Me desperté con más sueño del normal, si eso puede ser posible, y después de cambiarme e intentar despejarme bajé a desayunar. Había pasado casi una semana desde que estuve con Aidou en la cafetería. Me senté en la mesa con Yuuki y Yori, desde que empecé con mis patrullas era mucho más cercana a las dos.

- Seiko-chan, el director me ha pedido que te diga que vayas esta tarde a su oficina. Tiene algo importante que decirte.

- ¿Después de la patrulla?

- No exactamente. Me ha dicho que después del cambio de clases vayas a verle.

- Vale…

No me pude concentrar en las clases, aunque la mayor parte del tiempo lo pasaba durmiendo. ¿Qué me iría a decir el director? Estuve en la biblioteca hasta el cambio de clases, haciendo los deberes que tenía atrasados.

Mientras intentaba contener a las masas tenía la cabeza en otro sitio. Noté la mirada de Aidou encima de mí más de una vez. Una vez terminó el cambio de clases me despedí rápidamente de Yuuki y Zero y fui corriendo a la oficina del director. Había pensado en varios, muchos, motivos por los que Cross podría mandarme llamar. Pero ninguno se acercó al verdadero.

Cuando toqué la puerta del director estaba tranquila, aunque respiraba algo agitada. Cross me invitó a pasar. En la habitación no estaba únicamente el director, también se hallaba Kaname.

- Hola… ¿Me había llamado, director?

- Si, siéntate. –le hice caso- Hoy ha llegado una carta dirigida a ti, Seiko-chan.

- Ah… vale…

- Pero no es de tus tíos. –me sorprendí, no había nadie que me mandara cartas aparte de ellos.

- ¿De quién…?

- De la asociación de cazadores de vampiros. –Kaname intervino al ver que el director tenía dificultades para seguir.

- ¿Eh? ¿Cazadores de vampiros?

- Es normal que no sepas nada. Como su nombre indica, se dedican a cazar vampiros.

- Kaname-kun ya sigo yo. –el director intervino antes de que Kaname siguiera hablando.

Estaba muy confusa, ¿que hacía una carta de la… asociación de cazadores de vampiros dirigida a mí? Ni siquiera sabía que existía tal asociación.

- Seiko-chan, te voy a contar algo que tu padre no quería que supieras, pero que al llegar la carta no puedo simplemente pasar por alto. –el director se había puesto serio, con el semblante grave, algo muy raro en él. Tomó aire- Tu padre… Tu padre era un ex-cazador de vampiros. –me tomó unos segundos asimilar eso, después, continuó- Él se casó con una humana que, evidentemente, no sabía nada sobre los vampiros. Tu padre no quería que sus hijos se convirtieran en cazadores como él, así que, cuando naciste, tus padres decidieron que el apellido de la familia pasaría a ser Kotara, el de tu madre. Pensaron que de esta manera si en un futuro la asociación de cazadores intentaba dar con tu hermano y tú no serían capaces. Aunque al parecer no ha servido de mucho. Tus padres querían que llevaras una vida completamente normal.

La voz de Cross se extinguió y un incómodo silencio cayó sobre los tres. Yo no me di cuenta, estaba demasiado confusa asimilando la información. Nunca le había dado importancia al hecho de que mis padres hubieran decidido ponernos a mi hermano y a mí el apellido de mi madre. Después de unos minutos, pregunté:

- Entonces… soy… ¿Cazadora de um… vampiros?

- No, oficialmente, no. Pero por tus venas corre la sangre de un gran cazador.

Se me empezaron a humedecer los ojos, mis padres me habían ocultado tantas cosas… Mi padre era un ex-cazador de vampiros… Aún no podía creerlo.

- El día en que tus padres murieron… ¿Sabes lo que pasó?

- Murieron en un accidente de tráfico…

- Esa es la versión de la policía. En realidad, fueron atacados por dos vampiros de nivel E. Tu padre, al haber dejado completamente su trabajo como cazador, no guardó ningún arma, o al menos, no la llevaba encima en ese momento. Fue como si fueran humanos corrientes.

Esa revelación fue como un balde de agua fría para mí. Estuve a punto de ponerme a llorar. Quedé prácticamente en shock, era demasiada información a la vez.

- Gracias… por contármelo… -no quise romper a llorar delante de los dos, tenía que salir rápido de esa habitación- Si me disculpan…

- ¡Ah! La carta Seiko-chan. –me la tendió y la cogí al tiempo que me levantaba. Con un simple"Um" se lo agradecí y me fui.

Por los pasillos contenía las lágrimas, podría haber alguien de la clase nocturna. Una vez fuera y, alejada ya unos metros del edificio, empecé a llorar silenciosamente. Estaba tan confusa, de pronto mi mundo se había vuelto al revés. Caminar mientras lloras es verdaderamente difícil. Cuando vi la pequeña fuente, que hay a medio camino hacia mis dormitorios, me paré y la utilicé como apoyo, sentada con la cabeza apoyada en las rodillas y la espalda en la fuente. La carta la dejé a mi derecha, en el suelo empedrado.

Estuve un tiempo llorando, hasta que escuché unos pasos cerca. Intenté reprimir las lágrimas y sollozos. Cuando estuve más calmada, levanté apenas un poco la mirada, buscando a quién quiera que se hubiese acercado. Vi unos zapatos negros y un pantalón blanco a menos de un metro delante de mí. Era alguien de la clase nocturna. Genial, ahora me perderían el poco respeto que ya me tenían. Dirían que era una llorica, nada más lejos de la realidad. Los zapatos salieron de mi campo de visión, se habían movido a mi derecha. Hacia el lado de la carta, seguramente la habría visto. Giré la cabeza y me encontré de nuevo con los zapatos, justo delante de la carta. Me decidí finalmente a levantar la mirada, no me sorprendí al ver que era Aidou. Últimamente me lo solía encontrar casi siempre durante las patrullas. Cuando me miró a los ojos me entraron ganas de llorar de nuevo. Reprimí inútilmente un sollozo. Mientras él recogía el sobre, yo me levanté. No quería que la leyera, no al menos antes que yo. Antes de que pudiera pedirle la carta, leyó el remitente. Me miró, parecía confundido.

- Dá-Dámela, por favor. –mi voz se resquebrajó al final de la frase.

- La asociación de cazadores, ¿Qué tienen que ver contigo?

Comenzó a abrir el sobre.

- N-No… No sé si quiero saber lo que pone, aún no…

Me quedé sin palabras, paralizada. Por una parte, quería saber lo que ponía. Pero por otra parte, tenía miedo de qué me podría encontrar. El rubio parecía determinado a leer el contenido y supe que hiciera lo que hiciera terminaría leyendo la carta. Esperé impaciente, no había nada que hacer. Cuando terminó de leer, a una velocidad que cualquier humano envidiaría, me miró con una expresión sombría que nunca le había visto poner. Por unos segundos el único sonido que se oyó fue el del agua de la fuente.

- ¿Una cazadora? ¿Por qué no lo habías dicho antes? Ni siquiera Kaname-sama… -no continuó la frase en voz alta. Había hablado con un tono tan cargado de… ¿desprecio? No… ¿decepción?

- ¿Eh? Y-Yo no… -se me resquebrajó la voz y no pude continuar. Aunque de poco hubiera servido, Aidou se había marchado. Después de la sorpresa inicial, mis sollozos volvieron y comencé a llorar nuevamente. Ahora si que estaba segura de que no quería leer la carta. Y Aidou… parecía enfadado.

Recogí el papel del suelo, ya que el rubio lo había dejado caer al irse. Me senté en el borde de la fuente y, antes de empezar a leer la carta, me di cuenta de que el agua de la fuente se había congelado. Toqué la superficie y respiré hondo. Entonces dirigí mi mirada a la carta que había entre mis manos, dispuesta a leerla. Me mantuve en un pesado silencio durante unos minutos.

Una vez terminé de leerla pude entender un poco la reacción que Aidou había tenido minutos atrás, un poco. Después de un pequeño y breve párrafo de presentación, había otro que contenía el verdadero motivo por el que me habían enviado esta carta. Aunque después de lo que había dicho, más bien susurrado, Aidou; ya tenía yo bien claro lo que iba a poner antes siquiera de empezar a leerlo. Básicamente, decía que no había forma alguna de ignorar mi existencia teniendo en cuenta la sangre que corría por mis venas... blablablá, etc.

Al final de la carta, había una petición (pese a que más bien parecía una obligación) a entrar a formar parte de la Asociación de Cazadores. En seguida me saltaron las lágrimas de nuevo, una vez terminé esa última frase. Me quedé brevemente en silencio hasta que decidí levantarme e ir a los dormitorios. Guardé la carta en el sobre, lo plegué, lo metí en el bolsillo de la chaqueta y, finalmente, me alcé.

Anduve lentamente hacia los Dormitorios del Sol, pasando por entre los demasiado silenciosos árboles (ya que momentos antes elegí tomar el atajo para llegar a tiempo de tomar una ducha, antes de que el cansancio me lo impidiese). Justo en el momento en el que ya divisaba los Dormitorios del Sol, una mano aferró mi antebrazo con fuerza, deteniéndome. No necesité ni girarme para saber quién era.

- Aidou-senpai... –mi voz sonó ronca, apagada. Me soltó rápidamente y se puso a unos pasos de mí, en frente. No podía ver la expresión de su rostro en ese momento, simplemente no me atrevía, así que mantuve la cabeza gacha, sin que ninguna palabra saliera de mis labios. Además, si lo miraba, corría el riesgo de que mis lágrimas amenazaran con salir nuevamente. Aunque estaba completamente segura de que él era capaz de notar el rastro salino que atravesaba mi cara. El silencio fue breve, suficiente como para que notara que él aún estaba algo fuera de si. Soltó un muy hondo suspiro y después tomó aire, parecía haberse decidido a hablar.

- ... Seiko-chan. Yo... realmente, realmente, lamento mi reacción de antes. Estaba... um, demasiado alterado, –hizo una pequeña pausa – no sabía cómo reaccionar y... –añadió. Pese a no continuar la frase, yo sabía que se refería al haberse ido sin dejar que me explicase. Después, un silencio pesado inundó todo. Estaba confusa, ¿él, disculpándose? Oh, eso era algo nuevo... Aunque, parecía que iba completa y totalmente en serio. Buf, qué lío. Pero confiaba en él, o quería al menos, así pues, iba a creerle. Suspiré.

- Voy a rechazar la oferta. Si puedo... Aunque no creo que sea mucho problema, ya que igualmente no he recibido ninguna formación ni entrenamiento.

Él permaneció callado. En el silencio, me decidí a darle una mirada, quería saber que podía estar pensando. Pero cuando levanté la cabeza el observaba algún punto que estaba a mis espaldas. Giré sobre mi misma y divisé aquello que lo tenía tan ensimismado. Era Zero. Miraba seriamente a Aidou y parecía estar enfadado. Antes de que le diera tiempo a sacar la pistola para amenazar al rubio, sentí una leve brisa a mis espaldas. Aidou se había marchado, no había más que ver como se relajaba ligeramente el semblante de Zero. Quien a la vez que se guardaba la pistola me decía:

- Ve a los dormitorios, Yuuki ya se estaba comenzando a preocupar de que no llegases.

- En seguida voy, Zero-kun.

Caminamos en silencio el poco trecho que quedaba hasta los Dormitorios del Sol. Divisamos a Yuuki en la puerta con mirada preocupada, así que desvié la cabeza hacia Zero. Éste ni me miró. Parecía estar ligeramente irritado conmigo, después de todo, no le hacía nada de gracia mi relación con la clase nocturna... con Aidou para ser exacta. Yuuki salió rápidamente en nuestra dirección nada más nos vio, mientras, Zero aprovechó para escabullirse entre los árboles, sin decir palabra alguna. Solo esperaba que no fuera a buscar a Aidou para meterlo en un nuevo lío. Suspiré.

- Buenas, Yuuki-chan...

- ¡Seiko-chan! Estaba preocupada de que no llegaras, hoy tienes la noche libre, pensé que vendrías aquí en cuanto... –se corrigió. – Deberías de tomarte un descanso, mañana no tienes por qué ir a clases, puedes dormir todo lo que te apetezca. El director me ha pedido que te diga que tienes dos días libres. –el tono de su voz no dejaba lugar a dudas: estaba al tanto de mi situación, el director se lo habría contado todo... o, por lo menos, en parte. Me pregunté si Zero lo sabría.

Después, me fui a dormir.