Disclaimer: Naruto no me pertenece, pertenece sólo a Kishimoto; si me perteneciese, Kakashi-sensei nunca moriría...

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¡Buena lectura!

7

Hinata siguió a Sasuke por las calles silenciosas de calzada empedrada. El viento invernal había comenzado a soplar con más fuerza, mientras algunos copos de nieve caían, transportados por la brisa. La joven sintió sus pies ligeramente helados, aunque usaba un par de gruesas medias. Los pasos de Sasuke eran lentos y controlados, parecía caminar solo, como si no le importase que una persona le acompañara.

No demoraron mucho y Hinata pudo divisar la pequeña casa aparentemente inofensiva por fuera. El chico abrió la puerta corredera y la dejó abierta esperando a la joven, que se sintió agradecida porque el interior estuviera tan caliente. Sin duda, el país del Agua era mil veces más frío que Konoha. Los pasos del mercenario produjeron eco por el gran corredor mientras ella continuaba siguiéndole. Percibió que pasaban ante muchas puertas antes de pararse frente a una, la más alejada. Los ojos plateados de no se espantaron cuando recayeron en las mismas tres mujeres que la habían vestido y maquillado aquella mañana. Se giró para Sasuke, que permanecía parado en la puerta del cuarto con los brazos cruzados sobre su pecho. Su maxilar estaba rígido, como si contuviese una gran ira. Por un momento, las palabras permanecieron presas en la garganta de la Hyuuga, como si intentasen escalar una montaña demasiado alta.

-Recibirás aquí todos los preparativos para la fiesta – informó el moreno en un tono muy frío–. Dentro de una hora te quiero lista.

La última frase parecía haber sido dirigida más a las mujeres que a la propia Hinata, que no supo que decir.

-Si necesitas algo ellas sabrán donde encontrarme.

Se dio la vuelta para salir, más las palabras de Hinata le detuvieron:

-Espere...

- ¿Sí? –Los ojos del Uchiha eran misteriosos y una vez más estaban brillantes. Una de sus manos aseguraba fuertemente la puerta de madera, crispada. La joven pudo distinguir que la piel que se presionaba contra la superficie estaba ligeramente más blanca de lo normal.

-Gracias... –Las palabras de Hinata sonaron de manera débil.

Sasuke no respondió, sólo se giró, cerrando la puerta tras de sí sin ningún ruido.

Hinata no tuvo tiempo de pensar en nada más, las manos de las mujeres volaron hacia su kimono, que le fue desprendido rápidamente. Su rostro se tornó rojo mientras ellas bañaban y perfumaban su cuerpo, sus cabellos fueron lavados con extrema rapidez y eficiencia; Era tratada como a una muñeca. Cubrieron su desnudez con un fino batín de seda que dejaba su silueta muy bien torneada, exponiendo sus muslos y sus senos firmes. Su largo cabello negro fue recogido encima de su cabeza, donde unos mechones sueltos bajaban graciosamente. Su rostro fue maquillado y su piel de nuevo se tornó pálida, le pintaron los labios con un fuerte tono carmín, idénticos a los de una Geisha. El maquillaje realzaba su belleza y proporcionaba a la Hyuuga una apariencia esplendorosa. Arreglaron sus uñas y sobre su cuerpo extendieron cremas con un perfume delicioso y dejaban su piel lustrosa y levemente rosada. Cuando ya estuvo debidamente maquillada y su peinado listo, ante ella vio el kimono más hermoso que hubiera visto en su vida: Era dorado y por toda su extensión había bordados árboles floridos de cerezos; El tejido era tan perfecto, que si observabas con calma el trabajo podías percibir la brisa de primavera balanceando sus ramas y esparciendo sus flores. Lo pusieron sobre su cuerpo y su toque era tan delicado como una íntima caricia. Cuando Hinata se miró en el espejo sus ojos no pudieron acreditar lo que veían en la imagen reflejada: Aquella no era la misma Hyuuga Hinata. Pero si era otra mujer u otro ser salido de un cuento donde vivían princesas de belleza impresionante, monstruos míticos y caballeros apasionados. Sus ojos destacados brillaban cual perlas expuestas a la luz y su piel pálida como la leche parecía estar hecha de la misma luz de la luna. Sus vestidos eran magníficos y no parecían reales. Cuando la joven de giró y encaró a las tres mujeres pudo ver que sonreían, felices por el resultado de su trabajo. Ella no sabía si iban a entender su lengua, por eso no agradeció con palabras, sino que se curvó respetuosamente. Se sintió feliz al observar la sorpresa en los ojos de las mujeres. Por último, una de ellas se aproximó lentamente asegurando algo en una de sus manos, Hinata dejó que sus ojos se abrieran cuando vio una peineta echa de perlas y cristales, intentó deshacerse de la mujer más no lo consiguió y el adorno fue colocado en su cabello, adornando perfectamente su peinado. ¿Qué fantasía era aquella, donde una simple sierva usaba ese tipo de joyas?

Sin decir una palabra o echar una mirada, las tres dejaron el cuarto dejando a una aprensiva Hyuuga sola. No sabía si el tiempo que le había dado el mercenario ya se habría agotado o tendría que esperar. Todos sus arreglos le habían parecido apenas unos minutos. Pensó en sentarse pero tenía miedo que pudiese lastimar una pieza tan valiosa como aquella que era el kimono. La muchacha estaba pensando exactamente sobre aquello, cuando la puerta del cuarto se abrió sin sonido alguno. Los ojos de Hinata se giraron en dirección a la puerta y contuvo la respiración.

Sus ojos nunca habían visto a un hombre tan lindo como Uchiha Sasuke hasta aquel momento. El sobrio kimono oscuro estaba adornado por una fina faja negra alrededor de la cintura. Usaba la larga capa con nubes escarlatas que de alguna forma le daba aún más imponencia; Cargaba su espada envainada. Los ojos del moreno permanecieron mucho tiempo sobre Hinata, como si el tiempo se hubiese detenido alrededor de ambos; fue el mercenario quien quebró el silencio.

-Estás preciosa. –era un elogio sincero.

-Gracias –Hinata podía sentir sus piernas temblar, mientras un frío anormal tomaba el control de la boca de su estómago, como si no hubiese ningún órgano más allí dentro.

El chico extendió el brazo para que la muchacha lo tomara. Ella se acercó con pasos vacilantes y enlazó su propio brazo al de él. Cuando la mano de Sasuke tocó la suya, Hinata sintió como si una descarga eléctrica recorriera todo su cuerpo. Una vez más, él abrió la puerta y caminaron silenciosamente por el largo corredor, iluminado precariamente por la llama de las velas. En la puerta de la casa estaba parado un sobrio carruaje negro; el moreno abrió la puerta por la chica, que se sentó, sintiendo su corazón cabalga en su pecho. Hinata se sentó al lado de la pequeña ventana del carruaje, que estaba cerrada por un pulcro vidrio. Sasuke se sentó enfrente, por lo que era inevitable que sus piernas se rozasen con las sacudidas del carruaje en su camino. Más de una vez, Hinata vio los puños de Sasuke cerrarse como bolas, su cuerpo se sentía muy caliente cuando estaba cerca de Sasuke y aún con todo el maquillaje blanco de su rostro, ella estaba ruborizada.

El trayecto no fue largo, sólo algunos minutos; en opinión de la joven habían pasado lentamente. Cuando el vehículo paró bruscamente, Sasuke abrió la puerta del carruaje y descendió primero, levantando la mano para ayudar a Hinata a bajar. Una vez más, sus dedos se entrelazaron y ella pudo sentir la mano fuerte y delgada del chico sobre la suya. Su rostro enrojeció e intentó que sus ojos no miraran el rostro de él; como salida, optó por dirigir su visión a la magnífica construcción que se erguía frente a ella. Su quijada se abrió levemente; era un palacio, un magnífico y enorme palacio.

Sintió el brazo de Sasuke enlazado con el suyo, el calor de su cuerpo siendo transmitido hacia el suyo. Comenzó a caminar lentamente por una larga alfombra roja que se desenrollaba por el césped oscuro de un jardín proporciones surrealistas. El devaneo de la chica fue interrumpido por las palabras del mercenario.

-Hinata, préstame atención. –La voz del Uchiha tenía un tono urgente-. Allí dentro estarán reunidos todos los miembros de Akatsuki de varios países que son nuestros aliados. Es una fiesta pomposa además, por lo cual yo estaría muy contento en no comparecer, pero no puedo faltar... Estate en todo momento cerca de mi, y si en algún momento me tengo que ausentar no hables con nadie ni mires excesivamente hacia alguna persona. ¿Has entendido?

La joven asintió con un rápido movimiento de cabeza, sintiendo el miedo invadir cada porción de su cuerpo. Sin percibirlo, apretó un poco más la mano de Sasuke, que la reconfortó. Caminaron por un largo corredor iluminado por millares de velas, criados muy útiles aparecieron en el camino y comenzaron a caminar rápidamente por delante de la pareja. Los oídos de Hinata ya podían distinguir vagamente el leve sonido de la música vagando por el aire, el frío no penetraba por las enormes paredes del lugar, más, el cuerpo de la chica temblaba; dudaba que pudiese continuar caminando, si no fuera porque el brazo de Sasuke sosteniéndola. Los pasos de ambos eran silenciados por la enorme moqueta roja, la chica divisó enfrente suyo una puerta doble gigantesca y supo que de allí venía el sonido de la música, que aumentaba gradativamente cuanto más se acercaban. Hinata nunca podría estar preparada para lo que sus ojos vieron entonces.

El gran salón estaba lleno de gente, algunas mesas contenían los más variados tipos de alimentos y se habían extendido por todo el lugar, el sonido de un arpa hábilmente tocada se escuchaba desde una esquina, donde una mujer de pelo blanco y largo tocaba con los ojos cerrados. Hinata se concentró en su rostro para no mirar alrededor, pues sabía que varios pares de ojos estaban sobre su figura.

La mayoría de personas presentes eran shinobi. No parecía ser una fiesta muy alegre, todos los presentes conversaban en voz baja y no tocaban la comida. Aquí y allá una nube escarlata aparecía en la visión periférica de la chica de orbes plateados, más ella nunca se fijaba, prefería no saber quien era su portador. Intentó evitar la mirada de los presentes mirando otras cosas, como los enormes candelabros y los rostros austeros de todos los criados que recorrían el lugar casi invisiblemente. Tenía total conciencia de la presencia de Sasuke a su lado, y del agarre de su brazo, caminaba con la cabeza erguida, encarando los rostros directamente. Nadie se aproximó a ellos, y el moreno comenzó a caminar en dirección a la mujer que tocaba el arpa en el lugar más alejado del salón. El mercenario paró, mirando directamente a los ojos de la chica, que tuvo que levantar ligeramente su rostro; Sasuke parecía más alto de lo normal.

-No puedo estar mucho tiempo contigo ahora. Todos me han visto llegar y no quiero que comiencen a conversar conmigo estando tu cerca. Pueden interesarse demasiado en ti...

Los ojos de Hinata se abrieron y sus manos temblaron bajo las de Sasuke.

-Quédate siempre en la parte del salón donde haya menos personas, camina un poco, no mires a la gente por mucho tiempo y come algo. Si todo sale bien, en menos de una hora nos habremos ido.

Una vez más, las palabras parecían pegadas a la garganta de Hinata, que no consiguió responder, sólo asintió levemente con la cabeza. Sus manos se soltaron de las de Sasuke, y él se encaminó con pasos rápidos y decididos para el medio del salón.

La chica de ojos plateados se giró de espaldas al salón, intentando ignorar la incomodidad que sentía en su nuca, sabía que estaba siendo observada por varias personas, principalmente ahora que Sasuke la había dejado sola. No tuvo coraje de girarse o caminar en cualquier dirección, sólo continuó mirando a la mujer que tocaba el arpa con los ojos cerrados, como si estuviese hipnotizada por la música. El sonido era calmo y tranquilo, recordaba a las olas del mar golpeando contra las arenas de la playa, o el ruido de las gotas de agua explotando en la superficie. Siendo aquel un país costero era natural que su música típica también recordase al agua. Hinata encontró muy bonita la melodía, y comenzó a sentirse más relajada en ese lugar. Mientras escuchaba la música, nadie vendría a hablar con ella, entonces podría esperar el retorno de Sasuke más tranquilamente...

Alguien le tocó el hombro. Su corazón le dio una fuerte punzada dentro del pecho, y paró de latir en el momento en que sus ojos se posaron sobre el conocido rostro de Deidara.

-Pero bueno, a quién tenemos aquí; Si es la bella primogénita Hyuuga. Ya hace algún tiempo desde nuestro último encuentro.

Con brusquedad, la chica se deshizo del toque de Deidara, sus labios temblaban así como su cuerpo, y no sabía decir si era por miedo o indignación. Enfrente suyo estaba el hombre que realmente había matado a su padre.

-Discúlpame –La voz del rubio estaba calmada, controlada, muy diferente a la de locura contenida que Hinata oyó la primera vez-. No debería haber mencionado nuestro primer, aún debes estar dolida por aquello.

Los ojos de la chica se abrieron al oír aquella frase, y se espantaron aún más cuando vio al Akatsuki curvándose en su dirección en una reverencia. Su mente estaba trabajando muy rápido.

- ¿Podemos conversar? –preguntó Deidara gentilmente.

La voluntad de Hinata era la de decirle que no, más ella no pretendía de forma alguna despertar la ira del Shinobi. Sería mejor que conversara con é. Sasuke estaba en algún lugar del salón, y le había dicho que no demoraría mucho.

-Sí –susurró por fin la joven.

Los labios de Deidara se curvaron hacia arriba en una sonrisa encantadora. Extendió el brazo hacia la joven, que lo enlazó, sintiendo sus músculos rígidos por encima de la capa de nubes escarlatas. El mercenario rubio caminó dando una vuelta al salón. Varios pares de ojos voltearon a ver a la pareja mientras esta atravesaba la sala. Pararon cerca de las mesas donde había butacas y grandes alfombras extendidas por el suelo, como suaves almohadas que parecían haber sido bordados con filos de oro. Con mucho cuidado, la chica se sentó sobre una de las enormes butacas intentando no arrugar el precioso kimono que vestía; displicentemente, Deidara se sentó a su lado aún sonriendo.

- ¿Quieres algo para beber? –Preguntó educadamente.

La joven rehusó, aún sintiéndose intimidada por la presencia de ese hombre.

-Aún estás más linda de lo que mi mente conseguía recordar. –La voz del rubio era ahora envolvente y aterciopelada-. Puedo garantizarte que estás causando envidia a la mayoría de mujeres y el deseo de todos los hombres.

-No es mi intención. –Susurró Hinata muy avergonzada, sintiendo su rostro sonrojado.

-Claro que no. –rió el mercenario, echándose el brillante cabello hacia atrás-. Aún eres la dulce, tímida y gentil doncella que conocí hace poco tiempo. Es bueno saber que las maldades de ese Uchiha no cambiaron tu forma de ser.

Al oír aquel comentario, Hinata viró el rostro una vez más, ella no diría una palabra sobre Sasuke a aquel hombre; en su opinión ambos eran iguales.

-Mis disculpas una vez más, estoy siendo muy descuidado esta noche. No te enojes conmigo. –Diciendo eso, la mano de Deidara tomó levemente los dedos de la Hyuuga, haciendo que sus miradas se encontrasen-. No tienes que tener miedo de mi, no voy a lastimarte. Ya te dije que soy mucho más cuidadoso que Sasuke. Dime, ¿él aún te mantiene prisionera?

-Sí, soy una sierva del feudo Hyuga.

Hinata vio que esos ojos azules brillaban de una manera extraña. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

- ¿Y si te dijera que hay una manera de que dejes de ser una sierva, estarías interesada?

- ¿Cómo? –La pregunta escapó de los labios de la chica antes de que pudiese detenerla.

-Veo que realmente el Uchiha no consiguió tu simpatía –La sonrisa de Deidara era victoriosa.

Los ojos de Hinata estaban fijos en el shinobi; Una oportunidad. Si aquel hombre realmente estaba diciendo la verdad, tal vez su hermana y su sensei pudiesen finalmente liberarse y recomenzar su vida. Aquello era algo bueno, La chica esperó pacientemente las palabras del Akatsuki.

-Déjame explicarte algunas cosas importantes. –Comenzó el rubio-. Yo, conjuntamente con el maestro Sasori recibimos ordenes para conquistar el feudo Hyuuga, debido a su gran extensión y localización. No sabíamos desde el principio que las tierras serían traspasadas a otro miembro del bando, tenemos papeles bien definidos de quien conquista y quien se lo queda. –El Shinobi sonrió-. Realmente quedé sorprendido al saber que Sasuke había sido designado para cuidar el feudo, al final él también es parte de los grupos que prefieren saquear y destruir a hacer el trabajo monótono de cuidar las tierras. En fin, las ordenes que tenemos cuando conquistamos algún lugar es el de mantener a los empleados y las demás personas presas durante un corto espacio de tiempo. Nada de esclavos o sirvientes, como fue tu caso.

Las palabras del shinobi no tenían mucho sentido para la Hyuuga.

-En otras palabras –Deidara continuó sonriendo–, deberías haber sido prisionera de Akatsuki sólo por unos días, y después haber sido liberada con el resto de los otros prisioneros ilesos. El hecho de que Sasuke tomara a todos los empleados y contratase a otros, causó una verdadera confusión en la banda, eso lo puedo garantizar. ¿Consigues entenderme?

-No muy bien... –respondió la chica.

-Quien te está manteniendo como prisionera es Uchiha Sasuke, no Akatsuki, él declaró en una de nuestras reuniones que pretende comprar todo el feudo para sí mismo y contratar a todos sus actuales criados como empleados, definitivamente... Sólo no lo hace, porque bien sabe que tu no aceptarías por voluntad propia ser su criada; a las finales, eres la heredera de todo aquello. Él te mantiene como su sirvienta personal mientras no consigue concretar sus planes de compra del feudo, asumiendo el papel del lugar en nombre de Akatsuki.

El corazón de Hinata se había disparado en su pecho. Aquella revelación dejaba su mente confusa, y las palabras de Deidara bailaban en su mente como una nube negra.

-Pero entiende –continuó el rubio, esta vez muy serio-, no tienes que estar sujeta a ese idiota. Creo que jamás podrás recuperar esas tierras, más tu no necesitas ser la criada de nadie. Tengo intenciones de protegerte de Sasuke; pide mi protección y te garantizo que nunca más volverás a verle. Tengo algunas casas escampadas por muchos lugares con los que ni el mismo Sasuke podría soñar. Conseguiría fácilmente la libertad de tu hermana y de quien quieras, y les protegería a todos. Comenzarías una nueva vida muy lejos de aquí, con toda seguridad te garantizo, basta con que pidas mi protección esta noche en voz alta. ¿Entonces qué me dices?, ¿Realmente quieres continuar siendo la esclava de Sasuke?

- ¿Dejaría de ser su sierva para volverme la tuya? –La voz de Hinata estaba baja pero firme-. No tengo nada, no poseo herencia o dinero. ¿Cómo podría pagar por la ayuda que me estás ofreciendo?

-No te pido nada mi pequeña, aún no...

La mano derecha del rubio alcanzó el rostro de la chica, allí los dedos largos y bien hechos realizaron una pequeña caricia, haciendo círculos sobre su mejilla y descendiendo por la curva de su cuello lentamente.

-Entiende, Hinata –dijo el shinobi rubio y de ojos color de zafiro-. Con toda certeza eres una de las cosas más bellas que vi en toda mi vida, y tengo la costumbre de mantener las cosas que encuentro hermosas cerca de mi... Nunca te maltrataría o tomaría algo por la fuerza. Te dije que era paciente y esa es una de mis pocas cualidad, más es verdad... Estuve esperando para encontrarte desde la última que te vi...

Hinata no supo decir como, pero de repente estaba muy próxima al cuerpo de Deidara, la mano del shinobi estaba en su nuca atrayéndola más cerca de él, su corazón latía muy fuerte y sabía que no podría escapar; su cuerpo paralizado por el íntimo contacto Sus labios estaban tan cerca...

-Quita tus manos de ella ahora, no pienso repetirlo.

La voz de Sasuke sonó como un rugido bajo y feroz a la vez. En ese instante los brazos de Deidara soltaron a Hinata, que sólo consiguió encarar el rostro frío e impasible de Sasuke encima de sí.

-Sasuke, ¿Sabías qué es de muy mal gusto interrumpir la conversación de otra persona?

- ¡Hace un momento estabais en silencio!

-Ya habíamos conversado lo suficiente, si es que me entiendes. –La sonrisa estampada en los labios del rubio Deidara era de gusto.

Hinata pudo ver claramente el maxilar del moreno crisparse, y su entrecejo se unió de forma amenazadora.

-No me interesa lo que deseas, Deidara. Sólo aléjate de Hinata.

-No quiero mal para la chica, Sasuke; quédate tranquilo. Yo sólo estoy intentando ayudarla, protegerla de personas como tu.

El moreno arqueó una ceja, como si no entendiese las palabras del rubio.

-No la estoy maltratando, por lo tanto, ella no necesita tu protección. La mantienes a la fuerza como tu esclava. ¿Ya se te ha ocurrido que quizás ella no quiera servirte? Sólo le estaba diciendo que no está obligada a estar contigo...

El silencio de Sasuke fue largo, sus ojos de tono ónice sólo miraron a Deidara de forma fría.

-No hacía más que ofrecerle mi ayuda.

-No te metas en asuntos que no te incumben, Deidara; será mejor para ti.

- ¿Es una amenaza, Sasuke? –El rubio se había colocado en pie con extrema rapidez.

-Entiéndelo como quieras. –Respondió el moreno poniendo la mano directamente sobre su espada.

-No importa cuanto intentes impedírmelo, Sasuke. La chica tiene derecho a escoger y te garantizo que ella me prefiere a mi un millón de veces. Puedo imaginar lo que le hiciste para que te tenga esa aversión.

La espada de Sasuke fue desenvainada de manera rápida, la lámina levemente curvada y brillante apuntaba para el pecho de Deidara. Al rubio pareció no importarle, sonrió aún más, una sonrisa que no llegaba a sus pupilas. Hinata no supo decir como se había puesto en pie, más su corazón latía a un ritmo loco mientras veía la escena. Tenía conciencia de que varias personas les observaban ahora.

-Baja la espada ahora, Sasuke.

La joven de orbes plateados miró en dirección a la voz, que sonó de un modo imperativo. Su corazón dio un salto cuando sus ojos recayeron en la figura de un hombre vestido completamente de negro. La capa con nubes escarlatas cubría su cuerpo alto y musculoso, su rostro anguloso habría sido magnífico de no ser por la expresión de profundo desagrado que ostentaba. Sus ojos negros eran como pedazos de noche, así como su cabello negro, que descendía liso, preso en una cola de caballo baja. La semejanza con Sasuke era escalofriante.

-Tendremos que dejar nuestra pequeña discusión para después, Sasuke. –Informó Deidara-. El aguafiestas de tu hermano acaba de llegar.

Con un movimiento rápido, Sasuke guardó la espada sin mirar en dirección a su hermano mayor.

-Preferiría que no discutierais por asuntos tan banales. –Informó Itachi de manera imponente.

Una risotada escapó de los labios rosados de Deidara.

- ¿Por qué mejor no cuidas tu vida, Itachi? –preguntó Sasuke, encarando a su hermano con ojos chispeantes.

Itachi no respondió, miró en dirección a Hinata y preguntó:

- ¿Tu nombre es Hyuuga Hinata?

Incapaz de responder, la chica balanceó la cabeza afirmativamente, con mucha fuerza.

- ¿Podrías acompañarme, por favor?

Los ojos de Hinata se abrieron de par en par, no sabía que decir mientras los ojos de Itachi estaban puestos sobre ella.

-Ella no irá a ningún lugar contigo, Itachi. –a voz de Sasuke era ríspida.

-En eso concuerdo con Sasuke –La voz de Deidara, mostraba por primera vez una punzada de rabia.

-Debéis dejar a la chica escoger, la invitación le ha sido pedida a ella, por lo tanto tiene todo el derecho de negarse o aceptar.

Hinata sintió que estaba sin aire mientras permanecía siendo observada atentamente por los tres hombres; no sabía que hacer.

-Por favor, Hyuuga-sama –pidió Itachi–. No pretendo hacer ningún mal contra tu persona.

Sus ojos negros eran tan vividos que parecían sinceros. No vio la manera de negarse, así que asintió con un movimiento de cabeza.

Itachi ofreció su brazo a Hinata, que no tuvo coraje de mirar en dirección a Sasuke o Deidara. Ambos caminaron lejos del lugar, atravesando las dos puertas dobles. Itachi la estaba conduciendo para fuera del palacio.

- ¿Adónde vamos? –preguntó la chica, asustada.

-Tendrás que perdonarme, pero el asunto que tengo que tratar es particular y dudo que consiguiéramos un poco de sosiego con aquellos dos vigilándonos.

Los pasos de Itachi eran rápidos y firmes; Aseguraba el brazo de Hinata con extrema gentileza. Rápidamente, llegaron a una salida diferente a la que Hinata había entrado al comienzo de la fiesta. Había un lujoso carruaje parado, esperándoles. Hinata se dio un gran susto cuando vio la máscara de Haku aparecer por una de las puertas del vehículo.

-Haku. –pidió Itachi en un tono urgente–. Llama a Zabuza cuanto antes, no quiero ser incomodado esta noche, no dejes que nadie se aproxime a la casa, ¿entiendes? Ni siquiera mi hermano. –Añadió el mayor de los Uchiha.

El muchacho asintió, no lanzando ni una mirada en dirección a Hinata.

Rápidamente, Haku caminó en dirección al palacio. Itachi ayudó a Hinata a subir al carruaje, que por dentro estaba lujosamente decorado con estampados de un tono rojo. El hombre se sentó en uno de los bancos enfrente de ella, y miró directamente hacía ella.

-Por favor, no te asustes, no pretendo hacerte nada malo, sólo quiero conversar. Mañana mismo serás llevada hasta donde te hospedas.

El carruaje dio una pequeña sacudida y comenzó a moverse a gran velocidad sobre las calles de piedra. Afuera, la noche pasaba como si se tratara de un borrón indefinido. La chica de ojos plateados intentó prepararse para la conversación que tendría con Uchiha Itachi.

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No demoró mucho hasta que el carruaje comenzó a disminuir su velocidad por las calles; De manera brusca, las sacudidas pararon. Itachi abrió la puerta del vehículo y extendió la mano hacia Hinata, que descendió del carruaje un poco amedrentada. Estaban delante de una gran mansión ladeada por enormes árboles, el portón de madera era grande e imponente. Hinata fue guiada por Itachi por el jardín de la mansión, no pudo ver alrededor, más sabía que aquel era un lugar lujoso. La chica oía el croar de las ranas, el sonido de una cascada de agua a lo lejos y los grillos cantando suavemente en los matorrales que ladeaban el camino que recorrían. La mansión estaba construida en madera de un estilo japonés clásico, a través de las ventanas la chica podía ver el brillo de las luces doradas. Cuando llegaron al umbral de la gran entrada de la mansión, una puerta corredera fue abierta, y tres criados se adelantaron para Itachi. El hombre comenzó a darles órdenes en voz baja que la chica de ojos plateados no pudo oír. Sin mirar en su dirección por segunda vez, el mayor de los Uchiha caminó, seguido por dos empleados hacia un corredor, dejando a Hinata sola con otro lacayo.

El pequeño hombre comenzó a guiarla en dirección a otro largo y mal iluminado pasillo, la chica sintió su corazón latir fuertemente, sus pensamientos pasaban a gran velocidad por su cabeza, millares de preguntas se formaban sin que consiguiese obtener una respuesta clara. El lacayo abrió una puerta corredera. Hinata entró en un cuarto lujoso y ricamente decorado, la enorme cama poseía un dosel blanco y varias sábanas y mantas en tonos rojos y blancos, las ventanas estaban ocultas por gruesas cortinas de color azul oscuro, un fuego medio ardía en la chimenea de piedra y había una pequeña mesa de madera al lado de la cama, con frutas, pan, y una jarra de donde salía el vapor de una bebida caliente.

-El señor Uchiha la llamará, tan pronto como termine de resolver algunos asuntos importantes. Por favor, siéntase libre de cambiarse la ropa y comer algo si lo desea. –Informó el lacayo en un tono profesional antes de salir del cuarto.

Hinata no tuvo tiempo de preguntar nada, el hombre la dejó sola con todas sus dudas. La chica no sentía hambre, por eso no tocó la comida. Sus ojos plateados se posaron sobre una butaca y vio un vestido blanco tendido en ella para vestirse si quisiera. Pensó que tal vez aquello fuese una buena idea, el cuarto estaba caliente gracias al calor del fuego y el kimono era apretado. Pensando en la mejor manera de mantener aquel kimono intacto, se desnudó y pasó sobres su cabeza el vestido blanco, que le llegaba hasta los pies. Era largo y tenía un tacto suave, las mangas largas terminaban bajo sus manos en forma de conos. Hinata dobló con extremo cuidado el kimono dorado y lo dejó sobre la cama. Se quitó el peinado y la peineta repleta de joyas. Los cabellos ligeramente rizados cayeron sobre sus hombros. Se sentó en la butaca, enlazando sus rodillas y sintiendo aprehensión. El tiempo pasaba lentamente, no había ningún reloj en el cuarto que le indicara la hora. Lentamente, Hinata cerró los ojos y se adormeció.

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Hinata despertó porque sintió sus hombros siendo sacudidos levemente. Abrió sus grandes ojos de forma somnolienta y se sentó rígidamente en la butaca. El mismo lacayo que la había guiado hasta el cuarto estaba llamándola ahora:

-Señorita Hyuuga, lamento mucho incomodarla, más el señor Uchiha desea verla inmediatamente.

Aquella frase hizo que toda la somnolencia abandonase el cuerpo de Hinata. La chica se levantó completamente despierta y siguió al lacayo por los pasillos silenciosos. La noche avanzaba, la mayoría de las luces de la mansión estaban apagadas, y afuera, el canto de los grillos era el único sonido que quebraba el silencio.

Los pasos del lacayo y de Hinata sonaban mientras más se adentraban en la mansión. Caminaban presurosos. Después de un rato, el empleado paró frente a una puerta, y con una última frase volteó por el corredor oscuro:

-Por favor, entre, el señor la aguarda.

Hinata sintió como su corazón se disparaba, mientras sus manos temblaban y empujaban la puerta corredera. Entró en una pieza grande e iluminada por las llamas crepitantes de un gran fuego en la chimenea de piedra. La ventana estaba abierta, y una leve brisa hacía que la cortina blanca se balanceara fantasmagóricamente. Al frente de la chimenea había una gran mesa de caoba. Uchiha Itachi estaba sentado frente a ésta. Sus cabellos sueltos caían en una cascada negra sobre sus hombros fuertes y pálidos. Vestía unos pantalones negros y una camisa blanca de manga larga, abierta por el pecho, que revelaba gran parte de su tórax y abdomen. Hinata se sintió intimidada cuando aquellos ojos negros se posaron sobre sí.

-Siéntate, por favor –pidió Itachi, apuntando con una de sus manos en dirección a una butaca que se hallaba ante la mesa.

Obedeciendo, la chica se sentó rápidamente, replegando sus extremidades contra los brazos de la butaca.

Hinata vio a Itachi levantarse y caminar con pasos firmes hacia la ventana. La brisa nocturna removió sus cabellos, negros como las alas de un cuervo. El silencio era grande, las manos de Hinata se retorcieron compulsivamente sobre la butaca.

-Pido disculpas una vez más por mi comportamiento de esta noche. –Dijo Itachi, aún sin mirar en dirección a Hinata-. Pero realmente necesitaba hablar contigo.

Hinata asintió, curiosa por saber que asunto quería tratar con ella aquel imponente hombre. La chica vio a Itachi dejar la ventana y quedarse parado delante de la mesa, con sus ojos fijos en ella; Su corazón se aceleró.

-Sé que no me conoces, y que tienes varios motivos para odiarme a mi y a todos los miembros de Akatsuki, más tengo que pedirte un favor, algo que solamente tú puedes hacer.

Los ojos de Hinata se abrieron de par en par ante de aquella frase, permaneció en silencio.

-Dentro de algunos días o feudo Hyuuga será una propiedad de mi hermano. Él se mostró muy interesado en el lugar y acabó comprándolo a la banda. ¿Entiendes lo que eso significa?

-No muy bien –respondió la joven de manera insegura.

-Eso significa que todas las personas prisionera de Akatsuki serán liberadas, inclusive tú. Seréis libres para dejar el feudo o permanecer como empleados pagados por mi hermano.

Las palabras chocaron en Hinata; Era lo mismo que Deidara le había dicho en la fiesta. Definitivamente su hogar ahora pertenecía a Uchiha Sasuke. Hinata percibió que los ojos de Itachi estaban muy oscuros siendo iluminados por las llamas del fuego, que relucían en la chimenea. Él esperaba su reacción, quería saber que pensaba del asunto. Pero la muchacha no dijo nada, continuó observando aquellos ojos profundamente negros, como dos gotas de tinta.

-Dime una cosa –Itachi quebró el silencio– ¿Odias a mi hermano?

Los ojos de Hinata se abrieron ante aquella pregunta; la conversación que estaban teniendo no tenía el menor sentido.

-No, yo no le odio. –respondió la Hyuuga sin mucha firmeza en la voz.

- ¿Entonces permanecerás en el feudo como su criada? –Los ojos de Itachi recorrían toda la faz de la chica, esperando la más mínima reacción.

-No sé... –La voz de Hinata ahora estaba dispersa– jamás pensé en tomar una decisión como esa, ese lugar fue mi único hogar desde siempre. No sé si tendría coraje o condiciones para abandonarlo, no sé si tendré suficientes fuerzas para vivir allí de esa forma.

- ¿Y que te haría quedarte?

La joven miró la faz del hombre enfrente de ella, impenetrable. No podía imaginar que pasaba tras aquellos ojos velados. Hinata no respondió, el silencio estaba en el aire como algo palpable, en la noche podía oírse la sinfonía de los grillos mientras la brisa nocturna balanceaba imprecisamente la cortina.

- ¿Qué te haría quedarte? –Itachi repitió la pregunta– quiero que sepas que tengo mucho interés de que permanezcas en el feudo, al lado de mi hermano.

- ¿Por qué? –Las palabras salieron de los labios de Hinata antes de que se pudiera contener.

-Conozco a mi hermano lo suficiente, para saber que él está extremadamente interesado en ti, y no admitiría de forma alguna perderte. Por eso sé que su objetivo no era el de tener el feudo Hyuuga. Más, acredito que tienes el derecho de escoger si quieres o no permanecer a su lado, aunque tu recusa sea muy ruin para mi hermano.

- ¿Muy ruin? –repitió la muchacha, incrédula.

-Sí. Entiende que Sasuke no es el tipo de persona que se apega a alguien o se deja influenciar fácilmente. Al contrario; mi hermano es el tipo de persona que evita cualquier contacto con cualquier persona, pero eso no parece ser válido en tu caso, no sé por qué motivo. Sasuke ha dejado bien claro que tiene mucho interés en mantenerte a su lado. Por eso debo hacerte una pregunta: ¿Odias a mi hermano?

-No –respondió Hinata, atónita con todas las palabras del mayor de los Uchiha-. No le odio, sólo...

-Entonces, por favor... –pidió Itachi, aproximándose y arrodillándose frente a la butaca para que ambos estuviesen a la misma altura-. Permanece un tiempo más en el feudo a su lado. Podrás pedirme cualquier cosa a cambio de hacerme ese favor.

-No lo entiendo. –Exclamó en voz baja la atónita chica–. Soy sólo una criada, ¿En qué podría ayudarle?

-Sólo permanece a su lado. Eso le ayudará... –La voz de Itachi bajó y sus ojos se volvían más negros mientras continuaba la frase-. Sasuke no pudo disfrutar mucho tiempo de la atención de una familia, él nunca me vio como un hermano mayor y sí como un enemigo que tenía que ser aniquilado. Aún así él sigue siendo mi hermano pequeño; me preocupo por su bienestar.

El rostro de Itachi era pálido siendo iluminado sólo por el fuego, parecía una máscara de alguien que contenía dentro de sí todos los sentimientos, sin expresar nada. Era algo triste de ver en opinión de Hinata.

-Viéndote ahora puedo entender un poco mejor a mi hermano. –La mano del mayor de los Uchiha se irguió y su índice se posó levemente en la mejilla rosada de la muchacha de orbes plateados-. Pensé que era mentira cuando me contaron sobre ti, sobre alguien tan gentil. Más ahora veo que es verdad. Sasuke tenía razón en querer mantenerte a su lado.

Hinata notó que él estaba muy próximo, no sabía como se había acercado tanto. Podía sentir claramente el aliento caliente de él contra su rostro, su corazón latía descompasadamente dentro de su pecho. Los labios de Itachi estaban a pocos centímetros de los suyos, su índice continuaba haciendo esa pequeña caricia en su mejilla, dejándola roja y caliente. Los labios del moreno se aproximaron, eran finos y ligeramente rosados, rozaron levemente los labios de ella, tan leve como las alas de una mariposa. Entonces él se alejó un poco , apenas para poder ver sus ojos plateados.

-Me gustaría haberte encontrado antes... –La voz de Itachi estaba levemente ronca.

Hinata sintió el aire ser expelido con mucha fuerza de sus pulmones, mientras sentía su corazón latiendo contra sus costillas.

-No eres para mí... Debes pertenecer a mi hermano... –Continuó el Uchiha.

Los ojos de Hinata se abrieron al oír aquella frase, ¿Cómo podía tener tanta certeza de que ella debía pertenecer a Sasuke? La muchacha vio a Itachi levantarse vagarosamente, dándole la espalda. El fuego de la chimenea había disminuido considerablemente por eso las sombras en las paredes eran largas. Estaba todo silencioso en la madrugada, aún así el sonido de los grillos podía ser oído.

-Ya es tarde Hinata, duerme y no tengas miedo. Sé que te quedarás al lado de mi hermano.

Hinata intentó responder, mas no tuvo fuerzas, estaba cansada. De repente, el peso de todo los acontecimientos cayó sobre sus hombros con una fuerza increíble. Ella no quería abandonar el feudo, el lugar donde había nacido. Pero, ¿tendría coraje de vivir al lado de Sasuke siendo una sirvienta?, ¿Cómo ese hombre podía tener la certeza de lo que haría?

Sin decir una palabra más se levantó y salió silenciosamente de la sala; Itachi no miró en su dirección. La joven caminó por los corredores silenciosos de la mansión. Cuando encontró el cuarto que le había sido destinado se tiró en la cama. El rostro de los mercenarios de Akatsuki rondaban sobre sus pupilas cerradas. Se giró en el colchón suave, quería olvidarlos, estaba cansada... Su corazón dolido. No se oyeron más sonidos en la noche. El descanso vino rápido y sin sueños.

Continuará...

Nota de autora: Yare Yare mina-san, ya estoy aquí con un capítulo más, pero... ¿Puedo ser sincera? No creo que éste haya sido un buen capítulo. Quiero decir, que realmente no estaba ni un poco entusiasmada en postearlo, más yo sé que en ese momento, sólo va a salir esto. Por eso, si hallaron el capítulo tan terrible como yo lo estoy viendo, prometo que lo rescribo entero, tenéis mi palabra; Apenas me deis vuestras sinceras opiniones. En fin, no tengo como agradecer a todas las personas que me mandaron reviews, sois increíbles.

Disculpad la demora...

Nota de la traductora: ¡Hola chicas!, Bueno, ésta vez me demoré mucho menos en actualizar, espero que os haya gustado este capítulo. Es uno de los que menos me ha costado de traducir, no sé si porque tenía más ganas o por otra cosa. En fin, al fin ha aparecido Itachi, y Deidara ha hecho acto de presencia (si es que ese rubio enamora xD). El casi beso de Itachi me ha dejado conmocionada, pero de plano, Deidara sigue gustándome más para Hinata xD (¿Y al pobre Sasuke dónde me lo dejé?) No sé si pensáis lo mismo, pero a mi me enoja que traten a Hinata como una posesión, y más porque Sasuke se va a quedar algo que por derecho le pertenece a ella: La mansión Hyuuga. Bueno, me dejo ya de notitas de autora descerebradas y ya me voy, no sin antes agradecer especialmente a quienes dejaron review: Carolina, Viicoviic, Basi, Lunita Urie, Adrifernan19, Minata-chan, Sabaku-no-menny, Dela, LennaParis, Sairiko, Crazy-ale-chan, Megumi Yuu, Meylin999, Hinare, Akane Higurashi, anabell y Sami. ¡Gracias a todas!Un besazo, Istha ;)