Disclaimer: Naruto no me pertenece, pertenece a Kishimoto-sensei. ¡Kakashi será mío por toda la eternidad!
¡Buena lectura!
13
-¡Voy a matar a ese maldito Uchiha! –gritó una histérica Hanabi, al recibir la noticia de la boda y embarazo de Hinata.
La mayor de las Hyuuga sonrió dulcemente, observando la expresión de su hermana pequeña. Sabía que no sería nada fácil para Hanabi aceptar aquello, considerando la antipatía extrema que ella sentía por el Uchiha.
-Aquel maldito cretino, desgraciado ¿cómo osó? –berreó Hanabi mientras andaba de un lado para otro del cuarto.
-¡Hanabi! –Llamó Kurenai en un tono de voz impetuoso– esas no son palabras que deban salir de la boca de una dama.
La niña encaró largamente a su sensei de forma fría y demorada. Detestaba ser tratada como una chiquilla mimada a la que le llaman la atención a toda hora.
-Nee-chan –dijo Hanabi, corriendo hasta la cama y sentándose al lado de su hermana-. No puedes casarte con él. ¡No puedes casarte con el hombre que mató a nuestro padre!
Hinata observó el perfil afligído de su hermana menos, percibiendo que ella se sentía desamparada en aquel momento. Tenía que ser muy paciente.
-Hanabi... –Comenzó Hinata dulcemente, tomando las manos de su hermana pequeña-. Sabes que Sasuke-san no mató a nuestro padre, y aparte de eso, ya te expliqué que se desvinculó de aquel grupo de mercenarios llamado Akatsuki.
La Hyuuga más joven miró a Hinata con terquedad, no creyendo en ninguna de las palabras que acababa de oír.
-Aún así –continuó Hanabi, exasperada-. Sólo porque ese desgraciado te embarazó, no signigica que estés obligada a casarte con él…
Hinata enrojeció al oír como su hermana trataba de forma tan abierta su embarazo. En aquel momento, todas las personas del feudo debían estar comentando sobre ella y Sasuke, sobre su embarazo y su futura boda…
-Sabes que nadie me está obligando a casarme con él, Hanabi –Respondió Hinata, esforzándose para que su hermana la entendiese.
Hanabi puso una cara de profundo desagrado, y continuó la discusión:
-¿Cómo puede gustarte, Nee-chan? Después de todo lo que te hizo a ti y a nuestra familia.
-Conozco sus errores, Hanabi –Respondió simplemente-. También sé que él busca la forma de redimirse. Lo estás juzgando y condenando sin darle opción de defenderse.
Hanabi observó los ojos plateados de su hermana mayor. La mayoría de las personas podía juzgar a Hinata como una mujer débil y fácilmente manipulable, mas ella sabía que cuando su hermana estaba decidida, nadie conseguía hacerla cambiar de idea.
-¿No vas a cambiar de idea? –Preguntó tristemente Hanabi.
Hinata le sonrió a su hermana pequeña, en el fondo sabía que la única cosa que Hanabi deseaba era protegerla.
-No voy a cambiar de idea, estoy contenta con mi decisión.
Hanabi suspiró largamente, sabiendo que había perdido la batalla. Miró en dirección a su sensei, que tenía las mejillas pálidas y retorcía sus manos compulsivamente.
-Encuentro que no soy la única a la que no le gusta el Uchiha –Comentó Hanabi, refiriéndose a Kurenai.
-Hinata-sama –Dijo la mujer de orbes escarlatas-. No iré contra su decisión… viendo que está tan segura. Pero por favor, si ése hombre le hace alguna cosa no se lo piense dos veces antes de contármelo.
-¡Sensei! –Protestó Hinata – Sasuke-san no me hará ningún daño.
Hanabi y Kurenai intercambiaron miradas, como si no estuviesen muy seguras de eso. Hinata creyó que sería mejor ignorar el intercambio de miradas y la desconfianza de su hermana y su sensei contra su futuro marido. Encontró mejor opción cambiar de tema.
-Hanabi –Llamó la Hyuuga más mayor, sonriendo-, tengo que pedirte un favor…
La menor de los Hyuuga arqueó una ceja, teniendo un mal presentimiento sobre aquello.
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Sasuke y Naruto se encontraban sentados en los escalones frente a la mansión Hyuuga, conversando. El límpido cielo azul del comienzo de la primavera no tenía ninguna nube, y la brisa matinal balanceaba los cabellos del moreno y el rubio vagarosamente.
-¡Aún no me creo que te vayas a casar! –Comentó Naruto burlonamente-. ¿Dónde está aquel vengador frío e insensible?
-Cierra la boca, idiota –respondió un rabioso Sasuke.
El rubio paró con sus bromas y observó el perfil de su mejor amigo desde la infancia. Él había cambiado. A pesar que aún demostraba una apariencia fría y distante, parecía más calmado, más relajado, como si una tensión inmensa hubiese abandonado sus hombros. Sus ojos otrora negros y sin vida, exhibían una pequeña luminosidad que había percibido antes. Una luminosidad que venía directamente de los sentimientos que habitaban en su corazón.
El portador del Kyuubi suspiró y esbozó una pequeña sonrisa sincera. Había perseguido a Sasuke incansablemente durante todos aquellos años, buscando una forma de llevarlo de vuelta a la villa, buscando una forma de salvar a su amigo de las malas elecciones que les habían alejado una vez más… Pero falló. Falló miserablemente en todas sus tentativas. No había conseguido traer a Sasuke de vuelta al único lugar al que llamó hogar. Asistió a todo en la distancia, impotente, viendo a su amigo adentrarse en caminos tortuosos, viéndole transformarse en un mercenario asesino, sediento de dinero y sangre.
La culpa jamás le abandonaría, todas las que veces que posase su cabeza en su almohada, recordaría al amigo de infancia que había perdido. Por incapacidad, por cobardía. Se cuestionaría todas esas veces, echándose la culpa… Tal vez si lo hubiese intentado un poco más… Hablado un poco más… ¿Quién sabe si su amigo lo habría oído?
En una última tentativa, había seguido la pista que lo había llevado directo al feudo Hyuuga. Estaba decidido en que aquella sería la última vez que intentaría salvarle. Esperaba encontrar a un Sasuke irritado, frío, egoísta, como las últimas veces. Pero se sorprendió. Después de tantos años, el Sasuke frente a él parecía más que nunca su amigo de infancia. La esperanza brotó en su corazón, una esperanza que no dejaba de sentir desde hacía muchos años. Finalmente, después de tanto tiempo, podría volver a casa con Sasuke a su lado… ¡Necesitaba saber que había pasado o qué causó aquel milagro!
Entonces ella surgió por el pasillo, con pasos vacilantes, su largo cabello negro balanceándose alrededor de su cuerpo, su rostro parecido al de una muñeca de porcelana. Y ojos translúcidos, bellos, gentiles, angelicales… Y cuando Sasuke miró en dirección a Hinata, lo entendió todo.
El rubio no sabía explicarse a sí mismo lo que había sentido aquel día. Felicidad, tristeza, rabia, envidia… Todo se mezclaba, tornando su corazón una masa disforme e incoherente. Se sentía feliz, lógicamente. Era muy bueno ver de vuelta a aquel Sasuke que él juzgó como perdido, pero al mismo tiempo estaba triste… Triste por Sakura. A pesar de amar a aquella mujer que también era su mejor amiga, sabía desde siempre el amor que ella le procesaba a su amigo. Abandonó su casa, traicionó a su maestra, se alió con Akatsuki, exclusivamente para estar cerca del Uchiha, que continuaba ignorando su existencia. Y todo eso en vano. Porque el corazón de Sasuke ya era devoto a otra persona. Y en aquel momento Naruto sintió rabia de Hinata. Rabia de aquella mujer que había conseguido separarles definitivamente. A causa de ella, Sasuke nunca más volvería a Konoha, por culpa de ella Sakura sufriría, y él sabía que no podría hacer nada para aplacar aquella tristeza. A causa de Hinata su amistad con Sasuke no podría rehacerse.
Finalmente, el rubio se sintió avergonzado. Estaba siendo infantil, dejando sus sentimientos dominarle de aquella forma. Tenía envidia de Hinata, porque ella había conseguido algo por lo que él luchó su vida entera para alcanzar, y falló. Aquello nada más era su egoísmo.
Lo que realmente le importaba era que finalmente, Sasuke estaba salvado. Aunque él tuviese que volver a Konoha solo, una vez más sería feliz sabiendo que su amigo de infancia finalmente construyó un hogar para sí.
Sus ojos color zafiro buscaron el cielo azul de primavera, y su sonrisa se alargó abiertamente. Definitivamente, le debía muchas cosas a Hinata Hyuuga.
-¡Naruto! Idiota ¿me estás oyendo? –preguntó Sasuke, irritado.
-Hum… ¿Qué?
-¡Teme! –Exclamó indignado-. ¿Qué estaba haciendo como para no oír lo que te he dicho?
-Estaba pensando –Respondió Naruto con simplicidad.
-Entonces no lo hagas. Me asustas cuando piensas.
El rubio arrugó el entrecejo como si no le hubiese gustado aquel comentario, mas sus ojos azules continuaron brillando.
-¿Qué es lo que estabas preguntando, entonces?
-Te pregunté si quieres ser mi padrino de boda –Respondió un Sasuke cabreado e irritado-. Fue idea de Hinata…
-¡SASUKE! –gritó un eufórico Naruto, abrazando al moreno– ¡Claro que quiero! Ah, es por eso que adoro a Hinata-chan, créeme, no podrías haber escogido una mujer mejor, si no te fueses a casar con ella tentaría a la suerte…
La mirada asesina del moreno se posó sobre el rostro de Naruto, haciéndole callar.
La conversación de ambos fue interrumpida cuando una nerviosa Hanabi, con el rostro rojo y una mirada mortífera, salió de la mansión con pasos largos y decididos en dirección a Sasuke. Paró frente al mercenario, quedó en silencio durante algunos instantes, como si reuniese valor, y gritó con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡Te odio, Uchiha!, ¡Toda la culpa es tuya!
Sin decir nada más, la Hyuuga volteó para dentro de la mansión, desapareciendo por la esquina del corredor.
-¿Qué le pasó a esa niña esta vez? –Preguntó Naruto, interesado.
-Hinata debe haberle pedido que sea la madrina de la boda –Respondió el Uchiha-. Ella debe haber aceptado. Entonces Hinata le debe hber contado que tú eras el padrino.
Una risotada salió de los labios de Naruto, que se curvó de tanto reír. Entonces, sus ojos azules voltearon en la dirección por la que se había ido Hanabi.
-Sabes –Comenzó un rubio pensativo –Si ella no fuese tan joven, yo…
-Ni lo pienses –Le cortó Sasuke.
-¿Y por qué no, Teme?
-Porque no quiero el castigo de tenerte de cuñado.
&
Hinata abrió los ojos lentamente, percibiendo como la luz de la mañana invadía su cuarto, se acomodó aún más entre las sábanas, intentando recuperar el sueño perdido. Estaba casi volviendo a dormirse cuando un pensamiento llegó a su mente con claridad: Aquella era la mañana del día de su boda.
Levantándose de un salto, la chica de ojos plateados se sentó sobre la cama. Las sábanas quedaron esparcidas por el suelo en su eufórico despertar.
Algo helado se escurrió por el interior de su cuerpo, haciendo que su estómago le diese un vuelco. Era una completa tonta por sentirse tan nerviosa, se garantizó a sí misma. Mas, si era una tonta, ¿por qué diablos el nerviosismo no se marchaba?
Intentando aclarar su mente y calmarse, la Hyuuga se levantó, observando a su alrededor. Estaba completamente en orden a excepción de la cama donde durmiera.
Desde el día en que Sasuke comunicara su deseo de casarse con Hinata, Kurenai le había prohibido que durmiese en el mismo cuarto que ella. Para sorpresa de todos, él no contradijo esta decisión y se había cambiado al cuarto de huéspedes más próximo.
Durante la semana que siguió, todos los empleados del feudo se esforzaron en preparar la boda más rápida y hermosa que el País de Fuego hubiese visto jamás. El feudo fue adornado, limpiado y armado. Kurenai se transformó en la jefa de toda la organización, dejando a la mayoría de los criados desesperados por sus órdenes y exigencias casi tiránicas. Hanabi se encerró la mayor parte del tiempo en su cuarto ignorando a todos, demasiado irritada con todo lo que pasaba a su alrededor. Sasuke era visto la mayoría de las veces en compañía de Naruto, ambos paseaban por el lugar, la mayor parte del tiempo discutiendo, cosa a la que todos se habían acabado acostumbrando. Hinata sentía ansia por la compañía del moreno. Pasaba la mayor parte del tiempo siendo arrastrada de un lado a otro, con personas pidiendo su opinión para la decoración, la comida, la música, las ropas, o recibiendo consejos sobre bebes, y siendo mimada como una muñequita de porcelana. Quería decirles que no necesitaba absolutamente nada de aquello para casarse, pero todos estaban esforzándose tanto, que sabía que ni siquiera la escucharían.
Entonces pensó, mientras se vestía sola para ir hasta la cocina a tomar su desayuno: Era razonable, después de todo el trabajo que habían tenido que hacer para preparar aquella fiesta, que estuviese un poco nerviosa, ¿no?
Sin saber lo que pensar, abrió la puerta corredera y se encaminó a la cocina, inmediatamente el barullo de personas atareadas llegó a sus oídos, indicando que ella no era la única persona nerviosa aquel día.
La sala principal de la mansión Hyuuga estaba irreconocible: los muebles antiguos habían desaparecido, y en su lugar, ahora se encontraba una enorme mesa de caoba, que más tarde estaría repleta de manjares que se preparaban en aquel momento. Hinata caminó entre sirvientas que barrían, limpiaban el polvo y adornaban las ventanas con las primeras flores de la primavera. La luz del sol invadía las ventanas, exhibiendo la madera recién encerada del suelo. El nerviosismo de la Hyuuga creció.
Hinata finalmente alcanzó la cocina. A pesar de ser pronto aún parecía ser el lugar más animado y alborotado de la mansión. Ollas, perolas y cacerolas ya se encontraban en el fuego, expandiendo sus deliciosos aromas por todo el ambiente. Las mujeres se dividían las tareas, lavando platos, batiendo la masa de los panes, cortando los ingredientes de las recetas. Controlando la situación estaba una nerviosa Kurenai, repartiendo ordenes a todas.
Hinata se aproximó despacio y se sentó en la mesa, donde había un espacio relativo. Pensó en quedarse viendo las cosas durante un tiempo hasta que se calmasen, mas luego su presencia fue percibida.
-Hinata-sama -exclamó Kurenai–, que bueno que ya despertó. Le voy a preparar un gran desayuno. Va a tener un día muy ajetreado hoy.
El estomago de la chica cayó algunos centímetros de más al oír las palabras de su sensei. No tenía hambre, pero en menos de dos minutos, Kurenai ya le había preparado una taza de café acompañado de todos sus platos preferidos. Incapaz de rehusarse, ella comió un poco de todo.
-Después de terminar el desayuno –Dijo Kurenai- descanse un poco, lo tengo todo bajo control. La costurera traerá su vestido después del almuerzo.
-¿Puedo ayudar en algo, sensei? Parece que hay bastante por hacer.
-Ni lo pienses –respondió Kurenai–. Eres la novia y estás embarazada, tienes que estar bien para la fiesta. Cuando acabes ve a descansar.
Sin decir una palabra más, Kurenai se apuró de vuelta ala multitud de empleadas que continuaban trabajando arduamente.
Sin hambre, Hinata dejó su desayuno casi intocado y salió a los jardines de la mansión. Allí, más personas estaban trabajando, poniendo pequeñas mesas de madera por el lugar, las muchachas hacían coronas de flores silvestres que serían usadas en la decoración. Los niños corrían por el césped llenando el aire con sus carcajadas cristalinas. La imagen hizo que Hinata sonriera.
No iba a conseguir volver al cuarto y seguir sin hacer nada, supuestamente descansando. Tenía que haber que pudiese hacer para ayudar en la fiesta.
Hinata preguntó a las empleadas que estaban armando las mesas si podía ayudarlas, mas ellas le dijeron, sonriendo, que lo tenían todo controlado, y le agradecieron por su oferta. Con el grupo de chicas que hacían coronas de flores tampoco tuvo demasiada suerte, pues le dijeron que las coronas eran presentes que estaban confeccionando para ella, por eso no podía ayudar a hacerlas. Frustrada, Hinata se alejó y sentóse en los escalones de la entrada de la mansión. Todos parecían ocupados en sus tareas. Si ella tuviese algo que hacer, tal vez su nerviosismo disminuiría un poco. En ese momento, sus ojos perlados recayeron sobre la plata que estaba apilada de cualquier manera dentro de una bandeja de madera. Con certeza, nadie se molestaría si ella puliese aquellos objetos que estaban allí sin ninguna atención. Feliz por su descubrimiento, Hinata se aproximó al cuenco del suelo, en un lugar donde varias personas estaban transitando. Lo mejor sería sacarla de allí y llevársela a un lugar más tranquilo, donde podría hacer el trabajo de manera más tranquila. La Hyuuga se agachó y tomó la bandeja llena de plata en sus manos. Sólo eran un poco pesada, así que empezó a caminar. Pero algo llamó su atención.
-¡Hinata! –Gritó Sasuke a la chica, corriendo en su dirección-. ¿Qué piensas que estás haciendo cargando peso?, ¿Olvidaste que estás embarazada?
Inmediatamente, el moreno le quitó la bandeja de sus manos e hizo que se sentase en la silla más próxima. Con una mirada severa, Sasuke se arrodilló enfrente la ella, verificando si se encontraba bien.
-¿Qué estabas pensando hacer? –Preguntó el moreno por fin, más aliviado cuando se recuperó del susto.
-Iba a pulir esos objetos –Explicó la muchacha, sintiendo sus mejillas colorearse por el tono represor de Sasuke.
-Pero no tienes que hacer ninguna tarea. Eres la novia.
-Pero… -Comenzó ella lentamente-. Quiero hacer algo para ayudar en la fiesta.
Sasuke observó el rostro perfecto de Hinata, sus ojos perlados le miraban de una manera dulce, una mirada que arrasaba su corazón. No existía nada en el mundo que le pudiese negar cuando le miraba de esa forma.
-Cierto –respondió el Uchiha con un suspiro, sintiéndose vencido-. Mas, no quiero que carges nada que sea más pesado que una bandeja de té. –Aclaró, enseñándole una bandeja de té que estaba en la pila de plata.
La morena observó la pequeña bandeja de té de plate, sonriendo ante la exageración del mercenario.
-¿Me prometes que no vas a coger nada que sea más pesado que esto? –Preguntó insistentemente el Uchiha.
-Prometido.
Sus orbes perlados y los de color ónice se observaron durante largo rato. El corazón de la Hyuuga se disparó cuando la mano delgada de Sasuke se enlazó con la suya. Tenía tantas ganas de él que no conseguía expresarlo con palabras. Sólo le gustaría que aquel momento a solas durase indefinidamente.
-¿Estás bien? –Preguntó el moreno por fin.
-Lo estoy.
-¿Y el bebé?
Los labios de Hinata se curvaron en una sonrisa. Se sentía feliz.
-También está bien, no veo la hora en que comience a moverse.
La pálida mano del moreno se deslizó hacia el vientre de la chica, acariciándolo en círculos. Un nudo pareció formarse en la garganta de Hinata. Quería llorar, pero de pura felicidad.
-Me tengo que ir –Anunció el mercenario- antes de que el baka de Naruto venga tras de mí.
Sasuke se levantó, mirando largamente a la mujer. En un raro gesto, sus dedos subieron lentamente, acariciando el largo cabello de Hinata, y se curvaron, rozando delicadamente sus labios y mandíbula.
-Cuando el sol se esconda tras las montañas, serás mi mujer –La voz del Uchiha estaba ligeramente ronca-. Intenta no ponerte nerviosa.
Virándose, el moreno caminó por el jardín, yendo en dirección a la plantación de arroz y dejando atrás a una Hinata con las mejillas completamente rojas.
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Después del almuerzo, como Kurenai había prometido, la costurera apareció en el feudo, trayendo consigo un séquido de mujeres que serían las responsables de transformar a Hinata en una novia.
La chica fue arrastrada para dentro de un cuarto donde había una inmensa bañera de madera con humeante agua, varios tejidos esparcidos por todos lados, peines, cremas, y una infinidad de joyas y otras cosas que no consiguió distinguir. Allí fue bañada, su piel se perfumó con las cremas y sales de baño, sus largos cabellos lavados con eficiencia. Kurenai asistió a todo el proceso hasta un determinado momento, cuando dijo que iría a ayudar a arreglar a Hanabi, y después arreglarse ella misma. Dejó a Hinata sola con aquellas mujeres, sin saber que hora era, y cuánto tiempo iría a demorar todo eso.
Sus cabellos fueron peinados y recogidos con destreza en lo alto de su cabeza, su rostro maquillado, y sus labios pintados de carmín. Sus mejillas presentaban un leve tono rosado, sus pestañas quedaron voluminosas y alargadas, dejando su mirada aún más encantadora. La perfumaron, y a la hora de finalmente vestirse, su mandíbula cayó al ver el kimono más encantador que había visto en toda su vida. Era azul claro, así como un cielo de verano sin nubes, y en aquel cielo habían puntos blancos bordados, que daban la impresión que estuviesen cayendo lentamente en aquella inmensidad. Hinata se dejó vestir, percibiendo como la pieza se ajustaba a su cuerpo perfectamente. Sasuke tenía muy buen gusto.
Cuando Hinata se miró en el espejo, se sintió linda. El corazón le cabalgaba dentro del pecho, y la ansiedad la corroía por dentro. Quería encontrarse con Sasuke, quería más que nunca volverse su mujer.
El séquito de mujeres que la había preparado, condujeron a Hinata fuera de la mansión. El sol dorado empezaba aponerse por el oeste, tras las montañas, tiñendo el cielo con las más variadas tonalidades, que iban del rojo al rosa claro. El altar donde la boda iba a ser celebrarse, se había construido encima de una pequeña colina tras la mansión Hyuuga. Todos los invitados, la mayoría empleados del feudo, estaban sentados en sillas, dejando espacio para un pasillo en el medio. Llevaban sus mejores ropas, y sonreían, comentando lo bella que era la señora.
Hinata percibió entonces que estaba sola, parada en el comienzo del corredor, con todas las miradas sobre sí. Enfrente suyo, estaba el altar. Consiguió distinguir a su hermana pequeña al lado de Naruto. Hanabi estaba linda, usando un kimono rojo, el maquillaje de su rostro que llevaba le daba un aspecto más adulto. A su lado, el portador del Kyuubi usaba un kimono a medida, una blusa blanca de mangas largas que llegaban a sus muñecas, y sus pantalones eran rojos rubí. Parecía más un señor feudal que un shinobi. Al otro lado del altar, un poco más abajo, se encontraba Kurenai, que traía un kimono blanco sin ningún adorno, sus cabellos castaños recogidos en un moño a la altura de la nuca. Estaba al borde las lágrimas.
Sus orbes plateados se descolocaron al ver a la otra persona que estaba en el centro del altar. Su corazón saltó dentro de su pecho, como si acabara de dar una voltereta. Sasuke usaba un kimono negro, que adornaba perfectamente con su piel pálida y sus cabellos peinado, también negros. Estaba guapo e imponente. Hinata sintióse atraída por él, sus pies se movieron antes de que ella lo percibiese, caminando en dirección al mercenario. Era como si el mundo a su alrededor se hubiese desvanecido, sólo dejando a Sasuke enfrente, como si el único objetivo en su vida fuese alcanzarlo y no dejarlo partir nunca más.
Mientras caminaba los pocos metros que la separaban de Sasuke, Hinata pensó en su padre. Era irónico pensar en ese instante en que había perdido a la persona que más amaba en su vida, y no había conocido al Uchiha. Una puntada de tristeza le tocó el corazón al saber que su padre no estaba allí a su lado llevándola al altar, al saber que él nunca conocería al nieto que cargaba en su vientre.
El viejo monje llamado para celebrar la unión, habló llamando la atención de todos, sumiéndolos en el silencio. El sol aún brillaba en el horizonte, y la brisa nocturna ya danzaba por el lugar.
-Vamos a comenzar la ceremonia. -Dijo el monje decrépito, con voz pastosa pero audible.
Hinata percibió que el toque de la mano de Sasuke se intensificaba sobre la suya sabía que no era de nerviosismo. Con aquel simple gesto le estaba dando fuerza, dejándole claro que estaba a su lado. Haciéndole la promesa sin palabras de que siempre estaría con ella.
La joven cerró los ojos, sintiendo su corazón latir alegremente. Sus dedos se entrelazaron aún más con los del moreno. Hinata también deseaba estar siempre al lado de Sasuke.
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Hanabi estaba sentada encima de una de las colinas que circundaban el lugar donde estaba celebrándose la fiesta de boda de hermana mayor. La noche ya había caído, y habían encendido millares de velas al aire libre, junto a una hoguera enorme que iluminaba la oscuridad nocturna.
Abajo, las personas bailaban al son de la música de las flautas, lauds y tambores. Las copas estaban siempre llenas, y la comida agradaba a todos los paladares. La menor de las Hyuuga observó a su hermana danzar alegremente junto a uno de los empleados del feudo. Se sentía feliz al observar la felicidad de su hermana. ¿Entonces, por qué no estaba abajo, compartiendo la felicidad general?
Sus ojos se desviaron hacia la figura negra sentada cerca de la hoguera. Hanabi se podría sentir muy feliz por Hinata, pero jamás conseguiría simpatizar con aquel miserable de Uchiha Sasuke.
Pasos tras ella llamaron su atención. Se giró, sólo para ver a Naruto cargango una pequeña bandeja en sus manos y dirigiéndose hacia ella.
-¿No deberías estarte divirtiendo abajo, niña? -Preguntó el rubio, sentándose al lado de Hanabi y depositando la pequeña badeja sobre el césped.
-Ya te dije que me dejaras de llamar niña.
El portador del Kyuubi sonrió al ver la cara enojada de Hanabi, se sirvió algo de té y tomó una bolita de arroz, que devoró como si se estuviese muriendo de hambre.
-No quieres que te llame niña -Comentó Naruto-, pero sigues escondida aquí. Te puedo garantizar que Hinata-chan debe estar preguntando por ti ahora mismo.
-¿Y tú qué tienes que ver con mi vida? -Preguntó Hanabi, encarando a Naruto e irguiendo la voz-. No estoy en la fiesta porque no soporta al idiota de tu amigo.
-A mucha gente no le gusta Sasuke, no eres única, pero vas a tener que acostumbrarte, él ama a tu hermana.
Los labios de la joven se cerraron con fuerza, y se cruzó de brazos, volviendo a mirar la fiesta con expresión enfadada.
Los ojos color zafiro estudiaron el perfil de Hanabi: Definitivamente, aquella chica tenía personalidad.
-Me voy después de acabar la fiesta -Informó el rubio-. Estuve mucho tiempo fuera y no tengo más que hacer aquí.
-No tengo nada que ver con tu vida, -respondió Hanabi.- No sé por qué me estás diciendo eso.
-Es porque estaba pensando en ganarme un beso tuyo como despedida.
Hanabi miró al rostro del portador del zorro de nueve colas, incrédula. Él estaba sonriendo, pero al mismo tiempo parecía hablar en serio.
-Eres un idiota -Consiguió murmurar la chica tras el susto.
-¿Eso significa que no voy a ganarme un beso?
Hanabi ignoró la pregunta y continuó observando la fiesta. Hacía algo de calor, era por eso que sus mejillas se estaban calentando, no tenía absolutamente nada que ver con las preguntas estúpidas de aquel rubio.
-Bien –Continuó Naruto, cruzando los brazos detrás de su cabellera dorada-. Creo que será mejor así. Puedes ir a entregar mi beso a Konoha, ¿no crees?
Los ojos perlados de Hanabi encararon al hombre. Sus cabellos tenían un tono rubio fulgurante, sus ojos brillaban como joyas, y su piel bronceada adornaba perfectamente con todo el conjunto. Tenía que admitir, -para sí misma- que era muy lindo. Tal vez fuese por eso que su corazón estaba tan acelerado.
La mano derecha de Naruto subió lentamente, agarrando una mechó del cabello castaño brillante de de la Hyuuga, que escapaba de su peinado. La respiración de Hanabi se suspendió durante algunos segundos.
-Yo creo –respondió la chica, después de recuperarse-. que eres el mayor idiota que conocí en mi vida.
Una sonrisa alegre y zorruna se expandió por el rostro de Naruto.
-Y yo estoy seguro de que me vas a entregar ese beso en Konoha...
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Hinata giró alegremente en los brazos de un campesino. Sus piernas estaban blandas debido a haber permanecido bailando. La chica creyó conveniente parar, así que agradeció a su pareja de baile y fue en dirección a la gran mesa del jardín, llena de golosinas. Llenó para sí misma una copa de zumo, y bebió rápidamente, aplacando la sequedad de su garganta.
Miró a su alrededor y localizó a Sasuke, próximo a la hoguera. Sonrió y caminó en su dirección. Había una silla vacía al del mercenario, y Hinata la ocupó.
-No parece que te estés divirtiendo mucho -Comentó la Hyuuga.
-Sólo consigo divertirme cuando estás a mi lado. Pero parece que eres la mujer más requerida para bailar hoy.
-Disculpame -Respondió la chica, avergonzada.
-No tienes que disculparte –La voz del Uchiha era calma–, quiero que hoy te diviertas, sólo no te canses demasiado.
En ese momento, un grupo de niños se acercó, cargando algunas coronas de flores. Hinata sonrió, reconociendo a las chicas de aquella mañana. La chica de orbes plateados aceptó alegremente aquel sincero presente, y agradeció a todo, sonriendo abiertamente.
-Les gustas mucho -Comentó Sasuke, mirando las coronas de flores.
-Tú también. Has hecho un trabajo maravilloso en el feudo –Respondió la chica, sonriendo.
Hinata percibió que su elogio había dejado al mercenario sin alegría. Miró para las coronas de flores en su regazo y retiró de allí una flor silvestre de pétalos blancos.
-Sasuke –Le llamó.
El mercenario miró en dirección a Hinata y la vio inclinarse hasta él. Su delicada y suave mano colocó una flor blanca detás de su oreja derecha.
-Creo que no combina mucho conmigo -Comentó, alzando una ceja.
Hinata sonrió al oír aquello. De repente la musica agitada y alegre fue substituida por una más calmada. Antes de que pudiese percibirlo, su mano estaba entrelazada con la de Sasuke, que la llevaba hacia el centro del jardín.
El moreno la colocó frente a sí, y enlazó su delicada cintura, haciendo que sus cuerpos se rozasen de tan cerca que se encontraban. Con el rostro rojo, Hinata deslizó vagarosamente las manos por la espalda del chico, posándolas en sus hombros. Aquellos ojos negros continuaban hipnotizándola.
-He esperado toda la noche para bailar contigo... -Murmuró Sasuke, mientras conducía a Hinata a la perfección, al son lento de aquella música.
La chica de orbes plateados sonrió dulcemente, y apoyó su cabeza sobre el pecho del moreno. Se sentía tan bien estar allí, oyendo su corazón latir a un ritmo ininterrumpido, aspirando el aroma masculino que solamente Sasuke poseía.
La música siguió, y Hinata no notó que muchas parejas se habían formado por todo el jardín. Sus ojos estaban cerrados, y ella sólo se sentía protegida y segura en los brazos de él. Sus lugar era exactamente allí donde estaban.
-Creo que será mejor irnos a descansar -Comentó Sasuke, después de que la pieza acabase-, no debes abusar.
Hinata asintió con un meneo de cabeza, la fiesta ya se arrastraba hasta la madrugada. Realmente, se estaba haciendo tarde.
-Voy a llamar a Kurenai para que te ayuda a desvestirte.
-No hace falta -Respondió la joven, tomando la mano de Sasuke y deteniéndolo-, puedo desvestirme sola para dormir. A parte de eso, déjame aprovechar la fiesta. Vamos a salir de aquí sin que nadie lo note.
-Por mí estará bien -Concordó el Uchiha.
Sasuke condujo a Hinata lejos de la fiesta, dieron la vuelta hasta la puerta principal de la mansión Hyuuga, que a pesar de estar iluminada, se hallaba silenciosa. Los pasillos del lugar estaban bañados sólo por los rayos de la luna creciente. Hinata sentía ahora el cansancio abatir su cuerpo, pero a pesar de eso, se sentía muy feliz. Sasuke la llevó hasta el antiguo cuarto de su padre, que ahora sería que cuarto de ellos como marido y mujer.
El ambiente estaba completamente adornado: Había flores en bellísimos jarrones esparcidos por todo el lugar. En la chimenea el fuego crepitaba alegremente, y la luz de las velas bañaba la habitación con una luz dorada. El gran dosel de la cama estaba arreglado con flores y tejidos ricamente bordados. Las ventanas abiertas daban al jardín, dejando que el aire nocturno entrase, mezclándose con le olor del incienso. El sonido de la fiesta llegaba de forma continua y ahogada. Hinata sabía que la fiesta duraría hasta el amanecer. Las manos de Sasuke se posaron levemente en los hombros de Hinata.
-Kurenai-sensei se superó arreglando este cuarto –Comentó la chica.
Sasuke asintió, quitó las manos de los hombros de la chica y fue en dirección a la enorme cama, comenzando a desarma las sábanas y edredones.
-Cámbiate Hinata, necesitas descansar.
Asintió y desapareció tras un antiguo biombo, la única nueva adquisición del cuarto.
El moreno se desvistió allí mismo, quedándose sólo con las ropas que traía debajo. Iba a ser una tortura estar al lado de Hinata durante toda la noche y no poder probar ese cuerpo perfecto. Pero ella estaba embarazada, y aquel acto podría hacer mal al bebé. Por eso, independientemente de cualquier otra cosa, tenía que controlarse.
Conforme, subió a la cama, poniendo las sábanas sobre sus piernas. El biombo era grueso, por eso no conseguía ver la silueta de ella.
-Hinata, ¿necesitas ayuda? -Preguntó el Uchiha.
-No, ya está.
Sasuke sintió su boca quedar inmediatamente seca, cuando Hinata se paró frente a él. Por lo visto, la tortura sería mucho peor de lo previsto.
La chica de ojos plateados vestía una camisola muy reveladora, el tejido etéreo y transparente hasta los pies, amoldándose a sus piernas bien torneadas, el escote profundo rebelaba sus firmes senos. La imagen hizo que el cuerpo del mercenario se tensase al momento.
-¿Puedes ayudarme a deshacerme el peinado? -Preguntó la chica inocentemente.
El moreno asintió, intentando controlar sus nervios. Hinata se sentó en la cama, a su lado. Las manos de Sasuke se deslizaron por el cuello delgado de ella y subieron por la masa de cabellos sedosos; en instantes una gran cascada descendia por los hombros y las espalda de Hinata.
-Gracias –Agradeció.
Hinata dio la vuelta a la cama y comenzó a acomodarse al lado del mercenario, que estaba cada vez más rígido. La joven se aproximó a Sasuke y apoyó la cabeza sobre su hombro. Su mano delgada se quedó sobre el tórax musculoso del moreno. Sasuke sintió un escalofrío nada inocente cuando el muslo de Hinata rozó la suya. Definitivamente, no conseguiría dormir de aquella manera.
-Sasuke –Llamó la joven dulcemente, tras un leve silencio.
El chico miró en dirección a Hinata, y sus ojos se desviaron hasta el profundo escote , sus senos sobresaltaban cada vez que ella respiraba. Aquello era mucho más de lo que podía soportar. No percibió lo próximo que estaba de la Hyuuga, solamente se dio cuenta cuando aquellos labios rosados capturaron los de él en un beso para nada casto. Hinata mordisqueo su labio inferior, haciendo que su cuerpo hirviese de deseo. Las piernas de ella le rozaban, dejándole aún más excitado... El Uchiha perdió completamente el control cuando la lengua de Hinata invadió su boca, y soltó un pequeño gemido.
Sasuke agarró su delgado cuerpo y lo inmovilizó bajo el suyo, profundizando el beso, explorando todos los rincones de su boca, dejando que sus lenguas se enroscaran con ferocidad. Él sentía los senos de Hinata presionados contra su tórax, llevándole a rallar la desesperación. El mercenario interrumpió el beso, usando su última gota de sanidad, y observó el rostro ahogado de ella, sus ojos plateados oscurecidos debido al intenso deseo.
-Kami-sama, Hinata –La voz del moreno era ronca– ¿Qué intentas hacer?
Las mejillas de la Hyuuga quedaron aún más rojas cuando respondió:
-Seducirte.
Los ojos color ónice demostraron espanto, pero luego una pequeña sonrisa brotó en los labios del mercenario.
-No necesitas hacer nada para seducirme, aparte de existir.
La morena sonrió y deslizó una de sus manos hacia la nuca del chcico, haciendo una pequeña caricia en esa región. Sintió como el cuerpo de él se ponía rígido.
-Cree en mí -Explicó el Uchiha-, no existe cosa que desee más que tomar tu cuerpo entero para mí en este momento, pero el médico que llamé aún no ha podido venir a verte. No pretendo arriesgarme haciendo nada que perjudique al bebé.
-Pero Sasuke, hoy es nuestra luna de miel...
-Lo sé –Respondió el moreno, frustrado–, pero ya me decidí. Por eso no intentes seducirme hoy, o no me responsabilizo de mis actos.
-Está bien –Asintió la chica.
-Cuando el médico te examine y diga que no tienes ningún problema, me podrás seducir cuanto quieras.
Hinata le sonrió al mercenario, y éste salió de encima suyo y la arrimó a él. Una vez más, la cabeza de Hinata reposó sobre el hombro del moreno, al mismo tiempo feliz y frustrada con la preocupación de Sasuke.
La mano bien hecha de Sasuke subió hasta el rostro femenino, y lentamente comenzó a acariciarlo. La chica de orbes plateados sintió sus párpados cada vez más pesados, mientras cedía lentamente al cansancio.
- Duerme, descansa –Murmuró Sasuke a su oído–. Voy a estar aquí por la mañana...
Hinata dejó que el sueño la inundase, mientras se acomodaba en el cuerpo de Sasuke, oyendo los latidos de su corazón…
Continuará...
Nota de autora: Yare chicas. Aqui está otra entrega de mi humilde fic. Espero que os haya gustado a pesar de haber sido un capítulo corto y con pocas emociones. Quería disculparme por la demora, mi madre se va a operar la semana que viene, por lo que estoy muy atareada, por lo menos hasta el próximo mes. Espero que podáis ser comprensivos.
¡Gracias una vez más por todos los maravillosos reviews que recibí!
Nota de la traductora: ¡Ei!, ¿Cómo va? Perdón por la demora, pero estuve centrándome en otros fics, y se me fue el tiempo, aparte, de tan largos los capítulos se me hace bastante pesada la traducción. Y bueno, aparte de eso, espero que os haya gustado este capítulo. No tengo nada que comentar, excepto cómo tratan a Hinata: No es una inútil, sólo está embarazada xD. Alguien se lo tendría que decir a esa pandilla de buena gente. Lo que más gracia me hizo del capítulo fue el final, con eso de "Seducirte". ¿Quién iba a decirlo de Hinata, tan tímida? Otra cosa que me llamó la atención en este capítulo fue la pareja Naruto/Hanabi. Me parece que me ha comenzado a gustar, jeje. En fin, ¡besitos a todas, saludos! ^_^ ¡Hasta la próxima!
Agradecimientos especiales a:
Gaahina-4e, Viicoviic, LennaParis, Gaahina Lovers, , Helen, SabakuNoMenny, Lia Du Black, Mina-san86, Adrifernan19, Vegetapr69, Mari-chan Uchiuga, DarkAmy-chan, CarrieClamp, Sloth-hyuuga, Layill, Meylin999, Flordezereso y Akanne Hygurashi.
