Ni en mis más remotos sueños soñé que algún chico como Sam se enamorara de mí, era algo que creía imposible. El había roto cada una de mis expectativas, y con enormes creces, tendría que agregar. Va a sonar muy de drama adolescente de la CBS, pero es que a verdad no entendía que era lo que le atraía de mí; es decir, creo que me conozco lo suficiente como para decir que somos muy diferentes.
El era un deportista portentoso, de una anatomía atléticamente hercúlea, una piel curtida y bronceada, facciones que combinaban la inocencia de un niño con la rudeza de un hombre, unos brazos poderosos (hacen que el cuerpo de Puck sea una burla), es decir, podría ser modelo de Abercrombie & Fitch sin problemas; yo por otro lado, pues, tengo un diseño más delicado. Sí, soy delgado, flexible, y con la elasticidad de una gimnasta rítmica, pero en lugar de ser un surfista guapo, sería más bien del equipo de nado sincronizado.
En cuanto a gustos en general, pues… digamos que el mío es mucho más dedicado y glamoroso. Él se mantiene en la franja de lo suficiente a la moda para ser cool, pero no lo necesario para ser un fanático de las pasarelas. Él se ve ridículo tratando de usar la ropa que yo uso, ya pasó una vez.
A veces creo que he cruzado el límite de mi buena suerte, por eso no dejo de sentir que lo nuestro no va a quedar así, ya hace tiempo que dejé de creer en "y vivieron felices por siempre". Sam decía que era un paranoico, pero yo no estaba tan seguro de que fueran injustificadas mis sospechas.
Bien dicen que muchas de las mejores cosas en la vida llegan sin que las pidas y que no se pueden apresurar las cosas. Lo admito, en un principio estaba desesperado por encontrar a alguien para mí, ese hombre de cuentos de hadas que esperaba ver en distintos rostros. Finn, el primero y más devastador de todos; tonto, pero noble, una combinación peligrosa. Blaine, el centro de atención, la pareja ideal de Rachel (si fuera heterosexual), otro rotundo fracaso.
En ambos mi mayor error fue convertirme en su más devoto admirador en un principio. Cada uno me terminó lastimando.
Creo que voy a explotar en poco tiempo, si bien lo de Finn acabó cuando se convirtió en mi hermanastro; lo de Blaine es una situación muy distinta.
Por supuesto que le conté a Sam lo sucedido con Blaine la tarde que él y yo nos hicimos novios, pero lo que le he ocultado – sobre todo porque no sé qué hacer – es que desde entonces me sigue mandando mensajes a mi correo electrónico y a mi celular. Me alarma mucho la actitud que está tomando ese chico, y me temo que Sam haga algo por defenderme que los dañe a ambos.
Otra cosa que ocupaba mi mente era que nuestra relación era un secreto, solo lo sabía Mercedes. Bien pude habérselo dicho a Rachel, pero esa mujer es una chismosa de primera; si yo le decía algo se enteraría toda la escuela, y yo no iba a permitir tal cosa. No iba a soportar que lastimaran de alguna forma a mi novio (me encanta como suena).
- Espero te guste. – llevaba en las manos una bandeja con aperitivos. – Dicen que es bueno tomar algo mientras estudias.
- Gracias Kurt. – me sonrió y acaricio mi barbilla, se notaba algo cansado.
- Y creo que también no es bueno que estudies cansado.
- Siempre me cuidas. – me dijo abrazándome y posándome de espaldas contra su pecho.
- ¡Sam! ¿Qué tal si entra alguien? – le dije sonrojándome cuando me besó el cuello.
- Ya va siendo hora de que se enteren. – me dijo con una sonrisa traviesa.
- Ya hablamos de esto amor.
- Me encanta que me digas así. – Me estrecho fuerte entre sus brazos.
- ¡Hazme caso! – le dije haciéndome el ofendido.
- Siempre. - me dijo y yo reí, el era todo un caballero.
- Eres incorregible.
- Y tú adorable. – me volteé para buscar su rostro y sus boca se hizo notar sobre la mía.
Sus besos me volvían loco, me costaba mucho regresar a esta realidad, pareciera que cada vez controlara menos mi fuerza de voluntad, o sería esa necesidad imperiosa de sus besos la que ganaba cada vez más fácilmente la batalla de mente versus cuerpo lo que fijaba mis acciones. Pronto mis manos luchaban enérgicas por tratar de recorrer su rostro.
Un escalofrío recorrió mi espina cuando sus manos temblorosas desabotonaban mi camisa y su boca ansiosa de besar más piel.
Yo entre en estado de shock, pero quería hacerlo, con él. Noto mi momento de duda y se detuvo sudando.
- ¿Sucede algo? – me preguntó preocupado.
- Nada, solo que no lo vi venir. – acaricié su pómulo.
- Eres lo mejor que me ha pasado.
- Y tu un adulador rubio. – me puse mi cabeza sobre su pecho. Era evidente que el momento había pasado, así que ninguno de los dos quiso volver a donde estábamos. Era uno de esos momentos en que el silencio es perfecto, el simple contacto de nuestras manos, sus suaves besos, su voz y la mía entonando dulces melodías sin letra al oído del otro.
- ¡Pero qué demonios! – puse los ojos en blanco al oír la odiosa voz de Finn detrás nuestro. - ¡Kurt, aléjate de él ahora mismo!
- ¡Por el amor de…! – exclamó irritado mi novio.
- ¿Me harías el enorme favor de largarte de aquí? – le dije cortante.
- No hasta que Sam te deje tanquilo. – ¡Cuanto drama!, ¡Dios! Creía que no éramos hermanos biológicos. Mientras Finn me gritaba yo simplemente me dirigí hasta la puerta.
- Buenas noches. – le di un beso en la mejilla y cerré la puerta en sus narices.
- Brillante estrategia, pero debo admitir que sentí celos. – me reí y volví a acurrucarme sobre su fuerte pecho.
Platicamos un rato más de cosas sin importancia, se acercaba la hora de la cena. Se me había ocurrido que tal vez ya era hora de que al menos mi familia entera, y no nada más el lerdo de Finn supieran que Sam y yo estamos saliendo.
Mi novio sonrió complacido, así que haríamos el anuncio en la cena. Yo estaba algo nervioso, pero al menos Sam me quitaba un peso de encima (aunque estuve a punto de golpearlo). Al parecer, su familia si estaba al tanto de nuestra relación, incluso antes de que empezara. No sabía cómo los vería a la cara la próxima vez que fuera con él, pero al menos sabía que ambos lo vieron con gusto, aunque si se extrañaron.
Papá ya estaba sentado y Carole servía los platos.
- Papá, Carole, Sam se quedará a cenar, espero no les importe. – Carole sonrió maternalmente
- Por supuesto que no hay ningún problema cariño. – Miró a Sam y como gesto protector le pregunto - ¿Saben tus padres que te quedaras? – mi novio asintió con la cabeza. – Entonces siéntense que la cena se enfría. – pasados unos minutos y que ya habíamos empezado a comer me dispuse a hablar.
- Familia, tengo un anuncio que hacer. – Todos los presentes me prestaron atención, pero seguían atendiendo a la cena. – He de anunciarles que Sam y yo hemos estado saliendo. – hice una pausa para respirar, estaba realmente nervioso. Papá y Carole estaban sorprendido. – Y hace un par de semanas me pidió ser su novio. – Finn nos miraba aprehensivo, no lo había visto así más que un par de veces.
- Vaya, no me lo esperaba. – mintió papá, siempre se le dio fatal eso de mentir. Carole le dio un codazo. – ¿Y que pasó con ese chico Blaine? – sentí algo extraño en el estómago, un vacío marcado de engaño. Sam tomó mi mano y contestó por mí.
- Solo digamos que no fue lo suficiente hombre para apreciar a Kurt. – me sonrojé cuando lo dijo. Era un caballero de ensueño y yo lo amaba.
- ¡Ay, por Dios! ¡Estamos cenando! – Mi odioso hermano rompió mi atmosfera con su grosería.
- ¡Finn! – le reprendimos al mismo tiempo Carole y yo.
- Me largo de aquí. - ¿Cómo puede ser tan cabeza hueca?
- ¡Finn! Discúlpate con Kurt. – hizo caso omiso del regaño de Carole y subió a su habitación.
- No te preocupes. – le dije para que se tranquilizara. – Ya hablaré con él al rato. – "…y sí que me va a escuchar." Termine la frase en mi mente.
- Y tú jovencito, espero que sepas tratar bien a mi hijo. – Hablo papá después de que volviéramos a nuestro postre. – Debes saber lo especial que es Kurt.
- Desde luego señor. – me tomó de la mano. – No hay chico más especial que Kurt.
Se dejó de lado por completo el tema, sin embargo, el ambiente estaba alegre. Respiraba aliviado de que no fuera un problema que mis padres aceptaran a Sam. Y digo, ¿quién no lo querría?
Sam se fue un poco más tarde. Nos despedimos en el pórtico. Estaba encantado por todo lo que pasaba a mi alrededor, así que cuando subí a mi habitación sentí que lo había hecho levitando. No obstante, mi alegría y felicidad se desvanecieron al entrar en mi cuenta de correo electrónico.
Hacía ya algunos días que dejé de prestar atención a los correos alarmantes de Blaine. Pero aparte de eso, dos ventanas extras aparecieron en la pantalla, Wes y Rachel me habían llamado hacía pocos minutos. Los salude al mismo tiempo y fue Wes quien respondió primero.
- Kurt, tenemos que hablar.
- Tú dirás. - le contesté sintiéndome algo preocupado.
- Blaine te necesita, se está derrumbando. – un escalofrío me recorrió la espalda y un nudo en el estómago se formó impidiéndome respirar tranquilo. Traté de conservar la calma.
- ¿Qué pasó con Jeremiah? – No entiendo para que me quiere a mí si está con él.
- El rompió con Blaine. – Me dijo después de quedarse callado un buen tiempo. Ya me lo suponía.
- Wes, entiendo que seas su amigo. – me parece increíble que Blaine se comporte así. Usar a su mejor amigo para chantajearme era algo que jamás pude esperar de él. – Pero no creo que sea buena idea que hable con él. Y menos después de todo lo que ha pasado en los últimos meses.
- Pero él dice que te ama, ya te lo cantó, ya te lo dijo. – sonó como si no viera lo evidente.
- No te ofendas, pero… tengo bastantes motivos para dudar.
- Pero…
- Además no me puedes pedir que haga como no pasó nada y que siga sintiendo lo mismo.
- Tan solo te pido que hables con él. Me preocupa bastante. No pretendo que vuelvan, no dejo de reconocer los errores que cometió Blaine, pero por lo menos necesita que se lo digas tú, ya que a ninguno de nosotros nos hará caso.
- Tendré que pensarlo.
Wes me dejó pensando. Y cuando no podía sentirme más confundido, Rachel contestó mi mensaje.
- Te marco a tu teléfono, por favor contesta rápido.
- ¿Y ahora que estaba pasando?
- Hola Kurt. – sollozó Rachel. Empecé a preocuparme.
- ¿Buscas a Finn? – no entendía que estaba pasando a mi alrededor. Era demasiado para atender todo a la vez.
- Eso quisiera, pero no me quiere contestar. – era mi imaginación, tenía que serlo. ¿Qué le pasaba al cabeza hueca de Finn?
- Le dijiste algo para que se molestara. – conocía muy bien a mi hermanito. Apenas se daba cuenta de lo grosero que podía ser a veces con la gente, pero era extremadamente orgulloso y se ofendía fácilmente.
- ¿Por qué lo dices? – me dijo dramática. Por algo somos amigos. – Más bien, ¡¿por qué lo afirmas?
- Es fácil leer a Finn, debiste haberle dicho algo sin querer
- Ese es el problema. Apenas hemos hablado últimamente, no he podido decirle nada. – Suspiró preocupada y yo resople de coraje. – Me ha llamado hace escasa media hora y me dijo que debíamos terminar, que no era yo….
- ¡Ay no el viejo cliché! - dije agarrándome el puente de la nariz con los dedos.
- ¡Deja de preocuparte de la poca originalidad de Finn!
- De acuerdo cariño. – reprimí la sonrisa y me puse serio. – Ciertamente ha estado algo extraño. Hoy en casa hizo un escándalo cuando les dije a mis padres que Sam y yo estábamos saliendo.
- ¡¿Que tu y Sam qué? – Me pregunto si ella vive en otro planeta o si en serio hemos sido tan discretos. Prácticamente sus sollozos cesaron.
- Si, llevamos algunas semanas siendo novios.
- ¿Pero, y Mercedes, sabe de esto? – puse los ojos en blanco, podía oír la acusación de traición en su tono de voz.
- Ella lo incitó. Claro que ella hora tiene novio ingles. – adiós privacidad. – Ahora, volviendo a lo de Finn. – volví al tema. – Voy a hablar con él, tengo que arreglar unas cuantas cosas que arreglar, te prometo averiguar qué le pasa.
Realmente no tenía ganas de hablar con el torpe de Finn, pero supongo que tenía que hacerlo. Carole y papá ya deberían estar dormidos, y él estaría jugando algún videojuego. Así que me cambié de ropa y me puse el pijama con pereza. Me demoré lo más que pude antes de dirigirme a su habitación.
- ¿Finn, puedo entrar? – pregunté con cautela.
- Pasa. – Ahí estaba, tendido boca abajo en su cama. Llevaba todavía los jeans de hace rato, pero no tenía la camisa. Intenté no prestar atención.
- ¿Estás bien? – pregunté algo preocupado por su aspecto claramente depresivo.
- ¿Debería estarlo? – De acuerdo, no creo que sea una charla corta. Me acerqué a su cama un poco más.
- ¿Por qué no habrías de estarlo? – apenas se movió para mirarme. Esa maldita actitud suya no la entendía, no me importaría si no afectara a mis amigas o a mi relación con Sam.
- Pareciera que todo el mundo está contra mí. – decía con voz apesadumbrada.
- ¿En serio? – Me mantuve neutral, estaba muy molesto con él, así que sus sentimentalismos no me iban a ablandar. – Más bien parecería que eres tú quien está contra el mundo.
- Tú eres el menos indicado para criticarme. – Ahora si no lo entiendo.
- ¿En serio? – intenté no sonar sarcástico, pero fracasé tremendamente. - ¿y por qué crees que yo soy el menos indicado para hacerte notar tu extraño comportamiento?
- Yo… no sé qué pasa conmigo. – No es algo que me sorprenda realmente, pero no era la respuesta que quería, de hecho, no era una respuesta.
- ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte? – solo hubo silencio de su parte. Me senté en el borde de su cama. – Rachel me llamó hace una hora. Esta muy confundida, quiere saber qué pasó. – Se enderezó hasta sentarse frente a mí.
- No lo entenderías.
- Tal vez si me dijeras lo comprendería y te podría ayudar, escucha, se que las cosas han estado un poco tensas pero sé que… - No pude siquiera terminar cuando tomó mi rostro furtivamente y besó mis labios con desesperación.
- Te necesito a ti. – No podía ser posible, no era posible. Debía de ser un sueño, pero los sueños no se sienten así. Su rostro se acercó otra vez al mío, pero con menos fuerza que el impulso anterior. Pero tenía que rechazarlo, tenía que.
- ¡Espera! – le dije siendo lo más diplomático que me era posible. - ¿Por qué haces esto?
- Te amo. – dijo, como si fuera la mejor frase del mundo. Sus ojos soñadores decían que no mentían. Si tan solo hubiese pasado esto hace un año, pero… ya es tarde.
- Y yo a ti, pero de esta forma ya no.
- ¿Por qué no?
- Las cosas cambian Finn. – quisiera haber dicho tantas cosas en ese momento, pero las palabras podían ser más hirientes de lo que uno quisiera.
- No tienen por qué hacerlo. – quiso tomar mi mano, pero yo la retiré.
- ¡¿Cómo quieres que no cambien? ¿Creíste que te iba a esperar por siempre, que te vería recorrer la vida como una sombrea que te es fiel hasta que decidas voltear a verme? – En algún momento creí que iba a ser el día más feliz de mi vida cuando Finn me dijera que me amaba, pero no es así, ahora me asaltaban crueles memorias, hacía solo unos pocos meses el había acabado con todo lo que sentía por él, y cada que tenía oportunidad demostraba lo bruto y patán que podía llegar a ser. ¿Cómo era posible que me dijera esto ahora?
- No sabes lo difícil que me ha costado darme cuenta de que siento cosas por ti que otra persona jamás me ha hecho sentir, sé que hecho las cosas algo mal. – Solté una risa sarcástica. – Escucha, lo siento muchísimo, he estado mal, en mucho si tú crees, pero me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ti más que sin otra persona. Eres la persona más bella que conozco y no estoy dispuesto a dejarte ir.
- Las cosas pasan por algo, ahora somos hermanos, te sigo apreciando, pero ya no es lo mismo, estoy con Sam.
- ¡Tú no amas a Sam, solo es tu juguete de consolación porque te dejó el niño bonito!
- No te permito que hables así de Sam. Y menos de mí. – le dije furioso. – Yo no soy quien suele utilizar a las personas.
- Ninguno de los dos te ama, te lo aseguro. Ya lo viste, Blaine corrió ante la mínima esperanza de regresar con Jeremiah; Sam hará lo mismo cuando regrese Mercedes. – No pude soportar una palabra más. Mi mano se auto dirigió a la mejilla de Finn.
- ¡¿Cómo puedes decirle a alguien que lo amas y causarle tanto daño al mismo tiempo?
- Lo siento. – dijo frotándose la mejilla. – Puedo arreglarlo, lo intentare.
- Aléjate de mí. – le dije tajante. – Trata de olvidarme si es que de verdad te intereso y preocúpate por los que te quieren aún.
Salí de su cuarto y cerré mi puerta con cerrojo. Me senté en cuclillas deseando creer que estaba soñando. Sabía que era inevitable que terminara pensando en esto, así que deje correr mi mente para desahogarme.
No quería saber desde cuando estaba pasando Finn por esta crisis existencial, si es que eso era. No sé si debiera justificar su extraña actitud hacia Blaine o Sam por esto y desde cuándo.
No podía evitar pensar en Rachel, ella era mi amiga, y ahora estaba mezclada en esta situación tan complicada. ¿Debería contarle lo sucedió? ¿Sería mejor inventarle alguna excusa coherente y evitarla lo más posible hasta poder idear un plan para saber qué demonios debo hacer? Ciertamente ahí estaba metido en otro lío, conocía bien a Rachel, y por esa razón uno sabe que es difícil saber cómo tomará las cosas. Seguramente lo hará de forma dramática, no hay duda, pero no sabes contra quién irá el ataque.
Si no hubiese pasado lo de esta noche seguiría jurando que tanto Finn como Rachel son iguales, hechos el uno para el otro. La única cosa en la que se diferencian es que Rachel antes de actuar tiende a planear una dramatización en su cabecita, pero muy al estilo Broadway, cabe decir que pocas veces (por no decir nunca) logra coincidir su drama interno con la realidad; Finn, por el contrario, es dominado casi en su totalidad por sus impulsos. Por eso su rendimiento escolar tiende a ser tan paupérrimo en el colegio, las actividades que requieren de su atención y reflexión no son su fuerte. Poéticamente se podría decir que el cabezota de mi hermano es más de corazón que de razón.
Ambos solo se dan cuenta de que lo que hacen está mal cuando ya llevan bien metida la pata. Así que esto no pinta fácil.
Da Blaine francamente no sé que esperar, creía conocerlo bien, pero parece que jamás lo conocí ni en lo más mínimo. Solo espero que no cometa ninguna imprudencia. Quizás deba tomar en serio lo que me dijo Wes hace rato, debo hablar con Blaine, no sé que pueda llegar a ser capaz.
Ahora estaba metido en un conflicto tremendo, no sé cómo se vaya a poner el asunto con tres chicos por mí. Me costaba creer que de verdad tuviera a tres chicos peleando por mi atención, pero yo solo quiero a uno. Tendré que poner a Sam sobre aviso, esto no pinta nada bien para él.
Increíblemente pensar en Sam me traía un sentimiento de tranquilidad. Imaginar su sonrisa tierna y sus brazos cálidos me relajaban y casi se podría decir que me hacían recuperar el aliento para seguir con este embrollo y no querer mudarme a California mañana mismo.
Ya será mañana cuando sabré como continuarán las cosas.
Hola a todos!
Pareciera que solo me digno a escribir algo cada tres meses, pero la verdad es que ahora solo me queda tiempo de escribir cuando estoy de vacaciones. Había estado trabajando en este capítulo desde... bueno, norecuerdo desxde cuando, pero por una cosa o por otra de algo que se llama escuela me ví forzado a dejar de lado esta pequeña locura mía xD.
Espero les agrade este capi.
PD: La última parte de este capítulo, cuando la releí para editar y corregir, se me hizo muy similar al fic de Smell Like A Teen Spirit sobre Puck y Kurt que esta aquín en FF. Creanme que no fue mi intención piratearmelo. Ese es uno de mia fics favoritos (puede que sea mi favorito No.1) y lo he leído tantas veces que puede que se me haya salido parecido aquí de que casi ya me lo sé de memoria.
Sin más por el momento... adios xD
