Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Kishimoto—sensei. Si Naruto me perteneciese, jamás habría matado a Itachi... Y Kakashi—sensei, ese si és mío.
Advertencia: La historia puede contener situaciones sexuales y violentas, y esta catalogado como Rated M. No recomendado para menores de dieciocho.
Importante: Traducción.
Autora original: Dondeloth
Traductora: Istharneko.
¡Buena lectura!
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O Predador e A Lua
3
Estaba teniendo una pesadilla. En su sueño, la batalla discurría delante de sus ojos, veía la misma escena siendo repetida infinitamente. Una espada empuñada se deslizaba en el aire cortando el pecho de Hyuuga Hiashi por el medio, la sangre viscosa y de un rojo vivo, se esparcía con el viento, como una rosa roja siendo despedazada. Un grito de agudo desespero estaba preso dentro de la garganta de Hinata, y su corazón parecía estar desmoronándose dentro de su pecho.
La joven despertó asustada dentro del cuarto de su padre, estaba teniendo la misma pesadilla otra vez. Colocó una de las blancas y delgadas manos sobre su frente perlada de sudor, el corazón batía fuertemente y su respiración estaba acelerada. Intentó protegerse de la débil luminosidad que invadía el cuarto. Todo estaba en el más completo silencio. miró para fuera de la ventana, viendo la nieve blanca descender vertiginosamente sobre la mansión. Sería un día de invierno muy frío.
La Hyuuga se apretó más la manta sobre su cuerpo, se sentía casi desnuda vistiendo aquel kimono de verano. Intentó oír algún sonido que indicase que el mercenario estaba en el cuarto. No oyó nada. Era muy temprano y quizás él aún estuviese dormido. Con mucha cautela, intentando hacer el menor ruido posible, Hinata apoyó un codo, incorporándose ligeramente. La cama de su padre era alta y ella no podía saber si ese hombre estaba o no acostado en ella, intentó estirar un poco el cuello, mientras su corazón latía lentamente dentro de su pecho.
—¿Cuánto tiempo pretendes seguir acostada?— Preguntó la voz del mercenario de Akatsuki, proveniente del sillón frente a la chimenea.
Su corazón dio un salto. ¿Cuánto tiempo hacia que aquel hombre estaba levantado? No quería pensar que podría haber pasado si la pesadilla no la hubiese despertado. El hombre se levantó lentamente del sillón, y se agachó frente al tímido fuego que crepitaba en la chimenea. Escogió los trozos de madera más grandes, arrojándolos a las llamas.
—¿Sabías que los criados, siempre miran primero de sus señores?— Preguntó Sasuke, posando los ojos de gélido ónice sobre la Hyuuga.
La joven no sabía si debía responder. Durante toda su vida había sido criada y educada como una princesa, ser llamada de sierva era humillante, aún más por el hombre que se auto—titulaba dueño del feudo Hyuuga, después de la cruel muerte que su padre había sufrido.
—¿Cuánto tiempo pretendes estar acostada?— Repitió el moreno, fríamente.
Sin responder y con la cabeza baja, Hinata se levantó, intentando esconder el rubor que le subía por las mejillas. Aún con el aire caliente producido por el fuego de la chimenea, la muchacha sintió frío sin la protección de la manta.
—¿Qué desea?— Preguntó la muchacha, casi en un murmullo.
—Tráeme el desayuno, y después vuelve a curarme.— Hinata concordó con un rápido asentimiento de cabeza, calzó sus leves zapatillas de seda negra, y se dirigió hacia la puerta corredera del cuarto.
—No demores, mujer.— Fue la única cosa que el mercenario dijo, antes de que Hinata se quedara completamente sola en el corredor.
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Cuándo la muchacha de orbes plateados, apareció en la cocina, la mayoría de las siervas se pusieron a llorar.
—¡Hinata—san!— Exclamó Kurenai, agarrando los hombros de la chica, y envolviéndola en un abrazo apretado. —Pensé que aquel monstruo, hubiese hecho alguna cosa contra usted... Pensamos que de alguna forma él pudiese... —La mujer de ojos rojos no consiguió terminar la frase.
—No os preocupéis – Respondió Hinata a todas las siervas y especialmente a Kurenai. – Estoy bien, él no hizo nada conmigo. ¿Dónde está Hanabi?
—Esta en el cuarto, durmiendo.— Respondió la mujer de ojos rojos.— Estaba muy preocupada por usted, incluso pensó en ir a tocar a la puerta del cuarto. Dormí con ella para que no hiciese ninguna tontería. No esperábamos que ese hombre la obligase a estar con él en el cuarto.
—Él ordenó que yo debería dormir en ese cuarto, — Confesó Hinata, sintiéndose avergonzada y humillada.— Dijo que trabajaré como su criada particular.
Kurenai llevó sus delgadas manos de uñas ovaladas hasta la boca, los ojos rojizos y cristalinos se veían bastante en el rostro extremadamente blanco. Todas las siervas comenzaron a murmurar en repulsa a lo que la morena había dicho.
—¡Hinata—sama, no podemos permitir eso!— Exclamó Kurenai siendo apoyada por todas las otras mujeres.
—No podemos hacer nada. No tenemos como enfrentarlo, él nos mataría una a una sin pensar.— Habló la muchacha.— Él no es el tipo de hombre que sienta piedad...
—¡Igualmente, no podemos permitir que la trate como quiera, Hinata—sama!— Respondió su tutora con firmeza.— Usted no puede ser sierva de un asesino.
— Por favor, entienda Kurenai—sensei: Somos solo mujeres, si no podemos de un solo hombre, cuando la noticia de que el clan Hyuuga a sido asesinado se sepa, centenares de mercenarios, vendrán aquí interesados en robarnos,— Dijo Hinata.— ¿Y que podemos hacer contra un ejercito, que puede ser mil veces más cruel que ese asesino? Pero sin embargo, mientras seamos sus siervas y le seamos útiles, seremos protegidas.
—¿Y quién nos defenderá de ese mercenario de Akatsuki?— Preguntó Kurenai desafiante. Para esa pregunta no hubo respuesta.
—Vamos a intentar estar lo más lejos posible de él.— Respondió la joven. — Haremos lo que él nos pida, pero intentaremos hacerlo lo más rápido posible.
—¿Y usted, Hinata—sama?— Preguntó la mujer de pupilas rojizas.
—Intentaré protegerme de la mejor manera que pueda, Kurenai—sensei. Quiero que Hanabi esté lejos de ese hombre. – Respondió nuevamente la muchacha de ojos plateados. — Voy a intentar pensar en algo, tenemos que huir. No podemos ser siervas el resto de nuestra vida, pero por el momento debemos preocuparnos por nuestra seguridad.
Las sirvientas concordaron en silencio, mirando con respeto para Hinata, a la cual consideraban como su verdadera señora.
—Hinata—sama.— Llamó Kurenai, aferrando la mano de la joven.— Por favor, tenga mucho cuidado.
—Lo tendré, sensei. Pero ahora necesito darme prisa, él pidió que le llevase es desayuno.
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Unos minutos después Hinata estaba volviendo al cuarto, con la bandeja del desayuno espléndidamente decorada. Sus pensamientos estaban perturbados y ella se sentía abatida y desanimada. Si pudiese escoger, a la muchacha le habría gustado estar lo más lejos posible del antiguo cuarto de su padre. Ahora, parada frente a la puerta del cuarto, la bandeja pesaba en sus brazos. Intentaba controlarse antes de entrar en aquel recinto. Solo de pensar que tenía que estar sola una vez más con aquel hombre, su estomago se revolvía incómodamente.
Con la punta del pie la joven abrió la puerta corredera del cuarto, depositó la vistosa bandeja sobre una mesita baja, y estuvo esperando algún movimiento por parte del mercenario. Él miraba fijamente el paisaje por la ventana. Afuera, la nieve disminuía la velocidad con la que caía, para comenzar a deslizarse tranquilamente por el cielo. Hinata se dio cuenta de que a aquel hombre parecía no importarle el frío, aún con las bajas temperatura él continuaba sin camisa, como si el aire helado no significase nada.
—El desayuno esta listo.— Anunció Hinata, que no quería estar más en silencio en el mismo cuarto que ese hombre. Cuanto más rápido comiese, más rápido se vería libre de él.
El mercenario se quedó mirando la nieve deslizarse por el aire unos minutos más, antes de encaminarse en dirección a la mesita donde la joven había puesto la bandeja. Ignoró por completo la presencia de ella, que permaneció de pie delante de él. La muchacha de orbes plateados reparó en que él, dejaba de lado todos los alimentos dulces, prefiriendo una bola de arroz y el tan acostumbrado té verde.
—Señor... — Comenzó Hinata, que precisaba conversar con él, por más que aquello le desagradase.
—Mi nombre es Uchiha.— Interrumpió Sasuke.
—Uchiha—sama — Continuó Hinata tímidamente — Tal vez esto no sea algo de su interés, pero, si pretende ser dueño de este feudo, talvez debería saber que estamos casi sin provisiones. — Sasuke no respondió nada, continuó tomando tranquilamente su té.— Los Shinobi que estaban con sus otros compañeros, se llevaron una buena parte de la cosecha que habíamos hecho para el invierno.
—¿Cuánto tiempo pueden soportar las provisiones.— Preguntó por fin, después de unos momentos en silencio.
—No lo sé.— Respondió Hinata avergonzada.
—Entonces descúbrelo y después me lo cuentas. – Habló el Uchiha.— Me parece que este será un invierno muy difícil.
—Sí, señor.— Respondió ella.
—¿Ya tomaste tu desayuno?— Preguntó el Uchiha.
—No, no tengo hambre.— Respondió nuevamente la Hyuuga.
—Siéntate y come.— Ordenó el chico.
—No Uchiha- sama, yo...— Replicó la muchacha.
—Es una orden.— Habló él.
Sintiendo como se ruborizaba, Hinata se sentó frente al mercenario, el estómago le latía de hambre y la visión de la bandeja magníficamente preparada, la hacía sentir aún más ganas de comer todas aquellas golosinas, que eran sus preferidas. Sin saber que escoger primero, la muchacha se sirvió un poco de té verde. El gusto fuerte de la bebida amargó en su boca, dejándola aún más constringida. Ella sabía que él estaba observándola sin decir nada. Incapaz de encarar o mirarle, en silencio, la chica de ojos plateados dijo la primera cosa que se le vino a la cabeza.
—Parece que al señor no le gustó su desayuno.— El otro respondió:
—No me gustan las cosas dulces.—Mirándola.
Hinata miró para la bandeja inconforme. Allí estaba lo que ella y su hermana pequeña adoraban: Pedazos de bollos con crema, torta de mora, bizcochitos glaseados con azúcar. Notó las lágrimas que amenazaban con caer por su rostro y escondió dentro de sí la frustración que sentía por estar pasando por todo aquello, parecía una horrible pesadilla que nunca acababa.
—Oye bien lo que te voy a decir— Dijo Sasuke interrumpiendo los pensamientos de Hinata.— Tengo que resolver cosas pendientes y estaré fuera del feudo un día entero. Volveré por la noche.— Añadió:— Espero que todas vosotras tengáis la inteligencia, de no intentar huir con un tiempo como este. Moriréis congeladas o por el filo de mi espada.
El corazón de primogénita Hyuuga, se heló dentro del pecho. La escena de la muerte de su padre relampagueó delante de sus ojos, haciendo que la muchacha se sintiese como si se hubiese llevado una bofetada en la cara. Su respiración acelerada le dificultó el responder:
—Sí, señor.— Murmuró la Hyuuga con un hilo de voz.
Sasuke se levantó y vistió unas botas negras de cuero, por encima del pecho esculpido, apenas vistiendo una camisa blanca medio abotonada, que fue totalmente cubierta por el manto negro con nubes escarlatas. Sin decir nada más e ignorando la presencia de la joven, el mercenario salió del cuarto sin mirar atrás.
Cuándo Hinata percibió que la puerta estaba cerrada y estuvo sola, las lágrimas guardadas por tanto tiempo se escurrieron por la blanca faz, silenciosamente. La muchacha se tumbó sobre el suelo cubierto por el tatami verde, amarada en el llanto, triste y convulsivo, que duró hasta que la última lágrima hubo corrido por su rostro, rojo e hinchado. Era tan difícil continuar siendo fuerte y por más que ella intentase ignorar la pérdida de su padre, aquello era como un puñal clavado en su pecho. Como deseaba cerrar los ojos y descubrir que aquello solo era un tremendo engaño, como deseaba acostarse en la cama de su padre, sintiendo su olor, tan conocido y no acordarse de nada más.
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Cuándo Hinata finalmente bajo, todas las siervas estaban agitadísimas, corriendo atrás de Kurenai. La mujer de ojos rojos intentaba contener la agitación sin mucho éxito, muchas mujeres creían que Sasuke se había ido, dejándolas en paz. Fue dificil para Hinata convencerlas de que él volvería, y que intentar huir en pleno invierno, corriendo el riesgo de una nevada que las pillará en medio del camino, era una locura.
Más difícil aún para la primogénita Hyuuga fue convencer a Hanabi de que ambas debían quedarse protegidas en la mansión, hasta el comienzo de la primavera cuando el tiempo mejoraría, y entonces podrían pensar en como escapar de aquel lugar. Después de haber convencido a las siervas, Hinata las dividió para que fuese ejecutada una verdadera limpieza en toda la mansión, muchas cosas habían sido robadas y muchas otras estaban damnificadas y por eso mismo tenían muchas cosas que hacer.
La muchacha de orbes plateados se rehusó a estar parada, y junto a las otras mujeres se ofreció para ayudar en lo que fuese preciso en la limpieza. Ya no se sentía una chica rica, nacida en una familia influyente, se sentía como cualquier muchacha que precisaba trabajar para conseguir aquello que deseaba, estuvo feliz ayudando a preparar el almuerzo, como todas aquellas personas que estaban viviendo la misma infelicidad que ella.
Permitió olvidarse por un tiempo de toda la tragedia, habló y sonrió tímidamente, pues no era su costumbre reír abiertamente en presencia de otras personas. Intentó olvidar la sombra del mercenario, que habitaba sus pensamientos, no quería pensar en como sería cuando volviese, solo deseaba que aquellos preciosos momentos durasen el máximo posible.
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Antes de que el sol de pusiera en el horizonte, la noche ya había caído por completo sobre la mansión Hyuuga, como una cubierta sobre los hombros y el tremendo frío, Hinata atravesó el jardín en dirección a la tumba donde estaba enterrado su padre y con mucha dificultad, consiguió encender los inciensos sobre el montón de tierra húmeda, depositó algunas flores cogidas en el jardín, y rezó las tan acontecidas plegarias que aprendió en su infancia, con todo el cariño para el alma de su padre.
Se levantó, sintiendo las piernas doloridas, y corrió de vuelta para la casa, el viento fuerte rugía sobre la construcción, provocando ruidos hediondos. Hinata temía a las tempestades, un miedo infantil que nunca superó. Estuvo feliz cuando alcanzó la puerta de la mansión, lanzando de una sola vez el calor del lugar, tiró la cubierta mojada de encima de sus hombros y un leve aroma de comida invadió su nariz. Había sido un duro día de trabajo y ella estaba con hambre, pero sabía que ninguna mujer osaría comer mientras el mercenario de Akatsuki, no volviese y les diese esa orden.
Miró por la gran ventana que estaba en la sala principal. No podía ver absolutamente nada afuera, puesto que la noche estaba completamente oscura y sin la luna y las estrella que pudiesen iluminar aquella negrura. El viento rugía como si fuese un animal salvaje, corriendo en torno a la mansión con desespero, el corazón de Hinata estaba pesado y aprehensivo, ya hacía mucho tiempo que Sasuke había salido y la nieve que cayó durante toda la mañana, aumento cuantitativamente durante todo el día hasta transformarse en una tormenta.
Talvez él se hallaba preso en algún lugar, pensó la Hyuuga permaneciendo en silencio, observando la noche a través de la ventana de la mansión, o quién sabe si estuviese en algún lugar, protegido del tiempo hasta que la tempestad pasase. La muchacha de orbes plateados suspiró. Debería sentirse feliz por estar lejos de la presencia de aquel asesino, pero entonces, ¿por qué su corazón estaba tan apretado? En la noche, la muchacha pudo ver durante algunos segundos, una sombra más oscura que la noche moviéndose a una velocidad increíble, por un momento pensó que aquella visión había sido creada por su mente.
La puerta de la mansión Hyuuga se abrió produciendo un sonido terrible, el viento entró en la sala, trayendo copos de nieve que sobrevolaron todo el lugar. Parado frente a la puerta, con las piernas muy rectas, Uchiha Sasuke observaba a Hinata silenciosamente. La Hyuuga podía sentir dentro de su pecho, su corazón batiendo a un compás lento y doloroso. Como temía a aquel hombre, un hombre que tenía los ojos como sangre recién derramada. Sasuke desactivo su linaje sanguíneo, volviendo a ostentar los ojos color negro ónice, gélidos, en silencio el chico cerró las puertas de la mansión impidiendo que el viento continuase esparciéndose libremente, los copos de nieve en el lugar. Se encaminó en dirección a Hinata, y antes de dirigirse al cuarto que estaba ocupando, dijo:
—Quiero un baño caliente, y trae ya mi cena.— La muchacha asintió levemente con la cabeza. Su cuerpo entero temblaba, su boca estaba seca y su estómago daba pequeñas sacudidas dentro de sí. Ella se giró encarando las largas piernas del mercenario, que andaba tranquilamente en el corredor de su casa. Su corazón latía de una forma lacerante... Hinata se sentía como si fuese una presa indefensa, presta a ser muerta por un depredador.
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Cuando Hinata llegó al cuarto cargando en sus brazos una bandeja con un plato humeante de sopa, Sasuke ya estaba sumergido en la bañera de madera. El vapor del agua se expandía por todo el lugar, dejando el ambiente húmedo y caliente. La chica de orbes plateados dejó la bandeja sobre una mesa al lado de la cama que ahora pertenecía al mercenario. Se sentó silenciosamente sobre el tatami, observando al joven, que mantenía los ojos cerrado mientras aprovechaba su baño. El perfil de él estaba serio, una pequeña arruga de expresión podía ser vista claramente en el medio de su frente alba, que en aquel momento estaba levemente enrojecida debido a la temperatura caliente del agua.
Sasuke abrió los ojos y lanzó levemente la cabeza para atrás, mientras los brazos musculosos y rígidos permanecían sobre el borde de la tina, echando agua sobre una alfombra roja, bordada con filos de oro. Sumergió el cuerpo completamente en la tina, desapareciendo por un momento de la visión de Hinata pero salió enseguida, con los cabellos negros completamente mojados cayendo sobre la pálida faz, esparciendo aún más agua por el suelo. Los dos se encararon por un momento en el más completo silencio. Con mucha calma el mercenario quitó los cabellos oscuros de su frente y su rostro.
—Procuré provisiones, que serán necesarias para sobrevivir en el feudo durante este invierno. – Dijo el chico.— Dile a las criadas que no se preocupen. No será esta vez cuándo paséis hambre.
El cuerpo joven y delgado de Hinata tembló, indignado de oír aquellas palabras pronunciadas con tamaño desdén. Para ella Uchiha era el hombre más despreciable en toda la faz de la tierra. Desvió la vista del rostro inexpresivo del moreno, se sentía completamente vulnerable al hombre de su frente.
—Tráeme la toalla— Habló el joven, en un pedido que más parecía una orden.
Hinata se levantó, feliz de poder ocupar sus manos. Parada ella se sentía nerviosa, sin conseguir contener su irritación al estar en el mismo lugar que el mercenario.Se aproximó a la tina de agua lo suficiente para entregar la toalla blanca y suave que olía a lavanda. Los ojos color ónice estaban puestos en el rostro de la chica. Con mucha calma se paseaban por todo el cuerpo de ella, observando todo como si estuvieran validando algo de extremo valor, después voltearon a fijarse en los orbes cristalinos que eran los ojos de la Hyuuga. La chica detestó la forma en que aquel hombre la estaba mirando. Dentro de su pecho, su corazón latía rápidamente, su rostro estaba rojo y no podría decir si era por el vapor del agua de la tina.
Quería que aquel hombre cogiese la toalla y al fin la librase de aquella escena perturbadora. Sin embargo el mercenario no parecía tener prisa. Sasuke levantó una de las manos para agarrar la toalla, pero su mano simplemente ignoró el objeto y se posó con firmeza sobre el pulso albo y delicado de la joven.Hinata abrió los ojos espantada con aquel gesto. Podía sentir claramente el toque caliente y húmedo de la mano del Uchiha. Intentó deshacerse de aquel agarre, moviendo su mano, pero el mercenario no se lo permitió. La fuerza de él era inmensa y con apenas un pequeño esfuerzo atrajo a Hinata más cerca de la tina, mientras él permanecía sentado calmamente.
Sasuke giró la muñeca de Hinata para ariba, exponiendo a la luz las manchar rojas y amoratadas en la piel extremadamente alba de la muchacha. Las observó durante unos segundos, sin nada que decir. En un movimiento lento, el chico aproximó el brazo de Hinata, aún más de su propio rostro, que continuaba inexpresivo. Los labios de Sasuke tocaron las manchas rojas, haciendo que el corazón de la Hyuuga rimbombase dentro del pecho. Asustada con aquel gesto, la joven arrancó su mano de la presa del joven, dejando la toalla caer silenciosamente en el suelo. Espantada y sin entender que estaba ocurriendo, dio un paso atrás con una de las manos sobre el pecho, como si con aquel gesto pudiese defenderse. El Uchiha no pareció molestarse con el brusco gesto de ella, se levantó silenciosamente de la tina, salpicando aún más agua por todo el lugar.
Hinata cerró los ojos con mucha fuerza para no ver al mercenario desnudo. La muchacha se asustó aún más cuando sintió su cuerpo presionando contra la pared. Abrió los ojos y solo vio al moreno, con sus brazos contra la pared, manteniéndola presa en aquel pequeño espacio entre la pared y el cuerpo masculino. La joven encaró con fuerza sus ojos color ónice. No quería desviar la vista para no ver ninguna parte des cuerpo completamente descubierto de aquel hombre. Estaba asustada, su cuerpo temblaba y era difícil pensar, su respiración estaba lenta y pesada, y podía sentir su corazón cabalgar sobre su pecho.
—¿Qué piensas que estás haciendo?— Preguntó la joven, indignada e incapaz de continuar en silencio.
El rostro del Uchiha continuaba inexpresivo, y sus ojos negros parecían aún más gélidos. Sin responder la responder la pregunta, el hombre se aproximó a la Hyuuga sintiendo el aroma femenino invadir su nariz. Un olor puro, fresco y delicioso. Hinata sintió la parte de delante de su kimono mojada, mientras el pecho musculoso y rígido del mercenario era presionado contra su cuerpo. El rostro de Sasuke se encontraba doblado en el cuello de ella, que sentía el hálito caliente del chico, haciendo que un escalofrío recorriera su columna vertebral.
—¡Te quiero a ti...!— Murmuró el mercenario con una voz ronca al oído de Hinata.
Los orbes plateados se abrieron de par en par en su rostro pálido. Se sentía acorralada, con miedo sin saber lo que haría para escapar de esa situación. Antes de que la muchacha pudiese pensar en cualquier cosa, los labios del Uchiha se posaron sobre los suyos de manera posesiva. Sasuke sujetó los brazos de Hinata, atrayéndola aún más para sí, una de sus manos aseguraba su nuca, mientras la otra pendía de su cintura, apretándola contra él.
La boca del moreno, besaba, mordía y chupaba los labios de la chica, que estaba completamente rendida a aquel beso devastador. La Hyuuga intentaba empujar al mercenario lejos de sí, pero sus manos apenas conseguían asegurar los hombros fuertes y musculosos que parecían estar hechos de acero para no caer mientras sus piernas temblaban. Invadió la cavidad de la chica sin permiso, tomando el beso más voraz y avasallador. Sasuke exploró los lugares más recónditos, casi llevando a la morena a la locura en un beso mojado, intenso, destruyendo las barreras que Hinata había construido en torno a sí misma, ella no podía resistirse a aquello. Solo sintió que se rendía, incapaz de luchar contra alguien que era más fuerte que ella.
El mercenario se alejó de la muchacha para recuperar el aliento, ella pudo ver claramente los labios masculinos húmedos y rojos debido al beso forzado. Sintió su cuerpo entero hervir en un odio creciente y sin conseguir ser racional, la muchacha hizo la primera cosa que se le ocurrió. Su mano se descargó con fuerza en el rostro de Sasuke, dejándole instantáneamente, una marca rojiza en la mejilla. Los ojos del Uchiha brillaron de una forma cruel. El miedo invadió a la Hyuuga, que se encogió aún más contra la pared. Sin decir una palabra, el hombre la agarró del codo de forma imperativa, llevándola en dirección a la cama. La muchacha se debatió, golpeando las pierna del chico, que parecía no notarlo.
La muchacha fue tirada en la cama, y antes de que pudiese protestar sintió el cuerpo vigoroso y masculino de Uchiha sobre el suyo. Hinata se debatió intentándose libertar de aquel contacto sin conseguir moverse. Pensó en gritar, pero no quería que ninguna de las mujeres entrase en el cuarto, ¿Qué podrían hacer ellas?,¿Cómo la defenderían? El desespero la dominó mientras se debatía inútilmente contra el cuerpo de Sasuke. Sintió su Kimono mojarse más en contacto con el pecho del Uchiha, el cabello negro de él se escurría por su cara, mientras distribuía besos en la cara y el cuello de la chica.
—¡Para!¡Para!— Pidió Hinata inútilmente — ¡Por favor, para!
Los ruegos parecían inútiles para el mercenario, que continuaba besando el cuello de la joven, quien intentaba deshacerse de toda costa de aquel contacto. La desesperación tomó por completo el cuerpo de la chica, que sentía la humedad en sus ojos sin saber lo que hacer. No tenía fuerzas para luchar contra aquel hombre, no tenía como impedir que él tomara lo que deseaba. Sabía muy bien donde los llevarían esas caricias, ¡Y ella no quería!¿Pero como impedirlo? Él era diez veces más fuerte y estaba decidido.
Sendos regueros cristalinos rodaron silenciosamente por su rostro. Los labios rosados imploraban que el Uchiha parase, pero eran ruegos ignorados. La Hyuuga sintió cuando una de sus manos desamarró el kimono, dejando su ropa de debajo al descubierto. La vergüenza de ser vista solo con sus ropas más íntimas, renovó el ánimo de la chica, que volvió a luchar para liberarse de las garras del hombre.
—No luches contra mí.— Pidió el moreno, encarando los ojos cristalinos de la joven, manchados por las lágrimas ya derramadas.— Será peor.
—Para por favor, no lo entiendes... — Suplicó ella.
Las palabras de Hinata fueron silenciadas por un nuevo beso de Sasuke, del cual intentó escapar, girando el rostro de lado. El Uchiha prendió las manos de Hinata encima de su cabeza con solo una de sus manos. Con la mano libre el chico quitó el kimono de la joven, dejándola solo con un leve vestido, fino y pegado al su delgada anatomía. Los ojos ónice apreciaron lentamente aquel espectáculo, mientras ella se retorcía intentando librarse del mercenario.
Los dedos de Sasuke recorrieron el cuerpo de Hinata lentamente, apreciando la tersura que se podía sentir por encima del tejido. El aroma dulce y fino de ella le invadía el sentido olfativo, entorpeciendo aún más sus sentidos, deseaba a aquella mujer, la deseaba por completo, siendo solamente suya... Y de ninguno más. Masajeó los senos jovenes y firmes, deleitándose con el espectáculo de tenerla solamente para sí. Ella era hermosa y él la deseaba enteramente.
Impaciente, el Uchiha rasgó con solo una mano libre la parte delantera del vestido de Hinata, libertando los senos albos para que él pudiese apreciarlos y tocarlos. Los besó tranquilamente, chupando los pezones rosas y erectos, deleitándose del cuerpo perfecto de aquella belleza. Estaba completamente ciego por el deseo que tenía y sentía por aquella mujer. Besó la tez alba, estrujó los senos firmes, dejándolos entumecidos. Estaba en el límite, deseaba poseerla de cualquier forma. Sin conseguir contenerse más, rasgó la última pieza íntima de la joven, dejándola completamente desnuda. Estaba completamente excitado y ya no podía contener más el apetito de su propio cuerpo.
Con una rodilla, abrió las piernas de Hinata, su sexo estaba completamente rígido con una visible erección, deseando el cuerpo femenino que se encontraba tan próximo. La sangre e bombeaba muy rápido dentro de su cabeza, su respiración era entrecortada, y no conseguía contenerse más. La penetró, con fuerza y hondamente, haciendo que un grito desgarrador surgiese por los labios rosados de la Hyuuga, la muchacha contorsionó el cuerpo, lágrimas cristalinas se deslizaban por su rostro, que estaba contraído, los senos tirantes y firmes presionaban el pecho de Sasuke, dejándole aún más excitado. La joven balanceaba la cabeza de un lado a otro de la cama, en negativa, sus brazos continuaban presos por la mano del Uchiha, no conseguía librarse, era una pesadilla...
Él la penetró nuevamente, una y otra vez con estocadas lentas y profundas, sintiendo todo su cuerpo ansiando más. Los movimientos le llevaron al máximo de lo que podía soportar, entonces por fin una onda de alivio y placer le recorrió, vaciándose en aquel cuerpo caliente y joven. Los ojos color ónice se abrieron a la claridad debajo de su cuerpo, Hinata temblaba. Él podía ver los ojos plateados bañados en lágrimas, la nariz roja y la piel blanca, que mostraba el camino que las lágrimas habían recorrido.
Salió de encima de ella, y soltó lentamente las manos de la joven, que las llevó a la altura de su pecho. Más lágrimas descendieron, corriendo por el rostro ya bastante manchado. El cuerpo delgado y femenino temblaba mucho. Con extremo cuidado, el Uchiha la acercó más para sí, abrazando su contorno trémulo por detrás. Ella no ofreció ninguna resistencia. Sobre los dos, posó una manta que estaba a los pies de la cama. Enseguida, acercándose a ella, no demorando mucho, el mercenario ya estaba dormido.
Las lágrimas se escurrían sin parar por el rostro de la muchacha, sus ojos ardían, oía la respiración del mercenario, que era calmada, después lenta y supo que estaba durmiendo en sus brazos. Sintió que su cuerpo se calentaba con el calor que emanaba el cuerpo masculino y la protección de la manta. Pero por dentro su corazón parecía estar congelado... Más lágrimas se escurrían, pero ella simplemente no las notaba. Todo parecía estar desapareciendo, engullido por un enorme agujero abierto en su pecho.
Su virginidad había sido arrancada de una forma sucia y cruel... Todos sus sueños, sus deseos, sus voluntades parecían haberse evaporado. En un abrir y cerrar de ojos, Sasuke había destruido toda su vida. La muchacha cerró sus ojos lagrimeantes, abandonándose a aquel estado de estupor, se sentía débil, sola... Vacía. Un frío intenso parecía emanar de dentro de su propio cuerpo.
Hinata sintió como si su alma, hubiese sido devorada.
Continuará...
Nota de la autora: Yare yare, finalmente volví, realmente pensé que nunca más conseguiría terminar este capítulo, tengo una prueba detrás de otra y sólo tengo tiempo para estudiar, nada más... Maldito curso... Y eso que mi mente tiene muchas ideas para seguir este fanfic...
Bien, como pudisteis percibir, este es el primer hentai que escribí, sinceramente no tengo la menor idea de que os a parecido, seguro que me queréis matar, ¿verdad?
Realmente no veo que parte del hentai haya sido la buena, descubrí que tengo una gran dificultad para escribir fics de este género pero quiero continuar con este desafío. ¡Por eso vuestra opinión es de extrema importancia para mí! Por favor, mandadme reviews diciéndome en que cosa me he equivocado, diciendo que el fanfic es una porquería, elogiando, dando opiniones... En fin, estoy aquí, muy curiosa esperando vuestros comentarios... Eso dejaría a una autora extremadamente feliz... Por eso, onegai, mandadme reviews diciendo que os a parecido! Lo agradezco...
Nota de la traductora: Hola, aquí os traigo un nuevo capítulo de "O Predador e a Lua". Muchísimas gracias por los comentarios a: Helen, DarkAmy-chan, hyuuga-hikari, ania.coug, Miyuky-san, Mari-Adri-chan Uchiha Hyuga, Kadliita!!, Iriaa y Basi. Creo que os contesté a todos por el e-mail, los anónimos, si me dejáis el e-mail, os contestó por ahí. Tal como os dije, este capítulo es el LEMON, aunque a mí me pareció un poco fuerte, casi RAPE diría yo (para quién me preguntó lo que era Rape, es una palabra que significa violar en inglés y se utiliza para catalogar los capítulos o fics que contienen violaciones explícitas de personajes) Bueno, para mí a sido la primera vez que traduzco un fanfic de estas características, pero me a gustado como quedó, espero que mandéis review y me decís que tal os a parecido Muchos saludos y besos!
