Bueno, tras bastante tiempo sin actualizar vuelvo con un capítulo nuevo. Prometo que más adelante nos centraremos más en nuestro querido L :)
Capítulo 3
Los ojos de la pequeña se abrieron con velocidad y observaron y analizaron los dos sujetos que había en la habitación impersonal del hospital. Reconoció al hombre que le había comprado el libro y hablado del internado Wammy's, pero el otro, un niño de más o menos su edad con pelo negro alborotado y unos ojos vacíos, no lo había visto nunca. No preguntó dónde estaba, ni qué había pasado, tampoco dudaba del motivo por el que estaban ahí, así que simplemente dijo:
–Ya veo. ¿la tarjeta del bolsillo, verdad?- Quillish asinitó, como la niña ya había deducido, una enfermera cuarentona de voz severa le había llamado hacía apenas 4 horas buscando información sobre la accidentada y sus tutores legales.
Ella se miró el cuerpo, aunque no notaba ningún dolor, estaba bastante vendada y manchada de diferentes hematomas multicolor; de esos que empiezan amarillos con bordes azulados y poco a poco van siendo púrpuras y rojos hasta desaparecer. "Perfecto" pensó "voy a ser un arcoíris andante".
–¿Así que como te llamas, pequeña? – preguntó el hombre con amabilidad. La niña se tomó su tiempo en contestar, miró el palpitar de la luz en el techo y suspirando se resignó.
–¿nombre real? No me acuerdo. –casi lo dijo con desdeño y con una sonrisa burlona, pero el hombre no se inmutó, saltó la casilla y se dirigió al siguiente hueco del formulario a rellenar.
– ¿Data de nacimiento?
– Ni idea.
– ¿Nombre de tus padres o responsables legales?
La chica ni siquiera se molestó en formular una respuesta, levantó las cejas y esperó la siguiente pregunta, mientras el niño despeinado miraba con expresión vacía a ambos.
–¿de verdad no sabes sus nombres? –ahora el abuelo parecía medio sorprendido medio apenado.
–Bueno, si hubieran cumplido sus obligaciones como responsables de mí no habría pasado media vida sin ellos. Así que pensé que no merecían que me molestara en recordar sus nombres. –Quillish se miró a la chica con tristeza, le dolía al corazón ver niños desatendidos que habían aprendido la dureza de la vida antes de tiempo.
El chico de pelo azabache aún no había dicho o hecho nada, estaba sentado en una silla con el historial médico en las manos, aunque parecía que ya no le interesaba en absoluto su contenido. Sustituyó su mirada perdida en el papel, por una igual de fría dirigida a Quillish.
Cualquier persona que no conociera tan bien a Lawliet habría interpretado ese gesto como muestra de desinterés o una petición de permiso por marchar (e incluso alguien temeroso lo habría entendido como una amenaza de muerte). Pero Quillish llevaba tiempo con ese extraño muchacho y le había comprendido perfectamente.
–¿Y has estado viviendo sola? ¿puedo preguntar a dónde? –preguntó Quillish satisfaciendo la curiosidad de Lawliet, quién consideraba una obviedad que la niña no vivía precisamente en un orfanato o hogar de acogida, ni había vivido nunca.
–Pues en un pisito en las afueras. –aunque físicamente una niñita débil y vulnerable al estar tan magullada por el atropello, su tono era más parecido al de una mujer arrogante y un poco narcisista que explica a los seres inferiores y estúpidos de su alrededor la cosa más obvia del mundo.
–Los orfanatos están para ayudar a la gente sin padres, para que no se vuelvan rateros y criminales. Deberías estar en uno. –interfirió en niño aludiendo a la pequeña, con tal frialdad y una voz tan vacía de sentimiento que parecía un autómata.
Quillish no le sorprendió su manca de tacto, era algo normal en él y más cuando le racionaban los dulces, aunque le llamó la atención que lo exteriorizara con desconocidos, normalmente era mucho más cerrado.
–Porqué sí que tengo padres, pero no sé dónde, y al gobierno le sale más barato encontrarlos y enviarme con ellos que pagarme una pensión completa hasta los 18. – ya había soltado tantas veces las mismas mentidas que ahora mismo tendría que haber pensado dos o tres veces en lo que acababa de soltar antes de saber si era verdad o no. Tal vez fue por eso que Lawliet no dudó de sus palabras, aunque en situaciones normales era capaz de detectar mentiras sin apenas esfuerzo, aunque sí le llamó la atención un detalle.
–Y por eso no quieres decirnos tu nombre. Pero aún no me has dicho porqué no has ido en un orfanato. –el niño se metió el dedo en la boca y esperó respuesta.
–Porqué me enviarían con mis padres, ya te lo he dicho. –respondió cortante, aunque parecía un poco alterada por el hecho que le pidiese más información, cuando la mayoría de gente simplemente lo aceptaba y cambiaba de tema.
–Todos sabemos perfectamente que si dieras un nombre falso y mintieras como lo estás haciendo ahora no habría ningún problema de este tipo.
La chica se sorprendió, ella por supuesto que había tenido en cuenta la posibilidad, de hecho, la había puesto a la práctica; pero nunca nadie había cuestionado una de sus versiones de su vida y menos las dramático-depresivas.
Lawliet sabía que la niña no contaba toda la verdad, en parte por protección personal ya que obviamente y sin discusión posible no quería volver con su familia biológica. Casi inconscientemente, la analizo; aunque parecía que comía suficiente bien y tenía cierta higiene, tenía los bordes de las uñas mordidos pero un poco largas y sin más blanco del normal cosa que demostraba que se las cortaba con los dientes pero no por vicio. Su pelo estaba recto pero irregular, sin peinados especiales ni siquiera un poco de vaciado para eliminar volumen, por lo tanto, se lo cortaba en casa sin mucho esmero. También llevaba prendas demasiado finas por el frío que hacía, pero no exageradamente; por lo tanto era una niña que iba como quería sin una madre añadiendo capas y capas a su vestuario. Y no era necesario hablar del desgaste de éstas y de la obviedad que eran heredadas, tal vez de tercera o cuarta mano.
La conclusión rápida de Lawiliet fue: va corta de dinero pero se las arregla, ningún adulto se cuida de sobreproteccionarla por lo tanto sus ingresos vienen de robatorios a pequeña escala ya que si no se vería claramente su riqueza. Carácter defensivo por infancia dura. Nivel de inteligencia: medio-alto.
–No recuerdo haber negado haber estado en uno, ni tampoco haber dicho ninguna mentira. –dijo la chica, analizando la reacción del niño.
Ella por su parte también le había estudiado, su pelo negó azabache despeinado, su ropa grande y estándar, su voz mancada de emoción y su falta de sentimientos. No tenía empatía, cierto autismo leve. Era perspicaz, y no parecía tener muchos problemas de comunicación, tal vez asperger, aquel nuevo espectro del autismo del que había leído varios artículos.
También se fijó en que sus dientes y su boca en general tenían el desgaste propio de alguien quién abusaba de glucosa y azúcares, en cambio su cuerpo parecía delgaducho. También tenía la piel pálida, pero no parecía que llevara una vida sedentaria. ¿era posible que se dedicara a jugar a juegos con alto rendimiento muscular y poca hipertrofiación de los músculos en un ambiente cerrado sin luz del sol? ¿o era posible que su cuerpo tuviera un metabolismo tan extraño? ¿Tal vez fuera bulímico? No, no era normal en una edad tan temprana y sus manos no mostraban rastros de ácidos gástricos.
Dejó de lado la jerga médica que le venía a la cabeza siempre que estudiaba libros de universitarios deseosos de salvar vidas en el futuro. Parecía muy frío y calculador, empeñado en no reflejar nada en su aspecto físico. Ropas estándar i holgadas, pelo largo y despeinado, ningún detalle digno de atención a parte de ojeras bajo sus ojos. Evitó pensar en todas las causas de insomnio y sus consecuencias, y dictaminó que era extremadamente inteligente y le costaba dormir, eso era algo que comprendía demasiado bien.
–Entonces no te gustó el orfanato y decidiste dejar la moralidad aparte para dedicarte a vivir a costa per personas honradas y trabajadoras. – reprochó el chico aún sin rastro alguno de emoción e su voz, de forma que parecía más bien como si comentara el tiempo.
–No voy a contestar a eso. –dijo ella, haciéndose la ofendida.
–No era una pregunta, y ya lo has hecho.
Una mirada furibunda fue toda la respuesta que recibió Lawliet, y el silencio invadió la habitación. Quillish, con toda la calma del mundo, decidió que era el momento de sacar los papeles para la prueba de entrada a la Wammy's House. Si es que se le podía llamar así al test de Cociente Intelectual.
Sacó un billete demasiado grande para que cualquier ser racional se lo diera a un niño y lo entregó a Lawliet, quien sin ni siguiera preguntar murmuró unas palabras de agradecimiento y salió de la habitación. Seguramente, cuando saliera dentro de hora u hora y media, se lo encontraría al lado de la máquina expendedora comiendo como si llevara una semana en ayuno.
Abrió la bolsa y entregó un pequeño test escrito a la chica, junto con un bolígrafo.
–Mira, esto es un test para ver si eres muy, muy lista. Sí lo haces bien, podré evitar que tengas que volver a un orfanato como el que no te gustó. –el hombre habló con amabilidad y ternura, pero la chica se limitó a mirarlo con desprecio.
–No soy idiota, puedes parlarme sin parecer subnormal. –tomó el bolígrafo y empezó a tachar cuadraditos con las respuestas que le parecían más acertadas.
El hombre no contestó, simplemente sonrió y sacó el material por las pruebas siguientes. Entonces empezó el test, tras rellenar las primeras 20 preguntas de cultura general, el hombre empezó a preguntar operaciones simples a la pequeña sin apuntar si las respuestas eran érroneas, simplemente apuntando el tiempo que había tardado. Después le hizo repetir números, letras y ambos combinados, cada vez más juntos y pidiendo que los ordenara de formas completas.
Tras oír 20 números y letras aleatorios una sola vez e intentar inútilmente de decir primero las letras en orden alfabético y después los números de menor a mayor; la chica ya no parecía tan llena de ego y prepotencia. Pero aún así Quillish parecía contento, la mayoría de población apenas pasaba de diez, y la mayoría de los de la Wammy se quedaban a los 15–18.
La pruebas siguieron durante casi dos horas que se hicieron eternas. Y se acabaron solo porqué el hombre dictaminó que no hacía falta más tortura para ambos, que claramente estaba capacitada para entrar.
Quillish salió de la habitación, prometiendo volver tras resolver el papeleo y buscando a Lawliet por la sala de espera. Se encontró un montón de envoltorios brillantes al lado del chico, quién saboreaba su último caramelo de la tarde.
–¿Y bien? –preguntó Lawliet sin auténtico interés.
–Sigues siendo el mejor.
Y bueno, hasta aquí llega, no es muy largo… pero no tengo demasiado tiempo.
El test de Ci está en basado en el real. El real se empieza haciendo dibujos con cubitos, se sigue terminando secuencias lógicas, con lo de las operaciones, con lo de repetir números y cifras, con lo de ordenarlos, después relación de conceptos, pruebas de creatividad… en el primer borrador lo explicaba todo, puesto que yo considero interesante este tipo de cosas, pero al final fue fuera por ser demasiado pesado.
Gracias a todos los que habéis comentado, siento haber tardado tanto, en cuanto pueda, voy a por el 4rto! :)
