Al final de la última clase, Suzuki se me acercó y me dijo que la siguiera.

Salimos del edificio y fuimos andando por el camino rodeado de árboles hasta las puertas del dormitorio de la Luna. La entrada estaba abarrotada de chicas que no paraban de gritar "kyaa, kyaa", parecían fans locas por ver a su cantante favorito en un concierto. En seguida perdí a Suzuki entre la multitud, pero no la seguí, me quedé apartada detrás de todas. Podía ver a Yuuki hacer intentos en vano de contener a las gritonas fans que ocupaban la mitad del camino.

Las puertas se empezaron a abrir, los "kyaa" se hicieron insoportables y costaba oír algo que no fuese eso. El primero en salir fue Kaname, creo, o al menos los gritos de "Kaname, kyaa" parecían decir eso. Así que el otro chico que estaba en la oficina del director ayer era él... Después salieron otros, entre los que estaba Aidou, el cual parecía disfrutar de los ensordecedores gritos que decían su nombre. Daba la sensación de que las fans aplastarían a Yuuki de un momento de a otro. Había adoptado en mi cara una expresión indiferente. Siempre me he preguntado cómo puede haber gente que actúe así. Me di cuenta de que Aidou me estaba mirando, era como si se preguntara por qué no gritaba su nombre. Aparté nerviosa la mirada y la dirigí hacia la multitud. No vi a Suzuki por ninguna parte, decidí que mejor me iba ya.

La semana pasó rápido y llegó el viernes por la tarde. En el dormitorio se empezaron a ver maletas en los pasillos, y amigas despidiéndose. Los fines de semana se quedaban pocos estudiantes en la academia y aún así durante en el cambio de la clase nocturna, seguía habiendo tantas fans como siempre. Durante la semana me había acostumbrado a que los dormitorios se quedasen vacíos durante el cambio de clases. Aprovechando la tranquilidad que había me dirigí hacía la biblioteca. No había tenido tiempo de ir a por ningún libro de licántropos y/o vampiros, y como aún quedaban unos veinte minutos hasta el toque de queda me daba tiempo de sobra. Decidí tomar un atajo por el bosque.

A unos veinte metros del edificio donde estaba la biblioteca oí algo detrás de mí, me giré. Era el gatito de esta mañana, me agaché y le enseñe las palmas de las manos, como diciéndole que no le iba a hacer nada. Me fui acercando hasta que llegué a unos pasos de él. Parecía dispuesto a huir, así que me quedé quieta. Quería tocar al gatito. No nos habíamos movido en unos diez minutos, bueno, yo me había arrodillado para estar más cómoda. Decidí hablarle.

- Hey, guapo, no te voy a hacer nada. Mira no tengo nada. -me acababa de acordar de que tenía unas galletas que había cogido para el camino. Las saqué muy lentamente. Le ofrecí una. Se movió hacia mí un poco, pero no parecía fiarse. Mordí la galleta para hacerle ver que era comida y que estaba buena. Entonces se fue acerando muy lentamente, hasta que llegó a la galleta y se la comió. Sonreí involuntariamente. Que mono que era con ese pelo negro-azulado. Maulló. Se me acercó, creo que quería más galletas. Le di otra y otra y otra y otra... y se me acabaron. Le acaricié, y al principio se erizó pero después se dejó. Había conseguido lo que quería, así que volví a la realidad. Miré mi reloj, ¡¿cuánto tiempo había pasado aquí? ¡¿Treinta minutos? Oh, mierda, y yo que quería ir a la biblioteca...

Después de pensar durante unos segundos mis posibilidades, me dije que, ya que me había saltado el toque de queda daba igual si me iba a mi habitación rápido o iba a la biblioteca a por el libro. Total el castigo sería el mismo si me pillaran yendo hacia los dormitorios que entrando a la biblioteca. Aún había luz (aunque empezaba a anochecer), me despedí del gatito y fui andando para la biblioteca. Llegué a las puertas del edificio. En uno de los cambios de clase de esta mañana había visto la biblioteca de pasada. Nada más abrí las puertas y entré, me arrepentí enormemente, ¡esto se parecía a los juegos de zombis! Pero ya había llegado hasta aquí, y tener miedo de un juego de zombis era absurdo: los zombis, simplemente, no existen.

Aunque pensase eso, cuando giré a la derecha para llegar a la puerta de la biblioteca un escalofrío recorrió mi cuerpo. Ahí estaba la puerta, justo enfrente. Todo estaba a oscuras salvo por la luz que entraba por los ventanales, aunque ésta le daba un aspecto sobrecogedor a todo el pasillo. Me auto-infundí ánimos. Justo cuando iba a girar la manivela de la puerta, esta se giró sola y la puerta se abrió. Me quedé muerta de miedo. A pesar de eso, solo tardé unos segundos para recomponerme al ver que la habían abierto desde dentro y que delante de mí estaba Aidou. Suspiré. Pero mi alivio duró poco, al oír su voz aterciopelada.

- ¿Qué haces aquí?

- Emm... venía a por un libro...

- ¿Sabes que el toque de queda hace rato que ha empezado, no?

- Si… pero quiero coger un libro o… dos.

Hice ademán de entrar en la biblioteca, a lo que él se apartó suavemente. Entonces me pregunté si le diría a alguien que me había saltado el toque de queda.

- Etto... Aidou-senpai, no le digas a nadie que me he saltado... el toque... por favor.

No me contestó, pero no parecía de los que van chivándose por ahí. Me fijé en una estantería y empecé a buscar por el título. L... Ah, no había ningún libro que se titulase "Licántropos", bueno, era de esperar... seguramente en el título no apareciese de lo que trataba. Después de estar un poco mirando al azar, volví a oír a Aidou dirigiéndose a mí.

- ¿Cuál buscas? -su voz me recordó a la que utilizaba con las fans, eso me irritó, pero no lo demostré. Tenía una pequeña sonrisa de autosuficiencia en el rostro.

- ¿Sabes de alguno que trate de licántropos? -creo que no se esperaba ese tipo de libro. Pareció pensarlo por un momento y después me contestó.

- Si... -fue al pasillo contiguo y me señaló una estantería. Todos los libros que había en ella trataban de licántropos. Cogí emocionada uno de los libros, ¡Por fin algo interesante que leer!

- ¡Gracias! Umm... ¿no sabrás de alguno de vampiros también? -no estaba mirándole cuando le pregunté, leía por encima la contraportada de libro que acababa de coger, pero su silencio me hizo levantar la cabeza. Parecía estar sorprendido... pero en cuanto lo miré, cambió su expresión por una de estar divertido. Quizás me lo hubiera imaginado.

- ¿Qué quieres saber sobre ellos? -me pareció extraño, cuando le había preguntado por el de los licántropos no me había hecho dicho nada parecido. Quizá a él también le gustasen.

- Umm... no sé... son interesantes, ¿nee? -hice una pequeña pausa. Miré mi reloj, mierda, ya debía de haber oscurecido: el instituto sí que daría miedo ahora, y Yuuki no me acompañaba como cuando llegué. No sé como los de la clase nocturna podían venir aquí todas las noches.

- Me tengo que ir, ya es muy tarde.

Aidou no contestó pero me siguió con la mirada. Me paré frente a la puerta y la abrí. De nuevo, sentí ese escalofrío. No podía divisar el final del corredor, donde giraba a la izquierda. No me di cuenta de que Aidou se había acercado hasta que lo oí:

- ¿Tienes miedo?

- Esto me recuerda a un videojuego... ¡Parece que vaya a salir un zombi de la oscuridad!

Yo seguía mirando el fondo del pasillo: intentando ver el final o, quizá, esperando que de repente un zombi saliera. Oh, mierda, esto iba mal... si me sigo montando películas en mi cabeza terminaré asustándome de las sombras imaginarias del final del pasillo que parecían acercarse hacia mí con intenciones nada buenas... Casi grité al notar algo sobre mi hombro. Entonces me acordé de Aidou, que seguía detrás. Me di la vuelta para no ver el pasillo, casi me choco con Aidou, estaba muy cerca. Podía oler su aroma.

- Aidou-senpai, tu no ves nada en el pasillo ¿verdad?

- Nada, ¿quieres que te acompañe? -por su tono supe que se había puesto en modo Idol. Y su sonrisa no hacía más que confirmarlo. Aunque me irritara, le dije que sí. Si me acompañaba alguien todo mi miedo desaparecería. Salí al corredor y Aidou detrás de mí, cerró la puerta. Ahora el pasillo quedó en completa oscuridad. Me quedé quieta hasta que volví a notar la mano de Aidou en mi hombro, empujando suavemente. Si no me hubiera dirigido él, seguramente estaría estampándome contra las paredes constantemente. Noté que girábamos, y después vi la entrada iluminada por la escasa luz de la luna. Entonces Aidou me soltó, me di la vuelta para darle las gracias, pero ya no estaba... seguramente tendría mejores cosas que hacer.

Fui lentamente hacia la puerta. Intentaba no hacer ningún ruido, pero mis pasos resonaban al andar. Mi mano aferró la manivela dorada y abrí solo un poco, lo suficiente como para sacar la cabeza y mirar si algún prefecto estaba cerca. Estaba muy oscuro, y si no hubiese sido porque hoy la luna estaba casi llena, no sería capaz de ver más que en el pasillo de antes. Cuando me deslicé al exterior sentí una agradable brisa en mi rostro. Tuve mucha suerte de no encontrarme ni con Zero ni con Yuuki mientras seguía el camino empedrado que llevaba hasta los dormitorios del Sol.

Ya delante de los dormitorios me encontré con una sorpresa: el gatito que había visto antes estaba dentro del recinto, justo enfrente de la puerta principal. Se confundía con el negro de la noche. Entré haciendo el mínimo ruido posible. Aunque le dije al gatito que se quedara fuera, no me hizo caso: pasó al interior nada más abrir la puerta. En seguida entendí que se había encariñado conmigo. Por una noche que se quedara en mi habitación no pasaría nada. Mañana a primera hora le iría a preguntar al director si me lo podía quedar. Por la primera impresión que me llevé de él, supuse que me dejaría sin poner demasiadas condiciones.

Al entrar en mi habitación encendí las luces. El gatito, que llamé Kuro, se acostó encima de mi cama. Me di una ducha rápida y al salir comencé a leer el libro que había cogido de la biblioteca. Todo quedó a oscuras cuando apagué la luz de la mesita. Ya me había entrado sueño, después de dejar el libro en la mesita, y antes de caer profundamente dormida, me pregunté por qué Aidou había parecido sorprendido cuando le pregunté por el libro de vampiros.