Hay chicas/os, muchas gracias por su paciencia. Lamento haber demorado tanto, pero no tengo excusas.
En realidad si tengo excusa…
Me operaron hace poco (el 13 de noviembre) y tenía el capi casi listo, pero cuando volví a casa luego de que me dieran el alta, me enteré que al pc le había entrado otro virus más (el muy maldito parece que tiene un imán para los virus) y lo m anduvieron a formatear… que creen… ¡Se Borró Todo!!!!!!!!
A demás que me he quedado re metida con Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer, los mejores libros de vampiros y romance que he leído (Se los recomiendo de veras a aquellas que no los hallan leído)
Bueno, espero que este capítulo sea de su agrado.
Les adelanto un poco: En este capítulo aparecerán nuevos personajes, comenzaran algunas discusiones y sobretodo, un acontecimiento que se dejará transcurrir por lo menos en dos o tres capítulos.
Nota: No tengo ni la menor idea de las edades de los hermanos Pevensie, pero a pesar de eso las edades en este fic son de 17 años para Caspian y Peter, 16 para Susan, 15 para Edmund y 14 para Lucy. Aunque no lo parezca, es posible que los hermanos se lleven una diferencia tan mínima. (Mi papá y su hermana se llevan por 364 días de edad 0.0)
Besos
Disfruten del quinto capítulo.
Capítulo V:
En una oscura sala, Alcázar bebía de una copa un líquido espeso de colores violáceos.
—Esos narnianos creen que se han salvado, pero esto no se va a quedar así.-murmuró el tirano rey. Un plan comenzaba a desenvolverse en su maquiavélica mente. Un plan del que estaba seguro no fallaría. En aquel plan estaba incluido un botín nuevo, precioso y que le había encandilado apenas posó sus oscuros ojos en ella.
—Ten por seguro Caspian Décimo, que muy pronto tendrás que despedirte de tu querida chica.-Volvió a murmurar, mientras vaciaba el contenido de la copa en su boca.-Esa preciosa joya será mía por la razón o la fuerza.
Aquella imagen de la bella adolescente de oscuros cabellos abrazando a Caspian se mantenía impresa en su mente.
Apretó con fuerza la copa que tenía entre sus manos, con mucha fuerza a decir verdad, ya que los anillos que envolvían sus morenos dedos comenzaron a incrustarse en su piel, haciendo que un hilillo de sangre se escurriera a lo largo de su dedo.
—Guardia.-Bramó, lanzando lejos la copa. En apenas medio minuto un guardia se presentó frente a él.
— ¿Si señor?-Preguntó temeroso.
—Llame al General Garrow y dígale que traiga el encargo que le mandé.
——————————
Una caravana se dirigía hacia el castillo de Cair Paravel en medio de un hermoso y anaranjado atardecer.
Las alargadas sombras de los árboles resultaban extremadamente acogedoras a esas horas y la suave brisa mecía las ramas de los árboles y refrescaban a las criaturas, animales y personas que caminaban por el sendero hacia el océano y Cair Paravel.
La caravana era encabezada por Peter, Edmund y Caspian, que conversaban sobre trivialidades masculinas [N/a: ya saben, esos temas que solo les competen a los chicos y que a nosotras nos trae ; )], seguidos de las dos reinas, Susan y Lucy, junto a unas pequeñas hadas del tamaño de la palma de una mano que revoloteaban encantadas alrededor de ambas reinas, y más atrás de estas, las diversas criaturas que poco a poco se iban separando de la caravana, a medida que pasaban por los diferentes lugares de aquellos bosques, en los cuales se encontraban sus hogares, madrigueras o árboles.
Las dríades junto a las hamadríades desertaron de la caravana en cuanto encontraron a los árboles a los que pertenecían. Muchos felinos las imitaron en cuanto llegaron a un claro, en donde habían varias cuevas subterráneas, donde seguramente les esperaban sus familias, una reconfortante comida y un cálido y acogedor sitio cómodo para descansar.
Los enanos también comenzaron a separarse en cuanto divisaban sus pequeños y acogedores hogares, con humo saliendo de sus chimeneas y una cacerola cociéndose a fuego lento.
Cuando finalmente llegaron a la playa, en donde la hermosa Cair Paravel se levantaba, tan imperiosa, elegante y majestuosa, solo algunos enanos, los centauros, faunos, minotauros y un reducido grupo de animales era lo que quedaba de la caravana.
Se detuvieron mientras el puente comenzaba a descender, dejando a la vista el hermoso castillo.
—Finalmente hemos retornado a casa.- masculló Lucy, mientras una sonrisa cargada de recuerdos y añoranza se apoderaba de su rostro.
—Si Lu, hemos regresado a casa.-le respondió su hermana, segundos antes de que las grandes puertas comenzaran a abrirse.
La noche comenzaba a caer en los puros y envidiables cielos de Narnia.
Las luces del castillo comenzaban a ser prendidas, las empleadas comenzaban a limpiar con entusiasmo, felices, porque les agradaba la manera en que las trataban en ese lugar, y los restos de la cena comenzaban a ser retirados del comedor.
En el amplio estudio, cinco reyes se encontraban ubicados en los mullidos sillones de cuero, rodeados de algunos personajes que eran de plena confianza de Caspian. Bah, con los mejores amigos de la infancia suya que se habían quedado después de que Aslan llevara a aquellos Telmarinos que sentían la necesidad de regresar a su lugar de origen.
—… El es lord Seth, mi mejor consejero y amigo.-Continuaba presentando Caspian. Esta vez a un bello adolescente. No debía de tener más de quince años. De cabellera castaña, larga y lisa, que le llegaba hasta la altura de los hombros, cogida por una coleta. Tez color perla, tersa y suave, pómulos ligeramente sobresalientes. Complexión maciza, un torso del que se sentía orgulloso y unos ojos verde esmeralda impactantes, los cuales dejaban traslucir una tranquilidad que calmaba al más alterado ser que pudiese existir.
—Un placer el conocerles.-Dijo Seth, con una hermosa voz aterciopelada, mientras —estrechaba su mano derecha con la de Peter, seguido por la de Edmund y luego cogiendo las manos de Susan y Lucy, depositando un beso en cada una.
—Y ella, Isabella, su hermana menor.-agregó Caspian, inclinando la cabeza hacia la derecha del joven Seth, en donde una hermosa joven de catorce años se encontraba conversando con Susan, Lucy y dos chicas más.
—Un placer.-dijo con su voz cantarina, haciendo una leve reverencia.-Aunque Caspian olvidó que detesto que utilicen mi nombre, pueden decirme Bella.-Agregó.
Sus cabellos ondulados caían graciosamente hasta la cintura. Eran de un color guinda intenso con finas mechitas azabache.
Su piel era exactamente igual a la de su hermano: porcelana lisa, suave y tersa. Pómulos sonrosados y ligeras pecas en la nariz. Sus ojos, del más puro azul anochecer, estaban adornados por unas largas y encrespadas pestañas que rozaban los párpados, de un tono más oscuro que el de su piel. Su vestido color zafiro resaltaba aún más el color de sus ojos. Delgada y alta, con un porte elegante y fino y gracioso a la vez.
—Y finalmente, las gemelas Annie y Mary.-Terminó de presentar Caspian, señalando a ambas chicas que conversaban animosamente con Susan, Lucy y Bella.-Ellas están a cargo de la preparación de brebajes y esas cosas.-Agregó, disimulando una mueca que bien podía ser irónica o realmente de cierta molestia.
Annie era un poco más baja que Mary. Ambas con unas cabelleras color miel, ojos ambarinos y porte medio. Se diferenciaban por los tonos de pieles. Annie poseía un bronceado envidiable, a causa de las muchas horas que pasaba al sol y sus mejillas sonrosadas le daban un aspecto infantil, a diferencia de su hermana, cuya piel era más clara y estaba recubierta en pecas.
—Mañana saldremos a recorrer los bosques cercanos.-Informó Edmund a sus hermanas, que no habían estado pendiente de las conversaciones de los chicos, prefiriendo conversar cosas entre ellas.
—Recuerden tener cuidado.-les dijo maternalmente Susan a sus hermanos, tal como lo hacía en los tiempo de la Edad de Oro.
—Claro Su.-le respondieron ambos a dúo.
—Mañana se realizará una cena en honor a ustedes.-Comentó Caspian, mirando de reojo a Susan, esa bella chica que se preocupaba tan maternalmente por sus hermanos.
Con ese aura tan… tan de ella. Tan puro, tan delicado, tan… tan Susan. Le encantaba, no había como negarlo. Se había enamorado de ella hacía mucho, cuando la conoció. Sentía en su interior que ambos estaban destinados a estar juntos, a pesar de haberla casi perdido cuando supo que no regresaría, cuando la vio atravesar aquel espacio entremedio de esas maderas levantadas por Aslan, cuando la vio desaparecer y aun cuando sintió dentro de él el resquebrajar de su corazón y el nacimiento de una herida que difícilmente podría curar, pero que sanó casi por completo apenas la vio atravesando el bosque con su ejército de Dríades.
Pero ahora estaban ahí, los cuatro hermanos habían retornado pero él no sabía cual era el motivo del inesperado regreso. Tal vez Él los había hecho regresar, para que ayudaran nuevamente a proteger Narnia y luego Él los regresaría a su mundo y tal vez volvería a quedar solo, sin su reina… sin Susan.
—Será mejor que todos nos retiremos a nuestros aposentos Caspian.-Annie sabía que era inútil seguir llamando la atención de Caspian. Mary y Bella siempre le repetían que el joven rey tenía ojos para una sola mujer y que nunca se fijaría en ella, ya que la veía como una hermana menor, al igual que a Seth y que a ellas dos.
Para cuando levantó la cabeza y abrió la boca para agregar algo, se encontraba sola en el estudio.
Murmuró por lo bajo y salió de la habitación apagando la última vela que quedaba prendida.
Caminaba descalza por el oscuro pasillo, buscando alguna puertecilla que diera hacia algún balcón. Añoraba considerablemente los cielos tan claros y despejados que de noche se podían apreciar.
Siguió su curso, distraída observando a las hadas danzar en los jardines a través de la ventana sin saber que un par de esmeraldas azuladas la seguían disimuladamente.
Susan abrió una puerta a final del pasillo y encontró lo que buscaba.
La fresca brisa nocturna le dio de lleno en el rostro, meciendo sus cabellos y liberando su dulce fragancia a manzana.
Se apoyó en la barandilla y cerró los ojos unos momentos.
No se percató de una segunda presencia en el balcón, hasta que dos brazos le rodearon la cintura y un aroma a madera y bosque le inundaba las fosas nasales.
— ¿Estas disfrutando de la noche?-Susurró el recién llegado en su oído.
—Ahora que llegaste tú la disfruto mejor.-Respondió Susan, con su cantarina voz.
Caspian apoyó su mentón en el hombro de la chica, mientras la atraía más hacia si. Ella se acomodó en el torso de su querido rey, mientras un suave beso era depositado en su clavícula.
——————
—Mandó a llamar, Majestad.-la rasposa voz del General Garrow retumbó en la oscura sala.
—Si General. Verá, el fracaso de hoy me dejó decepcionado con la actuación patética de sus guerreros.
—El capitán de escuadrón será castigado por el mal instruir de mis hombres.
—Eso espero. Ahora, he de suponer que me has traído el encargo que te he pedido.-Alcázar tomó asiento frente a una mesa desocupada.
—Por supuesto, mi Gran Señor.-El general Garrow se posicionó frente a Alcázar y extendió unos pergaminos a lo largo y ancho de la mesa.
—Perfecto.-Su voz estaba totalmente excitada.- Los planos de la nueva Cair Paravel.
