¡Aquí está el capítulo 3! No es que haya mucha gente que siga el Fic en realidad pero... Los pocos que hay, son realmente buenos. He leído comentarios que me han animado tanto que han logrado conseguir que me tome el proyecto con más seriedad de la que había pensado en un comienzo (o al menos con más frecuencia xD)
Espero que lo disfrutéis, porque en éste punto es cuando escribir sobre Fang y Lightning se me hace algo maravilloso. Me parecen tan geniales como pareja que me extraña que Square no haya visto el potencial xD.
En fin, como siempre los personajes no me pertenecen a mí blabla propiedad de Square Enix blabla sin ánimo de lucro blabla.
Lo que si quiero son muchos comentarios! Saludos! ;D
Fang fue consciente de que conocía bastante mejor de lo que creía las capacidades físicas de Lightning, ya que llevaban aproximadamente tres horas caminando sin parar y la ex soldado no había hecho el más mínimo ademán de querer parar, algo que la morena había vaticinado. Eso habría sido gratificante de no ser porque durante esas tres horas apenas si había permitido que Fang le hablase para dirigirla por el camino correcto.
La morena había tenido claro que Lightning no era una mujer fácil desde que la había conocido, al menos desde que la había conocido de verdad. Recordaba cómo hablaba de su hermana, como parecía mostrar por ella un amor capaz de mover montañas y ríos, capaz de competir con el amor de Snow. Era mágico e indescriptible; le había recordado mucho a lo que ella misma sentía por Vanille. Sentía como a Lightning le costaba contener el aliento cuando se tocaba el delicado tema de Serah, tal y como le había sucedido a Fang cuando perdió a Vanille.
Lo complicado de la situación erradicaba en que Fang había encontrado todo cuanto deseaba. Incluso lo de completar la misión le resultaba tan nimio comparado con el logro tan inmenso que había supuesto para ella encontrar a su pequeña pelirroja…
Pero Lightning aún no había podido estrechar a Serah entre sus brazos tras el incidente de su cumpleaños. Quiso entender cómo debía sentirse aquella mujer que caminaba ahora un par de pasos por delante de ella, pero definitivamente no pudo. Para ella debía ser especialmente duro, pues Vanille y Fang siempre habían estado unidas, sin embargo Lightning comprendía que había comenzado a perder a su hermana antes de que todo el caos se desatara.
Por la mente de Fang se cruzó la idea fugaz de pedirle disculpas a Lightning, porque sabía que le había dolido; pero el orgullo se lo impedía. Jamás habría pretendido dañar a la joven con algo así, y si se sentía ofendida era por su propia actitud. "No" pensó "Le pediré disculpas, pero después de que ella lo haga" Fang atravesó con la mirada a la chica de cabellera rosada. Tenía la sensación de que moriría antes de escuchar eso de los labios de Light, o que incluso sería más fácil verla atragantarse con sus propias palabras antes de decir "lo siento".
Durante aquél intenso escrutinio en el que Fang detalló para sí la bien formada espalda de Lightning, notó cómo ésta se retorcía durante un breve segundo. Fang frunció el ceño y alzó la vista; no se veía aún el cielo, pero por la hora que era cuando habían caído y por el tiempo que llevaban caminando debía haber entrado la noche hacía rato… Y ahí abajo hacía mucho frío. Fang volvió a mirar a Lightning y un nuevo escalofrío la delató aunque ella no quisiera. La morena dejó escapar una risita y con una zancada larga se colocó al lado de su acompañante.
-Mejor será que descansemos y pensemos en hacer un fuego, ¿no?
-No creo que sea necesario.
Fang suspiró levemente aunque no con sorpresa.
-Pues yo creo que sí, estoy tremendamente cansada y congelada - Fang se burló descaradamente, dejando en evidencia que se había percatado de la fatiga de Lightning.
-Apenas hemos andado nada. Aún podemos Y debemos seguir – Light le dedicó una mirada hosca a la morena – Cuanto menos tardemos en llegar al campamento antes encontraré el camino hasta Serah.
-O menos tiempo tendrás para arrepentirte y darte cuenta de la estupidez que vas a cometer.
Fang alzó una ceja con aires de autosuficiencia y Lightning frunció más el ceño. Ésta vez la teniente redujo la distancia entre ambas, dejando sus rostros cercanos. Ése era un gesto que pretendía intimidar, tanto en el Nido como en Paals, tanto entre humanos como entre bestias; invadir el espacio personal de alguien era una búsqueda descarada de problemas. Sin embargo intimidar a Fang "la salvaje" no era tan sencillo.
"¿Qué se habrá creído?"
La morena mantuvo su posición y Lightning no hizo ademán de retirarse, por lo que durante unos segundos sus cuerpos y rostros quedaron a escasos centímetros. Fang encontró la oportunidad perfecta para indagar en aquellos ojos azules fríos como el hielo para intentar encontrar algo, pero el helor había traspasado a Lightning más allá de la piel desde mucho antes de que aquella noche tuviese lugar. Lightning comprendió lo que Fang buscaba en sus pupilas y dejó escapar todo el aire que había retenido de golpe, girándose y rompiendo el contacto visual con brusquedad. Fang habría jurado vislumbrar un leve rubor en las mejillas de Lightning… Pero probablemente fuese por el frío.
-Hagamos una hoguera.
Fang acató la orden sin rechistar y sin sentirse utilizada en lo más mínimo. Hasta cierto punto aquella repentina cercanía con su enojada – pero atractiva- acompañante la había desestabilizado un poco, por lo que no estaba para discutir con Lightning sobre quién mandaba y quién obedecía. En pocos minutos habían reunido la cantidad suficiente de ramas secas como para hacer una hoguera de pequeño tamaño, de sobra para calentar ambos cuerpos y cobijarse bajo su ardor hasta caer dormidas.
Lightning lo encendió gracias al choque del acero de su espada con el de su cuchillo, cuya simple visión le provocó una mueca de dolor a la joven. Fang creyó entender que aquél dolor que se reflejaba en su rostro como apenas una luz fugaz no desaparecería hasta que encontrase a su hermana y retirase aquél recuerdo que había quedado adherido al último regalo de Serah, un último recuerdo especialmente doloroso.
Los estómagos de ambas mujeres comenzaron a sonar en cuanto sus cuerpos se habían acomodado, y Fang no pudo evitar soltar una leve carcajada.
-Parece ser que nos hemos hecho a la buena vida demasiado pronto – se dio unos golpecitos sobre su vientre marcado – Por aquí puede que haya algunos hongos o setas que puedan comerse, con suerte frutas. Espérame.
-Como si pudiera marcharme – espetó Lightning sin mirarla.
-Ya bueno, como si quisieras.
Estaba segura que de haberse quedado para escuchar a Lightning contestar se habrían lanzado una encima de la otra para acabar con todo a puñetazos, pero es que Fang no podía evitarlo. Deseaba que Lightning dijese alguna vez algo como aquello, deseba que fuese sincera consigo misma, con los demás, y con ella. Sobre todo con ella, porque Fang sabía perfectamente que Lightning en realidad agradecía su compañía y el esfuerzo que había puesto en buscarla y, sobre todo, en plantarle cara. Nadie más lo hacía, nadie más le decía a Lightning lo que alguien tenía que decirle a la cara sin tapujos y estaba segura de que eso la señorita Farron debía apreciarlo en algún lugar recóndito de su corazón. Y si no lo hacía podía pudrirse en algún rincón del Nido con su maldita sangre fría.
Tal y como había sospechado no había una vegetación especialmente abundante allí abajo. Entre algunas rocas y zarzas había encontrado setas, unas venenosas y otras no. Arrancó unas de tonalidad rosada que sabía que eran comestibles a pesar de su sabor amargo, y además encontró una clase de musgo que podía comerse. Era desagradable y asqueroso, pero era mejor que no comer nada, porque al despertar les quedaba otra larga caminata.
Cuando llegó de nuevo hasta donde se encontraba el pequeño campamento improvisado Lightning había sacado un pequeño odre de la mochila roja que llevaba atada en la pierna izquierda. Bebió con tranquilidad, dejando que fuese cual fuese el líquido que contenía se deslizase con lentitud y sin rapidez por su garganta. Fang se quedó anonadada observándola mientras clavaba de manera intuitiva las setas en un palo para asarlas un poco. Lightning se sintió observada y dejó de beber de forma presta, extendiéndole el contenedor a Fang. Ésta lo aceptó y cuando se lo llevó a la boca notó el agua fresca sobre sus labios, al igual que el aroma de Lightning.
-¿Estás segura de que son comestibles? – inquirió con desconfianza la soldado mientras miraba las setas.
-Aham – Fang asintió con la boca llena de agua. Tragó – Estoy segura, no es la primera vez que las como. Y el musgo ése también se puede comer.
-Entiendo… Bueno, supongo que no queda más remedio – Lightning suspiró y regresó su mirada hacia las llamas – Aunque creo que prefiero las setas. Tú quédate con tu musgo.
Durante unos segundos Fang pensó que Lightning hablaba en serio, pero no necesitó más que observar su rostro para comprender que no era así; una ligera sonrisa se dibujaba en aquellos labios gruesos de los que las llamas arrancaban un tono anaranjado y apetecible.
-Yo hacía postres con musgo – soltó de pronto Fang.
Se sintió realmente realizada cuando logró escuchar una leve y casi inaudible carcajada por parte de Lightning. Siempre había escuchado eso de que la risa era curativa, pero no pensó que tendría esas mismas propiedades por ver sonreír a otra persona… Aunque Fang había comprendido que cuando se trataba de Lightning, muchas normas quedaban a un nivel ridículo.
Todas y cada una de las cosas que le habían enseñado o había aprendido resultaban inútiles cuando se trataba de ella. Siempre quiso pensar que era porque Lightning era un tipo de chica tan diferente a ella y a todas con las que había vivido que la desconcertaba, no la conocía. Lo cierto era que no se trata a de Lightning, si no de cómo conseguía anular partes de Fang con las que jamás habría soñado rechazar. Una vez más la morena se había perdido en sus pensamientos mientras su mirada quedaba suspendida en los ojos de Lightning, con la diferencia de que ahora ella le devolvía aquella mirada vacía. Parecía como si también ella se hubiese perdido en algún lugar tras ellos para de pronto encontrarse con ella, y con Fang.
-Lo siento – la mirada de Lightning era brillante.
-Yo también – la respuesta de Fang fue momentánea.
De pronto comprendieron que no necesitaban dar más explicaciones ni sobre qué ni por qué pedían disculpas. Simplemente ambas las habían aceptado; Lightning no era de muchas palabras, y Fang siempre había sido mejor actuando que pensando. La morena le dedicó una media sonrisa a Lightning que, por toda respuesta, se limitó a agachar una mirada cargada de mal disimulada vergüenza.
-Esto no cambia nada – añadió de pronto, alcanzando su parte de la cena – Pienso irme en cuanto llegue.
Lightning dio un bocado a las setas y las tragó con algo de esfuerzo. A Fang no le extrañaba, debían estar malísimas.
-Por ahora limítate a disfrutar de la cena – también ella dio un bocado que le costó tragar – por mucho que te cueste.
El resto de la comida transcurrió sin más incidentes verbales o intervención por parte de ninguna, y sobra decir que el musgo tan siquiera fue considerado. Lightning terminó de comer con rapidez y casi con la misma presteza se tumbó sobre su costado izquierdo, dándole la espalda al fuego y por consiguiente a Fang. Ésta alzó la mirada mientras masticaba su última seta.
-Mañana te despertaré pronto así que… Descansa
-Buenas noches a ti también, Clare – bromeó Fang.
Lightning siseó algo que la morena no llegó a escuchar ni entender, y prefirió no hacerlo. Aquella chica siempre tenía una extraña forma de demostrar su afecto, o lo que fuese que sintiera por ella. Fang esperaba que al menos le tuviese cariño después de tanto tiempo.
Ése último bocado había sabido a poco y mal pero tenía que ser suficiente para conciliar un sueño medianamente tranquilo, y por eso Fang se tumbó sobre su costado izquierdo imitando a Lighting, aunque a la salvaje le permitía observar el cuerpo de su acompañante. El sopor la invadía poco a poco a pesar de que no tenía demasiado sueño, aunque las horas andando antes y después de encontrar a Lightning habían sido agotadoras. Además, ahora que había dado con ella se sentía infinitamente más tranquila. "Es demasiado testaruda. Podría habernos ahorrado todo éste lío… Espera, ¿está temblando?"
Fang se apoyó sobre uno de sus codos para observar por encima del crepitar de las llamas el cuerpo de la chica con mayor claridad. Tuvo que estar realmente atenta, pero pudo percibir perfectamente como nuevos escalofríos sacudían la espina dorsal de Lightning. Fang hizo una mueca, ya que era extraño que aún sintiese frío con el calor de la hoguera. También era de esperar, pues aquél clima era algo que probablemente Lightning nunca habría experimentado y la chica de Oerba sabía que no era tan sencilla la primera noche en aquellas cavernas..
Miró a su alrededor en busca de algo con lo que poder cubrir el cuerpo de Lightning, pero tal y como ya sabía con anterioridad no había nada más que el ropaje de Fang… Y si se lo quitaba entonces sería ella la que acabaría congelada. Además, algo le decía que si Lightning se despertaba antes y se encontraba envuelta por sus ropas y la veía semidesnuda no pensaría precisamente bien y sería el empujoncito final para que la mandase a tomar viento fresco.
Pensó en no hacer nada y esperar a que se durmiese, y así hizo durante unos largos minutos en los que la joven no dejó de tiritar. Llegó un momento en el que a Fang sólo se le ocurría una cosa, y quizá le costase una mala cara pero no le importaba; era algo realmente lógico y que había hecho en invierno con la gente de su clan desde que tenía memoria. Se arrastró silenciosa como una serpiente hasta estar al lado de Lighting, a su espalda, y con sumo cuidado y guardando silencio pegó su cuerpo al de ella por detrás y pasó su mano por encima de la cintura para encontrar comodidad. No quiso abrazarla demasiado por miedo a despertarla, aunque de todas formas se había hecho a la idea de que Lightning aún podía estar despierta y quitarla de una patada.
Estuviese o no dormida, la joven no se movió. Fang esbozó una ligera sonrisa satisfecha, por un lado, de haberle quitado el frío a Lightning, y por otro porque despertaría enredada en su olor. Se avergonzó ante aquél pensamiento aunque ella no solía mostrarse tímida, y agradeció que la única persona que podía ver el color que se había instaurado en sus mejillas estaba dormida y de espaldas a ella. Intentó imaginarse qué diría o pensaría Lightning a la mañana siguiente… Pero para eso aún quedaban unas cuantas horas, y durante todas ellas disfrutaría del calor corporal de la chica. Eso no se podía desaprovechar..
Además, podía alegar algo en su defensa.
-Dejaste de temblar…
El susurro de Fang se perdió en la oscuridad y sus párpados acabaron por ceder, seguidos de otro par que no habían sentido el sopor del sueño hasta que un nuevo calor se había instalado en su pecho.
Ya no sentía frío.
¿Cómo será la mañana de después?
Lo veremos en el siguiente capítulo ;D
