Bueno, aquí os dejo la segunda parte. He intentado hacerla un poco más "dulce", que en esta vida no todo son desgracias, ¿no? En fin, como siempre, os agradecería que valorarais el resultado. Recordad: Sois vosotros los que me motiváis a seguir escribiendo
¿Quizá nosotros?
En su sueño, John vio que estaba andando por las calles de Londres. Era de noche. Sherlock iba a su lado hablando y lanzando a veces sus típicos comentarios mordaces. Fueron caminando cada vez más deprisa, internándose por oscuros callejones hasta llegar a uno sin salida. John estaba a punto de preguntar qué demonios hacían allí, cuando, de pronto, Sherlock le agarró de la cazadora, acercó su rostro al suyo y…
*Pip, pip, pip, pip*
¡Mmmm…!.-se quejó John, lanzándole la almohada al despertador
¡No quiero ir al trabajo!,- se revolvió un poco en la cama. Estuvo unos cinco minutos más amorronado en la cama hasta que al final se decidió y se levantó. Fue al baño, y después al salón, totalmente adormilado.
Miró el calendario, costumbre que había adoptado cuando vivía en Baker Street, y para su sorpresa vio que era sábado.
-¿¡Y para eso me despiertas! ,- le chilló amenazadoramente al despertador, para después negar con la cabeza y prepararse un café que le ayudaría a despejarse. Era sábado, cierto. Pero pese a que no tenía que trabajar, tampoco había hecho ningún plan para el fin de semana. Tuvo una idea. Iría a ver a su antigua casera, la señora Hudson, y le preguntaría si el piso seguía libre. Seguramente John se arrepentiría después, pero era tal el grado de euforia que sentía en ese momento que no dudó ni un instante en coger su cazadora y salir a la calle.
-¡John! ¿Qué haces aquí? ,- dijo la casera, sorprendida e invitándole a pasar
-Buenos días, señora Hudson. Venía a preguntarle, emm…-Dudó un momento al escoger las palabras- Sigue…-Se aclaró la garganta- ¿Sigue sin alquilar el piso? Me gustaría volver a adquirirlo
La señora Hudson no daba crédito
-No, querido. Todavía no. Si estás tan seguro entonces, el piso es tuyo. Aunque tenía entendido que no querías volver a…
-¡Gracias, señora Hudson!,- le cortó John, dándole un beso en la mejilla
Se despidió de ella y salió a la calle. Tomó una buena bocanada de aire y sonrió feliz y contento consigo mismo. Llamó a los de la mudanza, los cuales le ayudarían a trasladar sus pertenencias. No eran muchas, pero le gustaría conservarlas. Su pistola, de cuando estuvo en el ejército. Su antiguo bastón, del cual se reía por haberle despojado de toda utilidad, su gorra, la cual miraba con añoranza desde aquel caso…
-La mujer…,- dijo con cierto tono de envidia, aunque al momento negó con la cabeza. ¿En qué demonios estaba pensando? Primero, el sueño de esa mañana, y ahora se sorprendió maldiciendo a la que una vez pudo ser –pero no fue- la amante de Sherlock.
Partió raudo a lo que a partir de ahora sería su antigua morada, dispuesto a empaquetar todos los objetos que creyera importantes, o que tuvieran algún valor para él. En menos de dos horas ya lo tenía todo empaquetado. Se limpió el sudor de su frente, suspiró cansadamente y sonrió feliz. ¿Desde cuando era él tan activo? En fin, ahora eso no importaba. De pronto, recordó lo que le había dicho Molly el día anterior. "La cara marca el lugar". Tenía que admitir que eso sonaba muy infantil. Pero bueno, así era Sherlock. Un crío. Cogió el teléfono rosa y lo encendió.
-Procediendo a reconocimiento facial. Por favor, enfoque hacia el rostro que desea ser reconocido
Una voz de hombre que le resultaba tremendamente familiar salió del teléfono
-Sherlock, idiota… ¿En qué estabas pensando? -Río un poco y apuntó el teléfono hacia su misma cara-
-Nombre: John Hamish Watson
-Relación: Incapaz de describir. Pendiente de actualización
John se quedó de piedra al escuchar esas palabras. ¿Incapaz de describir? ¿Qué demonios quería decir con eso? Estaba claro que él y Sherlock eran sólo amigos, lo había dejado claro en más de una ocasión. Sin embargo, algo dentro de él se resintió. De alguna manera, eso le dolió
Pero una vez más negó con la cabeza, reprochándose
-Sólo amigos,- se dijo para sí
Ese momento de auto-crítica terminó rápidamente, pues el teléfono continuó hablando
-Hola, John. Veo que Molly te dio el recado. Buena chica. ¿Debería invitarla a un café? –Soltó su típica risa sarcástica, a la cual John respondió sonriendo bobamente- En fin, que me desvío del tema. Si estás escuchando esto es que algo terrible debe de haberme pasado. Espero que no hayas llorado mucho –Con cierto retintín. John lo maldijo en su interior- Pero no debes preocuparte. Soy un semi-dios, ¿recuerdas? No puedo morir. Supongo que creé este mensaje sólo para darte palabras de ánimo y blah, blah, blah. Un saludo. Sherlock -Fin del mensaje-
John aferró el teléfono con fuerza. Esa era…su voz…Las lágrimas no tardaron mucho en aflorar, pero se reprimió, dado que ya era hora de volver a Baker Street. Apagó el teléfono y se decidió a esperar a los muchachos de la mudanza, que no tardaron mucho en llegar.
Nota: Bueno, pues…Hasta aquí el final de la segunda parte. Sí, sí. Sé que es más corta que la anterior, pero es que quería dejar el hilo argumental ahí, para después poder explayarme en el tercer capítulo, que seguramente será el último. Espero que lo esperéis con ansias Un saludo
