Capítulo 2: Un entrenador, un plasta y nuevos jugadores

Parte Primera

{Narrado por Fabi}


El día siguiente tras la cena, estaba agotado y eso que todavía nos acababa de despertarme. Pero, en la casa de mi tío Frank estaba todo en silencio así que supongo que los demás seguían durmiendo. Y enseguida, lo comprobé. Miré a mí alrededor, la habitación aún estaba a oscuras. Tenía que comprobar la hora y si León y Markus (mis compañeros de habitación) seguían durmiendo antes de subir la persiana y que la luz del sol iluminase la habitación. Bien, hora las 11:00, ¿no era una buena hora para levantarse? Así que... toca abrir la persiana. Pero, se me olvidó mirar si los demás seguían sopa. Sin embargo, Markus no estaba y León dormía... bueno, hasta ese mismo momento porque la luz le pegó directamente en los ojos.

León: Haaa! ¿De dónde ha...? (medio dormido, justo miró adónde estaba yo) Fabi... ¿Quién ha...? (si es que aunque era obvio, medio dormido León pensaba a la velocidad de las tortugas, pero cuando se dio cuenta... pensé que debía... LARGARME, porque un León enfadado era peligroso) ¡FABIIIIIII! ¡TE MATOOO!

Y empezó una persecución por toda la habitación. Aunque no duró mucho tiempo, ya que el grito anterior de León había atraído a Markus. Su presencia interrumpió la persecución para mi suerte.

Markus: Ya que estáis despiertos... ¿Por qué no venís a desayunar? Son las 11 de la mañana.

Sí, sí... lo sabíamos. Al menos, la hora acabo con el enfado de León, ya que ni él se creía cuanto había dormido. Y los tres nos fuimos hacia la cocina, donde mi tío Frank estaba también tomando el desayuno.

Frank: Buenos días, chicos

Y de ahí el desayuno y todo lo no importante que pasó durante la mañana y el mediodía. Y casi toda la tarde de no ser porque quedamos con las demás Fieras. Bueno, nos enteramos justo ya que Esther se olvidó decirnos que ahora Fernando era parte del equipo e iban a quedar en casa de Saray (por razones desconocidas). Y nos avisó en el último minuto. No sabía que era tan olvidadiza.


Pero en casa de Cris, quien aún no sabía nada de la reunión, las cosas iban un poco diferentes.

Cris: Hola, ya estoy en casa.

Madre Cris: Hola

Pero en casa de Cris no sólo estaban sus padres (y su hermano perdido por alguna parte) sino también mi tío.

Cris: Hola, Frank... Espera, ¿qué pasa aquí? (como Cris conoce a mi tío... pues bien, es su profe de alemán)

Madre Cris: Le vamos a dar a Frank una copia de la llave de la autoescuela para que no tengamos que preocuparnos por llevar la llave a cada clase.

Cris: Vale, lo que no me explico es por que hay tanta gente aquí.

Frank: Estos son Joachim y William, son amigos míos que se han mudado por un tiempo aquí. Los fui a buscar al aeropuerto y ya de paso...

Joachim (o como yo lo conozco el señor Wessel) y William, o Willi, tiene un quiosco en la zona en la que vivo en Munich. Willi jugó en la liga regional hasta que se lesionó.

Al lado de ellos había un perro blanco y negro.

Frank: Ah, y este es Calcetín

Calcetín: Guau!

Cris acarició a Calcetín y luego se dirigió a su habitación donde encontró a su hermano y a otro chico moreno junto a él.

Cris: ¿Y este quién es?

Madre Cris: Él es Marlon, el hijo mayor de Joachim.

De repente sonó el timbre. Era Saray.

Cris: Hola, ¿qué quieres?

Saray: Ah, ¿no te mandó un mensaje Esther?

Cris miró su móvil y encontró un mensaje de Esther.

Cris: Mierda, no lo había mirado. Pero, como es en tu casa, no hay problema (se giró) Mamá, ¿puedo ir a cenar a casa de Saray? Vienen los demás.

Madre Cris: Sí, pero ¿podrá Isa con todos?

Cris: Supongo que sí. Bueno, hasta luego

Continuará, en la segunda parte...