Lo siento, lo siento, lo siento, LO SIENTO!!
Ocurrió la peor de las tragedias :S :S
Mi Internet se calló y no se podía arreglar. Le dije a mamá que llamara a los tipos del servicio técnico, pero solo se dignaba a decirme "mañana llamo, te lo juro que mañana si" pero a saben, ese mañana nunca llega.
Pero de tanto que le hinché las pelotas, llamó ayer y hoy vinieron a arreglarla 8.8
Así que pido mil disculpas por esta laaaaaaaaaarga demora.
Lamento decirles que el próximo capítulo demorará en subirse, porque ya comencé con las malditas pruebas y prometí a mis padres que subiría esas feas notas en física y matemáticas (iuuuu me cargan esas dos asignaturas ¬¬)
Asi que espero que disfruten del capítulo y no se desanimen, que después de terminadas mis pruebas me pondré a escribir más a full
Nos leemos abajo.
Capítulo IV: La batalla.
Cuando ambas tropas estaban a escasos doscientos metros, Susan dio la orden de disparar.
El cielo se llenó de flechas, que fueron a llover encima de los Aneresnianos.
Una nueva batalla daba comienzo en la longeva historia de Narnia.
Peter cabalgaba delante de las tropas narnianas, con Caspian a la zurda y Edmund a su diestra. Los tres mantenían en sus rostros una expresión digna de los nobles y grandes reyes que eran.
Peter ya no se parecía en nada al Peter Pevensie de Londres. Si sus amigos lo viesen no lo reconocerían, pues no solo su expresión se notaba mucho más madura de lo que ya era, sino que su físico también se hacia diferente a cada hora en la que el aire de Narnia lo invadía.
Sus hermosos ojos eran ahora del más puro tono azul grisáceo acentuando el azul cuando se encontraba feliz, o con sentimiento positivo alguno y notándose gris cuando estaba enojado, furioso, triste o como en esos momentos: irritado. Sus cabellos claros adoptaron un tono dorado, como el sol que resplandecía en esos momentos sobre el campo de batalla, o si lo prefieren, dorado como los campos de trigo que se extendían en verano.
Caspian, a su lado, mantenía su vista fija en sus enemigos, dejando escapar por sus ojos ambarinos una profunda mirada de odio hacia los Aneresnianos.
Sus finos labios fruncidos en una mueca de disgusto y el viento dándole en pleno rostro, desordenándole el cabello, le daban un aire de adolescente rebelde, que estaba enfadado porque lo habían castigado por hacer travesuras, aunque si lo observabas más detenidamente, te dabas cuenta de que en su rostro también había impaciencia, rabia y muy, muy oculto estaba el miedo, miedo por dudar si lograría salvar Narnia, ese miedo que lo invadía cada vez que tenía que estar en un campo de batalla.
Poco a poco se acercaban a los Aneresnianos, que los esperaban a mitad del campo.
Alcázar, desde su caballo gritó: Bajen sus armas, entréguense voluntariamente, denme el trono de estas bárbaras tierras y os dejaremos libres.
A lo que Caspian respondió.- Nunca te daría estas tierras, ni aún cuando el último de mis hombres caiga, ni aún cuando desaparezcan los habitantes de estas tierras.
Alcázar dio entonces la orden de atacar.
—Eliminen a todos los que se crucen por su camino.- masculló de forma que sólo lo oyeran sus ejércitos.-No quiero prisioneros esta vez.-Agregó el sanguinario rey.
Las tropas de Alcázar reanudaron la marcha.
El ruido de los tambores Aneresnianos volvió a retumbar en el aire de batalla, mientras que unos cuantos centauros narnianos tocaban la marcha que daba inicio a la guerra.
—Arqueros apunten—Gritó una voz femenina. Los tres reyes narnianos, todas las tropas presentes e incluso Alcázar fijaron su vista hacia el lugar de donde provenía la voz, encontrando a una hermosa y esbelta joven, ataviada en un hermosísimo vestido esmeralda, que sólo tres de los presentes en esa guerra reconocieron inmediatamente. —Disparen— Volvió a gritar aquella hermosa mujer.
De pronto, no solo el ruido de los miles de cascos, pezuñas y de mases se oyeron.
El cielo fue atravesado por un millar de flechas, que provenían de los lindes del bosque, que fueron a parar sobre las cabezas de los Aneresnianos.
Susan, seguida de un gran número de Dríades y Hamadríades se encontraban lanzando flechas, unas tras otras, lo cual logró disminuir considerablemente el número de las tropas enemigas.
Un bello Abeto entregó una de las espadas más finas y livianas a Susan, al notar que la reina entraría en combate, dispuesta a arriesgar su vida por salvar a Narnia de esa posible invasión.
Al notar las intenciones de la reina Susan, algunos de las presentes dríades fueron en busca de algún caballo, el cual no demoraron en encontrar y convencer para que la chica lo montara.
Susan montó con gran maestría y elegancia el caballo que sus guerreros le ofrecían y dando una nueva orden, comenzó a cabalgar, directo hacia los Aneresnianos, con un ejército de espíritus de árboles volando, literalmente, tras ella.
El combate bélico daba inicio, con una gran baja de guerreros, gracias a Susan y su nuevo ejército.
Ambas tropas corrían al enfrentamiento que tal vez determinarían un nuevo destino para las salvajes tierras de Narnia.
Narnianos versus Aneresnianos, criatura lideradas en combate por cuatro reyes y humanos segados por la codicia que su rey les había inculcado.
Susan se unió a los demás en cosa de segundos situándose al lado de Caspian, a quien saludó con una sonrisa, la cual borró de su rostro en cuanto posó sus pardos ojos en las tropas de enfrente.
Peter y Caspian se adelantaron, seguidos de los felinos más veloces que ahí tenían: Cheethas, leopardos, tigres y leones avanzaban tras los dos reyes, mientras Edmund y Susan permanecían unos metros más atras, con el resto de las tropas.
-¿Donde está Lucy?- Preguntó Susan, al notar la ausencia de su pequeña hermana.
-En el campamento.-Respondió Edmund.- Peter le prohibió luchar. En cambio le dió órdenes para que atendiera a los heridos que fueren llegando.
La chica asintió con la cabeza, mientras su caballo corría más y más rápido, hasta llegar a casi cincuenta metros de la primera línea enemiga.
Por fin ambos bandos se encontraron en el centro de la extensa llanura narniana, que una vez más era el escenario de una batalla.
Los Aneresnianos comenzaron inmediatamente a lanzar estocadas a diestra y siniestra, intentando herir a sus contrincantes, cosa que algunos lograron. Sus caballos, entrenados para atacar, mordían a los felinos que se les lanzaban encima y pateaban a los caballos que se cruzaran por su camino.
Peter desenvainó su espada tal cual lo hacía en esos momentos Caspian, Edmund y muchos otros narnianos como algunos enanos, ratones y centauros.
A medida que tenían al alcanze un soldado enemigo, les traspasaba la espada, cortándo los trajes de malla negros que traían puestos y atravesándoles el cuerpo.
El resto de los enanos, que no estaban inmersos en la batalla cuerpo a cuerpo, iban cargados por los Grifos mientras lanzaban flechas desde lo alto del cielo, acertándo el noventa por ciento de estas en líneas enemigas. Los arqueros Aneresnianos no se quedaban atrás. Disparaban perfectamente y más de alguna flecha logró alcanzar a algún grifo o a algún enano.
Susan, con su nueva espada en mano, peleaba cuerpo a cuerpo con un soldado aneresniano, ñuego de que su caballo fuese alcanzado por una flecha y alla caído en medio del campo.
-Este no debería ser un lugar para una niña.- Se mofaba el moreno guerrero, con una burlona mueca en su rostro que fué rápidamente borrada por Susan, quien de una estocada, que en su viaje anterior a narnia había aprendido, atravesó el corazón del guerrero.
-Pero sí para una reina.-Le respondió, quitando su espada, ahora ensangrentada, del cuerpo del Aneresniano y dejándolo tendido ahí, muerto.
En su interior, un escalofrío la recorrió entera, pero mentalmente se dijo que no debía sentir lástima por esos imbéciles que osaban mofarse de ella y que trataban de apoderarse de sus tierras.
A unos cuantos metros, Peter se batía cuerpo a cuerpo también, con dos aneresnianos que lo superaban en edad y estatura, pero no en destreza ni habilidad.
-Hay por dios, cómo pueden dejar gobernar en estas tierras a un chiquillo idiota como este.- Le decía uno al otro, mientras Peter los miraba con profundo odio y sin poder contenerse más, cogió su espada y cegado por la furia, decapitó al aneresniano que se había burlado de él, mientras el otro lo miraba con cara aterrorizada.
-No me digas que ahora te da miedo un simple adolescente.- se burló esta vez Peter, mientras se adueñaba de la espada del recién decapitado y se enfrentaba al otro guerrero, desarmándolo en cuestión de minutos.
Trumpkin y sus enanos peleaban como dignos de su sangre. Como valientes hombres, con sus armaduras, escudos y las mejores espadas que pudieron crear, los enanos se enfrentaban cada uno con uno o dos hombres a la vez.
Que decir del pequeño Rípichip, que junto a sus once ratones lograban atrapar a un Aneresniano y en pocos segundos, este quedaba reducido a la nada. Luego, partían en busca de otra víctima y asi sucesivamente fueron rebajando el número de enemigos, aunque he de admitir que con esa estrategia demoraban mucho más que un solo guerrero de mayor porte.
Pero no todos los narnianos estaban en las mismas condiciones ganadoras. Muchos de ellos habían sido alcanzados por alguna flecha o en su defecto, por una espada, que en algunos casos aumentaban a dos.
Pero quien más ocupado estaba era Caspian.
En el centro, rodeado por parejas de combatientes que luchaban por mantener la libertad de Narnia, algunos, y otros por conquistar aquellas salvajes tierras, se encontraban ambos reyes.
Por un lado estaba Alcázar, con su rostro furioso, salvaje y lleno de sudor. Con una reluciente armadura, encima de una malla de negro color y una espada larga, algo más gruesa de lo normal y media curvada. Frente a él, un jovial adolescente, con sus oscuro cabellos alborotados y con algunos mechones pegados a su rostro, a causa del sudor. Su escudo de plata, con el símbolo del león grabado en él, colgaba de su brazo izquierdo, mientras que en el derecho sostenía firmemente su espada, la misma espada que había utilizado en sus anteriores batallas y que nunca le había fallado.
Ambos se examinaban, girando en círculos, observando con ojo de águila a su oponente, fijándose en aquellos puntos descubiertos en los que podían dar una que otra asestada.
De pronto, el choque de dos metales silenció toda la batalla.
Ambos reyes habían comenzado a defender Narnia, el más joven, y a intentar conquistarla, el mayor.
Algunos de los guerreros continuaban batiéndose en duelo, mientras que la gran mayoría se ponía tras su rey para observar y alentar a los dos nobles caballeros que peleaban con una destreza increíble.
Susan vio de reojo este círculo que se había formado alrededor de ambos hombres, pero rápidamente desvió su mirada hacia al frente.
Cerca de siete Aneresnianos se acercaban a ella, con la intención de dañarla, pero Susan no tenía ni la menor pizca de ganas de salir herida de aquel combate, por lo que rápidamente colocó tres flechas en su arco, las enfocó en su objetivo y con un fuerte tuang salieron disparadas hacia tres de los siete personajes. En menos de un segundo ya tenía tensada la cuerda del arco, en donde se encontraban dos flechas que luego de un segundo tuang, fueron a parar sobre dos de los cuatro Aneresnianos que aún estaban en pie. Tensó la cuerda del arco por tercera vez y nuevamente disparó dos flechas, que acertaron en el objetivo de la chica
Corrió hacia el círculo, situándose a un costado de Peter, que observaba detenidamente la pelea entre Caspian y Alcázar y que de vez en cuando gritaba algún "consejo" para Caspian.
Susan prefirió guardar silencio. Aún tenía grabadas las palabras que alguna vez, un señor había dicho sabiamente la primera vez que estuvo en Narnia: "…Las batallas son algo horrible cuando luchan las mujeres…" Si bien tenía razón, Susan sentía la necesidad de estar presente en aquella batalla, ya que esa batalla podría definir un nuevo destino para Narnia, en caso de que perdieran. Pero sabía que no sería así. Con ayuda de las criaturas que a ella se le había unido, los narnianos que habían venido junto a Caspian, Edmund y Peter, y con la guía de estos tres, tenía claro que la batalla sería ganada por ellos, por los narnianos.
Desde las líneas contrarias, Susan divisó a un Aneresniano que estaba a punto de lanzar una flecha, destinada a Caspian y sin pensarlo dos veces, tensó su arco y disparó al arquero, con tan buena puntería que dio justo en donde querría dar: el cuello.
Cerca del recién caído Aneresniano, se levantaron tres tipos, con espada en mano que se precipitaron hacía los narnianos. Antes de que Peter diera la orden, un centauro, un enano y un fauno salieron de sus lugares y se enfrentaron a los tipos.
En menos de cinco minutos, la batalla volvió a reanudarse.
Peter, con ayuda de un centauro, cuyo nombre era Alastor, luchaba contra dos capitanes de tropa.
Susan y Edmund luchaban por mantener segura sus espaldas, mientras que los pocos magos que habían podido asistir al combate realizaban conjuros para proteger a los narnianos y otros para debilitar a los Aneresnianos.
Nadie se percató de cómo, pero en un par de segundos, Caspian se encontraba rodeado de Aneresnianos, mientras que Alcázar huía junto con algunos generales y parte de las tropas.
Susan continuaba disparando flechas a cada Aneresniano que se cruzase en su perímetro de visión.
Cuando ya no le quedaban más Aneresnianos a quien flechar, Susan miró por tercera vez a Caspian, y se percató del mortal peligro que corría.
A pesar de haber reducido el número de guerreros que lo rodeaban, a Caspian le costaba mantenerse en pie, ya que las fuerzas flaqueaban y el aliento se le cortaba. También notó una pequeña herida en el costado izquierdo de su abdomen, que no le permitía mantenerse completamente erguido y lo mantenía algo doblado.
En ese momento, Caspian volteó, con la sensación de que había alguien tras él. Y así era.
Un Aneresniano de alrededor de un metro ochenta se encontraba a punto de atravesarle su espada por la espalda, a la altura de su corazón, pero sus ojos ya no se movían ni respiraba y el joven rey divisó la punta de una flecha atravesada en el pecho del guerrero, que cayó desplomado en el suelo.
En su espalda se encontraba una flecha incrustada, y frente a él, una hermosa joven, con el más bello vestido esmeralda apuntaba una segunda flecha, que pasó silbando cerca de su oído y fue a parar a uno de los cuatro Aneresnianos que aún quedaban ahí.
Caspian sonrió a pesar de su cansancio y con un último aliento, empuñó su espada y dio muerte a dos de los que se encontraban en pié, mientras el último caía como una hoja de otoño, con dos flechas atravesándole el pecho.
— ¿Estas bien?- masculló Caspian, a falta de aire.
La chica no respondió, pero soltó el arco y corrió a los brazos de Caspian, fundiéndose en un cálido abrazo y un ansiado beso, pero sin apretarlo mucho con su abrazo, pues estaba consiente de la herida fresca de Caspian.
Se separaron no menos de un centímetro y se sonrieron.
—Perfectamente.- le respondió Susan.
Sabían que las palabras estaban de más. Cada uno podía descifrar la mirada del otro. Cada uno podía observar en los ojos del otro esa calidez, aquella sensación de gozo y esa tranquilidad de estar por fin juntos. Por fin estaban juntos nuevamente.
Abrazados (Caspian se apoyaba sobre Susan para poder caminar con mayor facilidad, mientras esta mantenía ambos brazos rodeándolo) se dirigieron al campamento, mientras algunos narnianos se llevaban a los pocos heridos de gravedad que habían resultado de la batalla.
Encontraron a Lucy, con su botellita de diamante, curando a los heridos y sanando aquellos rasguños y tajos que tenían los narnianos luego de la batalla.
Susan le comentó su "aventura" en el bosque, mientras la ayudaba con los pocos heridos que aún quedaban.
Caspian, apoyado en el marco de la improvisada enfermería observaba sonriendo a Susan, quien a pesar de haber estado en lucha, haber recibido un par de golpes y tal vez estuviese lesionada, no dejaba de sonreír de esa manera tan encantadora que lo enloquecía. La miraba embobado, mientras ella hablaba con su hermana y le contaba algunos detalles de la pelea, mientras la pequeña Lucy la escuchaba atentamente, sin dejar de atender a los heridos que en cada minuto iban disminuyendo.
También le contó sobre la huída de Alcázar y de que según ella, no se volvería a atrever a regresar a las tierras de Narnia y que finalmente la batalla había terminado… o eso parecía ser.
Les gustó el capi?? Espero sus comentarios, y gracias a v por dejar sus reviews. Saben que esos lindos rr me ponen muy feliz y con ganas de seguir escribiendo. (Si, las ganas las tengo, pero lo que no tengo es el tiempo ¬. ¬)
Besos y abrazos a todos/as
