Disclaimer: Naruto no me pertenece, pero Kakashi-sensei sí.
¡Buena lectura!
9
Sus ojos perlados se abrieron, intentando acostumbrarse a la claridad que venía de la ventana. Hinata se meció con algo de dificultad sobre la butaca, percibiendo que cada músculo de su cuerpo estaba dolorido, más en aquel momento la chica no estaba prestando mucha atención a aquella incomodidad. Intentaba recordar el suelo que había tenido la noche anterior. Había soñado con su padre, con el feudo en la época en que sólo era una niña y Hyuuga Hiashi era gentil y amoroso.
La chica suspiró placidamente y se desperezó, en ocasiones los sueños podían ser tan deprimentes; debía sentirse feliz aquella mañana: Finalmente volvería a casa.
La puerta del baño se abrió y Sasuke salió de el vestido impecablemente con su kimono azul marino. Estaba rasurado y las ojeras bajo sus ojos ónice eran casi imperceptibles. Parecía estar mucho mejor, como bien notó Hinata. Como si la noche anterior no hubiese pasado nada.
-Ya pedí el desayuno. –informó el moreno casualmente– Luego las criadas vendrán a ayudarte a vestirte. Necesito resolver algunos asuntos antes de partir.
Hinata asintió con un meneo de cabeza, sonriendo. Se sentía feliz por volver al feudo, no veía la hora de volver a ver a su sensei y a su hermana pequeña, y el lugar que más amaba en el mundo.
Sasuke salió del cuarto rápidamente, enseguida dos mujeres de mediana edad aparecieron y silenciosamente comenzaron a ayudar a Hinata con los preparativos del viaje. Mientras la primera preparaba el equipaje de la Hyuuga, la segunda la ayudaba con el baño, la chica de orbes plateados reparó en que su maleta estaba repleta de hermosos kimonos, chaquetas, y otras piezas de ropa fina, cosas que ella no había traído consigo del feudo, ya que todas sus ropas habían sido confiscadas por los mercenarios de Akatsuki durante la invasión. Sintió sus mejillas tornarse rojizas recordando que Sasuke había comprado toda aquella ropa para ella... Ropas que no parecían pertenecer a una simple sirvienta.
Las manos ágiles de la criada terminaron el servicio de baño, y luego la mujer ya estaba ayudando a la Hyuuga a vestirse, el kimono escogido era de un verde oscuro, como una hoja bañada por la luz del sol; Sus cabellos fue trenzado hacía atrás con pasadores también verdes que combinaban perfectamente con la ropa.
El delicioso desayuno fue servido en la mesa que estaba frente a la chimenea, más Hinata rehusó a tomarlo; estaba tan ansiosa que sabía que no conseguiría tragar nada. Dispensó a las criadas, que dejaron el cuarto preparado y salieron en silencio. Por la ventana, Hinata admiró por última vez la Villa del Agua, de alguna forma, iba a extrañar aquel paisaje siempre cubierto de blanco, la quietud omnipresente del invierno, el ameno y raro sol, que dejaba el lugar bañado por una luz ofuscante y bella.
La puerta del cuarto se abrió y Sasuke entró, cargando consigo algunos copos de nieve que habían quedado presos en sus cabellos negros y rebeldes.
- ¿Estás lista? –preguntó el Uchiha, encarando a Hinata.
-Sí, ya está todo listo. –respondió la chica.
Los ojos ónice recorrieron la habitación, como asegurándose de que nada se les olvidara.
-Entonces vamos, pediré a los empleados que traigan nuestro equipaje.
Hinata acompañó a Sasuke, caminando una última vez por el corredor de mármol de aquella casa, que era uno de los escondites de Akatsuki. Ningún empleado se despidió de ellos, sólo dos hombres los siguieron cargando sus pocas pertenencias.
En el exterior, el día era especialmente frío, la nieve caía de forma perezosa y durante algunos segundos, Hinata se quedó embobada, observando los copos de nieve bailar en el cielo blanco.
-Hinata, ven. –Llamó la voz del mercenario sacando a la chica de su devaneo.
Pero sus ojos perlados se abrieron cuando vieron cual sería su medio de transporte para salir de la villa. Sasuke estaba parado frente a un trineo hecho de madera, parecía ser grande y robusto y lo empujaban cuatro perros que más parecían lobos; poseían un pelaje espeso, variando del negro, pasando por el castaño hasta llegar al beige claro.
- Está todo bien Hinata, éste es un medio de transporte bastante seguro y muy utilizado aquí, será muy útil por el camino que vamos a tomar. –Afirmó Sasuke.
Los ojos de la chica miraron desconfiados para el Akatsuki, más Hinata sabía que no tenía como negarse a entrar en aquel vehículo. Sintiéndose recelosa, la joven se dejó ayudar por Sasuke a sentarse en lo que parecía ser un banco improvisado, recubierto de piel de animal. El mercenario se sentó a su lado, estirando las largas piernas por la madera. Más al frente, después de una pequeña divisoria también de madera, se hallaba un hombre que no aparentaba ser un shinobi y que guiaría a los animales.
-No te preocupes –La tranquilizó el mercenario–, te gustará.
Hinata se intentó convencer de aquello, pero cuando el vehículo se puso en movimiento tuvo la certeza de absoluta de que aquello no le gustaba nada. Los canes corrían a una velocidad increíble, exigiendo lo máximo a sus cuerpos delgados y fuertes, se deslizaban rápidamente por el suelo cubierto de hielo. Rápidamente abandonaron la villa siguiendo en dirección al norte, dejando la cordillera de montañas a sus espaldas.
Hinata cruzaba sus brazos sintiendo el viento pasar muy rápido por su rostro, provocando un fuerte ruido en sus oídos.
- ¿Estás bien? –preguntó el mercenario, irguiendo el timbre de voz para que la chica pudiese oírle.
Hinata hizo un movimiento de cabeza, indicando que estaba bien, aún cuando aquello no era cierto. Las manos de Sasuke se posaron sobre las finas y heladas de la joven; Hinata notó que eran grandes y calientes, y también un poco ásperas, más su roce no era desagradable; Su aspereza debía ser causa del manejo de la espada. La Hyuuga no se desvencijó de aquel toque, aún sabiendo que debía hacerlo.
-No tienes que teme a la velocidad. –La voz de Sasuke era más baja, como para calmar los temores de la Hyuuga–. Estamos en un terreno plano, difícilmente tendríamos un accidente.
Un poco a contra-gusto, la chica intentó confiar en las palabras de Sasuke y se relajó en el asiento del trineo. Más, las manos del mercenario no dejaron las suyas.
-Tienes frío, tu nariz está roja. –informó Sasuke.
Con un movimiento rápido, el chico se quitó la chaqueta que lo cubría y lo colocó sobre los hombros estrechos de la Hyuuga. Hinata notó que estaba caliente y tenía el aroma del Akatsuki, un olor fuerte, masculino que le recordó a la lluvia.
-Gracias, Sasuke-sama. –agradeció la chica tímidamente, sintiendo la sangre calentar sus mejillas heladas–. Pero así tú tendrás frío.
-Estoy acostumbrado a este invierno, viví una buena parte da mi vida en esta Villa; con el tiempo acabé acostumbrándome.
-Sasuke-sama, ¿naciste aquí? –preguntó Hinata, intentando esconder la curiosidad de su voz.
Por un momento los ojos ónice quedaron apagados y desenfocados, como si el chico hubiese recordado algo lejano y no el paisaje que pasaba rápidamente..
-En realidad no –respondió el mercenario, encarando a Hinata–, yo nací en Konoha.
- ¿Konoha? –preguntó Hinata, incapaz de esconder su incredulidad–. ¿La ciudad oculta de los shinobi?
-El clan Uchiha originalmente era uno de los más influyentes de esa villa, pero cuando yo tenía doce años, mi padre tramó contra el Hokage para que fuese destituido. El plan fue descubierto y muchos de mi clan murieron; los Uchiha fueron considerados traidores y fueron expulsados de la villa. Mi padre recibió entonces asilo del Mizukage y vinimos a vivir aquí.
- ¿Pero es Akatsuki?
-En sus últimos años de vida, mi padre intentó retomar el plan de conquista de Konoha e hizo una alianza con Akatsuki, que también tenía el mismo objetivo. Más, la villa viene demostrándose más fuerte de lo que pensábamos.
-Lo siento mucho –dijo Hinata en una voz casi inaudible debido al viento.
- ¿El qué? –preguntó el mercenario sin esconder su sorpresa.
-Debe ser muy difícil tener de acostumbrarse a vivir en un lugar lejos de nuestro verdadero hogar.
Sasuke no dijo nada y la chica de orbes plateadas también se quedó en silencio, pensando que había tenido la audacia de decir algo que desagradaba al mercenario. Ella no podía saber que había acertado exactamente en lo que sentía el Uchiha.
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Viajaron en trineo durante casi un día entero, al caer la noche la villa estaba muy distante y los bosques comenzaban a adornar el camino. El ritmo del vehículo fue disminuyendo, y cuando la noche cayó por completo ambos se encontraron e una casa de madera que hacía las veces de restaurante y posada.
Sasuke despidió al conductor del trineo y cargó solo las maletas hasta el porche de la puerta, iluminada por dos antorchas, una a cada lado del batiente de la puerta de madera.
-Antes de entrar, Hinata, hay algo que debo decirte. -informó el Akatsuki– éste no es el tipo de lugar que una dama acostumbra a frecuentar; mantente siempre cerca de mi y no hables con nadie, ¿entendido? Sólo vamos a pasar una noche aquí y con suerte mañana nos iremos sin problemas.
Hinata asintió, sintiendo un frío enorme abrirse paso por su estómago.
El mercenario abrió la puerta del lugar y un olor a cerveza acertó de lleno en la Hyuuga, que torció el gesto en una mueca. El lugar estaba repleto de hombres que reían y conversaban en voz alta, irguiendo sus jarras por encima de sus cabezas y brindando por cualquier cosa.
Hinata sintió varios pares de ojos sobre ella y Sasuke mientras se encaminaban en dirección al mostrador, donde un hombre con un largo bigote les observaba atentamente.
El mercenario parecía no molestarse con la atención que estaba atrayendo sobre sí, tal vez fuesen las caras ropas que ambos estaban usando o la espada que Sasuke traía envainada en la cintura; Ciertamente, una parte del salón había parado lo que estaba haciendo para prestar atención a la pareja.
-Necesito habitaciones para ésta noche. –Pidió Sasuke de forma seca después de alcanzar el mostrador.
-¿Y con qué me pagarás? –Preguntó el hombre del bigote, irguiendo una ceja de forma desconfiada.
Sobre la mesa, Sasuke colocó tres monedas de oro, que relucían con la débil iluminación.
-Eso debería bastar. –dijo el chico rapaz cerrando la pregunta.
-Voy a prepararles el cuarto.
Al oír aquella frase el corazón de Hinata saltó dentro de su pecho. A pesar de compartir el cuarto con él en la Villa del Agua, nunca antes había tenido que dormir en la misma cama con el mercenario... ¿Cómo haría para cambiarse frente a él?
-Quiero dos cuartos separados. –Dijo Sasuke llamando la atención de la chica, que se sintió inmensamente aliviada.
-Por aquí –informó el hombre detrás del mostrador–. Les voy a mostrar sus aposentos.
El hombre tomó la delantera y Sasuke le siguió, cargando consigo las maletas, Hinata les siguió a ambos mirando para el suelo, intentando no concentrarse en las miradas que se dirigían a su persona. La joven estaba casi subiendo las escaleras que daban al piso superior, cuando una gruesa mano le agarró el pulso con brusquedad, haciendo que Hinata quedase delante de un hombre que parecía estar bebido.
-Ei belleza, ¿no quieres tomar algo con nosotros?
Hinata sintió la garganta seca mientras sus mejillas se coloreaban por la vergüenza que estaba sintiendo, el hombre de enfrente suyo tenía una sonrisa de escarnio en el rostro mientras su mano pesada y gruesa agarraba la muñeca de la joven de forma dolorosa.
-Por favor, suéltame. -pidió la chica, intentándose librar del incómodo apretón.
-Veamos como eres una chica educada, ése hombre debe haber pagado una fortuna por estar contigo, se ve que no estáis casados. ¿Y te crees que engañáis pidiendo cuartos separados? Apuesto lo que sea a que ya te has acostado con él.
- ¡Suéltame! -pidió Hinata, incapaz de contener la vergüenza.
-Vamos niñita, no seas tímida, te garantizo que soy mucho mejor que ese niñato.
- ¿Algún problema aquí? –preguntó Sasuke que descendió las escaleras, preocupado por la demora de Hinata.
-Ningún problema chico –respondió el hombre de forma sarcástica, aún cogiendo la mano de Hinata-. Sólo estoy invitando a tu amiguita a tomar algo.
- ¡Suéltala ahora! –respondió Sasuke de forma fría y autoritaria.
- ¡Venga chico, no te pongas así!, ¡Te garantizo que te la devuelvo casi sin tocar!
La risotada desdeñosa del hombre fue interrumpida de forma brusca cuando la mano del mercenario agarró la que aseguraba el puño de Hinata, que fue soltado bruscamente.
-Podría romperte la mano ahora mismo por tus palabras, pero prefiero dejarlo como un aviso. No quiero oír siquiera que vuelves a mirar nuevamente a la mujer que me acompaña, ¿Me entendiste?
- S-Sí... –respondió el hombre con un grito de dolor.
Sasuke soltó de forma brusca la mano del hombre, que agarró su puño con una mirada de odio. Hinata siguió rápidamente a Sasuke, que se alejó del salón ahora silencioso.
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El piso de arriba del restaurante poseía un largo corredor donde podían verse varias puertas. Sasuke caminó hasta casi el final del pasillo y abrió una de ella con una pequeña llave de latón.
- ¿Estás bien? –Preguntó el mercenario cuando ambos estuvieron solos en el cuarto.
Durante algunos segundos, Hinata no consiguió responder, su voz parecía lacrada en su garganta, su estomago parecía estar sumido en su cuerpo, dejando un agujero por donde entraba un viento frío.
- ¿Hinata? –La llamó Sasuke un poco alarmado.
La voz del mercenario trajo a la chica de vuelta, soltando todo el aire que había estado reteniendo.
-¡Estoy bien!- Respondió, intentando acostumbrarse a lo que acababa de decir.
El Akatsuki evaluó el semblante de la joven hasta que realmente pareció convencido de aquello.
-Voy a bajar ahora, mientras esté en el salón dudo que cualquier hombre de allá intente hacer cualquier tontería subiendo aquí para importunarte. La llave está en la puerta, ciérrala y sólo ábrela cuando sea yo, ¿de acuerdo?
-Sí.
Sasuke aún observó a Hinata durante algunos segundos antes de retirarse del cuarto silenciosamente.
OoOoOoOoOoOoOo
Hinata miró a su alrededor del cuarto donde Sasuke la había dejado. Era un lugar simple y pequeño, muy diferente del que había compartido con el mercenario en la villa del agua. Había una cama pequeña, un guardarropa antiguo y una mesita de noche. La chimenea estaba sucia y apagada, siendo la única iluminación una vela encima de la mesita al lado de la cama. Era un lugar lúgubre y nada acogedor, pero estaba seco y sólo pasaría una noche allí. Pensando en acomodarse de la mejor manera posible, Hinata comenzó a revolver en su maleta, procurándose algo que pudiese vestir para pasar la noche, cuando oyó alguien golpeando la puerta. Recordó las palabras de Sasuke de que no abriese la puerta a nadie y se quedó en un silencio aprensivo, esperando que aquella persona se fuese.
-Servicio de habitaciones señora, por favor abra. –Dijo una voz de niña proveniente de la puerta.
Oyendo la voz de una chica, Hinata fue hasta la puerta, encontrándose con una niña que no debía tener más de trece años. Su cabello corto era rubio y mal cuidado, más tenía un rostro despierto y sonriente, cubierto de pequeñas pecas. Hinata se sintió encantada con la chiquilla.
-Disculpe mi intromisión madame, pero el señor de abajo me dijo que le preparase un baño, dijo que a usted le gustaría.
A Hinata le hizo gracia ser llamada de "madame", pero no demostró su diversión, naturalmente, el señor a quien la pequeña se refería sólo podía ser Sasuke. Hinata se sintió abrumada al saber que el mercenario estaba cuidando de su bienestar.
La chiquilla rubia entró en el cuarto trayendo la tina de madera y descendió las escaleras corriendo, volviendo enseguida, sujetando en sus manos un pequeño caldero de hierro que humeaba con el agua caliente. Viendo aquella escena, Hinata ayudó a la niña a descargar el agua caliente en la tina antes de que ella se quemase.
La niña le preguntó si le quería que la ayudase con el baño, pero la Hyuuga recusó, diciendo que tomaría el baño sola, y para que la nena no se preocupara por la tina de madera, le dijo que si tenía tiempo quería bañarse a la mañana siguiente, antes de partir.
Antes de salir del cuarto, la niña limpió y encendió la chimenea, algo que el "señor de abajo" también le había pedido que hiciese. Hinata se preguntó si Sasuke estaba haciendo lo mismo en su propio cuarto.
Cuando finalmente estuvo sola, la Hyuuga fue hasta la puerta y la atrancó, se deshizo del kimono verde dejándolo sobre la cama y se deshizo el peinado, sujetándose los largos cabellos en un moño encima de la cabeza para que no se mojasen. Entró en la tina sintiendo el placer de poder tomar un baño caliente después de un largo día de viaje. Se enjabonó con un simple jabón sin olor, sintiendo su piel limpia y suave; estuvo dentro de la bañera hasta que comenzó a sentir frío. Se envolvió con una toalla que le había preparado la niña y se colocó la ropa que anteriormente había preparado. Era una camisola azul clara que le llegaba hasta los pies, estaba hecha de un tejido etéreo y casi transparente, mas era la única prenda que poseía de pijama, y como dormiría sola, no tenía vergüenza de usarla.
La chica de orbes plateados peinó sus cabellos y se acomodó en la estrecha cama para dormir, no lo percibía pero se sentía cansada del viaje. Luego el sueño vino, y Hinata no pensó en nada más.
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Durante la noche, Hinata se despertó por los golpes débiles pero insistentes en la puerta, abrió los ojos con algo de dificultad, viendo sólo la luz de la luna infiltrarse por la ventana y bañar sus sábanas.
Pensó que los golpes que estaba oyendo habían sido producto de un sueño, pero entonces los golpes volvieron a sonar.
Hinata sujetó las sábanas fuertemente en sus manos, sintiendo su corazón latir en la garganta. Sasuke le había dicho que no le abriese la puerta a nadie, pero, ¿y si era el propio Sasuke que no podía avisarla de su presencia?
La chica permaneció sentada en la cama, sintiendo la duda correr por sus entrañas. Los golpes en la puerta continuaban sonando rítmicamente, sin cesar.
Solamente Sasuke sabia que ella estaba en aquel cuarto, sólo podría ser él el de la puerta. Hinata se levantó y se paró enfrente de la entrada, oyendo los llamados. Abriría sólo un poco...
Con mucho cuidado, intentando hacer el mínimo ruido posible. Giró la pequeña llave de latón en la cerradura haciendo un clic. Comenzó a empujar la puerta en su dirección, muy lentamente, más no tuvo tiempo de ver quien había en la puerta.
Con un movimiento brusco la porta fue empujada en dirección a Hinata, que cayó al suelo con fuerza. La chica de ojos plateados sintió como una mano le cubría la boca de forma grosera, y con pánico, reconoció al hombre de enfrente suyo como el mismo canalla que le había sujetado la muñeca horas atrás en el bar.
Su grito fue ahogado por la pesada mano sobre su boca mientras el hombre reía abiertamente.
-Deberías haber escuchado el consejo de tu amiguito. –Dijo el hombre, apresando a Hinata contra la pared-. Apuesto que pensó que no vendría a pasar la noche contigo, pero te garantizo belleza, que cuando termine no tendrás nada por lo que reclamar.
Con un movimiento largo, el hombre la agarró por el pelo y la tiró a la cama, Hinata sintió el impacto y se giró rápidamente, levantando manos y piernas para intentar defenderse. Vio que la puerta estaba abierta, era su única oportunidad de escapar y pedir ayuda a cualquier persona. El hombre continuaba parado frente a la cama sonriendo, sintiendo el placer de ver a la Hyuuga acorralada. Se tiró encima de ella pero la chica cerró los ojos y se debatió con toda la fuerza de sus extremidades. Por suerte, una de sus patadas acertó de lleno en un punto crucial del hombre, que se dobló con un quejido y salió de encima de ella, que sintiendo las piernas libres corrió para fuera del cuarto con todas sus fuerzas.
- ¡Vuelve aquí, puta!
La chica no paró de correr hasta que llegó hasta la próxima puerta del corredor, rezando para que no estuviese cerrada, se lanzó hacia ella con todas sus fuerzas, sabiendo que el hombre estaba tras de sí.
Hinata entró en el cuarto oscuro notando como el aire ardía en sus pulmones, pero no lo pensó dos veces, corrió hasta la silueta que estaba acostada en la cama y gritó:
- ¡SASUKE!
Hinata vio cuando la silueta se levantó rápidamente de la cama, sacando la espada que tenía escondida. La chica se agarró a los brazos del hombre, pero entonces otras manos la tomaron por detrás, y la tiraron al piso, cayendo de forma dolorosa.
La única cosa que Hinata vio enseguida fue la figura del Akatsuki recortada contra la luz que venía de la ventana, el sonido de la espada rasgando la carne y el cuerpo cayendo el suelo. Después vino un silencio profundo y omnipresente, parecía que no había nadie por la oscuridad del cuarto hasta que un par de manos la sacudieron levemente.
- ¡Hinata! ¿Me estás oyendo? Mírame.
Los orbes plateados enfocaron y pudo ver el rostro afligido de Sasuke iluminado por el fuego que no sabía como se había encendido en la chimenea.
- ¿Dónde está? –preguntó la chica con un hilo de voz y sintiendo un frío inmenso recorrer su cuerpo.
-Se lo llevaron de aquí, el golpe que le día no fue fatal, pero si lo suficientemente fuerte para dejarlo inconsciente durante un buen tiempo.
La chica miró a su alrededor respirando con dificultad, tenía tanto miedo, tanto miedo de que todo hubiese pasado de nuevo...
- ¿Por qué abriste la puerta, Hinata? –Preguntó Sasuke intentando controlar su voz, más no obtuvo resultado-. Te ordené que me abriese la puerta sólo a mi.
-Pero yo pensé que eras tú... –Soltó Hinata con un hilo de voz.
Hinata vio el semblante de Sasuke cada vez más ceñudo y cerrado, mientras se levantaba, poniéndose frente a la ella.
-Cuando pienso en lo que ese desgraciado habría hecho contigo, me entran ganas de bajar y cortarle la garganta.
-Él habría hecho lo mismo que tú... –Respondió la chica incapaz de contener las palabras y las lagrimas que comenzaban a escurrirse abundantemente de sus ojos.
La chica se encogió sintiendo sus lagrimas transformarse en llanto, se sorprendió cuando las manos vigorosas y fuertes de Sasuke la agarraron y quedó presa en los brazos del mercenario en un apretado abrazo.
-Ya pasó. –La consoló el Akatsuki con una voz que Hinata nunca había escuchado antes, una voz clara, firma, más sin ser dura-. Lo que pasó aquella vez no volverá a suceder.
La chica apoyó la cabeza en el pecho del mercenario sintiendo el aroma masculino de su piel penetrar en su nariz, haciendo que su corazón latiera como loco. De alguna manera extraña, la presencia de Sasuke otrora amenazadora era la única cosa que ahora la tranquilizaba.
-Ven a acostarte. –Dijo el chico, conduciéndola hasta la cama-. Debes estar cansada.
-No quiero volver a mi cuarto.
-No te irás, vas a dormir aquí, me quedaré despierto no te preocupes.
El mercenario condujo a la chica a la cama deshecha, y ella se acostó, sintiendo aún el calor y el aroma proveniente del cuerpo del chico emanar de las sábanas. Cerró los ojos, intentando espantar las imágenes del hombre persiguiéndola y olvidar la sensación de náusea que sintió cuando las manos de él se posaron sobre su cuerpo. Por mucho tiempo permaneció despierta, hora tras hora Hinata abría sus claros ojos para constatar que Sasuke continuaba allí, sentado en el suelo al lado de la cama con los ojos muy abiertos y la espada desenvainada, como si no tuviese necesidad de dormir.
La noche pasó lentamente y el silencio que se cernía sobre el lugar la dejaban aprensiva, pero al fin la chica sucumbió al cansancio, adormeciéndose en un sueño agitado.
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A la mañana siguiente, Sasuke y Hinata no permanecieron mucho tiempo en la posada, el dueño del lugar había dejado bien claro que su presencia no era bienvenida; por eso, después de un pequeño desayuno los dos dejaron el lugar en dirección al país del Fuego.
Estaban próximos a la frontera, pues las montañas azules, otrora próximas e imponentes, ahora parecían pequeños montes recortados contra el horizonte. El clima comenzaba a ser más caliente a pesar de ser aún invierno, pero los árboles ladeaban el camino, mostrando algunas hojas que habían conseguido sobrevivir a la estación, y en el cielo, de vez en cuando entre las nubes, asomaba el sol calentando el aire.
Caminaron en silencio, Sasuke cargando las maletas y Hinata siguiéndole. A la hora del almuerzo comieron bolas de arroz mientras caminaban, nada de la noche anterior fue comentado y Hinata se sentía bien por este hecho.
La tarde llegó, y con ella un temporal. Las nubes cenicientas y moradas se cernían sobre el cielo y desprendían una cantidad de agua increíble. Sasuke y Hinata aún estaban en el camino, a un día de camino del feudo Hyuuga y fueron sorprendidos en medio de la tempestad.
Ambos corrieron e intentaron abrigarse bajo los árboles que ladeaban el camino, más el viento y la lluvia eran muy fuertes y pronto ambos quedaron empapados.
-Tenemos que encontrar un lugar para quedarnos hasta que pase la lluvia. –Dijo Sasuke, intentando hacerse oír en medio del temporal-. Si no me equivoco, cerca de aquí existe una antigua construcción deshabitada, podemos esperar allí.
-Entonces vamos – respondió Hinata, ansiosa por salir de la lluvia.
-Queda un poco lejos de aquí, no conseguirías correr hasta allí.
El mercenario no necesitó terminar la frase, Hinata entendió lo que le quería decir: tendría que cargarla.
-Muy bien. –dijo la chica intentando esconder el rubor de sus mejillas-. Me puedes llevar.
En un movimiento rápido, Sasuke colocó los brazos de Hinata en torno a su cuello, y con sus manos aseguró firmemente las piernas de la Hyuuga.
Partieron dejando el camino y subiendo a las colinas que quedaban más próximas, la lluvia golpeaba contra el rostro de la chica, que lo escondió en la curva del cuello del mercenario. El perfume de él era aún más fuerte mientras la lluvia bañaba su pálida piel, su cabello negro como le ala de cuervo se escurría, dejando que las gotas corriesen por dentro del largo manto de nubes escarlatas.
La corrediza no demoró mucho, alcanzaron la cima de una de las colinas más próximas. Allí, una vieja construcción de piedra, parcialmente destruida, parecía ser el refugio perfecto para que se escondieran del temporal que se desataba sobre sus cabezas.
Cuando finalmente entraron, Sasuke colocó a la chica de orbes plateados en el suelo seco. Parecía que aquel lugar había sido un establo tiempo atrás, el suelo era de tierra y la hiedra crecía escalando las paredes, dejando las paredes de un tono verdoso.
Hinata miró al mercenario, percibiendo que ambos estaban completamente encharcados, los cabellos de Sasuke siempre rebeldes, caían sobre su cara; el Akatsuki intentaba secarlos con las manos. El kimono de la Hyuuga ahora pesaba a causa del agua de la lluvia y su cabello recogido chorreaba.
Percibiendo esto, Sasuke abrió una de las maletas y sacó de ella una larga manta de lana.
-Quítate la ropa y ponte eso, acabarás con un resfriado.
Los ojos plateados de la chica se abrieron con esas palabras.
-No me mires así –La reprendió el mercenario-. No estoy diciendo nada absurdo, si sigues con esa ropa mojada encima te enfermarás. La elección es tuya.
Hinata sabía que aquello era verdad, mas no quería tener el cuerpo cubierto sólo por una manta.
La expresión del mercenario parecía irritada mientras ella pensaba en eso. Percibiendo que no podría huir de aquello, Hinata tomó la manta y fue hasta el fin de la construcción, donde se escondió tras una pared y se comenzó a desvestir.
Su cuerpo estaba helado, y sentía frío mientras se quitaba la ropa mohada, su rostro estaba rojo, pues se sentía avergonzada, pero cuando colocó encima de su cuerpo la manta caliente el placer que sintió la hizo superar un poco su vergüenza. Para mejorar el resultado, la chica se recogió el pelo con uno de los pasadores verdes del día anterior.
Hinata sujetaba firmemente la manta sobre sus senos para que ninguna parte de su cuerpo se hiciera visible. Caminó hasta donde había dejado al Akatsuki y sintió como se sonrojaba aún más cuando vio que el mercenario se había quitado el manto con nubes escarlatas dejando al descubierto su tórax esculpido, usando sólo el pantalón oscuro del kimono.
-No me mires con esa cara de nuevo. –Dijo Sasuke agriamente mientras juntaba ramitas para encender la hoguera-. Yo tampoco quiero enfermar.
Con un Juutsu, el chico encendió una pequeña hoguera que iluminó el lugar, alargando las sombras de ambos y calentando sus cuerpos. Hinata se sentó cerca del fuego, agradeciendo aquel agradable calor.
Sasuke prefirió quedarse un poco más lejos, observando el perfil de la Hyuuga.
-Parece que esa lluvia durará la noche entera. –Comentó el Uchiha.
- ¿Estamos muy lejos del feudo?
-No mucho, en un día o menos ya estaremos allí.
Sus ojos perlados observaban las llamas doradas mientras consumían la madera; Cuanto más cerca estaba del feudo más ansiosa se sentía.
- No tenemos mucho combustible para el fuego, por eso durará poco tiempo. En poco tiempo será de noche y ya que no tenemos comida será mejor que te duermas. –Dijo el mercenario.
-Necesitas dormir más que yo, pasaste toda la noche despierto. –Habló ella.
-¿Y tú me protegerías del peligro mientras duermo? –Preguntó él irónicamente.
Hinata miró en dirección al mercenario, sus ojos ónice reflejaban la luz del fuego y parecían brillar aún más, su cabello se comenzaba a secar y volvía a su estado rebelde. Allí sentado, enfrente del fuego que iluminaba sólo una parte de su rostro, Hinata no pudo dejar de apreciar lo guapo que era.
-No necesitas protegerme –respondió la chica desviando la mirada.
-Sí yo quiero sí, la mayoría de los hombres que me conocen querrían tenerte. Pero yo soy muy cuidadoso con mis cosas.
El silencio que se cernió sobre ambos fue incómodo y desagradable. La chica de ojos plateados decidió que la mejor cosa que podía hacer era dormir, improvisó con algunas piezas de ropa, una almohada y una cama para no tener que acostarse sobre la tierra. Apretó con firmeza la manta que se ceñía a su cuerpo y esperó a que el sueño llegase.
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La noche avanzó, y el temporal se transformó en una lluvia amena y fría que cayó durante toda la madrugada. El fuego se extinguió lentamente hasta que sólo quedaron brasas.
Para Sasuke el sueño no vino, el chico permanecía sentado en el mismo lugar, contemplando a la mujer ante él, que dormía profundamente. Se sentía atormentado cada vez que miraba a Hinata, deseaba poseerla por completa, someterla a todos sus caprichos y deseos, más sólo había tenido coraje de hacerlo una vez con ella. Una única vez de la cual se arrepentía.
Hyuuga Hinata habría sido como cualquier otra mujer en su vida, sólo una más, un número o un recuerdo de una noche de placer si la propia chica hubiese querido desde el principio. Pero Hinata siempre había sido diferente. No se sometió así como las otras, renegaba de todas las maneras, dejando en claro que quería estar lejos de él, algo que ninguna mujer había hecho.
Al comienzo actuó como en un juego, quería probar a aquella mujer de ojos raros y perlados. Era mil veces más fuerte y podría tenerla en un chasquear de dedos si así quisiera, al final él vencería. Pero sus planes no eran del todo acertados, él la había poseído una única vez por medio de la fuerza bruta, pero en vez de que su deseo disminuyera, éste sólo había hecho que aumentar.
El deseo de tenerla era cada vez mayor y ahora no era solamente eso, también tenía el deseo de estar a su lado, de protegerla, ya que Hinata tenía la pésima manía de atraer siempre miradas codiciosas.
Mas todo aquello no pasaba de una tremenda locura, una estupidez por su parte, ¿cómo podría desear Hinata al hombre que le había arrancado la había tomado por la fuerza?, ¿Cómo desear a alguien que te ha hecho sufrir?
Era un masoquista por estar aún a su lado, por permitirse compartir su presencia, su extrema gentileza y bondad. Debía dejarla y salir del feudo definitivamente, podría ir a otra misión, conquistar otros lugares, someter a otras personas a los intereses de Akatsuki... Pero no conseguía hacerlo. La idea de irse le parecía la más acertada, pero la repudiaba con todas sus fuerzas. ¿Y si se fuera ahora y después se enterara de que Hinata había caído en las manos de otro?
Sabía que Deidara la deseaba como una simple diversión y que el propio Itachi estaba interesado en ella... Sólo de imaginarla con otro hombre tenía ganas de matarlo.
¿Cómo era capaz de desear tanto a una persona? Verla acostada allí tan sólo a unos pasos de distancia y no poder tocarla era como una tortura. Siempre la observaba mientras dormía, fuese en el feudo o en el país del agua. Hinata siempre dormía placidamente, como si estuviese teniendo el más bello de los sueños, con sus labios rosados entreabiertos y los párpados perfecta y delicadamente cerradas, mientras sus cabellos negros y largos adornaban su rostro de porcelana.
El moreno desvió la vista incapaz de continuar torturándose de aquella manera. ¿Cómo podía existir un ser tan hermoso como aquel?, ¿Y por qué ese ser tenía que ser tan inaccesible? Él la deseaba aún sabiendo que no la merecía. Hinata era capaz de despertar en él sus mejores y peores emociones.
El moreno cerró los ojos intentando alejar de su mente aquellos pensamientos incesantes respecto a la chica de orbes plateados. Más fue en vano, pues abrió sus ojos, que buscaron nuevamente a Hinata.
Los pies de la chica estaban descubiertos y parecía estarse helando de frío. El joven se aproximó a ella lentamente, agachado y contorneando la hoguera donde apenas quedaban cenizas y brasas, cubrió los pies de la Hyuuga y la observó aún más de cerca. Parecía que estaba sumida en un sueño profundo, pero mientras el mercenario la continuaba observando, la chica se removió haciendo que Sasuke diese un paso en falso y pisase una brasa caliente, perdiese el equilibrio y cayese encima de ella.
-Discúlpame –dijo el Uchiha a Hinata, que se había despertado asustada–. Yo sólo...
Mas, el chico no consiguió terminar la frase, el rostro de ella estaba demasiado cerca del suyo, y la necesidad que sentía hacía que su cuerpo le doliera y su mente parara de funcionar. El aroma de ella era delicioso, el perfume de su piel entraba en su nariz y dejaba su cabeza atontada, su corazón latía tan rápidamente que sentía la sangre bombeando con fuerza dentro de sus venas.
-Hinata –dijo el hombre aproximándose a su cuello e inhalando el perfume de su piel y sus cabellos.
-Sasuke-sama, ¿qué está haciendo? –preguntó la chica, alarmada.
-No lo sé...
Los labios de Sasuke se deslizaron sobre la piel del cuello de ella, Hinata sintió su corazón acelerarse mientras el calor del cuerpo del Uchiha era trasferido al suyo. Él besaba su cuello subiendo por la línea de su garganta, depositando besos en su mandíbula y deslizando las manos por los cabellos que estaba encima de sus hombros. Los labios del chico recorrieron su cara delicadamente, eran suaves y sus besos lentos, sólo instigando aún más la necesidad del mercenario de besar a esa mujer.
-Hinata, yo...
-Sasuke-san... Por favor...
-No me pidas que pare, no sé si seré capaz.
Ni siquiera Hinata sabía si quería que él parase, el aroma masculino era delicioso y tentador, el cuerpo de él sobre el de ella era caliente y fuerte, hacía que desease recorrer con sus manos los fuertes músculos de su espalda, y subir por sus brazos hasta acariciar sus cabellos.
Su boca continuaba besando las comisuras de sus labios, haciendo que el deseo aumentase, pero ella no podía ceder ya que entonces él tomaría todo su ser, su cuerpo, sus deseos, su corazón y nunca más se lo devolvería; sería definitivo. Mas, como luchar contra aquellas sensaciones, como luchar contra el deseo que sentía de tener a aquel hombre más cerca de sí, de sentir aquellos labios sobre los suyos. Estaba cediendo y lo sabía, no conseguía resistir mucho más aquel sentimiento que había nacido en su corazón.
Los labios de Hinata viraron en dirección al rostro del Uchiha buscando tímidamente sus labios. Sasuke se sintió rebosante, pero intentó controlarse ya que no quería asustarla con todo su deseo, introdujo lentamente su lengua dentro de los labios de la Hyuuga sintiendo la textura suave de su boca y sus labios, saboreando el gusto de aquel beso primero de forma lenta hasta que ella se acostumbrase y después profundizarlo, arrancando gemidos tímidos de la boca de la chica.
Las manos de Hinata salieron de entre las sábanas y buscaron el cuerpo de Sasuke, encontrando músculos y cicatrices. Oyó los suspiros provenientes del moreno mientras mordía su cuello con los dientes, descendiendo sus besos hasta sus hombros. La chica sentía su rostro rojo. Con una de sus manos, Sasuke masajeó uno de sus senos sobre la sábana, mientras volvía a besar sus labios ahora con voracidad, chupando y mordiendo. La chica sentía su corazón latir fuertemente, mientras con la otra mano él le intentaba quitar la sábana de encima.
Sabia que Sasuke ya la había poseído en una ocasión, pero aquella vez ella había luchado contra él, no lo había deseado. Más ahora era diferente, su cuerpo reaccionaba al menor roce de la mano del Uchiha, o a sus besos. Estaba comenzando a desearlo también.
El chico liberó los senos de Hinata de la sábana y comenzó a besarlos, eran firmes, suaves; la piel de la chica era embriagante. Deslizó su lengua por sus pezones erectos, arrancando gemidos de los labios de Hinata, la cual agarró con fuerza el cabello negro del Akatsuki.
- Sasuke... – murmuró ella, tirando su cabeza hacia atrás.
Él estaba listo, su sexo estaba latiendo preso en el pantalón, aún así no osaba ir más lejos, estaba caminando por el filo de una navaja muy fina, un paso en falso y todo aquello acabaría; no quería forzarla de nuevo.
-Hinata –dijo el joven con voz ronca, encarando aquellos ojos perlados-. Si no deseas que continúe tenemos que parar ahora mismo...
Los ojos plateados encararon los color ónice, pero no respondió, sólo buscó los labios de Sasuke, iniciando así otro ardiente beso.
Hinata sabía que no tenía fuerzas para impedir aquello, estaba a merced de Sasuke.
La respiración del chico estaba entrecortada, sus ojos se fijaron en ella, en su cuerpo cuando le quitó toda la ropa. Sus dedos se enterraron en sus caderas y la penetró lentamente, oyéndola gemir su nombre en un suspiro largo y lento. Él sintió su cabeza girar y por un segundo todo su cuerpo se invadió con el alma y la esencia de aquella mujer; Estaba temblando, sintiendo su boca seca mientras su corazón martilleaba en su pecho con la fuerza de un tornado.
La envistió, primero lentamente intentando contenerse, moviéndose despacio sobre ella. Hinata le agarró por los hombros clavando las uñas en su piel, escondiendo su rostro en su pecho, inhalando su aroma embriagarte. Los movimientos se tornaron más vigorosos, la chica se agarró a él cerrando los ojos mientras él la conducía al orgasmo. Su grito fue ahogado por el gozo, sintiendo su cuerpo liberarse de toda tensión.
Sasuke no consiguió contenerse más y entró en ella una última vez, llenándola por completo y sintiendo el placer que el orgasmo conllevaba.
Cuando su visión se clareó, su cuerpo estaba cansado, intentando henchir sus pulmones con el aire renovado, sintiéndose completamente satisfecho. Se tiró a un lado colocando a Hinata sobre su pecho. Sus cabellos estaban húmedos y ligeramente ondulados, caían sobre su frente de forma displicente. Los dedos de la Hyuuga buscaron los labios carnosos del chico, delineándolos delicadamente.
No había nada que decir, el silencio invadía todo el lugar, ambos estaban tan alejados del mundo que les rodeaba que no percibieron que la lluvia había parado.
- ¿Tienes frío? –preguntó el chico, cubriendo la espalda de ella con la sábana.
-No –respondió la chica sacudiendo la cabeza y depositándola en el tórax del él.
Las manos del mercenario recorrieron la fina espada de la chica, provocándole escalofríos. Percibió que la respiración de ella se había calmado, estaba durmiendo sobre su pecho.
Sasuke la abrazó, sintiendo el aroma de su perfume; aroma a flor de melocotón. El deseo por Hinata aún no se había aplacado.
El chico comenzaba a sentir que iba a desearla para siempre.
Continuará...
Nota de autora: Yare Yare mina-san, ¡demoré mucho en actualizar! Uaaaaaaaahhh, millones de disculpas, igualmente mi vida no entró en el ritmo adecuado a pesar de que estamos en un nuevo año XDDD. Sin contar que tengo unos bloqueos terribles y eso es pésimo para cualquier autor. Bien, como prometí ahí está el tan esperado lemon (espero que os haya gustado y que nadie se decepcione por ser Sasuke/Hinata). Quiero agradecer a todas las personas que siguen mi fic, mandando o no reviews, y un agradecimiento más que especial a las personas que los mandan, ¿por qué sabéis qué? Sois maravillosos. Continuad esperando los próximos capítulos, ¡besos y Ja ne!
Nota de la traductora: ¡Hola! Aún me sorprendo de lo rápido de mi actualización. Espero que os haya gustado éste capítulo, para mi ha sido un placer traducirlo. Agradezco sus reviews a: Sabaku-no-menny, kairi-sparda, hinatauchiha20, viivoviic, carrieclamp, , adriferna19, gaahina-4e, helena-uchimaki no gaara, Crazy-ale-chan y Mina-san86. También a los que ponen la historia en alertas, en favoritos. Gracias a todas/os. Besos, Istha ~
