Antes de que yo hablara, habló él.

- ¿A dónde vas? -voz aterciopelada, ojos azules y pelo rubio. Sin duda era Aidou.

- Aidou-senpai… Umm… voy a comprar a la ciudad…-mientras lo decía abrí la puerta, que soltó un suave chirrido, y salí- Nos vemos.

Antes de dar siquiera el primer paso para echar a andar, oí como la puerta volvía a abrirse aunque esta vez no se oyó ningún molesto ruido. Me giré, Aidou estaba saliendo.

- ¿A dónde vas? –esta vez pregunté yo-.

- A la ciudad también. Me aburro.

- ¿Tienes permiso?

- No.

- Entonces no puedo permitir que salgas.

- … Está bien. -¿Eh? Algo estaba mal, pensaba que iba a insistir, tratándose de Aidou, que raro...

- Umm… Vale. Bueno, adiós.

Seguí andando, noté su mirada fija en mí hasta que doblé en una curva. En ese momento pensé que tramaba algo.

Eran las nueve menos veinte cuando llegué a la ciudad. La mayoría de las tiendas estaban abiertas hasta tarde aquí, sobre todo las cafeterías y los bares. No me costó mucho tiempo encontrar un 24 horas dónde vendieran comida para gatos. Después de pagar a la dependienta, salí afuera. Miré de nuevo el reloj, solo eran las nueve menos diez, se supone que ya tenía que volver, aunque al director no le había dicho la hora a la que regresaría, aún así me había traído el dinero justo para comprar la comida de Kuro y no me llegaría para nada más. Suspiré, hacia mucho que no salía fuera de la academia y realmente me habría gustado pasear o ir a una cafetería, o algo.

Al salir de mis pensamientos, me volví a sentir observada, esta vez de muy cerca. Rápidamente, por acto reflejo, giré sobre mí misma, ahí estaba, otra vez, Aidou.

- ¡Aidou-senpai! Me has seguido, te dije que no salieras.

- Bueno, ahora no tendrás que decir que me dejaste salir tú, si nos pillan, claro. –sonaba tan despreocupado como siempre.

- Volvamos a la academia. –dije yo en un tono más serio.

- ¿Eh? Pero yo quería ir a una cafetería muy buena que conozco por aquí, me gusta desayunar dulces… -dijo él con un tono aniñado.

Tuve la sensación de que el rubio ya había salido otras veces por la noche a la ciudad. Le miré, había dicho que le gustaba desayunar dulces, pero ¿él no era… un vampiro?

- Aunque sea un vampiro también me pueden gustar otras cosas aparte de la sangre. –esta vez hablaba algo serio, aunque con una mirada despreocupada y un toque de ironía en sus labios.

Me había leído el pensamiento. Desvié la mirada de sus ojos cuando terminó la frase, aunque podía ver de reojo cómo me seguía mirando, parecía que se esperaba otro tipo de reacción. Nunca había leído en ningún libro que los vampiros comieran (o bebieran) otras cosas a parte de sangre. Pensando en los libros de vampiros me acordé de que se suelen contradecir en el tema de la edad, algunos dicen que son inmortales y, en cambio, otros que viven mucho tiempo pero no para siempre. Me pregunté cuál de las dos versiones sería la verdadera… Aidou lo sabría, evidentemente. ¿Cuántos años tendría Aidou? Era joven, estaba claro, pero no aparentaba muchos más que yo. Como mucho tendría uno o dos más, claro que sólo aparentemente. Su edad real… ni idea. Y no sé si querría saberlo.

Una voz me sacó de mis reflexiones. Después de un tiempo trabajando por las noches, cualquier pensamiento hacía que me olvidara de la realidad y me perdiera en cavilaciones y demás cosas.

- ¿No vas a pedir nada?

¿¡Ehh! ¡¿Ya estaba en la cafetería? Ni siquiera me había dado cuenta de que había entrado, otra vez me había vuelto a perder en mis pensamientos. Y estaba sentada en una mesa de dos, en un rincón al lado de la ventana, con Aidou enfrente. El rubio estaba esperando mi respuesta, algo impaciente. En el lado derecho de la mesa, y con cara de querer lanzarse sobre Aidou, estaba la camarera.

- Emm… pues es que me había traído el dinero justo para comprar la comida de Kuro…

- Lo pagaré yo.

- ¿Eh? V-vale, entonces… ¿Estás seguro? –asintió- una taza de chocolate blanco, por favor…

- En seguida lo traigo. -la camarera se fue a regañadientes, sin dejar de mirar a Aidou descaradamente. Una risa silenciosa escapó de mis labios. Al parecer, Aidou no solo traía de cabeza a las chicas de la academia Cross.

- ¿De qué te ríes?

- Parece que también eres famoso fuera de la academia.

Se me había escapado sin querer, me ruboricé ligeramente e intenté distraerme mirando a la camarera que se acababa de ir, quien seguía con su mirada fija en Aidou.

- Je… -dijo con una pequeña sonrisa, mientras se pasaba una mano por el cabello, llevándose el flequillo hacia atrás-Y las únicas chicas humanas que me tratáis indiferentemente sois tú y Yuuki. Las únicas dos que saben que soy un vampiro…

¿Intentaba decir que le tratábamos así porque sabíamos que era un vampiro? Eso me dolió.

- Aidou-senpai, te trataba así antes de que supiera lo que eras. Que seas un vampiro no tiene absolutamente nada que ver. Y, además, hay más chicas que te tratan como yo. Como… como Yori-chan.

- ¿No te importa que sea un vampiro? –se había puesto serio, aunque su rostro parecía igual de despreocupado que antes, sus ojos no lucían igual.

¿A qué venía esa pregunta? Era extraña. Pero, ¿me importaba que Aidou fuera un vampiro? No pensé la respuesta, simplemente salió rápidamente de mi boca.

- No, claro que no.

En ese momento llegó la camarera con mi chocolate y lo que se había pedido Aidou. En el pequeño silencio que se hizo una vez se fue la camarera, me dio tiempo a fijarme mejor en la cafetería.

Estábamos en el rincón más alejado de todos, fuera de oídos indiscretos. La ventana que estaba a mi izquierda daba a la calle, donde se podía ver pasar a los viandantes, me di cuenta de que estaba lloviendo. Casi todos los paraguas eran transparentes, aunque a veces pasaba alguien con uno de color. Volví la vista al interior, la camarera seguía mirando hacia aquí y Aidou comía delicadamente, como un aristócrata, bueno, eso era ¿no? Sonreí sin darme cuenta. Mi mirada bajó hasta posarse en el chocolate blanco, caliente. Cogí la taza y le di un pequeño sorbo. Lo saboreé y volví a beber. Me encantaba el chocolate blanco, mi favorito. Retomé el hilo de pensamientos de antes, decidí preguntarle a Aidou sobre la edad de los vampiros, aunque puede que la respuesta no me gustase en absoluto. Podía ser una gran oportunidad para saber más de lo que el director me había contado.

- Em.… Aidou-senpai, -levantó la mirada y dio un leve asentimiento, esperando que continuara- me preguntaba sobre la edad de los vampiros, quiero decir, no pareces tener muchos más años que yo, pero… por lo que sé, seguramente tengas… bastantes más… ¿Cuántos años tienes Aidou-senpai? –le pregunté finalmente.

- En años vampiro… diecisiete. ¿Quieres saber a cuanto equivale en años humanos?

Realmente quería saberlo, por eso había preguntado, pero al final no me atreví a decirle que sí. Era una sensación extraña, quería saberlo pero al mismo tiempo no quería, estaba contrariada.

- No…

Desvié la mirada hacia la ventana, seguía lloviendo, me quedé absorta, sumergida en mis pensamientos. El rubio me hizo volver.

- ¿Quién es Kuro? Antes has dicho que le habías comprado comida.

- Ah… Es un gatito que encontré en la academia, le puse Kuro porque es todo negro.

No siguió la conversación. Mi mirada se volvió a perder en la ventana, la lluvia me traía tantos recuerdos… buenos y… muy malos. Suspiré. La lluvia no me traía buenos recuerdos.

Hace algo más de un año, había ido de excursión con la clase durante tres días. Me lo pasé genial, pero el día que regresé a casa fue el peor día de mi vida. El autobús nos dejó en el instituto, tenía que ir andando hasta mi casa. Cuando llegué las luces de la casa estaban todas apagadas y un policía me esperaba en la puerta. En ese momento sentí que algo no iba bien. Se me acercó, su rostro estaba tétrico y me habló con un tono apenado...

La voz del rubio hizo que dejara de recordar y me devolvió a la realidad.

- ¿No te gusta la lluvia?

- No es eso… Antes me gustaba, ahora solo me trae… -hice una ligera pausa sin darme cuenta, y terminé susurrando- malos recuerdos.

- ¿Malos recuerdos? –un humano no hubiera sido capaz de oír el débil murmuro, pero para Aidou no fue problema alguno.

- Si… -la pelirroja pareció vacilar un momento, entre si contarle o no algo. Al final continuó hablando- Um… Mis padres y mi hermano murieron hace poco más de un año. En un accidente. Su coche resbaló a causa de la lluvia y chocaron contra un gran árbol.

- Entiendo…

Lo último que dijo Aidou no lo oí, me había vuelto a quedar inmersa en mis recuerdos. Recordaba a mis padres y a mi hermano, a todos los familiares y amigos que habían pasado por mi casa y que habían dejado huella en mí. Miraba a la ventana, a los peatones pasar. Cada vez había menos, la lluvia había empeorado y todos iban directos a sus casas. Entonces, alguien me llamó la atención, tenía un paraguas de color azul oscuro, vestía de forma elegante y era realmente atractivo. Pero no fue eso lo que llamó mi atención, sino el hecho de que recordaba haberlo visto antes, en algún lugar, con mi padre. No sé porqué fui corriendo a hablar con él, simplemente quería conocer a alguien que recordara a mi padre.

- Aidou-senpai, ¡Ahora mismo vuelvo, tengo que hablar con ese hombre!

- ¿Eh? ¿Qué?

Antes de salir, mientras abría la puerta, pude ver como Aidou dejaba rápidamente el dinero en la mesa. Fuera llovía mucho, corrí para alcanzar a ese hombre y terminé empapada. Aidou salió detrás de mí. Cogí del brazo al tipo para hacer que parara. Me costó un poco recuperar el aliento antes de hablar, en ese momento Aidou llegó a mi lado.

- Disculpe, usted conocía a mi padre ¿Verdad? Recuerdo haberle visto hablando con él.

- ¿Cómo se llama tu padre?

- Se llamaba Sataka Kana.

- Si, lo conocía, pero no mucho. Así que tú eres… su hija, supongo. ¿Con quién estás viviendo ahora? –le dio una extraña mirada a Aidou que no supe identificar en ese momento-.

- Vivo con mis tíos.

- Tu padre no tenía hermanos.

- Con la hermana de mi madre, se hizo cargo de mí.

- Ya veo. Nos vemos, tengo prisa.

- Um, pero… bueno, Adiós.

Al final no había podido hablar con él, me había quedado en una especie de shock. Antes de marcharse me dio una última mirada a mí y a Aidou, y dijo algo que me desconcertó completamente.

- Me pregunto qué pensaría tu padre…

- ¿Eh?

Me giré para mirar a Aidou, ¿Se refería a él? El rubio parecía bastante pensativo y miraba el lugar por donde se había ido el hombre. Mierda, se me había olvidado preguntarle el nombre. La lluvia seguía cayendo, más fuerte que antes, y no tenía paraguas. Eso realmente ya no me importaba, al fin y al cabo ya estaba calada totalmente. Noté que el cabello se me pegaba a la cara, y también la ropa al cuerpo. Ya no había casi nadie por la calle, la noche había caído totalmente.

- ¿Le conocías?

Aidou captó mi atención.

- No… No realmente, solo recuerdo haberlo visto hablando con mi padre…

- ¿Con tu padre? Creo que no te has dado cuenta, pero, ese hombre era un vampiro. Un clase C para ser más exactos. ¿Dices que conocía a tu padre?

- ¡¿Un vampiro?… -me sorprendí- Recuerdo haberlo visto varias veces hablando con mi padre… aunque eso fue hace mucho tiempo.

- Ya veo.

- Será mejor que volvamos… aunque ya estoy completamente empapada…, estamos –agregué al mirarle-.

Nos encaminamos los dos en silencio hacia la academia, los dos pensando en lo mismo, pero desde puntos de vista diferentes. Porqué conocía mi padre a un vampiro… esa pregunta rondaría en mi cabeza durante poco tiempo.

Fuimos andando por el camino que llevaba a la academia, continuaba lloviendo muy fuerte y yo no prestaba atención a la calzada. Así que metí el pie en un hoyo y caí de bruces al suelo. Me levanté rápidamente y enrojecí al ver que Aidou me miraba con cara de "Qué idiota". No intenté ni sacudirme, estaba empapada (y ahora cubierta de barro), de poco serviría. Un escozor en el brazo reclamó mi atención. Me había hecho un pequeño corte, seguramente con una piedra, o quizás con un cristal, ya que había traspasado la manga de la chaqueta. Pero no fue el corte lo que me preocupó, miré a Aidou. Me observaba con una expresión que no supe descifrar. El corté reclamó mi atención de nuevo, me estaba empezando a escocer más. Me arremangué la manga y observé atentamente. Pude ver un pequeño trozo de cristal en la herida, de la cual salía algo de sangre, muy poca debido a la lluvia. Tsk. Ahora tendría que sacarlo. Me paré en seco.

- Un momento Aidou-senpai… tengo que sacar un cristal… o si quieres puedes adelantarte.

No quise mirarle mientras decía eso. Sabía que él era capaz de oler la sangre incluso aunque lloviera, ya que estábamos bastante cerca. Me arremangué bien la manga de nuevo e intenté sacar el pequeño cristal. Un intento. Au. Dos intentos. Au. Tres…

- Déjame ver.

La voz de Aidou sonó fastidiada al decir eso. Al principio me alarmé, pero después de mirarle a los ojos sentí que no intentaba nada raro. Le tendí el brazo un poco resignada.

Mientras con una mano me sujetaba firmemente el brazo, con la otra me sacó delicadamente el cristal de la herida y lo tiró lejos. Suspiré, parecía tan fácil si lo hacía él. Se mantuvo sujetando mi brazo unos segundo más, por un instante creí que se había pensado mejor sus intenciones.

- Vamos. –dijo con voz cortante soltando mi brazo, y echó a andar de nuevo. Parecía estar molesto. Le seguí en silencio, a su izquierda. Antes de que desviara la mirada pude ver que sus ojos, habitualmente de un color azul profundo, se habían oscurecido ligeramente con un tinte brillante de color rojizo. No le di mayor importancia, sabía que era un vampiro y no me parecía raro verle así, aunque él no me volvió a mirar, ni a cruzar palabra alguna conmigo.

Cuando llegamos a las puertas y entramos en la academia, Aidou se esfumó en cuestión de segundos y me quedé sola. Fui a mis dormitorios.