Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei.
14
Sakura caminó con pasos vacilantes y cortos hacia la pequeña casa localizada en el centro del país del agua. Abrió la puerta corredera sin siquiera esperar a que ningún criado la ayudara, tiró allí mismo los zapatos sucios y embarrados del viaje, así como la capa de nubes escarlatas cubierta de porquería. Definitivamente, el verano era una estación insoportable.
Sentía la falta de los vientos amenos y cálidos de la primavera. Aquel calor insoportable, el aire estancado, hacían que su paciencia, ya de por sí escasa, desapareciese por completo. Necesitaba descansar. Acababa de volver de una misión difícil, y muy larga... Tal vez pudiese quedarse allí, en aquella casa durante algún tiempo, recuperándose. La villa estaba alejada y poco poblada. Sabía cuánto precisaba de sosiego y tranquilidad, principalmente en aquel momento.
Caminó por el largo pasillo mal iluminado, el marmol negro bajo sus pies estaba helado, y era tremendamente refrescante. El silencio era bienvenido a sus oídos, así como la ausencia de cualquier persona en su camino. Paró frente a la puerta de su cuarto provisional. Todo se encontraba completamente arreglado cuando entró. Se sintió un poco mejor. Inmediatamente tuvo necesidad de tomar un largo y perfumado baño para que aquel calor infernal se amenizase un poco. Dejó sus cosas de cualquier manera en la entrada de la habitación, y con un pequeño Jutsu, encendió un alegre y crepitante fuego en la chimenea de piedra. La luz anaranjada iluminó el lugar, alargando las sombras en las paredes inmaculadamente blancas.
Sakura rodeó la cama enorme, y tomó de una mesa de madera sencilla, una campana de oro pequeñas, que hizo sonar tres veces y esperó hasta que llegó un criado a atenderla. Sus ojos esmeralda vagaron alrededor de la sala y se posaron en el espejo circular sobre la chimenea. Su reflexión era horrible. Los ojos verdes tenían un brillo enfermizo, y alrededor de ellos se encontraban unos visibles anillos púrpura, que le daban un aire cansado. Estaba delgada, la piel parecía estar estirada sobre su rostro, extraña. Su tono de piel era más pálido que de costumbre, casi transparente. Era la imagen de una mujer acabada...
Cerró los ojos con fuerza, incapaz de enfrentarse a su propio reflejo, se aseguraría de que ese espejo fuese retirado de allí tan rápido como fuera posible. Le dio la espalda a la chimenea, abriendo los ojos una vez, y encontrándose esa vez con un portarretratos sobre la cómoda al lado de su cama. Trató de contener las ganas de tocarlo, pero fue vencida miserablemente. Sus dedos delgados se apoderaron de la delgada y pequeña foto enmarcada. Su corazón parecía crujir dentro de su pecho.
Él no sonreía en la foto. Incluso en aquella época, era difícil para Sasuke sonreír. Su rostro tenía una expresión enojada y de mal humor. Junto a un alegre Naruto, una infantil Sakura, y un misterioso Kakashi, había un gran contraste. En la imagen, sus ojos verdes estaban clavados en la figura de Sasuke, y no parecía ver a sus demás compañeros de equipo. La única cosa que sus ojos siempre estaban mirando eran a Sasuke.
Para Sakura, el Uchiha había cambiado muy poco con los años. Aún tenía la misma mirada fría y distante, y aquella expresión de profundo desagrado que siempre usaba para mirar a la gente... Externamente, seguía siendo el mismo. Demostraba ser el misma... Así que, ¿por qué ella había perdido? ¿Cuándo fue que aquella distancia insuperable había aparecido entre los dos?
Las uñas de Sakura se clavaron en el portarretratos de madera, soltando algunas astillas. No lo podía entender. ¿Dónde había fallado? Lo había hecho todo por él, abandonó su vida, traicionó a su pueblo, le siguió sin descanso. ¿Qué más podía haber hecho para demostrar que lo amaba? ¿Qué más podría desear Sasuke?
Aquellas preguntas martillearon en su cerebro, dejándola mareada y con náuseas. Había olvidado incluso la última vez que comió algo? No lo sabía y no hacía la diferencia. No tenía hambre. No tenía sed. No sentía nada. Sólo un malestar permanente que no la abandonaba.
No podía aceptar que el amor de su vida se había casado. Y que pronto sería padre.
Recordó todas las otras veces que Sasuke la buscó, nada más noches donde ambos habían permanecido juntos, sin ningún compromiso o promesa de por medio. Tenía la esperanza de que actuando de aquella manera, un día él volvería por voluntad propia y le ofrecería todo aquello que tanto ansiaba.
Nunca quiso presionarlo. Sabía muy bien que ningún tipo de presión funcionaría con el Uchiha. Exactamente por ese motivo había abortado a dos hijos concebidos por él. Hijos de los que él nunca sabría la existencia. Si ella hubiese dicho que estaba embarazada, Sasuke la habría humillado, repelido. Y nada podría haber sido peor que ser ignorada por él. Se prometió a sí misma ser paciente , cuando él finalmente la desease y realizase todos sus deseos, entonces ella le haría el hombre más feliz del mundo, y le daría todos los hijos que quisiese.
Pero toda la espera, toda la esperanza y el esfuerzo fueron en vano. Sasuke se casaría con otra mujer, otra mujer que estaba embarazada... Sintió que su cuerpo se llenaba de odio cuando pensó que todos sus sueños se estaban realizando a manos de otra persona: Hinata.
El rostro de la mujer de cabello negro y orbes plata apareció muy claramente en su mente. La odiaba con todas sus fuerzas.
Simplemente no lo entendía. Cómo una desconocida, una don nadie había ganado a Sasuke, «su» Sasuke. No podía dejar de compararse con ella. ¿Qué tenía de especial? ¿Por qué Hinata sí y ella no?
Los dedos de Sakura soltaron el marco lentamente y la imagen cayó al suelo con un ruido sordo. Si seguía así se volvería loca. Su vida estaba totalmente destruida. Sólo tenía sus deseos, y en todo lo que podía pensar era en Sasuke. Le necesitaba desesperadamente; más que nunca.
Quería hacerle recordar que todavía existía, y que después de todo le amaba. Siempre le amaría. Si sólo hubiera dado a luz a un hijo de Sasuke, entonces podría utilizarlo. Chantajearlo. Atarlo a ella de alguna manera. Pero no había ningún niño. Estaba sola. Y seguía así, sin ningún hijo, sin amor, y si continuaba de aquella manera sin un futuro.
Los ojos esmeralda recorrieron la habitación en busca de una solución, una salida. Debía hacer algo, cualquier cosa. ¡No podía renunciar, tenía que separarlos de alguna manera!
La puerta corredera de la habitación se abrió, anunciando la entrada de una criada. Sakura miró a la mujer, tratando de entender lo que estaba haciendo allí. Había olvidado que la había mandado llamar ella misma. La joven de cabellos rosado hizo caso omiso de la presencia de la criada, y salió al pasillo disparada. Su ritmo rápido pronto se convirtió en una carrera desenfrenada, llevándola por pasillos con poca luz, sin prestar atención a nada más, se adentraba más y más a la oscura casa. Sakura se detuvo en la puerta del dormitorio de la persona que buscaba. Tenía que estar allí.
La joven abrió la puerta corredera con un sonido fuerte. Sus ojos claros tardaron en acostumbrarse a la oscuridad del ambiente.
-¿Puedo saber qué tan importante es tu visita, como para entrar en mi habitación sin llamar? - La voz de Deidara surgió de la tinieblas.
-¡Me lo prometiste, Deidara! -Gritó Sakura- Me dijiste que los separarías, y hasta ahora no has hecho nada para que eso suceda.
Se materializó frente a la Haruno con su cabello rubio y su característica imponencia, y una de sus manon, blancas y fuertes, voló hasta el cuello de la joven de orbes verdes, que sintió su cuerpo apretado contra la pared tras de ella.
-Eres patética -Susurró, mirando directamente a Sakura-. Mira en el estado que estás por ese Uchiha. No tienes ni una onza de autoestima, examinar el estado que es, porque de ese Uchiha. No tienes autoestima ni orgullo.
-¡Cállate! -Sakura gruñó, tratando de librarse de aquellas garras de hierro, que estaban posadas en su cuello.
Deidara aumentó la presión sobre el cuello de la Haruno, la chica sintió que el aire dejaba su cuerpo con rapidez. Se estaba ahogando. Trató de lucha para librarse de ese contacto, pero sus movimientos eran lentos, demasiado débiles.
- ¿Quién crees que eres para venir a mi habitación, sin ser invitado, a cobrarse algo?
-¡Me lo prometiste! Llegamos a un acuerdo -Sakura trató de controlar las lágrimas que se estaban concentrando en sus ojos. Su voz se ahogó debido al apretón del Akatsuki.
Deidara soltó el cuello de la Haruno, que se dejó caer sobre el suelo. La muchacha respiró con fuerza, tratando de aclarar sus pensamientos mientras el aire regresaba a su pulmones.
-Yo siempre cumplo mis promesas -informó el rubio, mirando a Sakura-. Estoy esperando el momento oportuno para actuar.
-¿Y no crees que ya pasó demasiado tiempo?
Deidara le dio la espalda a Sakura, que lo siguió con la mirada. La chica sintió que su cuerpo todavía temblaba, y no sabía si podría sostenerse en pie si lo intentara. El mercenario tomó asiento en una gran sillón con respaldo color jade.
-Eres muy impaciente, Sakura -Dijo Deidara en voz baja.
-Y tú también deberías serlo. ¿No sabes que tu querida Hyuuga está casada y esperando un hijo?
La mirada del hombre brilló en la oscuridad cuando respondió.
-Ninguna de esas cosas son un problema para mí.
-¿Aún la quieres? ¡A pesar de todo! ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? -Preguntó Sakura, incrédula.
Los labios finos y rosados del mercenario se cerraron en una fría sonrisa cuando dijo:
-El odio es una herramienta poderosa, pero sólo cuando se tiene la paciencia suficiente para esperar el momento adecuado para usarlo.
Los ojos de esmeraldas de Sakura se abrieron. Trató de -con gran esfuerzo- ponerse de pie, pero tuvo que sostenerse a la pared.
-No lo entiendo -Murmuró para sí misma más que para Deidara-. ¿Vale la pena todo esto? ¿Sólo por Hinata vale la pena esperar todo esto, tanto esfuerzo?
-Lo vale. Eso y mucho más -respondió el Akatsuki.
Sakura se volvió hacia Deidara, mirándole con los ojos llenos de odio.
-¿Por qué? ¿Qué tiene ella de especial? -Exigió saber, gritando.
-Algo que nunca has tenido y nunca tendrás.
-¿Y qué es? ¡Cuéntame! -Preguntó Sakura histéricamente.
La sonrisa del rubio se hizo aún más grande mientras veía a la patética mujer ante él. Sakura se dio cuenta de que no iba a responder. Apretó sus puños con frustración.
-Vete Sakura, estáte tranquila -dijo él-. En el momento adecuado, Sasuke será libre de nuevo...
&
La patada golpeó el abdomen de Sasuke antes de que éste pudiera defenderse. Una maldición salió de sus labios mientras se masajeaba la parte dolorida. Odiaba cuando Hanabi se obstinaba en luchar en serio.
-¡Vamos, Uchiha! ¿No que eras un genio, desgraciado? -Gritó la hermana menor de Hinata, con júbilo.
Sasuke se puso en pie, mirando enojado a Hanabi. Nunca le perdonaría a Naruto haberle dado esa idea estúpida de ella.
-Hanabi, llevamos luchando desde hace tres horas. Está oscureciendo.
-¿Estás huyendo de nuestra pelea! - Respondió la joven Hyuuga- Tengo que entrenar si voy a alistarme en el ejército de Konoha, quiero estar preparada.
-Pero ya estás luchando muy bien -respondió el mercenario, exasperado.
El derechazo de Hanabi se hizo esperar, lo que dio tiempo para que Sasuke pudiese esquivarlo, pero el siguiente golpe, venido desde la izquierda, lo golpeó, cortando su labio de inmediato. La maldita niña era zurda.
-Todavía no tengo suficiente -dijo Hanabi, a la defensiva-. No voy a ser capaz de avanzar si siempre te frenas al golpearme.
-¡No voy a pegarte, Hanabi! ¿Me he explicado claramente? -A Sasuke no le quedaba paciencia.
-¿Por qué no? -Preguntó la Hyuuga socarronamente.
-Porque Hinata me mata si lo hago.
El color de los ojos de Hanabi se oscureció debido a su molestia. Sasuke dejó escapar un suspiro de frustración. Nunca podía estar enfadado por mucho tiempo con esa mocosa.
-Hanabi -comenzó el mercenario- ¿Por qué no vas detrás de Naruto a pedirle que sea tu sensei?
-¿Yo ir detrás de ese burro rubio? ¡Nunca!, ¡La próxima vez que nos veamos, le voy a retar a un duelo, y le ganaré!
Sasuke trató de no sonreír ante la confianza de la niña frente a él. Quería ser más fuerte que el futuro Hokage de Konoha, el Kyuubi. Tuvo que admitir que ella tenía un ego extraordinario.
-¡Pero si no puedo avanzar en mi formación, es por tu culpa! -Seguía gritando Hanabi- ¡Todo el mundo sabe que tú y Naruto tienen la misma fuerza, por lo que si yo gano voy a ganarle a él también! Pero nunca has luchado en serio conmigo!
Realmente su ego era impresionante, se dio cuenta Sasuke. También se sentía capaz de vencerlo a él: Sasuke, portador del Sharingan, Akatsuki mercenario. Casi sentía que quería tener una lucha seria con ella, sólo para demostrarle lo contrario. Pero él sabía muy bien que Hinata nunca le perdonaría si tocaba una sola hebra de que el cabello. Y nunca haría nada para disgustar a Hinata.
-Te he dicho que es suficiente por hoy -Anunció el Uchiha.
-Cobarde -Espetó Hanabi.
-¡Hanabi-sama! -Llamó Kurenai, acercándose a ellos, procedente de la mansión -Estos no son modales para tratar a Sasuke-san.
Los ojos de la joven Hyuuga brillaron, y Sasuke se dio cuenta de que estaba salvado por la campana. Se sentía feliz de ver a Kurenai. El ama de llaves era la única capaz de controlar el mal genio de Hanabi.
-Vine a avisaros que en breve la cena será servida -La voz de Kurenai sonaba controlada, como siempre-. Creo que ya entrenaste suficiente por hoy, Hanabi-sama, ve a tomar un baño.
Hanabi miró con desdé a Sasuke y comenzó a caminar de vuelta a la mansión, desenrollando las vendas de sus manos. Después de tres horas, Sasuke al fin pudo suspirar de alivio.
-Está cada vez más imposible -Comentó Kurenai.
Sasuke asintió con un movimiento de cabeza. Su labio inferior comenzaba a doler.
Kurenai le entregó al Uchiha una toalla que él no había visto que ella trajera anteriormente. El chico se sintió agradecido por aquello. Los primeros días de verano estaban siendo extremadamente calientes y secos. Sasuke se secó el sudor del rostro y el cuello. Necesitaba un baño urgente.
-Sé que no lo parece, pero a Hanabi-sama le gustas mucho -Comentó Kurenai.
-Ella realmente tiene un modo bien diferente de demostrar eso -Respondió Sasuke, pasado su índice por el labio herido.
-Ambas gustan mucho de ti, tal vez yo deba hacer lo mismo -Dijo ella, tras un largo silencio.
Los ojos del mercenario voltearon en dirección a Kurenai. El ama de llaves le había odiado desde el momento en que él había puesto los pies en el feudo Hyuuga. Oír aquello era realmente una verdadera sorpresa para él. Kurenai sonrió ante el espanto de Sasuke, y él percibió que sonriendo, ella parecía mucho más joven. Aquella imagen hizo que recordase algo hace mucho tiempo olvidado. Algo enterrado en el pasado.
-Lo siento mucho -Murmuró Sasuke- Por Asuma.
Los ojos escarlata de Kurenai casi se salieron de sus órbitas, mientras su rostro perdía el color.
-Mi clan ya había sido exiliado cuando recibimos la noticia de su muerte... -Explicó el Uchiha-. No le conocía muy bien, pero... -Las palabras de Sasuke se fundieron; no sabía qué decir.
-Entiendo –respondió Kurenai, bajando el rostro.
Asuma había sido el único amor de su vida. Encontrarlo había sido una coincidencia del destino. Supo desde el primer instante que él era un shinobi, y aún así, ella, siendo una simple sirvienta del feudo, le amó. Tal vez hubiese sido arrogante, por haber guardado un sentimiento como aquel por alguien de una estirpe tan superior a la suya. Pero no sentía ningún remordimiento en su corazón.
-Nuestro hijo está en Konoha -La voz de Kurenai era baja, repleta de sentimientos, se mezclaba perfectamente con el sol que se ponía tras las montañas-. Recibí una que otra foto de él. Dicen que es un chico excelente. Me siento feliz y orgullosa.
-Entiendo –respondió Sasuke, sin saber que más decir.
-Es mejor que entremos -Comentó la mujer, cambiando de tema- Si no, no tendrás tiempo de tomar un baño.
Sasuke asintió con un meneo de cabeza, y comenzó a caminar de vuelta a la mansión.
-Sasuke –Llamó Kurenai cuando el chico ya estaba a cierta distancia. Se giró para mirarla.
-Gracias –dijo ella-. A pesar de todo, has cuidado muy bien de las dos personas más importantes de mi vida.
El mercenario no respondió- Se giró y continuó caminando de vuelta a la mansión. Talvez, a Kurenai no le acabaría de gustar nunca, pero sabía que aquella mujer merecía realmente su respeto.
&
Los pasos de Sasuke sonaron en el impoluto suelo de madera. La mansión aún conservaba en sus paredes el calor del día, pero la noche llegaría, dejando el lugar fresco y agradable. Realmente necesitaba un baño, mas antes pasaría por el cuarto para verla un poco más.
Recorrió el largo pasillo que llevaba hasta la habitación. Paró frente a la puerta correderay la abrió muy lentamente. El cuarto estaba bañado por la luz anaranjada del crepúsculol que entraba por la ventana desde el Oeste. La chimenea estaba apagada y limpia, y todo olía levemente a lavanda. Sus ojos ávidos buscaron a Hinata. Ella no percibió que él la observara.
Estaba sentada en suelo, sobre la alfombra. Vestía un largo y suelo vestido blanco, su camisas. Sus gestos eran lentos y delicados. Permaneció duranto un largo rato sólo observándola, hasta que el deseo de tocarla fue mayor. Sasuke se trasladó con cuidado, intentando no hacer el más mínimo ruido. Fue tan cuidadoso que ella no notó su aproximación. En pie tras ella, el moreno se agachó y sus largos mechones de cabello, Hinata viró la cabeza y sonrió en silencio para él. Sasuke retiró la mano de los cabellos y acarició su rostro, con lo que la faz pálida de ella se tiñó lindamente de rosado, mientras sus ojos plateados brillaban. La mirada de Hinata recorrió el rostro de él, hasta que se concentraron en el corte que exhibía en su labio. Frunció el entrecejo, preocupada.
-Hanabi está yendo demasiado lejos con esta historia del entrenamiento -Comentó la mayor de las Hyuuga.
-No te preocupes –Respondió el Uchiha sentándose a su lado y dándole una discreta sonrisa torcida-, es sólo un arañazo.
-Ella te ha estado arañando demasiado en toda esta semana.
-Eso es porque la estoy dejando -Se defendió el mercenario.
-Lo sé -Respondió Hinata, sonriendo.
-¿Y tú qué haces? -Preguntó el moreno.
-Cosiendo algunos botones de tu camisa. Tienes una habilidad espantosa para perderlos.
El chico intentó no reír del comentario, sabiendo que era verdad. Alejó delicadamente las manos de Hinata, y posó la suya sobre el vientre de la joven. Esperó ansiosamente un movimeinto, por menor que fuese. Su corazón entraba en éxtasis cuando esto sucedía.
Hinata posó su mano derecha sobre la de él, diciéndole:
-Será pronto...
-¿Por qué crees eso? -Preguntó el Uchiha, interesado.
-Ya completé los nueve meses. Será en cualquier instante, intenta no sentir ansiedad.
Sasuke asintió y retiró la mano del vientre de Hinata, un poco decepcionado por no haber sentido nada.
-Necesito tomar un baño -Anunció el Uchiha-. Kurenai ya me avisó que la cena estará servida pronto.
-Ya estoy terminando con esto -Respondió Hinata, refiriéndose a la camisa.
Sasuke la abrazó con cuidado. Hianta descansó su cabeza en la curva del cuello del chico, y éste inhaló el dulce aroma de los cabellos de su esposa, depositando un beso sobre estos. El hecho de que su labio había ardido como el infierno fue simplemente ignorado.
El Uchiha cerró los ojos, saboreando aquel momento de paz en silencio. Estaba tranquilo. Tranquilo y feliz. Después de un día exhaustivo de trabajo nada podía superar el placer que sentía al tener a Hinata entre sus brazos. Tener la certeza de que todos aquellos momentos no eran parte del mundo de los sueños, más si de su realidad.
Definitivamente, él no podría desear nada más.
&
Hinata despertó en medio de la noche. Sintió su cuerpo dolorido y rígido, y no supo por qué. Percibió entonces que estaba cubierta por una fina capa de sudor helado. Un dolor agudo le traspasó el vientre, y enseguida sintió sus piernas mojadas, así como la sábana. La bolsa se había roto. La chica de ojos plateados intentó calmarse, respiró hondo aferrándo con fuerza la sábana de su cama y apretando los dientes. Necesitaba despertar a Sasuke. Con cierta dificultad, Hinata deslizó su cuerpo lentamente, y tocó el hombro de Sasuke torciéndolo para que él no notase que estaba fría y temblorosa.
-Sasuke –Llamó, conteniendo su nerviosismo-. Sasuke...
Los ojos color ónice se abrieron en la oscuridad y se clavaron aún de forma somnolienta sobre el pálido rostro de Hinata.
-¿Qué ocurre? -Preguntó Sasuke, confuso.
-El bebé va a nacer.
Sasuke se sentó en la cama y se despertó completamente, encendiendo, con un jutsu, un crepitante fuego en la chimenea. El chico contorneó la cama e intentó tomar a la joven en brazos, mas ella se lo impidió.
-Sasuke, cálmate -Pidió-. Estoy bien.
-¡Pero estás empapada! -Argumentó el chico, que no mostraba señales de haberse calmado.
-Sí lo estoy, la bolsa se rompió, por eso es. Dentro de aquella arca -Explicó Hinata, apuntando al objeto- encontrarás varios camisones. Dame uno.
El joven asintió, y en un abrir y cerrar de ojos tenía un camisón entre sus manos.
-Ese no -Dijo la chica, haciendo un gesto de dolor al sentir nuevamente un dolor agudo traspasarle el vientre.
-¿Por qué no? -Preguntó el mercenario, alterado-. ¿Qué hay de malo con este camisón, y por qué estás poniendo esas caras?, ¿Cómo te sientes?
-Ese camisón es muy apretado y feo -Respondió ella-. Coge uno que tiene volantes delante, está encima de casi todos, y no estoy poniendo ninguna cara, cálmate Sasuke.
El moreno volvió corriendo al arca que estaba en el suelo, al lado de la cama. ¿Por qué Hinata no podía vestirse con cualquier camisón?, ¿Por qué tenía que tener volantes?, ¿Y por qué no conseguía encontrar el maldito camisón de volantes?!
Un gemido de agonía escapó por los lábios rosados de Hinata, haciendo que las manos del Uchiha temblasen y su corazón se hayó el camisón con volantes, y corrió hacia Hinata, agarrándola de las manos.
-¿Qué pasó? -Preguntó, casi con desespero-. ¿Estás sintiendo mucho dolor?
-Ha sido una contracción, Sasuke. Sentir dolor en este momento es algo normal.
El chico intentó asimilar aquella información, pero ver a Hinata gimiendo, retorciendose, y haciendo caras para contenerse, sin que él pudiese hacer nada, era algo agonizante. Sasuke le entregó el camisón correcto, y gracias a los dioses esta vez había acertado.
-Ayúdame a cambiarme -Pidió ella.
Él aceptó, y Hinata intentó quitarse el camisón mojado que vestía con ayuda del moreno. Trató de sacarselo por la cabeza, pero sus movimientos estaban descordinados, y le era casi imposible. Impaciente, Sasuke rasgó las vestiduras que ella trataba de sacarse.
-¡Sasuke! -Gimió Hinata mientras el chico la ayudaba a vestirse con la otra ropa-. Me gustaba ese camisón.
-Te compraré diez iguales luego.
Una sonrisa nerviosa brotó en los labios claros de Hinata. Sentía el sudor escurriéndose por su espalda, haciendo que su cabello se humedeciese y se pegase a su rostro de forma pegajosa. Las contracciones estaban llegando de manera mucho más rápida e intensa. Trató de respirar hondo largamente. Respirar dolía demasiado.
-¿Y ahora qué hago? -Preguntó Sasuke, aún nevioso, tomándole las manos.
-Después de calmarte, quiero que vayas a llamar a Kurenai -Pidió Hinata.
-¿Cómo?, ¿Y dejarte aquí sola? No.
-Sólo estamos nosotros dos en este cuarto, y yo no puedo ir.
Sasuke maldijo en voz alta, odiándose por dejarla sola aunque fuese unos segundos.
-Es verdad -Aceptó el moreno-. Voy corriendo a llamarla y vuelvo, si pasa algo, cualquier cosa, grita y te oiré.
-No va a pasar nada, Sasuke -Respondió ella, sonriendo nerviosamente y apretando los dientes para contener una nueva contracción.
No muy convencido, asintió con un movimiento de cabeza y salió corriendo del cuarto, abriendo la puerta corredera con un gran estruendo. Atravesó el largo y oscuro pasillo en un segundo. Kurenai dormía detrás de la cocina, donde estaban los aposentos de los empleados. La luna llena bañaba el salón de la mansión cuando él alcanzó el lugar, eran las primeras horas de la madrugada. Aún corriendo, Sasuke atravesó la cocina en un instante, alcanzando las habitaciones de los criados y picando en la primera puerta que encontró. Había estado allí una única vez, mas sabía que aquel era el cuarto de Kurenai. Cuando nadie respondió, el mercenario se sintió irritado y frustrado.
-¡Kurenai! -Llamó el Uchiha nerviosamente-. ¡Kurenai!
La puerta del cuarto se abrió con un sonido seco, y bajo el marco se encontraba Kurenai, vestida con una ropa azul y con el cabello despeinado.
-Hinata va a tener al bebé -Anunció el Uchiha, sin recuperar el aliento.
Los ojos escarlata se abrieron durante algunos segundos, y luego el ama de llaves recuperó el control.
-Cierto -Dijo ella-, ya era hora. Vuelve al cuarto e intenta calmarla, voy a despertar a algunas empleadas y a preparar todo lo que vamos a necesitar.
-¿Quién va a atender el parto? -Preguntó Sasuke, con pánico en la voz.
-Pero bueno -Respondió Kurenai, indignada-. Te puedo garantizar que sé atender un parto muy bien.
El mercenario miró al ama de llaves con espanto, mas decidió no contradecirla.
-¿Y si algo falla? -Preguntó él, impaciente.
-Nada va a fallar, Hinata-sama es joven y saludable. Además de eso, dar a luz es parte de la naturaleza femenina.
Sasuke quiso aceptarlo, y deseó tener la misma confianza que Kurenai en aquel momento, pero no lo consiguió. Sin decir nada más, la mujer desapareció por el pasillo, dejándole solo. En instantes, el moreno había recorrido toda la mansión y estaba de vuelta en el cuarto donde Hinata se encontraba.
Su rostro brillaba debido al sudor, sus manos finas y delicadas se aferraban a las sábanas de la cama. Sasuke detestó verla de aquella manera. Se sintió impotente e inútil.
-Kurenai ya viene -Dijo él, sentándose al lado de la Hyuuga y agarrando sus manos nuevamente-. Va a estar todo bien.
-Lo sé -Respondió Hinata, dándole una sonrisa nerviosa.
-Sasuke intentó sonreír también para transmitirle algún confort, mas los músculos de sus mejillas parecían estar congelados.
Poco tiempo pasó hasta que Kurenai invadió el cuarto, seguida de cerca por dos mujeres mayores. Cargaban consigo palanganas de agua caliente y fría, y muchas toallas blancas.
-¿Cómo estás? -Preguntó Kurenai, inclinándose sobre Hinata.
-Bien -Respondió la joven-. La bolsa se rompió hace unos diez minutos, las contracciones son cada vez más rápidas y freqüentes.
-Eso es bueno -Comentó la otra, y dejó a Hinata nuevamente sola con Sasuke.
-No pongas esa cara -Pidió Hinata en un puchero-, estoy bien.
-No parece que lo estés -Respondió Sasuke-, sientes dolor.
-Es por una buena causa, nuestro hijo tiene que nacer.
Un suspiro escapó por los labios del Uchiha, sus manos delgadas despeinaron sus cabellos negros aún más. Aquella era un señal clara de que él realmente estaba nervioso.
-Sasuke –Anunció Kurenai duramente-, si vas a estar en el cuarto, te recomiendo que estés calmado y tengas paciencia.
Los ojos ónice se clavaron en el ama de llaves, que ignoró su mirada y continuó haciendo su trabajo. Ella tenía razón, se recordó a sí mismo Sasuke, tenía que calmarse.
Kurenai y las dos sirvientas se aproximaron a Hinata. Sasuke dejó el espacio libre, observando todo el procedimiento desde una esquina de la habitación. Secaron el sudor del cuerpo de la joven y trenzaron su cabello para que no estorbase. El camisón fue erguido a la altura de la rodillas dejando a muestra sus piernas.
Pocas palabras fueron intercambiadas entre Kurenai y las sirvientas, parecían tener todo bajo control, y Sasuke se sintió más inútil que nunca. Los minutos se arrastraron de forma extremadamente lenta en opinión de él, que andaba de un lado para otro, observando el rostro de Hinata deformarse en una mueca cada vez peor con el transcurrir del tiempo.
Después de casi cuarenta minutos de agonía, debido a las espera, las muecas se transformaron en gemidos largos y gritos ahogados. El mercenario no podía soportar más aquello.
-¡Kurenai! -Gritó el chico, indignado, atrayendo la atención de la mujer-. ¡Haz algo, está sufriendo demasiado!
-¡No puedo darle prisa a la naruraleza, Uchiha! Hinata tiene la cadera estrecha y no está dilatando. ¡Tendremos que esperar!
La boca de Sasuke se abrió para mal decir, mas ninguna palabra escapó de ella. El ama de llaves parecía muy competente en todo lo que hacía y decía. La rabia hizo que su sangre hirviese, y maldiciéndo en voz alta, el mercenario golpeó la pared.
-¡Sasuke! -Reprendió Kurena en voz alta también-. ¡Creo que deberías salir del cuarto, Hinata está poniéndose aún más nerviosa!
Los ojos ónice se encontraron con los perlados. Percibió que Hinata había tenido miedo de su reacción. Era un perfecto idiota. Pensó en pedirle disculpas, pero luego el rostro de ella se contrajo en una nueva expresión de dolor. No pudiendo soportar aquello más, el chico abandonó el cuarto.
Sasuke abrió la puerta con fuerza y al traspasar la puerta, tropezó con algo duro. Miró hacia el suelo: Hanabi había estado sentada en el lado contrario de la puerta por todo ese tiempo Sus ojos perlados estaba muy abiertos y amedrentados, parecía más joven de lo que realmente era.
-Sasuke -Llamó Hanabi, levantándose-. ¡Hinata!, ¿Cómo está?
Los ojos negros del mercenario pasearon largamente por el rostro de Hanabi. Quería decirle que estaba bien y no había motivos para preocuparse, pero las palabras no se formaban en su boca, y aunque ellas saliesen, dudaba que fuese a creer en ellas. Respiró hondo dos veces, intentando mantener el autocontrol.
-Kurenai sabe lo que hace, Hanabi -Fue la única cosa que Sasuke consiguió responder.
Ambos permanecieron parados a un lado de la puerta, sintiéndose inútiles y excluidos. De vez en cuando, un gemido o un murmullo mayor escapaba de los labios de Hinata, atravesaba la puerta, y llegaba hasta ellos de forma ahogada. Cuando eso pasaba, el chico sentía un como un escalofrío recorría su espina, y a su lado, Hanabi temblaba visiblemente.
Mientras el tiempo pasaba, Sasuke pensó diversas veces en salir de allí un rato. Andar le haría bien en aquel momento, mas él no se movió. Sus pies parecían pegados al suelo, sus músculos rígidos como si estuviesen a la espera de un golpe muy fuerte. El silencio total era aterrorizante, bombeaba en sus oídos.
-Tengo miedo -Murmuró Hanabi.
Sasuke miró en dirección a la menor de las Hyuuga, acordándose que ella estaba a su lado. Tan concentrado estaba que había olvidado su presencia allí.
Los ojos claros de Hanabi se fijaron en el rostro del mercenario, a la media luz del corredor, parecía demasiado grandes y mareados.
-Hinata ha estado a mi lado desde que yo conozco a la gente -La voz de temblaba ligeramente-... no consigo acordarme de nuestra madre. Ella murió cuando yo era demasiado pequeña, desde entonces Hinata...
Las manos de la chiquilla se apretaron la una contra la otra, su cuerpo entero temblaba en la angustia de aguantarse las lágrimas.
-Tengo miedo -Repitió Hanabi-. Miedo de perderla.
-¡No la vas a perder! -Afirmó Sasuke, su voz sonando ruda hasta para sus oídos.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Sólo tengo esa certeza. No vamos a perderla.
Los ojos cristalinos de Hanabi encararon durante algún tiempo los del moreno, y después se volvieron a centrar en la puerta.
Los puños de Sasuke se flexionaron, y percibió que sus manos estaban temblando. Tenía miedo. Hacía años que no experimentaba aquel sentimiento. Estuvo en tantas batallas, incontables, muchas veces estuvo frente a la muerte, mas no la temió.
Nunca tuvo miedo porque no había nada que perder. Su vida, o las vidas que había arrancado con el filo de su espada, no le importaban. Había caminado durante todo aquel tiempo como un depredador; matando, robando, mutilando. No conseguía recordar cuantas vidas habían sido por su causa. ¿Cuántos padres, hijos, hermanos y amantes había matado?, ¿Cuántas personas en aquel momento estaban solas por su culpa?
Se sintió sucio, indigno. No tenía derecho a ser feliz. Mas Hinata se lo merecía, y su hijo también.
Sasuke cerró los puños intentando contener su temblor, pensó en rogar a los dioses, pero talvez los dioses no le hiciesen caso. Aún así él no flaquearía, controlaría su miedo. No importaba lo que pasara, no dejaría que ningún mal tocase a la mujer que amaba, o a su hijo.
La puerta corredera se abrió, y bajo el marco, Kurenai apareció, su rostro abatido, sus cabellos desgreñados, las mangas de su kimono enrolladas hasta sus codos.
-Sasuke -Llamó el ama de llaves-, entra, ella quiere verte. Está descansando, las contracciones cesaron momentáneamente. Intenta no perturbarla.
El chico asintió y entró al cuarto. El lugar estaba extremadamente caliente, aún con la brisa fresca de madrugada que entraba por la ventana abierta. Las sirvientas estaban sentadas en sillas al lado de la cama. Hinata estaba acostada, el camisón blanco pegado al cuerpo debido al exceso de sudor y sus largos cabellos despeinados. Le sonreía, mas parecía estar exhausta.
-Hola -Dijo tímidamente la joven.
El mercenario se aproximó a la cama y se agachó a su lado, sus manos se entrelazaron. Sasuke percibió que ella temblaba.
-Hola -Respondió el Uchiha-. ¿Cómo estás?
-Bien -La sonrisa de Hinata se ensanchó-. Sólo un poco cansada.
Un nudo se formó en la garganta del moreno, y apretó las manos de Hinata levemente, tratando de no lastimarla. Quería tener el poder de retirar todo el dolor que ella sentía y transferírsela mágicamente a él mismo.
-No te preocupes, Sasuke. Todo saldrá bien.
-Lo sé -Respondió el mercenario-. No voy a dejar que nada malo le pase a ti o a nuestro hijo.
La mano delgada de Hinata alcanzó el rostro pálido de Sasuke. El roce de sus dedos hizo que su corazón palpitase de alegría y se calmase un poco.
-Hinata... -La voz de Sasuke sonaba llena de sentimientos.
El grito de la chica de orbes plateados atravesó la noche, asustando a todos. Kurenai corrió para atenderla, dando órdenes a las criadas y al mercenario.
-¡Va a nacer! -Gritó el ama de llaves-. ¡Sasuke, sal de aquí!
Aquellos ojos negros estaban clavados sobre la mujer encima de la cama. El cuerpo delgado de Hinata se retorcía con los espasmos y contracciones más violentas hasta aquel momento, vio lágrimas escurriéndose por sus ojos, quiso ayudarla, mas sus pies parecían pegados al suelo. El miedo se transformó rápidamente en pánico cuando las sábanas comenzaron a mancharse rápidamente con sangre escarlata. Sasuke salió del cuarto respirando con dificultad, la imagen de Hinata se desvanecía en sangre, estaba grabada como una terrible pesadilla en su mente y sus retinas.
-¿Qué pasa! -Gritaba histéricamente Hanabi, al borde de las lágrimas-. ¿Qué tiene mi hermana?
Sasuke encaró a la pequeña Hyuuga, estaba de vuelta al pasillo, no sabía como había llegado allí. Los gritos estridentes de Hinata aún podían ser oídos.
-Está naciendo –Respondió el Uchiha, recuperando el aliento.
Los ojos de Hanabi se abrieron aún más, se llevó las manos a la boca para aguantarse un sollozo.
Sasuke sintió como si su corazón fuese a estallar en cualquier momento. Una emoción avasalladora recorrió su cuerpo, haciendo que sus oídos zumbasen. No supo por cuánto tiempo permaneció parado en el pasillo, oyendo con toda su atención los gritos de Hinata hasta quedar ajeno de todo lo demás.
Entonces, en la explosión de gritos de la chica, estos fueron acompañados por otros. Era un sonido alto, fuerte, estridente. Y lo hayó lindo. Su hijo había nacido.
El chico no pensó dos veces, abrió la puerta del cuarto sintiendo como si no hubiese suficiente aire en sus pulmones. Sus ojos barrieron el aposento, y la escena en el aposento hizo que sus rodillas se bambolearan. Kurenai estaba entregando su hijo a Hinata, y ella, aún sucia y sudada, sonreía y lloraba de una forma magnífica, pareciendo la mujer más hermosa y feliz del mundo.
Sasuke sentió un nudo formarse en su garganta cuando vio los brazos de Hinata recibir y dar calor al pequeño. Quería aproximarse, mas su cuerpo no parecía responder a sus movimientos. Ella estaba bien, su hijo estaba bien... Por todos los dioses que habitaban en el cielo, nunca se había sentido tan aliviado en toda su vida.
El mercenario continuó parado en el marco de la puerta, las mujeres incluyendo a Hanabi estaban encima de Hinata y del niño, llorando, sonriendo y hablando en una mezcla incomprensible. El chico observó a Hinata bajar el escote de la camisa y ofrecer un seno a su hijo, y aún de lejor pudo divisar los pequeños labios rosados del bebé abocarse al pecho expuesto. Su corazón martilleó y se encontró con sus costillas a medio camino. Prometió no desmayarse. Ni que pasasen mil años, no habría podido prepararse para aquella emoción.
Los ojos perlados de Hinata se irguieron, encontrándose con el rostro pálido y afligido de Sasuke. La chica sonrió, sintiendo su corazón derretirse de amor por aquel hombre y por el hijo que sostenía cuidadosamente en los brazos.
-Ven aquí -Pidió Hinata dulcemente.
Las mujeres le hicieron espacio y él se aproximó con pasos vacilantes. Sus ojos estaban clavados en el pequeño bulto que Hinata tenía en los brazos. Paró al lado de la cama y se agachó, quedando a la misma altura que ella. De cerca, su hijo era muy pequeño. Tan delicado y precioso. El nudo de su garganta pareció apretarse tanto, hasta casi sentirlo reventar dentro de su garganta.
Observó largamente el perfíl del niño. Casi sin pelo, rosado, la nariz pequeña y delicada, la minúscula manita posada sobre el pecho de la madre. El Uchiha fue invadido por un sentimiento indescriptible, inmensurable. Sintió que en aquel mismo instante podría morir y matar por aquel minúsculo ser que Hinata tenía en sus brazos. Nada más en el mundo le era tan precioso. Aquel bebé era perfecto que no podía creer haber participado en su proceso de concepción. No tenía como creer que de un acto tan monstruoso como el que había practicado, había surgido aquel magnifico ser.
-Tócalo -Murmuró Hinata.
Los ojos ónice vieron incrédulos para el rostro de la chica de ojos plateados. Hinata le sonrió al mercenario, incentivándole.
-Tengo miedo de hacerle daño -Respondió el Uchiha.
-No vas a lastimarlo, Sasuke. Eres su padre.
El moreno tragó saliva con dificultad. Irguió el dedo indicador de la mano derecha lentamente. Estaba temblando. En un movimiento muy lento, Sasuke aproximó su mano a la pequeña cabeza reposada en el pecho de Hinata. Lo tocó con mucho cuidado. Bajo sus dedos, pudo sentir aquella piel más delicada que el cristal y la leve pelusa que cubría su cabezita. Deslizó un dedo por su faz rosada, intentando memorizar cada pequeño detalle de él. No quería olvidar nada. Quería guardar aquel momento en sus retinas, su memoria y su corazón.
Los pequeños párpados finos como papel, y casi sin pestañas se abrieron lentamente y focalizaron el rostro del Uchiha. El mercenario sintió su corazón parar de latir, y su boca se secó. Los ojos de su hijo eran grises, como si el negro de su mirada se hubiese mezclado con el blanco perla de los ojos de Hinata. Recordaba a las nubes cargadas de lluvia en un día de tempestad. Eran límpidos y cristalinos. Era su hijo, inmensamente amado. Sasuke sintió las lágrimas subiendo a sus ojos, mas ellas no se escurrieron por su rostro. Se sentía tan feliz que no podía medir aquella felicidad, mucho menos expresarla. No conseguía recordar la última vez que se sintió tan emocionado, al punto que las lágrimas le subieron a los ojos.
-Hola –Murmuró el mercenario dirigiéndose al niño.
El pequeño aún no podía entender ninguna palabra que le era dicha, mucho menos toda aquella algarabía a su alrededor. Mas, a Sasuke le habría gustado que aquel niño comprendiese en aquel momento, que era bienvenido.
-Él es fuerte y saludable -Dijo Hinata, con la voz cargada de orgullo.
-¿Él? -Preguntó Sasuke saliendo de sus devanéos-. ¿Quieres decir que es un niño?
Hinata sonrió y asintió con la cabeza. Los ojos del Uchiha se abrieron aún más. Estaba tan concentrado en el niño que olvidó preguntar su sexo.
-Un niño -Repitió Sasuke-. Fuerte y saludable. ¿Ya pensaste que nombre quieres darle?
-Durante todo el embarazo pensé en varios nombres -Repondió la chica-. Todos me parecieron lindos y especiales, pero ahora que le tengo en mis brazos, hay un hombre que no sale de mi cabeza. Mas, quería saber tu opinión.
-¿Cuál es el nombre? -Preguntó el moreno.
-Chiharu -Las mejillas de Hinata adquirieron un tono rosado.
-Chiharu -Repitió el mercenario, como si estuviese apreciando algo-. Es un nombre inusitado, pero me gusta.
-¿Estás seguro?
-Sí, lo estoy. Creo que combina con sus ojos. Ojos como «Mil Primaveras».
-Kurenai me dijo que el color cambiará -Explicó Hinata-. Pero me gustaría que ese color permaneciese, es muy bonito.
-Todo en él es extremadamente bonito.
-Tienes razón -Respondió Hinata.
-Pero nosotros somos los padres -Comentó el mercenario, acariciando el rostro sudado de Hinata-. Creo que nuestra opinión no cuenta mucho.
Los labios rosados de Hinata se alargaron formando una sonrisa, que hizo que sus ojos plateados brillasen.
-Soy tan feliz, Sasuke. No sé ni qué decir o pensar. No me creo que hace diez minutos estaba gritando como una loca y muriéndome de dolor.
El moreno asintió con la cabeza, indicando que comprendía lo que ella decía.
Sus ojos corrieron una vez más por los brazos de Hinata. Estaba hipnotizado. El pequeño bebé había parado de mamar del seno de su madre y dormía tranquilamente. A fuera, la madrugada en breve se disolvería en un día caliente y brillante de verano. Mas, mientras la noche aún imperaba, una brisa fresca entraba por la ventana junto al rumor de los grillos y del murmullo de algunas ranas.
Sasuke se aproximó despacito para ver como dormía su hijo, lo besó levemente con todo su cariño en lo alto de la cabeza. El bebé pareció no molestarse. Los labios del mercenario se curvaron en una casi imperceptible sonrisa torcida. Hasta el último día de su vida, él recordaría aquella noche como una de las más felices de su vida.
&
En el país del Agua, Deidara estaba sentado confortablemente en su sillón verde jade. El verano era su estación del año predilecta, todo ese calor siempre le dejaba más entusiasmado. Definitivamente se sentía muy bien. El alegre fuego crepitaba en la chimenea de piedra, el rubio se giró a la pequeña mesa a su lado, y vertió una vez más en la pequeña copa, la bebida clara y extremadamente amarga que era el Sake. El líquido transparente descendió rasgándole la garganta, él gustó mucho de esa sensación.
Sus pensamientos estaban calmos, su noche había sido maravillosa. Nada mejor que poder aprovechar, de vez en cuando, el calor y los placeres de una mujer que no desaprovechaba la oferta de estar en la cama con un hombre.
Los labios finos del Akatsuki se curvaron en una sonrisa fría mientras los recuerdos de la prostituta que horas antes había estado en sus brazos, le inundaba la mente.
Sus pensamientos libidinosos fueron interrumpidos cuando percibió una presencia en su cuarto. Esperó calmamente.
-Informe -Dijo la voz del Shinobi, que estaba cubierto por la oscuridad tras la butaca.
-Te escucho -Respondió Deidara.
-El hijo de Uchiha Sasuke y Hyuuga Hinata nació esta madrugada -Reportó el Shinobi espía.
Una risotada corta escapó de los labios del rubio. Rápidamente, sus pensamientos cambiaron de rumbo.
-Gracias por la información -Respondió el rubio-, mantén tus ojos sobre ellos.
-Sí, señor -Sin decir nada más, el hombre se sumió en una nube de humo.
Deidara tomó una vez más la jarra sobre la mesa y volvió a llenar su copa de Sake. Una vez más, apreció aquel sabor amargo, fuerte y caliente. Sonrió a la poca luz del cuarto, y dijo en voz alta:
-Nos reencontramos pronto, querida Hinata.
Continuará...
Nota de autora:
Yare Yare mina-san, ¡estoy de vuelta! Disculpad la demora. Las últimas semanas fueron muy atareadas debido a la operación de mi madre y algunos pequeños pero incómodos problemas personales. Mas, en fin, a pesar de los pesares estoy aquí con un capítulo más de este fic. Un capítulo que debo admitir gusté mucho de escribir. Pero voy a dejar que vosotros valoréis. Realmente, espero que os haya gustado.
Una vez más, agradecer a las personas que me mandan reviews. Esta historia existe gracias a vuestro incentivo. Muchas gracias. Gracias también a las personas que no mandan revs pero añaden mi historia a sus favoritos. ¡Gracias también a los lectores anónimos!
En fin, espero que continuen acompañando el fic, que a partir de ahora entra en su recta final. ¡Besos y ja ne! :D
Nota de la traductora: ¡Hola! Perdonad la tardanza, y no me matéis. No tuve mucho tiempo en estos dos meses -aunque parezca mentira-. Mi vida ha estado muy movida desde ese tiempo. Bueno, deciros que iré actualizando de a poco, y que sólo quedan dos capítulos para terminar. Espero que os esté gustando esto. Besitos y saludos :)
Agradecimientos especiales a:
LennaParis, Sairiko, Flordezereso, Helen, Akanne Hygurashi, Viicoviic, Sabaku-no-Menny, Sabaku no Sophy, Okamirakuen, Mina-san86, Adrifernan19, Sayuri Koitsumi, Meilyn999, Yop, Natyia! y Karla.
