Disclaimer: Naruto no me pertenece, pertenece a Masashi Kishimoto-sensei. Ya sabéis lo de Kakashi.

Advertencia: Fanfic hecho sin fines lucrativos, inspirado en las obras de Katleen E. Woodwiss y Nora Roberts.

(Este capítulo está especialmente dedicado a istharneko.)

¡Buena lectura!

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Sasuke entró en su aposento con paso firme, sintiendo la rabia hervir por sus venas. La última cosa que necesitaba en ese momento era al entrometido de Naruto y a la pegajosa de Sakura conviviendo con él en el mismo lugar. Ya no bastaba el hecho de tener sus propias preocupaciones con el feudo, o con inventar disculpas para rechazar los trabajos que le mandaba Akatsuki... Y quedaba Hinata: Todos sus problemas, cerca de aquella mujer se volvían ínfimos y distantes. Pero ella cada vez se alejaba más, creando una pared en torno a sí misma, y no sabía lo que hacer para traerla de vuelta. Pero definitivamente, lo que no quería en aquel momento era la presencia de Naruto y Sakura.

Pasó las manos por sus cabellos negros y rebeldes de forma ansiosa, sus sagaces ojos se volvieron hacia la ventana del cuarto, en aquel momento abierta. La noche caía en el campo, escampando su oscuridad, no se oía nada que no fuese el crujir de las ramas o el sonido de los grillos cantando, era una noche en apariencia tranquila; demasiado tranquila para sentirse de aquella forma.

Un leve ruido le llamó la atención, la puerta corredera abriéndose discretamente y después el aroma a flores invadiendo la habitación: El olor de Hinata. El mercenario cerró los ojos con fuerza y apretó las palmas de sus manos en el marco de la ventana. ¿Por qué Hinata no podía ser simplemente suya?, ¿Por qué toda aquella resistencia?, ¿Qué hacía mal? Suspiró, intentando controlarse, percibiendo que ella le observaba en silencio. Sabía que no preguntaría nada respecto a Naruto y Sakura. Aún cuando su cabeza estuviese llena de dudas y preguntas, Hinata nunca las haría para que él pudiese sentirse confortable. Otrora, Sasuke se sentía feliz en no tener que darle explicaciones a ninguna mujer, pero con ella era diferente, todo con aquella fémina era diferente. Él deseaba contarle cosas, compartirlas, y también escucharla. Detestaba hablar sobre sí mismo o sobre su vida, pero si fuese para Hinata, a él no le importaría explicarle su vida entera.

-No te preocupes por ellos dos, son inofensivos; probablemente se quedaran tres días aquí, se impacientarán y se irán. –Dijo el moreno de espaldas a ella.

-Sasuke-san, ¿quieres que le pida a la criadas que les preparen cuartos de huéspedes?

No le gustaba oírla pronunciar ese tratamiento de respeto después de su nombre.

-No lo necesitas, probablemente Kurenai ya debe haber hecho eso o yo mismo lo haré de aquí a poco; estoy intentando calmarme para no volver y matar a ese par de imbéciles.

El moreno se giró, encarándola; ella estaba al lado de la cama, sólo vistiendo una camisola de lino, pese a eso, le parecía la chica más linda del mundo. Ella le miró con preocupación mientras se frotaba las palmas de las manos una contra otra. Resignado, el chico se sentó en la butaca enfrente de la chimenea, soltando un prolongado suspiro.

-Esas personas parecen conocerte. –No era una pregunta, sólo una constatación.

-Y me conocen –respondió el Uchiha–. Naruto y Sakura fueron mis amigos de infancia. Éramos parte del mismo equipo en la academia shinobi; Pero entonces me fui.

No le gustaba recordar aquello. Los años habían pasado, pero en su interior, algo se rebelaba cada vez que se acordaba que había abandonado el único lugar que había considerado un hogar en su vida para seguir a su padre exiliado, dejando atrás toda una vida y una historia de amistad que jamás volvería a ser la misma.

- ¿Sasuke-san, está bien?

La dulce voz de la chica lo trajo de vuelta a la realidad, haciéndole salir de los recuerdos que ya había olvidad. El hermoso rostro de la Hyuuga se encontraba serio y preocupado; Sasuke sabía que estaba preocupada por él.

- Estoy bien –respondió el moreno.

Un incomodo silencio se cernió sobre el cuarto, los ojos de Hinata voltearon en dirección a la chimenea. Notó que él parecía cansado y pensativo. Su rostro austero estaba concentrado y había una arruga que sobresalía entre sus cejas No cabía duda que aquellas dos personas significaban mucho para él...

-¿Qué pasó contigo... y tus amigos? –Preguntó Hinata antes de poderse contener.

Su rostro de porcelana se tiñó de rosa cuando la mirada de Sasuke recayó sobre la de ella, se frotó las manos aún más, pensando que talvez no debiese haber hecho aquella pregunta.

-Discúlpame, no debí –Comenzó la chica, mas el moreno la interrumpió.

-No pasa nada, puedes preguntarme lo que quieras.

Los orbes ónice y los perlados se miraron fijamente antes de que él comenzase a hablar.

-Después de que yo y parte de mi clan fuimos exiliados, nos establecimos en el País del Agua; no mucho tiempo después nos afiliamos a Akatsuki, volviéndonos así mercenarios y criminales buscados en la mayoría de los países. Me volví a encontrar con Naruto y Sakura muchos años después; ellos tenía la misión de capturarme y llevarme a Konoha para ser juzgado.

- ¿Tus amigos tenían la misión de prenderte? –Preguntó la chica, incrédula.

-Ellos creían que me obligaban a cometer aquellos crímenes, que Akatsuki me estaba chantajeando, cosa que nunca pasó. Entré a Akatsuki porque era lo que mi padre deseaba. Cuando era niño, no conseguía rechazar ninguna orden suya. Akatsuki me enseñó mucho, me volví un shinobi más fuerte gracias al entrenamiento que me brindaron, y con el tiempo percibí cuan rentable podía ser el trabajo de un mercenario. Naturalmente, Naruto y Sakura nunca aceptaron el hecho de que hubiera tomado esa decisión.

- ¿Y qué pasó cuándo os encontrasteis? –Preguntó Hinata, envuelta por la historia.

-Luchamos –continuó el Uchiha– ninguno de los dos quería aceptar el hecho de que no volvería jamás a Konoha. Ninguno de los venció la lucha. Aproveché un descuido y huí. No mucho después, Sakura abandonó Konoha y se afilió a Akatsuki, que la aceptó rápidamente; ella fue discípula de la mayor y más importante shinobi médica que existe, la actual Hokage de la villa de la hoja. Era una excelente ninja médica con habilidades increíbles, mas lo abandonó todo para seguirme...

-Está enamorada de ti... –dijo Hinata en un tono casi inaudible.

-Eso no significa nada para mí –respondió el moreno fríamente–. Siempre consideré una estupidez la decisión de Sakura, pero es su vida. Naruto siempre ha estado enamorado de ella, pero eso tampoco parece significar nada para Sakura.

Hinata recordó a aquella mujer que había visto anteriormente. Su belleza exótica debía embrujar a los hombres. Cabellos del color de las flores de cerezo, ojos esmeralda, piel blanca y perfecta. Una mujer completamente enamorada por el hombre que tenía enfrente, una mujer que formaba parte de la vida de Sasuke y que había convivido con él durante mucho tiempo, y que aún así, por el tono de voz del mercenario, no parecía significar nada para él. Sólo una amiga de infancia, le había dicho... ¿Qué la llevaba a pensar que ella podría significar más de lo que Sakura significaba en la vida de Sasuke?

El moreno se levantó, despertando a Hinata de sus devaneos. Tal vez su decisión de alejarse de Sasuke no fuese por completo equivocada, si él tenía a Sakura en su vida, podría ser que también existiesen otras. El pensamiento hizo que su corazón se helase.

-Voy a hablar con ellos de nuevo, intentar convencerles de que se vayan ahora; sin peleas esta vez –Anunció el mercenario-. Si no lo consigo, yo mismo le pediré a Kurenai que prepare un lugar para ellos, no te preocupes.

- ¿Sasuke-san? –llamó la chica antes de que saliera por la puerta del cuarto-. ¿Ellos aún son importantes para ti?

El Uchiha permaneció de pie por un rato, aguantando la puerta abierta en silencio; no ganaba nada mintiéndole.

- Sí, aún lo son –Y sin decir nada más, salió del cuarto cerrando la puerta tras de sí.

-Entonces no se irán esta noche –dijo la chica en voz baja a las silenciosas paredes del aposento-. Porque Sasuke-san también es una persona importante para ellos.

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Hinata acabó teniendo razón al final: Naruto y Sakura no se fueron aquella primera noche, ni a la segunda, ni siquiera a la tercera. Pasada una semana y media, aún se encontraban en el feudo, cada vez parecían estar más cómodos. Finalmente, todos acabaron acostumbrándose a ellos, inclusive el propio Sasuke, aunque desconfiaba.

Hinata no tenía nada contra las visitas, había acabado aprendiendo a gustar del modo extravagante y exagerado de ser de Naruto, sus juegos y bromas constantes. El rubio había desarrollado una especie de persecución bien-humorada hacia Hanabi, cosa que estaba dejando a la menor de los Hyuuga medio loca. Pero Hanabi era la única que se oponía abiertamente a Naruto, porque él, a su modo, había conseguido conquistar a todos los funcionarios del feudo. Era siempre educado, trataba a todos como iguales, jugaba con los hijos de los labradores y siempre pedía un poco más de comida, dejando a las cocineras encantadas con sus elogios, largos y galantes. Era una persona buena y simple, y Hinata le admiraba, principalmente por el cambio que él provocaba en Sasuke. Cerca de él, el moreno estaba más calmado y relajado, como si un poco de ese peso que parecía cargar en los hombros le fuese arrancado. Naruto se burlaba de Sasuke, y siempre que tenía oportunidad de perturbarlo lo hacía, demostrando con aquello como le importaba su amigo. Aún después de todo aquel tiempo, a cambio Sasuke se dejaba importunar, sabiendo que esa era la única forma de su amigo de animarlo. A los ojos de Hinata, estaban tan unidos como dos hermanos, un vínculo fuerte e indestructible que algunas personas forman con otras, haciéndolas tan próximas como si compartiesen la misma sangre que corre por sus venas.

De Sakura, Hinata aprendió a mantener la distancia. La mujer de ojos esmeraldinos y cabellos rosados siempre se mostraba distante y altiva, nunca miraba a las personas a los ojos e ignoraba por completo su presencia. Jamás sonreía (sólo raras veces, cuando Naruto estaba cerca) o se mostraba tranquila; siempre estaba alerta, esperando a un enemigo oculto que tenía que ser exterminado. Era discreta, arrogante, cerrada y esnob; dejaba eso claro a cualquier persona que estaba cerca.

Sin embargo, todo cambiaba cuando Sasuke estaba con ella. Era una mudanza drástica, casi daba miedo: Su rostro impoluto se abría en una sonrisa, mientras sus ojos brillaban como dos esmeraldas expuestas a la luz del sol. Buscaba su atención de todas las formas posibles, con preguntas que eran mal respondidas, comentarios que eran ignorados, abrazos no correspondidos... Una mujer buscando desesperadamente el amor de un hombre, implorando por las migajas de aquel sentimiento que siempre le era negado.

De alguna forma, se sentía siempre indecisa sobre que pensar respecto a Sakura. A veces sentía pena de ella, que independientemente de cualquier otra cosa, continuaba creyendo en sus sentimientos, sin molestarse por nada más, esperando que un día, milagrosamente, el Uchiha la mirase con otros ojos; sin desprecio. Otras veces, sentía una pequeña punzada de envidia, por la certeza con la que ella demostraba sus sentimientos, siendo capaz de olvidar cualquier cosa por la persona amada. Mas el sentimiento que siempre prevalecía en Hinata eran los celos. No algo posesivo o insano, como muchas veces la propia Sakura demostraba cuando ella estaba cerca de Sasuke, sino algo más parecido a un incómodo dolor en el fondo de su corazón, que de vez en cuando no podía ignorar. Hinata sabía que sentir celos era algo absurdamente infantil, e intentaba controlarse, muchas veces sin conseguirlo. Ya había tomado su decisión y debía mantenerla: No podía haber ningún tipo de relación amorosa entre ellos, nada más allá de la simple convivencia del día a día. Olvidar todo lo que había vivido con el mercenario era la mejor solución para todos.

Sin embargo, Hinata no olvidaba. Durante las noches, la chica se sorprendía a sí misma rememorando con ganas los momentos que tuvo con el Uchiha, recordaba su aroma y como sus cabellos eran finos y suaves, de cómo se sentía segura cuando él la abrazaba. Y en esos momentos su corazón lloraba mientras se removía incómodamente en la alfombra, al lado de la cama del dormido mercenario, buscando para sí el sueño perdido.

Aún sabiendo que aquel sentimiento no sería correspondido, Hinata continuaba guardándolo en su pecho. No le había contado nada a Kurenai ni a su hermana sobre lo que pasó entre Sasuke y ella en el establo, cuando viajaban de vuelta a la mansión. No quería dar a ambas un motivo más para odiar al chico, y también tenía miedo de ser juzgada. ¿Podrían entender y aceptar aquel sentimiento que había surgido en su corazón?, ¿O simplemente dirían que no pasaba de una fantasía peligrosa y ridícula creada por ella? Era mejor dejarlo como un secreto entre ella y Sasuke... La distancia entre eambos se tornaba cada vez más acentuada.

Desde la llegada de sus amigos, había notado que el moreno estaba cada vez más ocupado. Ya comenzaban a sentirse las primeras señales de la primavera en el feudo, que se agitaba con el comienzo de la plantación de arroz. Sasuke cumplía su papel como dueño del lugar saliendo siempre bien temprano, y quedándose casi todo el día en el campo seguido por Naruto, y en ocasiones por Sakura. Cuando volvía, se encerraba en su oficina, administrando solo la contabilidad, encomendando la ración para los animales, semillas nuevas y cualquier ítem que hiciese falta. En los asuntos de la mansión, él casi no daba órdenes, Kurenai había sido escogida de forma totalmente silenciosa como la gobernante de la casa, asumiendo así su antiguo puesto, cuando el feudo era comandado por la familia Hyuuga. Continuaba sin gustarle el Uchiha, mas sabía respetarlo, y le admiraba por lo que estaba haciendo con el feudo.

Con el gran número de empleadas nuevas, el servicio de Hinata casi había desaparecido, y cuando intentaba hacer algo, alguna sirvienta a las ordenes de Kurenai aparecía, dejándola sin nada que hacer. Debido a ésto, la muchacha de ojos perlados pasaba la mayor parte de su tiempo cosiendo, cultivando la pequeña huerta de hierbas medicinales que había sido de su madre, o ayudando en cualquier tarea que fuera designada.

Nada había cambiado drásticamente para Hinata, pero de alguna forma todo parecía diferente... Fuese la lejanía de Sasuke, cada vez más distante o la presencia de los nuevos invitados, o los aires más calientes y perfumados que comenzaban a envolver la casa cuando las ventanas estaban abiertas, mostrando que las flores comenzaban a florecer en el campo, olvidando la frialdad de la última estación. Todo parecía andar como normalmente, mas ella sentía dentro de sí que nada era como de costumbre, y cada vez que tenía esa premonición, un frío extraño y desconocido parecía escurrirse por su garganta, yéndose a alojar, desconfortablemente, a la boca de su estómago.

En esos momentos le gustaba recogerse sola en un rincón, lejos de miradas ajenas, y guardar silencio, observando, pensando en nada... Esperando algo que aún no sabía que era...

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El sol fuerte y caliente invadió el cuarto en que estaba durmiendo, la ventana estaba abierta, pues Sasuke había salido hacía bastante tiempo para el campo, dejando atrás a una Hinata muy somnolienta y adolorida.

La chica de ojos plateados había tenido una pésima noche de sueño, con pesadillas que la había dejado insomne. El sueño sólo llegó cuando el sol estaba a punto de despuntar. Extrañamente, la espalda le dolía terriblemente y su cuerpo parecía pesar más de lo normal; aún así, trató de ignorar aquellos pequeños síntomas, y se vistió para bajar a tomar el desayuno a la cocina.

Hacía un día radiante. Mientras limpiaba el cuarto desordenado, el sol dorado iluminaba el campo, dejando la hierba aún más verde. No había nubes en el cielo, que de tan azul que era hacía doler los ojos, la brisa era fresca y perfumada. Era un buen día para pasearse, pensó la chica mientras reunía la ropa del mercenario, esparcida por la moqueta. Talvez más tarde, pudiese descender hasta los campos de arroz y ver como iba yendo la plantación para la próxima recogida.

Al bajar una vez más para recoger una prenda, sintió una fuerte punzada en la espalda y un vértigo, con lo que su visión se enturbió durante algunos segundos. Hinata se apoyó con la mano derecha en la primera cosa que encontró. La pared en la que sus dedos fueron a posarse estaba helada. Agradeció en silencio por ésto. Respiró hondo, sintiendo el dolor ir desapareciendo lentamente, hasta que no quedó nada de él. Abrió los ojos, y notó que su visión ya estaba restablecida. Encontró la situación extraña pero no se preocupó; una noche mal dormida podía provocar grandes estragos.

Sintiendo un hambre atroz no muy común en aquel horario, dejó el resto del arreglo de la habitación para luego, prefiriendo primero ir a comer algo. Caminó por los pasillos de la mansión, limpiados por algunos empleados, y fue directa a la cocina, cargando la ropa sucia de Sasuke. La imagen de la primera discusión de la mañana entre Naruto y Hanabi le resultó familiar.

- ¡Maldita sea! , ¡Voy a matarlo! –gritaba Hanabi a pleno pulmón, con sus cabellos castaños cayendo sobre su faz enfurecida.

-Pero Hanabi-chan, ¿qué es lo que hice esta vez? –preguntó el rubio inocentemente.

- ¡Devuélveme mi prendedor del cabello!

- ¿El qué?, ¿Esto? –preguntó Naruto mostrando el prendedor de cabello en forma de flor de loto–. Ven a buscarlo, pequeña.

Hinata supuso que ya era hora de intervenir, así que entró en la cocina.

- Buenos días Naruto-san, Ne-chan.

Ambos pararon de pelear y solamente se escrutaron. Hanabi observaba al rubio con una mirada mortal, mientras él reía discretamente.

-Naruto-san –dijo Hinata entregando la ropa sucia a otra empleada para que la lavasen-. Devuélvele el prendedor de cabello a Hanabi, a ella le gusta mucho.

- ¡No necesito que me defiendas, Hinata! –Gritó Hanabi histéricamente.

-Bien, como Hinata-chan me lo pide, toma pequeña –se burló Naruto, lanzándole el adorno a Hanabi.

- ¡Te odio! –gritó Hanabi tirándole el prendedor a la cara de Naruto, que lo desvió fácilmente.

El rubio sólo rió, mientras una furiosa Hanabi dejaba la cocina pisando fuerte.

-Buen tiro –comentó el rubio sentándose en la mesa–. Me estoy muriendo de hambre.

Hinata sonrió y se sentó frente a Naruto. Sabía que en el fondo, a Hanabi le gustaba pelear con el rubio. (a pesar de que él ganaba la mayoría de las veces) A fin de cuentas, muchas veces era Hanabi la que empezaba la discusión.

Una Kurenai atareada entró en la cocina, trayendo consigo una bandeja llena de delicias, tales como panes y bollos acabados de salir del horno. Los ojos azules de Naruto brillaron al ver aquello.

-¡Uau, Kurenai-chan es tan increíble! –la elogió el rubio.

Hinata notó como el rostro de su sensei enrojecía. No le gustaba Sasuke, pero con Naruto no tenía ningún problema.

-Come todo lo que quieras, Uzumaki-sama.

El rubio obedeció a la orden y cortó los panecillos aún humeantes, sin embargo paró y miró alrededor, buscando algo con la boca llena.

- ¿Olvidé algo? –preguntó Kurenai.

Naruto engulló el panecillo y dijo:

-Miel.

-Ya te la traigo.

En un minuto, Kurenai desapareció y volvió enseguida, trayendo un bote de vidrio con miel dorada dentro. Ella misma extendió el semi-líquido por los panecillos del Naruto, que casi lloró de alegría.

- ¿Tú también quieres uno, Hinata-sama?

La chica de orbes plateados asintió, sintiendo su boca salivar de satisfacción. ¿Cuánto tiempo hacía que no comía uno de aquellos panes?

Su sensei extendió miel sobre uno de ellos, y la chica cortó un pedazo y poniéndoselo en la boca, sintiendo el gusto del azúcar. Estaba muy bueno. Pero sin embargo, cuando tragó, una violenta onda de ansia la envolvió. La Hyuuga la controló, sintiendo como sus ojos lagrimeaban, de repente el buen olor y gusto de la miel se había vuelto horrible. La chica comprimió la boca y la nariz con los dedos de la mano y pidió permiso para salir, dejando sola la cocina. Las miradas preocupadas de Kurenai y Naruto la siguieron.

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Hinata caminó con rapidez para la otra cocina, y de ahí al exterior de la mansión. Su estómago se convulsionaba, el olor dulzón de la miel se había adherido a sus fosas nasales mientras respiraba.

Sin conseguir contenerse más, corrió en dirección a los árboles que estaban en la parte trasera de la mansión, y apoyándose en lo primero que vio, vomitó con fuerza todo lo que tenía en el estómago. Sus piernas quedaron inmediatamente sin fuerza y un nuevo mareo la acosó. En aquella confusión, intentaba aclarar sus pensamientos. Una nueva arcada la asaltó y esa vez vomitó lo que no tenía en el estómago.

Se tambaleó lejos del árbol y se sentó en la hierba aún repleta de rocío. El aire de la mañana era fresco y hacía que su estomago se calmase. Respiró hondo, una, dos, tres veces; perdió la cuenta. Su corazón latía muy rápido y una leve punzada en la sien le indicaba el comienzo de un dolor de cabeza.

Aquello no podía estarle sucediendo a ella. ¿Pero estaba o no estaba? Con toda la certeza del mundo sí, y se rió de aquella ironía. Cualquier mujer en el mundo reconocería aquellos síntomas: Vértigos, dolores de espalda, náuseas matinales... ¿Cuándo había sido su último período? Antes de la invasión del feudo Hyuuga, antes de Sasuke... Se le había retrasado, un mes y algunas semanas, contó mentalmente.

Ella estaba...

El pánico tomó cuenta de su cuerpo, que comenzó a temblar. Ya no conseguía pensar con claridad. Pensamientos inconexos y sin sentido volaban por su mente, sus ojos se llenaron de lagrimas y lloró con fuerza mientras sollozaba.

¿Qué haría? No estaba preparada para aquello... Era joven, no estaba casada... ¿Qué haría con un hijo?, ¿Cómo lo criaría y educaría? Embarazada...

Embarazada.

¿Cómo se lo contaría a Kurenai y a su hermana?, ¿Cómo le contaría a Sasuke que iba a tener un hijo suyo?

Las lagrimas volvieron con mayor velocidad e intensidad cuando la morena pensó en el Uchiha. No era justo... ¿Ya no bastaba todo lo que él había hecho con su vida?, ¿No bastaba todo lo que le había quitado?

Sus manos delgadas y blancas se posaron sobre su vientre aún plano. Mirándolo, nadie podría decir que estaba embarazada, continuaba delgada, como siempre fue, pero era consciente y tenía la certeza indescriptible de que allí dentro crecía un bebé... Un bebé de Sasuke y de ella.

No podía desesperarse... No serviría para nada perder la razón en un momento como aquel, eso en nada la ayudaría; tenía que pensar en algo, algún plan. Talvez fuese más fácil pensar si su cabeza no le doliese tanto... Intentó ponerse de pie, pero sus piernas continuaban flojas, y sentía un gusto horrible en el paladar; mientras, su estómago parecía fluctuar graciosamente en el interior de su cuerpo. Se giró en dirección a la puerta de la cocina y se quedó inmóvil.

Sakura la estaba observando con atención. Sus cabellos cortos y rosados se balanceaban con la brisa displicente, sus ojos verdes estaban velados y sus brazos albinos cruzados a la altura del pecho. Hinata se preguntó cuanto tiempo hacía que la observaba. Se limpió las lagrimas con las mangas del kimono.

-Discúlpame Sakura, yo sólo...

-Estás embarazada –interrumpió la pelirrosada.

La frase afectó a Hinata como si le hubiesen dado una fuerte bofetada en el rostro, inmediatamente sus mejillas enrojecieron. No respondió.

-Estás embarazada de Sasuke. –La voz de Sakura no contenía ninguna emoción.

Su corazón subió y se alojó en su garganta; de repente su estómago pesaba, provocándole arcadas.

-No estoy sorprendida, oí algunos comentarios cuando llegué aquí –Continuó ella-. No te preocupes, no se lo contaré a nadie, y aún falta para que alguien lo note. Soy médica y para mí es natural descubrir esas cosas.

Las palabras de Sakura acertaron en la cabeza de Hinata como martillazos, el dolor en la sien había aumentado, transformándose en una jaqueca. No conseguía pensar con claridad.

-Sakura-san, yo...

-No sabes lo que hacer, es comprensible, tú también ese victima de la situación debido a la forma en que se concebió esa criatura.

El rostro de la Hyuuga se puso aún más rojo. Por lo visto, la mujer frente a ella ya lo sabía todo, y parecía no importarle, ¿sería verdad?

-Sé que estás en una situación difícil, ya que acabas de descubrirlo –Dijo la pelirrosada-. Pero vas a tener que tomar una decisión rápida antes de que alguien descubra tu secreto.

- ¿Qué quieres decir?

-Sólo tienes dos salidas, Hinata: O te deshaces de ese niño lo más rápido posible o abandonas el feudo Hyuuga.

La visión de Hinata se oscureció y sus piernas perdieron el equilibrio. La próxima cosa que sus ojos plateados vieron, fueron las manos finas de Sakura sujetando su cuerpo.

Ambas mujeres se entrevieron en silencio. Hinata no veía nada a través de los ojos de Sakura, no temblaba ni se molestaba por el peso de su cuerpo. La pelirrosa ayudó a la Hyuuga a levantarse, y aún cuando recuperó el equilibrio, la mantuvo sujeta.

-No puedo deshacerme de este bebé –dijo la chica de orbes plateados de repente-. No tendría coraje...

-Entonces no puedes estar aquí con ella...

- ¿Por qué? ¿Por qué no se lo cuento a Sasuke, él es el padre!

- ¿Y tú crees que él asumiría a ese niño? –Preguntó Sakura de manera calma y baja.

Los ojos de Hinata hormiguearon, sentía las lágrimas formarse una vez más en ellos, pero no lloraría ante aquella mujer tan controlada. Quería decirle a Sakura que tenía la absoluta certeza de que Sasuke asumiría aquel hijo, mas no poseía esa certeza ni para sí misma.

-No te engañes, Hinata –Continuó Sakura, mirando a la Hyuuga-. Sasuke no se hará cargo de ese hijo, él no corrige los errores que comete. Si no, ya se habría casado contigo para preservar su honra después de lo que hizo. ¿Vas a quedarte aquí y criar a un hijo bastardo?

-No consigo pensar con claridad... Me duele mucho la cabeza.

-Hinata, préstame atención –Le dijo la pelirrosada-. Puedo ayudarte. Si no quieres deshacerte del niño es problema tuyo. Pero puedo ayudarte a salir del feudo sin que nadie lo descubra, tengo contactos en varios lugares. Puedes quedarte en una de mis casas hasta el fin de tu embarazo. Te garantizo que recibirás todo el cuidado y apoyo a la hora del parto, después podrás ir a la casa de algún pariente; no sé que más decirte.

- ¡Sakura! –Llamó la voz de Naruto desde la puerta de la cocina-. ¿Qué estás haciendo?

-Piénsalo, Hinata –dijo la pelirrosada bajando la voz e ignorando la presencia de Naruto-. Venme a ver cuando tomes una decisión. Si tienes dudas, pregúntale a Sasuke qué piensa sobre formar una familia.

Sus ojos localizaron a Naruto, que continuaba apoyado sobre el batiente de la puerta.

-No estoy haciendo nada con ella, Naruto; relájate. Hasta luego.

Y sin decir nada más, Sakura caminó en dirección al bosque, sumiéndose en él; las sombras la cubrieron enseguida.

-Hinata-chan, ¿estás bien? –preguntó el rubio, caminando en dirección a la morena-. Estás muy pálida, ¿quieres que llame a Kurenai?

-No, estoy bien –respondió la chica intentando afirmar sus tambaleantes piernas-. Sólo... es que la cabeza me duele mucho.

Los ojos color de zafiro del chico se fijaron en su rostro; El rubio no exhibía ninguna sonrisa de burla en su faz; su expresión era preocupada.

-Hinata-chan –comenzó Naruto– no pretendo descubrir lo que Sakura te estaba diciendo, pero no voy a fingir que no sé nada. Discúlpame pero, ¿ese bebé es de Sasuke?

Hinata percibió como la temperatura de su rostro ascendía, debía estar roja mientras era observada por aquellos ojos absurdamente azules. Quería saber responder a la altura, mas su boca estaba demasiado seca y no conseguía pensar con coherencia. De la manera en que las cosas estaban encaminándose, todas las personas del feudo Hyuuga sabrían de su embarazo muy pronto.

- ¿Cómo puedes pensar que este niño puede ser de otra persona que no sea Sasuke? –Preguntó la muchacha incrédula, conteniendo las lágrimas-. Yo nunca... Nunca...

Sus palabras fueron interrumpidas cuando su cuerpo se vio envuelto por los fuertes brazos de Naruto.

-Discúlpame, Hinata-chan –dijo el joven rubio con voz suave y baja-. No tendría que haberte preguntado algo así, no debí haber dudado de ti.

La Hyuuga intentó deshacerse del fuerte abrazo, pero acabó sucumbiendo; estaba desesperada y sentía miedo, y tener aunque fuera por un momento ese apoyo, le era vital. Las lágrimas se escurrieron por el rostro de Hinata, rojo e hinchado, mojando la chaqueta naranja y negra del Shinobi de Konoha. Ambos permanecieron en silencio hasta que su llanto convulsivo cesó.

-Tendría que haberle enseñado a aquel idiota como tratar a las mujeres –Dijo Naruto, refiriéndose a Sasuke.

Aún a contragusto, una sonrisa simple y boba brotó de los labios de la Hyuuga; aquella era la forma que tenía Naruto de confortarla.

-Gracias, Naruto-san –Dijo la chica soltándose lentamente del caluroso abrazo-. Ya estoy mejor.

Los ojos azules del muchacho la observaron atentos, como si aquello no fuese verdad.

-No te preocupes, voy a estar bien Naruto.

-Si tú lo dices, te creo.

Ambos se miraron por algunos segundos, entonces la muchacha de orbes perlados se encaminó de vuelta a la puerta de la cocina; la estaba atravesando cuando la voz de Naruto la hizo parar:

-Hinata –dijo el muchacho de espaldas, sin volverse a verla-. Si Sasuke no asume a esa criatura, no te preocupes por nada; yo me haré cargo de ella, seré el padre de tu hijo si me lo permites. No te abandonaré.

Sin conseguir soportar más el dolor de cabeza y la debilidad que sentía en sus piernas, Hinata corrió para dentro de la mansión y se encerró en el antiguo cuarto de su padre. Se tiró a la cama con fuerza, mojando las sábanas. Lloró hasta que el rostro le ardió y su corazón se secó. Entonces, el cansancio la abatió y sucumbió en los brazos de Morfeo.

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Hinata no notó cuando llegó Sasuke aquella noche, había pasado la mayor parte del día dentro de sus aposentos, alegando dolor de cabeza. Se rehusó a comer o tomar algún medicamento. Se la pasó acostada en la alfombra, despertando y durmiendo, esperando que el tiempo pasase. Cuando despertó definitivamente, ya era de madrugada; estaba lloviendo. "La primera lluvia de la primavera", pensó la chica con los ojos abiertos, encarando la oscuridad. No se oía nada en la mansión, a no ser por las gotas de agua golpeando contra el tejado, y escurriéndose hasta la tierra.

El dolor de cabeza había desaparecido casi por completo, sólo sentía su cuerpo un poco pesado y dolorido. Pasó el dorso de la mano sobre su frente húmeda; el ambiente era caluroso.

Sintiéndose completamente despierta, se levantó y se puso encima del camisón una bata de seda que había dejado sobre la butaca. Encendió una vela que estaba sobre la mesita de noche, dejando que la débil llama expandiera su luz por el cuarto, distorsionando las sombras.

Caminó silenciosamente hasta la venta y la abrió, dejando que la brisa fresca de la lluvia entrase en el cuarto. No se veía nada en la noche, sólo la cortina de lluvia plateada que caía sobre los campos, el olor de la tierra mojada era embriagante. Se quedó allí parada durante un largo tiempo, en silencio. Empujaba para el fondo de su memoria los acontecimientos de aquella mañana. No quería pensar en nada en ese momento.

- ¿Hinata?, ¿Qué estás haciendo? –preguntó Sasuke, asustando a la chica.

-Sasuke-san, discúlpame, no tenía intención de despertarte.

El chico se sentó en la cama, notando la voz de Hinata distante y triste; algo le había pasado. Levantándose, caminó hacia la ventana y se colocó a su lado, observando la lluvia.

-Es una lluvia bienvenida –comentó el chico.

Una sonrisa triste brotó de los labios de la Hyuuga.

-Hará mucho bien a la plantación.

- ¿Estás bien, Hinata? Te encuentro un poco abatida.

-Estoy bien, Sasuke-san, no te preocupes, sólo tuve un dolor de cabeza muy fuerte hoy.

Sasuke no creyó en sus palabras, pero prefirió no decir nada.

-Ven a acostarte, necesitas descansar.

El mercenario se encaminó a la cama, sin embargo la chica de orbes plateados continuó observando la lluvia, que caía sin cesar.

-Sasuke-san –preguntó la muchacha-. ¿Si te hiciese una pregunta, me responderías?

-Sí.

- ¿Alguna vez pensaste en formar una familia?

-No –respondió el Uchiha seriamente–. No me atrevería a cometer los mismos errores de mi padre... Ese tipo de cosas no conmigo. ¿Por qué lo dices, Hinata?

-Nada –respondió la chica cerrando la ventana-, sólo curiosidad.

Hinata sopló la pequeña llama de la vela, dejando el cuarto nuevamente sumido en la oscuridad. Sin decir nada más, se acostó en la alfombra y se cubrió con las sábanas, fingiendo dormir.

En la cama, Sasuke continuó viendo el techo en silencio, pensando en la pregunta que Hinata acababa de hacerle. Él nunca había pensado en construir una familia, nunca lo deseó hasta conocerla. Si tuviese que construir una familia, entonces quería a Hinata a su lado; no estaba dispuesto a formarla con ninguna otra mujer.

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Naruto estaba acostado en la cama con los brazos sobre sus cabellos rubios y despeinados, el aroma de Sakura aún estaba impregnado en su cuerpo. Se movió perezosamente, cubriendo su cuerpo sólo con una sábana, mientras observaba a la pelirrosa cubrir su desnudez con una bata de seda roja.

-Al menos podrías fingir que te gusto un poco y quedarte en la cama conmigo un poco más. –Dijo el rubio, sonriendo burlonamente.

-Perdóname, soy una pésima actriz; no conseguiría fingir algo así.

-Eres una persona terrible, Sakura.

- ¿Por qué? –preguntó la mujer se cabellos rosas, amarrando su bata con una simple cinta a la cintura-. Tú tampoco eres inocente Naruto, sabes que nunca te voy a poder dar lo que quieres y aún así continuas buscándome cada noche para dormir conmigo.

-Ya desistí de la salvación, Sakura. Me contento con el Infierno.

La mujer de ojos esmeralda sonrió al oír aquellas palabras, la capacidad de Naruto de bromear hasta de sí mismo era algo admirable.

-Sal de aquí, Naruto. –La voz de Sakura era de advertencia-. Dentro de poco nos llamaran para come, no quiero que nadie descubra nuestro pequeño romance secreto.

-No me molestaría si lo descubriese.

-Exactamente por eso te estoy echando.

Sakura rodeó la cama y se sentó en la butaca suave y confortable. Naruto siempre era un hombre ardiente en la cama y podía llevar a una mujer al delirio. Sin embargo, detestaba cuando comenzaba a hacerse el hombre eternamente enamorado. ¿Por qué no lo había superado aún? Ya era mayorcito para hacerse falsas esperanzas.

-Vamos, Naruto, no te hagas de rogar; estoy esperando a alguien.

-Sasuke aún no llegó –Respondió el rubio desperezándose y exhibiendo su tórax bien esculpido-. Y si ha llegado, dudo que te procure.

Los dientes de Sakura se apretaron con la rabia fría y latente que recorrió su cuerpo al oír aquel comentario, pero trató de controlarse, sabiendo que no servía de nada pelear con Naruto.

-No estoy esperando a Sasuke –respondió la muchacha de forma insinuante.

-Puedes perder tus esperanzas, Sakura. Hinata-chan no vendrá... No salió de su cuarto en todo el día.

Los ojos esmeraldinos brillaron de forma amenazadora, la voz de Sakura era peligrosamente baja cuando volvió a hablar:

-Confías mucho en ella, por lo visto.

-No tengo motivos para desconfiar. No vas a conseguir separarla de Sasuke: ella está cargando a su hijo.

La onda de rabia fue más intensa esta vez. La mujer de cabellos rosas se levantó de repente girándose para Naruto, que se había sentado en la cama.

-Un hijo que no sabe ni que existe.

-Lo sabrá, Hinata se lo contará... Y si ella no se lo cuenta, lo hago yo.

Con paso rápidos y cortos, Sakura cruzó la distancia que les separaba, y en un movimiento rápido, sujetó el brazo de Naruto, clavando sus uñas en la piel expuesta.

- ¿Cómo osas entrometerte en un asunto de ese tipo? ¡Estoy haciendo lo mejor para él!

Los ojos azules de Naruto simplemente continuaron observándola. Ignorando el dolor que sentía en el brazo, respondió con voz firme:

-No eres su única amiga. Yo también me preocupo por Sasuke. Nunca te perdonará si lo separas del hijo de Hinata. ¡Él la ama!

-Cierra la boca –respondió la mujer, apretando el brazo del rubio.

El silencio se cernió por el cuarto de manera imperiosa, los dos se miraban sin decir nada.

Una sombra paró frente a la puerta del cuarto de Sakura.

-Sakura-san, ¿estás ahí? –La voz de Hinata era vacilante y baja.

-Creo que te engañaste en cuanto a la chiquilla –Cuchicheó Sakura, para que Hinata no supiese que Naruto se encontraba allí dentro.

Sus ojos azules brillaban, fríos como el hielo.

- ¿Adónde te la vas a llevar, Sakura? –La voz del rubio también era baja.

-Eso no te interesa. Si le cuentas a Sasuke que la ayudé a escapar, nunca más te miraré a la cara.

-Ya lo haces, querida.

-Estoy hablando en serio, Naruto. Puedes considerarme muerta, no voy a existir más para ti.

Naruto iba a decir algo, la mujer de cabellos rosados abrió la puerta y le ignoró, dejándole hablando solo. Era mejor para Hinata que no supiese que estaba allí. El rubio guardó silencio.

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Hinata la esperó frente a su puerta; Sakura salió vestida sólo con una bata. Ahora que estaba delante de ella, no podía flaquear.

- ¿Pensaste en mi propuesta, Hinata?

-Sí... Sakura-san, vine a pedirte ayuda para dejar el feudo Hyuuga.

-Claro que tendrás mi ayuda. Voy a mandarte a la casa de una de mis amigas. Está cerca de aquí, es provisional, nadie sabrá dónde estás. No te preocupes por tu hermana. Podrá ir a tu encuentro.

Hinata asintió a todo, dejándose llevar por los planes de Sakura, que ya estaban listos.

- ¿Cuándo partimos? –preguntó la Hyuuga, frotándose las manos.

Una sonrisa cristalina brotó en los labios de Sakura.

-Ahora mismo, no vamos a esperar a Sasuke. Sólo déjame vestirme y te ayudaré a armar tus cosas.

Sus ojos perlados se bañaron en lágrimas.

-Vamos, Hinata, no llores. –La voz de Sakura continuaba sin ningún sentimiento-. Será mejor para tu hijo de esa manera...

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Naruto estaba en su cuarto cuando vio a Sakura y a Hinata bordear el bosque. Sabía que podría parar por la fuerza la fuga de las dos chicas, sin embargo no podía hacer eso. Primero porque había sido decisión de Hinata; segundo porque quien tenía que arreglar aquella situación era Sasuke.

Era una noche caliente y clara, con millares de estrellas brillando en el cielo estrellado. El rubio se vistió sólo con la chaqueta naranja sobre su torso bien esculpido y salió del cuarto, pasando por los corredores silenciosos de la mansión. Todos los empleados creían que Sakura estaba en su cuarto, así como Hinata en el suyo. Nadie sabía de la fuga de ambas; mucho menos sus motivos.

El chico de cabellos dorados abrió las puertas dobles de la mansión, saliendo al jardín principal. Tenía que tener paciencia y esperar a que Sasuke llegase. No dejaría a su amigo ir tras Hinata si no estaba realmente seguro de que merecía a aquella mujer y al hijo que ella estaba esperando.

Recordó las palabras de Sakura. Era posible que ella nunca le mirara de la misma manera... Como detestaba tener que escoger entre dos amigos de infancia... Sin embargo, era algo que necesitaba hacer.

Definitivamente, era un burro por querer tanto a aquellos idiotas. Sakura y Sasuke...

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El mercenario llegó a la mansión del feudo Hyuuga casi una hora después de la fuga de Hinata y Sakura. La primera cosa de avistó, fue a Naruto sentado a las puertas de la casa, encarándole fríamente. Conocía aquella mirada gélida: iban a pelear.

-No tengo paciencia para pelear contigo hoy, Uzumaki. –Dijo el moreno caminando en dirección a la mansión.

Naruto no respondió, se levantó, y con pisadas largas caminó en dirección a Sasuke. El primer golpe le dio de lleno en la boca, no tuvo oportunidad de esquivarlo.

El dolor se esparció por el cuerpo de Sasuke, adormeciendo su cerebro. Sintió el gusto de la sangre en su boca, y rezó por no haber perdido ningún diente. Definitivamente, el rubio no estaba para estupideces. Sasuke vio cuando Naruto levantó la pierna para patearlo, pero el moreno bloqueó el ataque; su mano se cerró en un puño y sintió como golpeaba el lado derecho del rostro del rubio. El chico pareció no sentir el golpe, y se tiró encima de él, haciendo que la cabeza de Sasuke se golpease con el impacto.

- ¡Desgraciado! –gritó el rubio cuando Sasuke consiguió localizarlo nuevamente-. ¿Cómo pudiste hacer algo así?

- ¡No entiendo nada, Naruto!

El Uchiha intentó evitar algunos de los golpes, pero éstos venían con fuerza, golpeando sus brazos y dejándolos doloridos. No conseguía entender la insana furia de Naruto.

- ¿Cómo pudiste violarla, desgraciado!

Las palabras golpearon al moreno intensamente, y sólo después sintió el dolor del golpe que Naruto le había dado. Su cabeza giraba mientras intentaba pensar en algo que decir... Pensar en una disculpa... No la había.

El chico de ojos negros se puso de pie, sintiendo sobre sí la miraba rabiosa de su amigo de la infancia. Sabía que aquel momento llegaría, y que tendría que enfrentarlo, mas no estaba preparado.

-Sé que es difícil para ti oír eso –Respondió el moreno-, pero eso es una cosa que no te afecta; Yo y Hinata ya lo resolvimos.

- ¿Qué no me afecta! –preguntó el rubio gritando aún más alto-. ¡Sasuke, desgraciado; ella está embarazada!

La boca del moreno se abrió para dar una respuesta, pero no produjo ningún sonido. Escrutó a Naruto, creyendo que le estaba gastando una peor broma con menos gracia del mundo, pero entonces notó que Naruto estaba hablando en serio. De repente, sus piernas flaquearon. Necesitaba verla, tocarla, besar aquellos labios rosados... Necesitaba a Hinata. ¡Iba a ser padre!, ¡Padre! La noticia parecía demasiado irreal, no sabía lo que estaba sintiendo. Era todo maravillosamente confuso.

- ¿Dónde está?, ¿Cómo sabes eso?, ¿Por qué ella no me contó nada?

Una sombra pasó por el rostro de Naruto, y su mirada se ensombreció.

-Ella no está aquí, Sasuke. Hinata huyó.

- ¿Huyó? ¿Cómo huyó? ¿Por qué?

-Sakura la ayudó. Ella pensó que no reconocerías a tu hijo, tuvo miedo...

Las palabras de Naruto le dolieron más que todos los golpes recibidos. Hinata había huido; le había dejado, llevándose con ella a su hijo. El suelo parecía temblar, ¿o quizás era su cuerpo? Recuerdos de ella pasaban por su mente con una claridad ofuscante... Tenía que ir tras ella, encontrarla... Si no... No quería pensar en la posibilidad de no encontrarla jamás. No podía perderla.

No podía perder a la única mujer que amaba.

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Continuará...

Nota de la autora: Yare mina-as, después de un episodio problemático y triste para mí, y tras todo el magnífico apoyo que recibí con tantos comentarios maravillosos, tenía la obligación de continuar el fic. Y aquí está mi humilde capítulo once. Lo escribí con mucho cariño, esperando que agrade a los lectores. Me encantaría decir que "O predador e a Lua" continuará gracias a vosotros, que fuisteis maravillosos conmigo. Agradezco una vez más a todos los que leen este fanfic y prestigian mi trabajo. Estoy muy agradecida de que ustedes existan.

Nota de la traductora: ¡¡Hola!! Aquí estoy de nuevo, contagiándome de la alegría de la autora, y aplaudiendo éste capítulo por su contenido. ¿Os esperabais eso? La verdad yo sí, pero no tan pronto, jeje. Dondeloth, me ha pedido que os transmita a todas las personas que estáis leyendo el fanfic traducido, que agradece inmensamente el cariño y el apoyo que le brindáis, y que no pretende decepcionaros de nuevo. Además agradece mucho algún pm que me enviaron y que le traduje para que lo leyera. A mí precisamente no me ha decepcionado, sólo ha sido un bache en el camino; espero que se anime y tengamos historia para rato. Bueno, paso a dar los agradecimientos a: Akanne Hygurashi, SaBaKu-No-MeNnY, carolina, Crazy-ale-chan, carrieclamp, hinatauchiha20, ferny (¿ves que no era plagio? ¬¬U), Mina-San8, Pheve-.-Chan, berenice, inuneanne, Hikaru-Ringo, anabell, Lia Du Black, helen, gaahina-4e, Adrifernan19, sairiko, hinata-mary, viicoviic y natividada. Gracias a todas, porque sin vosotras me duelen los dedos de tanto escribir. En cambio si dejáis reviews ni los siento, y puedo seguir traduciendo sin quejarme. ^_^ ¡Un beso a todas y saludos!