sofá, con los pantalones a media pierna y su semi erecto miembro manchado de semen y sangre. Gruño la bestia en forma molesta, vistiéndose y tomando al detective para arreglar su ropa, levantarlo en brazos y de allí dirigirse hacia una esquina totalmente oscura.
El sonido de una puerta abriéndose y luego cerrándose fue lo último que se escucho en el lugar. Ningún animal se acerco a ese rincón en lo que quedaba de la noche.
Draco estaba apoyado en la pared de la cocina a oscuras, había abierto la boca para decir algo pero luego la cerró, miro a sus dos compañeros, Antul y Aslak, quien tenía una cara de lujuria y el otro de vergüenza. Iba a protestar cuando la puerta de la cocina se abrió dejando ver a un Lucius algo golpeado, y un Remus azorado y totalmente rojo, tomados de la mano y quedándose viendo al Conde con vergüenza.
Draco volvió a abrir su boca para decir algo pero no pudo, realmente no le salían las palabras. La cerró y gruño molesto, golpeando como un niño berrinchudo el suelo con el pie.
- No es justo, ustedes se pueden revolcar con sus parejas y yo estoy de luto y abstinencia – salio enojado de allí para desaparecer por la puerta de su habitación.
- Me perdí de algo? – el rubio aristocrático alzo su ceja, en forma molesta e interrogante.
- No, nada – dijeron ambos cuervos despareciendo por el pasillo.
Lucius se quedo viendo por donde se fueron, miro a Remus y este solo atino a levantar los hombros sin saber qué demonios había pasado.
Los gemidos eran hasta tímidos, la habitación tenía un aspecto colonial, y aun así el aura que despedía cada delicado movimiento era casi como si iluminara el lugar. Otro gemido cuando se movió despacio, sus manos agarraban con fuerza las sabanas blancas, el sudor recorría todo su cuerpo y aun así parecía que la timidez jamás dejaba sus mejillas. Otro movimiento brusco lo hizo arquearse mientras movía sus piernas para quedar en una mejor posición. Subía y bajaba, ahora con más rapidez, las manos en sus caderas llevaban el ritmo mientras el cuerpo se desplomaba hacia adelante, tratando de sostenerse. Los cabellos negros rebeldes estaban algo mojados y sus ojos verdes esmeraldas reflejaban el mayor de los éxtasis.
Sobre la cama, recostado en el respaldar estaba aquel hombre que lo había encontrado, hacía ya tiempo, lo había acogido en su hogar, le daba de comer, ropa y hasta caprichos, y el pago era su cuerpo, el que disfrutaba las manos recorrer su piel, quien lo besara quien le susurraba palabras que erizaban cada vello de su cuello. Gimió alto cuando había tocado el punto erógeno de su próstata, y aun así dos movimientos más y el orgasmo mancho las sabanas, mientras sentía que por dentro también se llenaba de aquel hombre
El cuerpo del joven fue jalado hacia atrás, para recostarlo sobre su pecho, busco sus labios y allí los devoro en forma hambrienta.
- Tom - gimió el muchacho quien por algún experimento se veía un poco mas joven, aunque su rostro la mitad de su piel era una masiva de quemaduras de tercer grado, y varias cicatrices.
Aquel hombre le acaricio los cabellos mientras besaba su piel, suspiro mientras sus ojos rojos parecían tornarse peligrosos:- Lo has hecho bien – susurro cuando con sus largas uñas lo degolló, convulsionándose sobre su pecho y de allí no emitió ningún sonido ni movimiento.
Con un empujón lo tiro al suelo, gruño molesto cuando bajo de la cama y se dirigió al baño, abrió la llave de la ducha y empezó a enjuagar la sangre que había manchado su tersa piel.
- No le satisfecho el clon? – la vos dulce y aterciopelada se escucho, un jovencito de cabellos largos negros y ojos amarillos, vestido con unos pantalones y tunica china, traía una toalla grande para secar.
- No, es demasiado sumiso – gruño mientras el otro pasaba descaradamente la prenda sobre su espalda – Como esta nuestro invitado?
- Vivo – le dijo riéndose despacio – Aunque debo decir que esa hermosa cicatriz en su rostro esta sanando, he probado cada experimento y parece ser que las entrañas del tigre son efectivas para el propósito.
- Bien – dijo feliz el hombre de ojos hermosamente rojos.
Tom Marvolo Riddle, un hombre poderoso de aproximadamente cuarenta años, algunas canas adornan su cabello oscuro, su piel blanca aun luce sin manchas, mas su rostro adusto muestra algunas arrugas en los ojos, lejos de mostrarlo viejo, lo hacen un hombre integrante y atractivo.
Es delgado y tiene su cuerpo bien propiciado debido al ejercicio, le gusta manipular las personas a su alrededor y es un excelente CEO, ya que su inteligencia le proporciona la facilidad para los negocios, aunque ocultamente, tiene debilidad por los muchachos jóvenes, incluso menores
- Ha venido aquel hombre - Theodore sonrió mientras veía el desagrado del rostro de su amo.
- Espero que haya venido solo, no me gusta la bruja que se ha conseguido - gruño molesto mientras se dirigía a su armario desnudo buscando una prenda fina y presentable.
- Esta solo - el muchachito saco un traje color vino oscuro, camisa negra y corbata roja, Tom sonrió ante la elección y empezó a vestirse.
En el gran salón de la mansión, a muchos kilómetros de Londres, un hombre elegante, pero no llegando a la categoría que supuestamente aparentaba, estaba leyendo unos papeles que había recibido. Las puertas se abrieron dejando pasar al dueño de la propiedad, junto a su pequeña "mascota". Este miro interesante aquel joven, no poseía más de 18 o quizás menos pero había estado presente cuando el niño " se divertía" jugando con victimas que caían en sus hermosas y delicadas manos.
- Espero que las noticias que me traes sean bastante satisfactorias, Nott - Riddle tenía un aspecto serio y aterrador, sus ojos rojos parecían fulminar a la hiena.
- Tengo los análisis que mando a hacer. He podido averiguar ciertas cosas del hospital donde el niño había estado internado, también algo de información de los Malfoy como lo ordeno - aquel empresario observo los resultados y una sonrisa malvada apareció en su rostro, pasando los papeles a Theodore quien sonrió como niño en navidad.
- Quiero que me lo traigas lo antes posible - sentencio.
- Bueno, dependiendo de que... - Theodore Nott cayó al suelo, gritando con fuerza, ya que sin poder advertir el ataque ahora su cuerpo sentía miles de agujas ardientes. Cuando levanto su vista estaba ante un ser bastante despiadado, y la hiena reconoció como superior, escondiendo su rabo entre las patas.
Con un movimiento de su mano el dolor ceso, pero aun seguía la sensación de tortura - Como decía, espero que el niño este a mas tardar pasado mañana en mi poder, creo que también diré que para ayudarte Theodore te acompañara - el muchachito sonrió dulcemente, acercándose a este y besando sus labios.
- Gracias mi señor - salio casi corriendo feliz para buscar su "equipo" para viajar a Londres.
- Si... señor - Nott se levanto a duras penas.
Riddle hizo un ademan con la mano despidiéndolo, quien con dificultad fue hacia la salida. Aunque no sabia si era peor ser torturado por aquel hombre, o viajar con ese muchacho sádico.
Sintió el auto partir, cuando el se levanto y se dirigió hacia una de las escaleras que iban al sótano. Bajo despacio hasta llegar a una puerta de vidrio, con una combinación de números se abrió dejándolo pasar. En el fondo del enorme laboratorio, el grito de su "invitado" era aun más fuerte.
- RIDDLE! Sácame de aquí maldito hijo de puta! - Harry gritaba mientras pateaba la pared de vidrio blindex, solo tenia agujeros como para respirar y una puerta pequeña donde el alimento era pasado en sus horas correspondientes.
- Sshhh, pequeño, te lastimaras - rio despacio cuando se coloco la bata blanca y empezó a leer otra ves los resultados - Sabes que? He descubierto la otra clave de mi investigación - le miro despacio sonriéndole con superioridad.
Harry vestía piyama de hospital, tenía algunas vendas aun en su brazo y torso, pero su rostro, la mitad de este estaba con una horrible quemadura, la cual aun no estaba totalmente curada, su ojo derecho era ciego pero al magnate lo excitaba. Aun así con las heridas el hombre conservaba toda su belleza tosca y su carácter de mil demonios.
Tom se sentó frente a su computadora, mientras entraba algunos datos en ella, sonrió cuando los resultados eran realmente alentadores.
- Maldito enfermo! Me encontraran. TE ENCONTRARAN! Y veras que todo lo que has luchado no será nada – el morocho grito golpeando el bindex sin poco éxito. El otro se giro y sonrió al verle furioso, casi podía sentir el fuego de la valentía, de lo temerario y lo tosco que su alma era.
- No, Harry. Te aseguro que no te encontraran – rio con malicia mientras se acercaba a la celda – Y para compensar tu soledad traeré algunos amigos, quizás así puedas estar mas … tranquilo – movió su mano como desinteresado tomando el papel que Nott le había traído, mostrando los resultados al ojiverde, cuando leyó el nombre de quien pertenecía los análisis se enfureció mas.
- NO TE ATREVAS! NO TE ATREVAS A TOCARLE O JURO QUE TE MATARE! LO JURO RIDDLE! – este sonrió aun más cuando apretó un botón rojo grande que había junto a la pared, al instante cinco chorros de agua con la suficiente presión para lastimar o golpear a cualquiera hizo gritar de la sorpresa y dolor al otro tirándolo al suelo y de allí acurrucarse para que el golpe no fuera tan doloroso en sus heridas
- Espero que con esto puedas tranquilizarte – le sonrió malvadamente, cuando se giro y fue hacia el escritorio donde había miles de libros viejos, anotadores, dibujos antiguos y fotos.
Se sentó en la silla junto a este y busco en un cajón una vieja libreta maltrecha marrón, donde había un agujero en el medio, como si le hubieran clavado algo y este detuvo la estocada mortal. Al abrirle se encontró con paginas manchadas con sangre seca ya de muchos años, sonrió cuando el nombre de su padre estaba en la primera hoja haciendo recordar que el mismo había provocado el "accidente" que tuvo el viejo científico.
Busco una página en particular, una ya gastada de tanto leerla, con la letra del viejo Tom Riddle padre estaba la historia que tanto había luchado en buscar y crear su progenitor… Y morir por ello.
" … Se dice que hace diez mil años, Jian Ziya, Comandante del estado mayor del Rey Wen de la dinastía Zhou y amante de este, vio entre sus sueños una futura profecía, una futura pesadilla la muerte de su rey, de su amante.
El comandante Jian sentía arder su cuerpo cada vez que entraba en aquellos raros y extraños sueños, despertando al rey Wen, preocupando a este.
Los ojos verdes esmeraldas de Jian se ponían rojos cuando despertaba luego de cada pesadilla, cada vez que veía morir desmembrado a su Rey por los enemigos Zhu- Yaun-Zhang y él no podía hacer nada por detenerlos.
El rey estaba como loco, no sabía que hacer para calmar el fuego interno y destructor de su amante, todas las noches Wen con sus ojos mercurio trataban de calmar los dolores de las horribles pesadillas de su con resultados patéticos y mínimos.
Jian comenzó a levantarse a escribir como loco incongruencias, que nadie más entendía, los papeles fueron inundando la habitación real, de fragmentos oscuros que nadie más sabia leer, que nadie podía siquiera pronunciar, estaba creando un futuro diferente para su rey.
Wen entro uno de esos días, en los cuales su amante estaba en trance y se asusto, el cuerpo de Jian estaba consumido en llamas, literalmente, lo único visible en aquel fuego inmortal y sulfuroso eran sus ojos verdes.
- Jian…- le rogó el rey este se giro y miro a su rey, su amor… su devoción misma, sus cabellos eran oscuros pero esos ojos mercurio, líquidos como la luz de la luna – estoy muriendo… mi joven Rey- refiriéndose a que el mismo Jian era mayor que el rey – mi rey, mi sueño mi emperador…. Usted será el amo del mundo, - le juro, envuelto en llamas- sin dejar de escribir- cuando el fénix este en la cima de la montaña, cuando resurja de las cenizas dentro del volcán eterno de Wu- Sheng, el poder mismo te acompañara mi señor…-
- No lo digas no lo hagas Jian!- le ordeno tratando el rey de entrar.
- No me queda mucho- susurro, incendiando todo a su paso – el sacrificio del fénix le dará poder a mi señor…- le miro- le amo tanto mi joven Wen, aunque lo nuestro jamás debió ser, por eso el fénix le da su alma en un intercambio, mi alma y mi fuerza para que usted conquiste el Zhu- Yaun-Zhang y nunca sea derrotado y sea inmortal- el fuego consumió todo y Wen trato de cubrirse el rostro cuando vio entre las llamas la figura imponente de un hermoso fénix alzando vuelo.
- Jian ! - se escucho el grito por todo el gran palacio.
El fuego lo consumió todo y cuando apareció al servidumbre a apagar dicho incendio y revisar las ruinas, se dieron cuenta que el fuego jamás toco a su señor, pero le dejo inconsciente, a su lado un hermoso polluelo rojo donde sus alas dejaban algunos rastro de ceniza y el cabello de señor, para sorpresa de todos no era negro como la noche, sino dorado como el mismo oro.
Wen no fue el mismo desde entonces, pero de su mano estricta jamás escapo ningún enemigo, aunque cuentan la leyenda que aun en estos días, busca éntrelos animales a su Jian, aquel fénix que dio la vida por él, ya que Wen fue bendecido y condenado con la inmortalidad por su Fénix, el fénix que da poder y vida eterna…"
Cerró el libro y vio como Potter se levantaba con dificultad, totalmente empapado. Había sido un hallazgo realmente esquicito.
Había echo lo posible. Había echo lo mejor que era para ella, y aun así el maldito de su ex siempre salía con la suya. Cuando se caso con él iba a ser la señora de uno de los hijos de magnate mas codiciado, pero cuando al año se entero que él había renunciado a todo lo que supuestamente le correspondía a ELLA como su esposa, se desato toda la furia.
Se había dejado abrir sus piernas para que la usara, que la acariciara y besara, pero cuando todo terminaba ella corría al baño para lavarse y tomar las pastillas para jamás quedar embarazada, no quería perder la figura y menos por alguien que solo valía su bóveda.
Pero cuando encontró los papeles de la herencia, cuando los puntos de los mismos no incluían una vida como ella espero, lo pensó mucho tiempo. Si Harry le había arruinado su propia vida, ella misma se dedicaría hacerle sufrir cada día de su vida. Empezó con cosas pequeñas, contarle al hermano cositas intimas, algunas mentiras por ahí, por allá, encontrarse con algunos que parecían verle tierna y abandonada.
Su vida fue mejor sexualmente y que decir los caprichitos que alguno le daba. Cuando se canso de estar al lado de alguien que solo la saludaba en la mañana y solo calentaba cama le pidió el divorcio, le refregó el mal amante y demás cosas que hirió el orgullo masculino del cara raja. Y se fue de allí con una buena cantidad que le correspondía por una demanda de abandono y no sabía qué cosa había inventado el abogado que consiguió por una buena paga.
Pero no espero que luego de unos meses se enterara que estaba embarazada, y que había sido justo ese puto día donde borracha ella se había acercado a la cama y si distinguir quien era quien estaba montándosela se había corrido y gritado como nunca.
Albus nació de mala gana, pero le sirvió para que le dieran lastima, dinero, casa, trabajo. Hasta cuando cumplió los cinco, un hombre se había acercado a ella y le había dicho que tenía un niño muy bonito, por supuesto lo negó. Y ahí había empezado su ganancia, aquel sujeto le gustaba sacarle fotos, de toda clase, hasta lo dejaba un par de horas por una buena cantidad, y si venia con amigos… mejor.
Pero empezó a tener problemas, la gente sabía que había un niño, que entraba y salía gente, que había a veces muy a la madrugada dos o tres hombres llegaban y se iban al otro día por la tarde. La policía empezó a llegar, asistentes sociales, y cosas así. Albus no iba al colegio, ella le enseñaba lo básico, pero aun así, se le volvía muy peligroso si se lo sacaban.
Conoció a un abogado muy atractivo, elegante y muy importante, allí se fue con él pero tuvo que dejar sus "negocios". Hasta que le propuso devolvérselo al padre, así estaría libre, podría viajar sin preocuparse, estar disfrutando de la vida sin estar esclavizada al niño. Y así lo hizo.
Pero el maldito Potter salio otra ves con la suya, cuando se lo "devolvió". Había salido en los diarios, todo el mundo se lamentaba por el niño, por el hijo del detective, y no desaprovecho de volver a hacerse la victima, pedir recursos y dejar mal parado al padre. Pero jamás pudo acercarse, a ambos. Tenia un abogado de la realeza, había escuchado que no solo tenia un amante, si no que era hombre. Theodore le aconsejo dejar las cosas como estaban y que rogaba que si al chico le hacían análisis estuviera aun virgen. Ella sabia que así era, por que era avariciosa no estúpida y si al chico le encontraban abuso a ella la metían presa.
No aguanto más la situación. Los días pasaban y Theo no aparecía. Gruño molesta por que el abogado la había abandonado. Así que haría las cosas ella misma.
Reconociendo que tal vez si iba directamente a la tienda de mascotas esa, seria su mejor oportunidad, arribo allí en un taxi, viendo la entrada de la tienducha, aun no podía creer que alguien de la realeza estuviera relacionada con un negocio tan bajo como el comercio de las mascotas, bajo alzando su cabeza dejando que los bucles rojos rosaran sus omoplatos. El taconeo se escucho entre la los charcos que la lluvia había dejado, era una noche demasiada fría y tal vez solo tal vez, si le hubiera puesto atención a las señales, no hubiera entrado a la tienda, era una noche sin Luna. Y sin siquiera una estrella.
Limpiando el mostrador estaba un joven de complexión delgada, vestido de negro, con un pantalón de cuero pegada al cuerpo como una segunda y tentadora piel, una camisa de malla con algunas cadenas y unas graciosas plumas en la cabeza, su piel era blanca y sus ojos azules, tenían un halo éntrela tristeza y la rabia extrema - Buenas Noches, ya está cerrado- le dijo a la "dama" pelirroja el joven que fue devorado por la mirada hambrienta de esta.
- Lo siento - dijo con vos tímida, acercándose como un andar felino que muchas veces le daba resultado - Es que estaba abierto - le sonrió despacio, mientras colocaba su mano sobre el brazo del otro - Te encuentras bien? - si no fuera por que era una bruja, hubiera pasado por una dulce y decente mujercita
Antul dio un paso atrás, la mujer olía a zorra y frunció la nariz un poco, pero también olía en ella algo... algo...Algo... Albus! Esa mujer era la "madre" de Albus, sonrió con suavidad suavizando el color de sus ojos - Oh si... mucho trabajo - dijo dulcemente - En que puedo servirle a tan bella dama?- le pregunto gentilmente mostrando mas sensualidad que la mujer.
- Oh buscaba una mascota para mi hijo. Es que es chiquito y le encanta los gatitos - rio despacio, mientras miraba a su alrededor y ver que estaban ellos solos, con los animales - Pero no se cual, y quiero que sea una sorpresa, lástima que no tengo una opinión de otro niño - rio despacio, sabía que Albus estaba allí y si este joven y apuesto le conducía hacia el podría llevárselo
- Bueno aquí hay un niño - dijo con infantil "inocencia" jugando con un bucle negro de su cabello - es el protegido de mi jefe, pero en este momento está dormido, sabe, un niño debe dormir temprano, pero supongo que un gatito sería bueno para su hijo- mirando las jaulas, viendo un murcielaguito colgado que chillo pero el joven vestido de negro solo le guiño el ojo cómplice - si gusta seguirme preguntare a mi jefe si podemos despertar al chiquitín.
- Oh, el jefe esta? ... "Mierda" - pensó la pelirroja, creía que había salido - Oh, no te preocupes - le susurro coquetamente - Por que no me muestras mas o menos lo que tienes, y veré si es del gusto de mi niño - lo tomo del brazo, lo apretó contra sus pechos coffalsocof.
Antul la guio por un pasillo, pero lo que no se dio cuenta es que en la oscuridad de la tienda, empezaron a aparecer varios ojos, entre ellos, un par bicolor, un par grises mercurio, y un par negro con líneas rojas.
- Si. Esta dormido, parece un huron dormilón - dijo con una suave sonrisa haciéndole conversación a la mujer, aunque no pudo sentir masque repugnancia cuando le toco, el era un cuervo real tocado por una vulgar zorra - tenemos varias mascotas en stock - dijo entrando a una inmensa habitación donde habían varias mascotas en jaulas inmensas, aunque no cerro la puerta dejando que la oscuridad se apoderada de la habitación paulatinamente
- Oh, fascinante - la vos salio tan dulce, y aun así pensaba como dejar al muchacho y buscar al maldito crio - Disculpa, hay un baño por aquí? - le susurro tímidamente.
- Claro - le sonrió, mostrándole una puerta anexa - Allí, yo debo ir a darle de comer a las mascotas, si me demoro un poco siéntase a gusto de ver las mascotas.
- Gracias - agradeció cuando lo vio alejarse. La cara dulce paso a ser una desagradable. Con rapidez salio por el pasillo, siguió hasta el fondo donde pudo ver que había habitaciones fue hasta una y la abrió despacio, era la recamara de un adulto, por lo tanto apenas la cerro fue a otra, sonrió al encontrarse con una tenue luz de una lámpara infantil y a Albus dormido. Miro el pasillo, no había nadie. Entro despacio acercándose hasta la cama. Estaba vestido con un pijamita infantil, un peluche era abrazado y parecía tranquilo, eso enfureció aun mas a Ginny - Maldito monstruo - gruño tomándolo de los cabellos - Maldito parasito - golpeo la mejilla con brusquedad, sorprendiendo al niño, quien cuando se dio cuenta quien era, no grito ni nada, porque así había sido educado - Ahora tu saldrás conmigo - rio maniáticamente - nos iremos y podre venderte por un buen precio - rio aun mas jalándolo de los cabellos, arrastrándolo hacia la puerta. La abrió para verificar si no había moros en la costa, y satisfecha salio arrastrando al pobre Albus, con sus piecitos descalzos y a toda prisa en dirección de la salida
Mas el pasillo parecía no tener fin, y delante de la pelirroja empezaron a aparecer mas puertas de las que había visto al llegar, cada vez que abría una puerta solo veía animales bajando y ululando, algunos gruñendo deformas incomprensibles, hasta que llego aun a puerta con perilla plateada enforna de serpiente y se quedo quieta al ver de frente un hermoso chico rubio, casi etéreo
- Como vera no puede salir...- dijo el rubio mostrando lodoso como mercurio liquido, casi siendo blancos sus ojos - Albus ven acá- le ordeno el rubio alisando las arrugas imaginarias de su cesan
- No! - Ginny jalo al niño hacia atrás impidiendo que este se alejara, lo tenia tan fuertemente agarrado que le rompería el brazo - Es mío! Y tu puta barata, no te quedaras con él, que te folle el impotente de Potter - escupió el apellido - pero este ES MI HIJO!
Los ojos del rubio ahora no parean para nada humanos – Albus - le ordeno que le mirara - Cierra ahora los ojos y no los abras, ¿me entendiste mi pequeño reptil? escuches lo que escuches no abras los ojitos - le ordeno un poco mas suave ahora mirando a la mujer. No lo pensó dos veces, el pequeño cerró con fuerzas sus ojos llorosos, le dolía el brazo y aun así no los abriría.
- ABRE LOS OJOS! - grito la pelirroja, sacudiendolo con brusquedad, levantando su mano para abofetearlo.
Pero antes de que siquiera pudiera ponerle una mano encima, se escucho un graznido fuerte, un hermoso cuervo de ojos bicolor picoteo con tanta fuerza la mano de Ginebra que le cerceno uno de sus dedos, alejando a la arpía con el batir de sus alas, nique decir otro que venia en dirección contraria lanzados contra uno de los ojos de la zorra, logrando asentarse con sus garras en su rostro y con el largo y afilado pico sacarle uno de estos horribles ojos, mas no lo trago, simplemente lo lanzo al suelo para que la misma Ginebra en sus convulsiones de dolor, lo aplastara con sus tacones.
- ALTO! - grito desesperada, había tirado al niño aun costado, con sus dos brazos trataba de defensor pero era inútil. Grito aun mas cuando su rostro fue atacado y su ojo cercenado - AYUDENME ! AYUDENME! - grito desesperada, tropezándose hacia atrás, arrastrándose con desesperación, gateando hasta la puerta para alejarse de lisa dos aves, tropezó en el suelo muchas veces hasta que sitio que su mano tocaba el zapato de alguien. Levanto su mirada, vio a un hombre totalmente vestido de negro, sus ojos oscuros también daban temor, pero aun así, entre el llanto y la sangre - Por favor, ayúdeme! Le daré lo que quiera, le pagare como quiera, solo sáqueme de aquí! - gimió cuando empezó a levantarse, sosteniéndose de la ropa elegante de aquel hombre. Sin percatarse que los ataques de las aves habían sido detenidos. Las aves solo batieron sus alas al vuelo hasta posarse los hombros del conde, mientras este veía como la pobre estúpida rogaba perdón de alguien que jamás lo daría
- Quieres que te ayude? - la vos salio sedosa, algo fría y muy baja para un humano común, pero ella estaba cerca por lo cual asintió - Quieres que te salve de... estas criaturas? - le dijo señalando a las aves, que parecieron reírse. Ginny volvió a asentir - Pobre pequeña - le dijo levantándola despacio, casi con delicadeza, tomando los mechones desprolijos y posándolos detrás de la oreja, delineando su dedo por la sangre en el rostro para probarla - Eres amarga - le dijo sonriéndole, mostrando sus colmillos - Que opinas Lucius? - tomo con brusquedad a la mujer y la empujo sin reparo hacia un lado quien fue sostenida en el medio de un grito desesperado por los brazos de alguien con traje blanco y elegante.
Las aves graznaron al parecer, de sádico placer, cuando la pelirroja cayó en brazos de Malfoy Mayor.
- Severus, no es mi deseo que te intoxiques con esta sangre vulgar, barata y de poca monta - los ojos plateados del hombre, gemelos a los de la muñeca china, se pusieron dorados mostrando toques aristocráticos pero también malignos y crueles-
- Su... su... suélteme - gimió la mujer, mientras intentaba desprenderse de aquel agarre casi de hierro - Les daré lo que quieran, todo - grito mirando a Draco - Dejare al crio, me iré lejos, hasta... hasta podre averiguar donde tienen a Harry. Eso... si... les seré de utilidad - hablaba rápido en forma de desesperación y terror.
Draco alzo una ceja, levantándose por primera vez en la noche aun con sus dos mascotitas en el hombro - ¿Sabes donde esta Harry?, Podríamos hacer un acuerdo - con voz sedosa y diáfana el rubio - Podríamos darte mucho dinero y que te marcharas para siempre... claro...Potter y Albus son míos - dijo acercándose a ella acariciando los cabellos rojos
- Draco - gruño Severus mientras se acercaba con sus largas uñas negras, posándolas en el cuello de la mujer - Miente, puedo oler sus mentiras y su miedo - siseo sacando sus largos colmillos.
- NO! LO JURO! Se donde esta - lloro desesperada, mientras de repente un olor agrio lleno el ambiente, a mujer se había orinado enzima.
Draco arrugo la fina naricita por el nauseabundo olor - Severus tu mejor que nadie sabe sacar información. Has que hable, sino no sabe nada... – hizo un gesto de indiferencia.
Lucius se acerco de manera sádica sacando unas garras que rivalizaban con la bella piel blanca- le cercenare la lengua-
- No, lo juro. Theodore lo sabe, lo escuche hablar con ese tipo el que le pago para sacarlo de la cárcel - grito cuando sintió la uña penetrar el hombro, pero se detuvo al instante
- Habla - siseo despacio y con terror miro a Draco.
- Lo escuche hablar por teléfono, que ese Rosier había echado todo a perder, y que se sorprendía que estuviera aun vivo. Le dijo... algo de una profecía, y de un animal que seguro esta tienda tenia. No se mas, es que... dijo algo de animales raros y únicos - gimió, lloro y volvió a orinarse - lo juro,... lo juro
- Lo tiene - rugió Draco y modo su mano – Mátenla - ordeno, había escuchado, era jurado, testigo, abogado y Juez y había dictado su sentencia, Lucius se acerco jalando los bucles rojos casi arrancándolos del cuero cabelludo, mientras un hocico, no una boca, sino un hocico se cerraba con fuerza en todo el hombro rasgándolo
Las uñas negras de Severus se empezaron a despellejar parte de su vientre y cadera, mientras que los cuervos se dirigieron en especial a su rostro. Cada animal del lugar tuvo su oportunidad, su pedazo haciendo los gritos ensordecedores y chillones.
Albus estaba agazapado en el suelo, echo un ovillo, temblando, llorando y gimiendo, pero aun así sus ojos jamás vieron lo que sucedía en aquella habitación, como el conde se lo dijo. Grito fuerte de susto cuando una mano lo toco.
- Ya paso mi pequeño reptil- dijo con suavidad Draco, alzándolo con cariño- no abras los ojitos- le dijo saliendo de la habitación, dado que aun los gritos eran el soundtrack de la tienda...- Nadie mas te hará daño, mi pequeño, nadie mas te pondrá una mano encima mientras este yo para evitarlo- Albus se aferro a las ropas. Esa noche no pudo dormir solo.
