Al final no pude cumplir mi meta de terminarlo antes de entrar a clase ;A;! Pero creo q ya sólo falta el capítulo final q puede ir o no partido en 2, depende de q tan largo me quede. Igual ya lo empecé a escribir y si con un poco de suerte no me trabo (como en este), lo subiré en el trascurso de la semana. Tengan un poco de paciencia, sí? ;3;
Disclaimer: Hetalia no es mío y nunca lo será, ¿Por qué siempre tengo q repetirlo? T.T
Casi un mes había pasado desde la muerte de Tino y la malvada reina no podría estar más feliz. Si todo seguía de acuerdo a su plan, el control del reino pronto sería suyo, así como el corazón del príncipe Iván.
Ese día en particular se sentía de muy buen humor y decidió hacer una pequeña visita a su sala secreta para tener otra de sus ya conocidas pláticas con el espejo mágico, esperando impaciente por al fin escuchar la tan ansiada respuesta a la ya conocida pregunta:
-¿Quién es en este reino la más hermosa?
El hombre albino del espejo la observó primero y luego al bonito cuchillo que decoraba su marco. Estaba convencido de que pronto habría un segundo, o un tercero.
-Obviamente necesitas conseguir mejores sirvientes…
-Al grano-demandó Natalya cruzándose de brazos. Su buen humor comenzaba a desvanecerse-Responde o verás.
-Antes quiero recordar que tú sola eres la que quiere mortificarse, así que no me eches la culpa de que…¡Bien, ya entendí!-exclamó cuando la vio tomar otro objeto punzocortante-Deberías conseguirte marido…-murmuró entre dientes para que no lo escuchara, pero una mala mirada de la chica bastó para hacer una grieta en el cristal-En lo profundo del bosque, en una cabaña, viviendo al lado de los seis nórdicos, se encuentra la persona más hermosa del reino: el príncipe Tino.
La reina dejó escapar una carcajada.
-Tino está muerto-tomó un pequeño cofre dorado-Enterrado en algún lugar del bosque y aquí tengo la prueba: su corazón.
-¿Ya pasó un mes y todavía tienes eso?-hizo una mueca de desagrado-Aunque siento informarte que te engañaron, lo que en realidad tienes ahí no es más que un tomate aplastado.
-Un toma…¡Un tomate!-arrojó el cofre al suelo-¡Cómo osaron engañarme a mí!
-No es mi culpa si no sabes distinguir entre un corazón y un tomate-se burló el otro, aunque guardó silencio de golpe ante la expresión de completa furia de la reina.
Para Natalya, esa fue la gota que derramó el vaso. Cerró las cortinas para cubrir el espejo y se preparó para hacer lo que originalmente debió hacer: deshacerse del príncipe con sus propias manos y así asegurarse de una vez por todas que no volvería a molestarla jamás.
Tomó un gran libro dorado de un estante y esbozó una sonrisa macabra al contemplar a las figuras de la portada. Además del espejo, su otra posesión más valiosa era su libro de hechizos. Ahí encontraría algo que la ayudaría a librarse de su molesto problema.
Lo hojeó por unos instantes hasta que finalmente dio con lo que había estado buscando. La maldición suprema, esa cuya única forma de contrarrestarla era tan rara que era prácticamente invencible: La muerte dormida.
-Pronto, pequeño príncipe, pronto-canturreaba mientras mezclaba el contenido de varios frascos-¡Me encargaré de que dejes de interponerte en mi camino!
El escalofriante sonido de su risa fue opacado por la tormenta de afuera. Y como si de una premonición se tratara, las nubes negras se extendían rápidamente hacia el bosque, dónde Tino, sin sospechar del terrible peligro, despedía a los nórdicos antes de partir a su diaria jornada de trabajo.
-Recuerda: Hoy en la noche, tú, yo…y la cerveza. ¡Esta es la definitiva!
-Lo tendré en cuenta, Dinamarca-dijo sonriente.
-Deja de perder el tiempo, tonto-lo empujó Noruega y el ojivioleta sólo atinó a soltar una risita nerviosa mientras se despedía agitando la mano.
-Tan temprano y ya están con eso-suspiró en señal de frustración el joven peliblanco.
-¿Qué tal si le das un abrazo a tu hermano Tino antes de irte?
-…adiós-pronunció secamente Islandia para después seguir a los otros.
-¡Tino!
El aludido se giró para ver quien lo llamaba y se topó con los dos únicos niños en el grupo de los nórdicos.
-¿Hoy irán ustedes también?
-Papá prometió enseñarnos a hacer figuras en madera-explicó entusiasmado Sealand, un muy grande contraste con el ceño fruncido de Ladonia.
-Ya veo-asintió y acarició en la cabeza al pequeño rubio-Entonces pórtate bien y no le des problemas a tu padre.
-No lo haré…-hizo una pausa-mamá-se apresuró a agregar y acto seguido echó a correr antes de darle oportunidad de quejarse o protestar al confundido príncipe.
-Oye…
-¿Ah?-regresó a la realidad cuando el jovencito pelirrojo se acercó a él tímidamente y con la mirada gacha-¿Sucede algo, Ladonia?
El niño le hizo una seña para que se agachara y entonces notó que estaba sonrojado. Curioso por saber qué sucedía, el rubio mayor obedeció y le dirigió una sonrisa reconfortante…aunque su expresión cambió a una de profunda sorpresa cuando recibió un beso en la mejilla y después fue Ladonia quien echó a correr a toda prisa. Tino sólo alcanzó a ver a Sealand riendo y al otro gritándole algo en respuesta. Tuvo la ligera impresión de que se había perdido de algo, pero no supo qué.
De cualquier manera, no pudo seguir dándole vueltas al asunto, porque en ese momento el nórdico faltante hizo su aparición.
Ambos se contemplaron en silencio por lo que les pareció una eternidad, hasta que Suecia se decidió a hablar primero, lo que ya de por sí era bastante inusual.
-Ll'garemos a la hora de s'empre. C'idate.
Tino apenas se disponía a responder cuando el de lentes ya se había marchado. Dejó escapar un largo suspiro.
No estaba seguro de cuál era la razón, pero últimamente Suecia lo evitaba. Más concretamente, desde su última competencia con Dinamarca, hacía poco más de una semana.
Era demasiado confuso. Recordaba haber estado bebiendo en compañía del nórdico cuando de pronto todo se puso borroso. Cuando despertó a la mañana siguiente (y con un terrible dolor de cabeza), se encontró con que de alguna manera pudo llegar hasta su habitación. Dedujo que su compañero de cuarto le hizo el favor de llevarlo hasta allí, aunque del susodicho no había ninguna señal.
Al final, lo encontró dormido en la cama de Sealand. Ladonia también estaba con ellos. Los tres (o cuatro, contando a Hanatamago, que también estaba ahí) se las habían ingeniado para acomodarse y así poder pasar la noche. Era una escena muy tierna.
El príncipe volvió a suspirar y después entró a la cabaña para seguir con sus labores diarias.
-No lo sé, tal vez hice algo que lo ofendió…¿Tú qué crees?
La cachorrita lo miro ladeando la cabeza y después se enfocó en terminar de comer su desayuno.
-Quiero decir…bebí mucho esa noche-continuó hablando mientras recogía los platos sucios de la mesa-Probablemente dije o hice algo que lo molestó. Supongo que debería disculparme…aunque no sé bien qué pasó, pero sería lo más apropiado-asintió decidido-Vaya, realmente me es útil hablar contigo, Hana.
Hanatamago ladró entusiasta, no muy segura de qué hizo, si bien estaba feliz de poder ayudar a su amo.
-También creo que sería bueno poder hacer algo para compensarlo…-guardó silencio para pensarlo bien por unos instantes-Quiero decir, Su es una persona muy amable y gentil-se sonrojó un poco-Siempre está haciendo algo por los demás. Trabajando, cuidando a los niños, cocinando…¡Eso es!
La perrita le dirigió una mirada llena de curiosidad y se acercó a él.
-¡Voy a prepararle algo! Le haré un pastel.
Hana emitió un sonidito de inconformidad, lo que no pasó desapercibido para su dueño.
-¿Huh? ¿Tu tampoco crees que pueda cocinar?
Para evitar meterse en más problemas, la mascota emprendió la graciosa huida.
-¡Ya verán!-exclamó un muy determinado y convencido Tino-¡Voy a preparar el mejor pastel que haya comido en toda su vida, yo sé que podré!
No tenía más tiempo que perder. Fue hacia las alacenas para buscar todo lo necesario: harina, huevos, leche, mantequilla…más algunas cosas extras para darle sabor y puso manos a la obra mientras entonaba una canción que hizo que Hanatamago, quien estaba tranquilamente echada en la alfombra, empezara a aullar en señal de protesta.
Y mientras Tino mezclaba entusiasta los ingredientes en un tazón, ocupado en su taller junto con el resto de los nórdicos, el más alto acababa de sufrir un ataque de estornudos seguidos por un escalofrío.
-¿Estás bien, papá?
-Claro que lo está-respondió secamente Ladonia en lo que el mayor buscaba un pañuelo-Y esto es aburrido, quiero irme a casa.
-¿Con mamá?-el pelirrojo se tensó y Sealand supo que había acertado.
-No sé porqué insistes en llamarlo así-se cruzó de brazos y desvió la mirada-Ni siquiera se llevan bien.
-No, es lo normal-repuso tranquilamente-Es como cuando el tío Noruega se enoja con el tío Dinamarca. Lo ignora un tiempo para molestarlo pero al final siempre se arreglan.
Como para ilustrar lo dicho por el rubiecito, justo en ese momento pasó el del rulito flotante, seguido por el líder del grupo.
-Vamos a hacer inventario en la bodega, ¡Así que no nos molesten!
-Cierra la boca, idiota.
Islandia fingió no oírlos y siguió acomodando las herramientas, si bien tomó en cuenta la advertencia. No quería ser él quien entrara cuando su hermano y Dinamarca "hacían inventario", no de nuevo.
Le extrañó la falta de quejas. Dado que los pequeños felizmente desconocían lo que realmente sucedía en la bodega sólo quedaba alguien más. Buscó a Suecia con la mirada y lo encontró en su lugar normal de trabajo, tallando una figura en madera sin ninguna forma en especial.
Aprovechando que Sealand y Ladonia discutían sobre…algo, aprovechó para acercarse al de lentes. Había notado su cambio de comportamiento en los últimos días y aunque tenía una muy buena idea acerca de qué podría deberse, no estaba de más asegurarse. Porque contrario a lo que Noruega y los demás pensaran, era bastante observador y muy capaz de darse cuenta de las cosas, inclusive aquellas que trataban de ocultarle.
-Algo te pasa y creo saber qué es-dijo sin rodeos-Pero preferiría que tú me lo contaras.
Suecia desvió la mirada, pero al final la regresó al peliblanco frente a él y suspiró. Suponía que podría hacer lo que le pedía, no tenía nada que perder.
-¡Está listo! Creo…
En la mesa yacía una extraña masa amorfa y semisólida a punto de salirse del recipiente que la contenía.
-Solamente queda hornear el pastel-tomó un cucharón y golpeó varias veces la…cosa para impedir que se derramara-Entonces seguro quedará bien.
Lo que no se dio cuenta fue que alguien lo observaba a través de la ventana, y cuando lo hizo, casi salta hasta el techo.
-Lo siento mucho, jovencito-se disculpó la anciana en tono suave-No fue me intención asustarte.
-N-no me asusté, sólo me sorprendí-repuso el príncipe apenado.
-¡Claro! Un hombre joven y valiente como tú no le tendría miedo a una pobre viejecita como yo, ¿cierto?
El ojivioleta se limitó a asentir. A pesar de su aspecto inocente, esa anciana de largos cabellos blancos tenía algo que le producía escalofríos. De inmediato se reprendió por pensar de esa manera. Se suponía que no debía juzgar a otros sólo por su apariencia. Ya había hecho eso con Berwald y no dejaba de arrepentirse.
"¿Huh? Por qué…"
Sacudió la cabeza con fuerza. Verdad que últimamente se sorprendía pensando en el de lentes con demasiada frecuencia, mucha más de la que estaba dispuesto a admitir. Pero, ¿por qué?
La viejita carraspeó y fue entonces que el rubio recordó que seguía ahí.
-¿Estabas cocinando?-cuestionó curiosa.
-Um…sí-respondió el príncipe, que por alguna extraña razón no podía dejar de sentirse nervioso-Iba a hornear un pastel.
-Oh, ya veo. Estoy segura que te quedará muy bien-comentó sin quitarle la vista de encima a la masa amorfa-¿Podría ser que lo estuvieras haciendo para alguien especial?
-¿Y cómo lo sabe?-preguntó, sorprendido porque hubiera adivinado sus intenciones.
-Bueno, tengo algo de experiencia en estas cosas aunque no lo creas-se obligó a mantener su sonrisa-El amor realmente es algo maravilloso.
-¡No es amo…!
-¡Y!-se apresuró a interrumpirlo-Si quisieras tomar en cuenta un consejito, creo que tengo algo aquí que podría ayudarte con ese alguien especial…
La mujer se dispuso a buscar algo en la cesta que llevaba, pero fue bruscamente interrumpida por un ladrido y por algo que le golpeo el rostro, dejando escapar una exclamación y comenzando a dar de manotazos para liberarse de la bola de pelos blanca que la atacaba.
-¡Hanatamago!-llamó el joven príncipe a su mascota, pero no lo escuchó.
La cachorrita saltó por la ventana en el instante que presintió que algo no iba bien, y no se equivocaba, sus instintos nunca lo hacían.
Continuó saltando y mordiendo los bordes de la capa negra de la intrusa, esperando con eso ahuyentarla y que se fuera. Inclusive le enseñaba los colmillos y gruñía, buscando verse lo más agresiva posible para asustarla.
-¡Hana, basta!
Para ese entonces el ojivioleta ya había salido y no perdió tiempo en tomar a su mascota para que dejara en paz a la anciana.
-¿Qué no te da vergüenza?-la reprendió después de colocarla de vuelta en el suelo y ver si la otra estaba así-Tratar así a una pobre anciana…
Hanatamago lloriqueó y bajó las orejas, pero volvió a gruñirle a la vieja preocupada por lo cerca que estaba de su amo, lo que no pasó inadvertido.
-¡Hana!-volvió a regañarla-Hablo en serio, no eres así-le pasó un brazo por los hombros a la mujer, quien volvió a la realidad tras revisar rápidamente que el contenido de su canasta siguiera intacto y hasta se permitió esbozar una pequeña sonrisa victoriosa-Lo siento, pero voy a tener que castigarte, tendrás que quedarte afuera-sentenció seriamente-¡De verdad lo lamento!-se dirigió a la anciana mientras la invitaba a pasar a la casa, cerrando la puerta después-No sé qué pasó, Hana es una perrita muy dulce. Nunca había hecho eso antes.
-No hay problema, en serio-aseguró ella, mirando fugazmente a la ventana y apenas disimulando una sonrisa al contemplar los intentos inútiles por la cachorra para entrar de un salto-Como agradecimiento por haberme ayudado, quisiera darte algo…
Entonces sacó una hermosa y enorme manzana roja de su cesta y se la ofreció.
-No puedo aceptarla-la rechazó de inmediato Tino-No después de lo que pasó…
-Está reposada en vodka.
-Bueno, sería muy descortés de mi parte rechazar tan generoso regalo-tomó la fruta y la contempló dudando.
Aun afuera, Hanatamago seguía percibiendo el claro peligro, pero no podía entrar a pesar de todos sus intentos. Aunque eso no quería decir que iba a dejar las cosas así como así.
Alzó la nariz y comenzó a olfatear, moviéndose en varias direcciones hasta que finalmente percibió un aroma: el de ese hombre alto y con esos extraños cristales sobre sus ojos que siempre estaba al pendiente de su amo.
No lo pensó dos veces para echar a correr lo más rápido que le permitían sus patitas. Esperaba no demorar demasiado.
De regreso al taller de los nórdicos, Dinamarca y Noruega habían finalizado de hacer el inventario, Sealand y Ladonia terminaban de pintar y decorar su más reciente obra y Suecia terminaba de contarle su triste historia de amor imposible a Islandia, aguardando impaciente por su veredicto final.
-Si ese tal príncipe Iván es tan importante para Tino, ¿por qué no fue con él en lugar de perderse en el bosque?
El de lentes lo pensó con cuidado antes de responder.
-P'ra no p'nerlo en p'ligro porque lo qu'ere demas'ado-le resultó especialmente difícil pronunciar eso-P'ra pr'tegerlo.
-Podría ser, pero Tino nunca nos habló de él-lo rebatió el joven peliblanco-Y además la única vez que lo hizo estaba borracho.
Suecia guardó silencio buscando algún argumento para rebatirlo. Islandia decidió no desaprovechar la oportunidad.
-Al principio pensé que Noruega detestaba a Dinamarca por sobre todas las cosas-comenzó a decir y el otro lo miro algo extrañado por el repentino cambio de tema-Me costó mucho tiempo comprender que no era así –y pensaba que hubiera estado mejor de no haberlo averiguado nunca-Ustedes dos son más fáciles de leer. Honestamente, no sé si Tino te ama o no, pero…-agregó cuando el otro nórdico agachó la cabeza-puedo asegurarte que no le eres indiferente y eso por sí sólo ya es un inicio. Me atrevería a decir que le agradas bastante. De ti depende si quieres seguir llorando y lamentarte o tratar de hacer algo al respecto.
El más alto no pudo evitar sorprenderse. En primer lugar, era la primera vez que lo escuchaba hablar tanto y de manera corrida, si bien no era tan callado como su hermano pero igual era bastante inusual. En segundo, no se imaginó que pudiera ser tan observador. Y por último, todas sus palabras no eran más que la pura verdad. En momentos así recordaba que Islandia ya no era un niño.
Estuvo a punto de decírselo y también darle las gracias, pero una serie de ladridos llamaron su atención.
-¡Miren quién está aquí!-exclamó entusiasta del líder de los nórdicos mientras la cachorrita ladraba y saltaba y se paraba en sus dos patitas-Seguro te aburriste de estar encerrada en la casa, ¿no?
Suecia se aproximó y Hanatamago se acercó a él, mordiendo y tirando de su pantalón tratando de moverlo sin ningún resultado.
-¡No puedes morder a papá!-la reprendió Sealand, pero la canina no lo escuchó.
El mayor encontraba bastante extraño su comportamiento. Hanatamago normalmente era muy tranquila y en el tiempo que Tino llevaba con ellos nunca lo había dejado sólo, entonces por qué…
Palideció de inmediato cuando la realización le llegó casi como si un balde de agua fría de le cayera encima. Por más que lo pensaba, sólo podía encontrar una razón para que la fiel mascota abandonara a su amo.
-Tenemos que irnos-a Noruega le bastó con observarlo para adivinar lo que seguramente sucedía-Tino está en peligro.
-¿Crees que la reina loca lo encontró?-cuestionó Dinamarca y apenas oírlo, Suecia corrió a abrir un cofre que ocultaban bajo una manta vieja y del que sacó una majestuosa espada-¿Se puede saber que estás haciendo?
-No hay tiempo que perder-el del rulito flotante le lanzó una gran hacha que atrapó sin ningún problema y él tomó una ballesta.
-U'tedes qu'dense aquí-ordenó el de lentes a sus hijos a pesar de saber que no le harían caso-Islandia, c'ídalos.
-Ni crean que voy a…¡Hey!
El peliblanco apenas y tuvo tiempo de guardar una daga cuando los más pequeños ya habían salido corriendo tras Hanatamago seguidos de cerca por los mayores. No tuvo oportunidad de quejarse y decidió enfocarse en seguirlos.
-Entonces…se supone que esta manzana es mágica, ¿cierto?
La anciana asintió en respuesta.
-Así es-le sonrió y el otro volvió a tener un escalofrío-solo una mordida y todos tus sueños se volverán realidad.
El príncipe la miro lleno de escepticismo. Le resultaba imposible creer que una simple manzana tuviera tal poder. Pero si realmente decía la verdad, entonces era una oportunidad que no debía desaprovechar. Podría desear que Natalya se fuera y sus padres regresaran, que el reino volviera a estar en órden. Podría pedir también que a sus nuevos amigos nunca les faltara nada y tuvieran una vida tranquila y libre de problemas. Podría desear que Suecia…
"¿Por qué es que sigo pensando en él?" se cuestionó y sacudió la cabeza para organizar sus pensamientos. Se percató que la mujer aún estaba ahí y regresó su atención a la fruta.
-Bueno, supongo que no tengo nada que perder-dejó escapar un suspiro-quiero decir, es solamente una manzana. No es como si fuera a morir por darle una mordidita…
-¡Pero claro que no!-disimuló su nerviosismo con una risa bastante fingida que el otro no logró descifrar-Vamos dale un gran mordisco.
Sucedió demasiado rápido. Apenas hubo mordido la manzana, el príncipe se desplomó en el suelo. Ni siquiera alcanzó a escuchar la celebración de Natalya, ya despojada de su disfraz, ni los gritos preocupados llamándolo.
-¡Al fin! ¡Soy la más hermosa del reino!-exclamó triunfal la malvada reina.
Nada podría salir mal ya. Sólo había una única forma de romper la maldición: el beso de amor verdadero. Pero claro que eso no ocurriría, porque al tener el camino libre, haría que el príncipe Iván se enamorara de ella y que olvidara que alguna vez conoció a Tino. Sin mencionar que al verlo ahí, inmóvil, los nórdicos lo tomarían por muerto y lo enterrarían sin pensarlo.
-¡Tu! ¿¡Qué le hiciste!
Natalya calló de golpe cuando los otros habitantes de la cabaña hicieron su aparición.
-Responde…-Dinamarca la señaló amenazante con su hacha. Entre Noruega e Islandia se las ingeniaban para mantener a los pequeños atrás en caso que algo más pasara y Suecia no perdió tiempo en llegar al lado de Tino.
Instintivamente, acarició con delicadeza el rostro del ojivioleta. Su piel estaba increíblemente fría y no respiraba. Sin embargo, parecía como si sólo estuviera durmiendo. Apretó con fuerza la empuñadura de su espada.
-No te preocupes, no estoy interesada en ti ni en nadie de tu preciosa familia-pronunció las palabras con desprecio- Ya hice lo que tenía que hacer, ahora me marcharé y ustedes podrán seguir con sus patéticas vidas.
Suecia decidió que había sido suficiente y la atacó con todas sus fuerzas. No era alguien violento y mucho menos se consideraba capaz de atacar a una mujer. Pero si alguien se lo merecía, era sin duda Natalya.
La reina apenas y consiguió retroceder, pero no salió del todo ilesa. Algunos mechones de su largo cabello fueron cortados y apenas lo notó su furia se hizo más grande.
-¡Vamos papá, tu puedes!-animaba el pequeño Sealand, retenido por Noruega.
-¡Yo también quiero pelear!-Ladonia forcejeaba para liberarse, pero Islandia lo tenía bien sujeto.
La mujer les dirigió una mirada cargada de odio y al instante guardaron silencio. El de lentes no lo dudó para interponerse entre ella y los pequeños. Dinamarca y Noruega lo imitaron. Habían fallado en proteger a Tino, pero no permitirían que hiciera daño a los niños.
-No más reina benevolente, han colmado mi paciencia-hizo un rápido movimiento de manos y un fuerte viento llenó todo el lugar-No obstante, les daré una última oportunidad. Pero si realmente están tan decididos a vengarlo-indicó despectivamente a Tino-Los estaré esperando en el castillo, ¡vayan si se atreven!
Los tres se lanzaron sobre ella, pero Natalya fue más rápida y desapareció en un remolino negro, dejando tras de sí a unos desconsolados nórdicos.
A pesar del poco tiempo que habían convivido juntos, todos consideraban a Tino como un miembro más de la familia, por lo que era especialmente difícil verlo así y más sabiendo que nunca despertaría y no podían hacer nada al respecto.
Hanatamago se mantenía cerca de su amo, hasta que Sealand se acercó a ella y la abrazó, rompiendo en llanto. Islandia y Noruega se mantenían en silencio, ambos tomados de la mano intentando consolarse el uno al otro. Incluso Dinamarca estaba inusualmente serio y ni se molestaba en alegar que si se tallaba los ojos era por el polvo y no por otra cosa. Ladonia sostenía la placa de madera en la que hubiera estado trabajando con el rubiecito, una que decía "Te queremos mamá" con las letras pintadas en colores y que ya nunca tendría oportunidad de entregar. Para desahogarse, la alzó con toda la intención de lanzarla al suelo, pero la mano del de lentes sobre su hombro se lo impidió. Fue hasta entonces que el niño se permitió dejar escapar sus lágrimas mientras su padre lo abrazaba.
Suecia no sabía qué hacer o qué decir para consolar a sus hijos, o a cualquiera de los otros nórdicos. Él mismo estaba completamente destrozado. Si no hubieran demorado tanto, si hubieran llegado antes, su hubiera hablando con Tino para decirle…
Dejó escapar un suspiro. Nada de eso importaba ya.
-¿Por qué le hicieron eso?-cuestionó Sealand entre sollozos, pero nadie le respondió-Si él era bueno…¿por qué? ¡No es justo!
Ciertamente no lo era. Pero ya no podían hacer nada… ¿o sí?
El más alto se entretuvo el contemplar el cuerpo inmóvil del príncipe por unos instantes. Tino se había ido y ya no podrían remediarlo. Pero eso tampoco quería decir que permitiría que su muerte quedara impune. No seguiría lamentándose. Definitivamente iba a tomarle la palabra a Natalya y hacerle una corta visita. Y no fue el único que pensó así.
-Hoy me siento de humor para pelear-sonrió Dinamarca mientras tomaba su hacha y a su lado Noruega buscó la ballesta.
Suecia arqueó una ceja en señal de duda, pero el otro no se molestó en dejarlo hablar.
-¿En serio crees que te dejaremos ir solo? ¡Eso jamás!-le lanzó la espada-El rey no puede abandonar a sus súbditos, además no eres el único que apreciaba a Tino.
-¿Papá?-lo llamó tímidamente el pequeño Sealand-Pro…promete que vas a volver…por favor-pidió suplicante.
-Lo h'ré-asintió decidido mientras limpiaba los restos de lágrimas en el rostro de su hijo con su pulgar-Lo pr'meto-agregó viendo a la preocupada cachorrita que su hijo sostenía. Ella tampoco quería perder más amos.
Ladonia avanzó hacia él, no decidido si mirarlo o mantener la vista en el suelo y apretando los puños con fuerza. Suecia le acarició la cabeza y asintió cuando el pelirrojo lo contempló sorprendido. A pesar de su actitud, sabía muy bien lo que realmente sentía y su miedo por quedarse sólo de nuevo.
-Cu…cuídate…papá…
Aunque el que lo llamara así fue totalmente inesperado, pero inmediatamente después recibió una patada para compensar…aunque no le dolió en lo absoluto pero aparentó que sí.
-Contamos contigo para protegerlos a ellos y a la cabaña-instruyó Noruega al peliblanco-Será peligroso.
-Por hoy te toca ser el adulto a cargo-lo despeinó Dinamarca, pasando por alto su inconformidad-Confiamos en ti.
-Van a pelear contra una bruja loca, por supuesto que será peligroso-repuso de inmediato apartándolo de un manotazo-No hagan nada demasiado estúpido, sobre todo tú…hermano.
El líder abrió muy grandes los ojos por la grata sorpresa. Nunca antes lo había llamado así y lo único que pudo hacer fue asentir enérgicamente. Se había quedado mucho de la impresión e Islandia aprovechó para dirigirse a Noruega.
-Si regresas completo, prometo decirte hermano mayor.
-Acabas de hacerlo-repuso esbozando una pequeña e imperceptible sonrisa que sólo el otro pudo notar.
-Cómo sea-se sonrojó intensamente y desvió la mirada.
Y así, los nórdicos mayores partieron decididos a enfrentar a Natalya, sin sospechar que eso era justamente lo que la malvada reina esperaba que hicieran.
Muchas gracias por sus reviews! Ya no tuve tiempo de responderlos en este capítulo, pero tengan por seguro que los leí y en serio se los agradesco! Para el próximo si los responderé.
Entre otras cosas…caigo en cuenta que Natalya es uno de los personajes que más uso para villanos en mis historias (bueno, y Rusia también pero eso no aplica aquí…no del todo XD), pero no es que me caiga mal! Es que es tan fácil ponerla así…estoy pensando en escribir algo con ella pero donde no sea la mala sólo para variar. Todavía no se qué…pensaré en eso para mantenerme despierta en clases XD.
Lograrán los nórdicos derrotar a Natalya? ¿Y qué pasará con Tino? Si quieren saber que pasa…lean y dejen reviews!
