Todo había sucedido de un modo tan poco tradicional que me quedé sorprendido varias veces y me costaba entender lo que pasaba a mí alrededor. Blaine decía que era normal, que solo era cuestión de tiempo para que alguien descubriera "lo maravilloso que soy", por supuesto que me halagaba que lo dijera, pero para ser sinceros, no era la visión más imparcial del mundo.

Sam, el chico rubio, el ex novio de Quinn, Santana y de mi mejor amiga ahora, que en ausencia de esta se ha convertido prácticamente en mi sombra. Más aún cuando papá le dio trabajo como su ayudante, cosa que nos convenía a ambos.

Papá seguía delicado después de lo que pasó hace un año y el doctor le dijo que era urgente que dejara el trabajo pesado. Yo no me podía ofrecer aunque quisiera, papá no querría que yo estuviera cargando con sus "responsabilidades" decía que ya era suficiente que yo llevara la casa solo, pues tanto él como Carole tenían que trabajar, pues yo seguía al mando, cosa que agradezco. Además yo no tengo ropa para esa clase actividades y mi piel es muy delicada para semejante oficio. Así que no opuse resistencia.

Ahora se han de preguntar por qué no se ofrecía el torpe de Finn. Y esa es la respuesta. Ya lo intentaron y el resultado fue un caos que costó bastante al taller. Así que papá fue el primero en intentar excusar a Finn.

Me sentaba muy bien ayudar a alguien y más a alguien que aprecio de verdad. Desde un principio jamás fue como el resto de los patanes de la escuela, se había portado a la altura, por eso supe que sería totalmente distinto. Así que cuando pasó lo de su padre, y que yo me di cuenta a la primera oportunidad, no me pesó ayudarlo. Sin embargo vi con tristeza lo mucho que le afectaron los rumores que se soltaron después, creí que en parte era mi culpa, pero ahora veo que – como casi siempre – el problema fue causado por Rachel y Finn. Rachel como amiga es increíble, como compañera es horriblemente competitiva y como persona puede llegar a ser muy molesta.

Después de cómo ha sido Sam conmigo en las últimas semanas – todo un caballero – reafirmo mi opinión de que es un chico de los que no hay y por supuesto que adoré cuando Mercedes empezó a salir con él. Aunque lamentaba que al principio ella quisiera que todo fuera en secreto, un amigo como yo no necesitara mucho para darse cuenta.

Blaine cree que en McKinley le damos demasiada importancia a la popularidad, claro, el sería popular en cualquier lugar, para él no hay problema. Mercedes insistía en que no debía arruinar todavía más la reputación de Sam.

- ¡Hola Kurt! - me saludó como ya era su costumbre un viernes por la mañana.

- Hola, que tal todo. – le contesté el saludo concentrado en buscar entre mis libros la nota de compra de un pantalón que me vendieron sin botón.

- ¿Ocupado?

- Más bien molesto, tenía que ir a reclamar esto, pero Finn se negó a acompañarme. – Entonces me volví a mirar a Sam a la cara cuando vi que tría esa estúpida playera de los Power Rangers que odiaba tanto. – Ignoraré que traes puesto ese adefesio. – le dije. El rió, siempre lo hacía, como si fuera gracioso, pero si lo viera un crítico de moda por la calle no dudaría en pararse y reclamarle por que usa esa monstruosidad. Hombre al fin y al cabo.

- Sí quieres te acompaño. – me ofreció caballeroso, aún me asombra este chico. Se lo pediría a Blaine, pero no creo que cancele el tercer ensayo semanal del coro de los Warblers. Además en caso de que lo hiciera Wes me mandaría matar, suele ser muy obsesivo. A veces me sorprende que sea heterosexual.

- De acuerdo, te espero a la salida. – le dije y me despedí pues faltaba poco tiempo para que el reloj sonara.

Estando en clase se me ocurrió una gran idea, bueno, al menos para mí. Llevaría a Sam de compras conmigo, y aparte le regalaría un par de cosas, después lo chantajearía para que tirara al incinerador esa camiseta. Sólo esperaba que fuera buena idea. No tengo muchos parámetros al respecto en que basarme, las pocas veces que Carole obligaba a Finn a acompañarme… bueno, estaba la materia conmigo, pero el cerebro de Finn estaba perdido en el espacio, más aún que en las clases.

Con Blaine las cosas eran bastante distintas, sin embargo no eran mejores. Al contrario de mi hermano, Blaine es demasiado activo en materia de compras. Tal vez demasiado activo. No lo malinterpreten, adoro a Blaine, pero puede ser desesperante y nuestros estilos pueden ser bastante contrastantes. Él es de un estilo clásico, sobrio, conservador; en tanto a mí me gusta lo glamoroso, de alta costura, que exprese individualidad. Así que es bastante complicado cuando salimos de compras.

Si Mercedes estuviera aquí seguro iríamos a una alocada tarde entre amigas, llena de risas y diversión entre perfumes y abrigos que no podríamos comprar ni de millonarios, imaginando y poniendo toda nuestra creatividad para hacer maravilloso algo que estaba en el cajón de saldos.

Una parte de mi me preguntaba con cierto toque de desaprobación y algo decepcionada que si esto no era un intento muy desesperado de tratar sentir que ella no estaba lejos de mí, aferrarme a su recuerdo con Sam.

- ¿…Señor Hummel? – no tenía idea que demonios había preguntado el profesor de lenguas. – Mantenga su cabeza en mi clase por favor. – pude ver que a pocos pupitres del mío Lauren le encajaba el codo a Puck. Si no fuera por qué reaccionó ante la señal de la chica juraría que estaba muerto, solo faltaba una parvada de buitres a su alrededor. La mitad estaba en situaciones similares, luchando por quedarse despiertos

El resto de la clase apenas notó que el profesor se había detenido a llamarme la atención, todos se mantenían concentrados en no parpadear, pues si lo hacían caerían sobre la butaca a ronquidos. Suspiré de alivio y de cansancio, solo quedaban pocos minutos.

En el pasillo todos se movían animados de que por fin el tedioso día había concluido ya. Se oían por todos lados sobre animados planes de fin de semana: fiestas, en general; citas con chicas y chicos; idas al cine. Me contagiaba un poco el espíritu festivo que emanaba la palabra viernes, con mis propios planes e ideas de diversión.

Sam me esperaba recargado sobre mi camioneta con sus libros en las manos.

- Listo compañero. – Arqueé mi ceja.

- No se te ocurra llamarme capitán Spook. – le advertí. El rió sorprendido de que supiera de que iba su comentario. Aunque no soy partcularmente fanático de Star Treek

- A veces olvido que eres la mano derecha de Mercedes. - me dijo. Cree que ella me cuenta todo entonces.

Fue una tarde divertida, al menos creo que para mí sí lo fue. No hubo necesidad de pelear para cambiar mi pantalón. Sam se quedó afuera del probador y me daba su punto de vista sobre unas cosas que me probaba, es decir, cuando lograba encontrar algo que decir. Yo me reía de sus expresiones, y para ser sinceros lo hacía a propósito.

- Es tu turno de andar por la pasarela. – le dije dramático. Así que a regañadientes escogió algunas cosas y se las empezó a probar. Después de algunas correcciones y de varias críticas aprobatorias de mi parte volvió a comenzar el bizarro juego de probarse cosas que estaban fuera siquiera del catalogo de "úselo en una fiesta de disfraces"

El me dejo pasmado cuando me preguntó si debía probarse entre un tradicional traje de baño short o un aerodinámico y diminuto speedo. Por supuesto que no pude contestar nada y solo balbucee cosas sin sentido. Sentía colorada la cara y él se desternillaba de risa.

Nos acercamos a la caja a pagar las cosas que me llevaba, cosas que en realidad no eran más que unas cuantas agujetas, una corbata de terciopelo y tinta para zapatos, todo lo demás era de Sam, pero no se daría cuenta pues él solo me dejo pagar y me esperaba a la salida del centro comercial, donde el asfixiante aroma de la perfumería de la tienda no era peligroso de aspirar.

Lo llevé a su habitación en el lugar donde vivía su familia de forma provisional.

- Toma. – le di la bolsa que tenía su ropa nueva. – considéralo una gratificación de parte de mi padre. Y una advertencia mía si te vuelvo a ver con eso puesto.

Me abrazó muy fuerte. Y considerando que estábamos dentro del auto, estaba en una posición totalmente incómoda.

- ¿Cuándo dejarás de ser tan amable? – me dijo riendo. – Esto es… Gracias. – Nuestras miradas se encontraron y Sam me miraba como absorto en el espacio.

Los hermanitos de Sam reconocieron mi auto y salieron a saludar.

- Creo que te quieren saludar Kurt. – me dijo recalcando lo obvio. Nos bajamos del auto.

Esos niños eran muy dulces, y muy parecidos a Sam. Hasta ese momento no había visto jamás al padre de Sam, supongo que le habrá avisado quien era yo. Era muy parecido a sus hijos, pero el no era rubio, aunque ya pitaba algunas canas. Salió a agradecerme de forma muy sentida todo lo que había hecho por su hijo y por la familia. Aunque le dije que no tenía que agradecerme en lo absoluto, y en realidad no tenía por qué, todo lo hacía con mucho gusto.

Me despedí de los Evans al poco tiempo, no quería llegar tarde a casa. Jamás me habían armado un escándalo por eso y no iba a dejar que eso sucediera esta vez, además iba a retrasarme en mi rutina de exfoliación.

- Así es una tarde con todos los Evans. – me dijo Sam, ya en el pórtico de su habitación.

- Son increíbles todos. – le dije sonriendo. Me sorprendía que a pesar de los malos ratos siguieran así de alegres y unidos.

- No tanto como tú. – sabía lo que hacía, se había convertido en su juego favorito, decir ese tipo de cosas para hacerme sentir incómodo. Iba a contestarle, pero su expresión.

Me veía fijamente y en cuanto si mirada y la mía se encontraron un fuerte sentimiento de incomodidad empezó a remover mi estómago. Desvié la mirada sintiéndome estúpido.

Sus brazos me rodearon y alrededor de donde las partes de su cuerpo rozaban conmigo yo sentía un calor muy acogedor.

- Gracias Kurt. – me susurro al oído. – Eres el… mejor amigo que he tenido. - ¡Uufff, creí que iba a decir… ehh! ¿Por qué estoy nervioso?

- Yo… - estaba totalmente confundido – Sabes que no hay nada que agradecer. – lo empuje lo más amablemente que pude para librarme de sus brazos, debo estar enloqueciendo. – Ahora si me disculpas, ya es algo tarde y tengo que irme.

- Si seguro. – me dijo y me llevó a mi auto, como si no recordara donde lo dejé. - de nuevo gracias.

- Ni lo menciones. En serio.

- Hasta el lunes. – desde la ventanilla me dio un beso en la mejilla. ¿Alguien sabe qué demonios está sucediendo? El después de eso, y creo que intuyendo su grave error corrió a su casa.

Conduje como autómata hasta casa, no sé porqué tenía la impresión de que al prender el televisor o leer las noticias locales mañana vería un montón de accidentes sucedidos segundos después de pasé por ahí.

Estaba totalmente ausente durante la cena, por suerte Finn y papá estaban absortos en la descripción exhaustiva de un partido que vieron por televisión. Por ende Carole estaba totalmente desconectada y algo harta de oírlos así que simplemente se dedicó a comer. Gracias al cielo, porque no estaba de humor para platicar en una sobremesa familiar.

Es una maravilla poder tener ahora mi propia habitación de nuevo, aunque esta fuera la mitad de lo que era mi sótano, así podía estar solo sin que Finn me volviera loco con sus ruidosos videojuegos.

Por lo que se me hicieron horas intentaba pensar y creer que todo había sido imaginación mía, pero mientras más me convencía que no era así me sentía mucho más culpable.

Precisamente en cuanto prendí la computadora las primeras conversaciones que se abrieron ante mí, fueron las que me dieron el tiro de gracia: Blaine y Mercedes.

Era horrible que fuera la primera conversación que tuviera con Mercedes en semanas y lo único que tenía en la cabeza era que su novio había tenido un comportamiento muy extraño conmigo, por no decir lo que pasó al final.

La conversación con Blaine fue breve, estaba muerto de cansancio y quería dormir; como yo tampoco quería hablar en lo absoluto, lo deje rápido; sin embargo quedaba otra persona que tenía muchos deseos de hablar.

- Bebe, lo siento tanto. – escribió mi amiga. – Las cosas han sido muy rápidas cariño.

- No te preocupes. Sabía que no te olvidarías de mí tan fácil. – bromeé.

- Claro que no lindura. Esta chica no olvida a los suyos.

- Te extraño.

- Yo también amor. – dijo y puso una serie de emoticones de tristeza

Era una plática muy amena hasta que se le ocurrió preguntar por su novio. Yo le dije que estaba bien. Me pidió que no lo dejara solo, que fuéramos amigos y que lo reservara hasta su regreso.

Seguro, pero tenía un mal presentimiento al respecto.


Hola a todos!

Al fiiiiiin puedo subir capítulo. Espero les agrade. Diganme que canción quieren para el próximo mini song fic, yo con gusto intentare ajustarlo a la trama que tengo planeada.

Espero subir pronto y ser más constante.

Gracias a todos.