Al día siguiente mi plan era simple, tratar de concentrarme en todo. Estar atento a las clases y dar el doble en el entrenamiento, buscar mantenerme ocupado. No obstante terminado el primer periodo me sentía ya agotado. ¡Qué complicado es tratar de ser un buen alumno! Ahora entiendo porque Rachel está desquiciada, no hay forma de rendir de esa forma sin la ayuda de alguna droga.

Caminaba por el pasillo hasta el patio con mi bandeja del almuerzo y caí en la realidad. Todas las mesas estaban ocupadas, todas por grupos bien formados donde el no encajaba bien. Ahora, sin Mercedes donde debía estar su lugar no había cabida para él. De pronto me encontré a alguien que seguramente la pasaba peor que él y desde hace tiempo.

Kurt estaba sentado en una mesa, tan solitario como él, revolviendo su comida y checando su celular cada pocos minutos. Ahora que lo pensaba debería de sentirme culpable, pues gracias a mí tenía que comer solo ya que lo dejé sin su mejor amiga. Aunque de mi parte no había problema alguno, creo que él se sentiría incomodo.

Creo solo nosotros dos nos podríamos entender, ya que a nadie más parece importarle y es lo más cercano a Mercedes que me queda.

- ¿Está ocupado? – pregunté lo más cortés posible. Desvió la mirada de su celular y me vio con gesto de hastío. Creo que no he hecho las cosas bien con él últimamente.

- No, yo… me voy si quieres. - ¿Qué? Se supone que quería sentarme aquí con él.

- No, no es necesario. – frunció el seño, parecía extrañado, creí que éramos amigos pero parecía extrañado de mi actitud. – De hecho creo que te debo una disculpa.

- ¿Tú a mí? – me miró como si estuviera yo enfermo. - ¿Sam, te sientes bien?

- Sí. – nota del autor (bastante bien, jiji ¿no creen?) – estoy bien.

- ¿Entonces por qué te quieres disculpar en todo caso? No me has hecho nada.

- ¿Eso crees? – Examinó su comida.

- Será por eso que sabía extraña. – susurró. Yo reí.

- No, no por eso. – Tomé aire. – Es solo que me di cuenta apenas de que por mi culpa te habías quedado sin tu mejor amiga desde mucho antes de que esto pasara. Y pues es un poco injusto de mi parte, después de todo lo que has hecho por mí.

- ¡Oh cielos! – suspiró Kurt. – No, claro que no fue así. Yo haría cualquier cosa por Mercedes y en parte se lo debía. Además eres un chico especial, no como el resto de bestias que tenemos por compañeros en esta escuela. – Tomó un bocado de su… lo que sea que haya escogido de la cafetería y comió. – Lo que me lleva a preguntar ¿qué hace Sam Evans sentado con uno de los rechazados de la escuela.

- Tú no eres un rechazado. – dije y me sorprende que alguien con su autoestima diga eso.

- Y esto que estoy comiendo es un producto natural, fresco y cocinado a la perfección. O tu ese rubio es tu color de cabello natural, o las clases de matemáticas son las más divertidas de toda la escuela. – Vaya, el sarcasmo en él toma un nuevo significado.

- Pues en ese caso me presento. – Le di la mano. – Soy Sam Evans, el nuevo miembro del club de los desadaptados. – Kurt rió.

- ¿Tú, desadaptado? – ¿Hablo vikingo?

- ¿Qué no te has dado cuenta? – dije como si fuera obvio.

- Eres uno de los más populares del colegio. – dijo haciendo una mueca.

- Lo era hasta que me empezaron a decir nerd solo porque hablo Na'Vi y me gusta la ciencia ficción. – Iba a replicar, pero lo impedí. – Las dos chicas más ardientes del colegio me botaron, ahora hay rumores de que fui yo quien hizo lesbiana a Santana.

- Eso es ridículo, a Santana le gustaban las faldas de otras chicas desde mucho antes, para ser sincero yo sabía que era cuestión de tiempo que empezaran a dudar enserio sobre su sexualidad en lugar de decir que solo era una etapa de experimentación. Ni Luis Pasteur hizo tanta experimentación. - ¿Quién?

- Y lo que seguramente fue lo que mandó hasta el final de la cadena alimenticia due el hecho de que ahora soy pobre.

- Eso es totalmente ridículo. – dijo furioso.

- No, es cierto, Jacob Ben Israel lo publicó en su página. – Todavía recuerdo cuando lo ví en la computadora de la escuela, alguien había dejado abierta esa ventana del ordenador a propósito. El titular estaba en Rojo brillante: "La Popularidad de Sam Evans se fue tan rápido como su dinero".

- Sí, creo que oí al respecto. – dijo con gesto con algo de culpabilidad. – Lo que realmente me cuesta es que se ensañen en hacer la vida de alguien un infierno.

- En realidad solo se trata de los miembros del club. – si solo a nosotros.

- No, me he dado cuenta de que en la mayoría de los casos los acosadores se sienten molestos porque otras personas hacen lo que ellos desearían.

- Pero…

- El caso de Puck no cuenta. –dijo categórico. Suspiró. – Uno de los defectos más grandes del ser humano es que somos muy superficiales.

Realmente estábamos teniendo una charla muy agradable cuando el timbre de las clases sonó estrepitosamente.

- Supongo que eso es todo. – me levanté de la silla con pereza, el siguiente periodo de clases se hacía mucho más pesado puesto que al final de este tenía entrenamiento y justo después tenía ensayo en el coro.

- Sí, creo que también me voy, no quiero llegar tarde. – Recogió sus cosas y se levantó del asiento de un salto.

- Nos vemos luego Kurt. – Me hizo una seña y se fue de ahí.

Como dije las clases resultaron ser un infierno. Estuve a punto de dormirme en mi pupitre, gracias al cielo sonó la campana. Pero el entrenamiento quizá fue el peor de toda mi vida.

- Vaya, vaya. Miren quién está aquí. – Azimio gritaba mientras Puck, Finn y por extraño que parezca, Karofsky me miraban en suspenso.

- Que bajo has caído Evans. – Todos reían mientras ese trío me decían con la mirada huye de aquí.

- Shhh, déjenlo. – Una voz parecía que salía en mi ayuda. – Debe ser horrible que todas las chicas lo rechacen. – No era lo que esperaba ciertamente. Pero todos los demás si porque reían a carcajadas.

- ¿Esto a que viene? – dije expectante.

- No sabía que estuvieras tan desesperado. – Azimio apenas podía hablar de la risa que le causaba la situación. – Tener que consolarte con Hummel.

Sabía que había escuchado bien, pero no asimilaba la información, ahora entiendo la expresión de que fue como un cubetazo de agua fría. Me sentía furioso, sentía la rabia correr a raudales por todo mi cuerpo. ¿Solo por charlar un poco con Kurt hacían todo ese alboroto?

Salí corriendo de los vestidores, casi derribo a Beiste, me matará por no entrar al entrenamiento, pero es mejor que quedarme a empezar una pelea de la que ni en sueños podría ganar.

El único salón abierto era el de ensayos a esa hora, también el auditorio, pero seguramente estaría Rachel. Entré y aventé mis cosas. A esta hora deben de haber ya miles de rumores por toda la escuela.

- ¿Sam, estás bien hermano? – decía Finn a mis espaldas.

- No estoy saliendo con Kurt, si es lo que te preocupa. – dije todavía preso de la furia.

- Tranquilo, te creo. – dijo y se desplomó en un asiento a mi lado. – No le hagas caso a esos idiotas. Pero…

- ¿Pero qué?

- No quisiera ser cruel, pero te lo dije.

- ¿Qué? – dije atónito.

- ¿Recuerdas que te lo dije cuando recién llegaste? – Claro que recuerdo eso.

- ¿Si te escuchas a ti mismo cuando hablas o solo oyes un zumbido desagradable en tus oídos?

- ¿Qué quieres decir?

- Que eres un idiota, tanto o más que ellos. – pareció ofendido. ás hablando de tu hermano. ¿Lo sabes?

- ¿Y eso qué? No me equivocaba en lo que te dije verdad. No debes enojarte, yo te advertí.

- Se marchó quitarse el uniforme. Quería estrangularlo, en serio. Jamás creí que me dijera eso.

Me dolía la cabeza y la asamblea semanal del club no me ayudó en nada.

No pude tener paz en el resto del fía hasta que no se durmieron mis hermanos y mis padres. Había mucho en que pensar y aunque no quisiera la rabia que todavía sentía lo sacaba a relucir.


Hola a todos!

segundo capítulo. ¡Qué bien se siente volver al drama!

Espero les guste