Escribir es como cocinar. Cuando tú lo haces no tiene el mismo sabor, pero te emociona cuando alguien dice que te quedó… muy bueno ^_^

Korina Herrera Zuno


Capítulo 4. Nuevo trabajo

Especialmente dedicado a Kame-chan, cuyo comentario dio origen a este capítulo.

Los personajes, excepto uno que otro inventado por mí para la trama, son de Kishimoto-sama

Advertencias:

OoC.

AU.

Yaoi (SasuNaru).

Alguna que otra grosería.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.

Comedia de valor dudoso.


- No necesito recordarte la importancia de tu trabajo, ¿verdad? –preguntó la severa mujer alzando la ceja.

La muchacha delante de ella tragó saliva con dificultad, tratando de mantener la calma y no salir huyendo de la enfermera que la observaba a través de los lentes de sus gafas. Era su primer día, y no lo iba a arruinar.

- ¡H-hai, señora! –contestó la castaña con voz algo temblorosa, venciendo la tentación de cuadrarse ante la jefa de enfermeras, tal y como lo haría un soldado raso ante un militar de rango mayor.

Conforme con la respuesta, la mujer se retiró sin una palabra más. Ayako no logró contener un suspiro de alivio cuando aquellos ojos negros dejaron de analizarla, de manera más profunda de lo que podrían hacerlo unos rayos x.

- La señora Hashimoto es muy severa, pero no muerde –dijo una voz divertida a sus espaldas, provocando que la joven estudiante se girara de inmediato-. Itoh Atsuko –se presentó la mujer extendiendo la mano, una enfermera todavía joven, pero evidentemente con más experiencia que la nueva.

- Kawamura Ayako –se presentó a su vez la muchacha, mucho más tranquila en la presencia de su nueva compañera que en la de su jefa.

- ¡Itoh! ¡Deja de perder el tiempo y ven aquí de inmediato! –gritó una voz desde el pasillo, provocando que la morena brincara por la sorpresa.

- ¡H-hai, señora Hashimoto! –tartamudeó la mujer antes de salir con paso apresurado en dirección al llamado, haciéndole un rápido gesto de despedida a Ayako con la mano.

La castaña sonrió contenta. Sin duda sería duro, pero estaba segura de que sería un buen lugar para trabajar. Paseo su mirada por la habitación en la que cumpliría sus obligaciones: el banco de sangre del hospital. Desde ese día ella formaba parte del equipo a cargo de las donaciones del líquido vital, de comprobar que fuera sangre segura, de llevar el registro de las unidades que se destinaban a quirófano… Muchas vidas dependían de que su trabajo fuera realizado con el cuidado requerido.

Los dos últimos refrigeradores de la habitación llamaron poderosamente la atención de Ayako. Estos estaban cerrados con llave, y algo apartados del resto. Un discreto letrero con letras de color negro coronaba la parte superior del aparato.

- "La Hoja"… -leyó la muchacha en un susurró, para después ver cuidadosamente las unidades de sangre a través del frio cristal. Se dio cuenta que estaban etiquetadas-. "Bisuke", "Uuhei"… -la enfermera se sorprendió al darse cuenta de que todas las del último congelador lucían la misma etiqueta-. "Neko"…

El ruido de la puerta detrás de sus espaldas la sobresaltó, más el alegre tarareo de una canción de moda, le indicó el regreso de su compañera.

- ¿Itoh-san? ¿Quién es Neko? –preguntó Ayako con curiosidad.

Para su sorpresa, Atsuko se giró con brusquedad y le tapó la boca como si hubiera dicho una grosería. Jaló a la muchacha hasta el rincón más apartado de la habitación, lo más lejos posible de la puerta, en caso de que a alguien se le ocurriera entrar en ese momento.

- Nunca digas ese nombre… -susurró la mujer visiblemente asustada-. No investigues quien es, ¡no quieras saber nada de Neko!

- ¿Itoh-san? –preguntó dudosa la muchacha.

- Creo… la mayoría en el hospital cree, que es un vampiro –explicó la Itoh ante la incrédula novata-. Pero los directivos nunca dicen nada, solo dan la orden de mandar litros de sangre AB al estudio de grabación Namikaze. Creo que es la favorita del no-muerto… -terminó diciendo con una sonrisa de suficiencia, buscando asustar a su compañera, cosa que consiguió con facilidad.

- ¿Los estudios Namikaze? ¿No es ahí donde se graba la serie Naruto? –preguntó Ayako con la garganta seca, pero dejándose llevar por su curiosidad.

- Hai. Todos los que han querido averiguar la verdad… desaparecieron sin dejar rastro –susurró Atsuko con voz siniestra.

La castaña tragó saliva con dificultad. Definitivamente ella no quería saber nada de Neko.

- Así que no nos preocupemos por ese tema, Ayako-san, ¡y hagamos nuestro trabajo para mantener contenta a la señora Hashimoto! –dijo Atsuko en su tono normal, visiblemente alegre.

˜S&N˜*H*E*M*O*R*R*A*G*I*A*˜S&N˜

- ¿Has escuchado ese estúpido rumor? –preguntó Sasuke con la mirada perdida en la ventana, recargando su barbilla en la palma de su mano.

- ¿El del vampiro en los estudios Namikaze? –preguntó Kishimoto a su vez, sin levantar la vista de su laptop-. Yo mismo lo propague.

La respuesta del mangaka hizo que el moreno torciera el cuello de golpe, sorprendido por la confesión de su jefe.

- ¿Por qué? –quizó saber el Uchiha, de verdad extrañado.

El hombre sentado en el escritorio se quito los lentes con lentitud, dando un suspiro de cansancio. Entrelazó sus dedos delante de su cara, en un gesto que a Sasuke le recordó de sobremanera a Senju Tsunade. Masashi esperaba que por lo menos estaba vez su actor no lo mandara al hospital, porque entonces sí que habría una demanda en su contra.

- Porque prefiero una leyenda urbana –explicó Kishimoto con tranquilidad-, a la vergüenza de que el mundo se entere de que Sabaku no Gaara, Neji Hyuga y sobre todo Uchiha Sasuke, son unos malditos pervertidos.

De inmediato una vena saltó en la frente del Uchiha.


¡Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo!

Nada que ver con las festividades decembrinas, pero... fue lo que salio u.u Y, para los que se preguntaban si iba a ver un especial de Navidad de mi otro fic, nop, no lo va a haber, pero en compensacion tal vez actualize pasado el primero de enero n.n

Zaludos

Zaphyrla

Bajo la luz de la luna llena

Que iluminaba en todo su esplendor las blancas calles de Ellora

Ella solo suspiraba

Recordando los ojos azules de aquel halcón

Que había escapado alzando las alas al viento