Disclaimer: Nada de lo que puedan reconocer me pertenece.
Título: Efecto mariposa.
Autora: Zayde.
Resumen: La misión de Harry Potter es sencilla: Eliminar a Tom Riddle antes de que se convierta en Lord Voldemort. Pero cuando Harry esta por el medio, las cosas tienden a complicarse.
Parejas: Harry/Tom. (Es el propósito mismo de esta historia.)
Advertencias: Time Travel, Slash...
Gracias a McGo, Yoli, Alexander Malfoy Black, Maria, angel de acuario, Dizashe, Kathy Sacuba y aki159, que dejaron un review.
Siento el retraso (ya ves Kathy, a veces no funciona). Pero es que no me acababa de decidir con el capítulo, al final lo he divido en dos y aún así no estoy feliz de como ha quedado. Con un poco de suerte, el siguiente no, el otro, sin tanto salto y mucho más concreto y ya en la trama será mejor.
Lo del viaje en el tiempo se medio explicara con un poco de suerte en el siguiente capítulo.
5. Hogwarts.
-.-.-.-.-
1 de Septiembre de 1991.
Gran Comedor.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
Mientras que la fila avanza a Harry le parece oír el 'es un hechizo, lo he leído en Historia de Hogwarts' de Hermione. Y no puede evitar lamentarse, una vez más, de no haber tenido ocasión de encontrarla en el tren. O el no haberse sentado con Ron.
Aunque ahora conoce mucho más de Hannah Abbot y de una tal Janet Rickman, de la que ni siquiera había oído hablar antes. Y, desde luego, sabe muchísimo más de lo que jamás le hubiese gustado saber de Justin Flinch-Fletchley.
Pero es cuando todos los primeros años se ponen en fila delante del colegio que sus sospechas se ven confirmadas. Este año hay mucha más gente que en su primer año. Bueno, técnicamente este también es su primer año, pero el primer primer año había menos primer años.
Wow, esa frase había sonado confusa hasta en su propia cabeza. Pero es que eso del viaje en el tiempo aún era un tanto… bueno, confuso.
La cuestión es que, mientras deliberaba que en su segundo primer año había más gente que en su primer primer año, el sombrero había acabado de cantar la canción y la Selección había empezado. Y, aunque ser seleccionado se supone que es un proceso bastante emocionante, Harry no podía evitar encontrarlo bastante tedioso, probablemente porque era su segunda vez. O, simplemente, porque era tedioso.
Desviando la mirada del sombrero la deja vagar por encima de las casas, lo que corrobora su primera impresión que en este, su segundo paso por Hogwarts, hay bastantes más alumnos que la primera vez.
Desde luego, fuese lo que fuese lo que había cambiado, había aumentado la natalidad.
Exceptuando la suya claro, pues él jamás había llegado a nacer en este mundo. O eso creía, aún no tenía muy claro ese punto.
De pronto, alguien le da un empujón hacia delante. Molesto, más que nada por su propio despiste, se empieza a dar la vuelta, dispuesto a dirigirle a quién sea que haya sido su más gélida mirada cuando, una muy irritada Minerva McGonagall prácticamente grita.
"¡¡Harrison Riddle!!"
¡Ups! Su gélida mirada se transforma en una sonrisa ante la sonrojada cara de Eileen Snape.
"Gracias." Susurra a la pelirroja.
"¡¡HARRISON RIDDLE!!" Toda pretensión de paciencia desaparecida en McGonagall.
Tranquilamente, como si lo más normal fuese que nadie respondiese hasta la quinta llamada, Harry avanza hasta el taburete, se sienta y permite que McGonagall le ponga el sombrero.
En los primeros diez segundo no ocurre nada, no hay vocecita alguna en su cabeza.
En los diez segundos siguientes el sombrero no deja de moverse, como buscando una posición más cómoda.
Y es en los diez segundos posteriores que Harry recuerda que tiene sus barreras de Oclumencia al máximo y, la idea de que tal vez esa sea la causa del silencio, se le pasa vagamente por la cabeza.
Pero, no es hasta que en los diez segundos que le siguen a los anteriores en los que el Sombrero se pone a toser con una frecuencia alarmante que Harry se decida a bajar sus defensas mentales.
"Al fin, pensaba que iba a tener que pedirte ante el colegio entero que bajases tus escudos mentales. Bastante impresionantes, por cierto."
"Gracias. Lo suyo costaron."
"Sí, ya lo veo."
"No es necesario que rebusques tan afondo entre mis memorias, ¿sabes? Sólo grita: '¡Gryffindor!' Y todos felices."
"Veo que tu paciencia no ha mejorado con los años."
"Y yo veo que la tuya sigue siendo interminable."
"Gracias."
"No era ningún halago."
"Estoy en tu mente, soy consciente de ello."
"Olvidemos las ironías de que un sombrero sea consciente."
"Es necesario que te recuerde que de mí dependen los próximos siete años de tu vida."
"Sólo intento ahorrarte trabajo. Ya me seleccionaste una vez, porque volver a hacer todo el trabajo. Sólo tienes que mandarme con los Gryffindor."
"No es tan sencillo, Harrison Riddle, has cambiado."
"Es Harry Potter."
"No, no lo es. Te cambiaste el nombre de una forma no muy legal pero definitiva, ni el veritaserum te hará confesarlo ni ningún hechizo revelará tu antiguo nombre. Muy inteligente en aquel momento y muy conveniente en este, con los que fueron tus padres vivos."
"Sí, pero un nombre es un nombre, y el que me apellide Riddle no me hace menos Griffindor, ¿no?"
En ese momento, un leve retumbe suena en sus orejas, y el Sombrero tiembla ligeramente sobre su cabeza. No hace falta ser un genio para darse cuenta que se está riendo de él.
"Ya te vale, ¿no?"
"Gryffindor, Gryffindor, ja ja, un Gryffindor, ¿tú?"
Harry deja que un suspiró escape sus labios, resignado a que un Sombrero milenario se ría de él.
Disimuladamente lo levanta un poco y mira la hora, ¿tres minutos ya? Joder, ¡ahora seguro que no batía a Malfoy! ¡Estúpido sombrero!
"Sólo con lo que te ha costado bajar los escudos ya habías perdido, Harrison."
"Pero interiormente yo sabría que le había ganado."
"Igual si no te hubieses puesto a hacer preguntas estúpidas…"
"Perdona, pero he sido un Gryffindor toda mi vida así que, ¿por qué debería de dejarlo de ser ahora?"
"Oh, venga. Deja de mentirte a ti mismo. Te lo dije la primera vez, Slytherin es tu camino."
"Mi camino a la grandeza. Pero yo no quiero ser grande. Yo quiero ser Harry."
"¿Y quién es Harry?"
"Yo soy Harry."
"No, no lo eres. Ya no, si es que alguna vez en verdad lo fuiste.. El Harry Gryffindor murió muchos años atrás en los terrenos de este mismo colegio. Murió cuando te diste cuenta que no hay que confundir valentía con temeridad, porque te lleva a la muerte. Murió cuando dejaste de distinguir entre magia blanca y negra y solo viste la magia. Murió cuando aprendiste que no hay que luchar por los que ya no están, sino por los que quedan. Murió cuando tú decidiste que merecía la pena vivir. Harry Potter murió entonces. Harrison Riddle apenas empezaba a vivir. Aunque tardaste meses en hacerlo oficial, Harry Potter dejo de existir ese día."
Esta vez no hay replica para el Sombrero que sigue rebuscando entre la memorias del joven.
"Eso todavía no ha pasado." Responde este al fin.
"Tal vez no a Hogwarts, tal vez no a sus habitantes y, tal vez, nunca pase en absoluto. Pero tú sí que lo has vivido. No puedes esperar que todo vaya como fue. En primer lugar, porque el pasado ya no es lo que era. Y, en segundo, porque ni tú eres aquel onceañero tembloroso que desesperado por ser aceptado me pidió que no le pusiese en Slytherin, ni la gente de ahora es como la gente de entonces."
"Esa es otra cosa que no entiendo, ¿cómo puede ser que tantas cosas sean diferentes?"
"Porque aquí nunca hubo Primera Guerra, Harrison. SLYTHERIN."
"¿Qué? ¡NO! Espera-."
Pero McGonagall ya le ha quitado al Sombrero y le señala la mesa de la entrada.
"Ven a verme cuando quieras, Harrison." Susurra aún el anciano artilugio.
Por un breve instante Harry se plantea arrebatarle el Sombrero a McGonagall, pero recapacita y, dándole su mejor sonrisa inocente, se da la vuelta y se dirige hacía su nueva casa.
Y, de algún modo que no acaba de comprender, acaba sentado entre Draco Malfoy y unos gemelos de cuarto año que le resultan vagamente familiares pero no acaba de ubicar, eso es claro, hasta que, durante la cena, sale el 'tema'.
"Millicent Bulstrode, mi padre es Aaron Bulstrode, trabaja con los innombrables. Mi madre es Elisabeth Bulstrode-Alderton. Pureblood, desde luego." Y eso hace quince purebloods de quince. Mmm, las estadísticas pintan bien.
"Malfoy."
"Draco Malfoy. Mi Padre, Lord Lucius Malfoy, es el Consejero del Ministro de Magia. Madre, Narcissa Malfoy-Black. Pureblood."
Dieciséis de dieciséis y Harry no necesita levantar la mirada para ver la cara pagada de Malfoy. ¿Y tiene qué convivir con esto por siete años?
"¿Black? ¿Cómo con Sirius Black?" Eso sí capta su atención ves, un poco de información de cómo le iba a su padrino en este tiempo no le vendría nada mal.
"No." Interrumpe uno de los gemelos. "Black, como en Bellatrix Lestrange-Black. Si ese traidor a la sangre sigue de cabeza de la familia es por culpa de todos sabemos quién." A pesar de la similitud entre Todos Sabemos Quién y Tú Sabes Quién, Harry duda que se estén refiriendo a Voldemort. "¿Algún problema con ello?"
El niño se disculpa, o al menos eso supone Harry, pero la verdad es que ha dejado de prestarle atención. Acaba de darse cuenta a quien se parecen los gemelos. ¡Merlín! ¡Pero si son una copia idéntica a Rodolphus Lestrange!
Sus ojos se abren con la realización y un escalofrío recorre su cuerpo, ¡Bellatrix había tenido hijos! ¡Oh Circe! Iba a tener pesadillas por días.
"¡Riddle!"
A penas consigue detenerse antes de sacar su varita y ponerle en la yugular del Lestrange que acaba de gritar a su lado. Disimuladamente aumenta la distancia entre ellos, aunque eso sólo consigue acercarlo a Malfoy pero bueno, como dicen, más vale malo conocido que malo por conocer. O algo así.
"Preséntate."
"Harrison Riddle." Diría un place pero, ¿por qué mentir?
"¿Y?"
"¿Y?" Repite.
"Padres."
"No tengo." Eso es técnicamente cierto, ¿no?
"Tu acento no es de por aquí, ¿eres de fuera del país?" Vaya un séptimo año interesado en él, ¿debería sentirse halagado?
"He vivido mucho tiempo en América."
"¿Sangre?"
"A Rh Positivo."
"¿Cómo?" Son tan fáciles de confundir los magos de hoy. "¿Positivo como en pureblood?"
"No. Positivo como que tengo el antígeno D en la membrana de mis glóbulos rojos."
"¿Entonces eres un pureblood?"
Y sabe que está firmando su condena, pero no podía importarle menos, tampoco es que la sentencia no estuviese ya dictada.
"¿Acaso luzco como un pureblood?" Nadie responde claro, la valentía nunca fue un rasgo característico de las serpientes. "No, por supuesto, yo conozco mil cosas más interesantes que hacer con una escoba que tenerla estacada por el culo. Soy un mudblood, muchas gracias."
Y vuelve a su cena, apretando el play en su reproductor mp3, desconecta completamente de su alrededor.
Sin embargo, la mayor sorpresa de la noche estaba aún por llegar, y es mucho más escalofriante que la idea de Bellatrix haciendo 'cosas'.
No, desde luego que no fueron las ligeras (y no tan ligeras) maldiciones mandadas en su dirección, y que él fácilmente esquivo con casuales pasos de baile, porque a) eso era esperable y, b) su puntería dejaba mucho que desear, sinceramente.
No, su sorpresa vino ya en la sala común, esperando al cabeza de la casa Slytherin. Porque cuando levanto la cabeza esperando encontrar a Snape, con el pelo corto y no grasiento, pero Snape al fin y al cabo, se encontró a alguien completamente diferente.
Concretamente a un individuo moreno, con ojos rojos y luciendo extrañamente apenas en la treintena.
¿Qué demonios estaba haciendo Tom Riddle allí?
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2 de Septiembre de 1991.
Aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
En realidad no tenía porque sorprenderse de que compartiesen esa clase con los Gryffindor, si Dumbledore se lo hacía a Snape, ¿por qué no iba hacérselo a Riddle? Total, cuando más pronto se matasen los unos a los otros, mejor, menos trabajo para luego.
"Ya verás, el profesor Slytherin empezará hablando parsel." Comenta un miembro de la casa del león a otro, en lo que probablemente el cree que es un susurro pero que es fácilmente audible incluso para Harry, sentado en el extremo más alejado posible.
"¿Parsel?"
"La lengua de las serpientes. Se dice que sólo de oírlo se te ponen los pelos de punta, la respiración se te entrecorta y la sangre se te hiela en las venas. Pero el director se lo permite porqué es el único modo de comprobar si hay más descendientes del mismísimo Salazar Slytherin, como él."
"¿Por qué?"
"Por nada que puede importante a una mudblood como tú, o un traidor a la sangre como Wadcock, no más halla de la piel de gallina, claro. Porque un Slytherin en Gryffindor, ¿dónde se ha oído eso?"
Harry rueda los ojos ante sus niñerías, él no recuerda nunca haber sido tan crío, mentalmente, quiere decir, físicamente sí claro, y lo suyo le costo crecer sobre ello.
Y lo suyo le costará volver a hacerlo.
En ese momento Riddle entra.
Y, igual debería dejar de llamarle Riddle de ese modo, aunque lo haga únicamente en su cabeza, porque maldita sea, ahora mismo él también es un Riddle. Y, conociéndose, acabará confundiéndose.
¿Tom? Demasiado familiar.
¿Voldemort? Demasiado arriesgado.
¿Mylord? '¿Qué mierda te has tomado con el desayuno, Harry?'
Sin embargo no acaba de decidirse porque Riddle en ese momento empieza a hablar. Y en parseltongue, como el tal Wadcock había dicho. Harry lo sabe, principalmente por el salto que da la clase nada más empezar y por los estremecimientos que recorren a algunos y, porque la necesidad hizo hace tiempo que Harry aprendiese a leer los labios y, lo único que puede leer ahora mismo, es 'Ssssssss sssss sssssss ssssssss'. Él no reacciona, como si no entendiese.
Aunque eso no evita que sí pueda escucharlo.
"Cuando mil años atrás se creo Hogwarts, el gran Salazar Slytherin tenía sus reservas sobre la asistencia de mudbloods a su escuela. Por ello, ideó un método para que sus descendientes pudiesen libarse de ellos. Con ese noble fin creó la…"
Harry no podía creerse que, de tantas cosas que podía decir, contase la historia de la Cámara de los Secretos.
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17 de Octubre de 1991.
Despacho de Albus Dumbledore, director.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
"Ese chico es incapaz de seguir la instrucción más sencilla."
"Vamos, Tom, no exageres. A mi me pareció un chico muy despierto, como otro Riddle hace más de cincuenta años atrás. Casi diría que es cosa de familia."
Tom se muerde la lengua, evitando el comentario mordaz, tras más de un mes a las sutilezas del viejo de sutilizas le quedan poco, cualquier día le estos le diría que no tenía que ser tan exigente con su hijo, ilegítimo o no. Y ese día Tom saltaría, y habría suerte si no había derramamiento de sangre.
"A pasado un mes y sigue sin ser capaz de coger la varita a derechas."
"¿De verdad? Curioso, Filius dice que en su clase es bastante diestro, que siempre consigue los hechizos antes del final de la clase. Tal vez tu presencia le pone nervioso, no presionaras demasiado al pobre niño, ¿verdad?"
¿Presionar? Presionar, presionaría cuando pudiese poner sus manos alrededor del cuello de ese mudblood y… Respira hondo, alejando esos pensamientos para un momento posterior, preferiblemente más alejado del anciano.
"¿Y que hay de su ropa?"
"¿Qué ocurre con ella?"
"¡Nunca lleva el maldito uniforme! Siempre va vestido con esas… ropas… muggles." El viejo tiene la osadía de reír por lo bajo.
"Hablaré con él, el uniforme es obligado para ir a las clases. Me extraña que nadie me haya informado antes."
"No, si para clases es para lo único que lo lleva puesto, pero en cualquier otro momento, las comidas, los pasillos, sábados, ¡nunca lo lleva!"
"¿Pero para las clases sí?" Siiii. "Entonces me temo que no puede decirle nada, es un ligera laguna en el reglamento escolar, de la que pocos alumnos llegan a percatarse. Astuto muchacho." Los ojos de Dumbledore centelleantes, y la sonrisa divertida claramente en su rostro.
"Pues hay que cambiar esa ligera laguna." El niñato no puede seguir saliéndose con la suya.
"¿Por qué? Por un alumno cada que, ¿cien años? ¿Con todo el papeleo que comporta? Mejor, simplemente reconocerles el mérito y dejarlo que lo disfruten. Además, tú mismo lo has dicho, 'maldito uniforme', todos lo odiamos. Es tan negro." El anciano abre su cajón y saca una carpeta. "Por ello he estado mirando unos nuevos diseños un poco más coloridos que…"
¡Oh, Merlín! ¿Dónde se había metido?
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21 de Diciembre de 1991.
Pasillo del Ala Este. Séptimo Piso. (Justo delante de RoR).
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
"Pero mira a quien tenemos aquí." Harry se quita un auricular, más por costumbre que por educación. "El pequeño huerfanito que no tiene donde ir a pasar las fiestas."
"Por no tener, hermano mío, no tiene ni donde caerse muerto."
Harry sonríe amargamente, los chistes de huérfano han perdido la gracia con los años y, lo de muerto, para él, hace tiempo que dejó de tener sentido.
"Mira pues, los Lestrange al cuadrado y su séquito real, ¿a qué debo tal honor?"
"Venimos a traerte tú regalo de navidad." Reafirman sus varitas en sus manos. "Una larga estancia en la enfermería."
No han acabado de hablar cuando los primeros hechizos ya vuelan hacia él o, más bien, hacía donde había estado. Porque Harry ya se ha movido y a sacado una de sus varitas.
En un intento de darle emoción a la cosa, se acerca a sus atacantes, para aumentar el riesgo de que le den, para tener que aumentar su velocidad de reacción.
Pero aún así, no tarda en aburrirse.
Ni cinco minutos después de que el ataque haya empezado Harry ya ha decidido que ha llegado el momento de ponerle fin.
Levanta su varita y con un poco de concentración consigue que los hechizos se congelen.
Y, con ello, aunque no es cosa suya (al menos directamente) se quedan paralizados sus atacantes.
Un simple giro de muñeca y los hechizos se desvanecen en el aire; otro, y las varitas sales disparadas de sus manos.
"No, gracias. De momento lo estoy haciendo bien sin Poppy, claro que, ¿si queréis que os devuelva el favor?"
A pesar de su tono inocente, los Slytherin, recuperados del shock, parecen decidir que es mejor poner tierra de por medio, mudblood o no, y salen corriendo.
La sonrisa de Harry mientras niega divertido y se hace un leve corte en la mano, hubiese podido rivalizar con la más sádica de Voldemort.
Con su mano pringada de sangre toca su colgante y desaparece.
Sólo para aparecer a los pies de las escaleras, bueno a dos metros sobre el pie de las escaleras, pero en eso de los aterrizajes de altura ya es un experto, y aterriza limpiamente justo en el mismo momento en el que sus, hasta hace un momento atacantes, llegan.
"¿Có-cómo has hecho eso?"
"Magia." No trata de evitar el tono divertido que llena sus palabras.
Sin embargo, una suave risa escapa irremediablemente de sus labios cuando al dar él un paso adelante los Slytherin dan dos hacia atrás.
Cobardes.
"Pero tú sólo eres un asqueroso mudblood."
"A estas alturas deberías haber aprendido que no es sabio insultar a aquel con la varita, Stiller, que puede enfadarse y hacer cosas muy malas."
"¿Qu-qué vas a hacernos?"
"Mmm." Harry finge pensar profundamente. "¿Qué tal si os concedo el regalo que teníais previsto para mí? Una larga y dolorosa estancia en la enfermería."
Hace otro leve movimiento don la varita, y los siete caen inconscientes al suelo. Lástima que no pueda llevar a cabo su amenaza, levantaría demasiadas sospechas. Con otro movimiento de varita modifica sus memorias.
Después, sencillamente, se da la vuelta y vuelve hacía el cuarto de requisitos, eso difícilmente ha contado como precalentamiento.
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12 de Febrero de 1992.
Sala de profesores.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
"Minerva." McGonagall se detiene y voltea hacia el director, solo quedan ellos en la sala.
"¿Si Albus?"
"¿Qué opinas del joven Riddle?"
"¿Mágica, académica o personalmente?" No necesita preguntar en verdad, Albus lo quiere saber todo del muchacho, es obvio que el niño le preocupa, es obvio desde que insistió en ir él a recogerlo e introducirlo al mundo mágico él mismo.
"Todo, por favor Minerva."
"A primera vista, mágicamente, no llama la atención más que cualquier otro primer año-."
"¿A primera vista?"
"Si me dejas acabar… A primera vista no tiene más poder del que sería habitual para un mago de once años pero, la magia para ese niño parece ser algo tan sencillo como respirar. No le he visto tener que esforzarse para hacer ninguna transformación, aún así, no suele acabar hasta casi el final de la clase o, curiosamente, cuando amenazo con un poco de trabajo extra." Aquí Minerva hace una pausa, dejando a Albus digerir lo que acaba de decir.
"Sus notas no parecen demostrarlo."
"Soy consciente. Pero eso es porque, en lo académico, sencillamente, no se esfuerza. Sus trabajos son aceptables, demuestran comprensión de la materia y capacidad de aplicación de esos conocimientos más allá de lo que cualquier primer año, Timo o Extasi sería capaz. Su comprensión de la magia es simplemente asombrosa. Pero parece empeñado en mantener un perfil bajo."
"Y eso te preocupa."
"La verdad es que eso es lo que menos me preocupa. Mucho más preocupante me parece la interacción con sus compañeros."
"¿Abusa de ellos?" Los ojos de Albus, más fríos de los que Minerva los ha visto nunca se encuentran con los suyos.
"¡No! Más bien al revés. ¡Merlín Albus! Es un niño en un nido de serpientes, ¡literalmente! Un muggleborn en Slytherin, es increíble que no se pase la vida en la enfermería. Y, lo peor Albus, es que lo sabes y no haces nada por solucionarlo. ¿O es que acaso no te has dado cuenta de que no asisten a ninguna comida en el Gran Comedor? ¿O el modo en que se mueve, cómo si en cualquier momento alguien se fuese a lanzar sobre él? ¿O qué simplemente desaparece al final de las clases para que nadie vuelva a verlo hasta la mañana siguiente?"
Albus no responde y Minerva, por primera vez, se enfada con él y le discute algo.
"Él no es Tom, Albus. Pero si sigues tratándolo así, tal vez se convierta en uno."
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18 de Abril de 1992.
Pasillo del séptimo.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
Es sábado, y hay visista a Hogsmeade, lo que significa que Hogwarts está prácticamente vacío.
En realidad, Harry podría jurar que no hay alma viviente más allá de la suya vagando por los pasillos porque, por primera vez, a podido hacer el recorrido Cuarto de Requisitos-Cocina y Cocina-Cuarto de Requisitos sin toparse con nadie y sin necesidad de desviarse por ninguno de los muchos atajos que conoce.
Cuando, como siempre, su mirada se voltea hacia los terrenos al pasar por los grandes ventanales que dan al lago, esta dispuesto a jurarlo sobre fuego. Porque en verdad parece que todo alumno sin permiso de ir a la villa mágica está ahí fuera.
Si se fija incluso le parece distinguir el cabello pelirrojo de Ron, el castaño revuelto de Hermione, el casi rubio de Neville, el rizado de Dean, el rubio de Lavender… Y el de tantos otros.
Una sonrisa amarga se dibuja sin quererlo en sus labios, y en el pecho el corazón se le oprime.
Se les parecen, algunos son casi copias idénticas pero, aunque se llaman igual no hay duda, no son sus amigos.
Y es injusto.
Cierra los ojos, intentando evitar que las lágrimas caigan, alejando los malos pensamientos.
'Míralos.' Se dice. '¿Algunas vez les habías visto tan felices?'
No se responde porque, en realidad, no necesita responderse.
Obviamente el mundo esta mucho mejor sin él.
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26 de Junio de 1992.
Despacho de Albus Dumbledore, director.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.
"No Tom."
A Tom ni tan siquiera le ha dado tiempo a abrir la boca antes de la abrupta negativa del director. Pero, la verdad, es que no es necesario que lo haga, Albus sabe perfectamente lo que quiere.
"Ha suspendido."
"Sólo el práctico de defensa. Y su nota teórica es más que suficiente para compensarlo, ¿o me equivoco?" La verdad es que Albus empieza a pensar que el chico lo hace a propósito, con los otros profesores pasa justo al revés.
"¡Pero la teoría no es de ninguna utilidad sin la práctica!"
"De todos modos suspender un examen no es motivo para echarlo."
"Pero si lo ha suspendido no es porque el niño no haya estudiado, es porque su nivel mágico difícilmente supera el de un squib. O, ¿necesito recordarle director que esto es una escuela de magos?"
Albus se levanta y fija sus ojos azules, sin centelleo alguno, en los rojos de aquel que un día fue su alumno. Solo para ver odio y el más absoluto desprecio y, no exactamente, dirigido a su persona. En verdad parece no poder soportar al niño. ¿Cómo pudo pensar que Tom se abriría al pequeño, familia o no?
"Su nombre está en la lista de aquellos que pueden atender a Hogwarts y, mientras que así sea su deseo, aquí será bienvenido."
"¿Y qué será lo siguiente? ¿Aceptar a muggles?"
"No olvides, Tom, que entre estas paredes trabajas para mí. Y que, independientemente de lo que ocurra fuera, en Hogwarts estás obligado a cumplir mis órdenes. Pero, si no te gustan, ya sabes donde esta la puerta."
Por unos momentos los ojos de su profesor brillan con desafío pero como siempre que el tema sale cede.
"Como usted diga, director." Y simplemente abandona el despacho.
Albus una vez más queda pensativo, ¿qué le puede ofrecer Hogwarts a Tom que está dispuesto a someterse a él para conseguirlo?
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Hay que tener en cuenta: Harry ha vivido los últimos años en guerra, es normal que viva en estado de alerta permanente. Y, en cuanto a lo que el mundo está mejor sin él, jo, imagina que viajas al pasado, un pasado donde tu no has nacido, pero miles de personas que había muerto la primera vez siguen vivas, ¿qué pensarías? Y sus amigos, en verdad no son sus amigos, porque muchas cosas que les hicieron como eran simplemente no han pasado. Y que Harry se vaya volviendo más y más mordaz como Hogwarts avanza no es de extrañar, porque Harry siente que ha vuelto a casa, sólo que casa ya no es casa.
Próximo capítulo: No voy a decir el título. En principio serán el segundo y tercer año, pues hasta el cuarto no empieza de verdad la historia. Y aparecera un personaje determinante para Harry.
¿Cuándo?La pregunta del millón de dolares. No pienso actualizar hasta que no haya subido el capítulo tres de El resto de mi vida, así que...
