Escribir es como cocinar. Cuando tú lo haces no tiene el mismo sabor, pero te emociona cuando alguien dice que te quedó… muy bueno ^_^

Los personajes, excepto uno que otro inventado por mí para la trama, son de Masahi Kishimoto, y no lucro de ninguna manera con ellos.


Especialmente dedicado a Zanzamaru


Capítulo 16. Llamada indiscreta.

Advertencias:

OoC.

AU.

Yaoi (SasuNaru).

Alguna que otra grosería.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.

Comedia de valor dudoso.


Sasuke dio un bufido de fastidio, cuando el teléfono de su casa comenzó a sonar y nadie aparte de él parecía estar lo suficientemente cerca como para contestarlo, ¡justo cuando iba tomarse un descanso de su ajetreada vida! Lejos de hermanos ladrones de osos de peluche, psicólogos con necesidad de psiquíatra, jefes a los que les has contagiado la venganza compulsiva, admiradoras fujoshi, dobes distraídos, acosadores de dobes… Y es que ser un Uchiha, mucho menos un Sasuke, no era fácil.

-¿Moshimoshi? –preguntó el moreno con un gruñido, después de levantar la bocina.

-¡Teme! –chilló la voz de Naruto contra su oreja, casi dejándolo sordo. El tono del rubio era algo a medio camino entre uno ilusionado y uno aterrado-. ¿Es cierto que te gusto, dattebayo?

Confuso, el de cabello negro parpadeó varias veces, y entonces se llevó una mano a la frente.

-No tengo fiebre –dijo el Uchiha en voz baja, checando su temperatura-, no tengo hambre, no estoy tomado, no uso drogas… ¡Entonces no tengo alucinaciones! –concluyó el moreno, golpeándose con un puño la palma de la mano contraria, arreglándoselas para sostener el teléfono contra su oreja.

-¿Teme? –preguntó el rubio con voz dudosa, algo extrañado por el comportamiento del otro.

-Espera un segundo, usuratonkachi –le pidió Sasuke, sin alterar ni un poco su comportamiento con el Uzumaki, lo que hizo que el de ojos azules se pusiera aún más nervioso.

-C-claro… -tartamudeó Naruto en respuesta, ya que en realidad no le quedaba de otra.

-¡Itachi! –se escuchó gritar a la voz del moreno, y esta vez fue el turno del rubio para que sus tímpanos estuvieran a punto de estallar-. ¿¡Tú le fuiste con el chisme a Naruto, verdad? –siguió bramando Sasuke, buscando a su hermano por todas las habitaciones de la casa-. ¡Maldito traidor! ¡Ciego!

Bastante aturdido por el escándalo que armaba su querido otōto, el mayor de los Uchiha salió de la habitación, con una vena saltando en su frente al escuchar la crítica de Sasuke. Él no tenía la culpa de padecer miopatía.

-¿De qué estas…? –comenzó a decir Itachi, ajustándose los lentes sobre el puente de la nariz al más puro estilo "Kabuto", sin embargo, no lo dejaron terminar.

-¿Entonces como demonios se enteró que me trae loco? –lo interrumpió Sasuke, al tiempo que señalaba a su hermano mayor con un dedo acusador-. ¡Ese dobe no se había dado cuenta en más de diez años! ¿¡Y de repente me llama para preguntarme si me gusta? ¿¡De la noche a la mañana? ¡¿Tuvo una jodida visión, o qué carajos?

-Oye, otōto. Yo no fui –se apresuró a contestarle el otro moreno, alzando las manos en señal de rendición-, ¡te lo juro!

-¡No te creo nada, bastardo! –gritó el menor, sintiéndose traicionado en todos los sentidos de su existencia y por su único familiar vivo… Bueno, tal vez se estaba dejando llevar un poco por su personaje en el programa de Kishimoto.

Con una enorme mueca sádica en el rostro, el moreno extendió una mano hacia Itachi y entonces… tomó las gafas del moreno.

-Ahg, S-sasuke… -tartamudeó el mayor, tanteando el aire en busca de su preciada propiedad-. ¡No, mis lentes! ¡Sin ellos estoy indefenso!

-¡Venganza! –dijo el aludido con una enorme sonrisa sanguinaria, para luego romper los cristales que sostenía entre sus manos. Un crujido desagradable se esparció por el lugar, e Itachi supo que estaba perdido.

Lo siguiente que pudo notar el moreno fue que un objeto de tipo contundente, sólido y de peso considerable, entiéndase una silla que estaba al alcance de Sasuke para su gran suerte, se impactaba contra su cabeza y entonces su mundo se tiñó de rojo.

-¿Dijiste algo, Itachi? –dijo un triunfante vengador compulsivo, alzando las manos al cielo y soltando una espeluznante carcajada. Si esto se tratara de algún escrito, digamos un alocado fanfic, el lector ya tendría los pelos de punta por el extraño comportamiento de Sasuke-. ¿Pides clemencia, quizás?

-Najshdgj… -balbuceó el ensangrentado bulto a sus pies.

-¿Qué? –preguntó el moreno de pie, alzando una ceja con extrañeza. Nada había alcanzado a descifrar del leve tartamudeo de su hermano.

-¡Qué todavía traes el teléfono en la mano y Naruto está escuchando todo, idiota! –le gritó Itachi, señalándole el mencionado aparato.

-¿Moshimoshi? –preguntó Sasuke con tranquilidad, dirigiéndose ahora al auricular e ignorando al hermano mayor que tenía en el piso, el cual parecía estar a punto de entrar en shock a causa de la pérdida de sangre.

-Oye, Sasuke… -dijo Naruto a través del teléfono.

-Ahora no puedo hablar contigo, dobe –respondió el moreno con rapidez, al tiempo que algo parecido a un gemido y pedido de auxilio se escuchaba de fondo-, tengo asuntos que platicar con Itachi. Nos vemos en el foro.

-¡Pero…! –intentó detenerlo el rubio, sujetando su celular con algo de desesperación, pero no pudo hacer nada, en menos de un segundo el característico "dip, dip" le indicó que Sasuke había colgado.

El Uzumaki dio un profundo suspiro de decepción, que hasta parecía que iba a dejar que el alma se le escapara por la boca, y entonces recordó las palabras que se le habían ido al teme cuando creía que él no escuchaba. Una sonrisa enorme se esparció por la cara de Naruto.

-¡Era cierto! –Exclamó el de ojos azules con un tono de triunfo, dirigiéndose a sus dos acompañantes-. ¡Le gusto, dattebayo!

-Te lo dije –dijeron Kushina y Mikoto a un tiempo, para después verse sorprendidas entre sí debido a la ocurrencia y entonces soltar una carcajada.


No andaba muerta, andaba de parranda~ No andaba muerta, andaba de parranda~ ¡Ey! x3

Zaludos

Zaphyrla

Bajo la luz de la luna llena

Que iluminaba en todo su esplendor las blancas calles de Ellora

Ella solo suspiraba

Recordando los ojos azules de aquel halcón

Que había escapado alzando las alas al viento