Disclaimer: Naruto no me pertenece, pertenece a Kishimoto Masashi, pero puedo superar eso... Kakashi-sensei es mío y si alguien lo quiere alejar de mi me muero, en serio.
Advertencia: La historia puede contener situaciones sexuales y violentas, y esta catalogado como Rated M. No recomendado para menores de edad.
Importante: Traducción.
Autora original: Dondeloth
Traductora: Istharneko.
¡Buena lectura!
5
El invierno corría rápido por el feudo Hyuuga modificando el paisaje del campo. La nieve caía constantemente esos días, dejando los tejados de las casas cubiertos por un manto blanco, recordando vagamente a los pastelitos con cobertura de azúcar. Los lagos estaban congelados y los animales se habían escondido, buscando un lugar seguro mientras aquel tiempo tan frío terminaba.
Aún era muy pronto, la densa bruma cubría la mayor parte del camino que llevaba al pozo. Los pasos de Hinata daban era cautelosos y lentos, en aquel instante el balde de madera estaba vacío, sin embargo estaría rebosante de agua, ese trabajo era aún más difícil.
La chica de ojos plateados respiró hondo, sintiendo el aire helado de aquella mañana penetrar en sus pulmones, despertándola por completo. Hinata jamás hubiera imaginado que llegaría un día en su vida que tendría que hacer aquel tipo de servicios, dedicado exclusivamente a los criados. Así como ella nunca imaginó que perdería a su padre tan pronto y que vería su casa ocupada por un mercenario usurpador... ¿Cómo alguien podría imaginar que cosas tan terribles como aquellas, podrían acontecer de manera tan repentina en su vida?
La chica balanceó la cabeza alejando aquellos pensamientos incómodos. El pasado no podía ser alterado y ella sabía que no tenía fuerzas suficientes de momento para salir de aquella situación... Más, llegaría un día en el que se vería libre de todo aquello. Entonces todo estaría bien, por eso tenía que ser fuerte y nunca desistir. Por más que se sintiese triste y perdida no permanecería llorando por sus pérdidas, precisaba de luchar y mantenerse bien. No se que quejaría por tener que hacer servicios como una simple criada. Ella ya no era la primogénita de un importante clan del País del fuego. Ahora Hyuuga Hinata era apenas una muchacha que tenía que trabajar para tener que comer.
Admiró el cielo de aquella mañana que estaba completamente cubierto de nubes de una tonalidad blanca cenicienta. No era la heredera de absolutamente nada, pero por lo menos podría continuar viviendo en el sitio donde nació. Amaba el feudo Hyuuga a pesar de saber que si continuaba viviendo allí su vida sería muy difícil, la chica no tenía voluntad para ir a ningún otro lugar que no fuese ese. Se acordó de Hanabi y sus constantes acusaciones y presión ejercidas en relación a aquello. Su hermana pequeña decía casi todos los días que no soportaba más estar en aquel lugar y que deseaba huir lo más rápido posible. Hinata sabía que la paciencia nunca había sido uno de los fuertes de su hermana. Si no fuese por Kurenai con certeza Hanabi ya habría huido sola hace mucho tiempo.
Hinata vio la silueta del pozo formarse delante de sí, apresó el paso, pues sabía que durante aquel día tenía muchos otros servicios para ser realizados. Amarró una cuerda al balde de madera y lo hizo descender lentamente hasta el fondo del pozo; sintió el peso ir aumentando gradativamente y supo que el balde estaba lleno. Estiró con fuerza la cuerda, sintiendo como los dedos quedaban calientes debido al esfuerzo. Hacía esa tarea cada mañana pero aún así parecía no haber adquirido la fuerza necesaria.
En un último esfuerzo Hinata tomó el cubo lleno de agua del borde del pozo con mucho cuidado para no derramar mucha agua en el suelo cubierto de nieve. Se limpió un poco el sudor que brotaba de su frente con una de las manos. Sentía la espalda ligeramente dolorida. Un viento más fuerte barrió el lugar, haciendo que sus cabellos se desperdigasen en todas direcciones, la densa bruma se esparció también, lenvantada por el viento, mostrándo hasta aquel momento un paisaje cubierto.
La parte de abajo era grande, descendiendo por la planicie estaban los enormes campos de arroz del feudo Hyuuga. La joven vio a lo lejos pequeños puntos negros entre el lodazal de los campos. Eran los nuevos trabajadores. La última cosecha había sido completamente perdida debido al ataque que golpeó por sorpresa todo el feudo, La mayoría de los trabajadores que no murieron junto a Hiashi defendiendo sus tierras, habían huído despavoridos por miedo de los mercenarios de Akatsuki. Hinata no podía culparlos.
Veía los puntos negros moviéndose lentamente, arrancaban el arroz podrido preparando la tierra para la nueva plantación que sería la próxima primavera. Eran personas simples y sin casi ninguna instrucción, descendían de generaciones de hombres y mujeres que no sabían hacer nada más que no fuese plantar, recoger y curvarse ante el dueño de las tierras que ellos cultivaban.
Todos habían sido contratados por Uchiha Sasuke. El mercenario había herrado dos semanas atrás trayendo consigo al primer bando de trabajadores, él les prometió un lugar donde morar y algo para comer; a cambio ellos tenían que trabajar durante aquel invierno y primavera siguientes, recibiendo un pequeño pago en la próxima plantación. Hinata sabía que aquellos era muy justo, pero los rumores estaban esparciéndose rápido: El País del Fuego finalmente había declarado una guerra abierta contra el País del Agua y las batallas ya habían comenzando a instaurarse en todos los cantos de las fronteras; muchas familias ya lo habían perdido todo y aquellos que habían sobrevivido buscaban un lugar donde permanecer durante el invierno. Encontrar un feudo que estaba precisando de mano de obra en aquellas condiciones significaba la esperanza de estar vivo en la próxima primavera.
Hinata así como todas la mujeres del feudo ayudaron a los nuevos trabajadores que habían llegado. La mayoría estaban desnutridos, había familias enteras con bebes de pecho y chiquillos aún muy pequeños que no pronunciaban palabra alguna. Estaban dolidos, algunos gravemente heridos y Hinata recordó que durante aquellos días ella había trabajado casi sin parar tratando la mayoría de las enfermedades de aquellas gentes simples que les miraban con ojos desconfiados. La sala principal de la mansión se había vuelto un inmenso campamento en los primeros días, antes de que las personas fueran divididas y comenzaran a ocupar las casas que se hallaban en aquella villa de trabajadores, próximas a la mansión.
En ningún momento faltó ayuda, recordó Hinata observando aún la labor lenta y continua en los campos de arroz. Todo había sido suplido por Uchiha Sasuke. El mercenario, a veces se iba durante semanas y cuando volvía traía más comida y más gente dispuesta a trabajar por un plato de comida y un techo encima de sus cabezas. Nadie sabía como conseguía esa ayuda,
En ningún momento Sasuke dejaba el feudo pasando alguna necesidad. Él mismo había dividido las familias, mandando a las hombres hacer los trabajos de fuerza, mientras que las mujeres cocinaban y limpiaban el feudo. La mansión había adquirido nuevamente el brillo de la limpieza; los muebles estaban pulidos y el suelo encerado, la plata, los cuadros, las cortinas, las ventanas brillaban como si fuesen nuevas y el feudo Hyuuga parecía prosperar. Hinata no quería admitirlo pero el mercenario había dejado el feudo en buen estado y orden. Él realmente parecía entender la rutina de las plantaciones. La chica de ojos plateados lo había visto alguna vez conversando tranquilamente con un grupo de trabajadores; parecía entender de aquel asunto, los hombres lo hallaban un buen patrón, justo y honesto. Las mujeres lo encontraban una persona buena y gentil, obedecían sus ordenes sin pestañear.
Solamente las siervas que habían servido a Hyuuga Hiashi, Kurenai y Hinata mantenían su opinión contradictoria respecto a Sasuke, más no osaban decirla a los trabajadores; la guardaban en silencio, obedeciendo las ordenes del mercenario sin crear confusiones.
Hinata continuaba compartiendo el cuarto con Sasuke pero él no le dirigía la palabra, con la excepción de darle alguna orden. La chica hallaba eso muy bueno. Durante todas las noches después de terminar su servicio se presentaba ante el señor del feudo, el cual amarraba uno de los tobillos de la joven con una cuerda, sin ni siquiera mirar una vez para ella. Hinara se resignaba a aquel tratamiento humillante y se acostaba en silencio en su tapete, cayendo rápidamente en un descanso sin sueños. El duro trabajo durante el día la dejaba exhausta, pero la alejaba de la compañía de Sasuke y eso era sin sombra de dudas algo muy bueno.
La chica de orbes plateados sabía que el mercenario la vigilaba despierto. No la dejaba hacer tareas en las que tuviese que tardarse mucho tiempo y lo máximo que podía recorrer era hasta allí, el pozo. Si andaba más allá sabía que alguien la delataría a Sasuke, y él vendría como un rayo a por ella. Tenía a todo el feudo Hyuuga bajo su control y ojos en todos los lugares lo que volvía la idea de una fuga por lo demás arriesgada.
Hinata suspiró, estaba comenzando a demorarse y alguien empezaría a preguntar por ella dentro del feudo. Aquel sería un día harto como los otros, quitó uno de los cabellos que le cubría el rostro y la colocó delicadamente tras su oreja. Los largos cabellos negros se hallaban ahora la mayor parte del tiempo presos en una cola de caballo. Limpió sus manos delgadas y finas en el nuevo kimono. Ahora ya no tenía que andar por los lugares pasando frío y vergüenza ya que Kurenai había cosido un buen Kimono con un pedazo de tela vieja que había hallado. El algodón era medio áspero pero sin embargo caliente, y eso era lo que importaba en la opinión de Hinata, principalmente porqué era algo decente con lo que vestirse. El color del vestido era un verde lustroso que recordaba a las hojas nuevas de la primavera; combinaba muy bien con la piel de Hinata, resaltando su delicada tonalidad.
La muchacha cogió el balde con ambas manos y comenzó a hacer el trayecto de vuelta, que sería ahora mucho más lento. Su estómago soltó un gruñido, cuando llegase a la cocina pensaría en pedir uno de esas croquetas tan gustosas que sólo su sensei sabía hacer. En pensar en aquella posibilidad una sonrisa brotó de sus labios rosados, haciendo que su espíritu se calmase. Nada como un bollito caliente en un día frío de invierno como aquel.
OoOoOoOoOoOoOoO
Antes de conseguir visualizar la entrada de la mansión, Hinata pudo oír la algarabía que los niños estaba haciendo. Era un pequeño grupito alegre y animado de algunos niños y niñas que con los pies descalzos se hallaban disputando una sangrienta y violenta guerra de bolas de nieve. Había dos grupos distintos que se escondía en cualquier lugar, intentando desesperadamente no ser alcanzados por uno de los blancos proyectiles que haría que él fuese eliminado del juego.
La sonrisa de la chica se alargó al ver aquello. Perdía la cuenta de las tantas veces que ella misma se había divertido, haciendo ángeles en el suelo repleto de nieve o corriendo tras los blancos copos para que ellos tocasen su lengua. Más de una vez deseó poder tener un animado grupo como aquel para poder hacer una guerra como esa. Más, ella era la hija de Hyuuga Hiashi y su padre nunca gustó mucho de los niños por lo que creció jugando sola, inventando a sus amigos, para dividir esos juegos infantiles. Viendo la alegría estampada en aquellos rostros colorados y sonrientes Hinata se sintió tentada por dejar el balde de agua y unirse a la fiesta pero la vergüenza de hacer aquello sólo permitió a la chica observar desde su lugar.
- ¡Atrapadlo, atrapadlo! -Clamó un pequeño de cabellos cortos que parecía ser el líder de uno de los bandos-. ¡No lo dejéis escapar!
Vio cuándo un grupo de niños salió corriendo tras un chiquillo, que tenía un corte en el rostro, y aún siendo perseguido sonreía alegremente. El pequeño corría muy rápido y no sería alcanzado por sus perseguidores; percibiendo su ventaja, bajó las manos al suelo y formó una bola de nieve con sus pequeñas y ágiles manitas, y se preparó para arremeter contra los demás. Hinata vio que la puerta de la mansión se abría e intentó impedir al chico que la lanzase, más no lo consiguió. El proyectil blanco cruzó el aire pasando por al lado de los niños, que miraban aquello con sus pequeños ojitos abiertos, yendo a acertar en medio del rostro de Uchiha Sasuke.
La bola de nieve fue a dar directamente a la faz del mercenario, lo cual le pilló completamente por sorpresa, sus ojos negros se posaron de forma gélida sobre la banda de niños y después en Hinata. La muchacha sintió el miedo crecer dentro de sí. Debía hacer algo para defenderles. Juntando todo el coraje que tenía corrió algunos metros y paró delante de Sasuke con la mano encima del corazón palpitante.
-Por favor –Pidió ella con voz gentil y dócil-. No se enfade con los niños, era sólo un juego...
Los ojos color ónice encararon el rostro de Hinata por algunos instantes para después posarse en el grupo de pequeños que parecían estar aterrorizados.
- ¿Quién me tiró esa bola de nieve? –Preguntó Sasuke, mirando de uno en uno.
Todos permanecieron en silencio, incapaces de hablar.
- ¿No oísteis mi pregunta? –repitió el moreno–. ¿Quién me lanzó la bola de nieve?
El miedo de los niños era tan latente que la joven de ojos plateados hallaba que si extendía su mano podría tocarlo; no había ningún sonido en ese momento.
- ¿Nadie me lo va a decir?
Una pequeña y temblorosa manita se irguió en el aire. Hinata logró reconocer la cara del chiquito que realmente tiró la bola de nieve. No sonreía, y en sus ojos el pánico era visible.
-¿Fuiste tú quien acertó esa bola de nieve en mí?
El pequeño asintió con la cabeza. Los ojitos negros se cerraron, incapaces de aguantar el mirar gélido de los color ónice.
- ¡No se enfade con él, señor! –Gritó un chiquillo–. Él no hizo ningún mal, nosotros sólo nos estábamos queriendo divertir.
Sasuke miró para el rostro de uno de los niños.
-No voy a hacer nada ni con él ni con vosotros. –Dijo el moreno–. Lo único que pido es que no volváis a acertar a nadie más que esté pasando por aquí despreocupadamente.
Los rostros sonrientes se irguieron encarando el rostro serio e impasible del Akatsuki. Todos hicieron reverencias y salieron corriendo, declarando una segunda guerra que comenzó en aquel mismo instante. Hinata sintió su corazón menos pesado cuando vio al grupo de niños dejar el lugar sin ningún castigo, aún los estaba observando cuando la voz de Sasuke la trajo de vuelta a la realidad.
- ¿Qué pensaste que haría contra aquel niño? –Preguntó Sasuke encarando a la chica.
-No sé, tal vez le diese un castigo.
- ¿Creíste que iba a castigar a un niño simplemente por haberme acertado con una bola de nieve? -La chica miró para el suelo, incapaz de decir nada-. Me juzgas igual que a un monstruo mujer.
Hinata intentó controlar el pánico que invadía su cuerpo. Cada vez que estaba cerca de Sasuke sentía un miedo casi insano.
- Yo no lo conozco, lo juzgo por todo lo que me mostró hasta este momento.
Los ojos ónice escudriñaron el bello rostro ante sí. Podía ver claramente el temblor del cuerpo de Hinata, mas sintiendo que pese a aquel miedo ella se mantenía firme en su lugar aunque aquello le costase toda su fuerza de voluntad.
-Realmente –respondió el moreno con una mirada extraña–. Tú no me conoces.
Sin mirar atrás Sasuke dejó a la chica sola y siguió en dirección a los campos de arroz antes de desaparecer por completo; Hinata notó que llevaba un pergamino en una de sus manos.
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Cuando Hinata entró en la cocina de la mansión Hyuuga un olor deliciosa invadió su nariz, recordándole que aún no había tomado su desayuno.
Había una gran barullo organizado dentro del recinto. La vajilla sucia era lavada por algunas mujeres, mientras otras se encargaban de armar la mesa de comida y otras preparaban toda la comida que sería servida en el feudo dentro de algunas horas. Kurenai se aproximaba a la puerta vistiendo un kimono rojo con un delantal simple y manchado por encima.
La muchacha caminó en dirección a su sensei. Cuando Kurenai vió a Hinata sus ojos escarlatas sonrieron en silencio, más Hinata pudo divisar un brillo de preocupación en aquellos orbes tan translúcidos.
-Hinata-sama, ¿Podría venir un instante? –pidió la mujer de cabellos castaños-. Me gustaría hablar con usted un poco.
La chica de orbes plateados asintió con la cabeza en silencio y fue guiada por su maestra en dirección a una de las partes más oscuras del corredor que ligaba la cocina y el comedor de la mansión Hyuuga. Allí, el ruido de los utensilios de cocina entrechocando era casi imperceptible y el olor de buena comida se perdía en el pasillo.
- ¿Que pasó, algún problema? -Kurenai demoró unos segundo antes de responder.
- ¿Sabe dónde está el mercenario? -preguntó Kurenai bajando tanto su tono de voz que fue difícil para Hinata entender lo que decía.
-Pues no –respondió Hinata un tanto vacilante,- mas cuando llegué a la mansión lo vi saliendo en dirección a la plantación.
Kurenai estuvo unos momentos más en silencio como si evaluase la situación; Hinata comenzaba a sentirse aprehensiva.
-Por favor sensei, dime que está pasando.
-Esta mañana – respondió la mujer de orbes rojizos– yo estaba en la cocina, haciendo mis quehaceres cuando oí el comienzo de una conversación en la sala de estar. No pude entender nada de lo que estaban hablando pero espié a través de la puerta y percibí que el mercenario estaba conversando con otro ninja. Probablemente debió ser uno de esos shinobi mensajeros, porqué entregó al Uchiha un pergamino lacrado y luego desapareció.
- ¿Y qué crees que era aquello? – Preguntó Hinata muy interesada–. ¿Algún mensaje de la banda?
-No lo sé Hinata-sama... –respondió como si pensase profundamente en aquel asunto– mas, si los rumores fueran ciertos la guerra no tardará en llegar hasta el feudo. Me pregunto que harían los shinobi de Konoha si descubrieran que este lugar está siendo controlado por uno de sus enemigos.
- ¿Enemigos? –pregunto Hinata sin entender–. Pero él es parte da Akatsuki, un grupo de mercenarios que está en contra de todas las naciones.
A Hinata no le gustó cuando vio que su sensei le escondía algo. Tenía la sensación de que no lo sabía todo.
-Sensei por favor, cuéntame porque los shinobis de Konoha lo verían como un enemigo.
La mujer de orbes rojos suspiró: no podía guardar aquella noticia por mucho tiempo por lo tanto era realmente mejor que Hinata supiese la verdad por ella.
-En todo caso, él sería considerado un enemigo, él puede no haber matado directamente su padre Hinata-sama, mas está usurpando su lugar de derecho, ya que con la muerte de Hiashi debería ser la heredera. Pero, él es un Akatsuki, e hay rumores circulando por ahí, que hablan de que Akatsuki secuestro al Mizukage; dicen que él se volvió un mero títere en las manos de los mercenarios y que ninguna orden suya es cumplida; él es mantenido en cautiverio y nadie sabe con certeza si está vivo o muerto.
Los ojos de Hinata se abrieron ante la noticia, su corazón comenzó a latir a un ritmo más rápido y sus piernas estaban temblando.
-Fue por saber que el Mizukage fue secuestrado que Konoha declaró una guerra abierta contra el país del agua y ahora cualquier Akatsuki o partidario del bando es considerado enemigo del estado.
Hinata llevó una de sus manos a la boca, de repente todo aquello tenía sentido.
-Si por algún caso uno de los shinobi de Konoha vieran éste feudo y descubrieran que está siendo controlado por un Akatsuki en el mismo instante ese mercenario estará muerto.
Hinata miró a su alrededor, ese no era el tipo de notícia que debiera caer en los oídos de cualquier persona; se tranquilizó al ver que realmente no había nadie más allí.
-Hinata-sama –llamó Kurenai con cierta urgencia–. Ese mercenario sabe que no puede permanecer en el feudo por mucho tiempo, no pondrá su vida en riesgo. Él no está tan loco como para permanecer en un país en guerra siendo claramente uno de los enemigos. Mi idea es que dentro de algunos día ese hombre partirá y cuando eso ocurra será nuestra oportunidad de escapar.
Hinata intentó abrir la boca para protestar.
-No, escúcheme Hinata-sama, todas nosotras ya sufrimos mucho y usted más que cualquiera y yo no puedo permitir eso más, sé que éste es el momento adecuado para intentar una fuga, el invierno realmente está siendo muy rígido. Mas, tal vez esta sea nuestra única oportunidad. Por eso esté atenta, si huimos con él lejos del feudo será casi imposible que nos encuentre.
Una de las siervas entró en el corredor cortando bruscamente las palabras de Kurenai. Hinata se alejó de su sensei muy rápido con el corazón cabalgando vertiginosamente en su pecho. Kurenai riñó a la mujer y fue a acompañarla de vuelta a la cocina sin ni siquiera mirar atrás. Hinata se quedó observando la espalda de su sensei alejarse, sintiendo su cabeza girar por tanta información.
Si realmente lo que su sensei le había dicho era verdad entonces probablemente la única oportunidad de huir sería esa, cuando el mercenario estuviese bien lejos del feudo. La chica llevó una de sus manos al corazón y aspiró profundamente el olor a barniz y lavanda que ascendía del suelo lustroso y de los muebles hechos de roble. El aroma de de limpieza se mezclaba con el de la comida trayendo para Hinata una fuerte sensación de hogar. Finalmente el momento de la fuga llegaría, sin embargo íntimamente la joven se preguntaba: ¿Estaría preparada para abandonar por siempre su hogar?
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Toda la mansión Hyuuga estaba cubierta por la oscuridad nocturna cuando finalmente Hinata estuvo libre de sus quehaceres por ese día. Se sentía exhausta, todos los huesos de su cuerpo parecían estar doloridos, los párpados finos y bien diseñados caían vagamente sobre los ojos plateados de la chica, indicando su estado de somnolencia. Caminaba por los corredores de la mansión apenas con un pedazo de vela iluminando su camino; estaba volviendo del cuarto de Hanabi, era su costumbre acomodar a su hermana pequeña para dormir.
La noche era especialmente fría, lo único que se oía alrededor de la mansión Hyuuga era el viento, la nieve caía una vez más, cubriendo todos los lugares como un inmenso cobertor blanco. Hinata apretó el paso hasta el cuarto de su padre. Abrió la puerta corrediza dejando que la claridad y el gustoso calor del fuego que venía de la chimenea se encontrase con su rostro. Sasuke estaba sentado en un sillón rojo delante del fuego, su tez era inexpresiva, sus manos cruzadas estaban delante de sus labios bien hechos. Hinata apagó la vela y se preparó para dormir, estaba realmente cansada.
Se sentó en la alfombra que se había transformado en su cama, ya acostumbrada a la rigidez del lugar. La cadena continuaba presa a los pies de la cama donde el mercenario dormía. Finalmente Sasuke percibió la presencia de la chica y sin hacer el más mínimo comentario o mirar para ella, el chico prendió la cadena en su tobillo. El mercenario volvió a su posición y a sus pensamientos. La chica se cubrió con el suave cobertor y cerró los ojos; El sueño la dominó instantáneamente.
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El cuerpo delgado de Hinata tembló involuntariamente. Sus párpados se abrieron avistando apenas la negrura que estaba por todo el cuarto. Los labios finos y rosados de Hinata temblaban, era una noche mucho más helada que las otras; tiró para sí la pesada cubierta que estaba siendo capaz de calentarla. Precisaba de un poco de calor o no podría volver a dormir. Irguió un poco el cuerpo mirando en dirección a la chimenea donde el fuego ya se había apagado y sólo restaban las brasas incandescentes. Había una pila de troncos al lado, dos de ellos serían suficientes para caldear el cuarto helado.
Decidida a calentarse, Hinata se movió silenciosamente, gateando en dirección a la chimenea; no quería despertar al mercenario que en aquel momento era sólo un pedazo de sombra encima de la cama. Los dedos delgados estaban casi alcanzando los pedazos de madera cuando la correa presa al tobillo de la muchacha paró sus movimientos.
Hinata sólo podría llegar hasta allí si estiraba su mano lo máximo posible, de otra manera no conseguiría alcanzar su objetivo. Bufó un poco irritada, tendría de pasar frío... ¡Sí no fuese por aquella correa estúpida presa a uno de sus pies! Se sentó encima de sus rodillas incapaz de volver para la alfombra, que en aquel momento debía estar aún más helada; entonces una voz en la oscuridad la hizo sobresaltar.
- ¿Tienes frío? –preguntó Sasuke.
Hinata no podía ver el rosto del mercenario debido a la oscuridad predominante, aún así ella sentía la mirada de Sasuke sobre sí.
-Sí –respondió Hinata en un tono de voz débil.
La sombra de Sasuke se movió rápidamente por el cuarto, pasó por donde Hinata y tomó tres trozos de madera, tirándolos a las brasas consumidas. Estas no demoraron mucho en sacar pequeñas llamas, que comenzaban a devorar la madera, creando un calor bienvenido para el cuerpo rígido de frío de la Hyuuga. El moreno no había salido de su lado, permaneciendo sentado en silencio; los ojos plateados y los ojos color de ónice observaban las llamas en perpetuo silencio.
-Te soltaré si prometes que no vas a hacer ninguna tontería, como intentar huir o lastimarte en algún lago en medio de la floresta sin avisar a nadie.
Los ojos de Hinata viraron de las llamas de fuego para el rostro inexpresivo de Sasuke, que miraba al frente; su perfil era insondable.
-Lo prometo –respondió la chica, que sabía que no intentaría hacer ninguna, de aquellas cosas.
Las manos de Sasuke fueron para la casaca con nubes escarlatas que estaba puesta de cualquier manera sobre el sillón frente a la chimenea. Tomó una pequeña llave plateada y con ella soltó la correa que prendía el tobillo de ella. La cuerda calló en el suelo dando a la Hyuuga una verdadera sensación de alivio.
-Gracias –dijo Hinata tímidamente.
Al moreno pareció no importarle el agradecimiento de la muchacha, y el silencio se cernió sobre el cuarto. El fuego iluminaba las paredes, tornando las sombras de ambos grotescamente gigantes.
-Recibí un mensaje hoy. –Sasuke comenzó a hablar en un tono de voz serio; sus ojos negros aún encaraban las llamas-. Necesitaré alejarme del feudo. No sé por cuanto tiempo voy a permanecer fuera.
Hinata encaró una vez más a Sasuke apesar de que su rostro era completamente inperturbable, la chica podría haber jurado que aquello sólo era una fachada, construida rígidamente. Parecía que el mercenario estaba cumpliendo una orden contra su voluntad. Hinata no sabía que responder.
- ¿Creés que el feudo estará bien en mi ausencia? –preguntó el Uchiha esa vez, encarando a Hinata directamente a los ojos.
La chica sintió su rostro ponerse rojo instantáneamente al perceber esa mirada por parte de Sasuke sobre sí; aún tenía muchas dificultades para encarar el rostro de ese hombre. Era muy difícil para ella permanecer en su presencia.
- No creo que halla problemas -respondió ella con su dulce voz-. Los trabajadores parecen contentos y no están reclamando por la carga de trabajo, apesar de que el invierno está siendo duro aún no tuvimos ninguna incidencia.
El chico quedó una vez más en silencio, sopesando las palabras de la muchacha.
-Me quedo más tranquilo entonces. –respondió el moreno–. Mañana mismo partiré.
La muchacha abrió los ojos ligeramente, debido a la rapidez de aquel viaje. Realmente debía ser algo muy importante lo que lo hacia partir en pleno invierno. Debía tratarse de algo referente con una guerra inminente, pensó ella.
- Espero que no te estés preparando para huir en mi ausencia. -Comentó Sasuke, sin mirar en dirección a la joven-. Estaría muy irritado si tuviese que llegar a salir buscándote por todo el país.
Su corazón latió más rápido. ¿Sería posible que él estuviese diciendo eso, porqué había oído la conversación con su sensei? Imposible. Intentó respirar profundamente para calmarse. No había ninguna posibilidad de que aquel mercenario hubiese descubierto sus planes de fuga, era sólo una coincidencia.
- Si yo huyese en su ausencia, creo que no podría encontrarme cuando hubiese vuelto; ya habría pasado mucho tiempo. -Respondió ella, manteniendo su tono de voz calmo.
-Si que te encontraría. -Dijo el hombre con mucha calma.
-¿Cómo tiene esa certeza?
-No descansaría hasta encontrarte, y cuando yo decido alguna cosa, difícilmente cambio de idea o no alcanzo mis objetivos. -Sasuke había dicho eso mirando profundamente a los ojos de Hinata.
De alguna forma, la muchacha tuvo la certeza que él estaba diciendo la verdad. Era como si no pudiese estar segura, o libre de ese hombre en ninguna parte. Aquel mero pensamiento hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo.
-Ve a dormir –dijo Sasuke, y su voz había recuperado el tono fuerte y autoritario-. Mañana cuando hayas despertado ya habré partido.
La chica obedeció y se acostó silenciosamente en la alfombra. No tener una correa pesada y helada a su tobillo era algo realmente bueno. El cansancio comenzó a dominarla lentamente. Intentó inútilmente mantener sus párpados abiertos, pero parecían pesar aún más con el paso del tiempo. Hinata quedó despierta lo máximo que pudo, observando la postura sólida del mercenario enfrente de la chimenea. Parecía estar perdido en sus propios pensamientos, ajeno a todo.
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A la mañana siguiente, pálida y cenicienta, nadie vio cuando una sombra se coló por una de las puertas de la mansión Hyuuga. La bruma se deslizaba por el suelo, cubierto por una gran cantidad de nieve. Sasuke irguió sus ojos para la ventana de su cuarto. La cortina verde estaba echada y no podía verse el interior. Los ojos de color ónice brillaban por un momento, más su rostro permaneció impasible.
Se dio la vuelta y comenzó a correr en dirección al país del agua. No cesaría hasta no alcanzar la frontera, que estaba a cinco días caminando a pie. Tenía prisa, el viento fustigaba su cabello y el manto negro con nubes escarlatas volaba tras su espalda como unas inmensas alas negras. Nadie reparó en la sombra negra que se dirigía al norte...
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A medida que Sasuke se aproximaba al norte, las montañas iban quedando más cerca, sus picos brillaban como diamantes cuando la luz del sol conseguía escapar en rayos de las inmensas nubes blancas y se inclinaba sobre las sierras. Los árboles disminuían a medida que el mercenario avanzaba, el frío era más intenso pero no le importaba. Los pies ágiles tocaban el suelo con extrema rapidez. Ya hacía tres días que corría, parando sólo para beber agua o ingerir una píldora que le impediría tener hambre mientras estuviese viajando. Comenzaba a sentirse nervioso por que todo aquello acabase lo más rápido posible. No había encontrado ningún shinobi en el camino y el vieje estaba tranquilo. Faltaba poco; dentro de algunas horas podría alcanzar la Aldea oculta del Agua. El chico impulsó su cuerpo para el frente, aumentando el ritmo se corrediza desenfrenada.
No demoró mucho y pudo divisar en el horizonte la costa marítima, la costa del mar estaba de un azul profundo y parecía estar muy agitada; virando para la derecha a gran velocidad el chico se coló entremedio de los troncos oscuros y grandes. Casi no había luz, y la noche caería por completo en poco tiempo. Sasuke irguió su mirada y pudo ver uno de los portones de la villa, la pasó rápidamente; el centinela que estaba de guardia no se molestó con la llegada del chico y se quedó en su lugar como si nada hubiese pasado. Disminuyendo un poco su velocidad, Sasuke se encaminó al lugar indicado por el mensaje recibido. Notó que estaba nevando; aquello no era ninguna sorpresa para él, en aquel lugar la nieve parecía ser eterna.
El mercenario abrió una puerta simple de madera de una casa que estaba en una esquina, vista desde fuera parecía una residencia normal. La puerta corrediza se abrió sola, dejando un espacio para que Sasuke entrara. La belleza y el lujo del interior, contrastaban significativamente con la fachada simple y pobre del edificio. Un señor mayor y de cabellos blancos se adelantó por el pasillo, cogiendo la capa de Sasuke con las manos y haciendo una profunda reverencia.
-Sea bienvenido, Sasuke–sama –exclamó el criado, con la voz ronca a la vez que pomposa debido a la edad.
El moreno pareció no notar la presencia de ese hombre, miró en dirección al corredor que se extendía frente a él. Una moqueta roja cubría el suelo de madera, que estaba brillando; la luminosidad provenía de varias velas encendidas, puestas en lugares estratégicos, dando el efecto de que el lugar era más grande de lo que realmente era.
- ¿Los otros ya llegaron? –la voz de Sasuke continuaba siendo informal.
El hombre de cabellos blancos pareció feliz con la pregunta de Sasuke y se curvó una vez más, respondiendo:
-Aún no, mi señor. Una pequeña minoría incluyendo al señor ya llegó y se encuentra en varios lugares.
Sasuke apretó la mandíbula; Detestaba aquellas reuniones insoportables de última hora.
-Voy a mi cuarto -respondió el moreno-. Mande traer comida y agua para mi baño.
-Enseguida, Sasuke-sama. -Exclamó el anciano criado pareciendo contento en servirle.
Sasuke ignoró al hombre y caminó con rapidez en dirección a su habitación. Conocía bien ese lugar; por fuera, era una casa simple que no llamaba la atención, más por dentro era lujosa, uno de los muchos escondites de Akatsuki. Viró cuando el corredor tomó una curva, oyendo el sonido de sus pasos abofados por la moqueta de un tono rojo vivo. Unas manos delgadas y finas lo cogieron cerca de uno de los pilares antes de saber quien era la persona que estaba allí, pudo sentir el aroma de rosas invadir su nariz; él conocía ese perfume.
- ¡Sasuke-kun! –gritó Ino, con las manos sobre los ojos del chico– ¿Adivina quién soy?
El chico giró los ojos con los párpados cerrados.
-No me gustan los juegos, Ino.
-Malvado, como siempre –respondió la rubia quitando las manos de los ojos de Sasuke y poniendolas en su frente, balanceando la larga cascada de cabellos rubios-. Es bueno saber que no cambias fácilmente con el tiempo. Estás más lindo que la última vez que te ví.
El chico ignoró el comentario y se giró para mirarla.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
-Reunión de emergencia. -Rió la muchacha colocando una mano en su cadera- Parece que ellos tienen un asunto muy serio para tratar con todos.
-No deberían haberte llamado, el Kazekage podría sospechar algo.
- ¿Quién, Gaara? Sasuke no seas tonto, ya inventé una disculpa perfecta, nadie desconfía de mí, soy buena en lo que hago.
Sasuke evaluó a Ino de los pies a la cabeza. La rubia parada frente a él era una perfecta espía. No hacía mucho tiempo ella se había unido a Akatsuki y pasaba informaciones secretas de Konoha para el bando. Y ahora Ino estaba infiltrada en el país del viento, principal aliado del país del fuego.
-Gaara es muy inteligente –comentó Ino alegremente, exhibiendo una sonrisa fulgurante– mas confía ciegamente en cualquier persona que sea de Konoha. Y ahí está su gran error.
-Suerte la nuestra –rebatió Sasuke sarcásticamente.
-Pero vamos a cambiar de tema, Sasuke-kun –exclamó Ino enlazando sus brazos sobre el cuello del moreno–, estaba completamente aburrida acá, mi salvación es que has aparecido.
- ¿Algún plan en mente? -Preguntó el moreno acercando la cintura de Ino más cerca de su cuerpo.
Los ojos azules brillaron y sus labios carnudos y sus labios carnosos y rosados se abrieron en una sonrisa contenta.
- ¿Qué tal algo que me envuelva a mí y a tí en mi cuarto durante una noche entera? -Preguntó Ino pasando la punta de uno de sus dedos por el maxilar del Uchiha.
-Hallo que es una gran idea –respondió Sasuke antes de presionar sus labios contra los de Ino con voracidad.
No era la primera vez que Sasuke e Ino estaban teniendo aquel contacto tan íntimo. Él admiraba a la Yamanaka y viceversa, ambos habían pasado varias noches juntos, sabiendo aprovechar al máximo la compañía del otro, sin cobrar absolutamente nada a la mañana siguiente; era eso lo que al Uchiha más le gustaba de la rubia, el hecho de de nunca pedirle dinero.
El moreno abrió los labios rosados, encontrado la lengua de Ino. Acercó su cuerpo delgado al suyo prendiéndolo entre sus brazos. Las manos femeninas tomaron sus cabellos negros cuando el beso se volvió más intenso. Ninguno de los dos paró para recuperar el aire.
De repente ya no era Ino a quien el moreno estaba besando. El olor a canela fue substituido por el aroma dulce de la flor de melocotón. Sasuke abrió sus ojos, alarmado, encontrando los orbes plateados mirando a los suyos. El rostro fino y perfecto esculpido en porcelana era de Hinata. Por algunos momentos Sasuke miró para la Hyuuga sin comprender nada,. ¿Dónde había ido Ino?
Sentía las manos delgadas de Hinata tomando su rostro para que sus labios se encontrasen con los de él. El corazón del moreno se aceleró, latiendo a un ritmo demasiado rápido. Encontró los labios de la Hyuuga y perdió el control; una de sus manos recorrió la espalda fina de la chica mientras mordía seu labio inferior. Podía sentir la anatomía perfecta en sus brazos y aquello estaba llevándolo a los límites de la razón; no quería separarse de aquella mujer.
-Sasuke-kun... –exclamó la voz de Ino quebrando el encanto del momento.
Los ojos color ónice se abrieron, encontrando los zafiros que eran los ojos azules de Ino. El moreno la soltó, como si sus manos estuviesen incómodas por tocarla. Se alejó de la chica dando un paso atrás. Estaba soñando despierto: Besaba a Ino mientras su mente lo capturaba en una fantasía, mostrándole a Hinata.
- ¿Sasuke-kun, estás bien? –preguntó la rubia; parecía realmente preocupada.
-Estoy... –respondió el moreno controlando la rabia en su voz- Sólo un poco cansado, voy a mi cuarto a descansar un poco.
-Pero Sasuke, ¿no habíamos hecho planes para esta noche?
-Otro día. – Respondió Sasuke caminando con pasos rápidos hacía su cuarto.
El moreno dejó a Ino parada en el pasillo, sin entender nada.
Corrió para su cuarto controlando la honda rabia que amenazaba con ahogarlo. ¿Cómo algo tan estúpido podía haber pasado con él? ¿Besar una mujer pensando en otra? ¡Ridículo!
El Uchiha encaró a la puerta corredera sin molestarse por el ruido, se levantó y abrió la ventana que estaba enfrente de la puerta y la abrió dejando que el helado viento del invierno le fustigase el cuerpo y el rostro, para así poder calmarse. El rostro de Hinata y su perfección no abandonaban sus pensamientos. Apretó el marco de la ventana hasta que loe dedos le dolieron. ¡Ridículo! Ridículo, ¿Cómo podía haber dejado a una mujer, adentrarse de aquella forma en sus pensamientos?
Demasiado irritado para hacer cualquier cosa, el moreno dejó la ventana y se viró en dirección a una butaca que se hallaba al lado de la chimenea, en aquel momento apagada. Se quitó la camisa blanca y la dejó de cualquier manera en uno de los brazos del sillón, sentándose finalmente.
El rostro de ella estaba grabado en su retina, cada mínimo detalle. La belleza de aquella mujer lo dejaba sin aire; recordó la noche que la había tenido en sus brazos contra su voluntad. No consiguió reprimir el temblor involuntario de su propio cuerpo al acordarse de su suave piel que olía tan bien. Hinata parecía estar grabada en todos sus sentidos.
Aquello era más que ridículo, pensó el mercenario, ¡Era inaceptable! Nunca había pensado tanto en ninguna mujer de aquella manera en toda su vida. Enojado consigo mismo Sasuke se levantó del sillón, incapaz de calmarse. Por causa de aquella maldita reunión fuera de hora, tenía que estar sin verla y no sabía por cuanto tiempo. El pensamiento de no ver a la Hyuuga tocó una fibra dentro de Sasuke, más no supo muy bien que era y se irritó aún más.
Un pensamiento pasó rápido por la mente del moreno, haciendo que sus labios se elevaran en una sonrisa. Si él no quería estar sin verla la solución era simple. Con pasos decididos el chico golpeó un pequeño signo dorado que estaba puesto sobre una mesita el lado del sillón; Precisó hacerlo sonar dos veces para que el mismo criado que lo atendiera abriese la puerta corrediza, un poco cansado.
- ¿Necesita algo, Sasuke-Sama?
-¡Llama a Zabuza ahora!
El anciano pareció estremecerse delante de la mirada fría de los orbes color ónice, cerró rápidamente la puerta. Sasuke se sentó en un sillón, esta vez más calmado. Tal vez lo que él acababa de hacer fuese algo ridículo de lo cual se arrepentiría más tarde, más él era del tipo de persona que no se contentaba con alcanzar sus objetivos. Y en aquel momento sus objetivos, deseos y voluntades tenían el mismo nombre.
La puerta corrediza hizo un pequeño ruido al ser abierta, los ojos de Sasuke se encontraron con los de Zabuza. Parado frente al Uchiha, el shinobi de agua parecía muy imponente, el rostro cubierto por el vendaje era irreconocible, la espada inmensa cargada en sus espaldas descubiertas que parecía no importarles el frío invernal que entraba por la ventana.
-Tengo un trabajo para tí –dijo Sasuke, con tono neutro– algo que debes mantener en secreto.
La mirada de Zabuza de repente se tornó feroz, y se puso muy tenso.
- ¡No me gusta recibir ordenes tuyas, Uchiha!
-Quizás no te guste, mas, vas a hacer lo que te estoy mandando.
Ambos hombres se encararon en silencio durante algunos segundos.
-Necesito que me traigas a una persona. -Dijo Sasuke- Viva -Enfatizó esto último.
Zabuza alzó una ceja sin entender. El Uchiha más joven no le daba ese tipo de órdenes, nunca pedía que le trajese personas vivas.
-Tráeme a esa persona lo más rápido posible y con seguridad.
-¿Quién es esa persona? -Preguntó Zabuza, sin comprender el pedido de Sasuke.
-Su nombre es Hyuuga Hinata, ella está en este momento en el feudo Hyuuga, en el país del fuego.
Los ojos del Shinobi de agua dejaron transparentar su espanto. El tono que Sasuke usaba era definitivo, no permitiría fallos ni disculpas. Él tenía que ir al país del fuego a traer aquella mujer para el Uchiha.
Continuará...
Nota de autora: Yare Yare mina-san, aquí estoy con un capítulo más de mí historia. Disculpen por la demora, pero el libro Crepúsculo (Stephenie Meyer) cayó en mis manos y no he conseguido parar de leer, la verdad no acabé de leer la serie completa, estoy ansiosa por llegar al final del cuarto libro (Ni siquiera estoy en el tercero). Gracias a los libros éste capítulo tiene trece páginas en el word, ¡Mi récord! Os recomiendo los libros de Stephenie Meyer a todos, ella és una autora increíble, ¡Leed y lo descubriréis!
Nota de la traductora: ¡Hola! Primero de todo, miles de disculpas por la tardanza. Estoy liadísima con la escuela, además también tengo que seguir mis propios fics (aunque ciertamente le estoy dando prioridad a ésta traducción). Como comprenderéis, el día tiene veinticuatro horas -¡Como desearía que tuviera más!- No voy a poder actualizar tan seguido, pero al menos éste mes si que podré poner hasta el capítulo siete. Perdonad las molestias, por favor... Bueno, y ahora el momento de comentarios de este capítulo: Me quedé: O.O con la alucinación de Sasuke. ¿Será que al fin va a enamorarse completamente de Hinata? Agradezco a los que mandaron review, les contesté debidamente por pm, y a los que comentan anónimamente, estaría muy agradecida si me dejaran su mail, así les respondo adecuadamente ^^ ¡Os mando saludos y un gran abrazo, mis queridos lectores!
