Disclaimer: Obviamente, Naruto no me pertenece. Obviamente, Kakashi-sensei me pertenece.


¡Buena lectura!


12

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Hinata y Sakura caminaron rápidamente por la senda sinuosa y complicada del bosque. La luna nueva era sólo un hilo plateado envuelto por nubes negras como alas de pájaros que se deslizaban vagarosamente por el cielo. El aire era helado y húmedo, el sudor pegajoso se escurría de los brazos de la Hyuuga, alojándose incómodamente en las palmas de sus manos, sus dedos tensos se flexionaban repetidamente, tenía dificultad para seguir los pasos de rápidos y precisos de la pelirosa en medio de los árboles, cada vez más próximas. Una niebla blanca y densa envolvía los pies de ambas mientras caminaban, el único sonido era el de las pisadas de ambas, quebrando ramas y hojas secas, asustando a los animales nocturnos.

No tenían ninguna luz para guiarse, mas Sakura parecía saber exactamente para dónde iban; caminaba siguiendo siempre al frente, desviándose ocasionalmente para la izquierda o la derecha. Hinata había perdido mucho tiempo antes la noción de dónde se encontraban, no sabría volver sola al feudo si fuera necesario.

Caminaron durante algún tiempo más, la chica de orbes plateados sentía sus piernas adoloridas mientras se forzaba a andar, teniendo enfrente sólo la espalda de Sakura. La kunoichi le había dicho que la llevaría a casa de una amiga y que podría estar segura hasta que su hijo naciese… Después decidiría que hacer con su vida

La mente de la Hyuuga pensaba en las posibles opciones que tenía. Había salido del feudo con algunos ahorros escondidos, que no servirían para mantenerla durante mucho tiempo a cualquier lugar donde fuese. A fin de cuentas, no podría contar con la caridad de Sakura siempre para tener un techo sobre su cabeza. Tenía que pensar en conseguir un empleo así que fuese capaz.

Sus ojos plateados se irguieron, contemplando la negrura de la noche, ninguna luz en el cielo para calmar su corazón dolorido. Su mente se deslizó rápidamente hacia el feudo, ¿Sasuke ya sabría que había huido?, ¿Su hermana y su sensei también?, ¿Ya sabrían el motivo por el que huía?

Su corazón se aceleró, haciendo que fuese difícil respirar, las lágrimas ascendieron a sus ojos, mas fueron reprimidas, causándole un incómodo ardor en la nariz. No lloraría, no cerca de Sakura.

Los pasos de Hinata fueron abruptamente interrumpidos cuando Sakura se paró y giró para encararla.

-Tengo que dejarte sola un momento, Hinata. –Informó la pelirosa.

- ¿Por qué? –preguntó la Hyuuga, alarmada.

-A estas alturas, si el idiota de Naruto ya le contó a Sasuke que huiste, probablemente él debe estar buscándote. ¿Quieres que él te encuentre?

-¡No! –respondió Hinata. Instintivamente, llevó su mano derecha a su vientre.

-Entonces tengo que dejarte aquí sola, voy a intentar despistar a Sasuke. Esconder nuestros rastros, así será imposible que nos encuentre, y estás segura más rápido.

-¿Vas a tardar? –perguntó Hinata tímidamente.

Sakura agradeció que el bosque estaba oscuro, pues Hinata no podría ver su rostro contrariado con el desagrado de aquella pregunta.¿Qué le veía Sasuke a aquella chica tan insípida y sin gracia?

-Sólo el tiempo necesario. –informó la kunoichi rápidamente.

Sin decir más, la pelirosa corrió por las ramas más bajas de los árboles, distanciándose rápidamente del lugar donde había dejado a Hinata sola.

La chica de ojos plateados permaneció allí de pie, oyendo el silencio del lugar retumbar en sus oídos, no podía ver nada a varios palmos de distancia. Su cuerpo tembló involuntariamente pensando en los animales que podían habitar aquel lugar.

Intentando confortarse, Hinata sacó de la pequeña mochila que llevaba consigo una manta y la extendió en la hierba a los pies de un árbol. Allí se sentó, tratando de alejar de su mente imágenes de bestias tales como arañas y cobras. Sobre la tela, se acomodó, apoyando su espalda contra el tronco fuerte y espeso del árbol, abrazando sus rodillas.

Nunca se había sentido tan sola en toda su vida. Ni cuando lo había perdido todo, su hogar, su padre… Desde que su vida se había salido de control, Sasuke había estado allí, primero amenazadoramente como la sombra de una nefasta pesadilla, y después, extrañamente, como alguien que la protegía y hacía que su corazón latiera de forma rara y diferente. Y ahora ella estaba sola. No habría más Sasuke, no habría más nadie…

Hinata lloró amargamente, intentando ahogar su llanto, que nadie más oía.

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En el feudo Hyuuga, unos ojos azules como zafiros encaraban a Sasuke. El moreno parecía estar desorientado y perdido, intentando entender que le acababan de decir. Sus ojos oscuros estaban ligeramente abiertos mientras miraba a su amigo de infancia, que nada decía.

-¿A dónde han ido? –preguntó el Uchiha después de algunos minutos.

-Hacia el bosque. –respondió el rubio, inclinando la cabeza ligeramente para la izquierda.

-Tengo que ir tras ella.

Sasuke comenzó a caminar en aquella dirección, mas un segundo después Naruto le bloqueó el paso.

-¿Qué estás haciendo, idiota, sal de mi camino! –Gritó el moreno.

-Si Hinata-chan huyó, significa que no quiere que vayas tras ella –respondió el rubio calmadamente.

-¿Estás loco, Naruto?, ¡Ella está esperando un hijo mío! Sal de mi camino.

El rubio no se movió, los ojos negros del Uchiha brillaban ferozmente, la rabia recorría sus venas a una velocidad alucinante, cada minuto que pasaba preso allí, era un minuto más para encontrar a Hinata.

- Naruto, realmente no quiero pelear contigo, pero voy a quitarte de enfrente mío por la fuerza.

-¿Y qué vas a decirle a Hinata cuando la encuentres? – Preguntó el rubio, encarando a su amigo con una mirada dura-. ¿Qué tienes para ofrecerle?

El rostro de Sasuke se tornó blanco como el marfil mientras miraba a Naruto. No entendía por qué su amigo estaba actuando de aquella forma, haciéndole aquellas preguntas, pero entendía que intentaba proteger a Hinata, mas aquello era exactamente lo que él también deseaba hacer. Nada más pasaría si ambos permanecían allí discutiendo.

-No tengo tiempo de pensar en lo que le voy a decir –respondió el moreno–. Primero necesito encontrarla.

Sasuke intentó rodear la figura de su rubio amigo, pero fue impedido de hacerlo cuando éste le tomó por los hombros, impidiendo que avanzase más.

-¿No notas lo que estás haciendo, Sasuke? –Gritó Naruto–. ¡Lo estás arruinando todo!

-¡Cierra el pico! –Gritó el moreno acertando de lleno un golpe en la boca de su amigo.

El rubio se movió, Sasuke percibió como la sangre rojo rubí se escurría por el labio de su amigo, mas no le importó; quería salir de allí lo más rápido posible.

Los gritos llamaron la atención de los empleados, que abrieron las puertas dobles de la mansión. Kurenai avanzaba al frente, seguida por Hanabi y algunos criados más.

- ¿Qué está sucediendo aquí? –Preguntó Kurenai en tono reprobatorio–. ¿Están peleando?

Naruto y Sasuke no prestaron atención a la pregunta de la mujer, simplemente continuaron mirándose con rabia, mientras las manos firmes del rubio permanecían en los hombros del moreno.

-¡Tu problema, Sasuke, es que escuchas lo que necesitas! No voy a dejar que vayas tras ella para hacerle daño.

-¡No le voy a hacer daño, idiota! –Gritó el moreno.

-¿Y vas a reparar el mal que ya hiciste?

-¡Salte de mi camino!

Sasuke intentó desvencijarse de él, sin conseguirlo. Naruto estaba decidido a enfrentarlo.

-No voy a dejarte salir de aquí si no tienes nada que ofrecerle a Hinata. Actuando de esa manera, sólo vas a perjudicarla.

-¿Y qué crees que puedo ofrecerle para remediar el daño que le hice? –Preguntó Sasuke, extremadamente irritado.

El puño de Naruto se cerró inmediatamente, y arremetió contra la nariz del moreno, haciendo que éste comenzase a sangrar.

-Si tú no sabes esa respuesta –Informó el rubio-. Entonces eres mucho más idiota de lo que aparenatas, y no vas a conseguir remediar nunca lo que hiciste.

En ese instante, Sakura apareció frente a la mansión Hyuuga entre una nube de humo blanco. Los ojos ónice y los zafiro se abrieron con sorpresa.

- Sakura... –La voz de Naruto no pasaba de un murmullo.

Las pupilas esmeraldas estaban presas en el rostro del Uchiha.

-Sasuke, tu nariz está sangrando –informó la pelirosa, yendo en la dirección del moreno con un pañuelo.

-¿Dónde está? –preguntó Sasuke, en un murmullo.

-¿Quién te hizo eso, el idiota de Naruto, verdad? –Preguntó la pelirosa aproximándose.

- ¿Dónde está Hinata? –Preguntó el moreno en silbido, agarrando el brazo de Sakura y retorciéndolo.

-¡Sasuke, para! –Gritó la chica–. ¡Me duele!

Naruto se puso entre ambos, tomando el brazo de su amigo mientras él intentaba alcanzar a la pelirosa.

Los ojos esmeraldinos de Sakura estaban bañados en lágrimas, se sujetaba el brazo que ya comenzaba a mostrar manchas rojizas por donde Sasuke había apretado.

-¡Tú sólo quieres saber de ella! –Gritó Sakura histéricamente–. ¡Te estoy haciendo un favor librándote de un estorbo!

-¡Sakura, sal de aquí! –gritó Naruto, intentando contener a Sasuke, que trataba, ferozmente, de deshacerse de él para alcanzar a la mujer de cabellos rosas.

-¡No! –Continuó Sakura–. ¡No voy a salir de aquí! ¡Es tu culpa, Naruto, por habérselo contado!

-¿Dónde está? –Gritó el moreno– ¿Qué hiciste con ella?

-¿Para que lo quieres saber? –Preguntó la pelirosa con ira–. No puedes estar preocupado por ella. ¡La violaste!, ¡Dijiste que nunca querías tener hijos!

Sasuke agitó ferozmente los brazos, intentando deshacerse de su amigo. Parecía que alguien había derramado ácido en su estómago. Él simplemente mataría a Sakura si le hubiese hecho algo a Hinata.

-¿Dónde está, Sakura? –preguntó el moreno una vez más.

Aquellos ojos verdes lo miraron profundamente, mostrando en ese instante toda la tristeza que sentía.

- ¿Por qué te preocupas tanto por ella?

-Porque la amo –respondió el Uchiha en voz baja.

Las pupilas de Sakura se abrieron, y sus manos cayeron a cada lado de su cuerpo, mientras continuaba escrutando el rostro serio de Sasuke.

-Mentira –susurró la muchacha, mientras sus piernas cedían y se comenzaba a sentar-. Imposible…

-¡Tienes que decirme dónde está, Sakura! –La voz del moreno sonaba con urgencia.

- ¡Mierda, Sasuke!, ¡Te voy a soltar, así que no hagas ninguna estupidez!

Naruto soltó los brazos de Sasuke y corrió en dirección a la pelirosa, sentada en el suelo agarrando su rostro con sus manos. Lloraba como una niña.

El estomago de Sasuke se retorció viendo la escena, sintiendo una repulsa indescriptible por aquella patética mujer.

- Sakura-chan! Sakura-chan! –La llamó el rubio dulcemente, intentando levantarla–. Dime, ¿dónde dejaste a Hinata?

-No lo entiendo, yo…–balbuceó la pelirosa, mientras las lágrimas se escurrían por sus mejillas–. Yo…

- Rápido, Sakura, dínoslo –La apremió el rubio.

-Amo tanto a Sasuke –Los sollozos de Sakura persistían-. Dudo que ella lo ame tanto como yo… Yo… Yo… La dejé en el bosque.

Los ojos de Naruto se abrieron.

-¿Sola? –Preguntó el rubio, alarmado.

-Necesitaba ver como estaba Sasuke, necesitaba volver… Yo…

Naruto miró en dirección a su amigo. El rostro de Sasuke estaba pálido como un cadáver. A aquella distancia, podía ver como el cuerpo del moreno estaba temblando.

-Ya tienes tus respuestas –Dijo el rubio–. No voy a impedírtelo más. Ya sabes lo que tienes que decirle.

Sasuke se giró en dirección al bosque y comenzó a correr desesperadamente hacia los árboles.

- ¡Sasuke, no! –gritó Sakura histéricamente.

Naruto aferró los brazos de Sakura, intentando retenerla. La mujer se debatió locamente y se soltó enseguida, su mano golpeó con fuerza la mejilla derecha del chico.

-¡Te odio! –Gritó Sakura–. ¡La culpa es tuya!, ¡Si no le hubieses contado nada, esto no habría pasado!

Sin que el rubio pudiese impedirlo, ella se levantó y salió corriendo hacia el interior de la mansión.

Naruto colocó una mano sobre la mejilla sobre la que Sakura había descargado su rabia. No dolía nada comparado con lo que estaba sintiendo en aquel momento. Había hecho su elección y tal vez, ella no volvería a acercarse a él nuevamente…

El portador del Kyuubi alejo ese pensamiento, y miró en dirección al bosque. Era una noche muy oscura, y sería muy difícil encontrar a alguien en aquella inmensidad.

Percibió que los pasos de Kurenai y Hanabi se aproximaban.

-Naruto-san –preguntó Kurenai con un hilo de voz–. ¿Qué está ocurriendo?

-¿Dónde está mi hermana? – exigió saber Hanabi.

-No lo sé, jovencita –respondió el rubio de forma cansada-. Pero tenemos que confiar en Sasuke. Él va a encontrarla.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

La primera cosa que Sasuke hizo así se introdujo en la oscuridad, fue activar su Sharingan. No sabía durante cuánto tiempo habían caminado Sakura y Hinata, mucho menos que dirección tomaron, por eso mismo, en aquel instante ella podía estar en cualquier lugar del bosque.

Sasuke corrió subiendo a las ramas de los árboles lo máximo que podía, forzando su cuerpo al extremo. Tenía que encontrarla. No sabía si Sakura la había lastimado o no, el simple pensamiento le provocó náuseas, como si alguien hubiese derramado un líquido extremadamente ácido en el estómago.

No conseguía imaginar su vida sin Hinata a su lado. Sabía que estaba siendo egoísta. Las palabras de Naruto no paraban de volar por su mente. ¿Lo que le tenía que ofrecer a Hinata podría hacerla olvidar todo lo que le había hecho?, ¿Sería suficiente para poderse redimir?

El rapaz forzó aún más sus piernas, no divisaba nada a millas de distancia. No había señal de Hinata. La luna nueva caminaba encima de las copas de los árboles, sin dejar que sus rayos plateados tocasen aquel lugar envuelto en oscuridad.

Durante toda su vida, Sasuke no había dejado que ninguna persona se aproximase a él. El único que consiguió la proeza de estar a su lado había sido Naruto. Y aún a Naruto, siendo la persona más próxima a él, más que su propia familia y su hermano, le había dado la espalda; y aún así Naruto no le había abandonado.

No creó lazos, no hizo planes, no tuvo sueños… Únicamente había existido con el propósito de hacerse más fuerte. Había vivido en la soledad, y no le importó nada hasta conocerla a ella…

Hinata era diferente a las demás personas del mundo… Al principio la había deseado como quien desea un objeto. Después se había encantado con su manera de ser; tierno, tímido, casto y sin maldad.

¿Y qué le diría cuando la encontrase?, ¿Qué argumento usaría para convencerla de volver al feudo?, Para estar a su lado.

Tenía miedo.

Había hecho demasiadas cosas, y tal vez no hubiese ya tiempo para repararlas…

Tal vez no hubiese más tiempo para redimirse.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

La cabeza de la chica de orbes plateados se apoyó levemente sobre sus rodillas. Se había dormido. Su cuerpo estaba dolorido debido a permanecer en la misma posición durante tanto rato.

Hacía frío. La niebla se había transformado en una densa bruma que envolvía los pies de los árboles, dejando el suelo como si estuviese cubierto de nubes. Hinata refregó una mano contra otra y sopló su hálito tibio contra ellas para sentirse más caliente.

No tenía ni idea de cuanto tiempo había pasado desde que Sakura se marchó. Mas, para ella parecía una eternidad.

Miró a su alrededor, no parecía ser posible, pero la oscuridad estaba aumentando para ella. Sus lágrimas habían desaparecido.

Hinata se sentía aprensiva y una pregunta no paraba de asaltar su mente:

¿Sakura realmente volvería?

Sus ojos plateados se estrecharon en la oscuridad. Todo parecía quieto en el bosque mientras la noche avanzaba. Hinata no sabía donde quedaba el lugar donde Sakura le había dicho que la llevaría, tampoco sabía hacer el camino de vuelta al feudo Hyuuga. Aún con la luz de la mañana iluminando el lugar, estaría perdida.

Su única esperanza era esperar a Sakura... Mas, hacía mucho tiempo que ella se había marchado.

Continuó observando el bosque, el viento golpeaba las copas de los árboles, haciendo que las hojas provocasen un ruido rítmico, como el sonido del agua contra las piedras de un río.

No podía ver mucho, a no ser por las formas torcidas y difusas de los troncos de los árboles. Pero en medio de las sombras algo atrajo la mirada de Hinata: Un par de ojos rojos mirando en su dirección.

Su corazón se aceleró mientras un frío pegajoso y húmedo se escurría por su piel, haciendo que su estómago diese un vuelco.

Su primer pensamiento fue que podría ser algún animal, buscando algo que cazar. Más, estaba lo suficientemente lejos y no había luminosidad para que estuviese segura. Después recordó los ojos rojos de Sasuke cuando activaba su línea de sangre. Su corazón paró de latir.

No podía ser él… Y si lo fuese, ¿por qué la buscaba?, ¿Ya sabría la verdad?

Hinata se levantó de un salto, observando el par de ojos rojizos acercase en la oscuridad. No quería encontrarse con Sasuke. No quería explicarle nada o contarle la verdad.

Miró a su alrededor, como si buscase un lugar seguro para esconderse, estaba muy oscuro, él no podría encontrarla.

Hinata corrió aún más para el interior del bosque, sin divisar casi nada del camino que recorría. Oía el sonido de unas vestiduras siendo rasgadas cuando él forzaba su paso entre los árboles. Sus manos, arañadas por las ramas, las usaba para proteger su rostro, corriendo siempre en dirección al lugar más oscuro del bosque.

Intentó mirar hacia atrás, mas no consiguió ver nada, sólo las sombras de los árboles meciéndose rápidamente mientras corría. Sus pulmones comenzaban a notar la falta de aire, mientras sus piernas latían de dolor debido al esfuerzo hecho en la corrediza. Un dolor agudo y fuerte, hizo que el poco aire que había en sus pulmones fuese expelido. Tenía que parar de correr.

Disminuyó los pasos y se apoyo en un fuerte tronco. No sabía cuánto tiempo había pasado corriendo, mucho menos que camino tomó, pero esperaba que el par de ojos rojos no hubiese conseguido seguirla.

Su corazón comenzó a galopar más calmadamente en su interior, y su respiración se reguló. Teniendo el máximo cuidado, la muchacha espió el camino que había recorrido, no consiguiendo ver nada, sólo las sombras del bosque. Había conseguido despistar aquel par de ojos escarlata.

Sonrió levemente para sí misma mientras una onda de alivio recorría su cuerpo. Pero de repente un pensamiento afloró en su mente con claridad. Había sido una imprudente, corriendo sin saber la dirección que estaba tomando, dejando el lugar donde Sakura la tenía que encontrar. ¿Cómo podría encontrarla ahora ella si no sabía dónde estaba?

Los ojos de Hinata recorrieron la oscuridad, buscando algo familiar que recordase, para saber qué camino había tomado.

No había nada, a no ser las sombras de los grandes árboles, alargándose en el suelo. Su corazón latía descontroladamente, el único sonido que podía escuchar era el de su respiración, alta, quebrando el silencio del lugar…

Mas, todos sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió una mano en su cintura tomarla firmemente, haciendo que perdiese el equilibrio y fuese amparada por unos brazos desconocidos.

-¿Por qué estás huyendo de mi? –Preguntó la voz de Sasuke en la oscuridad.

-Sasuke...

-Hinata... ¿Por qué estás huyendo de mi?

Ella intentó responder, mas sus palabras quedaron presas en su garganta cuando la estrecharon en un abrazo fuerte y envolvente.

-Me prometiste que no nunca más volverías a escapar de mi –Dijo el mercenario, susurrando aquellas palabras sobre la cabeza de ella.

Las manos de Hinata subieron por la espalda del moreno, agarrándole del Kimono y aspirando con fuerza el aroma que emanaba de su piel, masculino y delicioso.

Todo había desaparecido... Sus preocupaciones, sus miedos, sus angustias. Nada le importaba mientras ella seguía allí, amparada por Sasuke.

-¿Por qué huías? –preguntó una vez más él, separando a la chica y acariciando aquel rostro con sus manos.

-Sasuke, yo...

-¿Qué creíste que haría?, ¿Que te echaría, que no querría a ese hijo?

-¿Ya lo sabes? –preguntó Hinata, horrorizada y deshaciéndose de Sasuke-. ¿Quién te lo contó?

-Naruto.

Hinata recordó la promesa que le hizo el rubio, que si no se lo contaba ella misma, él lo haría. Y lo había cumplido.

-Hinata –repitió el Uchiha tomando su mano, que insistía en alejarse-. No voy a permitir que te vayas. No llevando a mi hijo contigo.

-También es mi hijo.

-¿Entonces por qué quieres separarlo de mi? Sé que no me deseas, que no sientes nada por mi, pero…

-¿Qué no siento nada por ti? –Preguntó ella, confundida.

-Tú misma dijiste que lo que había pasado entre nosotros era un error.

-Y lo fue –respondió la muchacha, con amargura-. Pero no sabes nada sobre mis sentimientos.

-¿Y qué sabes tú sobre los míos? –Preguntó el moreno, irritado.

-Yo no paso de ser una simple diversión en tu vida, Sasuke. –La voz de ella era baja y triste-. Soy alguien a quien sólo deseas momentáneamente para satisfacerte…

Las duras palabras de Hinata acertaron de lleno en el chico, sabiendo que merecía aquel dolor tan agudo. Dio un paso al frente, y enlazó a la chica, reluctante a permanecer en sus brazos.

-Te deseo tanto que fui capaz de cometer una verdadera injusticia. Pero yo no sólo te deseo… Yo te amo…

Las palabras dichas por el mercenario hicieron que el corazón de Hinata se acelerara de una forma incontrolable. ¿Podía creer en aquello?

Mas, cómo dudar, pensó ella, mientras oía el corazón del moreno latir rítmicamente contra su oído, y su respiración controlada.

De repente, un cansancio enorme la alcanzó, haciendo que sus piernas vacilasen.

-Estoy cansada –dijo la muchacha, sintiéndose amparada por el mercenario.

Sasuke tomó a Hinata del brazo y caminó en dirección al lugar donde ella dejó sus cosas. Todo parecía haber vuelto a la normalidad ahora que estaba en sus brazos. La respiración de ella era lenta y constante en la curva de su pecho, y eso lo dejana tranquilo y relajado, nada más en el mundo parecía ser tan importante como aquel pequeño momento en que ambos estaba solos, y podían ser enteramente el uno del otro. Como si nada en el mundo pudiese separarlos, y ellos se acabaran de reencontrar tras un largo tiempo de ausencia y añoranza.

Hinata se dejó guiar por Sasuke, sus pasos eran lentos, pero firmes. Sentía su cuerpo pesado y dolorido. En menos tiempo del esperado, Sasuke la depositó delicadamente sobre sobre la manta donde ella había permanecido horas antes, esperando a Sakura.

El Uchiha recogió algunas ramas secas, así como hojas que habían caído de los árboles, encendiendo una hoguera, que con sus llamas amarillas y doradas, iluminó el lugar, alargando aún más las sombras fuera del círculo de luz.

Hinata admiró largamente el semblante de Sasuke. Su rostro estaba pálido, y sus labios un poco descoloridos, en medio de su frente había una arruga que siempre mantenía cuando estaba preocupado.

El chico se aproximó a ella, y también se sentó en la manta extendida en el suelo, colocando a Hinata sobre sus piernas. La chica se acomodó en aquel lugar, sintiendo el calor del cuerpo de moreno y de la hoguera que la calentaban.

Las manos de Sasuke se deslizaron suavemente por los hombros finos y delgados de ella, como una caricia íntima. Los pálidos ojos de Hinata volvieron a mirar los pensativos y negros de Sasuke. Irguió su pálida mano y acarició algunos mechones sueltos del cabello del mercenario, que insistían en caerle sobre la frente.

-Cuando hayas descansado un poco –Comenzó el moreno-, te llevaré de vuelta al feudo. Espero que no pienses en huir de mí nuevamente.

Sus ojos perlados se cerraron y acercó su cuerpo al de él, sintiendo un frío abominable recorrer su columna vertebral. Volvería al feudo no solamente porque Sasuke vino a buscarla, sino porque también era su decisión. Volvería al feudo cargando al hijo de Sasuke en su vientre… Volvería siendo sólo una sirvienta que se había embarazado del nuevo dueño de ese lugar… Una sirvienta totalmente enamorada.

-¿Hinata, qué pasa? –Preguntó el chico, percibiendo el sutil cambio de ella-. ¿Quieres decirme algo?

La cascada de cabellos negros se balanceó mientras la chica negaba con la cabeza. No tenía coraje de decirle a Sasuke lo que sentía, ni hablar de la vergüenza que pasaría dando a luz a un bebé que no tenía un padre reconocido.

Una de las fuertes manos del Uchiha recorrió su cintura, posándose delicadamente sobre su vientre. Hinata sintió su corazón calentarse, como si un rayo de sol estuviese penetrando en el.

-¿Ya sientes algo? –Preguntó él, en un murmullo inaudible.

-No –respondió ella dulcemente-. Es como si ni hubiese nada creciendo dentro de mí, sin embargo, siento una gran certeza dentro de mi corazón.

-Cuando volvamos al feudo llamaré a un médico para que te examine. Tenemos que saber si todo está bien con tu salud y la del bebé.

Las mejillas de Hinata se colorearon al oír las palabras del mercenario. Parecía realmente como un padre interesado, que se preocupaba por su hijo.

-Estoy bien.

-Aún así, llamaré al médico. –Respondió el Uchiha dando por terminado el asunto.

La mano de Sasuke permanecía sobre el vientre de Hinata, irradiando un calor delicado y cómodo que se esparcía por todo el cuerpo de la morena. El aroma masculino del mercenario estaba impregnado en su nariz, dejándola embriagada, como si aquello fuese un sueño y no la realidad. El murmullo de las hojas provocaba que sus sentidos se calmasen; se sintió somnolienta.

-No imaginé que querrías a ése niño… No siendo concebido de la manera en que lo fue.

-No me importa cómo pasó –respondió Hinata con un hilo de voz–, jamás tendría coraje de arrancarlo de mi interior.

Sus brazos estrecharon aún más a la muchacha, como si fuese a desaparecer en cualquier momento. Ahora más que nunca, Sasuke tenía la certeza de que no deseaba perderla nunca más… Mas, ¿Hinata estaría a su lado por deseo propio, teniendo tan poco que ofrecerle?

- Hinata, necesitamos hablar…

-¿Prefieres niño o niña? –Interrumpió la muchacha en un murmullo lento.

Sasuke miró a la mujer en sus brazos y percibió que su respiración era baja y regular. Se había dormido.

La acomodó aún más y la envolvió en su capa para que no sintiese frío. La luz de la hoguera ya comenzaba a disminuir, aumentando las sombras alrededor de ambos.

-Me da igual… –Susurró Sasuke a modo de respuesta en su oído– mientras sea igual que tú.

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Los ojos color ónice del mercenario se abrieron a la luminosa que claridad que penetraba lentamente entre las hojas de los árboles. La aurora ya comenzaba a pintar el cielo, disolviendo el azul oscura y transformándolo en uno dorado, rosa, anaranjado y amarillo claro.

El chico moró para Hinata, aún dormida en su pecho. Sus párpados delicados y suaves estaban cerrados, indicando que aún dormía. Sasuke había permanecido la noche entera despierto, velando su sueño. No quería despertarla, pues ella parecía cansada y necesitando de descanso, mas ahora, con la luz de la mañana surgiendo en el cielo, era mejor volver al feudo Hyuuga, o muy probablemente una desesperada Kurenai le pediría a Naruto que fuera tras ellos.

Sin ningún esfuerzo, Sasuke irguió el cuerpo de Hinata, tomándola entre sus brazos. La cabeza de la chica se quedó apoyada en su pecho y su respiración tranquila y caliente, hacía que algunos escalofríos nada inocentes recorriesen el cuerpo de Sasuke.

Sasuke saltó con agilidad a la rama del árbol más próximo y comenzó a recorrer el camino que lo llevaría de vuelta al feudo.

Hinata estaba sumida en un profundo sueño, y no pareció molestarse con las sacudidas ocasionales que ocurrían cuando el moreno saltaba en dirección a otro árbol.

Sasuke no iba rápido, intentando así preservar el descanso de la chica, no estaban muy lejos del feudo, por eso cuando el hubiese salido por completo de detrás de las montañas, ambos estaría en el lugar deseado.

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Cuando el sol despuntó por completo, mostrando sus rayos sobre la antigua mansión Hyuuga, Naruto vio la figura de su amigo salir de las sombras de los árboles. Corrió en dirección a él, sintiendo el alivio recorrer su cuerpo, alivio que no duró mucho cuando vio al Uchiha cargando a una Hinata inconsciente en sus brazos.

-¿Está bien? –preguntó el rubio, alcanzando a Sasuke en medio del jardín.

-Só, aunque muy cansada.

-Vamos a entrar, Kurenai-sensei y esa niña están por sufrir un ataque de nervios.

Sasuke respiró hondo, sabiendo que en cualquier momento podría morir a manos de la antigua tutora de Hinata y de su hermana pequeña.

Cargó a la chica para dentro de la casa, sintiendo un alivio inmenso recorrerle, sabiendo que había vuelto a aquel lugar con la única mujer que le importaba.

Notaba sus brazos pesados y dormidos, y su nuca estaba rígida debido a la noche sin dormir. Mas, aquello no le preocupaba, todo lo que le importaba era que había traído a Hinata de vuelta.

Cuando el chico pasó por la puerta seguido de Naruto, dos huracanes llamados Hanabi y Kurenai se pusieron delante suyo, gritándole al mercenario:

-¿Qué le hiciste a mi hermana, desgraciado? –Preguntó histéricamente una Hanabi con enormes ojeras.

-¡Hinata-sama! –Gritó Kurenai viendo a la chica inconsciente en los brazos del Uchiha-. ¿Qué le ha pasado?

-Parad de gritar –ordenó el moreno, a despertarla. Necesita dormir.

-¿Dónde estabais? –Preguntó Hanabi más bajo, pero con la voz llena de rabia.

-Relájate, chiquilla –La interrumpió Naruto, despeinando el cabello de la menor de las Hyuuga-. Sasuke ya encontró a tu hermana, ahora ella necesita descansar.

-Pero... – Habló Kurenai intentando llamar la atención del Uchiha, que ya se encaminaba hacia el pasillo oscuro que llevaba a su cuarto.

Um silencio pesado y sombrío se esparció sobre el lugar sobre o local cuando todos percibieron como Sasuke observaba la silueta de Sakura caminando en su dirección.

La mujer de cabellos rosados paró enfrente del mercenario, vistiendo apenas un camisón blanco. Estaba despeinada y sus ojos claros y esmeraldinos estaban hinchados, mostrando que debía haber llorado por horas.

-Sasuke –Pronunció la pelirosa, llorosa.

El chico la evadió y siguió caminando, ignorando su presencia.

-Sasuke –repitió Sakura más alto.

-Kurenai –Llamó el mercenario en el centro de aquel pasillo mal iluminado-. Llama a un médico para examinar a Hinata, por favor, quiero estar seguro de que ella no tiene nada más grave que un profundo cansancio.

-Sí –respondió Kurenai.

-Sasuke, ¿me estás ignorando?

-Sakura –respondió el mercenario, fríamente–, será mejor para ti no dirigirme la palabra durante una buena temporada.

Sin decir nada más, el chico recorrió el largo corredor, dejando atrás a una rabiosa Sakura.

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Sasuke abrió la puerta corredera del cuarto con el pie derecho. Hinata aún dormía profundamente en sus brazos. Con cuidado, depositó su delicado cuerpo entre las sábanas suaves y cómodas de la gran cama. Sobre el cuerpo de ella, el moreno extendió una fina sábana de lana para taparla, y caminó silenciosamente hasta la ventana, cerrando las pesadas cortinas de terciopelo.

Observó largamente el perfil de la durmiente. Hinata parecía aún más delicada vista a la débil luz de la mañana, que temerosamente entraba por un resquicio de la cortina. La palidez acentuada de porcelana mostraba las pequeñas pero significativas ojeras de cansancio sobre sus párpados cerrados. Sasuke se aproximó a la cama, sentándose en el lado en que Hinata aún dormía. Su mano derecha tocó gentilmente la otra mano de la chica, que reposaba sobre la cama. El moreno percibió como los párpados de la Hyuuga temblaban, para luego abrirse, revelando unos ojos de color de las perlas.

-Deberías continuar durmiendo –Dijo el Uchiha suavemente-. Ya estamos en el feudo, aprovecha para descansar.

Hinata miró a su alrededor como para reconocer el lugar en el que se hallaba, se desperezó largamente para espantar todo el sueño y la pereza que habitaban en su cuerpo.

-Estoy descansada –respondió ella–, no necesito dormir más.

Aquellos ojos color ónice la observaron largamente. Ahora que estaban en el feudo, el mercenario sabía que no podría atrasar más aquella conversación. Las palabras de Naruto volvían a la mente de Sasuke, dejándole aprensivo e incómodo. Retiró la mano que tenía sobre la de Hinata y oteó en dirección a la pared, incapaz de mirar a la joven.

Era mucho más difícil de lo que había planeado.

-¿Algún problema, Sasuke-san? –preguntó la chica, percibiendo el cambio brusco de humor del moreno.

-Tenemos que hablar... –Comenzó él.

Hinata sintió como su estómago encogía en su interior. El tono del chico había cambiado, así como su expresión. Parecía preocupado y aprensivo. No podía ser una buena conversación. Colocó una mano sobre su vientre, preocupada sobre lo que él quería hablarle.

Él permaneció aún algún tiempo en silencio antes de comenzar.

- Sé que tienes todos los motivos del mundo para repudiarme después de todo lo que te hice… Voy a entender perfectamente si no lo aceptas. Si fuese de otra manera, no habrías huido de mí.

Sus ojos plateados miraron confundidos hacia Sasuke. Hinata no estaba entendiendo muy bien aquella conversación.

-Lo que quiero decir –Continuó él, pasando sus manos por su cabello, nervioso-, es que quiero que a ese hijo tanto como tú, por eso sería un problema si estuviésemos muy separados. Principalmente por el bebé, pero es lógico que esa es tu decisión…

-Sasuke-san –Le interrumpió ella– Creo que no te consigo entender de qué trata está conversación.

Sasuke miró para la chica descreído, sintiéndose un completo idiota. Suspiró profundamente, intentando calmar sus pensamientos y la sensación de no tener ningún órgano funcionando dentro de su cuerpo. ¿Por qué aquello tenía que ser tan extremadamente complicado?

-Hinata –dijo el chico, no muy confiado-. Ya no soy un mercenario. Desde que salimos del país del Agua pedí mi baja permanente de Akatsuki. A pesar de que aún no he sido liberado. Compré este lugar y pretendo quedarme aquí definitivamente… No soy un hombre extremadamente rico, pero te puedo garantizar que mi herencia como Uchiha y los servicios que realicé hasta hoy, me harán poder vivir confortablemente.

Los ojos de Hinata continuaban demostrando que aún no entendía por qué estaban teniendo aquella conversación. La frustración tomaba cuenta de Sasuke.

-Sé que no tengo mucho que ofrecerte -Continuó el chico, y Hinata pudo ver un leve rubor en las duras mejillas del Uchiha-, Y creo que después de todo, lo más probable es que no quieras nada de mí. Aún así no me gustaría tener eso con ninguna otra persona que no fueses tú.

- Sasuke-san, yo...

-Hinata –interrumpió él, hallando que era más fácil terminar ahora lo que había comenzado–. ¿Aceptarías casarte conmigo?

La pregunta la pilló por sorpresa. La chica sintió sus mejillas ponerse extremadamente calientes, y sabía que en aquel momento debía estar extremadamente roja. Gruesas lágrima ascendieron a sus ojos a una velocidad increíble, escurriéndose a una velocidad increíble por su rostro antes de poder contenerlas. Hinata escondió su rostro con sus manos, mientras el repentino lloro no cesaba.

-¿Estás llorando? –Preguntó Sasuke, incrédulo y alarmado–. No tienes que llorar, no te voy a obligar a nada. Sólo tienes que decirme que no aceptas y todo bien, lo resolveremos de otra manera.

Incapaz de hablar, Hinata balanceó la cabeza negativamente varias veces.

-¿No te quieres casar? –Preguntó el chico, sintiendo como si un agujero se hubiese abierto en su pecho.

-No... –Dijo la chica com el rostro muy rojo, y bañado en lágrimas.

-No necesitas continyar llorando, ya entiendo que no quieres casarte.

-No es eso... Yo quiero –respondió ella, casi sin aliento.

-¿Entonces por qué lloras?

-Soy feliz.

Sin conseguir contenerse más, Sasuke agarró a la chica, enlazando su cintura y besándola de forma avasalladora. Hinata sintió el ansia del mercenario e intentó seguirle el ritmo de aquel beso caliente y rápido, mientras sentía su lengua siendo apresada por la del moreno y batallando con la suya.

-Sasuke –Llamó Hinata con sus labios aún apretados contra los del moreno–. Estoy sin aire.

Él separó sus labios de los de Hinata, y observó su rostro ahogado y rojo. Estaba hermosa y radiante.

-Di eso de nuevo -Pidió el Uchiha.

-Estoy sin aire… –respondió ella de forma confusa.

-Eso no. Di mi nombre.

-Sasuke... –balbuceó Hinata.

El corazón del chico pareció parar de latir durante un largo segundo, Su respiración se paró y su cabeza empezó a girar lentamente. Se sumergió una vez más en los labios de la morena, enlazando sus lenguas mientras sus manos rápidas y audaces subían y bajaban por su delicada espalda. Sin conseguir contenerse, enterró su rostro en la curva del cuello de ella, inhalando el delicioso aroma que su piel exhalaba, llevándolo a la locura.

-Hinata, yo te... –jadeó el chico, sintiendo como su cuerpo temblaba de emoción.

-Lo sé… –respondió ella, apretando el cuerpo del moreno contra el suyo. Mientras, sus manos apretaban fuertemente el cabello negro y despeinado de él-. Yo también.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Continuará...


Nota de autora: Yare yare, chicas, aquí está finalmente con un capítulo más de mi fic. Espero que os haya gustado como se desarrolla la historia y las sorpresas (sí, y que fueran sorpresas, ¿ne? xD). Particularmente, y en mi opinión fue un capítulo medio tanto de largada como de escritura, sin embargo, espero que os haya gustado.

Gracias por acompañar mi fic, y una vez más, disculpen la demora. Besos y Ja ne! :D

Nota de la traductora: ¡Holaaa! Siento muchísimo la demora, pero he estado en hiatus con esta traducción. Lo siento mucho, pero realmente me sentía agobiada por muchos asuntos, e incluso me pasó por la cabeza el dejar de escribir en general. Pero bueno, he vuelto a actualizar, como siempre, y ya me siento mucho más animada. Espero que os guste este capítulo, y perdonad si encontráis alguna falta de ortografía, etc... Voy demasiado rápido para darme cuenta, y no tengo casi tiempo para revisar el texto. ¡En fin, saludos a todas y muchísimas gracias por vuestros reviews!

Agradecimientos especiales a:

nadeshco. uchiha, pebhe-chann, Dark Amy-chan, MegumiYuu, Viicoviic, VillagexKonoha, Mina-san86, Kairi-sparda, Gaahina lovers, helen, angela-hinata, Inuneanne, LennaParis, Sabaku-no-Menny, adrifernan19, Lunita Urie, AlesSwann20, kaiser94, Le Petite Vicky, Mari-chan Uchiuga, Meilyn999, Shaaphithaa, Camila Nathair y Garis-Sama.

¡Cuídense y hasta la próxima! ^_^