Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei.
15
El sol despuntó sobre las montañas, iluminando el valle donde se localizaba el feudo Hyuuga. La diáfana bruma de la mañana desaparecía, así como el rocío sobre el césped de los jardines. Dentro de la mansión, todos estaban agitados con el nacimiento del hijo de Hinata y Sasuke. Los criados que ya habían ido a las plantaciones de arroz, comentaban para quien quisiere oír, que el pequeño bebé había nacido fuerte y saludable, y definitivamente había heredado la belleza de su madre. Todos estaban felices y deseaban aún más felicidad para la pareja.
En su cuarto, Hinata sostenía tiernamente a su hijo en brazos, que estaba alimentándose. Los rayos solares invadían la habitación desde la ventana, prometiendo un lindo día. Sus ojos perlados buscaron a Sasuke, que estaba a los pies de la cama, observándola. Sonrió tímidamente para él.
-Es la cosa más bonita que ha visto en mi vida -Exclamó Hanabi encantada, observando a su sobrino- ¿Estás segura que Sasuke es el padre?
-¡Hanabi! –La reprendió Kurenai severamente– ¿Esas son las cosas que le dices a tu hermana?
La menor de las Hyuuga bajó la cabeza avergonzada, mas luego recuperó el ánimo.
-¿Puedo cogerlo, Hina-chan? –Preguntó Hanabi con los ojos centelleando de emoción.
-Claro que puede, pero déjame alimentarle primero.
Hanabi aceptó con un pequeño asentimiento de cabeza. Amaba a su sobrino profundamente, y haría cualquier cosa para su bienestar.
-¿Cómo te estás sintiendo, Hinata? -Preguntó Kurenai, como siempre preocupada por ella.
-Muy bien -Respondió Hinata, sonriendo-. Mi cuerpo está un poco dolorido, mas no estoy preocupada por eso.
-Necesitas cuidarte ahora más que nunca -Explicó el ama de llaves-, mantenerte saludable para continuar alimentando a tu hijo.
Los ojos de Kurenai se posaron en el hijo de Hinata sostenía en sus brazos. Recordaba la placentera sensación que era sostener y proteger a un bebé... Su bebé... Y entonces pensó, con amargura, que si Hyuuga Hiashi estuviese vivo, estaría en éxtasis con su heredero hombre.
El pequeño Chiharu soltó el pezón del seno de su madre, indicando que ya estaba satisfecho. Sus pequeños labios se abrieron en un bostezo gustoso, se acomodó en el pecho de su madre, y en poco tiempo estuvo dormido.
Todos los que estaban en el cuarto quedaron algunos instantes en silencio, observando al niño. Fue Kurenai la primera en hablar casi en un susurro:
-Hinata-sama, ¿no te gustaría tomar un baño para descansar mejor?
Hinata aceptó con un asentimiento de cabeza.
-Voy a llamar a una de las sirvientas para que se quede con Chiharu -Continuó la mujer.
-No es necesario -Respondió Hinata-, Sasuke puede quedarse con él.
Los ojos del mercenario se abrieron ligeramente: él no parecía muy convencido de ser capaz de realizar esa tarea.
-No te preocupes -Dijo Hinata, sonriendo e intentando dar coraje a Sasuke-, no va a pasar nada malo.
Sasuke se aproximó a Hinata sin mucha confianza, aún así sus movimientos fueron firmes y delicados cuando tomó a su hijo. El pequeño Chiharu pareció no notar el cambió, y continuó durmiendo tranquilamente.
Kurenai y Hanabi ayudaron a Hinata a salir de la cama, y con algo de dificultad, las tres mujeres se dirigieron a la puerta con pasos lentos. Tras esto, dejaron a Sasuke solo en el cuarto.
El mercenario caminó por el cuarto lentamente para que sus movimientos no incomodaran a su hijo; no pesaba casi nada. Una vez más, admiró el pequeño rostro que parecía haber sido esculpido en la más fina porcelana. Estaba completamente enternecido con su hijo en los brazos, tanto que demoró en percibir la presencia de otra persona en el cuarto. Mas, lentamente, sus instintos le alertaron que no estaba solo. Reconoció la presencia tras él, y trató de controlar la incomodidad que le asaltó. Fue Sasuke quien quebró el silencio:
-¿Cuánto tiempo hace que estás escondido en el feudo?
-Algunas horas –Respondió la voz calma y controlada de Itachi-. Me dijeron que tu hijo nacería y quise verlo. Puedo irme si lo deseas.
Sasuke se giró y encaró a su hermano mayor largamente. Continuaba de la misma forma en que le recordaba. La mirada seria, así como su expresión impasible, imperturbable.
-¿Cómo sabías que nacería? -Preguntó Sasuke, desconfiado.
-Dejé a uno de mis Shinobi de vigía en el feudo. Recelé que Akatsuki intentase algo contra ti después de que pediste el permiso para dejar la banda.
Los ojos color ónice de Sasuke brillaron desconfiadamente. Los hermanos Uchiha se miraron en silencio, con cierta animosidad rondando en el ambiente.
-¿Cómo está ella? -Preguntó Itachi refiriéndose a su sobrino.
-Está bien –Respondió Sasuke-, es fuerte y saludable.
El Uchiha mayor asintió levemente, como si apreciase aquella descripción. Restaron unos instantes más en silencio, hasta que Itachi lo interrumpió una vez más:
-¿Cómo está Hinata?
-En el baño -Respondió Sasuke con disgusto-. Fue un parto largo, pero ella está bien.
-Sólo quería saber si estaba todo bien -Informó Itachi-. Ya me voy.
Sasuke pensó simplemente en dejar ir a su hermano, pero en el último instante cambió de idea.
-Espera –Pidió el menor de los Uchiha, sintiendo dificultades para lidiar con las palabras-. ¿No quieres ver a tu sobrino?
El rostro de Itachi demostró, durante apenas unos segundos, espanto, mas luego se tornó impasible de nuevo. El mayor de los Uchiha se aproximó a su hermano. Chiharu continuaba durmiendo tranquilamente, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. Los labios de Itachi se torcieron un poco en los bordes, y sus ojos brillaban mientras observaba a su sobrino.
-Se parece mucho a ti cuando eras pequeño -Comentó Itachi, en voz baja.
-¿Enserio lo crees? -Preguntó Sasuke, sorprendido-. Todo en él me recuerda a Hinata.
-Siempre fuiste un bebé tranquilo -Continuó Itachi-, casi no llorabas, nuestra madre simplemente te amaba.
-En compensación, nuestro padre sólo tenía ojos para ti...
Las palabras amargas de Sasuke hicieron que Itachi le mirase de nuevo. A pesar de ser un hombre hecho y derecho, sabía que Sasuke aún no conseguía superar ciertas cosas de su pasado.
-Él también te amaba, Sasuke; a su manera.
El menor de los Uchiha pareció incómodo con lo que Itachi había dicho, mas permaneció en silencio.
-Sasuke –Comenzó Itachi, intentando cambiar de tema-, sé que no te gusta que interfiera en tu vida, pero quiero que me busques cuando tengas algún problema.
Los ojos de Sasuke se dirigieron a Itachi, indicando claramente que él no haría aquello de ninguna manera. El mayor lo percibió.
-Soy tu hermano a pesar de todo. No quiero que nada malo pase contigo.
-Los dos sabemos que apenas te preocupas por mí porque nuestro padre así lo ordenó -Recordó Sasuke-. Él siempre pensó que yo no era capaz de cuidarme solo.
-Sasuke –Respondió Itachi tranquilamente, colocando la mano derecha sobre el hombro de su hermano. -Nuestro padre no revivirá para darnos órdenes. Hago esto porque quiero.
El menor desvió la mirada, como si estuviese extremadamente incómodo con aquel asunto. Itachi lo percibió y se alejó.
-Gracias por haberme dejado ver a mi sobrino -Dijo el Uchiha-. Voy a retirar a mis shinobis de tus propiedades.
Sasuke asintió con la cabeza. Sabía que su hermano se iba ahora, tal vez por eso aquella frase hubiese salido de sus labios antes de que tuviese tiempo de pensar:
-Deberías preocuparte más por ti. Yo estoy bien.
La expresión siempre seria de Itachi, por algunos instantes pareció suavizarse. Meses atrás, Sasuke jamás le habría dicho eso. Finalmente podía creer en lo que Sasuke estaba diciendo. Su hermano realmente estaba bien. Le debía mucho a Hyuuga Hinata.
-Voy a intentar no preocuparme tanto por ti -Afirmó Itachi, dudando de si era capaz de hacer aquello.
Itachi estaba listo para irse cuando la voz de su hermano pequeño le llamó. Sasuke caminó hacia su hermano mayor, y con dos dedos de su mano derecha, tocó la frente de Itachi.
Los ojos del Uchiha mayor se abrieron con espanto, mientras observaba la cara de Sasuke próxima a la suya.
-Me gustó verte de nuevo -Dijo Sasuke en voz baja-. Vas a ser un buen tío para Chiharu.
Los labios de Itachi se torcieron aún más para arriba, recordando nítidamente a una sonrisa. Él también parecía haber apreciado por qué habían escogido el nombre del niño. Sin decir una palabra más, Itachi desapareció silenciosamente en una nube de humo blanca.
En ese instante, la puerta corredera del cuarto se abrió, revelando a Kurenai, Hanabi y Hinata, que estaban de vuelta.
Una vez más, las mujeres ayudaron a Hinata a acomodarse en la inmensa cama matrimonial. Cuando la joven de ojos perlados ya estaba sentada confortablemente, miró en dirección a Sasuke y preguntó:
-Oí voces en el cuarto. ¿Estabas hablando con alguien?
-Con nadie -Respondió el mercenario con moviendo negativamente la cabeza.
-¿Se ha comportado bien? -Preguntó Hinata mirando al pequeño en brazos de Sasuke.
-Perfectamente.
&
La semana que siguió pasó rápidamente. Gradativamente, Sasuke y Hinata intentaron acostumbrarse nuevamente a la rutina del feudo, mas ambos, principalmente Sasuke, siempre dejaba algo para después sólo para estar un poco más de tiempo con su hijo.
Hinata ya podía levantarse y estar un poco en pie, la mayor parte del tiempo permanecía en el cuarto, a veces sola, a veces con Sasuke; cuidado de su hijo... Muchas veces, Hanabi pasaba también largas horas en el cuarto de su hermana mayor, siempre dispuesta a sostener a Chiharu en caso de que Hinata lo necesitase. Hasta Kurenai hacía escapaditas para ver al pequeño bebé.
Chiharu estaba creciendo como cualquier niño normal y saludable. Y no tenía ni idea de que era querido por tantas personas.
Aquel era un día particularmente caliente de verano. Hinata y Sasuke estaban en el cuarto apreciando la compañía del otro. Ella estaba en la cama con su hijo en brazos, mientras él yacía sentado en la butaca frente a la chimenea apagada, limpiando la hoja de su espada.
Ocasionalmente conversaban, cuando no sólo permanecían en silencio, apreciando su compañía mutuamente.
Hinata miraba a Chiharu cuando percibió que Sasuke la observaba. Era siempre la misma placentera sensación que sentía cuando eso pasaba, como si un rayo de sol matinal estuviese tocando su piel. Levantó sus orbes plateados y encontró aquellos ojos color ónice sobre sí. Sus labios se abrieron en una sonrisa.
-¿Qué estás mirando? -Preguntó, divertida.
-Estás linda cuando estás con Chiharu en brazos. Aún no he conseguido acostumbrarme a esa imagen.
Las mejillas de Hinata se colorearon de felicidad al oír aquella frase. Sus labios se curvaron en una tímida sonrisa. Sasuke se levantó de la butaca dejando la espada tras de sí y yendo hacia Hinata. Se curvó hacia ella, que subió su rostro sintiendo los labios húmedos y cálidos de Sasuke encontrar los suyos. La mano derecha del mercenario recorrió su cabello negro como la noche en una íntima caricia. El beso fue cálido y caliente, incendiando a ambos de deseo.
Sasuke separó vagamente sus labios de los de Hinata, sólo algunos centímetros, y observó aquel rostro ahogado y sonrojado muy cerca del suyo. La respiración de Hinata estaba descompasada e irregular. Debería no sentirse tan orgulloso por dejar a una mujer sin aire, pero sólo lograba sentirse de aquella manera con Hinata.
La joven percibió el deseo en los ojos negros de Sasuke y se sintió revitalizada, como nunca imaginó sentirse en su vida. Era bueno saber que él aún la deseaba.
Su momento íntimo fue interrumpido cuando la voz de una de las criadas llamó a Sasuke al otro lado de la puerta.
-Sasuke-sama –Repitió la criada.
El rostro de Sasuke se contrajo en una mueca, no quería salir del cuarto en aquel momento.
-No te enfades con ella -Pidió Hinata dulcemente-. Sólo está haciendo su trabajo.
Sasuke trató de controlar sus impulsos y fue pisando fuerte hasta la puerta. El rostro de la empleada se veía serio y preocupado cuando abrió la puerta.
-Disculpe que le incomodé, Sasuke-sama -Comenzó la sirvienta-. pero algunos hombres pidieron que se le avisara que vieron una gran cortina de humo saliendo de los límites del feudo.
-¿Humo?, ¿Quién habría encendido fuego allí?
-Los hombres no lo han sabido decir, mi señor.
La frente de Sasuke se arrugó, él también parecía confuso y preocupado.
-Ahora mismo iré a verificar eso.
La sirvienta aceptó con un asentimiento de cabeza y haciendo una pequeña reverencia se alejó por el pasillo.
-¿Fuego? –Preguntó Hinata una vez Sasuke volvió a entrar.
-Eso parece –Respondió el mercenario-. Es muy extraño. Voy a verificar esa historia directamente.
-Ten cuidado –Pidió Hinata.
Sasuke volteó hacia ella y depositó un beso rápido en su frente y en la de su hijo. Luego salió de la habitación.
&
El mercenario caminó deprisa por los pasillos de la mansión Hyuuga, no encontrando a ningún sirviente mientras recorría los bien cuidados jardines frente al feudo. Miró alrededor intentando encontrar la cortina de humo de la cual había sido informado. La encontró viniendo del sur. Sasuke se irritó inmediatamente; no muy lejos de allí terminaba el bosque que rodeaba la mansión. Sería una irresponsabilidad tremenda dejar el fuego allí para que se arrastrase libremente en caso de que el viento cambiase de dirección.
Pensando en quién habría encendido fuego en aquel lugar y por qué, Sasuke comenzó a correr rápidamente en aquella dirección. Mientras se aproximaba, el humo se iba haciendo más denso y oscuro. No demoró mucho hasta que recorrió por completo la extensión del campo, y estaba delante de una enorme hoguera que ardía desprendiendo un increíble calor alrededor.
Los ojos color ónice del joven barrieron el lugar, buscando al responsable de aquello. Las cenizas volaban altísimo, y el fuego rojo y anaranjado lamía las maderas que lo estaban alimentando.
Sasuke irguió el brazo derecho protegiéndose el rostro del inmenso calor del fuego, comenzando a contornear la hoguera, y paró de de avanzar cuando vio la silueta de una persona que reconoció inmediatamente. Los cabellos cortos y rosados de Sakura brillaban a la luz del fuego. La shinobi médico estaba alimentando el fuego con gruesos pedazos de madera cortados toscamente. No parecía haber percibido la presencia de Sasuke.
-¡Sakura? –Preguntó Sasuke en voz alta– ¿Qué piensas que estás haciendo?
El rostro femenino se giró automáticamente al oír su nombre pronunciado por Sasuke, sus ojos esmeraldas brillaban locamente, y se posaron sobre el mercenario. Corrió en su dirección, lanzándose a sus brazos y enlazándolos en su pecho con fuerza.
-¡Sasuke-kun! –La voz de Sakura era agitada y aguda-. Te vine a ver. ¡Te echaba tanto de menos!
Demasiado irritado con aquella actitud, el mercenario empujó a Sakura bruscamente, con lo que ésta se desequilibró y casi cayó al suelo.
-¿Qué estás haciendo aquí? -Preguntó Sasuke aún más irritado.
-¿No estás feliz de verme? -Preguntó Sakura, su voz cambió bruscamente a un tono lastimoso.
-¿Qué significa esto? -Preguntó Sasuke, ignorándola y apuntando a la hoguera-. ¿Tú hiciste todo esto?
La joven asintió; no parecía para nada arrepentida.
-Necesitaba llamar tu atención de alguna manera -Explicó Sakura.
-Enloqueciste...
-No, Sasuke, ¡escúchame! –Suplicó Sakura-. He venido a avisarte. Hinata te está traicionando. Te va a traicionar. Ella no te ama...
-¡Cierra el pico! -Gritó el mercenario en respuesta-. Te prohíbo que toques el nombre de Hinata.
Los ojos verdes se llenaron de lágrimas que no fueron derramadas. Aún así, Sakura no desistió.
-Es verdad -Continuó ella casi con desesperación-, ella te está traicionando con Deidara...
-¿Deidara? No seas ridícula, Sakura. Hace meses que no se ven.
-Es verdad, tienes que creer en mí -Pidió Sakura suplicante, agarrándole del brazo.
El mercenario se libró una vez más de la rosadita con un brusco empujón, y comenzó a alejarse del lugar.
-Vete, Sakura -Dijo el Uchiha sin mirar atrás.
Los ojos esmeraldinos observaban al joven irse distanciando. La mano derecha de Sakura tomó un pequeño puñal que tría en su cintura.
-Sasuke-kun, no puedo dejar que te vayas ahora –Murmuró la mujer.
La pequeña hoja del puñal brilló contra el sol mientras Sakura corría en dirección a Sasuke.
&
En el feudo Hyuuga la chica de ojos plateados aún estaba con Chiharu en brazos, tratando de dormirlo. Se sentía aprensiva y nerviosa aún sabiendo que no tenía razones para estar así. Con certeza el fuego que los sirvientes habían avistado debía haber sido provocado por la hoguera de algún viajero; nada más.
El pequeño niño se movió un poco, pero no despertó. Hinata recorrió con la vista todo el cuarto, buscando algo de lo que ocuparse. Sus ojos recayeron en una de las camisas de Sasuke. Tal vez pudiese ocuparse haciendo pequeños arreglos en las prendas que lo necesitaran.
Satisfecha con su decisión, Hinata abrió la puerta corredera y fue rápidamente al cuarto de Hanabi a buscar su caja de costura. Volvió en seguida, encontrando a alguien parado frente a la cuna, con su hijo en brazos.
Sus ojos se abrieron, su boca se secó y su estómago dio un vuelco cuando reconoció el cabello dorado y la mirada gélida y azul de Deidara.
-Tu hijo es hermoso, querida Hinata... -Pronunció dulcemente el Akatsuki.
-¿Qué estás haciendo aquí? -Le preguntó al Akatsuki.
-Te vine a visitar. Supe que tu hijo había nacido, espero que comprendas mi curiosidad.
-¡Vete! -Ordenó Hinata, temblando al ver a su hijo en los brazos de aquel hombre.
-Eres tan brusca –Se burló Deidara, acariciando lentamente al bebé.
-¡Suelta a mi hijo! -Exigió Hinata.
-Realmente, eso no será posible -Respondió Deidara-. Tengo algo especialmente para él.
De dentro de la capa negra de nubes escarlatas, Deidara sacó un pequeño biberón con una tetina llena de un líquido verde ácido. El corazón de Hinata subió hasta su garganta, latiendo descontroladamente.
-¡Para! –Gritó ella-. ¡No puedes darle eso!
Hinata avanzó algunos pasos, tenía un horrible presentimiento sobre lo que era aquel líquido en el biberón, mas la voz imponente de Deidara, ahora sin ninguna dulzura, la inmovilizó nuevamente.
-¡Quédate donde estás! -Ordenó-. Si te acercas lo mato.
La joven sintió vértigo al ver que su hijo comenzaba a llorar. Se había despertado con sus gritos. Inmediatamente, el rubio posó el borde del biberón en los labios del bebé. Chiharu comenzó a sorber el líquido misterioso, calmando su llanto.
-No... –Murmuró Hinata sintiendo sus piernas ablandarse.
-Ahora óyeme con atención -Comenzó Deidara-, lo que tu está bebiendo es un fortísimo pero lento veneno de una planta rarísima. Tengo el antídoto que para ser eficaz y salvarle debe ser administrado contando a partir de ahora quince minutos. Si quieres que tu hijo sobreviva vas a hacer exactamente lo que te mande.
Las lágrimas ascendieron a los ojos de Hinata, provocando que le ardiera horriblemente la nariz con el esfuerzo por no derramarlas. El líquido verde-ácido continuaba desapareciendo lentamente del pequeño biberón, mientras Chiharu lo bebía tranquilamente. Ella haría cualquier cosa para salvarlo, moriría si fuese necesario.
Por un momento pensó en Sasuke, si él estuviese allí en aquel momento nada de eso estaría pasando. Mas Sasuke no estaba allí, y su hijo corría peligro. Ella lo defendería a toda costa. Cerró las manos con fuerza hasta que se quedaron casi insensibles.
-Haré cualquier cosa -Respondió Hinata, intentando controlar la voz.
-Perfecto -La sonrisa volvió a los labios finos y coloreados de Deidara-. Ahora dime, Hinata, ¿a quién amas más, a tu hijo o a Uchiha Sasuke?
&
Sasuke percibió el movimiento de Sakura a su espalda, mas no consiguió desviar con rapidez el golpe lanzado por la shinobi médico. El pequeño puñal que la rosadita cargaba en las manos desgarró la carne del hombro izquierdo del mercenario, entrando casi hasta la vaina. El Uchiha sintió el dolor expandirse por todo su hombro y descender hasta su pecho. Con un movimiento rápido retiró el pequeño puñal y con la otra mano trató débilmente de tapar la herida. Sus ojos negros observaron gélidamente a la mujer. Sakura parecía a punto de echarse a llorar.
-Nunca me escuchas –Dijo ella con voz desganada y llorosa-. ¿Por qué, Sasuke? Estoy intentando ayudarte.
-Y seguro que apuñalarme me ayudará mucho –Se burló el Uchiha, aún con más odio debido al dolor que estaba aumentando.
Sakura llevó sus manos al rostro, escondiéndolo. Balanceaba la cabeza de un lado a otro en constantes negativas. No había dudas de que había perdido el juicio. Pero de repente pareció controlarse. Limpió su rostro manchado con el dorso de las manos. Sus ojos esmeraldinos encararon al mercenario.
-Te amo, Sasuke. Siempre te amé, y voy a ayudarte a superar lo que Hinata te ha hecho…
-¿De qué estás hablando, Sakura? Vete.
-Ella nunca te ha amado de verdad. Siempre supe eso, vine aquí para alertarte, Sasuke, pero no me quieres escuchar… Por eso yo… yo… Discúlpame, no quise lastimarte. Ven, déjame curarte…
Sakura dio algunos pasos en dirección a Sasuke, mas el mercenario se alejó, mostrando claramente la aversión que sentía por Sakura.
-No te acerques a mí –Respondió el mercenario en un tono sibilante-. Si aún no he hecho nada contra ti, ha sido por el idiota de Naruto, pero no abuses de mi paciencia… El rostro de Sakura se transfiguró, estaba tan roja que parecía que Sasuke la había agredido.
-¡No lo entiendes! –Exclamó la rosadita a pleno pulmón-. ¡Hinata te está traicionando con Deidara!, ¡Ellos lo planearon todo desde el principio! En cualquier momento huirá con él…
-¡Ya basta, Sakura!, ¡No quiero oír más tus mentiras!
-¡No es mentira, Sasuke! Si no me crees, velo con tus propios ojos.
El rostro de Sasuke se endureció al oír aquellas palabras. Ya estaba harto de Sakura y de roda aquella cantinela de mentiras.
-Ve al feudo, Sasuke –Dijo la mujer- y date cuenta de si estoy mintiendo o no. Pero quiero que sepas que cuando todo termine aún podrás contar conmigo.
El mercenario intentó responderle algo no muy educado, pero de repente ella se había sumido en una nube de humo blanca.
Aún aguantándose el hombro herido, Sasuke miró en dirección a la hoguera que crepitaba con un fuego alto. Observó alrededor y vio que el bosque estaba a una distancia razonable y el viento por lo visto no cambiaría de dirección tan bruscamente. Miró hacia el sur, en la dirección donde estaba el feudo Hyuuga, quería volver a casa lo más rápido posible. No creía en nada de lo que Sakura le había dicho, y mucho menos en presentimientos… Mas, tenía que admitir que no le estaba gustando para nada la presión que comenzaba a sentir en el pecho.
&
Sasuke abrió la puerta corredera de su cuarto en la mansión y se quedó perplejo con la visión que tuvo.
Hinata estaba sentada calmamente en la cama, vestida con un Kimono rojo, sus cabellos peinados, y a su lado una pequeña maleta de viaje preparada. Mas, no fue esa visión lo que enfureció al mercenario. Tras Hinata, comportándose de la manera más calmada del mundo, estaba Deidara con su hijo en brazos. Chiharu parecía dormir tranquilamente.
-¡Hijo de puta! –Exclamó Sasuke, desenvainando la espada sin pensar en la herida de su hombro-. Suelta a mi hijo; ahora.
-Siempre tan educado –Se burló Deidara calmadamente-. Bien, Hinata. Y anos podemos ir.
Las palabras tomaron a Sasuke por sorpresa. El Uchiha continuó con la espada empuñada, mas sus ojos negros se desviaron hacia Hinata. Parecía muy calmada, su rostro sin expresión ninguna. Se levantó de la cama y tomó la pequeña maleta con ambas manos como si se marchase. Su voz era casi inaudible cuando pronunció:
-Me voy… Me llevo a Chiharu conmigo.
-¿Qué? –Preguntó Sasuke incrédulo, no viendo ninguna lógica en lo que Hinata estaba diciendo.
-Ella se viene conmigo, Sasuke –Explicó Deidara-. Obviamente el pequeño debe estar con su madre. Y recordando las circunstancias en que ese niño fue concebido, tengo la certeza de que no te importará.
Las mandíbulas de Sasuke rechinaron cuando vio al rubio sonreír alegremente frente a él. Aquello sólo podía estar planeado por la pérfida mente de Deidara.
-Voy a matarte –Respondió Sasuke, avanzando en dirección al rubio-. La estás obligando a irse contigo. No sé que chantaje…
-No ha usado ningún chantaje –Exclamó Hinata encarando a Sasuke duramente-. Me voy porque quiero…
Los ojos del moreno se abrieron con espanto. Hinata no podía estar diciendo aquello. Simplemente no podía…
-Nunca quise estar aquí –Continuó la joven-, pero tenía miedo de que pudieses hacerme algo contra mí, y perder al bebé. Nunca podría perdonar al hombre que me lo robó todo…
Las palabras de Hinata acertaron en Sasuke como un golpe fuerte y desconcertante, doliendo incluso más que la puñalada de Sakura en su hombro. Sentía como si un puño de hierro estuviese apretando su corazón.
-Estás mintiendo –Dijo Sasuke a Hinata.
-No –Respondió ella-. Ahora que mi hijo ha nacido no tengo por qué temerte. Deidara cuidará de mí.
-¿Tu hijo? –Preguntó Sasuke incrédulo, sintiendo la rabia latir en sus sienes-. ¡Chiharu también es mi hijo!
Hinata giró la cara, como si no quisiese continuar con una conversación desagradable. Sus ojos perlados recayeron sobre Deidara, que oía como hablaban plácidamente.
-¿Nos vamos? –Preguntó Hinata al rubio, que asintió afirmativamente.
La mujer de orbes plateados intentó pasar por al lado de Sasuke sin mirarlo, mas él le agarró el brazo sin ninguna delicadeza.
-No puedes hacerme esto –La voz de Sasuke sonó como el silbido de una cobra, pero más bien recordaba a una súplica.
Por algunos instantes Sasuke creyó haber visto algo en lo hondo de aquellos ojos perlados, como un brillo de esperanza por no irse. Mas luego el brillo se disipó bruscamente.
-Suéltame –Pidió Hinata educadamente.
-¡No!
-¡Díselo, Hinata! –Exclamó Deidara desde donde estaba-. Cuéntale la verdad. Tú nunca lo amaste. Siempre deseaste estar conmigo, pero el feudo fue entregado a Sasuke así como tú, una propiedad. Fuiste violada… Díselo.
Los ojos negros de Sasuke escudriñaron el rostro de Hinata, pero ella no miraba al mercenaria; prefería fijar la vista en sus propios pies.
-¿Eso es verdad? –Preguntó Sasuke.
-Sí –Respondió Hinata.
-Quiero oírte decirlo con todas las letras… -Dijo el Uchiha apretando el brazo de Hinata.
Sus ojos perlados flameaban cuando se dio la vuelta y le miró, respondiendo bruscamente.
-Sí, es verdad; nunca te amé… ¡Ahora déjame ir!
Con un brusco tirón, la joven soltó su brazo de las garras de Sasuke y abrió la puerta del cuarto con brusquedad. Nunca la había visto de aquella manera, parecía decidida, sus palabras le habían dejado profundamente dolido y no parecía estar mintiendo. No quería creer lo que oía.
Sin decir nada más, Hinata salió al pasillo al pasillo mal iluminado. Deidara la siguió de cerca sin abrir la boca, pero había una clara sonrisa de burla en sus labios. Sasuke intentaba pensar en decir algo para que hacer que ella parase, mas no encontraba las palabras. No parecía importarle lo que él sentía o quería… y si realmente lo que estaba diciendo era verdad, entonces nada de lo que él dijese tendría importancia.
La morena avanzó en dirección a la puerta principal de la mansión Hyuuga sin mirar ni una vez atrás. Pasó entre Kurenai y Hanabi ignorándolas, así como las preguntas que ambas le disparaban. La mayor de las Hyuuga se paró en el jardín, Deidara llegó hasta ella cargando a Chiharu en brazos. En ningún momento miró a Sasuke, no parecía estar arrepentida o mal por lo que hacía. Deidara colocó la mano derecha sobre los hombros de Hinata, y sonriendo se despidió de Sasuke.
-Hasta otra.
-Sasuke –Llamó Hinata en el último instante.
El Uchiha observó a la joven, rezando para que le dijese que todo aquello era una terrible mentira; que era mentira que ella no sentía nada por él.
-No me sigas –Dijo Hinata.
El malestar que el mercenario estaba sintiendo aumentó perceptiblemente de su estómago. En silencio, parado en la solera de la mansión Hyuuga, vio como Deidara, Hinata y su hijo desaparecían en una nube blanca.
&
A una distancia razonable del feudo Hyuuga, en un prado donde no se veía a nadie desde millas a distancia, Deidara surgió de una nube blanca tomando a Hinata de los hombros. Sentía el cuerpo de la chica temblar convulsivamente mas no sabía si era de miedo o furia.
-Chiharu... Mi hijo… –Habló Hinata con labios temblorosos.
-Calma –Respondió Deidara-, aún está vivo. Nos quedan unos minutos más.
Hinata miró desesperadamente a su hijo en los brazos del rubio. Parecía dormir, pero estaba muy quieto. Sus pensamientos volvieron a Sasuke, lo que le había dicho y hecho. Su corazón se apretó provocando un dolor fuerte y agudo. Él jamás la perdonaría. Nunca descubriría por qué ella había actuado de aquella manera.
-He hecho exactamente lo que querías –Exclamó ella-, ahora salva a mi hijo.
Sin sonreír esta vez y demostrando no estar ni un poco satisfecho, Deidara retiró de sus ropas un biberón que contenía un líquido transparente, como agua. Colocó la tetina en los labios del pequeño, que demoró inmensamente en tragar el líquido, pero luego de sorber el primer trago, bebió todo el contenido del biberón como si estuviese sediento. Con un inmenso alivio, Hinata vio el color volver a las mejillas de su bebé; no había percibido como había empalidecido. Deidara tiró el biberón así como el niño acabó de beber todo el antídoto. Sus ojos gélidos y azules se clavaron en Hinata mientras decía:
-No estés tan contenta. No me gusta para nada salvar la vida del hijo de Uchiha Sasuke. El niño no ha muerto hoy porque su herencia sanguínea es extremadamente rara… y no serán pocos los que van a interesarse por él.
Hinata notó que una piedra de hielo se deslizaba por de columna, con un escalofrío. Ella y su hijo habían caído en las manos de un monstruo; no sabía si la próxima vez que su hijo estuviese en peligro, podría salvarlo. Los dedos de Deidara recorrieron el rostro decolorado de Hinata, y ella, sintiendo el tacto frío de aquella piel, sintió odio hacia el aquel hombre.
-Estuviste realmente brillante en tu actuación, Hinata –Dijo el rubio, sonriendo-, hasta yo me convencí. Después de esto espero que no seas tan estúpida de creer que Sasuke va a venir tras de ti. El Uchiha cree que le traicionaste conmigo, y él no es el tipo de persona que perdona. Finalmente eres mía.
La sonrisa de Deidara se ensanchó mientras observaba como la expresión de Hinata cambiaba. La joven sintió las lágrimas subir a sus lacrimales, mas luchó contra ellas. No quería llorar en aquel momento; no frente a Deidara. Sus manos se cerraron en puños, el Akatsuki tenía razón, era mejor para ella no guardar ninguna esperanza de ser salvada por Sasuke… Estaba sola.
&
La noche cayó silenciosamente sobre el feudo Hyuuga. En la mansión había pocos movimiento, los siervos intercambiaban cuchicheos nerviosos sobre dónde habría ido Hyuuga Hinata y quién era el hombre rubio que la acompañaba.
Sasuke se había encerrado en el cuarto. No respondía a ninguna pregunta ni daba explicaciones. Ni siquiera a Hanabi o Kurenai. Había dejado bien claro que no quería hablar con nadie. Todos habían obedecido a su orden menos una persona.
Hanabi golpeaba la puerta del cuarto donde Sasuke estaba con toda la fuerza de su puño. No tenía ni idea de cuánto tiempo hacía que estaba allí, intentando que el mercenario la atendiese, mas el brazo ya le estaba doliendo, y su garganta ardía horriblemente.
-¡Sasuke! –Gritaba Hanabi a pleno pulmón-. ¡Sal de ahí!, ¡Dime dónde ha ido Hinata! ¿A dónde se llevó a Chiharu?
Una vez más, el silencio fue la única respuesta que la chica obtuvo. Ninguna palabra del Uchiha, ninguna explicación. Nasa. Solamente aquel silencio pesado y opresivo.
-¡Sasuke! –Continuó gritando Hanabi, golpeando la puerta-. No puedes quedarte quieto ahí. Tienes que hacer algo… ¡Haz algo!
La puerta corredera se abrió ruidosamente, dándole a Hanabi un susto tremendo. Enfrente suyo estaba Uchiha Sasuke completamente diferente: Su rostro duro, frío y cruel, y tenía un herida horrible y sangrante en el hombro.
-Vete –Ordenó Sasuke-. No quiero que me molestes más.
La boca de Hanabi se abrió, mas ningún sonido salió de ella. La Hyuuga recordaba claramente aquella expresión que estaba estampada en su rostro. Aquella era la expresión que él tenía cuando llegó al feudo proclamándose dueño del lugar. Algo estaba mal; muy mal.
-Sasuke... –Habló Hanabi con un hilo de voz, intentando controlar el miedo que estaba sintiendo en aquel momento-. ¿Dónde ha ido mi hermana?
El mercenario no le respondió nada. Sus ojos negros brillaron de forma gélida mientras la miraba.
-Ya te he dicho que te vayas.
-¿No vas a hacer nada? –Exclamó Hanabi-. ¿No vas a traerla de vuelta?
El rostro de Sasuke se tornó aún más impasible. Hanabi podía jurar que estaba apretando la mandíbula.
-Ella no quiere volver –Explicó el mercenario con simpleza-. ¡Ahora sal de una vez de mi vista!
Sin decir nada más, Sasuke cerró la puerta con brusquedad, dejando en el corredor a una molesta Hanabi. La chica sabía que no podía quedarse allí parada sin hacer nada. Algo estaba pasado, y a pesar de que ella no sabía lo que era, no le gustaba para nada.
Hanabi caminó de un lado para otro del pasillo intentando pensar en una solución. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando percibió que no se le ocurría nada para resolver aquel problema. Quería saber a quién pedir ayuda, mas no podía contar con Sasuke, y Kurenai poca cosa podía hacer en aquella situación. ¿Entonces quién?
Una idea brotó en su mente. Tal vez no funcionara, pero de la manera en que las cosas estaban yendo, no le haría mal intentarlo.
Hanabi corrió de vuelta a su cuarto, se puso de rodillas frente a una enorme arca de madera a los pies de su cama. La abrió y comenzó a buscar algo, hasta que sus dedos tocaron un rollo viejo y lleno de polvo. Entonces la Hyuuga sacó un pergamino enrollado con una cinta roja. Lo escondió en una de las mangas de su kimono y corrió rápidamente en dirección a la cocina.
Ignoró las miradas curiosas e inquisidoras cuando pasó rápidamente por la cocina, lanzándose al patio del fondo de la mansión que a aquella hora estaba sumido en la más completa oscuridad.
Hanabi no paró de andar hasta hacer alcanzado orla del pequeño bosque que circundaba la casa. La luna llena iluminaba precariamente la noche, aún así podía ver lo que estaba haciendo. Deshizo el lazo del pergamino tratando de recordar exactamente todas las palabras que Naruto le había dicho antes de partir.
"Si un día me necesitas, Hanabi-chan, -había dicho el rubio-, basta con que abras este pergamino y derrames una gota de tu sangre sobre el, entonces podrás mandarme un mensaje donde quiera que esté".
En aquel momento, Hanabi no había creído en las palabras del rubio portador del Kyuubi, pero ahora rezaba porque fuese verdad y no sólo una broma de mal gusto.
My nerviosa, la joven se mordió el dedo de la mano derecha, notando el gusto amargo de su sangre en la lengua, y supo que se había cortado, como pretendía. Dejó el dedo cabeza abajo para que las gotas escurriesen por el pergamino, y vio como se manchaba el precario papel amarillento. Rezó con todas sus fuerzas para que algo pasase, cualquier cosa. Pasaron unos largos segundos, hasta que de dentro del pergamino, envuelto en una nube de himo blanco, surgió algo, un pequeño sapo verde de ojos grandes y brillantes.
El animal encaró a Hanabi de forma astuta, como si estuviese esperando algo de ella. La Hyuuga quedó en silencio, dividida entre la exasperación y la rabia. ¿Cómo aquel pequeño animal llevaría un mensaje a Naruto?, ¿Cómo le encontraría? Aún así, el sapo continuaba mirándola. Hanabi pensó que aquellos enormes ojos eran demasiado expertos para un animal. Y entonces se arriesgó.
-Encuentra a Naruto –Dijo la muchacha tímidamente, muy bajo-, y dile que…
Miró al animal para ver si había entendido sus palabras, le pareció que sí ya que el sapo abrió su enorme boca y se comió a una mosca que volaba. Aquello parecía una buena señal.
-Dile –Continuó Hanabi– que Sasuke le necesita… pídele que venga lo más rápido posible al feudo Hyuuga.
El sapo verde engulló a la mosca con un sonido gutural de su garganta. Parecía haber entendido el mensaje. Se giró con sus cortas piernas y se perdió en el bosque con un salto. Hanabi permaneció en el mismo lugar. Sus ojos claros perdieron el sapo de vista, entonces los elevó hacia el cielo: la noche era caliente y estrellada, aún así se estremeció al pensar en dónde estaría su hermana en aquel momento.
Continuará...
Nota de la autora: Yare mina-san, finalmente estoy de vuelta. No pediré disculpas por la demora, ya que seria mucha osadía por mi parte. Problemas personales me importunaron extremadamente, aparte de eso siempre estoy deprimida el mes de mi cumpleaños, que por fecha es hoy. Espero que puedan comprender.
De todas maneras espero que les haya gustado este último capítulo, en mi opinión muy flojo. Por eso les pido disculpas. También quería decir que este fic finalmente está llegando a su final. El próximo será el último capítulo de "O predador e a Lua". Quiero agradecer a todas las personas que mandaron reviews o leyeron mi trabajo. ¡Muchas gracias, de verdad!
Nota de la traductora: ¡Hola! Un capítulo más de "O predador e a Lua". Os recuerdo que el próximo es el último (ya entramos en la recta final), ojalá os guste, a mí me ha encantado traducir esta historia. En breve pondré el último, sed pacientes. Saludos y gracias por vuestro apoyo incondicional.
Agradecimientos especiales a:
Karla, Flordezereso, Viicoviic, Sairiko-chan, Mina-san86, Carrieclamp y Shiru.
