Disclaimer: Naruto no me pertenece, pertenece a Kishimoto-sensei, ok, ok todo bien, no voy a llorar (snif, snif). Yo aún tengo a Kakashi-sensei.
¡Disculpen la demora!
¡Buena lectura!
6
Hinata sintió el sueño ir dejando su cuerpo lentamente, sus sentidos fueron volviendo mientras se desperezaba somnolienta, debajo de las sábanas calientes y suaves. No quería levantarse, el día era muy frío y la cama era demasiado cómoda; se cubrió la cabeza con la sábana evitando la luz dorada que invadía las ventanas y penetraba en sus párpados. Aún era pronto y ella podría dormir un poco más antes de levantarse e ir a ayudar a Kurenai-sensei en sus tareas. Sería un día calmo y tranquilo, como todos los demás que habían seguido a la partida del mercenario.
La boca de Hinata se crispó levemente cuando la imagen nítida de Sasuke invadió su mente. Ya hacía una semana que el Akatsuki estaba lejos del feudo; durante ese tiempo él no había mandado ninguna noticia diciendo cuando volvería. La joven de ojos plateados sabía que las mujeres del feudo que habían servido a su padre (y eso incluía especialmente a Kurenai) estaban muy contentas con la ausencia del mercenario; No podía culparlas, ellas aún no habían perdonado la invasión del feudo... Así mismo, la primogénita Hyuuga no sabía si algún día podría perdonarlo.
Decidida a dormir un poco más, Hinata dejó que sus pensamientos vagaran libremente, apreciando el calor que la invitaba a permanecer con las sábanas sobre su cuerpo. Se giró, estirando las delgadas piernas. Estaba en un estado de somnolencia muy grande, casi dormida, cuando la voz estridente de Kurenai la sacó repentinamente del mundo de los sueños, arrancándola de la cama con brusquedad. La chica se levantó rápidamente, los gritos de su sensei podían ser claramente oídos ahora que estaba completamente fuera de su aposento.
- ¿Quién piensa que es? ¡Nadie la sacará de aquí sin mi permiso!
No hubo una respuesta audible para los oídos de Hinata, que sintió su corazón apretarse dentro del pecho. ¿Qué podría estar pasando ahora?
Sin pensar en nada más, se puso de pie sobre la cama y comenzó a vestirse rápidamente; vistió el kimono verde de cualquier manera y luego, con pasos rápidos cruzó el amplio corredor de madera yendo a donde parecía que la voz de Kurenai sensei había sonado. Hinata realmente no se había engañado, realmente su maestra estaba parada en el salón de la mansión Hyuuga, con varias criadas amedrentadas a su alrededor; Kurenai era la única se mantenía derecha y firme frente a un hombre increíblemente alto que portaba una espada gigantesca a sus espaldas, su rostro estaba cubierto por vendajes blancos y en su cabeza exhibía la bandana de una aldea de Shinobis; Hinata lo había reconocido al instante. ¿Qué estaría haciendo un ninja en el feudo Hyuuga? La joven sabía que aquello estaba estrechamente ligado a Sasuke... De repente su corazón se volvía pesado.
- ¡No me importa para quien trabajes o dejes de trabajar, te estoy avisando que ella no saldrá de aquí sola contigo! -La voz de Kurenai sonaba alterada y descontrolada, sus ojos color rubí brillaban amenazadoramente, directos al hombre enfrente suyo.
-No será una mujer como tú la que conseguirá impedirme realizar mi misión. -La voz del misterioso Shinobi era grave y dura; no demostraba ningún sentimiento. Si el sentía tanta rabia como Kurenai, sabía ocultarlo muy bien.
Ambos se miraron por un largo momento. Hinata sintió su corazón acelerarse, ¿en qué estaba pensando su sensei? ¿Qué misión sería esa que le había traído al feudo Hyuuga?
-Kurenai-sensei –La voz de Hinata sonó fina, mas el silencio era tan grande en el salón, que todos pudieron oírla claramente.
-Vuelva a su cuarto, Hinata-sama; ¡Y no salga de él hasta que la haya llamado!
Los ojos del Shinobi voltearon rápidamente para la joven, ella pudo ver el tono castaño oscuro que sus pupilas poseían, pupilas que parecían muy distantes; no combinaban con el rostro de un shinobi.
- ¿Eres Hyuuga Hinata? –preguntó el hombre, ignorando la mirada rabiosa de Kurenai.
La única cosa que a la chica de orbes plateados consiguió hacer delante del mirar evaluador del ninja fue asentir levemente con la cabeza.
-Mi nombre es Zabuza, fui enviado por Uchiha Sasuke; él quiere que te lleve hasta el país del agua.
La confusión hizo que sus pensamientos diesen un enorme giro en su cerebro. ¿Qué podría querer el mercenario con ella?
- ¿Por qué? –La pregunta escapó de los labios de la Hyuuga antes que la pudiese contener; al pensar en lo que estaba diciendo, su rostro se volvió instantáneamente rojo.
-No lo sé, mi misión sólo es llevarte hasta él. -Respondió el shinobi, aún encarándola.
- ¡Ella no irá! –gritó Kurenai, colocándose entre Zabuza y Hinata-. No importa cual sea tu misión, ¡Hinata-sama no saldrá de este lugar para encontrar a aquel mercenario! ¡Él ya le causó muchos males!
La joven de ojos plateados bajó ligeramente la cabeza. No podía culpar a su sensei, sólo intentaba defenderla. Hinata sabía que Kurenai jamás podría perdonar a Sasuke por ninguna de sus actitudes. Más, la Hyuuga también sabía que no podría ignorar una orden expresa del mercenario; si aquel hombre estaba allí para llevarla hasta el país del agua, ¿cómo podrían ellas impedir que ejecutara la misión?, Y si ellas por algún milagro lo consiguiesen, ¿cuál sería el castigo impuesto por Sasuke?, ¿Cuántas personas castigadas por protegerla?, ¿Y qué haría el mercenario con su sensei? Con certeza él podría matarla en un pestañeo; Ella no deseaba más muertes, mucho menos de personas que amaba. Todas ellas se habían engañado aquellos días con la ausencia de Akatsuki, pero aún lejos, conseguían controlar el feudo con sus garras de acero.
-Sensei –llamó Hinata estirando delicadamente la manga del kimono de Kurenai–. No podemos ignorar una orden del mercenario; tengo que ir.
El rostro de Kurenai estaba lívido cuando se giró para encarar a Hinata; sus ojos estaban muy abiertos y brillaban fuertemente, con la rabia flameando en ellos.
- ¿Cree qué yo la dejaré viajar por todo el país en compañía de ese hombre que irá a entregarla en bandeja a un hombre mil veces más vil que él? ¡Está bajo mi protección, yo soy su responsable después de la muerte de su padre y digo que usted no irá!
-No puedes hacer nada, sensei; ese hombre me puede muy bien llevarme a la fuerza, no podemos detenerlo. Pero, si yo no voy, ¿Qué pasará cuando el mercenario vuelva?, ¿Qué castigo nos impondrá?
La boca de Kurenai permaneció abierta, aún cuando las palabras se recusaban en salir. Hinata encaró a su sensei demoradamente, viendo la rabia ir desapareciendo rápidamente de sus ojos escarlatas. Ella entendía muy bien lo que significaría rehusar de una orden tan explícita del mercenario.
-No estoy de acuerdo –respondió Kurenai más bajo– no lo encuentro correcto...
La joven de orbes plateados sintió su corazón enternecerse con el cariño que sentía por aquella mujer que había conocido durante toda su vida. No podía culparla por desear protegerla. Miró en dirección al Shinobi, que permanecía callado observando a ambas mujeres; sus ojos no decían nada.
-Iré con usted –dijo Hinata al shinobi que la encaraba– ¿cuándo partiremos?
-Tan pronto como termines de armar tus cosas.
La Hyuuga comprendió que aquello significaba que tendrían de partir inmediatamente; su corazón se apretó, no deseaba tener de viajar con aquel hombre que no conocía, e ir al encuentro del mercenario. Se pudiese volver al cuarto de su padre, acostarse en su cama improvisada y fingir que todo aquello no pasaba de una pesadilla...
-Voy a preparar mis cosas –respondió Hinata, resignada.
Antes que la joven pudiese encaminarse en dirección al cuarto que ocupaba, Kurenai se adelantó diciendo:
-Coma algo Hinata-sama, yo preparo sus cosas; será un viaje largo.
La joven asintió silenciosamente con la cabeza. Sabía que aquello no debía estar resultando fácil para su sensei. Ella nunca dejaría de admirar a aquella mujer.
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Media hora después, las cosas de Hinata estaban ordenadas de la mejor manera posible dentro de una bolsa hecha con un retal de paño colorido. Como la joven no poseía muchas más cosas, no era pesada. El Shinobi había permanecido durante todo el tiempo en los jardines de la mansión, en silencio; su inmensa espada descansaba a su lado amenazadoramente. Parecía humanamente imposible que un hombre poseyese la fuerza para blandir un arma con un tamaño tan descomunal. Los nuevos criados estaban inquietos, deseando que aquel amenazador hombre se fuera de allí lo más rápido posible; Se había prohibido a los niños acercarse al jardín, la mansión se hallaba en un silencio pesado y opresivo.
Hinata se despidió de la mejor manera que pudo de su sensei y su hermana. Hanabi había tenido una crisis de llanto, diciendo que su hermana sería golpeada; ninguna voz se levantó para contradecirla, ninguna de aquellas personas sabía lo que el mercenario deseaba. Kurenai intentó calmar a Hinata y a Hanabi; la primogénita Hyuuga permaneció firme, pero por dentro de su ser, el miedo se infiltraba como una indeseada mala hierba. Los recuerdos de la noche que había sido ultrajada le volvían a la mente con una extraña nitidez; sentía pavor de aquel hombre al cual estaba yendo a encontrar.
Cuando el sol dejó la protección de las nubes algunos rayos iluminaron las copas de los árboles, que aún estaban cubiertas de hielo. Hacía algunos día que la nieve no caía sobre el feudo Hyuuga, aún así la temperatura continuaba siendo baja. Hinata salió de la mansión cargando en sus manos la pequeña bolsa con sus pertenencias; el shinobi la observó y se puso en pie, ambos se encaraban en silencio. Sin nada que decirse, Zabuza comenzó el viaje que llevaría a Hinata en dirección norte, al corazón de las montañas, donde se encontraba el país del Agua.
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Caminaron durante tres días en el más completo silencio. Montaban el campamento cuando la noche caía: el shinobi permanecía sentado a los pies de un árbol, mientras sus ojos castaños miraban las llamas de la hoguera que siempre encendía con la poca leña que le era posible encontrar cerca de las raíces de los árboles, cubierta por la gruesa capa de nieve. No había dirigido una mirada o una palabra para Hinata, era como su estuviese solo, perdido en sus propios pensamientos. La chica pensó varias veces en comenzar una conversación con él, (tal vez tuviesen algo en común) más nunca encontraba el momento oportuno. Él parecía demasiado amenazador y todo en su apariencia y sus actitudes decía que prefería estar solo y en silencio.
Sabiendo que el viaje sería largo y no habría conversaciones, Hinata dejaba que sus ojos vagaran libremente por los paisajes extraños que veía por primera vez. Nunca antes había estado tan lejos del feudo, por eso todo le parecía nuevo y maravilloso: Los bosques que se iban alargando, tornándose una masa densa de ramas, árboles, troncos y nieve; las montañas azuladas y sus picos nevados que brillaban como diamantes cuando una pequeña rendija se abría entre las pesadas nubes y la luz solar invadía el mundo por algunos momentos, llenándolo de dorado calor muy bienvenido.
Durante la noche, la chica de ojos plateados percibió que cuanto más se aproximaban al norte, los días se iban volviendo más fríos. No había nevado ni una vez desde que habían dejado el feudo, pero la disminución de la temperatura era nítida y el kimono verde de Hinata ya no era suficiente para protegerla de las ráfagas de viento congelante. Ella se preguntaba interiormente si el Shinobi no se molestaba con el frío así como Sasuke, ya que durante todo el camino había viajado con el abdomen desnudo, como si no importase que la temperatura fuese bajísima.
Lo que a Hinata más le gustaba era cuando anochecía y podía visualizar las estrellas brillando y reluciendo en un cielo de color azul profundo. Parecían joyas y se veían como si fuesen pequeños soles brillando en la noche. La joven sonreía delante de aquella visión y se olvidaba momentáneamente del frío invernal que devastaba el pequeño y silencioso campamento.
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En la mañana del cuarto día, sobre la hora del almuerzo, el sol estaba fuera de las nubes dejando que su claridad bañase los campos que ladeaban la montaña por la izquierda. La morena dejaba que su visión absorbiera el menor movimiento de luz sobre el campo repleto de hielo, en horas era de un azul tan claro como translúcido, en otras horas fulguraba en un blanco inmaculado. Los cambios de color encantaban y divertían a la Hyuuga. Estaba muy distraída, por eso se asustó profundamente cuando la sonora voz de Zabuza cortó su devaneo.
-Haremos una parada aquí para almorzar.
Hinata asintió rápidamente con la cabeza y corrió algunos pasos para alcanzar al shinobi. Zabuza se sentó una vez más a los pies de un árbol que ladeaba el terreno. No se veía un alma a kilómetros de distancia; parecían ser los únicos viajeros con coraje suficiente para encarar el invierno del norte. La joven de ojos plateados se sentó al lado del ninja, en una piedra gastada de color grisáceo. El sol brillaba, y a pesar de que su luz no era capaz de calentar el ambiente la joven se sentía un poco mejor. El hambre ya era enorme; desamarró cuidadosamente la bolsa y sacó de ella las dos últimas bolas de arroz que tenía. No sabía cuanto tiempo más iba a proseguir el viaje pero deseaba que llegasen pronto, pues si no ella acabaría pasando hambre.
Miró en dirección al shinobi que observaba el campo con sus ojos castaños; durante todo el viaje, Hinata no lo había visto alimentarse. ¿Sería que además de no sentir frío, tampoco sentía hambre? Sin pensárselo mucho la joven extendió una de las bolas de arroz en dirección al hombre, sintiendo sus mejillas enrojecer inmediatamente.
Zabuza dejó de mirar al campo y encaró a Hinata demoradamente antes de aceptar lo que le ofrecía; La muchacha dejó escapar una pequeña sonrisa.
-Dime –preguntó Zabuza aún asegurando entre los dedos la bola de arroz–. ¿Qué quiere el Uchiha contigo?
La joven de ojos plateados sintió su rostro ponerse muy rojo; su voz no había sonado en días.
-No lo sé. No tengo ni idea de por qué él me mandó buscar.
-Estoy sorprendido. Pensé que encontraría otro tipo de mujer y no una simple criada.
La chica desvió la mirada sin saber que responder.
-Eres su sirvienta, ¿no?
-Sí. Él ahora es el dueño del clan que perteneció a mi padre.
- ¿Él mató a tu padre?
-No, fueron otros hombres, él sólo se apropió del clan y de...
En ese momento, la voz de la joven paró y Zabuza no la incentivó a continuar.
-Sé que no tengo nada a ver con esto, tu vida es tuya pero si quieres un consejo, aléjate del Uchiha.
Los ojos de Hinata se estrecharon, la curiosidad habló más alta.
- ¿Por qué?
-Personas gentiles como tú no deberían estar al lado de gente como el Uchiha... O como yo...
Los ojos plateados se abrieron al oír aquellas palabras. El rostro del shinobi no demostraba la menos reacción, más Hinata pudo percibir durante algunos segundos en sus pupilas castañas, un atisbo de calor, como si estuviese recordando algo o a alguien que le fuese querido. Ambos permanecieron en silencio; Los cambios entre las luces y las sombras se volvieron más frecuentes. El sol brillando débilmente fue ofuscado por una inmensa nube un poco más oscura que las demás; los ojos blancos de Hinata buscaron el motivo de aquella sombra repentina. Parecía que esa vez el sol no volvería aparecer en un buen rato.
-Tenemos de darnos prisa –informó Zabuza colocándose de pié muy rápidamente–. Dentro de poco caerá una nevada.
- ¿Una nevada? –preguntó Hinata sin poder creerse esa información–. Pero el sol se acaba de esconder.
-Hace un día que atravesamos la frontera del país del Agua. Aquí el tiempo no es tan estable como en Konoha.
Hinata miró para el cielo incapaz de creer que dentro de tan poco tiempo una nevada podría ser formada. El expresión de Zabuza estaba determinada, parecía saber de lo que estaba hablando.
-Tendrás que subir a mi espalda. –informó el shinobi-, así podremos llegar más rápido a la aldea. Si la nevada nos sorprende en medio del camino no conseguirás sobrevivir a las bajas temperaturas como vas vestida.
El corazón de la chica cabalgó dentro de su pecho a una velocidad vertiginosa. De repente la amenaza do peligro inminente hizo que sus piernas temblaran como hojas arrastradas por el viento fuerte.
-Pero, ¿y tú? –preguntó Hinata, indicando la semi-desnudez de Zabuza–. ¿Cómo vas a sobrevivir vestido así?
-Estoy más que acostumbrado a las bajas temperaturas de mi país. Venga, no tenemos tiempo.
La joven sintió su corazón parar bruscamente. El miedo y la vergüenza batallaban ferozmente dentro de sí.
-Rápido –ordenó Zabuza.
Sin pensar, sintiendo las mejillas extremadamente calientes, Hinata se subió a la gran y fuerte espalda de Zabuza. Sus manos delgadas agarraron el cuello del shinobi, sus piernas rodearon la cintura firme del hombre. Su cuerpo era fuerte y musculoso, igual que el viento helado que comenzaba a soplar furiosamente, él se mantenía más caliente que Hinata.
- Agárrate fuerte –informó el ninja de agua–. Voy a correr lo más rápido posible.
Hinata no tuvo tiempo de responder; en un impulso muy rápido el hombre se deslizó para el frente a una velocidad vertiginosa. Instintivamente, las manos de Hinata se agarraron con más fuerza al cuello de Zabuza, que pareció no molestarse. El shinobi alternaba el camino entre las ramas y las copas de los árboles más próximos, el viento fustigaba el cabello de la joven, que volaba hacia atrás como un manto negro; El frío era intenso y cortante. No demoró mucho cuando Hinata pudo sentirlos primeros copos de nieve acertando en su piel, el frío era creciente, luego la chica dejó de sentir los dedos de las manos y de los pies, que se le quedaron dormidos. El estruendo del viento amplificado por la corrediza a alta velocidad hería los oídos de Hinata, que no conseguía oír nada aparte del rugido feroz del viento. Sus ojos tenían dificultad para mantenerse abiertos, cerrándose temerosamente su voluntad. No tardó mucho y sus brazos y piernas comenzaron a pesar mucho; era difícil mantenerse firme en la espalda de Zabuza, que continuaba corriendo a una velocidad increíble.
- ¡Agárrate! –gritó el hombre contra el estruendo de la tempestad, mas su voz sonó baja y distante a los oídos de Hinata.
La joven intentó agarrarse, ordenado a sus miembros inertes que se movieran, más no consiguió resultado; Era tan difícil mantenerse despierta. De repente los ruidos comenzaron a quedar distantes y una somnolencia extremadamente gustosa comenzó a tomar los sentidos de la Hyuuga.
- ¡No te duermas! – gritó el shinobi esa vez más alto, despertando a Hinata de su semi-inconsciencia.
La joven de orbes plateados sintió una de las manos de Zabuza sujetarla por debajo de las piernas, sus miembros parecían haber mudado en las murallas que eran los hombros del shinobi, al igual que la nieve cayendo alrededor de ambos. La espalda de Zabuza aún permanecía caliente. Hinata no conseguía ya mantener sus ojos abiertos, el mundo se había transformado en un inmenso agujero negro que pasaba corriendo por sus pupilas. Los sonidos parecían haber sido amplificados y todo estaba más alto que de costumbre. Sintió de forma alargada la corrediza de Zabuza, intensificada como si aquello fuese posible. Podía oír el sonido de los pasos firmes del shinobi caminando sobre un suelo empedrado. La mente de la joven funcionaba de manera descontrolada, de repente oyó gritos y unas manos muy calientes que intentaban liberarla del lugar en el que se encontraba.
- ¡Zabuza, si ella muere juro que yo mismo te mataré! –La voz llena de rabia y descontrol era conocida por los oídos de Hinata, que no conseguía abrir los ojos ni reconocer al dueño de esa voz.
- ¡Escucha Uchiha! Me mandaste traerla y aquí está, sabes muy bien que las nevadas de este país son traicioneras.
- ¡Cierra el pico! –gritó una vez más la voz de Sasuke, que esta vez Hinata reconoció-. ¡Hinata despierta, abre los ojos!
Oír su nombre siendo pronunciado por la voz del mercenario hizo que su sangre circulara más rápido por su cuerpo. Y aún sintiendo todo su ser pesar una tonelada, ella intentó deshacerse de aquella presencia. Sus sentidos decían que eran las manos de Sasuke las que estaban tomándola, Ella intentó luchar contra aquel roce que estaba grabado en su cuerpo, en su alma a fuego. Sus labios resecos intentaban soltar en vano las palabras "No me toques, ¡Déjame en paz!" Inútilmente. Ella sólo conseguía balbucear palabras sin sentido.
La chica sintió que su cuerpo era depositado contra las sábanas calientes de una cama. Un frío increíble acudió a ella y su cuerpo comenzó a temblar de forma incontrolable. Sus dientes batían unos contra otros provocando un ruido asustador para ella, incapaz de abrir los ojos. Algo caliente y viscoso fue abocado a la fuerza por la boca de Hinata, que sintió que el líquido le quemaba la lengua, aunque fue incapaz de escupirla.
Una vez más, ella pudo sentir las manos de Sasuke asegurándola firmemente; intentó debatirse y desvencijarse de aquel contacto, más fue inútil. Sus labios ya no estaban tan resecos, entonces consiguió pronunciar algo, con la voz débil sintiendo como sus dientes seguían castañeando.
- ¡Suéltame por favor, suéltame!
-No voy a lastimarte –era la voz de Sasuke que sonaba muy próxima a su rostro–. Estate tranquila, no voy a dañarte.
La chica intentó soltarse, más sus miembros no obedecían y todo estaba quedando muy oscuro y silencioso. Ella sabía que los brazos de Sasuke rodeaban su cuerpo, de repente se sintió cansadísima, e incapaz de mantenerse despierta; Cayó en un el mundo de sueño sin sueños.
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Hinata se despertó a la mañana siguiente sintiendo todo su cuerpo dolorido. Sus ojos estaban incomodados con la luz que bañaba el cuarto; demoró un poco hasta que ella pudo acostumbrarse al ambiente. No conocía aquel lugar.
Estaba acostada en una inmensa cama, cubierta hasta el cuello con innumerables sábanas y mantas; a su frente un fuego fuerte y alto ardía en una chimenea de piedra. Las paredes eran de color blanco, las ventanas al lado derecho y se mantenían cerradas. La nieve caía vagamente através del vidrio, que no poseía cortinas.
El corazón de Hinata paró cuando sus orbes plateados se posaron sobre los ojos color ónice que la observaban con atención. Sasuke estaba sentado en una enorme butaca roja que se hallaba frente a la cama. Vestía un kimono azul oscuro hecho de satén muy elegante. La espada envainada permanecía a su lado, encaraba a Hinata con una expresión velada.
- ¿Dónde estoy? –preguntó Hinata incapaz de continuar en silencio encarando al mercenario.
-En un cuarto, en uno de los escondrijos de Akatsuki. ¿Cómo te sientes?
-Cansada... Y dolorida –admitió ella.
- ¿Tienes sed?
- No... ¿Qué me pasó?
-Tuviste un comienzo de hipotermia. –Informó el moreno sin desviar el rostro de ella.
Sasuke se levantó de la butaca y se sentó a un lado de la cama donde la chica descansaba. Sus dedos delgados tocaron una mejilla de la Hyuuga, que se coloreó levemente.
-Ya estás recuperando la temperatura.
Hinata sintió su cuerpo entero hormiguear mientras sentía el índice de Sasuke recorrer su rostro; sus ojos ónice parecían muy brillantes.
-Gritaste mucho anoche –dijo Sasuke dejando de tocar el rostro de la chica, sus labios estaban levemente curvados hacia abajo y había una profunda arruga de expresión en su frente alba–. Repetiste varias veces para que no te tocase... Debes odiarme...
- ¿Grité -Preguntó la joven, incrédula.
-Bien alto.
-Mas, mis palabras no salían, no conseguía abrir mis labios.
-Te puedo garantizar que gritaste bien alto y fuerte. –informó el moreno–. Dejaste bien claro cuanto no querías que te tocase. Casi tuve que pelear con Zabuza; Él no quería dejar que me aproximase a ti.
- ¿Cómo está él? -Preguntó la joven preocupada.
-Bien –respondió el chico de forma ruda–. Él no quedó hipotérmico. Tengo que admitir que si no hubiese corrido tan rápido, ahora podrías estar muerta.
La cara del Uchiha se desvió de Hinata; encaró la puerta corrediza por un largo tiempo sin nada que decir... El silencio era
-Yo... No te odio –dijo Hinata en voz muy baja–. Sólo...
- ¿Sólo qué? – preguntó el chico encarando los orbes plateados.
-Tengo miedo de ti.
Los ojos color ónice observaron por mucho tiempo el rostro de Hinata; ella creyó que era muy fácil sentirse atraída por una mirada tan profunda como esa.
-Aún no te recuperaste; duerme un poco más.
La joven asintió levemente con la cabeza, cerró los ojos y se relajó en la cama. Sabía que no conseguiría dormir sintiendo la presencia de Sasuke tan próxima de sí, pero su cuerpo entero estaba dolorido y cansado, y tras esto el sueño comenzó a dominarla, llegando a amansarla; ella quedó nuevamente dormida sin sueños.
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Hinata estuvo dos días más en la cama alternando entre el sueño y algunas horas despierta. En todo momento en que sus ojos se abrían se encontraba con Sasuke a su lado; Normalmente él estaba en silencio. La joven le quería preguntar por qué había mandado traerla desde Konoha, más el silencio por parte del mercenario la dejaba siempre insegura, protegiéndose en la seguridad de su propio silencio.
Cuando despertó la mañana del tercer día, Hinata ya no conseguía pasar el día entero acostada en la cama; como siempre alguna criada tocó a la puerta y dejó su desayuno en el suelo y se fue rápidamente. Hinata nunca veía a los empleados de aquella casa. La bandeja de madera era colocada en el regazo de la muchacha por el propio Sasuke, que volvía a sentarse en su butaca.
- ¿Cómo te sientes hoy? –esa era siempre su primera pregunta.
- Bien. Realmente no quiero estar más sentada el día entero en la cama.
Los ojos de Sasuke recorrieron enteramente a Hinata, como para tener certeza de que ella no estaba mintiendo. El cuerpo de la chica estaba cubierto por unas abrigadas ropas blancas; ella no sabía quien la había desvestido y donde se encontraban sus otras ropas.
-Ya estoy bien. Puedo levantarme y hacer lo que vine a hacer aquí.
-¿Y que crees que vas a hacer aquí? –preguntó el mercenario.
- Trabajar –respondió la chica sin mucha convicción–. Soy su sierva... ¿Y qué otra cosa haría una sierva más que trabajar?
Hinata vio la cabeza de Sasuke inclinarse ligeramente para un lado; él no respondió a su pregunta, e hizo otra.
- ¿Seguro que te sientes bien?
Hinata balanceó la cabeza, concordando.
-No podré quedarme el día entero aquí. Tengo algunos asuntos que resolver, prefiero que no te quedes sola en esta casa. ¿Crees que podrías pasear un poco sin cansarte?
- ¿Pasear?, ¿Dónde? –Los ojos de Hinata estaban abiertos de incredulidad.
-Se aceptas encontraré una compañía adecuada para ti.
-Está bien. –respondió la chica con algo de dificultad.
-Voy a prepararlo todo.
Sin decir nada más, Sasuke salió del cuarto, dejando atrás a una Hinata confusa e intrigada.
No tardó mucho y el moreno retornó trayendo consigo a un trío de mujeres de edad media, silenciosas. Ellas comenzaron a trabajar por el cuarto, silenciosamente; una de ellas quitó a la chica de la cama junto con las sábanas.
-Una persona vendrá aquí a buscarte, e iréis a pasear. Dejé una pequeña bolsa de dinero encima de la chimenea, compra lo que quieras. Si te sientes mal, vuelve inmediatamente para acá. Estaré de vuelta por la noche.
Los ojos de Hinata observaban el rostro del Uchiha, había algo muy extraño en él... Algo que no conseguía descifrar. Sus ojos color ónice estaban menos brillantes y parecía preocupado.
Sin decir nada, el chico le dio la espalda a Hinata, cerrando la puerta tras de sí, sin ningún ruido. Hinata sabía que allí había gato encerrado.
El trío de mujeres no dejó a Hinata pensar en ese asunto por mucho tiempo. Rápidamente, la chica fue desvestida y sumergida en una inmensa tina de madera con agua caliente. Su cuerpo fue enjabonado con jabones que olían deliciosamente, fue secada con suaves toallas y vestida con un kimono ricamente bordado; era rosa claro y exhibía pequeñas flores rojas y delicadas. Su largo cabello fue peinado y preso en lo alto de la cabeza con extremo esmero. La joven intentó decirle a las mujeres que no le gustaba el maquillaje cuando una de ellas pintó sus labios de rojo, más ellas no parecían entender su lengua. Fue maquillada con extrema rapidez, un espejo de plata le fue puesto enfrente y Hinata sintió su quijada abrirse al ver su imagen reflejada.
Sus ojos plateados estaban remarcados por el lápiz negro, su boca bien hecha tenía un tono rojo violáceo; su piel era translúcida y recordaba a una muñeca de porcelana que a una chica.
Por encima de su kimono, lindamente bordado, una capa blanca forrada con piel de algún animal fue puesta sobre su cuerpo. La chica sentía varias capas de ropa encima y sabía que no pasaría frío. El trío de mujeres silenciosas la guió por un largo corredor de mármol negro; los ojos de la chica recorrieron todo el lugar vislumbrándolo con extrema curiosidad. Su boca se abrió más cuando vio a Zabuza de pie en lo que parecía ser la entrada de una casa junto a una persona mucho más baja; parecía ser un niño usando una máscara blanca con detalles rojos.
Las mujeres acompañaron a Hinata hasta la mitad del camino, después se perdieron en las sombras de la casa, desapareciendo. La joven de orbes plateados apretó fuertemente sus manos, después caminó lentamente oyendo el sonido de sus zapatillas de madera batiendo contra el suelo limpio. Su rostro se tiñó de rojo cuando miró en dirección a Zabuza.
-Zabuza-sama, ¿está bien?
-Sí, y veo que tu también lo estás. Un error de cálculo, la nevada estaba más cerca de lo que imaginaba y es casi imposible prever el tiempo aquí.
-Salvaste mi vida...
-Mis ordenes eran traerla viva, no te dejaría morir.
-Muchas gracias. –agradeció la joven haciendo una profunda reverencia.
- ¿El Uchiha hizo algo contra ti? –preguntó el shinobi frunciendo el entrecejo. s
La chica balanceó la cabeza negativamente, sintiendo la rojez de sus mejillas aumentar aún más.
-Si él te hace algo –informó el shinobi de agua–, me lo dices. Me sentiré felz de enseñarle a ese niñato algunas lecciones.
Hinata no consiguió contener una sonrisa al oír a alguien hablando de Sasuke de forma tan casual. La última cosa que Sasuke podría le recordaba era a un niñato.
-Éste de aquí es Haku –dijo Zabuza mostrándole a la persona enmascarada– él te acompañará en tu paseo.
- ¡Buenos días! –dijo una voz melodiosa desde el interior de la máscara; hizo una pequeña reverencia muy cortés.
Hinata repitió el cumplimento intrigada para ver como seria el rostro por detrás de aquella máscara.
-Haku –dijo Zabuza–. Cumple tu servicio, después ven.
-Sí, Zabuza-san –respondió la voz alegremente.
El shinobi del agua despeinó un poco el cabello del enmascarado y se fue en silencio por los corredores mal iluminados de la casa. Cuando Hinata estuvo a solas con Haku, el pequeño se viró en su dirección y preguntó:
- ¿Te importa si me quito la máscara?
La chica balanceó la cabeza negativamente, siendo inundada por la curiosidad. Haku retiró la pequeña máscara lentamente dejando ver un rostro angelical de niño, los inmensos ojos castaños eran vivos y brillantes, la boca pequeña y proporcionada al rostro y el largo cabello castaño caía a los lados de su cara en dos mechones que adornaban todas sus facciones. Era el niño más lindo que Hinata había visto; era un shinobi.
- ¿Cuántos años tienes? –preguntó la joven incrédula, incapaz de contenerse.
-Doce. –respondió el chiquillo sonriendo–. Un placer conocerla.
-Encantada –respondió Hinata, inclinándose nuevamente–. Eres más joven que mi hermana pequeña.
Haku sonrió afinando sus ojos brillantes.
-Un shinobi no tiene edad –respondió aún sonriendo.
La chica dejó su incredulidad estampada en su faz, observando el rostro angelical de aquel chiquillo.
- ¿Dónde quieres ir a pasear? –preguntó.
-No lo sé –respondió Hinata tímidamente–. No conozco nada por aquí.
Hinata vio la sonrisa de Haku expandirse, entonces él abrió la puerta corredera, encaminándose fuera de la casa.
-Entonces ya sé donde voy a llevarte. Creo que te gustará.
Hinata siguió al pequeño chico por las calles de piedra de aquella aldea, la nieve había parado de caer, más el cielo cubierto de nubes de color morado prometía más copos blancos. Haku guió a Hinata por los paseos de las calles, silenciosas, no se veían personas y aquellas que caminaban por las aceras iban con las cabezas gachas, sin mirar a los lados. El lugar tenía un aire melancólico.
- ¿No tienes calor con esa ropa? – preguntó Haku, sonriendo en dirección a la Hyuuga.
- No, en realidad estoy sorprendida de ver como vas vestido... ¿No tienes frío?
- ¿Frío? Parece que hoy hace buen día.
-En Konoha nunca hace tanto frío.
-Aquí en el país del agua siempre hace frío. Te acabas acostumbrando –sonrió el niño.
Los dos caminaron en silencio, sólo interrumpido por el sonido de sus chanclas de madera; se estaban dando cada vez más prisa, avanzando por una calle muy espaciosa. No demoró mucho y Hinata pudo ver una leve inclinación y lo que debería ser un gran lago en primavera. Ahora las aguas estaban congeladas y sobre la superficie había millares de barraquitas coloridas con millares de cosas de muestra. Los ojos plateados de Hinata se abrieron al ver aquel espectáculo, varias personas circulaban por entre las barracas observando las mercancías. La joven no pudo evitar notar que ella era la persona con más vestidos, como si solamente ella tuviese frío.
-Esta es la mayor feria del País del Agua –informó Haku caminando al lado de Hinata–. Puedes encontrar de todo aquí, sólo acontece una vez por año, en el auge del invierno. Todos los habitantes del país aprecian esta estación.
Hinata sonrió viendo a la pequeña multitud, los gritos eran de compradores y vendedores en una pequeña pelea organizada. Sus pies, un poco vacilantes tocaron la gruesa capa de hielo derretida. Rápidamente, Haku extendió el brazo para ayudarla, él podía ser un chico de doce años, pero era fuerte.
Caminaron vagamente, la multitud abría un espacio cuando ellos se aproximaban y los gritos cesaban. Haku caminaba frente a Hinata, que quedó admirada de que las personas lo miraran con espanto y miedo a su acompañante. ¿Cómo podían temerle a un niño de doce años?
Siempre que Hinata paraba en una barraca para apreciar algo de cerca, un vendedor muy solícito le hablaba de las cualidades de la mercancía; la joven quedó sorprendida de percibir que a pesar del acento (que Haku no poseía) conseguía entender la lengua de aquel país.
Hinata vio joyas brillantes con piedras enormes engastadas; collares con filos de oro y plata, pequeñas esculturas hechas del más frágil cristal impresionaron a la joven, así como cortinas hechas de conchas de mar; también vio varios tipos de armas, espadas, puñales y kunais siendo vendidas al aire libre. Observó tejidos de seda bordados con extrema destreza, con figuras impresionantes. Más, a pesar de hallar todo aquello muy lindo, ella no gastó una sola moneda; la pequeña bolsa roja que Sasuke le había dejado estaba bien segura colgando al lado de su kimono. Ella sabía que probablemente debía haber una pequeña fortuna, pero no se sentía ni un poco tentada a gastar el dinero del mercenario. Haku y Hinata caminaron por un largo tiempo, siempre con la chica encantándose con las cosas más no comprando nada. Casi al mediodía la luz fue más intensa a pesar de no haber sol. El estómago de Hinata roncó por debajo de los tejidos de su ropa; Haku sonrió al oír aquello.
-Será mejor que paremos para comer.
La chica concordó con un asentimiento y también sonrió. Realmente, la presencia de aquel chico era algo muy agradable.
Haku llevó a Hinata casi hasta el final de la pequeña feria. Allí había unas cuantas barracas de comida y el aroma era sublime y delicioso a pesar de que Hinata no reconocía ninguno de los olores. Haku llevó a la Hyuuga hasta una barraquita naranja, se sentó precariamente en un pequeño banco frente a la barra y espero hasta que ella le acompañase; la joven tomó asiento a su lado, inhalando aquel perfume de comida tan exótico.
-Este es un cocido muy famoso del país –informó el chico– esta hecho de frutos del mar, es muy sabroso –completó con una sonrisa.
-Huele bien –confirmó Hinata.
El pequeño dueño de la barraca se aproximó y después de dar una mirada, abriendo los ojos por las ricas ropas de Hinata, colocó una sonrisa falsa en los labios descoloridos y preguntó:
- ¿Qué podría ofrecer para la dama y el señor?
Hinata no dejó escapar la manera respetuosa con la que el hombre se dirigía a Haku, como si realmente él fuese un hombre al que temer.
- Dos cocidos, por favor –pidió el chico.
El hombre sonrió y se dio la vuelta para preparar la comida. Hinata dejó que sus ojos recorrieran la feria. Vio que algunos pares de ojos aún continuaban observándola, así como a Haku; realmente ella estaba llamando la atención. Los orbes plateados se fijaron en los castaños de un niño que la miraba fijamente. El pequeño no debía tener más de nueve años, vestía un kimono muy corto que dejaba mostrar sus extremidades; su cabello estaba muy despeinado y sus ojos estaban apagados. Hinata no percibió cuando un pequeño bol fue puesto frente a ella y el aroma penetró en sus fosas nasales, más no le llamó la atención; los ojos tristes de aquel chiquillo eran mucho más llamativos.
- ¡Sal de ahí! –gritó el dueño de la barraca–. ¿No ves que la señora no consigue comer a causa da tu fealdad?
Horrorizada, Hinata viró el rostro hacia el hombre que parecía no haberse conmovido con el niño; Haku también miraba hacía el chiquillo con una expresión controlada... Sus ojos brillantes se habían apagado, como si la sombra de un recuerdo doloroso se hubiese instalado en ellos.
- Productos de la guerra, Hinata-sama –explicó Haku en voz baja–. Existen niños como ese por todo el país. Sin padre ni madre, ellos vagan solos esperando una oportunidad.
Hinata dejó que sus ojos recayeran en el chiquillo, percibió que él no miraba para ella, sino para el plato de enfrente.
-Ven –Le llamó la joven dulcemente.
Los ojos del niño se abrieron, no se movió ni un paso.
- No tengas miedo, ven.
Los ojos castaños miraron desconfiados; dio el primer paso y se aproximó muy lentamente, como si esperase una reacción abrupta contra sí mismo. Los pasos vacilantes se acercaron a la pequeña barraca, el pequeño estaba descalzo. Hinata tomó el bol y lo extendió en dirección al pequeño, que lo tomó con gran voracidad y comenzó a comer. Realmente parecía tener hambre.
-La señora no debería alimentar a esas ratas –informó el dueño de la barraca con desprecio–. No sirven para nada.
Hinata vio la mirada mortífera que Haku lanzó para el hombre, haciéndolo callar. El pequeño comió todo el contenido del bol y bebió el caldo de un solo trago.
- ¿Estaba bueno? – preguntó Hinata dulcemente.
El chico balanceó la cabeza afirmativamente. Cuando se giró para un lado, pudo ver a algunos niños más que debían tener la misma edad. Sus cabellos estaban desgreñados y sus ropas parecían no protegerlos del frío.
- ¿Son tus amigos? – preguntó una vez más Hinata.
El pequeño niño asintió con la cabeza. La joven sonrió de nuevo y él encaró los ojos plateados de ella y le ofreció una pequeña sonrisa. Sin pensarlo dos veces, la Hyuuga tomó la pequeña bolsa roja de su cintura y esparció el contenido, que titiló sobre la barra cuando las monedas de oro se posaron en su superficie.
-Quiero toda esa comida –informó Hinata, decidida.
La chica vio los ojos del hombre abrirse delante de aquella pequeña fortuna; mucho más rápido, comenzó a preparar varios platos más.
- Llama a tus amigos. –pidió Hinata al chiquillo.
El niño asintió rápidamente con la cabeza y salió corriendo en dirección al pequeño grupo de chicos; un momento después toda la barraca estaba rodeada por ellos. La risotada de Haku invadió el local con un sonido fresco; Hinata miró en su dirección.
- Zabuza-san tenía razón, Hinata-sama realmente es una persona muy gentil.
La sonrisa de la joven fue acompañada por un enrojecimiento de sus mejillas. Tenía la certeza de que Zabuza también debía considerar a Haku una persona gentil; ambos lo eran.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
No muy lejos de allí un par de ojos color ónice observaban atentamente la escena de la barraca. Sasuke veía la sonrisa radiante de Hinata, cada gesto de aquella mujer, cada pequeño movimiento atraía su atención. Se movía con gracia y ligereza, parecía flotar, y cuado sonreía parecía increíblemente linda. No recordaba nunca haber observado tanto a una única persona, sus ojos siempre la buscaban, siempre se detenía con el menos movimiento de ella; aquello no era muy diferente a estar hipnotizado.
El chico apretó con más fuerza sus manos, que estaban cruzadas sobre su pecho. Ya hacía un buen rato que les seguía. Había visto como ella miraba todas las cosas que estaban expuestas en las paradas y no había comprado nada; Y ahora ella acababa de gastar una pequeña fortuna alimentando a una banda de niños de la feria. ¿Por qué no podía ser alguien normal?, ¿Por qué no podía simplemente comprar algo para sí misma? Una joya o un tejido bonito que le gustase. ¿Por qué la única mujer que le atraía tenía que ser tan... diferente?
Ella decía que no le odiaba, aún así, él podía ver el miedo estampado en sus ojos cuando se aproximaba. Podía ver su cuerpo temblar, aunque ella no demostrara estar intimidada. Parecía una gacela que enfrenta los ojos del lobo antes de que éste la devore.
Él sabía que la deseaba ardientemente. El recuerdo de la noche en que la poseyó continuaba gravado en su mente, perturbando sus sueños. Había arriesgado su vida, exponiéndola a un viaje en medio del invierno sólo para ver su rostro. Aquello era ridículo; Recordaba cuando Zabuza había llegado, cargando a la chica inconsciente, Sasuke había tenido la certeza de que mataría a un ejercito entero apenas para satisfacer la rabia de haberla perdido. Y aún así no conseguiría aplacar su frustración. La imagen del cuerpo inerte de la joven, helado hasta los huesos aún lo llenaba de escalofríos. ¿Desde cuándo alguien se había vuelto tan importante en su vida?
Él sabía que ella lo repudiaba, ella mismo lo había dicho y le temía; cada vez que la tocaba la chica se retraía. Estaba lastimada, sus sentimientos heridos, él jamás podría aproximarse a ella. Era una idiotez desear tanto a una mujer que no le deseaba, debería olvidarla, encontrar otro objeto de deseo. Se alejaría completamente de su presencia. Pero no podía... ¡Y aquello lo estaba matando!
Sabía que estaba haciendo el papel de idiota, y no lo conseguía evitar. Quería forzarla, dejarle bien claro que le pertenecía. Sabía que por medio de la fuerza podría tenerla en cualquier momento. Más, no quería repetir el mismo error. Aquello sólo la alejaría de sí y él tenía orgullo propio, la haría desearlo de la misma forma y con la misma intensidad.
Dejando esos pensamientos de lado, el Uchiha se encaminó en dirección a la barraca, los rápidos ojos de Haku lo detectaron entre la multitud. El chico era un prodigio. Hinata estaba de espaldas, así que no logró advertir su presencia hasta que él llamó su atención haciéndole una única pregunta:
- ¿Te diviertes?
Hinata saltó de la silla asustada, su corazón latía muy rápido; una vez más encaraba los ojos de color ónice. Esa vez eran fríos y muy brillantes. Sasuke parecía un hombre perturbado.
-Sí –respondió la chica en un murmullo.
-Haku, estás libre de tus servicios, yo mismo llevaré a Hinata a casa.
El chiquillo de rostro angelical hizo una pequeña reverencia y luego salió de la barraca seguido por el grupo de niños.
- ¿Por qué no compraste nada para ti?
El rostro de Hinata se tiñó de escarlata.
- Una sirvienta no debe comprarse nada.
- Ni alimentar a otros criados con el dinero de su patrón.
Los ojos plateados se abrieron y Sasuke percibió como ella comenzaba a temblar. Lo estaba haciendo de nuevo, la estaba atemorizando.
-No te preocupes, no te estoy reprendiendo. ¿Estás bien?, ¿No te sientes cansada?
La joven negó con un movimiento de cabeza, un mechón negro se desprendió de su peina y cayó sobre su busto. Sasuke se tuvo que contener para no retirarlo de allí y colocarlo delicadamente detrás de su oreja. El chico se reprendió de nuevo, no sería cariñoso con esa mujer.
- ¿Crees que podrás ir a una fiesta hoy por la noche?
- ¿Una fiesta?
-Va a haber una conmemoración. Quiero que vayas como mi acompañante.
La boca rosada de Hinata se abrió con espanto. Nada de aquello tenía sentido.
- ¿Entonces? –preguntó Sasuke irguiendo una ceja.
- Sí... Iré... –respondió la chica, confusa.
- Entonces volvamos a casa, necesitas arreglarte.
Sin decir nada más el Uchiha se giró de espaldas a Hinata y siguió por entre la multitud que abría camino mientras él andaba. Los pasos de ella eran vacilantes y lentos, la espalda de asomaba en su frente, su corazón latía rápidamente dentro de su pecho. Todo aquello no tenía ningún sentido. ¿Por qué el mercenario quería llevar a una simple criada a una fiesta?, ¿Por qué él la dejaría gastarse una pequeña fortuna con los niños?, ¿Por qué no la había criticado? Un escalofrío recorrió su cuerpo y ella supo que no era provocado por el frío.
¿Por qué Uchiha Sasuke estaba haciendo todas aquellas cosas?
Continuará...
Nota de autora: ¡¡Hola, mina-san!! Por amor de dios, disculpen la demora, como compensación aquí está mi mayor capítulo hasta ahora; espero que les haya gustado. ¡Este fic no existiría sin vosotros, mis queridos lectores! Preparaos para la emoción en el próximo capítulo: Deidara está de vuelta junto con uno de mis personajes más amados de Naruto (no, no es Kakashi) ¡Muchas gracias a todas las personas que están leyendo el fic, espero que no os está decepcionando!¡Disculpad una vez más la demora!
Nota de la traductora: ¡Yes, ya estoy aquí! Por dios, no me maten dx Espero que me perdonéis por el retraso, aunque no tengo perdón, lo sé. Pero bueno, más vale tarde que nunca, y al fin aquí está (aplausos). ¿Qué os ha parecido el capítulo? A mí me ha gustado mucho, sobretodo porque ha salido Zabuza xD y a demostrado ser un trocito de pan con Hinata :3 Bueno, pues nada más, ya me dejo de rollos. ¡Cuidaos! Thanks especiales por sus lindos reviews a: Harukauzaki, Lunita Urie, Dark Amy-chan, vegetapr69, , SaBaKu-No-MeNny, Constanza, Gaahina-4e, , Akane Hyuga, kadLiiTa, Hinare, Orquidblack, Nevan17, Viicoviic, Akanne Higurashi, .x, anabell, Pamelix, itzell, LennaParis y meilyn999. ¡¡Gracias por vuestro apoyo incondicional y por esperar tanto tiempo!!
¡Hasta el próximo capítulo!
