Disclaimer: Nada de lo que puedan reconocer me pertenece.

Título: Efecto mariposa.

Autora: Zayde.

Resumen: La misión de Harry Potter es sencilla: Eliminar a Tom Riddle antes de que se convierta en Lord Voldemort. Pero cuando Harry esta por el medio, las cosas tienden a complicarse.

Parejas: Harry/Tom. (Es el propósito mismo de está historia.)

Advertencias: Slash.

Gracias a KathySacuba, Alexander Malfoy Black, mi querida Yoli, mauleta, eikichi09, paulina e ISA que se molestaron en dejar un review.

Sé que prometí una actualización mucho antes, pero he tenido mis más y mis menos con el mundo, solo espero volver a estar de vuelta.

No te va, no lo leas. Lo lees, te va, dejas un review.

Gracias.



3. Harrison Riddle.

31 de Julio de 1991.

San Patrick Casa de Acogida.

Londres. Inglaterra.

La conversación con Riddle le había dado una idea, una ingeniosa, brillante, maravillosa, idea.

Él conocía a Riddle. Conocía el futuro. Sabía lo que iba a pasar. Sabía de los Horcrux. Sabía lo que había ido mal la última vez…

Que no pudiese acabar con Riddle siendo un crío, no significaba que no pudiese acabar con él antes de que se convirtiese en el problema que lo era de vuelta en el siglo veintiuno.

Lo único que tenía que hacer era volver a vivir su vida, la diferencia sería que esta vez lo haría bien desde el principio.

Esta vez ganaría él.

Cierto que, con ese plan habría miles de víctimas más que con el plan original. Todas las de la primera guerra. Sus padres, y tantos otros. Pero, ¿matar a un niño de once años a sangre fría? No, imposible, aunque ese niño fuese Voldemort.

Así que, sin un segundo pensamiento, había vuelto a aferrar el colgante, y viajado de vuelta al futuro.

Pero algo había ido mal.

Tremendamente mal.

Lo había notado nada más llegar.

Bueno, en realidad le había costado un par de segundos percibirlo, pero una vez sacó la cabeza del agua, el sentimiento de que algo no estaba bien le había golpeado de lleno.

La primera prueba física, real, de que algo no estaba como debía estar, la obtuvo pocos segundo más tarde, cuando consiguió levantarse, mientras intentaba secarse un poco la ropa mojada por su poco digno aterrizaje en la fuente. Y, en ese momento, cayó en la cuenta de que no había fuentes en Little Whinging. Había un lago artificial, sí, charcos enormes cuando llovía, sí, pero, ¿fuentes? No. Ni una.

De lo siguiente que se dio cuenta, al intentar salir de la fuente, fue que había encogido. Y eso le llevó a la realización de que ya no llevaba su ropa, sino los viejos harapos de Dudley e, incluso, sus viejas gafas. Ahí puede que le entrase un poco de pánico, pensando en sus varitas perdidas, su dinero de emergencia, la capa de invisibilidad, su saeta de fuego, el mp3 y la armadura de piel de dragón hecha a medida (aunque ahora no le sirviese para nada).

Vale que la tal Johnson, Janson, Jamison le había advertido de que, una vez que él existiese, ocuparía el lugar de su antiguo yo, de ahí que entendiese la vuelta a su esquelético, considerablemente desnutrido y diminuto cuerpo de crío que todavía no ha alcanzado la adolescencia. Pero, ¿de verdad tenía que perder sus pertenencias?

Finalmente resulto que no, no las había perdido. Simplemente descansaban en el fondo de la fuente.

Tras recogerlo todo, encogerlo y esconderlo, resignado a su destino, empezó su camino hacia casa de los Durlsey.

Sólo para encontrar que no había Dursley. Ni señora Figg. Ni tienda de antigüedades en la esquina.

Y, tras más horas de las que podía recordar dando vueltas intentando averiguar que había ido mal, la policía lo había recogido pero, tras no haber podido sacar nada en claro, lo habían traído aquí.

"Harry. Han venido a verte. Te esperan en el despacho de la directora. Suerte."

Dirigiéndole una débil sonrisa a la cuidadora recoge sus cosas y, aferrando con fuerza la carta de Hogwarts en su mano, abandona la sala, sin tener muy claro todavía que demonios ha pasado.


Albus Dumbledore sonríe amablemente mientras desenvuelve un caramelo de limón, al tiempo que deja a Julie Adamson, directora de la casa de acogida por más de diez años, orgullosa propietaria de dos carreras universitarias, una en psicología infantil y la otra en trabajo social, adaptarse a la idea de que la magia existe.

"¿Señorita Adamson?"

Finalmente Julie vuelve a la realidad y rompe el contacto visual con el gato siamés que hasta hacia tres minutos era simplemente un cojín más de su sofá. Gira la cabeza hacía el anciano de larga barba plateada y vestido con excéntricas ropas de colores, que parece no tener ningún problema en romper todas las leyes de la física y, tras un par de intentos, consigue hablar.

"¿E-ese es mi cojín?"

Albus sonríe tranquilizadoramente y, con otro movimiento de varita, devuelve el cojín a su forma original.

"En efecto."

Julie parpadea un par de veces más en dirección al cojín antes de volverse de nuevo hacía él.

"Us-usted dice que es un- un-."

Antes su vacilación Albus facilita la palabra.

"Un mago, sí."

"Sí. Y- y que Harry es uno también, ¿no?"

"Así es, aunque para ser considerado un mago por completo primero necesita educarse."

"Aja, y para ello tiene que ir a esa escuela suya Hogts-hogwe-."

"Hogwarts."

"Hogwarts, de la que usted es el director."

"Correcto, señorita Adamson."

"Que es uno de los mejores colegios de magia del mundo, en el que a Harry se le ha sido concedida una plaza."

"Exactamente, todo niño mágico que supera un nivel mínimo de magia es mágicamente registrado en los archivos del colegio y invitado a asistir para su onceavo cumpleaños. Valgan las redundancias."

"Bien. Pe-pero usted pretende que Harry asista a su colegio, que tiene un periodo de duración desde el uno de septiembre hasta el treinta de junio, mientras que pasa los veranos con nosotros, ¿no?"

"Así es, no es la primera vez que lo hacemos. A lo largo de los años hemos tenido varios huérfanos que han asistido de ese modo, se dice que acuden a un colegio para niños con capacidades especiales durante la época escolar y, en los veranos, vuelven al orfanato."

"Pero esto no es un orfanato, señor Dumbretor, hace años que no existen los orfanatos. Esto es una caja de acogida, se supone que los niños pasan el menor tiempo posible con nosotros antes de ser llevados a un ambiente más adecuado, a un hogar."

"Lo entiendo señorita, pero tiene que comprender que la situación del joven Riddle es especial. Además, sólo pasará un par de meses aquí, los diez meses restantes los pasará en Hogwarts y, créame, puede que Hogwarts sea un colegio, pero la mayoría de los alumnos acaban considerándolo un segundo hogar."

La señorita Adamson frunce el ceño, obviamente no muy de acuerdo con la situación así que, sin más remedio, Albus agita ligeramente su varita, ayudando un poco a su causa.

"Tiene razón director, estoy segura de que podremos arreglarlo. Además, ¿qué mejor ambiente para criar un mago que rodeado de otros magos?"

"Eso mismo pienso yo, señorita Adamson. Y ahora, ¿qué puede contarme del joven Riddle?"

"Muy poco, la verdad, parece tener algo de amnesia. Llego aquí la semana pasada, lo trajo la policía, dicen que iba vagando por Surrey a las tantas de la noche sin rumbo alguno, con unas ropas enormes y maldiciendo de tanto en tanto. Cuando al día siguiente hable con él me dijo que no sabía como había llegado a Surrey, que no tenía padres y que ni tan siquiera sabía cual era su nombre completo, que simplemente le llamase Harry. No fue hasta que llego su carta que pareció recordar que su nombre completo era Harrison Riddle, aunque, la verdad, no parecía muy feliz con ello. Y después, bueno, es un buen niño. Es amable, ayuda con las tareas, juega con los pequeños y le encanta dibujar, y es muy bueno en ello, realmente bueno. Oh, y tiene un ligero acento americano, pero casi imperceptible."

Albus muestra su mejor sonrisa, esas noticias sobre Harrison Riddle siendo un buen chico y el tono encariñado de la mujer es completamente opuesto a la opinión sobre otro Riddle de la señora Cole más de cincuenta años atrás, quizás se hubiese puesto paranoico por nada. Al fin y al cabo, el apellido Riddle es bastante común entre muggles.

"¿Y de su familia?"

Llaman a la puerta.

"Lo único que parece saber es que sus padres murieron cuando él era muy pequeño, y que no tiene a nadie más en el mundo. Adelante."

La puerta se abre y entra un niño con rebelde cabello azabache y gafas, y si no fuese porque Albus Dumbledore sabe que tiene once años, hubiese jurado que no tenía más de ocho. De todos modos su sonrisa se agranda, resemblanzas con Tom a primera vista cero, cierto que el cabello es casi del mismo tono pero, si el pequeño se parece a alguien, sin lugar a dudas es a un Potter, aunque ni el joven James tiene el cabello tan agitado.

"Pasa Harry, cariño, este es el Profesor Dumbletore, director de Hogwiirtsen."

Albus ríe divertido al nombre y ve al muchacho también sonreír.

"Albus Dumbledore, director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un placer conocerlo señor Riddle."

"Lo mismo digo, señor."

La sonrisa que le dirige el pequeño le quita diez años de encima al anciano, es una sonrisa sincera, y le confirma que no había necesidad de preocuparse, que este Riddle no tiene nada que ver con el otro Riddle.

Sin embargo, no puede evitarlo y, solo por seguridad, intenta meterse en la mente del niño, sólo para encontrar unos tremendos escudos. Rápidamente se retira de la mente de su futuro alumno, que parece no haber notado la intrusión. Curioso, ¿un natural?

"El Profesor Dumblebore ha venido a explicarte todas las dudas y preguntas que puedas tener respecto a la magia y el colegio, así como para llevarte a Drigon Alley, donde podrás conseguir todo lo que necesites. Eso es claro, si quieres asistir porque, ¿sigues queriendo asistir a Hogwerts, Harry?"

"Oh, sí, Julie por favor, déjame ir." Los ojos del pequeño abandonan a Albus y se vuelven hacia la directora de la casa de acogida, suplicantes.

"Claro que puedes ir cielo, si eso es lo que quieres. Pero, ¿no tienes ninguna pregunta que hacerle al director primero?"

El niño parece dudar antes de hablar, pero finalmente reúne el valor necesario.

"Verá profesor, dada mi situación actual, huérfano, sin familiares conocidos, no poseo mucho dinero, más bien, no poseo dinero alguno. Y, bueno, me preguntaba como-."

Notando la incomodidad, Albus interviene.

"No te preocupe por ello mi muchacho, la escuela tiene un fondo especial para situaciones como esta. Cierto que no es suficiente para comprar un caldero de oro o un telescopio de plata pero, si te organiza bien, incluso te sobrará dinero para algunos caramelos de limón."

Él muchacho hace una medio mueca ante la mención de los dulces, pero Albus pasa el hecho completamente por alto, acostumbrado como está a ver esa reacción en muchos que lo conocen, simplemente sonríe y espera más preguntas. Más preguntas que no llegan.

"¿Ya está señor Riddle? ¿No tiene más preguntas?"

"No señor, ¿para qué explicármelo, si puedo vivirlo?"


31 de Julio de 1991.

Diagon Alley.

Londres. Inglaterra.

Su llegada a Diagon Alley fue tan espectacular como cabía de esperar, dado que iban con portkey. Bueno, al menos para cualquiera que conociese el modo de viajar de Harry, lo cual, en esos momentos, se limitaba a él mismo.

Albus Dumbledore, junto con medio callejón más, sin embargo, se había quedado paralizado al ver que el joven con el que llegaba no solo había sido incapaz de mantener el equilibrio, como era habitual incluso para magos acostumbrados a ese medio de transporte, sino que, de algún modo, había acabado lanzado por los aires a tres metros de distancia.

Para cuando Albus vuelve a la realidad, Harry ya se ha levantado y golpea con fuerza sus pantalones, intentando quitar el polvo y suciedad que han adquirido durante el aterrizaje, mientras que maldice entre dientes a los medios de transporte mágicos

"Vaya muchacho, juro por Merlín que nunca había visto a alguien reaccionar tan mal a un portkey."

"Ya bueno, soy propenso a los accidentes." Lo dice sin detenerse a pensar, aunque probablemente esa no sea la forma más adecuada de actuar ante Albus Dumbledore, pero es que viajar en portkey siempre le pone de mal humor y, el mal humor le suelta la lengua. Sin embargo, no tarda en olvidarlo todo cuando ve Diagon Alley.

Está magnífica, no recuerda haberla visto nunca tan radiante, tan llena de vida y, más aún, si la compara con la última vez que la vio, medio en ruinas, medio consumida por el fuego, y llenan de cadáveres. Cierra los ojos y agita la cabeza con fuerza alejando las imágenes de un pasado/futuro que todavía no han ocurrido y que, con un poco de suerte, nunca ocurrirá.

"Bienvenido a Diagon Alley, señor Riddle." Dumbledore pone un brazo por encima de sus hombros y empieza a guiarlo hacía el interior de la calle. "Nuestro primer destino, Gringotts, el banco de los magos, donde abriremos su cuenta."

Generalmente un trayecto como ese hubiese costado unos minutos, diez como mucho. Harry lo ha realizado suficientes veces para saber que, por muy plagado que este Diagon más de quince minutos no duraba nunca el trayecto al banco. Pero, de algún modo, les había costado más de cincuenta minutos el simple hecho de llegar al pie de las escaleras de entrada.

En realidad el motivo era bien simple: uno no puede esperar ir por la calle con el gran Albus Dumbledore y que nadie le pare para saludarle, felicitarle y/o consultarle algo.

He ahí algo bueno que había traído este extraño pasado/futuro y su existencia como Riddle: que nadie le reconociese, ni a él, ni a esa estúpida cicatriz en su grente. Como había comprobado hoy una y mil veces cuando la gente le echaba un vistazo y luego se limitaban a ignorarlo, a pesar de tener la cicatriz claramente visible en su frente. Aunque, en verdad, dudaba que fuese una buena señal, porque eso significaba que algo completamente distinto había pasado en esta línea temporal. Lo que estropeaba ligeramente sus planes.

Pero Harry se ve súbitamente sacado de sus pensamientos al ver a una de las últimas personas que jamás pensó en volver a ver o más bien, ver en absoluto. Pelirroja, con sus mismos ojos color esmeralda y una sonrisa radiante en el rostro, baja por la escalinata, su madre.

Su corazón empieza a latir frenético en su pecho, y una sonrisa se dibuja en su rostro ante las probabilidades. ¡Merlín su madre está viva!

"¡Severus! ¡Lilian! ¡Qué bueno veros!" Exclama Dumbledore a su lado, sacándolo de la ensoñación. "Y la pequeña Eileen, ¡feliz cumpleaños! ¿Deseosa de empezar Hogwarts?"

Y es entonces que Harry ve la imagen completa. Ve el brazo de Snape rodeando los hombros de su madre, y ve que su madre tiene cogida de la mano a una niña pelirroja de unos once años.

Será un futuro nuevo, con un tú diferente, con una vida completamente distinta, que no será para nada como la tuya.

Para nada de hecho, porque si su madre se había casado con Snape, si había tenido una hija tal día como hoy preparada para empezar su primer año en Hogwarts, él ni tan siquiera había sido concebido.

Respira hondo, procurando no hiperventilar, 'Mira la parte positiva,' se repite 'al menos, ella ha sobrevivido esta vez.'

"Harrison, permíteme presentarte al Profesor Snape, que enseña pociones en Hogwarts y, a la profesora Snape, encargada de la electiva de Estudios Muggles. Y, a la encantadora, señorita Eileen Snape, que empezará también este año su formación en Hogwarts."

Sonríe vagamente y, a duras penas, consigue apartar los ojos de su ma- profesora Snape. Merlín hasta en su mente suena raro.

"Albus. Tenía entendido que el profesor Slytherin era el responsable de los muggleborns esta semana."

"Oh sí. Pero el pobre Tom tenía asuntos muy importantes que atender esta mañana, y a mí me da la sensación que mi relación con los alumnos es prácticamente inexistente con todo mi trabajo de despacho así que me he ofrecido voluntario para sustituirlo." La sonrisa de Dumbledore es tan brillante como siempre, al igual que el centelleo de sus ojos, no obstante hay algo extraño que consigue devolver a Harry por completo a la realidad.

"Bueno Albus, si queréis uniros a nosotros en el trayecto por Diagon Alley o, si te surge algún imprevisto, hemos quedado con Frank y Alice en Florean Fortescue para ir juntos a comprar lo de Neville y Eileen." Ante el tono suave de la voz de su ma- profesora Snape, una estúpida sonrisa vuelve a dibujarse en el rostro de Harry y no es hasta más tarde que el significado de sus palabras es correctamente procesado. ¿Frank y Alice? ¿Frank y Alice Longbottom? ¿Qué demonios había pasado en esta línea temporal?

"Señor Riddle, si firma aquí, habremos acabado." Harry levanta la cabeza, saliendo de su ensimismamiento, dándose cuenta por primera vez que se encuentra ante un goblin, por una milésima de segundo se plantea requerir la presencia de Bert pero acaba descartándolo a porque Dumbledore está su lado, b porque en esta línea temporal aún no le conoce y c porque probablemente siga en la sede de Nueva York y, si hay alguien que odie los portkeys más que él, ese es Bert. Así que firma sin más, resignado a continuar con la farsa un poco más. "Muchas gracias por su confianza señor Riddle."

"Esperemos que nuestra alianza dure muchos años." Responde Harry automáticamente sin pararse a pensar que Albus Dumbledore sigue a su lado, que es una frase tradicional Goblin y que supuestamente no conoce en esta línea temporal. El goblin le inclina la cabeza en reconocimiento mientras que los ojos del anciano se fija a fuego en él. Harry se limita a sonreír inocente.

"Y ahora profesor Dumbledore, tenemos que hablar sobre usted sabe qué, usted sabe dónde."

Los chispeantes ojos azules siguen fijos en Harry por unos segundos antes de volverse hacía el goblin.

"¿No podría esperar un par de horas esa charla? Tengo la responsabilidad de acompañar al joven Riddle en su viaje por Diagon Alley y-."

"No se preocupe por mí señor, entiendo que es un hombre ocupado y tiene muchas responsabilidades." Interviene Harry. "Además, estoy seguro que me las podré apañar por mí mismo y, si no, siempre puedo pedir ayuda a los profesores Snape que también estarán por aquí." Ofrece su sonrisa más responsable. "Muchas gracias por todo, señor." Se levanta, inclina una par de veces la cabeza respetuosamente y se da la vuelta, dispuesto a salir de allí antes de volver a meter la pata, al fin y al cabo, una retirada a tiempo es una victoria, ¿no?

"Señor Riddle." La voz de Dumbledore le detiene a pocos pasos de la puerta. Tan cerca y tan lejos a la vez. "No olvide esto."

Cuidadoso Harry coge la vieja pluma medio deshilachada.

"¿Gracias?"

Albus ríe al tiempo que agita el pelo del muchacho, fijándose por vez primera en la extraña cicatriz en forma de rayo en su frente.

"Es un portkey, que le devolverá a la casa de acogida, solo tiene que decir el nombre de la amable directora."

"Oh, gracias. Pero me parece que cogeré el metro. No creo que este sea el método de viaje más seguro para mí."

Albus vuelve a reír, al tiempo que ve a Harrison Riddle desaparecer por la puerta, no ya tan seguro de que sea completamente inofensivo.



Creo que había gente que no se esepraba este firo en la historia, pero de verdad, a mi me parece que el plot es bastante original, sobretodo en español, así que por favor, dadle una oportunidad.

Por lo demás, solo puedo decir que estoy escribiendo.

Se os quiere, y mucho más si dejáis reviews.

Besos,

Zay.