Primero, quiero agradecer a AyanamiInamori, Rusia – Ivan Braginky, Nekoogirl y a mi amiga Yuki por leer el primer capitulo y que me animaran a escribir más sobre este. Tal vez tarde en contestarlo por que también intento trabajar en las continuaciones de mis otras historias abandonadas.

Y ahora no use una canción en especifico, pero pueden escuchar alguna de las de Fit For Rivals o Eyes Set To Kill mientras lo leen.


La lluvia continuó con su pesada caída y el viento furioso seguía golpeando el edificio y todo lo que hubiera a su alrededor. Hace tiempo que su visión se había oscurecido, desmayándose a los pies de la criatura que tanto había estado llamando; maldita criatura de la cual solo pudo admirar sus ojos mientras acercaba su rostro curioso, sus enormes ojos de color violeta brillante. Pudo devorarlo mientras caía inconsciente, no sabía mucho sobre esa cosa que había invocado pues apenas y sabía la forma en como llamarlo y que su objetivo era servir a quien lo había sacado de su prisión en el quinto círculo del inframundo.

Aquella cosa observaba como su nuevo "amo" sucumbía ante el debilitamiento por el fuerte golpe que se había proporcionado. Una risa tanto sarcástica salió de su boca, aquel chico debía saber que debía apartarse más que unos pasos cuando aquel rayo que le servía de transporte chocaba contra algo solido. Tocó su rostro, guardando en su memoria dactilar la forma del rostro del rubio desmayado y a su vez limpiando la sangre que manchaba el rostro del mismo. ¿Cómo ese humano tan simple pudo haberlo traído a ese mundo? Tomó tiempo pero lo había logrado, muchos otros ni siquiera pudieron hacer que manifestara algún mensaje de que estaba llegando. Joven con suerte.

– El primer favor que haré por ti – tomó en brazos delicadamente el delgado cuerpo del inglés e inmediatamente después la mochila que estaba tirada en alguna parte del techo. Una corriente de aire fuerte los envolvió, desapareciendo como si nunca hubieran estado de alguna forma en ese lugar.

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El dolor rebotaba en su cabeza a medida en que iba recobrando la conciencia de su existencia. Ese dolor que nacía como un simple mareo en su cabeza se expandía por su cuerpo, provocando pequeños espasmos cuando el roce de las manos enguantadas de la enfermera de la escuela tocaban su piel. Estaba bien, dentro de lo que cabía y para asombro de los chismosos que rodeaban la escena, no tenía más que unos cuantos rasguños y un golpe en la cabeza. Intento levantarse, apoyándose inútilmente sobre sus codos antes de que el mareo volviera haciéndolo caer en el suelo. Esta vez lo ayudo la enfermera que estaba enseguida de él y una sombra, el sentimiento horrible de saber que era lo hizo quedarse inmóvil.

– ¿Está seguro de que puede cargarlo? Debe estar usted dañado también – la voz de la enfermera jamás le había parecido tan chillona como en ese momento, de hecho, todas las voces o más bien susurros podía escucharlos como si fueran amplificados a veinte veces el volumen logrando que sus oídos le dolieran al igual que la cabeza

– Da, estoy bien – aquella voz, ¿venía de la sombra, no es así? La misma sombra de aquello que había invocado. Entonces alguien más podía ver lo que había traído a ese mundo; y honestamente no sabía si sentirse bien por que había logrado que se materializara o preocuparse por que si lo había logrado, alguien más lo veía y quien sabe como sería su apariencia.

Los murmullos continuaron, no lograba averiguar que eran lo que decían por más que los pudiese escuchar como si se lo dijeran directamente. No había ningún sentido en esos mensajes, eran un montón de balbuceos y por un segundo creyó haber oído gemidos, sollozos recriminándole el haber traído algo del quinto círculo, algo que no iba a poder controlar y consumiría su alma y el alma de los demás una vez que descubriera que no era lo suficientemente poderoso como para impedírselo.

De nuevo, su mente dejó de funcionar un momento. La ultima palabra que escucho fue un tambaleante "Laméntate" seguido de un gruñido que en definitiva no era de un humano.

Se sumergió en el vacío de su mente, buscando la seguridad de sus propias memorias para mantenerse acurrucado ahí mientras su conciencia volvía, más llego perdido a otro lado. Un ardor en su nuca se comenzó a manifestar, ¿sería que en el lado material algo le estaba ocurriendo? No hubo tiempo de pensar más, este ardor continuaba y hacía que soltara gemidos de dolor incesante. Se retorcía, quería escapar de ese dolor que lo seguía no importara que hiciera. Estaba seguro que su cuerpo debía estar retorciéndose en aquel momento como él lo hacía en el vacío de su mente.

– Deja de hacerlo – algo demandó, no hizo mucho caso solo siguió haciendo una ligera presión con sus manos en la nuca – Que dejes de hacerlo, amo – abrió los ojos, girándose de alguna forma para dar en cara con lo que sea que produjera esa segunda voz en él.

No era lo que esperaba. Frente a él había una persona, un hombre extremadamente alto, cabello platinado con dos cuernos curvos apuntando al frente saliendo de su cabeza, robusto y esos monstruosos ojos de color violeta, amenazantes, fijos sobre cada movimiento o reacción de su cuerpo. Un grito se quedó ahogado en su garganta cuando vio la repentina cercanía que había tomado hacía su rostro, ya no estaba lejos, lo tenía a no más de diez centímetros de su rostro.

– No puedes decir nada sobre lo que hiciste ahí arriba, ¿da? No fue inteligente de tu parte no alejarte más de mi vía de transporte – por un momento dejó de estar en trance, relacionando lo que estaba diciendo con lo que había pasado, chasqueando la lengua y mostrando un rostro de enfado. No sabía que aquel rayo sería tan poderoso, era su primera vez invocando algo de ese libro, o más bien, algo que de verdad saliera de alguno de los conjuros de invocación que había realizado.

– No fue mi culpa – aquella cosa enorme solo rodó los ojos y emitió un sonido gutural, casi como el gruñido que había oído justo antes de volver a caer inconsciente – Entonces tú eres lo que estaba invocando, ¿no es así? – era obvio, lo sabía pero estaba intentando saber si realmente era eso o su mente había empezado a hacer pequeños trucos.

– Así es, me sorprende que un principiante lo logrará – aquello ofendió a Arthur, no era un principiante o al menos no se consideraba como tal, aunque era innegable. La cola larga y negra de esa enorme criatura se movía de lado a lado de manera lenta y un tanto atrayente para los ojos verdes del rubio, fijando su vista en ella – De cualquier forma, has sido tú el que me ha sacado de ese lugar en donde estaba en el momento oportuno. Creo que sabes que es lo que puedo y no hacer por ti, ¿no? – hizo un movimiento como si esa extremidad fuera un látigo, logrando que produjera un sonido de chasquido y logrando que el otro dejara de observar aquello, fijándose directamente en él.

– No del todo, aún me resulta indescifrable algunas partes del libro – no más que simples palabras de ciertas oraciones lograba entender, pero ninguna le ayudaba mucho a saber que era lo que deseaba decir concretamente el texto, solo había pocas cosas que lograba traducir perfectamente y esos eran pequeños acertijos, conjuros o párrafos.

Aquella cosa enfrente de él estaba alzó una ceja como un gesto de sorpresa, preguntándose como demonios había logrado aquel humano simple invocarlo si apenas sabía leer el lenguaje usando en el libro de la bruja de Bhalam.

– No me hará mal decírtelo, supongo – exhaló, haciendo memoria rápida de lo que se le había instruido desde el momento en que había nacido – puedo concederte cualquier cosa que desees, sin embargo, hay ciertas reglas sobre como debes pedirlo – hizo silencio un momento – lo que sea que pidas regresará a ti de cualquier forma en cualquier momento, ley de Karma es como lo llamaron los humanos – No esperaba eso, los deseos tendría que pedirlos con cuidado a consecuencia de aquello – No puedo cumplir todo lo que desees de manera instantánea con solo chasquear mis garras, varias cosas llevan su tiempo y en la mayoría no eré yo quien haga todo el trabajo. Para cosas grandes te daré las herramientas para que lo consigas. No puede detener lo que has empezado y sobre todo, hay leyes especificas para cualquier deseo que incluya una muerte. ¿Me entiendes hasta aquí? – Él solo asintió sutilmente, guardando y repasando cada una de las "reglas" que había. El "demonio" (por que era lo más parecido a uno) se sintió complacido.

El sentimiento de que aquello no había terminado estaba presente y cuanta razón tenía – Dime todo lo que tenga que saber – el "demonio" se sintió con libertad de expulsar palabras.

– Te diré solo lo que puedes saber por ahora – el chasquido de la lengua contra los dientes de parte de Arthur no se hizo esperar mucho y aquello causo gracia a la criatura, empezaba a caerle bien – Estaré en este mundo, tomaré una forma humana y mayoritariamente permaneceré a tu lado, sin embargo, yo mismo realizaré mis propios paseos por tu mundo pero si me necesitas siempre puedes llamarme… – tomó su brazo de forma violenta acercándolo más a él, retirando la manga de la camisa y la chaqueta, colocando su mano para hacer presión y un ardor terrible se expandió por el brazo del inglés.

– Agh, ¡basta! ¿Qué estás haciendo? – forcejeó más pero fue inútil, apenas cinco segundos después el demonio le soltó para que se alejara. Sujetó su brazo acariciando la zona dañada, mirando con reproche al otro – ¿Porqué fue eso? ¿Estás loc- – antes de terminar la frase el otro puso un dedo sobre sus labios, acallándolo.

– Ahora la marca que he colocado sobre tu brazo izquierdo debes de tocarla cada vez que me necesites – ignoró las miradas de reproche que aquel muchacho le mandaba.

Apartó su mirada del otro, fijándose en su brazo. Había una mancha rocha sin forma en ella, ni siquiera la marca de la mano enorme de esa cosa, pero pronto las diferentes manchas rojas en su blanco brazo se empezaron a mover, formando una cruz en la cual poseía un círculo tenía de centro el lugar donde se cruzaban ambas líneas y alrededor de la cruz varias de las runas que se encontraban en el libro. Tomó tiempo para que lo asimilara, pasando sus dedos por la zona lo que causo un extraño escozor cuando lo hizo. No lo tocó más desde haber sentido eso, solo lo miro con algo de fascinación, levantando su brazo a la altura de su rostro para apreciarlo mejor. Aquel demonio sonrió.

– Me quedaré en el mundo humano – aquello captó la atención del inglés nuevamente – por lo que tomaré una apariencia humana, no será tan diferente a la que uso ahora para que no puedas confundirme. Al parecer a los humanos son bastante pequeños, les ha sorprendido la estatura que he tomado – y Arthur parpadeó varias veces, un recuerdo repentino cruzó enfrente de él.

– Así que eres el chico nuevo, ¿eh? … astuto tramposo – siseo – y, ¿tenías que llegar como lo hiciste allá arriba? ¿No pudiste simplemente llegar conmigo? – el otro rio.

– No sabía quien eras, además, para que mi traslado fuera completo debías invocarme nuevamente y mis servicios quedarían a tu nombre – aquello no mejoró la expresión de molestia.

Varios murmullos se empezaron a escuchar, invadiendo a ambos, Arthur se agarró la cabeza para dejar de oírlos, intentó seguir esas voces pero no había lugar de inicio y cuando volvió a fijar su mirada donde debía estar su invocación, había desaparecido casi por completo, solo quedaba parte de su rostro y una sonrisa ahí.

– Por cierto, te esperaré en tu mundo. Y puedes llamarme Ivan –

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Y no pudo hacer más, por que lo siguiente fue que sus ojos comenzaron a abrirse, con la luz blanca y molesta cegando su visión antes de despertar completamente.

La enfermería nunca fue su lugar favorito en la escuela. Apenas pudo salir de ese lugar después de que la enfermera curara sus leves rasguños y diera una reprimenda por estar afuera con tal tormenta que se había desatado, se dirigió confundido con mochila en mano a buscar a su invocación. Mala elección hacerlo, estaban todos afuera por que debían mantenerse alejados de las ventanas, al parecer la tormenta continuaba y estaba haciendo bastantes estragos. Internamente sonreía.

Los demás seguían murmurando, todo era sobre él, lo sabía por que sus miradas no dejaban de acosarlo como único punto y a donde fuese lo hacían. Era demasiado para él, aun estando sobreviviendo a las miradas cómplices y murmullos ocasionales, esto era multiplicado por tres a lo que estaba habituado normalmente. Gruñidos silenciosos y chasquidos de su lengua contra su paladar actuaban como un tic nervioso al sentir a todos esos, a esos… otros, hablando de él. Caminó mucho más rápido, intentando huir de ellos, de esos susurros que lo acosaban, los que podía oír como si estuvieran a nada de él, todos a la vez. Se lazó a la primera puerta que encontró, recargándose en ella.

El alivió llego casi instantáneo, el viento que entraba gracias a una ventana rota en ese salón hecho un desastre de papeles mojados y suciedad que entraba por la ventana le relajó un poco el cuerpo.

Podía sentir las palpitaciones de su corazón acelerado, su boca se había secado. Tomó tiempo para que se relajara, observando el mismo punto, la ventana rota con las puntas de los vidrios brillantes, en el suelo habían algunos más con ligeras gotas rojas. ¿Sangre? Debía serlo, al patético o patética que debía estar ahí sentado se debía haber llevado una muy buena herida en el brazo.

En el brazo…

Tomó aire, bajando su mirada de donde estaba postrada para ahora mirar su brazo, levantando la ropa un poco. Ahí estaba, como nueva, esa marca que aquella criatura había colocado ahí, incluso ardía ahora que era conciente de ella. No evito nada, paso sus dedos con cuidado sobre esta, cerrando los ojos un momento. El aire entro más fuerte y agito sus cabellos apenas un poco, el gélido toque de este se volvió cálido. Estaba enfrente de él, respirando sobre su cabeza.

– ¿Me has llamado? –

Abrió sus ojos para observar la bestia, aunque no encontró una como tal. Era alto como lo recordaba, su piel pálida, mucho más que la suya. Su cabello era ceniza, sin los grandes cuernos que salían de su cabeza, con facciones marcadas, un tanto más dulces, y lo más importante; esos ojos, penetrantes y violetas. Un escalofrío recorrió su espalda.

– Funciona… – murmuró para si mismo, encarando al otro – bien Ivan, creo que… pediré mi primer deseo ahora –