Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, y Este fic participa en el reto "Viñetas de emociones" para el foro de La noble y ancestral casa de los Black.
Personaje: Luna Lovegood
Emoción: Amor
Palabras: Solamente su sonrisa…
Título: Siempre nostalgia…
Amor
Levantó su mirada. Todos se mostraban callados. El silencio se apoderaba de las personas que se hallaban a su alrededor. Siempre sola. Al menos en la mesa en la que estaba situada. Dejó que la cuchara chocase contra su plato, y suspiró. Se dejó llevar por sus pensamientos, como siempre, y eso no le molestaba. Al contrario. Era lo que más le agradaba. Poder sumergirse en sus propios pensamientos. Ya estaba acostumbrada, y no le asustaba. Sin embargo, se quedó sin aliento. Todos sus sentidos se centraron en algo concretamente, tanto que podría dejar descolocado a cualquiera. ¿Luna percatándose de algo? ¡No podía ser! Pero así era. Y es que, ella se percataba de su presencia
De su cabello moreno, corto, pero tan brillante ante la luz que la dejaba con una sensación de felicidad. Solo era eso. El poder ver la melena azabache en esos momentos de dolor, donde la oscuridad parecía cernirse sobre ellos. Cerró los párpados por un segundo, saboreando todo aquello. Su corazón aceleraba ese ritmo, y podía escuchar el latir de este. Tan certero. Tan intenso que era capaz de desconcertar a cualquier persona. Incluso a ella. La tranquila y joven Lovegood… ¡Enamorada! ¿Quién lo hubiese dicho? Nadie. Porque ni ella misma podía concebir esa idea. Le parecía tan increíble. Pero no le importaba. Una especie de sonrisa se apoderó de ella. Y entonces, sus pupilas azules se volvieron a fijar en la figura de él. Se había quedado observando al extremo de la mesa de su casa. ¿A quién buscaría? A ella estaba segura de que no. ¿Quién se fijaría en Lunática Lovegood? Si al fin y al cabo, era la chica más rara y extraña que nadie hubiese conocido en la vida. Y eso no les gustaba. Lo diferente tenía que ser repudiado por los demás, y eso lo detestaba. Pero no quería perder el tiempo en todo eso. No sin antes poder dejarse abandonar en esos dulces pensamientos. En la ternura que era amar a una persona. Incluso la razón a veces se compenetraba con el corazón. Se estremeció al sentir los ojos de él sobre ella. Fue solo eso. Ese contacto entre los dos para comprender todo. Para entender que eso sí que era amor, y lo de los demás era una simple tontería. O tampoco, pero lo suyo era igual de hermoso y puro.
La tentación le pedía que se levantase y se dejase envolver por sus risas, por sus miradas furtivas y por ese roce de sus pieles. Cuando sus manos se deslizaban, tocándose disimuladamente… ¿O tal vez sin pretenderlo? Era esa atracción la suya. El latir de dos corazones ajenos y extraños. Eran ellos dos. El amor que sentían era demasiado. Y esa era la razón por la cual se querían dejar abandonar entre sus brazos. Y aspirar el aroma de él. Percibirlo, saborearlo y ante todo, poder acariciar su rostro sin que nadie, ni siquiera él, le replicase por ello. Un algo imposible. Porque para él, sería su amiga, la Lunática. La que no era consciente de nada. La que se dejaba llevar por el delirio de los pensamientos, de las creencias falsas… ¡De todo!
Pero eso no era lo peor. Era que era su mejor amigo. Solo les unía el lazo de la amistad. Pese a que sentía la locura, que le asaltaba a traición por la espalda. Era caprichoso todo aquello, pero no era quien había elegido ese destino suyo. No sabía donde vive, ni donde habitaba para alfinal salir a la superficie, pero debía ser en un lugar profundo y ante todo, cálido. Un algo que ni ella misma sabía ni comprendía. Desde hacía tiempo se imaginaba que todo aquello que sentía era por él. Que era algo más profundo y delicado que la amistad. Muchas veces, se cuestionaba la diferencia entre esta y el amor. No sabía explicarlo, pero no era lo mismo lo que percibía su corazón hacia Neville que hacia, por ejemplo, Harry. No era ni de la misma intensidad ni similitud. Algo más que todo aquello. Podía ser confianza, o el ardor que sentía en su pecho en cada momento en el que se encontraban
Y él le dedicó una sonrisa demasiado dulce como para no corresponderle a ese gesto. Seguían mirándose. Ella dedicándole con ese brillar de sus pupilas palabras que quedarían en su recuerdo. Vivían en una mala época. Quedaba poco para la batalla. Ya no había nada más. Aunque ella, optimista, creía que siempre había un rayo de luz entre tanta oscuridad. La que te guiaba. Y no tenía que ser por la victoria. Sino por la esperanza de amar. De amarle a él, y a nadie más. De que el primer amor de su vida le correspondiese como ella ansiaba y deseaba. Y es que, por una sonrisa de él, era capaz de todo. Y por eso, se levantaba cada mañana, con la fe de poder volver a mirarle, recibir ese gesto tan intenso y así, sonreír ella durante todo el día
Sin embargo, era cierto que ella no se percataba de muchos detalles y de como, su mejor amigo, también sentía algo extraño cada ver que escuchaba sus palabras, con ese tono tan jovial, enérgico y a la vez, risueño. El hablar de todas esas barbaridades, y no sorprenderse o asustarse. Al contrario, incluso creerla. Que estaría loca. Eso lo sabía. Pero no parecía importarle. No mientras pudiese ver cada mañana una sonrisa suya, y así, luchar. Porque para Neville Longbottom, la verdadera valentía y fidelidad era amar a una persona sin tomar en cuenta sus defectos. Pero para Luna Lovegood, la verdadera locura era amar sin contemplaciones. Era amar sin temores. Simplemente, era amar, y solamente, amar.
