Holaaa! Creo esta ves no me demore tanto como otras veces, es mucho más largo y ahora por fin empieza la historia de verdad xDDe!
Me tocan esta semana las pruebas de nivel del colegio así que estoy a full tareas & estudio -w- Ademas, se viene la Anime Expo de mi ciudad, el evento mas grande de Anime de todo el año y voy a ir de cosplay, así que tengo todo un desastre entre los estudios, el dinero y los preparativos del cosplay. Espero me salga bine :3
Gracias por los comentarios, alertar y favoritos. Los aprecio mucho, enriquecen al escritor xDDe!
Bueno, no doy más lata así que lean mi intento de fic ;3
¿No lo recuerdas?
~~ Hallada en las profundidades ~~
Sentía como contrastaba con él, de una forma tan única y extraña que no había espacio en su mente que no se rindiera a esa desigualdad. El calor que emanaba de su cuerpo, tan expuesta, tan vibrante bajo su tacto gélido e incoloro en comparación a su piel bochornosa. Su cabello del color más cálido que el mundo ha conocido se esparcía bajo sus cuerpos como un manto tibio, lleno de ternura, que por momentos llenaba el vacío de su cuerpo hueco. Sentía la reacción involuntaria de su piel ante lo fríos que debían estar sus dedos cuando los hacia susurrar sobre su cuero. ¿Por qué lo aceptaba? Sus diferencias, su disparidad y disentimiento estaban a simple vista. Él mismo los había aborrecido la primera vez que se encontraron. Entonces ¿Por qué? ¿Por qué trataba de unirse a su desigual? ¿Por qué buscaba lo que no necesitaba? ¿Por qué se enrabiaba cada vez que la veía sonreír? ¿Por qué hacia preguntas, a su juicio estúpidas, y aun pensado aquello las completaba al hablar?... ¿Por qué esa incomodidad cada vez que la hacia llorar?
La cálida mejilla se apego a su mano de piedra encajando de una forma tan intima, como si hubieran nacido juntos. Ardía, su piel quemaba, escocia, punzaba, dolía. Pero.
Hundió su rostro con pasión en el hueco de su incandescente cuello, dejando caer su cabeza contra la cama y apretando su rostro contra ese volcán. Clavando sus uñas en su piel hasta escucharla chillar y envolverla tan fuerte que casi pudo escuchar sus huesos tronar. Abrió su boca, impaciente, y sin dudar clavo sus dientes en su cuello hasta perforarlo. Fue entonces cuando se sintió tranquilo, cuando escucho su voz quebrarse en agonía llegando a sus oídos. Fue ahí donde sintió paz, donde sintió que se acercaba a ella, aunque fuera metafóricamente hablando.
Sintió que la corrompía cuando ella lo arañó de forma tan animal como cuando él la embestía.
Efímeramente al tragar sintió la temperatura agradable del líquido que poco a poco se congelo al contactar con su lengua.
Se incorporo ligeramente, observando su obra de arte que no estaba completa, nunca estaba completa.
Con su pulgar acaricio la enrojecida mejilla, húmeda, debido a las lágrimas que estaba acostumbrado a robarle cada cinco minutos. Observo sus labios abiertos tratando de respirar y de paso soltar quejidos de dolor, que por muy altos que fueran, jamás eran escuchados por nadie. Irguió sus blancos brazos a los costados de las rosadas orejas y pasó los ojos por la marca del cuello que se volvía más morada por cada segundo que pasaba. La sangre se había secado en la piel debido al roce con su lengua, pero sus dientes se notaban perfectamente alineados en un semicírculo desde su perspectiva.
Sonrió para sí, satisfecho y sin miramientos ni preparativos volvió a entrar forzosamente escuchando como su nombre se desgarraba por la garganta de la mujer.
Abrió sus ojos verdes de forma natural, pero recordaba perfectamente todo lo que había sentido, vivido. Se incorporo hasta quedar sentado y se paso las manos por el cabello oscuro.
No era la primera vez que el único color que veía al tratar de rememorar su sueño era el rojizo naranjo, brillante y combustible como el fuego. Luego, el vacío que cotidianamente se esparcía por su cuerpo se intensificaba hasta hacerse insoportable. Elevo las rodillas y apoyo sus codos en ellas sosteniéndose la cabeza. Estaba mareado, y por alguna razón necesitaba con urgencia una manta para ahuyentar el frío que a su cuerpo congelaba.
Meditaba, tratando de darle algún significado a sus repetitivos sueños, asociarlos a algo, un vinculo, un símbolo, una metáfora.
A pesar de lo inteligente que era, sabia que lo suyo no eran las cosas profundas y sentimentales y, si había algo que podía dar firmado por su titulo de capitán, era que por más vueltas que le daba al asunto, más distancia creaba hacia la respuesta.
-Taicho—susurraron desde el otro lado de la puerta.
-Dime, Kira—hablo en un tono neutral. Concentrándose inmediatamente en el asunto.
-Nos toca recorrer, señor—
Ah, sí. La niña divina seguía perdida.
-Enseguida salgo—
Inoue, mientras más tiempo pasaba más se acostumbraba a esa familia y poco a poco sonreía con sinceridad. Sus anfitriones eran muy amables y, a pesar de que su primer día con ellos sufrió un colapso nervioso, ellos la aceptaron a pesar de tener ese terror hacia los supuestos protectores del lugar.
Cuando paseaba por la calle, escuchaba a los chicos hablas sobre el poder espiritual y sobre los deseos que sentían por convertirse en un guerrero de kimono negro. Otras familias presumían que sus hijos se volvían shinigamis y que lograban entrar a uno de los escuadrones del Goten 13 con algún puesto de oficial importante. A Ino, todo aquello solo le provocaba escalofríos.
Llevaba alrededor de tres semanas con la familia y ellos se habían encargado de protegerla y alejarla de todo shinigami que merodeara. Pensando que cuando Murai la encontró desmayada en un callejón tuvo que haber sido culpa de los protectores del Rukongai, que en ocasiones salían a jugar con los habitantes, cosa que había espantado a algunas personas dando espacio a que llegara gente de otros distritos mas aislados y peligrosos.
Ya estaba socialmente acostumbrada a la ciudad, pacifica y bondadosa. Sabia donde ir a comprar lo que necesitara, se sabia algunos nombres de los vecinos mas cercanos y como volver a casa si es que se perdía. Según Murai, aprendía muy rápido y era muy independiente para todo, y le agradaba que tuviera actitudes maternales con los pequeños. Trabaja en un puesto de frutas de un hombre mayor con intenciones de recaudar más dinero para el hogar. El anciano era muy respetuoso con ella y la instruía en lo que más podía tratando de ayudarla a adaptarse al pueblo.
-Buenos días, señorita Ino—saludo un hombre que frecuentemente compraba manzanas.
-Buenos días—sonrío.—¿Qué va a querer hoy?—pregunto sacando una bolsa plástica de un perchero y sacudiéndola para que se abriera.
-Ya sabes lo que quiero. Las manzanas más hermosas que tengas—hablo entusiasmado para que en un abrir y cerrar de ojos la chica le entregara la bolsa con las manzanas exactas.—Cada día me sorprendes más.—argumento con asombro—Nos vemos luego señorita—se despidió con cortesía, pago y se marchó.
Orihime suspiro, y con disimulo se acerco al borde de la tienda y observo el cielo. Había visto pasar unas sombras negras otra vez. Le habían dicho que era normal que ellos patrullaran, pero jamás lo habían hecho tan seguido y en masas como las ultimas semanas. Hasta los guardianes de las puertas estaban un poco alterados por tanto movimiento, bueno, y ella también. Le daba muy mala espina la situación.
Los vio pasar de nuevo sobre la tienda y se escondió rápidamente. Su corazón latía como si tratara que quebrar sus costillas, era casi doloroso. La adrenalina la invadía como nunca antes y entre toda su conmoción vio a Mio a la mitad de la calle.
-Ino-Chan—grito la chica corriendo hacia ella, desesperada. La pequeña se veía afligida y al parecer estaba al borde de las lágrimas. Detrás de ella diviso a unos adolescentes, con sonrisas burlonas perseguirla como si fuera divertido.
La pequeña se callo a unos metros del puesto de frutas y se raspo las rodillas descubiertas, abriéndose heridas y llegándolas de tierra. Los otros chicos corrieron hacia ella con más énfasis y Orihime apretando los puños fue en su ayuda sin mediar nada.
Corrió hacia la pequeña agachándose a su altura y la tomo por los hombros acariciándole la mejilla.
-¡Que no escape!—grito uno de los jóvenes y comenzaron a correr más a prisa.
Orihime, a pesar de no entender demasiado la situación, cargo a Mio en su espalda, ordenándole que se agarrara muy fuerte de sus hombros y corrió por las calles de tierra lo mejor que podía con un peso extra.
Veía como las sombras pasaban por los alrededores y solo cerraba los ojos suplicándole a lo que fuera que ellos no se detuvieran a tratar de ayudarla.
Corrio por unos pasajes para escapar de la avenida principal. Metiéndose por callejones alarmada por las muchas pisadas que le seguían. Mio respiraba detrás de su oreja con mucha pesadez y de vez en cuando se quejaba por el dolor y el aire que entraba por sus heridas a pesar de que Inoue trataba de cubrirlas con las mangas de su kimono.
Orihime en cuanto vio una oportunidad se escondió detrás de unos barriles vacíos al doblar una esquina. Se agacho y dejo descender a Mio quien al sentarse contra el piso se agarro sus rodillas tratando de sacar la tierra y evitar separar los labios por el dolor.
-Déjame ver—le susurro Orihime, preocupada. La chica accedió de inmediato y la pelirroja noto que eran hedidas profundas que mancharon parte de su kimono debido a la sangre que escurría por los bordes.
-¿Dónde están?—grito uno de los chicos irritados al otro lado de los barriles. Inoue atino a acorralar a la niña contra la madera y cubrirla con su cuerpo.
-Tks. Esa maldita niña—hablo otro igualmente irritado.
-Sigamos buscando—dijo uno al llegar a su lado y los tres emprendieron el rumbo otra vez.
-Se han ido—susurro y vio como la niña se tapaba la boca con las manos para no llorar en voz alta. Le acaricio el rostro con cuidado y le seco algunas lágrimas.
Escucho unos pasos acercársele por detrás y estos alertaron todos sus sentidos.
Su respiración se hizo pesada y cerro los puños contra la tierra bajo sus pies. Se levanto ligeramente apoyándose sobre sus tobillos y giro el rostro.
Kimonos negros.
-¿Orihime-Chan?—escucho a uno de ellos susurrar despacio y por alguna razón supo que se dirigía a ella.
Sus manos sudaban ligeramente y su garganta se secaba por momentos, no se giro por completo así que los veía a medias.
-Se equivoca de persona—dijo la chica tratando de ocultar su rostro tras su cabello.
-Eso es imposible. Tks. Tu color de cabello es inconfundible—dijo el calvo con una ceja alzada.
-Se equivoca, mi nombre es Ino—dijo la chica un poco asustada por la confirmación rotunda que ellos expresaban para con su persona.
-¿Ino?—se miraron el uno al otro.—Inoue, querrás decir.—
Algo hizo clic en su cabeza y se levanto de golpe, volteándose a encararlos con los músculos contraídos.
-¿Qué quieren?—dijo la chica asustada, pero tratando de verse lo mas decidida posible.
Los hombres eran de estatura similares, uno de ellos de cabello oscuro hasta su mandíbula, con un corte recto y cuatro plumas de colores sobre el rostro, llevaba un tipo de bufanda cubriendo su cuello que conectaba con una camiseta de color naranjo por una pequeña tira del mismo color. El otro era calvo, con los ojos rasgados, muy pequeños y una sonrisa torcida, llevaba su espada apoyada en sus hombros y un brazo metido entre los pliegues de su ropa.
-Queremos llevarte con nosotros.—dijo el calvo seguro de si mismo y soltando las palabras de forma natural.
A la pelirroja un sudor frío le recorrió la espalda haciéndola sentir incomoda.
-No tengo por que ir con ustedes. No he hecho nada y no tengo ningún poder espiritual que les pueda ser útil—dijo decida, muy seria.
Esto saco risas de ellos y la miraron como si estuviera loca.
Los jóvenes que antes la seguían la divisaron a lo lejos y se acercaron a su encuentro.
-Tú, niña. ¿Dónde has dejado a la pendeja que protegías?—grito uno de ellos con demanda.
Orihime se volteo indecisa entre darle la espalda a los shinigamos o a los otros sujetos.
-No es de tu incumbencia—escondió sus nervios.
-No te pases de lista, chica. Nos a delatado y por su culpa no hemos comido nada en todo el día—dijo uno tratando de excusar su acecho para con menor.
-¿Estaban robando?—pregunto sorprendida.
-Eso no te importa—dijo uno de ellos acercándose a paso lento.
Los shinigamis detrás de Inoue observaban todo con vago interés.
-Yumichika, avisa que la hemos encontrado—susurro Ikkaki y su compañero desapareció de inmediato.
-Váyanse, por favor.—pidio la chica con sentido común. Observo el suelo en donde estaba Mio escondida y esta no dejaba de llorar.
Sintió la culpa y se adelanto, pasando los barriles y acercándose a los sujetos de mala muerte, en cuanto estuvo frente a ellos les ofreció unas monedas.
-Hagan lo que quieran, pero por favor márchense—susurro preocupada por la menor extendiendo su mano hacia ellos, aunque inmediatamente golpearon sus nudillos haciendo caer el dinero.
-¿Crees que así se arregla todo, estudida?—grito uno ofendido, para luego empujarla hasta hacerla caer al piso de tierra.
Ikkaku frunció el seño y camino hacia ellos apretando su espada.
-Váyanse, por favor—pidio la chica ocultando su rostro detrás de su flequillo. Se había lastimado el tobillo al caer, pero no era nada importante.
Uno de ellos la tomo con fuerza del brazo, lastimándola, obligándola a levantarse y al instante un puñetazo lo lanzo lejos contra el muro de una casa.
Inoue se volteo sorprendida y vio al chico de kimono negro furioso.
-¡No te metas basura shinigami! No es tu problema—dijo otro lanzándose al ataque pero obteniendo el mismo premio que su compañero.
-Que molestos son—dijo el calvo entrecerrando los ojos—¿Estas bien, Inoue?—pregunto tomando desprevenida a la mujer que sin tratar de ocultar su asombro asintió con la cabeza.
Después de unos minutos Madarame se encargo personalmente de que esos delincuentes escaparan, posiblemente hasta de la ciudad. Orihime sin perder tiempo tomo a la niña en brazos para cargarla hacia la casa.
-Gracias—susurro al hombre antes de pasar de él.
-Oye ¿A dónde crees que vas?—cuestiono siguiéndole el paso.
-La llevo a casa, esta herida.—dijo apresurando su paso.
El calvo observo a la pequeña con lágrimas secas en las mejillas y sin advertir abrazo a Orihime por la cintura y salto sobre los tejados. Por instinto la de ojos grises apretó a la pequeña contra su cuerpo con fuerza.
-¿Hacia donde?—
-Hacia el frente—respondió sorprendiéndose a si misma.
Rápidamente aterrizaron fuera de la casa de Murai y al ingresar todos se acercaron a ella, sin explicar nada le arrebataron a Mio de las manos y se dispusieron a atenderla.
-Ino-Chan, niña, estas toda sucia—dijo Abba y la convenció a cambiarse de ropa.
Murai se detuvo en la puerta sin cerrarla y centro su mirada en el sujeto que parecía esperar algo.
-¿Necesita algo?—pregunto respetuoso.
-No—respondió simplemente Ikkaku y sin más la puerta de la casa se cerró.
La pelirroja se coloco un kimono blanco con detalles celestes y un obi azul. Al ingresar a la habitación de Mio, vio que la chica estaba completamente dormida.
-No te preocupes. No es nada grave—susurro el hombre a su lado—Al parecer tuvo muchas emociones por eso se quedo dormida.—
-Si, somos dos—dijo para luego deslizar la puerta y caminar hacia el comedor seguida del dueño de casa.
Al llegar a la sala y abrir la puerta se congeló de golpe al ver a tanta gente reunida.
Kimonos negros.
-¡Orihimeee!—gritó Matsumoto con lágrimas de alegría abalanzándose sobre la chica, desequilibrándola. –¡Estaba tan, tan, tan preocupada por ti!—grito la mujer voluptuosa apretando a la menor contra sus pechos.
-No puedo respirar—dijo la chica un poco asustada.
-¡Matsumoto!—alzo la voz el niño bajito.
-Lo siento, Taicho. Pero es que estoy tan feliz—se justifico la rubia acariciando el cabello de Inoue como si fuera una muñeca.
Todos los residentes de la casa quedaron en silencio y los shinigamis solo suspiraron. La teniente poco a poco fue calmando sus revoluciones de dicha y comenzó a soltar a la pequeña mujer dándole un poco mas de espacio.
-Es un gusto verte otra vez, Inoue—susurro Toshiro asintiendo con la cabeza.
La susodicha no respondía a las cálidas palabras solo porque no sabía como contestar, así que simplemente asentía. El pequeño capitán comenzó a explicar una historia que ni siquiera Orihime entendía siendo ella al parecer la protagonista de sus palabras. Hablaba sobre ser una aspirante a aprendiz que en una misión se perdió o algo así, y que han estado buscándola por todo el Rokungai desde hace casi un mes. También justificaron su falta de memoria se debía a un proceso de selección para shimigami.
Nadie en esa familia estaba familiarizado con los protectores del lugar a sí que no tenían como dudar de sus palabras, aunque el instinto de Murai le decía que debía desconfiar de cada una de ellas.
La puerta de entrada a la residencia se abrió de golpe esparciendo un fuerte sonido y varios salieron a ver de que se trataba.
Al llegar al pasillo principal de la casa, vieron a otros dos compañeros de los visitantes, pero uno de ellos tenia una espada enorme en comparación con los demás, su cabello era de un color extrañamente similar al de Orihime y tenía una expresión de angustia en el rostro. La otra era una pequeña de cabello negro y contextura menuda, tenía la misma cara de preocupación que el otro hombre.
-Inoue—susurro Ichigo al verla entre esa multitud de gente y corrió hacia ella, tirando de uno de sus brazos y comprimirla contra su pecho, casi fundiéndola con él.—Me tenias muy preocupado—susurro cerca del oído de la pelirroja haciéndola enrojecer y por cortesía corresponder ligeramente el abrazo. Enredo sus dedos en el cabello naranjo y hundió la cabeza en el agujero del cuello femenino por una eternidad.
Inoue sintió sus mejillas arder y como su corazón latía en adrenalina. Sentía una extraña familiaridad y profundo respeto por el hombre que la abrazaba como si fuera lo más preciado del mundo. Pero a la vez la misma imagen de siempre cruzo su mente dejándola con inseguridad y cierto temor hacia él.
-¿Y él quién es?—pregunto la anciana, curiosa.
-Él es…el hermano mayor de Orihime—dijo sonriente Matsumoto al contemplar la escena. Debían tener una carta bajo la manga para confirmar sus palabras, e Ichigo era al igual que ella, son los más apropiados para hacerse pasar por un familiar y así convencer de forma rotunda de su falsa historia.
-¡Oh! Se parecen mucho—dijo en realidad dejándose llevar solo por el color de cabello.
Murai escucho atentamente el cotilleo de las dos mujeres a su derecha y volvió los ojos a los pelirrojos aun en un contacto íntimo y profundo. Frunció el cejo. Ese gesto claramente no era fraternal.
-¡Inoue! Que alegría verte—dijo la Kuchiki abrazando a la chica luego de que la soltara su mejor amigo.
Kurosaki se acerco a las que supuso eran los propietarios del lugar y les hizo una reverencia muy cortes.
-Muchas gracias por cuidar de ella—hablo con respeto extraño en él, sonriendo ligeramente.
-No se preocupe joven, fue un placer tenerla con nosotros.—alentó la mujer mayor.
Platicaron unos minutos más para terminar de convencer a Inoue, y esta, a pesar de las dudas se convenció de que su vida estaba en otra parte así que opto por ir con ellos. Se despidió de todos rápidamente, incluso de Mio, aunque la pequeña estuviera dormida, le beso la frente con cuidado para no despertarla.
Agradeció a la familia y el tiempo que le dedicaron. Estos argumentaron que su compañería era muy apreciada y que era una persona muy amable y trabajadora.
A los veinte minutos de la llegada de los shinigamis Inoue se fue con ellos, siendo cargada por el pelirrojo que la rodeo tan intensamente antes. Por los aires observo la cuidad en la que estuvo casi un mes con melancolía, pero sintiendo muy en el fondo que una voz le decía que era lo correcto, que ese era su camino y de que debía avanzar.
Apretó entre sus manos las ropas negras y recargo su cabeza contra el pecho masculino escuchando los latidos de este como una canción de cuna que la hicieron dormir rápidamente.
Al llegar a la puerta oeste Ichigo noto la ligera respiración contra sus ropas y la vio descansar en sus brazos. Con profundo aprecio la apretó contra si e ingreso a la Sociedad de las Almas con la convicción de que las palabras de la chica tomaran fuerza.
-Volveremos a ser amigos. Lo prometo—susurro caminando a la par con todos sus amigos dichosos por haber encontrado a su camarada.
Uff, y eso es :D Espero subir otro capitulo luego y hacer aparecer a Ulquiorra como el protagonista que es.
Ya saben que si tienen alguna sugerencia o duda o queja o consejos. Bienvenidos sean.
Un beso, abrazo que descansen y a dormir *-*
Hime Chan
