Disclaimer: Nada de lo que puedan reconocer me pertenece.

Título: Efecto mariposa.

Autora: Zayde.

Resumen: La misión de Harry Potter es sencilla: Eliminar a Tom Riddle antes de que se convierta en Lord Voldemort. Pero cuando Harry esta por el medio, las cosas tienden a complicarse.

Parejas: Harry/Tom. (Es el propósito mismo de esta historia.)

Advertencias: Slash. Tortura (suave). Recuerdo que Tom es un sádico bastardo, sino no nos gustaría tanto.

Siento el retraso, el próximo, no tardará tanto, la semana próxima o, como mucho, la siguiente.

Gracias a McGo, Maria, Alexander Malfoy Black, Reykou Higurashi, mimesis, kathy Sakuba (¿ya no recuerdas como conectarse verdad?), yoli, aki59, Silawe (gracias), SarissLovess, mauleta, yo mismo y de dog, que se molestaron en dejar un review en el último capítulo.

Se que dije que este resumiría el segundo y tercer año, pero se hacía demasiado largo.

No te va, no lo leas. Lo lees, te va, dejas un review.

Gracias.


6. Más Hogwarts.

1 de Septiembre de 1992.

King Cross Station.

Londres. Inglaterra.


King Cross estaba, como siempre en esa fecha, atestada, ante lo que Harry no puede evitar un suspiro resentido mientras se abre paso a codazos entre la muchedumbre presente en la estación, y eso que apenas son las diez de la mañana.

Una vez en el tren se dirige directamente a su compartimento, aquel en el que encontró a Remus tantos años atrás, el penúltimo. Bueno, no es exactamente su compartimento, aunque la última vez (antes de volver, claro está), él y Ron incluso llegaron a grabar sus nombres ante la reprochadora mirada de Hermione. Estúpidamente comprueba que no, sus nombres no están tallados en la repisa superior de la ventana.

Ni tampoco el corazón de Ginny, o el Sol de Luna.

En un intento de alejar los lúgubres pensamientos de su cabeza saca su último libro de runas, una magia que, lamentablemente, descubrió demasiado tarde la última vez, y se pone a leer, sin bajar para ello ni una pizca el volumen de Metálica en sus orejas.

No es hasta más tarde, cuando el tren ya ha partido y Londres ha quedado atrás que alguien abre la puerta y entra.

"¡Hiya Harry!"

El así llamado, obviamente, no oye palabra alguna. Lo cual no afecta en lo más mínimo a la visitante que empuja con fuerza el baúl, haciéndolo colisionar con el extremo opuesto del compartimiento, con lo que, ahora sí, consigue llamar la atención del moreno.

"Cachis, olvidé que mamá le puso un encantamiento para aligerarle el peso."

"¿Lu-luna?" Imposible.

"¡Harry, te acuerdas!" Y con esa frase, la rubia se le echa encima. Y wow, eso es raro hasta para Luna, el abrazo, claro, que Luna supiese lo que ocurrió en otra línea temporal era prácticamente de esperar.

"Sí, claro que recuerdo. Pero, ¿y tú? ¿Recuerdas? ¿Cómo?" No puede evitar preguntar, aunque en realidad le importa poco, la cuestión es que recuerda, y eso es más que suficiente para él.

Tampoco es que Luna le de una respuesta sino que se limita a dirigirle una sonrisa soñadora, tan familiar que Harry relaja un poco el agarre de la varita que ha volado a su mano en el sobresalto.

Aunque, ni dos segundos más tarde, vuelve a aferrar con fuerzas el acebo con pluma de fénix ante la súbita cercanía de la chica, al tiempo que intenta echar la cabeza hacia atrás tratando alejar su nariz de la de la rubia, procurando evitar el contacto y, a ser posible, no quedarse bizco porque, la verdad, ya tiene la vista bastante jodida.

"¿Qué les ocurre a tus ojos? Son feos."

Con un suspiro, rogando paciencia porque, al fin y al cabo, es Luna, la empuja suavemente hacia atrás.

"No les pasa nada, sólo es un glamour para que parezcan un poco más oscuros." Para demostrarlo cierra los ojos por un par de segundos y al abrirlos vuelven a ser de ese esmeralda tan característico. Un movimiento de varita, y el brillo se apaga al tiempo que el verde se vuelve casi marrón.

"No me gustan."

"Ni a mí, pero tampoco podía ir por ahí con los exactos mismos ojos que la profesora Snape y su hija Eileen, ¿no crees?"

"Mm." Comenta como toda respuesta la rubia, antes de saltar a un nuevo tema. "¿Eileen? ¡Oh sí! Tu hermanastra, he oído de ella, ¿Gryffindor no?"

"No es mi hermanastra." La respuesta de Harry es ultrajada y automática. Es un poco sensible con ese tema.

"Bueno, técnicamente no, pero sí. Tenéis la misma madre y distintos padres, ¿no? Que tú no nacieses en esta línea temporal no cambia el hecho que compartáis el cincuenta por ciento del material grenético."

"Genético."

"Eso, grenético. Aunque es cierto que eso que nacieseis el mismo día lo hace biotróligamente poco plausible."

"Biológicamente." Vuelve a corregir Harry. "¿Poco plausible? Imposible más bien."

Luna ríe.

"¡Oh no! Hace tiempo que aprendí que la palabra imposible no se mezcla bien contigo Harry Potter, tiendes a cambiarle el significado. Así que me niego a utilizarla en algo remotamente relacionado a tu persona. Al fin y al cabo, es imposible sobrevivir al Avada Kedavra, o que no hayas creado una paradoja temporal al evitar tu propio nacimiento y, aún así, aquí estás, vivito y coleando. Nada es imposible cuando tú estás por el medio Harrison, de ahí que los nargles te evitan."

"¿Los nargles me evitan?" Prefiere no pensar en el resto porque, la verdad, es que da miedo.

"Sip. Por eso estoy aquí, estar a tú lado es el lugar más seguro del mundo, ningún nargle, trinputz o hinchker se atreve a estar a menos de diez metros de ti."

"¿Porqué convierto los imposibles en posibles?"

"Personalmente, soy de la opinión de que simplemente no entiendes el término imposible. Nunca fuiste un chico especialmente brillante."

"Gracias. Creo."


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19 de Septiembre de 1992.

Biblioteca. Ala oeste.

Malfoy Manor. Inglaterra


Tom contempla en silencio la puesta de sol desde una de las ventanas de la biblioteca de Malfoy Manor y, aunque nadie que le observase podría decirlo, la verdad es que esta ligeramente ansioso.

Christian Dumard, profesor de encantamientos de Bexautons le había contactado a principios de semana, informándole de que tenía un posible candidato. Y, aunque había procurado no hacerse demasiadas esperanzas, porque él no había tenido ni sombra de acento francés, no podía evitar sentir cierta aprensión, casi como presintiendo que estaba cerca.

"Milord, han llegado."

"Bien Lucius, hazles pasar, ¿quieres?"

"Enseguida Lord Slytherin."

Tom no se voltea, ni siquiera cuando les oye entrar, aunque eso no significa que no reconozca su presencia porque, antes incluso de que la puerta se cierre a sus espaldas, él ya ha soltado el firme agarre que tiene en su magia y la deja llenar libremente la habitación.

Siente el notable poder de Lucius, que lucha un poco antes de someterse, el de Christian y siente el del niño que, aunque prometedor, no ofrece desafío alguno, ni tiene esas ganas de jugar, esa energía indomable del chico de verdad. Un suspiro resignado, imperceptible para los demás individuos presentes en la habitación, escapa de sus labios antes de que se de la vuelta.


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21 de Noviembre de 1992.

Cuarto de Requisitos.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.


Cierra los ojos y respira profundamente, dejándose llevar completamente por sus instintos.

Se deja caer al suelo, justo a tiempo para evitar el hechizo dirigido a su cabeza y, sin llegar a levantarse, da una patada al enemigo suficientemente estúpido como para acercarse a una distancia en que puede ser físicamente atacado. Sin pensarlo dos veces coloca su mano sobre el caído y suelta una ráfaga de magia cruda que le paralizará efectivamente el corazón.

Después rueda por el suelo, evitando varias maldiciones de los que aún quedan en pie.

Con una extraña pirueta, al tiempo que lanza un puñado de hechizos en cadena, logra comprar el tiempo suficiente para volver a ver el mundo en su posición vertical. Lamentablemente, no ha logrado evitar la maldición cortante que hace un buen desastre en su pierna izquierda.

Se le acabaron los saltos, las piruetas y el restregarse por el suelo. Hora de pasar al plan B.

Mientras que con la varita de la izquierda crea un escudo espejo que refleja todas las maldiciones lanzadas de vuelta pero que, lamentablemente, chupa más magia de la que es aconsejable, con la de la derecha y aprovechando la sangre que le cae por la pierna empieza a dibujar runas por el suelo, creando una estrella de siete puntas con él en el centro.

Una vez dibujada la última pasa su varita por encima, activándolas, y deja caer el escudo, tranquilo de que está seguro por, al menos, un par de minutos.

De todos modos no se relaja, se limita a respirar hondo de nuevo para, todo seguido, ponerse a disparar hechizos, cada cual más peligroso, más mortal, hacia sus atacantes.

Pero los muy cabrones no son tontos, y no tardan en agruparse y, mientras que unos defienden, los otros atacan, intentando romper la estrella.

Consigue librarse de tres y sólo quedan tres más cuando, finalmente, el suelo cede y una piedra se fragmenta vagamente y, aún así lo suficiente para romper la estrella, la protección cae y él se encuentra con tres varitas clavándose en su garganta.

"Basta."

Ante su susurro los atacantes se desvanecen y todo rastro de la batalla se borra, exceptuando claro, su herida en la pierna.

Tras comprobar que no hay ningún daño permanente en ella se limita a vendarla hasta que tenga que abandonar el Cuarto de Requisitos.

El dolor es un buen maestro.

Aunque la verdad, una vez saca sus cosas, y se pone a hacer aquello que tanto ama, dejando su magia volar libremente, se olvida de la pierna, el sudor que empapa su ropa e, incluso, la mierda de mundo en el que vive.


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17 de Diciembre de 1992.

Alfeizar de una ventana del Séptimo Piso.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.


"El mundo es mejor ahora, ¿no?"

"¿Cómo?"

"Todos son más felices, hay más gente con vida, no ha habido guerra, no hay Dark Lord… El mundo es mejor."

"Er- ¿sí?"

Una suave risa escapa de entre los labios de Harry, aunque no es, ni de lejos, una risa feliz.

"¿Quién iba a decir que Vernon Dursley tendría razón? Sin mí, en verdad, el mundo es un lugar mejor."

"¿Sin ti?" El tono de voz es suave, peligrosamente suave, pero el moreno no se da cuenta de ese detalle.

"Sin mí. Sin mi nacimiento no ha habido guerra, no ha habido muerte, no ha habido locos psicópatas con la intención de dominar el planeta. Sin mí todo ha ido mejor. Sin-. ¡Auch!"

Su deprimente monólogo se ve cortado por una dolorosa colleja en la nuca por parte de la rubia.

"No seas idiota. Si no ha pasado nada de eso es precisamente gracias a ti." Harry abre la boca, probablemente para seguir diciendo estupideces, pero la chica es más rápida. "Calla y escucha. Porque sin ti, no hubiese habido catorce años de paz la última vez, sin ti mucha más gente, y mucho más rápido hubiésemos muerto la primera vez, sin ti nunca hubiese habido esperanzas de triunfo y, desde luego, sin ti nunca hubiésemos tenido esta segunda oportunidad de vivir la vida. Así que deja de echarte por el suelo porque, aunque no lo sepan, toda y cada una de esas personas te debe la vida."

Los ojos esmeralda abandonan los centelleantes azules para fijarse una vez más en los alumnos engarzados en la pelea de nieve.

"Pero yo no he hecho nada, ni tan siquiera entiendo porque todo es tan distinto de la última vez. Cuando llegue todo había cambiado, no había Voldemort, no había Dursley, no había señora Figg, no había nada."

"Y dime Harry, ¿fue esta tu primera parada?" ¿Eh? "¿No fuiste a ningún pasado más remoto que tu onceavo cumpleaños?"

"¿Te refieres a mi visita a Riddle?"

"No, a tu participación en la liberación de los Heliopaths. Pues claro que me refiero a tu visita al profesor Slytherin."

"Pero no hice nada."

Luna pide paciencia, porque en verdad no es posible que sea tan despistado.

"¿Hablaste con él? ¿Interaccionaste con él de algún modo? ¿Se cruzaron vuestras miradas? ¿Le contaste algo del futuro?"

"Si, bueno, supongo que algo le dije, pero nada concreto, nada importante. Que sería seleccionado para Slytherin, que Dumbledore nunca confiaría en él, que es un fanático de la tortura y que destruiría el mundo."

Luna levanta una ceja, esperando que la revelación alcance al moreno aunque, viendo que no llega, decide ayudar un poco más las cosas.

"Harry, pude que no vaya por el nombre de Voldemort, ni por el de Tom Riddle, pero eso no hace que sea un hombre distinto. Dime, ¿qué hubiese hecho tu Voldemort si hubiese sabido que su camino llevaría al fin de la magia?"

Y es entonces que la realización alcanza los ojos del moreno, rompiendo el glamour y devolviéndoles el color esmeralda, porque si hay algo que él y el Dark Lord comparten además de una infancia destrozada, es el sentimiento de la magia como un modo de vida.

"Cambiar lo posible."

"Pues eso es exactamente lo que hizo."


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3 de Enero de 1993.

Sección de Encantamientos Rúnicos. Biblioteca.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.


"Harrison."

¡Oh! ¡No de nuevo!

Harry gime, y se tensa y, cuando vuelve a abrir los ojos a su lado hay una maraña de pelo pelirrojo con ojos verdes.

"Snape." Gruñe.

"Eileen, Harrison, te he dicho mil veces que puedes llamarme Eileen." La niña sonríe y, muy a su pesar, Harry no consigue encontrar ningún parecido entre esa sonrisa y la Severus Snape. "Ven, que quiero presentarte a alguien."

Y Harry se ve arrastrado todo el camino desde la biblioteca hasta la puerta de entrada, con una pelirroja que no deja de balbucear que si Nev esto y si Ron aquello, que si Lav dice esto pero Parvati piensa aquello y que ignora, magistralmente, la mirada asesina que él le lanza a su nuca.

"Te van a encantar, ya veras."

Y es que, dado que ellos dos han sido los únicos 'no adultos' esas navidades y, las navidades anteriores y, probablemente, también lo serían las navidades siguientes, la joven Snape había decidido que tenían que ser amigo. Y, ¡Merlín!, que era tan testaruda como él.

Con tal fin, la pelirroja se había pegado a Harrison como una lapa, siguiéndole dónde él fuera y, arrastrándolo donde fuera ella. El único punto positivo que el moreno había visto en todo ello, fue cuando le había presentado a Lily, lo que había llevado a Harry a hacerle un regalo, lo que había llevado a Eileen a la equivocada conclusión de ya eran amigos.

Con un último suspiro resignado llegan a la puerta y Harry tiene que voltease para evitar los chispeantes ojos de Dumbledore, sólo para dar con la mueca burlona de Riddle y la mirada, una vez más amenazante, del profesor Snape. Así que acaba por dejar su mirada vagar al infinito, procurando ignorar a la pelirroja enganchada a su brazo.

Afortunadamente, la espera no es larga, pronto los carruajes empiezan a llegar y, una rubia con un extraño peluche que nadie sabría si calificar como cabra, ciervo o tigre, grita al tiempo que se le echa encima.

"¡Harry! Gracias, me encanta mi Snorkack."

Y él no puede evitar sonreír, con Luna no había modo de fallar, cuando menos identificable, barra, más feo el animal, mejor.

"Menos mal, porque recorrí medio Londres buscándolo." Pasar el día fuera de Hogwarts había sido el único modo de evitar a la pelirroja.

"¿Qué es un Snorkack?" Pregunta una voz a su espalda, recordándole a Harry la todavía presente Eileen.

"Esto es un Snorkack." Luna le muestra el peluche. "¿No es lo más adorable que has visto nunca?" La rubia se abraza al bicho que cualquier otra persona hubiese calificado de horroroso.

"Mm, prefiero el oso que me ha regalado a mí." El tono con el que habla la pelirroja hace que Harry levante una ceja, ¿ha sido posesivo?

"¿Y qué tiene de especial un oso?" A pesar del tono inocente de Luna, Eileen frunce los labios y, el verde tan familiar adquiere un brillo de rabia que Harry ha visto muchas veces reflejado en el espejo, así que se decide a intervenir.

"Me alegra saber que he acertado en ambos regalos." El, 'porque probablemente no vaya a haber otro de aquí a que me gradúe', se lo guarda, porque lo cierto es que se esta quedando sin blanca, le quedan apenas un galeón, cuatro sickles y siete knuts, además de unas veinte libras.

Bueno, y unos cuantos miles de euros que serán inútiles por unos seis, siete años más.

Igual había llegado el momento de reiniciar el negocio que había mantenido a flote a la Resistencia.

"¿Crees qué que los muggles conozcan la existencia de snorkacks implica que estos viven entre ellos y no en áreas desoladas de Suiza como creíamos?" Harry sonríe a la rubia, contento de que algunas cosas, simplemente nunca cambian.

"Creían que eran invisibles para los muggles."

"¿Un squib entonces?" Encogiéndose de hombros la coge del brazo y los saca de allí antes de que Eileen vuelva de donde sea que halla ido.


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23 de Marzo de 1992.

Aula de Costumbres y Cultura Mágica.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.


Harry nunca lo hubiese creído posible, pero sí, había una clase menos interesante que Historia de la Magia. Porqué, en serio, ¿quién necesita diecisiete tenedores?

Y, para empeorar las cosas, la profesora no era otra que Narcisa Malfoy. Y vamos, que Snape nunca había mostrado favoritismo comparado con esa mujer.

Para ella, Draco era el ejemplo y modelo a seguir de todo mago respetable. Afortunadamente para Harry, él nunca había aspirado a tal cosa como la respetabilidad.

La clase de hoy trataba de un tema tan fascinante como el ciclo reproductor de un gusarapo: las reverencias.

Que si a un Lord, el hijo heredero de un Lord o el hijo no heredero de un Lord. Que si una Lady, las hijas de una Lady o simples plebeyas. Que si el Ministro, un representante del Ministro o un miembro cualquiera del ministerio…

Luego claro, dependiendo del grado de pureza de la sangre del individuo uno se inclinaba unos grados más o unos grados menos, a los cuales había que sumarles/restarles dependiendo del grado de confianza que contasen en la sociedad, más/menos el respeto que uno personalmente les tuviese.

Y ese es el punto en el que Harry básicamente dejo de pretender escuchar porque, en verdad, si alguien pretendía que Harry se inclinase ante él, todo el respeto que pudiese tenerle a esa persona desaparecería, conclusión: nunca tendría que inclinarse.

Así que, desconectando por completo, coge su lápiz de cero tres y empieza a dibujar lo que debe ser su trigésimo séptimo esbozo del Crumple-Horned Snorkack que Luna le ha pedido, tarea que empieza a ser un poco frustrante porque, si dibujar de memoria es difícil, dibujar lo que imagina otra persona es simplemente imposible. Claro que, ahora que lo piensa, ese es probablemente el motivo por el que Luna se lo ha pedido. Mmm, quizás esta nueva Luna igual era un poco manipuladora.

"Draco y… Riddle."

Al oír su nombre inmediatamente levanta la cabeza, bendita Occlumencia por ello y, ¡oh! genial, si le toca aplicar lo aprendido.

Una vez frente a frente ninguno de los dos se inclina. ¡Sorpresa, sorpresa!

Puede sentir los ojos de toda la clase sobre él y algunas risitas, probablemente de los Gryffindor.

"Dragón, tu primero."

'Dragon' sonríe con superioridad dándole una mirada despreciativa de arriba abajo.

"Plebeyo. Mudblood. Prácticamente squib. Respeto en sociedad: nulo. Respeto personal: nulo. Conclusión: no tengo porque hacerle una reverencia a la escoria de Slytherin."

Más risitas, aunque esta vez por parte de los miembros de la casa de las serpientes.

"Riddle."

"Heredero de Lord. Pureblood. Nivel mágico estándar. Respeto en sociedad: de noble. Respeto personal: negativo. Conclusión: no tengo porque inclinarme ante el pequeño reptil."

La clase estalla en risas y gritos de protesta mientras que Harry aprovecha para recoge sus cosas.

"Riddle." La voz de Narcisa Malfoy, una vez callado el escándalo, se nota, obviamente, irritada. "A-."

"Al despacho de McGonagall, lo sé." Le interrumpe, rompiendo un centenar más de normas de cortesía y, con una sonrisa en los labios abandona la clase, tarareando 'Nothing else matters'.


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17 de Abril de 1993.

Laboratorio de experimentación mágica número 3.

Algún lugar de Inglaterra.


Tom no se sorprende de no encontrar a nadie en su camino desde el punto de aparición hasta el sótano. La casa no esta habitada por idiotas y, su agitada magia emite una señal bastante evidente que promete dolor y muerte a todo aquel con el que se tope.

Pasa de las mujeres y pasa de los hombres y se dirige directamente a los niños, buscando.

Hasta que finalmente lo encuentra, un adolescente de unos catorce o quince años, moreno y de ojos verde. Perfecto.

Ignora la nota que indica que esta reservado para la experimentación con la nueva imperius.

Ahora tiene otra finalidad.

Lo suelta de las cadenas que lo atan a la pared, el chico cae, pero eso le importa poco al Lord, que con un simple ondeo de varita lo lanza en mitad de la habitación, casi disfrutando de la presencia de los observadores aún atados a las paredes.

"De rodillos." Su voz es un gruñido tosco medio siseado. El adolescente obedece. "Mírame."

Ojos verdes se topan con carmín y, aunque no son el mismo verde, le sirven.

"Crucio." Lanza todo el odio posible en la maldición, el contacto visual se rompe cuando el chico empieza a sacudirse en el suelo.

Aguanta la maldición uno, dos minutos, tres, y luego la rompe. No busca la locura.

"Pide perdón." Exige al romperla.

"Lo-lo siento señor, lo sien-." Vuelve a someter al chico a la cruciatus.

"Maldito mudblood asqueroso." Ya ni se molesta en hablar humano.

Levanta la maldición de nuevo, planeando su siguiente movimiento.

Se decide y hace aparecer una daga al tiempo que convoca algo de veneno de basilisco.

Moja la hoja del cuchillo con la ponzoña y luego se acerca al adolescente aún retorciéndose en el suelo. Inmovilizándolo, le hace un leve corte en la mejilla y baja por el cuello. El joven no tarda en volver a gritar en agonía, el veneno mezclándose con su sangre, produciéndole la sensación de un fuego que se expande por sus propias venas.

"A ver si aprendes a respetarme de una maldita vez." Sisea con una sonrisa pagada en su rostro.

Con cada grito del chico el Lord siente sus músculos relajarse un poco más.

"Otra vez ese mudblood." Tom gruñe a Nagini, sin apartar los ojos de su víctima. "Puedo preguntar que ha hecho esta vez."

"Existir. ¿No te parece suficiente?" Por que para él lo es, más que de sobra.

"Desde luego, lo que no entiendo es porque no, simplemente, acabas con él en lugar de torturar a muggles al azar."

Una mueca se dibuja en el rostro del Dark Lord.

"El viejo no se fía de mí con respecto al niño."

Con un grito mete la daga directamente en el corazón del sustituto, disfrutando de como la vida desaparece de los ojos verdes.


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15 de Mayo de 1993.

Cuarto de Requisitos.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Algún lugar de Escocia.


Aún sudoroso y adolorido se deja caer pesadamente al suelo y estira un poco para evitar el agarrotamiento de los músculos.

El Cuarto de Requisitos ha vuelto a darle una paliza de la ostia.

Su respiración no tarda en normalizarse y, una vez ello ha ocurrido le pide al cuarto algo de pintura.

Se pone en posición de meditación, respira hondo tres veces y despeja su mente.

Respira hondo una cuarta vez y, al tiempo que espira, suelta su magia.

Respira hondo una vez más y esta vez, a la vez que suelta el aire, abre los ojos y empieza a jugar.

Los colores vuelan: rojo, verde, naranja, amarillo, negro, azul, violeta, marrón…

E imágenes empiezan a crearse.

La primera que se crea es una de un pasado que ya no lo es, con James y Lily, y un bebé de cabello azabache y ojos esmeralda.

Luego hay otra de tres amigos que ya no lo son en una ocasión que ya no ocurrió.

Y también hay imágenes de un perro y un lobo, y un ciervo y una rata, que no son sino recuerdos de otros.

Pero luego, después de muchas otras imágenes hay nuevas que nunca había dibujado antes.

Hay de su madre, que ya no es su madre, pasada la treintena.

Y hay de su hermana, que tampoco ha sido jamás su hermana, arrastrándole a una batalla de nieve.

Y hay de esta nueva Luna, que parece una mezcla de su vieja Luna y una completamente distinta, comiendo Bertie Bott's con él, sentados en el alfeizar de una ventana.

Y hay de Hermione y de Ron, de Neville, Cedric, Dean y los gemelos, de Parvati y Lavender, Ginny, Angelina, Katie y Alice y otros tantos, más felices que nunca y que, aunque ellos no lo sepan, siempre serán amigos suyos.

Cuando finalmente la magia se calma, Harry casi ha olvidado las primeras imágenes centrado en estas últimas.

Tal vez la vida no fuera tan mierda después de todo.


Mi propia opinión de este capítulo es confusa, hay trozos que me parecen monótonos, claro que eso puede deberse al simple hecho que los he releído demasiada veces, y otros que simplemente me gusto escribirlos (como la última escena de Tom).

Otro tema, hay un fic Harry/Voldemort que es, simplemente genial, se llama 'Death of today', es en inglés pero esta siendo traducido al español, no he leído la traducción, pero el original es genial, y sinceramente lo recomiendo. La autora original es Epic Solemnity y la traducción la esta haciendo Naila93, en verdad merece la pena, es una magnífica escritora que actualiza todas las semanas por lo que todos la amamos con locura.

Nos vemos,

Zay