Diclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la trama es mía.


Bella POV

Me estaba arreglando para ir al Centro Comercial cuando sonó el timbre. Me sobresalté, no esperábamos a nadie.

Que no sea él, por favor que no sea él

Corrí a abrir la puerta. ¡Rayos! Si era. Apostaba que si hubiera pedido que Jacob Black apareciera en mi puerta, él hubiese tenido un accidente a mitad del camino. ¡No es mala idea!

- Bells ¿Como estas? – salto sobre mi.

- Hola Jacob – dije algo agobiada por el abrazo.

- Cuanto te extrañé… No nos vemos desde anteayer.

-Pasa – no quería tener que tener decir que yo también lo había extrañado, pues no era así.

- Bella ¿quien…? Oh hola Jacob – dijo Alice frunciendo el ceño.

- ¿Que tal Alice?

- No sabía que vendrías.

- Es que ya no había visto a Bells desde hace mucho tiempo…

- Me parece que viniste anteayer.

- ¡Exacto! – dijo mostrando sus perfectos dientes blancos como si Alice acabara de decir algo realmente obvio.

- Lo lamento mucho Jacob, pero ya tenemos planes, y tú no estas en ellos – le dijo Rosalie saliendo de su habitación, la verdad, nunca se habían llevado muy bien.

- ¿Van a salir? – me pregunto

- Si… bueno, íbamos de compras.- le dije en tono de disculpa.

- Oh… ¿Les molesta que las acompañe?

- Si – gritaron Alice y Rosalie.

- No, Claro que no, Jake – dije tímidamente – me parece que tenemos que hablar…

-Genial – Dijo él sonriendo con sus relucientes dientes.

Suspiré al ver la hermosa cara de Jacob. Era como mi mejor amigo, en un momento seguro hasta más que eso… Pero ahora, el dueño de mi corazón era nada mas y nada menos que… La confusión.

3 horas, 6 minutos y 18 bolsas después…

Apenas mis oídos dejaron de escuchar la voz de Jacob se sintieron aliviados.

Hace una hora que me preguntaba por que hice lo que hice. La verdad, no sabia por que lo había hecho, solo quería hacerlo, y me alegre de que por lo menos una vez en mi vida, hubiera hecho algo solo por querer hacerlo.

Aunque me debía admitir a mi misma que había otra razón. Y esa razón tenía nombre y apellido: Edward Cullen.

– ¿Qué paso con Jacob? Se veía muy alterado. Incluso, dolido – Dijo Alice cuando todas las bolsas estuvieron en el carro y ella en su asiento.

– Termine con él.

– ¿Qué? – Preguntaron ella y Rose al unísono, en un grito que estuvo a punto de perforar mis tímpanos.

– ¿Por qué? – Me pregunto Rose, aunque no podía negar la felicidad que asomaba una sonrisa en los bordes de sus labios.

– No lo se. – Si lo sabia, muy bien, de hecho, pero no estaba segura de que, por lo menos Rose, estuviera tan feliz si conociera la verdadera razón – Ya nada era como antes.

– Nada lo era, eh? – Me dijo Alice en tono pícaro.

– Eso fue lo que dije – Le dije, dando la conversación por terminada. No sabia como Alice puede ser tan obvia y Rose ni sospeche un poco de lo que habla.

Alice POV:

–Chicas, ya es hora, nos esperan ¿Recuerdan? – grité emocionada.

No sabia como reaccionaria Rose, y la verdad, tampoco me importaba, así tuviera que amarrarla a una silla para que no se moviera de allí, no permitiría que lo arruinara.

Bella salió de su habitación vistiendo un hermoso corsé, combinados con un blue Jean oscuro y unos zapatos que estaba segura que la matarían, pues su tacón era más alto de los que ella usaría nunca. Pero se veía preciosa.

– Rose, sal de ahí, quiero verte con ese vestido.

Pero cuando salio, solo llevaba su bata de dormir con unas pantuflas de conejito que Bella le había regalado en su cumpleaños pasado.

Por un momento, pensé que mi quijada caería al piso. La abrí tanto, que incluso me dolió un poco.

– Será mejor que me digas una buena excusa de por que no estas vestida si no quieres que te mate y luego explote.

– No iré, tengo que hacer un trabajo para Historia del Crimen. Para mañana. – Dijo ella, cruzándome de brazos con aire despreocupado.

– Dije una BUENA excusa. Y aun espero.

–Lo siento Alice, tendrás que disculparme con quien quiera que sea mi cita. Ya te lo he dicho: No iré.

– Té… – La apunté con un dedo, acercándome a ella.

Pero en ese momento, llamaron a al puerta.

Suspire, me relajé y camine hacia al puerta, con Bella siguiéndome y Rose encerrándose de nuevo en su habitación. Me escucharía después…

Cuando abrí la puerta, esperaba ver a un hermoso rubio sureño, pero en vez de eso, apareció un chico por lo menos 10 años mayor que yo. También era rubio, peor no al que yo esperaba.

– Buenas noche, mi nombre es James. Acompáñenme por aquí, yo los levare con los señores.

– Señores… – repitió Bella.

Yo reí.

Ambas nos sorprendimos mucho al ver la extravagante limusina que esperaba por nosotras. Era negra, y brillante, iluminada por la parte de abajo por luces púrpuras de neón, que alumbraban el asfalto.

Eso, aparte de que sabíamos con quien estaríamos toda la noche, nos daba la esperanza de que íbamos a disfrutar mucho esta noche.

Rosalie POV:

Las citas a ciegas nunca fueron algo que disfrutara. Pero no por eso me ausentaba a la que las chicas habían planificado para esta noche. Sabia que ellas se traían algo entre manos, de eso estaba asegura. Y averiguaría que era.

Me quite mi bata, que normalmente usaba sobre mi pijama, pero esta vez tenia unos pantalones de algodón negro y una camisa ajustada blanca. Amarre mi cabello en una coleta, y me dirigí al garaje.

Una vez en mi auto, pise el acelerador a fondo, alcance la limusina en menos de 5 minutos, antes de que saliera del conjunto residencial de la Universidad. La seguí desde una distancia un poco disimulada. Rodamos por media horas, y cuando por fin se detuvo, lo hizo en una carretera rodeada de un campo.

Algo confundida, también detuve mi auto en una sombra, mucho más atrás que la limusina. ¿Estaban tan emocionadas por esto? Algo decepcionada, decidí esperar.

La puerta de la limusina se abrió, y las chicas salieron. En su cara se veía que estaban casi tan confundidas como yo.

Pero Alice hizo una señal a Bella, señalando la oscuridad, haciéndola observar y luego sonreír.

Yo también mire la oscuridad, pero desde mi distancia, no se podía vislumbrar lo mismo que desde la suya, pero mis dudas pronto se aclararon pronto.

Oí el ruido de unas motos, y a las chicas caminando seguras por el pasto hacia la penumbra. Las perdí de vista, pero no por mucho tiempo, pues, después de unos segundos, tres motos entraron a la carretera alumbrada por los faros. Bella y Alice estaban en la parte trasera de dos de ellas, muy abrazadas a los conductores.

Esa imagen hizo que encendiera el motor con rapidez, disponiéndome a seguirlos. Ellos eran rápidos, si. Pero segura de que podría mantener su paso.