Último capítulo de "Una vida sin ti no es vida". Leedlo sin prisas, disfrutadlo. Y poned música emotiva, que eso ayuda xD (Por favor, no lloréis) He de decir que al principio no estaba muy satisfecho con esta trilogía, y que pensaba dejarlo en el primer capítulo. Pero vuestro apoyo me ha animado mucho a seguir escribiendo estas -y otras- historias. En fin, que me estoy yendo por las ramas. Lo dicho, disfrutadlo y comentad ;)

"Sabía que no me fallarías, Sherlock"

Ya había pasado una semana desde que Molly había ido a visitarle a su consulta, y John tenía que admitir que su vida había mejorado mucho desde entonces. La señora Hudson se alegró mucho de su regreso, y se ofreció a cocinarle algo especial, a lo que John aceptó agradecido. Aparte de eso, su vida continuó como siempre. Bueno, como siempre no. Desde que descubrió para qué servía ese teléfono lo llevaba consigo a todas partes. Cada vez que apuntaba disimuladamente a la cara de alguno de sus desdichados conocidos -Entiéndase por Lestrade, la sargento Donovan o incluso Mycroft- podía deleitarse con los comentarios que había recopilado Sherlock en el teléfono de cada una de esas personas. Y, ¿para qué negarlo? Siempre se reía, y más de una vez le habían echado una mirada recriminatoria por su conducta. Pero eso a él no le importaba. Estaba feliz, aunque tenía que reconocer que echaba de menos a un Sherlock más…físico. Pero bueno, el teléfono le servía para ir tirando. Pero ahora que hacía memoria, sí que había unos pequeños cambios en su vida. Se tiraba las tardes viendo la telenovela que Sherlock y la señora Hudson solían ver juntos -Sherlock para poder criticarla, la señora Hudson…Bueno, pues porque era la señora Hudson-

-Te estás volviendo un blandengue, John…,- se recriminó a sí mismo, pero él sabía que en realidad le gustaba hacer eso

Por otra parte, John no había estado perdiendo tanto el tiempo. Había decidido ponerse a cocinar, y de hecho, es lo que hacía. Nada de esas comidas basura que solía tomar, y sabía que cenar fuera todos los días no era solución. Así que, harto de esa situación, se había comprado un libro de recetas y se había puesto manos a la obra

Se acercaba San Valentín, y John estaba decidido a darles una sorpresa a todos con su recién adquirida habilidad para la cocina. Se arremangó, se puso su delantal, cogió su libro de recetas y encendió el horno

-¡Tarta de chocolate al estilo Watson!,- se dijo a sí mismo, contento con su plan

Puso la radio para hacer un poco más ameno el rato y empezó a preparar la tarta. De hecho, le estaba resultando muy fácil. De vez en cuando picaba un poco de esto o un poco de aquello, aunque estaba realmente concentrado en su tarea. Tan concentrado, que no se dio cuenta de que "la cosa rosa horrorosa" estaba vibrando. Pero él sin inmutarse. Y pasaron las horas. Terminó de preparar el pastel. John quedó encantado por cómo había quedado su "obra maestra". Lo dejó enfriar y volvió al salón

*Bzzz, bzzz, bzzz*

Otra vez ese maldito teléfono estaba vibrando

-¿Mmm…?

John, intrigado, se levantó y lo cogió

-¿Diez mensajes? ¿De quién demonios serán?

Se puso a ver los mensajes, todos enviados a lo largo del día

-"¿Cómo estás?"

-"¿Limpió la señora Hudson mi habitación?"

-"Echo de menos tu café"

-"¿Cenas solo?"

-"¿Me echas de menos?"

Y así hasta el noveno mensaje. John no podía creérselo. Estaba llorando. Pero todavía quedaba el último mensaje

-"Feliz día de San Valentín, John. ¿Podrías abrir la puerta para mi?"

Fin

Nota: ¿Y bien? ¿Os ha gustado? He de decir que me sentía realmente inspirado y decidí terminar esta trilogía. Oh, y la idea no ha sido del todo mía. Lo del teléfono y los mensajes lo he sacado de una foto de deviantart. Así que, desde aquí mando mi agradecimiento a la persona que la creara. Y a todos vosotros, que seguís apoyándome