Deseaba huir, gritar, golpear a alguien. Me sentía bajo un reflector en un circo de fenómenos. Aunque tratara de convencerme de que no era a mí a quien miraban, sabía perfectamente que había pasado, tenía una posible idea de los posibles chismosos hicieron de esto una leyenda urbana.
Kurt cerraba su casillero cuando pasé por ahí. Algún gracioso gritó "Llegó tu novio Hummel". Kurt me miró, fue como si dijera "lo siento" con sus ojos. Se fue a paso veloz de ahí. Parecía que Kurt lo pasaba mucho peor que yo.
Me sentía mal por Kurt, durante clase pensaba en una forma de animarlo. Pobre, se habrá deshecho de los maltratos físicos y abusivos, pero encontraron una forma mucho más creativa de hacer su vida un completo infierno. ¿Qué tenían contra él maldita sea?
Encontré a Kurt por los pasillos al terminar la clase, tenía que decirle que nada de esto era su culpa, no me importa si hablan, el es un buen amigo y me molesta que lo traten así.
- ¡Kurt! – lo seguí por el pasillo.
- Lo siento Sam, siento tanto que esto pase por mi culpa. – decía con voz afectada. – Finn me lo dijo todo. Jamás pensé que fuera verdad todo lo que me había dicho el año pasado.
- Espera, espera. Nada de esto es tu culpa. – Kurt se detuvo. – Ni tuya, ni mía.
- Pero Finn dijo…
- Sé lo que dijo, pero sabes que para él primero está su reputación y sus intereses. – dije en voz baja, a pesar de que estaba muy alterado. - Ahora, espero… - dije tomando un respiro – espero verte durante el almuerzo compañero.
- Pero Sam, ¿qué pasará contigo? – lucía en verdad consternado, era un rey del drama definitivamente. – Yo estoy acostumbrado a esto, las burlas ya no me importan como antes, pero tú…
- Mi reputación estaba arruinada, en todo caso, desde mucho antes. – le contesté. – Además espero que no te moleste soportarme en los almuerzos el resto del año. - La cara de sorpresa del chico valía un millón de dolares.
Me calló de maravilla dejar las cosas claras, Kurt era un gran chico, tal vez el mejor de todos los que conozco. Era terrible ver como alguien podía ser tan… bueno con los demás tuviera que soportar todas estas cosas a diario.
Fue increíblemente tranquilizador verlo sonreír en medio de toda esta situación absurda. Finn es un gran tonto, debería apreciar más a su hermano.
Era de esperarse que las cosas no cesaran, y menos después de vernos conversando en los pasillos. Algún tío pasado de listo que haya escuchado lo que le dije dará la confirmación del rumor. ¿Qué importa ya? Me decía. Me dolían las sienes, ser alumno de preparatoria es lo más desgastante que le puede pasar a un adolescente.
- Sam, ¿estás bien? – me dijo Kurt en cuanto me desplomé a su lado. – Te ves terrible, en todo sentido, no debiste de haberte puesto eso. – sonreí un poco, me alegraba oír a alguien que no estuviera hablando de Hummans. - … sabía que debía de haber tirado ese viejo trapo que le encantaba a Finn.
- ¿En serio me veo tan mal? – dije tallándome la cara con las manos para intentar volver a la Tierra y alejarme de Morfeo.
- Te ves agotado, y en cuanto a la camisa ehhh… - la miró con fingido espanto. – le harías un bien a la humanidad si la quemas.
- Oye, no podría, si tanto la quiere Finn debo cuidarla. – dije y me miró con gesto dramático, era divertido conversar con él. – Además es lo único que tengo de ropa. – Ahora volvía a mí una de las principales preocupaciones que había olvidado y que seguramente papá me restregaría en cuanto regresara a casa.
- ¿Hay algo más que te preocupe? – En serio soy tan predecible o en verdad él tenía poderes como el Profesor X.
- A decir verdad sí. – me sentía ridículo diciéndoselo. – Desde hace semanas estoy buscando empleo de medio tiempo, las cosas no marchan bien y necesito algo de dinero extra.
- ¿No es el mundo un pañuelo? – sonreía radiante de alegría y cierto toque de malicia. – Tengo lo que necesitas. – Estaba confundido.
- No entiendo. – dije temeroso.
- Papá necesita un ayudante, hay mucho por hacer en el taller y necesita ayuda extra por las tardes. El doctor le dijo que ya no se podía dar el lujo de andar por ahí con todo ese trabajo después del ataque que sufrió.
- Suena genial. – estaba muy animado. Sin pensarlo lo abracé. Temía ruborizarme al oír los gritos y exclamaciones de todo el patio, pero al separarnos vi que el que se había ruborizado era Kurt, era tan tonto el entorno que simplemente me reí, estaba ahora de muy buen humor. Él me examinaba como si le extrañara lo que pasaba, después también rió.
- Está bien, espero que no tengas planes hoy porque iras a una entrevista de trabajo bajo las recomendaciones de Kurt Hummel. – Le dí un puñetazo amistoso, espero que no haya sido muy fuerte.
Estuve optimista el resto del día, al salir de la escuela estaba Kurt en el estacionamiento ya en su auto. ¡Damn! Vaya auto, que hermosura. Desearía una belleza así, en cambio tengo que viajar en autobús.
- ¡Hola! ¿Esperas a alguien? – Me miró con sarcasmo. Es normal que Rachel se retrase, era muy meticulosa en todo lo que hacía. Se tardaría horas en salir del auditorio en un ensayo.
- Eso creo. – dijo ocupado en limarse las uñas.
- ¿Llevas mucho tiempo esperando? - le dije después de saludarlo.
- No realmente. – Alguien pasó y nos silbó.
- El lunes dirán que estamos comprometidos y que nos casaremos en la cafetería.
- Es ilegal. – dijo con toda naturalidad limándose las uñas. – Tendríamos que viajar a Nueva York. – se detuvo en seco en tanto terminó de decir su frase. Levanté mi ceja. Su cara se enrojeció e hizo un gesto adorable producto de la vergüenza. – Sabes a lo que me refiero. – dijo incómodo.
- ¿A que me acabas de proponer matrimonio? – Lo siento, tenía que hacerlo, era una oportunidad única. Me desternillé de risa en cuanto vi su expresión. Su cara era de un rosado intenso.
- Deja de bromear y sube al auto.
- Pensé que te vería en tu casa. – dije sorprendido.
- Si, hubo un cambio de planes. – Subió a su puesto de piloto. – Vamos Sam, se hace tarde.
Salimos del estacionamiento con mucho trabajo, ese día todos salíamos a la misma hora y la puerta del lugar estaba atascada de automóviles de maestros y alumnos. Kurt conectó su Ipod al potente estéreo de su auto la lista de reproducción aleatoria comenzó como esperaba, algún musical de Broadway. No obstante siguieron varias canciones que si conocía y me gustaban bastante. Kurt subió el volumen cuando comenzó Just the way you are. Recordaba cuando la ensayábamos en secreto entre clase y clase mientras Kurt hacía llamadas como loco para confirmar hasta el más mínimo detalle de la boda de su padre.
Era una forma de que Finn se disculpara de su actitud. Ese chico es un problema en verdad.
Llegamos más pronto de lo que imaginé a su casa. Estábamos solos al parecer, a no ser que Finn estuviera con Rachel encerrado en su habitación.
- Papá no tardará en llegar, pasa, ponte cómodo. – dijo y fue directo a la cocina. - ¿Gustas una bebida?
- Gracias. – dije torpemente. – Agua está bien. - ¿De pronto estaba tan nervioso? ¿Sería el hecho de que estaba solo con Kurt? Deseché semejante pensamiento al instante enojado por haberlo pensado.
- Listo. – Kurt salió con unos vasos de apariencia refinada y una jarra de cristal. – Es mi famoso Té verde especial. Ha estado en mi familia desde los doce años.
- No era necesario que prepararas… - era demasiada amabilidad. Me entró un sentimiento de incomodidad. Por mi mente pasaron una serie de situaciones bastante incómodas que iban llevando una a la otra y lo primero era que Kurt se pondría de pronto muy atento, luego se sentaría incómodamente cerca y…
- ¿Sam? – me dijo Kurt sentado en el sillón de enfrente. ¿Qué estaba pasándome? Me sentía totalmente idiota y un cretino de primera por pensar así de Kurt. Después de todo tenía novio, ¿no? Sería incapaz de hacerle algo así a Blaine. - ¿Sigues cansado? – dijo preocupado el chico.
- Sí, algo. – mentí. El pareció tranquilizarse un poco. - ¿Cómo van las cosas con Blaine? – le pregunté, necesitaba oírlo para quitar esas estupidas ideas de mi cabeza.
- Bien gracias. – sonrió. – A decir verdad, le debo bastante a Blaine, él me sacó solo prácticamente de la depresión de lo Mercedes. – Hablaba de tal forma de él, cómo yo solía hablar de Mercedes. Un dolor horrible me recorrió por completo. Ambos nos quedamos en silencio. Recordando.
Cuando ya no podía aguantar más fue Kurt quien rompió en llanto. Como reflejo instantáneo gracias a mis hermanos me levanté de mi asiento y lo abracé. Estaba en mi ser fingirme el fuerte como hermano mayor, pero algo pasó cuando vi sus ojos llenos de lágrimas. Sentía las mías rogando desesperadas por salir, fue cuando él me apretó fuerte que salieron cortándome la respiración, en una catarsis que me rogaba para liberarme. Suspiré entre sollozos para tratar de tranquilizarme, pero ya no podía.
Había intentado evitar llorar todo el verano y en la escuela, más aún en casa. Me sentirá tan mal por llorar por una chica después de todo lo que me estaba pasando.
- Todo está bien, Sam. Desahógate. – me dijo ya con voz calmada aunque todavía triste.
- Lo… lo siento tanto, no sé lo que me pasó. – dije apenado.
- ¿Los hombres no lloran? – me preguntó con amargura.
- No, es solo que… - suspiré – había evitado llorar no por mí. Por mi familia. Ha sido una época difícil y yo.
- Supongo que lo entiendo. Pasó algo parecido cuando mamá murió. – comentó Kurt secándose las últimas lágrimas. – Papá y yo tuvimos que hacernos los fuertes. Yo por él y él por mí. Pero de noche podía permitirme llorar hasta quedarme dormido. – No sabía que contestar a eso.
- Lo siento. – lo clásico debería funcionar.
- Pasó hace mucho tiempo. Ya no duele tanto. – Kurt sacó su espejo de bolsillo. – ¡Ay demonios! Luzco fatal, ya no tengo tiempo de arreglarme. - ¿Cómo hacía este chico para controlar tan bien sus emociones y las de los demás? Me tuve que reír, sentí un nudo en la garganta, estaba llorando y después riendo.
Tercer capítulo ya!
Pues aquí está, espero les agrade. Este es el último capítulo narrado por Sam de momento. Tal vez después vuelva a narrar algún acontecimiento de importancia. XD
